1 de Septiembre.

El día amaneció gris. Las nubes no dejaban ver el sol, que posiblemente luchaba por hacerse un hueco en el cielo, o quizás había aceptado con entereza el hecho de que tendría que esperar su turno para brillar.

Ann arrastró con pesadez su baúl por el andén nueve y tres cuartos, sabiendo que aquel sería de los días más pesados de su vida.

Harley no iba muy lejos de ella, cabizbajo y respirando profundamente de vez en cuando.

-No te pares- le indicó girándose un poco para mirarlo- podemos entrar al tren ya.

Él asintió y se hicieron paso entre la multitud, que gracias a Dios no distinguían muy bien debido a la bruma. Ann se acordó de su primer día en Hogwarts, y recordó también que el tiempo era muy similar. Ojalá pudiera volver a aquel momento. Ese, sí que fue un buen día. Quizás el mejor que había vivido.

Pero todo era diferente. Era Harley quien la acompañaba y no su madre, que aquel día estaba sonriente y triste al mismo tiempo. La incertidumbre y la ilusión no estaban presentes en las células de la chica. Ann sintió, aquel lejano día, que podría ser quien quisiera ser, que a partir de aquel 1 de septiembre podría reconstruirse a sí misma, olvidar todo lo malo y empezar de cero.

Ahora, ¿qué quedaba de esa niña? El miedo, la mirada perdida, y poco más. Era otra. Más madura, más sabia, más inteligente. Más hábil.

Más fría. Más dañada. Más asustada.

Harley le cogió de la mano para no perderla entre la multitud. Ella reaccionó y lo miró un par de segundos, mientras él tiraba de la chica para entrar en el tren.

Desde que había pasado el ataque a San Mungo, Harley era otro chico diferente. Como ella. Como todos los que habían estado allí. Ya no llevaba el pelo hacia arriba, como siempre, sino que los mechones castaño oscuro le tapaban la frente y le llegaban casi hasta los párpados. Ahora caminaba cabizbajo, y el aura de vitalidad y seguridad que lucía la mayor parte del tiempo se había apagado por completo. Ann creía que se le pasaría un poco el disgusto después de reconciliarse con él, después de asumir que las decisiones que tomaba también eran inevitablemente las de ella, y que, pasase lo que pasase, estarían juntos. Pero esa fue otra de las veces que se equivocó. No habría manera de darle fuerzas para afrontar su enfermedad. Estaba harto. Harto de causar problemas. Ann no lo confesaría jamás, pero sabía el motivo por el que ya no quería dormir por muy cansado que estuviera ni por muchos días que no hubiera dormido: cuando dormía tenía pesadillas, en las que le suplicaba a alguien que no le dejara, que se quedara con él.

Tenía la terrible sospecha de que mientras ella lo escuchaba murmurar desde la entrada de su cuarto, en la mente de Harley aparecía una Rose inmóvil e inconsciente, sin pulso ni respiración.

¿Qué no haría para poder ayudarle?

Ann sabía que las pesadillas desaparecerían poco a poco, igual que habían desaparecido aquellas en las que la madre de su amigo (que no era su madre, realmente. No tenía ni idea de quién sería, quizás una mujer muggle hechizada por los Neomortífagos) aparecía en las mismas condiciones.

-Para- le pidió a Harley. Este obedeció de sopetón, extrañado.

Intentó reunir valor para preguntar aquello que no había preguntado en todo el verano.

-¿No tengo que fingir que somos novios, no? Delante de Albus y Rose no...no me veo capaz.

Harley puso cara de circunstancias. Agotado, supuso, por el cacao mental que todo el asunto le creaba. La verdad es que era capaz de compadecerle, pero solo hasta cierto punto.

-Solo quiero que no se acerque a mí. A mí ¿entiendes? Si se me hubiera ocurrido otra forma de no arrastrarte a ti conmigo y alejarla...

-No. Prefiero alejarla de mí también. No tan drásticamente, supongo, pero... parece que todo con lo que he tenido relación todo este tiempo corre el peligro de morir.

Silencio. Silencio en mitad de todo el ruido

-¿También vas a apartar a Albus?- interrumpió- Ahora vuestra relación es como una relación del siglo pasado entre compañeros de negocios...

Harley frunció el ceño. En otra ocasión se habría burlado de la comparación.

Ann negó varias veces, suspirando.

-¿Sabes qué? Tú verás. Es tu vida. Ya se me ocurrirá algo para alejar a la gente de mí.

-Él tiene derecho a defender a Rose- dijo Harley, como si no la hubiera escuchado- ya sabía dónde me metía cuando empecé a estar con ella. O no, y tengo que hacerme ahora a la idea.

Pero Ann tampoco le había prestado demasiada atención (siempre prestaba atención a todo) y estaba centrada en otra imagen. A lo lejos, pudo ver como Rose, Hugo, Albus y Lily subían al vagón contiguo. Era como si el tiempo volviese a cobrar su velocidad normal, como si nada hubiera cambiado, como si despertase de un largo sueño, y todo de repente volviera a ser igual que lo que fue.

Harley se giró, mientras una madre les llamaba la atención por estar parados en mitad de la multitud, y los miró con la misma expresión de anhelo. ¿Cómo habrían pasado el verano? A Albus lo había visto un par (realmente, un par) de veces, pero Rose...apenas había podido observarla un segundo y le pareció otra.

Se volvió frente a Ann, con una expresión de determinación.

-Vamos a entrar. Tengo algo que hacer.

Harley perdió a Ann en seguida nada más entrar en el andén. Agarró su baúl con la mano, levantándolo del suelo, y rápidamente se desplazó al vagón contiguo, empujando a unos cuantos compañeros suyos a su paso. Ann no intentó seguirlo, pero sí que lo vio marchar con una expresión de preocupación en su rostro.

Cuando él por fin divisó una cabellera pelirroja (que resultó ser la de Lily) se acercó a ella rápidamente.

La chica no había crecido demasiado, se quedaría con esa estatura escasa y aquella cara de niña para toda su vida. Por otro lado, parecía menos una niña y más una mujer, por algún inexplicable motivo que no iba a parar a pensar en aquel momento, que tenía que ver con las sinuosas curvas que habían aparecido en su cuerpo.

Para cuando llegó a su lado, la chica estaba en la entrada de un compartimento, mirándolo y abriendo la boca, supuso que pensando, tremendamente incómoda, en qué decirle.

Harley la ignoró levemente y se asomó al compartimento. Pareció haber visto lo que quería ver, porque acto seguido, se dirigió a Lily.

-Voy a hablar con ella un segundo.

Antes de que la chica pudiera reaccionar, Harley ya estaba en el mismo espacio cerrado que Rose Weasley, cerrando la puerta de madera y cristal translúcido y dejando a una pasmada Lily fuera.

Rose, que estaba colocando su baúl y el de su prima en el estante de arriba, se quedó petrificada al verlo.

Harley no se detuvo a mirarla apenas, centrándose en decirle lo que había venido a decirle.

-Has tenido un verano entero para pensar sobre lo que te dije- soltó, casi impulsivamente.

Pudo notar como Rose retrocedía un paso para alejarse de él.

"¿Se habrá acordado de lo que pasó en San Mungo?" se preguntó, con miedo. Se preguntó también si ella había notado esa expresión de pánico que se le cruzó por el rostro, fugazmente.

No era capaz de mirarle a los ojos, pero podía jurar como ella lo miraba con la mayor indiferencia con la que se podía mirar a alguien.

Él se arrepintió de haber ocasionado aquel encuentro entre ellos tan deprisa. Tenía ganas de desparecer. No de allí. Del mundo entero. Dejar de existir.

-¿Qué se supone que tenía que pensar?- preguntó, lentamente, con frialdad y hasta con un deje de desprecio, le pareció.

-No pagues esto con Ann. No se lo merece. Ha sufrido mucho. Tiene pesadillas todas las noches. Se despierta llorando, y se acuesta peor. Creo que se está volviendo paranoica de verdad- el silencio fue tan desesperante, comparado con el jaleo de fuera...- te necesita. También creo que eres la única que le da esperanza.

La miró, por primera vez, demostrándole que lo que decía era cierto. Rose le miraba con el rostro vacío y el alma a punto de estallar de sentimientos. Lo único que dejaba intuir eso eran sus ojos azules, que no acababan de congelarse, de ser fríos y distantes. Lo estaba consiguiendo. La había cogido por sorpresa y le había conmovido.

Pero lo que dijo ella no pudo evitar sorprenderle. Por lo visto, sí que era cierto que Rose había tenido mucho tiempo para pensar.

-Yo siempre apoyaré la causa de Ann. Siempre estaré en su mismo bando y siempre la defenderé. Y si hace falta, volveré a hacerme cargo del Escuadrón de Merlín, porque lo considero mi obligación.

Aquella que hablaba no se parecía a la Rose que ponía pasión en cada palabra que decía, sino que era una autómata, que repetía las palabras que había memorizado. Era un soldado.

-Rose, Ann no necesita una recluta. Necesita una amiga- dijo, imitando a la antigua Rose Weasley al hablar.

El pecho de Rose subió con fuerza, y se preguntó si era la primera vez que respiraba desde que lo había visto.

Un brillo cruzó la mirada de la chica. Pero se apagó al instante, cuando alguien abrió la puerta sin mucha delicadeza.

Scorpius Malfoy entró como si estuviera en su casa y hubiera un extraño en ella. Detrás de él, Josh Wracen miró a Harley, con la misma expresión arrogante que su compañero de Slytherin.

El silencio se hizo todavía más tenso.

-¿Qué ocurre?- soltó Scorpius, moviendo la mirada entre Rose y Harley, entre intrigado y tenso.

Harley procuró ignorar a los nuevos ocupantes lo más que pudo. Siguió mirando a su exnovia como si solo mirarla a los ojos les ayudara a reconciliarse con el pasado.

Pero Rose desvió la mirada a un punto fijo, y no la apartó de los zapatos pulcros de Scorpius.

-Pírate- dijo Scorpius, autoritario.

Tras un par de segundos, Harley lo miró entre incrédulo y desafiante.

-Si es porque sobro- dijo, finalmente, con chulería que le había caracterizado siempre- me podéis acompañar tú y tu amigo.

A Josh pareció motivarle la mención que se le hizo.

-Creo que aquí eres el único que sobra. ¿Rose?- la llamó, pidiendo que se le secundara.

La chica parpadeo varias veces, pero se mantuvo en la misma posición.

-Vete, Harley- pidió, tras unos instantes, susurrando- por favor.

Y lo hizo con tal tono de súplica, que a él solo le llevó tres segundos desaparecer del compartimento, con decepción, pero manteniendo su orgullo casi intacto.

Rose inspiró, entre aliviada y entristecida.

-Rose, es importante- Josh la interrumpió en medio de su ensoñación, en la que todo era como antes, e incluso mejor- los de Séptimo y algunos de Quinto se están "reuniendo" en uno de los compartimentos.

La chica se recompuso tras esa noticia.

-¿Qué?- se sorprendió- ¿Ya? Es decir ¿Ya el primer día? Es muy extraño ¿no?

-Lo es. Pero tengo que ir allí. He pensado...Josh ha pensado...que deberías venir conmigo. Que te gustaría escucharme, cuando me toque hablar- apremió Scorpius.

-Pero no puedo- repuso Rose- no hasta que Albus venga hasta aquí. Él es el que tiene la capa...

Rose no sabía que su primo se acababa de encontrar en aquel mismo instante con Harley en el pasillo. El chico salía apresurado de allí, buscando un compartimento, supuso Albus.

Su encontronazo fue tenso y serio. Se miraron a los ojos sin miedo, leyendo sus mentes, captando sus señales, atando cabos.

Al final, Albus sonrió amablemente. Cordial, como si su amigo fuera un conocido.

-¿Cómo estás, Harley?

Él se sintió asqueado de aquel trato tan distante.

-Perfectamente- contestó, procurando no sonar irónico.

-¿Y Ann? Espera, haremos una cosa. Voy a dejar un equipaje a Rose y me reúno con vosotros. ¿En qué compartimento estáis?

Harley se quedó patidifuso. ¿Estaba actuando como si nada, o casi como si nada?

-No tengo ni idea- contestó, recomponiéndose de la impresión- la he dejado buscando uno libre hace un momento.

-¿¡Albus Potter!?- gritó alguien, no muy lejos de ellos.

El aludido casi pega un bote de la sorpresa.

Un chico de mandíbula cuadrada, de la edad de Harley y Albus y casi tan bajo como este último se acercó a ellos, haciéndose paso entre los ya bastantes menos estudiantes que intentaban organizarse en el tren.

En aquel preciso instante, el enorme Expresso arrancó, rumbo a la escuela de magia.

-Qué guay, no me puedo creer que esté yendo a Hogwarts- dijo, realmente contento- Albus Potter- repitió, más ceremoniosamente (incluso se puso la columna más recta)- un placer conocerte, he leído sobre ti en El Profeta. Pero no he venido a ser tu fan, aunque parezca mentira. Una nueva profesora me ha pedido que te entregue esto- sacó una carta de su túnica- creo que es una citación para que vayas a su compartimento.

Albus procuró disimular con amabilidad la cara de Harley (la misma que la suya), que era de absoluta extrañeza, como si se hubiera encontrado un pelo en la sopa de fideos.

-Ehhh bien, de acuerdo. Iré ahora mismo. Encantado,...

-Henry. Henry Stump.

-Encantado, Henry Stump.

Harley sintió ganas de arrojar a Henry fuera del tren, por haber arruinado unas horas gloriosas junto a sus dos mejores amigos. Y se le notó un poco.

-¿Y tú de dónde sales?- le preguntó, mientras Albus abría la carta y se alejaba, desorientado. Dio media vuelta, apurado, en busca de dar el equipaje que tenía que darle a su prima Rose.

- ¡Adiós, Al!- se dirijió a Harley- estudiaba magia en mi casa, hasta este año. Sin embargo, los alumnos que escogemos una educación fuera del internado pasamos también por la prueba del sombrero seleccionador de Hogwarts. Supongo que, como dijo un director de Hogwarts muy sabio, Hogwarts siempre abrirá sus puertas a quien lo quiera.

-Estoy seguro de que ese director no dijo exactamente eso.

-Ya, bueno. El caso es que soy el nuevo alumno de Gryffindor, en sexto año.

Harley sintió que su suerte empeoraba poco a poco.

-Somos compañeros de cuarto, entonces.

-¿En serio?- dijo Henry, feliz- pareces mucho mayor. Pero me alegro, porque me has caído bien. ¿Tú eras...?

Harley no paraba de pensar que ese chico estaba allí gracias a que Tobías Smith estaba muerto. Gracias a que había una plaza más. Eso de que el colegio abría sus puertas a quien quisiera era una mierda, y también que intentaran tapar la ausencia de Tobías. Además, Henry tenía un aire familiar que lo estaba poniendo de los nervios (cosa que últimamente era muy fácil)

Pero intentó pensar que aquel nuevo compañero no había robado la plaza a nadie; era mago de nacimiento como todos los demás y no necesitaba ninguna plaza vacante para entrar.

"Ya podías haber entrado en cualquier otra casa"

Supuso que ocupar la cama de Smith resultaría macabro.

-Me llamo Nicholas Brennan- dijo él- y el otro con el que compartirás cuarto se llamar Ciro Crespo. No le llames Harley, odia que le llamen así. Ah, y no te confundas con nuestros nombres, Ciro lo odia. Ah, y por cierto. Yo soy sonámbulo. Nunca duermo en mi cama.

-¡Ajajá! ¡Mirad quien se acerca por la puerta, chicos!

Albus se sobresaltó nada más abrir la puerta del compartimento.

Observó el panorama del enorme compartimento (que parecía de primera clase) y pudo ver cómo había un grupo considerable de alumnos de todas las edades mirándolo, para nada curiosos, más bien como si no tuvieran otra cosa que hacer.

Él abrió la boca para decir algo, pero no fue necesario. Alguien (la voz alegre y chillona que había hablado hacía unos instantes) rompió el precario silencio.

-¡Albus Potter, nada más y nada menos! Le estaba preguntado a tu querido primo Hugo ¿dónde están tu hermana y tu prima? Tu prima Rose, me refiero. En fin ¡Qué descortés que soy, Merlín! No me he presentado.

Una mujer de mediana estatura, de teñido cabello rubio y rizado, con una gran quijada y cejas delineadas, se acercó casi corriendo hacia él, en unos tacones de aguja verde fosforescente.

-Me llamo Eris Skeeter- dijo, mientras le plantaba un beso en cada mejilla- la directora me ha contratado como nueva bibliotecaria y claro- siguió contanto mientras agarraba a Albus del brazo y lo arrastraba hacia la mesa donde estaban los demás- no quería que mis alumnos, o como deba de llamar a las personas que visiten la biblioteca a menudo, no me creyeran digna de confianza. Como ya le he dicho a los aquí presentes, ¡todos seremos buenos amigos!

Todos tenían cara de querer que los sacaran de ahí. Unos, más desesperados que otros.

-¿Es usted pariente de Rita Skeeter, profesora?- preguntó Alma Rogerts, una chica de Ravenclaw que era conocida por ser la hija de un importante cantante en el mundo de la magia. Albus la había escuchado cantar en una ocasión, y hasta las armaduras de caballero de Hogwarts llorarían de plenitud al oírla cantar. Su voz era la más hermosa que había oído jamás, exceptuando tal vez, el sonido de la risa de Grace Wilson, y la voz de Harley, que cantaba mejor que cualquier otra persona del planeta (otro efecto colateral de estar enfermo, como su sentido agudizado del oído o sus rápidos reflejos)

Apartando a Grace de su mente, rememoró su encuentro con su amigo y se dio cuenta de lo bien que había actuado. Quería a Harley y no quería enfadarse con él, por mucho que fuera un capullo por enamorarse de Ann cuando Albus tuvo una época en la que bebía los vientos por ella. Pero tanto él como Harley sabían que ya nada podría ser exactamente igual.

"Al menos nuestra relación ha dejado un poco de ser un desastre"

-¡Pues claro que soy pariente suya!- afirmó Skeeter- soy nada más y nada menos que su sobrina ¡y su ahijada!

-La tiene en gran estima, entonces.

Clary Waysand estaba sentada al lado de Hugo, no demasiado entretenida (como el resto de los chicos) y había decidido abrir la boca para no quedarse dormida.

-¡Por supuesto! Ella siempre ha sido mi modelo a seguir, y yo su mayor fan. Siempre guardo todos sus artículos. Pero también podemos hablar de ti, Clarissa.

-Discúlpeme pero ¿de qué me conoce?

-A ti, nada. A tu padre, el valiente Augustus Waysand, el Auror. El Auror que sobrevivió a tres meses de cautiverio por parte de...mortífagos- se estremeció con teatralidad al pronunciar esa palabra- junto con bueno, el padre de tu amiguete, Ron Weasley, y el padre de...

Giró la vista hasta encontrar los ojos azules que buscaba.

Albus no se había dado cuenta de que Ann estaba en aquella sala. ¡Estaba tan cambiada! Había adelgazado hasta quedarse como en un reducto de lo que había sido, y, por ejemplo, sus huesos cigomáticos se asomaban en sus pómulos con pronunciación. Se había cortado su larga melena, y ahora llevaba el pelo por los hombros (le hacía más niña, pero ese había sido siempre precisamente su encanto). Sin embargo, el brillo de sus ojos era todavía más cegador, mucho más fuerte.

Albus se preguntó si alguien tan inteligente como Ann podría madurar todavía más. Y, tras pensar en ello unos segundos, se aseguró a sí mismo que asuntos del corazón no dependían de la mente.

-Y John Alcor Anderson, mi padre- completó la chica.

Por un instante, Eris pareció realmente una persona seria y competente.

-Ay, Ann Anderson...me alegro muchísimo de haberte conocido. Te contaré muchas cosas de tu padre, si estás dispuesta a escucharlas.

Albus conocía esa expresión en la cara de su amiga.

Era la cara que Ann ponía cuando algo realmente había logrado captar su plena atención. Y no había muchas cosas en aquel planeta ni en otro que lo hicieran, realmente.

-Scorpius.

Le hubiera gustado llamarlo Malfoy, pensó, pero sin duda llamarlo por su nombre de pila empezaba a ser una costumbre para ella.

Él hacía mucho tiempo que la llamaba Rose.

-Párate aquí, antes de que alguien nos vea juntos- le pidió, tirando de su túnica nueva.

-Deberías de ponerte la capa en un compartimento- sugirió él, mientras se pagaban a la pared, viendo pasar el paisaje, rápido pero constante.

-Están todos llenos. Tendré que ir al baño. En fin, eso lo arreglo ahora. No es eso lo que quería decirte. Soy bastante alta...es posible que la capa de invisibilidad no me tape entera todo el tiempo. Con suerte sí, pero si pasa algo...

-Tranquila, intentaré cubrirte- le aseguró Scorpius.

Se miraron un segundo, y él pudo ver sus dudas en sus ojos azules. Mucho más azules y vivos que los suyos, asquerosamente grisáceos.

-Después de estos dos meses, ¿no confías en mí, Weasley?

Tendría que haberla llamado Rose.

-Josh y yo empezamos esto- le recordó- fuimos nosotros los que te pedimos ayuda.

Pareció convencerla por completo.

-Lo sé. Lo sé. Pero es que...-dudó- voy un momento a ponerme la capa- le informó. Se acercó más para decirle aquellas palabras, ya que no quería que nadie les oyera, y Scorpius sintió extraña la presencia de la chica tan cercana que sintió un algo extraño, una pequeña vibración, una interferencia, una señal.

Algo raro.

"Pero es que eres un Malfoy" pensó Scorpius para sí, completando la frase de la pelirroja.

Cinco minutos después, entró en el compartimento que estaba hasta arriba de alumnos mayores con túnicas de Slytherin. A simple vista había entrado solo, pero había alguien que lo acompañaba.

-Buenos días- saludó Scorpius, parsimoniosamente, a todos los presentes.

-Siéntate, Malfoy. Hace minutos que tendrías que estar aquí- le soltó Flavius Flint, eternamente cabreado con el mundo.

El aludido procuró no molestarse y se sentó, manteniendo la lentitud de siempre.

La puerta del compartimento se cerró misteriosamente sola.

-¿Qué ha sido eso?- preguntó Protea Bullstrode, mosqueada.

-Déjalo, Bullstrode. En fin. Malfoy, estaba hablando a los demás sobre lo que me ha contado Samdon acerca de los planes de El Señor del Mal.

-¿Cuáles son esos planes para nosotros, Scarbot?

Xantos Scarbot sonrió, burlón.

-No hay planes para nosotros, de momento. Pero me alegro que un traidor como tú esté dispuesto a redimirse de esta manera ante los Neomortífagos.

Todos rieron un poco ante la burla del alumno de Séptimo. Rose había visto varias veces a Scarbot con el grupillo de Michael Samdon por los jardines de Hogwarts. Había repetido curso. Por un momento, se preguntó qué estaría haciendo el hermano de Grace en aquellos momentos.

"Ser un asqueroso Neomortífago"

Scorpius se mantuvo circunspecto, alzando la barbilla con osadía, como había visto hacer a su padre.

-Sé que tu desconfianza hacia mí es fundamentada- comenzó, y Rose se estremeció tras la capa de invisibilidad, tras el pequeño espacio en el que se había situado- Sé que VUESTRA desconfianza hacia mí es fundamentada. Pero mi familia está arruinada por no tener claro dónde están sus lealtades, y yo no he cometido el mismo error. Me he aprovechado de él- afirmó, con la lentitud propia de la maldad.

-Si. No hay muchos que nos creamos tu pantomima de que has estado en el bando de Anderson a propósito, espiando para nosotros.

-Ya hubo un traidor así entre los nuestros.

-Snape- escupió un tercero.

Scorpius dejó que casi todo el resto de reunidos expresaran su opinión hacia él, y se limitó a cruzar las piernas, despreocupado.

-Y sin embargo, aquí estoy- se mofó el rubio.

Se creó un silencio lleno de circunstancias.

-El sucesor del Señor Oscuro planea matar a personas cercanas de Anderson. Pero eso ya lo sabes, Malfoy. El primer objetivo será Rose Weasley- a Scorpius le tembló el párpado- después Albus Potter. Y después, el golpe de gracia. Ciro Crespo.

"Por encima de mi cadáver" pensó Rose.

Aunque claro, ella era la primera de esa lista.

-No descartaría que intentara matar a alguien más que notemos que se acerca mucho a ella.

-Me temo que a Ann no le quedan muchos amigos- intervino Scorpius, inspirando como dándose importancia- para los que creáis todavía que no están mis lealtades aquí con vosotros, os diré que hace meses que Rose Weasley se distanció de Anderson, y he estado viéndome con ella, a escondidas de su familia, para dejarla llorar un poco en mi hombro y ganarme su casi total confianza- hizo una pausa para que todos lo fueran asimilando- es un poco estúpida, al contrario de lo que puede parecer. Sus sentimientos la dominan por completo, cegando la poca inteligencia que pueda llegar a tener esa traidora sangre sucia.

Rose tembló ante sus palabras. Aunque estaba creando un personaje que no era realmente él, ella sintió que no todo lo que decía era mentira, y se apretó el labio con los dientes hasta dejarse marca.

-¿Te has tirado a Rose Weasley, Malfoy?- preguntó Protea, entre asombrada y asqueada.

Scorpius rio, mirando a la chica con cierta lascivia.

-Casi- contestó, resuelto- pero no me acostaría con ella ni aunque me pagaran. Tiene sangre impura en sus venas. No puedo parar de pensar en eso cuando me besa tan desesperada como un Grindellow en celo.

Muchos se rieron, maliciosamente.

Rose quiso darle un guantazo en toda la cara a Scorpius, y estuvo segura de que Rothbard Persian notó una respiración cabreada a su derecha, que parecía provenir del propio aire. Por supuesto que jamás había besado a Malfoy, menos aún con desesperación. No se acordaba siquiera de si en algún momento lo había tocado.

"A partir de ahora tendrás que hacerlo, si quieres que se traguen todo lo que Scorpius está diciendo"

Pero el rubio no estaba improvisando. Todo aquello formaba parte de un discurso que Josh, Scorpius y ella habían elaborado a lo largo de todo el verano. Rose deseaba tener a los Slytherins controlados, y Scorpius la ayudaba con una eficacia que no podría conseguir de nadie más. Y así, de paso, podría enterarse de los planes que Sameor tenía para Ann, y para el resto del país. Y para el resto del mundo.

Entre Rose y Josh habían diseñado la tapadera perfecta para el joven Malfoy.

-Ya sabéis que El Señor del Mal ha desvelado a Anderson quién es en realidad su querido novio, Harley. Eso ya carece de novedad, pero, estar cerca de Rose- se paró un segundo- de Weasley, me hará poder controlar los movimientos del chico, y quizás, le convenza para unirse al Señor del Mal. Él quiere matarlo para hacer daño a Ann. Pero a la patética chica le dolería mucho más ver como él se pone en su contra. Al fin y al cabo, ese Harley es un inestable, como Rose. No sería muy difícil.

En ese momento casi no pudo reprimir su mano dándole una bofetada. O como mínimo, le gustaría agarrar su varita murmurando un hechizo levicorpus, que no le haría ningún daño.

-No necesitamos aliados, Malfoy.

-No, claro- afirmó Scorpius- no queréis ver cómo Rose Weasley me va dando poco a poco su confianza. No queréis ver cómo el Señor nos felicita por destrozar a Ann mientras le entregamos a su hermano...

-Consigue que Weasley te cuente todos los movimientos importantes de Anderson, y dicho esto, cállate la puta boca.

-Háblanos de la profecía, Scarbot- pidió otro de los diez que estaban allí reunidos.

El chico rio, como si realmente le hubiera divertido.

-No sé mucho más de lo que sabéis vosotros- dijo, sin dejar de echarle un ojo a Malfoy de vez en cuando- hay una profecía, sí, pero su contenido es demasiado secreto. No obstante ya oís que existe, que habla sobre el Señor del Mal y sobre Anderson y, pensando un poco, hablará sobre lo mismo que casi todas las profecías: que deberán enfrentarse y solo uno de los dos saldrá con vida. Esto es lo que te has perdido por llegar tarde a la reunión, Malfoy. Y no es poco.

A aquellas alturas Rose se esforzaba por no caer desmayada en el suelo, frente a todos.

Nunca se había hablado de una profecía. ¿En serio existiría, como con Lord Voldemort y Harry Potter? ¿Una profecía que decidiría sus destinos? ¿Quién la había pronunciado? ¿Cuándo? ¿Antes, o después de que Ann naciera?

Eran preguntas de las que ni siquiera el nuevo jefazo de Slytherin parecía tener la respuesta.

No pudo evitar suspirar. En aquel compartimento hacía mucho calor, y el aire comenzaba a faltarle.

Y por mucho que procuraran intentar saber toda la verdad, siempre parecía haber obstáculos en sus caminos.