16 de octubre de 2003
Helen esperaba impacientemente a que John se decidiera a aparecer de una buena vez. El chico llevaba ya media hora de retraso y hacía mucho que no se veían, la espera era todavía peor. Se había arreglado para la ocasión empezando por su pelo regido con bastante gracia, y por cambiar sus deportivas blancas por unas botas marrones que su amiga Susan tachaba de "muy femeninas" y acabando por el ligero y falso rubor de sus mejillas, que bien podría haber conseguido con el viento frío que le golpeaba en la cara.
Entre esos minutos en los que solo estaban ella, los coches fugaces por la transitada calle, y sus pensamientos, le daba tiempo de sobra a darle vueltas a la cabeza sobre varios temas. Uno de ellos era sin duda su relación con el chico. Aunque solía pensar en ello con frecuencia, empezaban a pasar los días, empezaban a pasar las semanas, los meses...y aunque John ya le había abierto algunas partes de su misterioso mundo, sentía que necesitaba más. Pero se lamentaba al mismo tiempo ¿Qué podía darle Helen a cambio de los muchos secretos que guardaba el mundo mágico, el mundo de la persona de la que estaba enamorada? Poca cosa. Solo era ella. Solo era una chica huérfana que al cumplir los dieciocho empezó a trabajar para, entre su pensión y sus ahorros, pagarse una carrera. No tenía interesante familia que presentar, no tenía divertidas y felices anécdotas que contar, o al menos no muchas. Solo se tenía a ella: y ella era lo único que podría darle.
Y estaba empezando a sospechar que ya lo había hecho.
El chico apareció entre un pequeño tumulto de gente que cruzaba de calle. Llevaba ropa muggle, pero no demasiado muggle, mientras nervioso recorría el paso de peatones para llegar hasta la rotonda en la que estaba el parque donde Helen había conocido a Eizan Harley, y donde John y ella habían estado varias veces.
La sonrisa de Helen se hizo completamente notoria cuando lo vio aparecer, y se levantó como si hubiera tenido un resorte debajo, casi corriendo a esperarlo.
Justo antes de llegar a él se frenó un poco. Él no traía buena cara.
-¡Hola!- saludó Helen, entre alegre y mosqueada. Al no ver mucha respuesta en John, frunció el ceño- ¿Pasa algo?
John se encogió de hombros.
-Depende de lo que entiendas por algo- contestó, serio, seco y distante-... ¿damos un paseo?- propuso, sin tono de proposición.
Helen no contestó, y el chico salió del parque, con ella detrás. Su corazón había empezado a palpitar como nunca, y su cerebro buscaba algún motivo por el que su novio pudiera estar tan raro.
-¿Ha pasado algo en el trabajo, John?- preguntó, preparando el terreno.
-Nada además de que nos estamos físicamente entrenando muy duro para la misión contra los neomortífagos, y que eso me pone nervioso.
-Ahh...bien.
Supuso que no era el mejor momento para relatarle los hechos de la semana.
Silencio.
John llevaba raro un par de semanas. En sus últimos encuentros, había estado más ausente que nunca, pero sus besos se volvieron particularmente efusivos y sus miradas especialmente brillantes. Quizás por eso, Helen no habría visto venir más que una proposición para dar un paso más en su relación. Y por fin ella estaba dispuesta, después de hacerle esperar tanto...después de aquellas noches en su pequeño piso alquilado, en el que ella se quedara dormida en sus brazos sin que nada más hubiera pasado.
-Tengo que hablar contigo- dijo él.
Helen se encogió de hombros, y John se detuvo en mitad de la calle, hundiéndose en su fino abrigo.
-Esta relación, Helen...está relación no va a ninguna parte, y lo sabes- soltó.
La chica lo observó, incrédula, mientras intentaba buscar alguna señal de que John estaba bromeando.
-¿Cómo dices?
-Creo que me has oído bien- respondió, serio, como nunca lo había visto.
-Dijo el que vino a buscarme tras no desmemorizarme- replicó. Fue lo primero que se le ocurrió decir.
-Y es lo que debería haber hecho, pero fui más egoísta- se lamentó él.
-Pues tú egoísmo dura ya medio año. ¿De qué hablas?- su tono de voz comenzó a subir y empezó a sonar temblorosa. No podía ser que estuviera terminando con ella.
-Quiero que dejemos de vernos. Quiero dejarlo.
Helen tuvo que sentarse en el banco más próximo, se sentía sin fuerzas. John se vio obligado a sentarse con ella para que pudieran escucharse al hablar, pero ya no era la cercanía de antes. La chica miró al frente y vio que ambos se reflejaban en el escaparate de la confitería que tenían delante.
Ya no eran la misma persona. Ahora estaban muy bien diferenciados.
-Dame un buen motivo que no tenga que ver con que no eres para mí, o que somos muy diferentes- se giró para mirarlo, con los ojos brillantes y agua salada luchando por bajar por su mejilla- o alguna razón que sé que esconde otro motivo mucho más noble que posiblemente no entienda, por ser muggle, o por otra maldita razón.
Por un segundo, pareció que la chica había tocado el punto exacto para hacer a John cambiar de opinión y dejar de mentir, si es que lo estaba haciendo.
Pero por lo visto, no fue suficiente.
-Empecé con esto porque me resultaba...intrigante. Algo nuevo para mí...
-Cuéntame algo que NO sepa, John- interrumpió, llena de rabia.
-Creí que eras más especial de lo que eres en realidad ¿no lo entiendes? Al final, es igual que con cualquier otra chica...y todo esto no me compensa. Estoy jugando contigo, Helen, y no te lo mereces.
Una parte de Helen estaba rota. La otra, un tanto maltrecha, estaba furiosa y negando aquel momento.
-Esto es por la misión esa a la que tienes que ir. Mira, no me importa esperar, te quiero- remarcó, a la desesperada- esperaré cuatro meses sin ti. No me importa, te esperaría mucho más...no pasará nada con nadie. Estaré aquí.
John rio como si todo aquello le hiciera gracia.
-¡No me preocupa lo que pase mientras yo estoy en la misión! No me preocupa en absoluto...en parte es por eso. Tu vida...no es la que quiero compartir, no es la que quiero para mí. Estoy acostumbrado a peleas, a hechizos, maldiciones, heridas incurables...y tú en cambio- hizo una pausa que solo la hizo sentir peor- te levantas, coges tus libros y estudias. Y ya. No hay más. Eso será lo que hagas, hasta que te mueras. O algo similar.
Ella parpadeaba para no llorar.
-Vaya...siento no ser tan especial para ti. Siento no ser...la super muggle que esperabas que iba a dar un poco de acción y misterio a ti vida- ironizó- el gran Auror John Anderson...no sé cómo has podido durar tanto conmigo.
Él tragó saliva. Por un momento, por un segundo, pareció que todo aquello le afectaba incluso más que a ella.
Pero en seguida volvió a parecer un idiota.
-No sabes lo que me molesta que no podamos llevar esto como dos personas civilizadas.
Helen boqueó varias veces, incrédula.
-Te estás portando como un imbécil- consiguió decir-cómo quieres que me comporte.
Mantuvieron una tensa mirada. Maldita sea, Helen sabía que John le estaba ocultando algo.
-John, por favor, no cortes conmigo por una razón noble pero estúpida- insistió- Esperaré cuatro meses hasta que vuelvas a mi vida, y cortar no te habrá servido de nada.
-No quiero volver- insistió John, cansado- no voy a volver. Estarás esperando a alguien que no existe.
Ella negó.
-No te creo. Esperaré. Y si quieres mentirme y decirme que ya no te gusto, no me mires a los ojos, porque sabré que mientes.
Él parecía agobiado.
-Hay otra chica.
Helen recibió la noticia como una bofetada en pleno rostro.
-Ella es bruja, Auror- continuó, demasiado deprisa, delatándole- está interesada en mí yo le he dado una oportunidad. Me gusta. Y ella sí que quiere acostarse conmigo.
-¡Mierda, John, estás mintiendo!- lo sabía. Lo tenía claro. E incluso...la había herido con el tema de que quería esperar.
La gente que pasaba al lado del banco comenzó a mirarlos discutir sin reparos. Una pareja que pasaba por allí los tomó por locos. Las brujas no existían. Al menos no las de escoba.
-Sé cuándo mientes- Helen lloraba ya desde hacía un rato- sé cuándo mientes, y estás mintiendo. Hay algo que no quieres contarme.
-Mi vida es demasiado compleja como para que puedas entenderla- eso sonó a verdad, pero después otra mentira- no quiero seguir con esto, no me importas lo suficiente.
El chico se levantó y echó a andar, casi a correr. Helen fue detrás.
-¡Sea lo que sea lo que hayas hecho lo entenderé, no puede ser tan malo! ¡Si tengo que ponerme en peligro por ti, de acuerdo!- ella no pudo verlo, pero John cerró los ojos con dolor. Acababa de dar en el clavo- Si tengo que dejar toda mi vida por...-no supo qué situación inventarse- ti...la dejaría. Te quiero, y sé que tú a mí también.
John se paró en seco y ella pudo alcanzarlo por fin. Llegó a su altura y se situó en frente, no dejándole escapar. Le miró, y supo que el sufría. No era un gran mentiroso.
-John...-suplicó, de nuevo.
Él le miró a los ojos. Eran tan azules que podía ahogarse en ellos.
-No vas a volver a verme, Helen. Esa es la pura verdad. Olvídate de mí, y búscate a alguien que te quiera.
-Pero yo solo te querré a ti- puso todo el amor que pudo en esa frase, todo el que pudo. Y, sabiendo que no iba a ser capaz de convencerle solo con palabras, se lanzó a besarle, con toda la desesperación que sentía.
Y tal como previó, él no pudo resistirse. La atrajo hacia él y por un instante pudieron pasar por una sola persona, y entusiasmo de sus labios le dijo que sí que la quería. Y Helen se sintió feliz. ¡Por fin! ¡La pesadilla había acabado y John había cedido!
Cuando se separaron, rebosaba alivio. Secó sus lágrimas del rostro del chico al que no había dejado escapar.
O eso creía. John era un penoso mentiroso...y un gran tozudo.
Se separó de ella, con brusquedad, y ella volvió a sentirse vacía.
-Adiós, Helen.
Y se sintió tan súbitamente herida de nuevo, tan impotente...que esta vez no fue tras él.
-¿Ya está?
John se apareció en su casa, donde Eizan le esperaba para apoyarle tras romper con Helen, pero por la cara de su amigo, este no quería consuelo. No quería nada más que estar solo.
-Ya está hecho-musitó, roto de dolor. Sin embargo, sonrió, nostálgico- ella sabía que estaba mintiendo, cada excusa que ponía era peor que la anterior...-negó varias veces.
-Si necesitas algo...
John negó.
-Nada. Necesito estar solo un rato. Pero gracias por estar ahí.
Eizan asintió, conforme
-John...sé que no ha sido fácil, pero ha sido lo que tenías que hacer. Por ella.
Silencio.
-Lo sé. Y si lo he hecho ha sido precisamente porque me importa demasiado.
-Y así fue cómo acabé en Hogwarts.
Ann y Albus observaban a Harley, que acababa de contarles parte de la historia de su vida. Sentandos en una mesa apartada de la biblioteca, se podría contemplar la primera nevada del curso.
Ann necesitaba recapitular. Había pedido a su amigo que le explicara punto por punto cuál era su relación con Eizan Harley, personaje que había llegado a intrigar a la chica tanto como John o Andrew Anderson. Y aunque Ciro (Harley) ya le había contado todo aquello la noche anterior al primer día de curso, ella aún buscaba una pista que completara un poco el rompecabezas que existía en su cabeza.
-¿Acabaste en Hogwarts porque Eizan Harley te lo pidió?
Harley asintió, seguro.
-¿Qué fue exactamente lo que te dijo?- interrogó Ann.
El chico se mostró incómodo.
-Aquella tarde me encontré al señor Harley a punto de desangrarse. Como ya os he dicho, él me había enseñado mucho inglés, así que no pude entenderle mal. A pesar...-le costaba seguir hablando- a pesar de que se estaba muriendo, le entendí bien. Dijo...-miró a Ann, trasmitiéndole la importancia del momento. Aunque eso también ya se lo había confesado aquella última noche de agosto- dijo: "Encuéntrala. Protégela. En Hogwarts"
Albus y Ann respetaron el silencio, pero tras unos instantes la chica agradeció que Albus interviniera preguntando justo lo que ella quería saber. Lógicamente Eizan se refería a Ann, la hija de John. A Harley le había costado asimilar en su momento que el hombre lo había tratado casi como a un hijo no lo hiciera por puro desinterés. Sabía quién era él en realidad. Y en parte, estaba enfadado. Ojalá se lo hubiera dicho. Habría sido menos duro saberlo en aquellos momentos.
-Pero...no lo entiendo. Si alguien hubiese querido matar a Eizan Harley... ¿Por qué no usó la maldición asesina?
-Tal vez no fuera un mago el asesino- barajó Harley.
-¿Y para qué iba un muggle a matarle?
-Si lo hubieran matado el señor Harley jamás podría haberme dicho que eligiera Hogwarts...y aunque después se propició el que yo fuera a un internado inglés a los diez y que esto llegara a conocimiento de McGonagall y me ofreciera venir aquí...no sé, son demasiadas coincidencias.
Harley se masajeó la sien y Albus se mordía las uñas a lo bruto.
-Harley, te prometo, te Juro- remarcó- que algún día sabremos toda la verdad sobre quién eres y qué pintas en todo esto, pero mientras...
-Lo entiendo. Tienes que ocuparte de Sameor, de tu hermano...
Mantuvieron una de esas miradas que solo podían compartir ellos.
Ann se volvió a dirigir a sus dos amigos por igual.
-En cuanto lleguen las vacaciones hablaré con todo el que estuvo presente el día que yo nací, el día que mi madre dio por muerto a mi hermano y el día que mi padre fue asesinado- sonaba muy fuerte escuchar todo aquello en una misma frase y vivirlo todo un mismo día-y...solo puedo esperar a que me den una respuesta. Mientras, seguiré con los libros de magia avanzada, procurando mejorar y encontrar ese poder tan importarte que la profecía menciona.
-Pensé que nuestras teorías acerca de que la magia más poderosa era un acto de amor no estaban descartadas.
-Y no lo están- admitió Ann- tiene sentido que sea un acto de amor pero- se rio irónicamente- ¿cómo entreno eso? Y... ¿debería de hacerlo? Esa es la razón por la que Sameor ha planeado mataros a Rose y a vosotros. No es un acto caprichoso para hacerme sufrir. Quiere que no sienta...no al menos de manera positiva.
Albus y Harley se miraron, dudosos. El primero tomó la mano de Ann y se la apretó, con fuerza.
-Bueno. Estaremos aquí para ti, de cualquier forma.
Ambos chicos recogieron sus cosas y se marcharon a la sala común Una vez allí, subieron a su cuarto para que Harley se cambiara de uniforme. La señorita Skeeter le había invitado a una cena súper exclusiva a la que Albus sorprendentemente no estaba invitado.
-Ya te lo he dicho- le decía Harley mientras habían la puerta de la habitación- esa pesada invitó a tu hermana ayer cuando acompañó a Hugo a visitarme. Se debe de pensar que ahora que Ann y yo no...-lo correcto había dicho decir "ya no fingimos que estamos juntos", pero también a Albus lo habían mantenido engañado- no estamos juntos de esa forma, voy a ir detrás de toda aquella que se me acerque...
-Tampoco va precisamente desencaminada- gruñó Albus. A Lily no la tocaría ningún chico- a estas alturas del curso pasado, Ellen Greurn se preguntaba por qué no le pedías salir de una vez y no paraba de acosarme para convencerte.
Harley se habría reído de su comentario, pero entre que ya no le hacían mucha gracia los líos que solía provocar y que acaba de darse cuenta de que Henry Stump estaba en la habitación, definitivamente se mantuvo circunspecto.
-Hablando de eso- dijo Harley, de pronto- Hugo dijo que Ann...¿te acuerdas hace años que había dicho que Malf...
-¡Buenas!- saludó Henry, interrumpiendo la conversación como un huracán. Albus le sonrió débilmente pero Harley comenzó a desanudarse la corbata de Gryffindor, sin mirarlo. No olvidaba de quién era hermano, y por lo visto Stump tampoco.
-¿Estabais hablando de tías? Bennet anda diciendo por ahí que Grace Wilson te dio un beso el otro día no? Está muy celosa...es divertido oírla.
Albus pareció avergonzado. Tanto por la perspectiva de que todos se hubieran enterado de que por una vez Grace había decidido ponerse cariñosa como por la perspectiva de gustarle de verdad a una chica. Aunque ésta fuera Christinne Bennet
-¿Hay algo que a ti no te divierta?- preguntó Harley, sin el tono de burla, mientras ya se ponía una camisa limpia.
Pero él no pilló la pulla.
Albus se puso a recoger su baúl para que no lo vieran sonrojado. Delante de otros chicos no. Ya era suficientemente blandengue.
-¿Y tú, Harley, ahora que Ann y tú ya no...porque habéis roto, no? ¿No habréis roto por una tercera persona?
Harley se tensó entero mientras rebuscaba unos pantalones decentes entre sus cosas. Claro que habían roto por una tercera persona: ella le había confesado que no había podido seguir mintiéndole a Rose y por otro lado, Harley se sentía así más liberado. No era como si Rose fuera a dejar a Scorpius y a pretender intentarlo de nuevo. Ella estaba lejos de él, un poco más cerca de Ann, y él no tenía novia ni ficticia ni de verdad. Por fin algo salía bien.
Pero sabía por qué se interesaba Henry. Rodó los ojos y se dijo para sí que ser hermano mayor debía de ser un auténtico coñazo.
O ser un hermano mellizo.
-Si lo dices por Emily, tranquilo, porque te juro que entre ella y yo no va a haber nada, ni ahora, ni jamás- soltó, procurando sonar tranquilo.
Claro que Ann, Albus (que se había enterado casi tan recientemente como Ann) y él habían manejado la teoría de que alguien utilizara la maldición imperius contra Emily y solo así intentar acabar con la vida de Rose. Pero no era seguro. Si alguno de ellos conocía a la muchacha era Harley, y podría jurar que exceptuando los ataques de magia incontrolable que él mismo también sufría, que era inofensiva. Pero no iba a dar nada por supuesto, estando la vida de Rose en juego.
Albus se había metido en el baño en cuato la cnversación se torno incómoda y Harley se decidió a mirar a la cara a Henry (tampoco descartaba que fuera él el orquestador de los movimientos de Emily la paranoia lo mataba), y vio que el muchacho ya no sonreía como solía hacer siempre.
Si Harley se asustó (se asustó), no lo dejó notar.
-Mira, sé que a veces puedo parecer un estúpido. Pero si hay algo que he hecho bien en esta vida es cuidar de mi hermana, asegurarme de que está todo lo bien que puede estar. Porque ¿lo sabes verdad?- miró a los lados confirmando que Al ya no estaba allí- sabes que Emily es especial, porque ya la conocías. Una de las miles y millones que he ido a visitarla me habló de un chico que estaba en su planta: alto, moreno, en Hogwarts...y con un acento extranjero que delata que aquel solo pudiste haber sido tú.
-En realidad, Jackob Skarkovsky tampoco es muy inglés...no, para. Él es rubio, no he dicho nada. Sí, era yo- lo enfrentó, tras unos intantes- ¿Qué es lo que te preocupa, que cuente su secreto? Yo tengo lo mismo que perder que ella.
-No se trata de secretos. Se trata de que me pone nervioso cómo te mira, porque tengo entendido que has hecho llorar a bastantes chicas para tener solo dieciséis años, y no quiero que mi hermana sea una de ellas.
Harley se encogió de hombros.
-No va a pasar nada entre tu hermana y yo. Pero vamos, que si te quedas más tranquilo, pronunciaré el juramento inquebrantable
-Me fiaré de ti, por esta vez.
-Bien.
-Bien- concluyó.
Rose estaba de los nervios. De la mano, recorrió con Scorpius el camino que les faltaba hasta el despacho de la señorita Skeeter, preguntándose por qué hasta la bibliotecaria tenía despacho propio.
-Nos hará muchas preguntas incómodas- le informó a Scorpius, nerviosa.
-Lo sé- asumió él, también un tanto incómodo- pero nada que no podamos pasar. Al menos ahora ya no tenemos nada que fingir respecto a nosotros ¿no?
-Exceptuado el hecho de que tus compañeros de Slutherin piensan que estás conmigo pero me odias, todo bien- ironizó Rose, pero en voz más baja.
-Pero no habrá nadie de Slytherin en la reunión esta excepto yo, creo. No tienes nada de qué preocuparte en ese aspecto- aseguró, apretándole la mano en señal de apoyo- bueno, a no ser que cuentes a...-añadió, cuando la vio esperándolos.
Grace acudió al encuentro de los chicos, en la puerta del despacho. Parecía entre aburrida y enfadada.
-Te has arreglado más que yo- le reprochó a Rose, a modo de saludo- ¿no se suponía que era una cena informal?
-Yo también me alegro de verte, Grace- bromeó, sin molestarse demasiado.
-¿Y eso es gomina?- preguntó con desagrado, toqueteando el pelo de Scorpius. El chico se apartó, molesto- pareces tu padre con eso en el pelo. En fin. No sé ni por qué he venido. Tengo mucho que estudiar.
-Por una vez estamos de acuerdo en algo- aprobó Rose.
-Si bueno- comentó Grace, y se esforzó en parecer distraída- oye, ¿va a venir tu primo?
-Iba a hacerlo, supongo. Pero Skeeter decidió invitar a Lily. Ya sabes...a ver si hay algo de los Potter que Albus no le haya contado. No sé. Algo así.
Grace rodó los ojos, molesta.
-Bueno... ¿pasamos?
-Tiene que haceros al menos una demostración de sus talentos, señorita Rogers.
Rose alzó un momento la vista hacia la chica que mejor cantaba de Hogwarts, y casi tuvo el impulso infantil de rodar los ojos. Justo, lo que supuso que estaba haciendo Harley a su lado. Llevaba ya casi una hora de interrogatorios exahustivos, en los que casi todos los presentes habían contado su vida, confesado un par de secretos bien guardados hasta la fecha, o aireado un par de desgracias o logros familiares.
Estaba muy irritada con Skeeter. Había ocupado la mitad de su exageradamente gran despacho con una mesa redonda que le hacía a la familiar de la agobiante periodista tener una vista completa de todos los jóvenes comensales (unos veinte alumnos); y no se había conformado con eso, sino que les había asignado los sitios estratégicamente. Rose estaba en medio de Harley y de Scorpius, procurado que su brazo no rozara con el de Harley al comer, sin llegar a parecer molesta por el esfuerzo: no había precisamente mucho espacio. Christinne Bennet, la invitada de honor de Skeeter, parecía muy divertida con toda la situación. El único apoyo que poseía Rose en la mesa eran Clary, la mejor amiga de Hugo, y Grace (porque era la mejor amiga de Scor), y ambas estaban muy lejos, aunque sentadas juntas. No podría hablar con ellas. Harley también había sido acorralado. A su lado, Eris Skeeter esbozaba una de las que sin duda consideraba sus famosas encandiladoras sonrisas. Rose sabía que el objetivo de aquella reunión iban a ser Rose y Scorpius, quizás Harley y posiblemente Grace, porque era nueva en Hogwarts y Skeeter no la tenía muy ubicada.
Alma Rogers, justo enfrente de la bibliotecaria, no parecía muy agobiada con la proposición. Rose conocía un poco a Alma: sabía que antes de hablar había aprendido a cantar a Celestina Warbeck, y que disfrutaba haciéndoselo saber a todos.
-Cuando quiera, señorita Skeeter. Hable con la profesora Lectern e interpretaremos para usted alguna de las canciones en las que tengo un solo.
-Bueno, hablando de "solos", querida- tomó del brazo a Harley que, sorprendido, procuró no poner mala cara- creo que tú no tienes pocos en el coro de Hogwarts ¿no, querido? Pero tú no sacas tu voz tanto a la luz como la señorita Rogers. Lo que no entiendo, porque me han dicho que eres brillante. No solo tu agradable y fuerte aspecto, y tu encanto extranjero... ¡No! ¡Resulta que este chico también canta de maravilla! ¿No has pensado dedicarte a eso?
El chico pareció agobiado.
-Todavía no sé muy bien lo que voy a hacer- solo respondió.
-Bueno, cariño, por tus T.I.M.O.S deduzco que nada que tenga mucha nota... ¿algo de relaciones internacionales, tal vez? Longbottom me ha comentado que eso es lo que sopesas hacer...
-Sí- soltó Harley, con un hilillo de voz.
-Ay, cariño...-el tocamiento que ejercía la mujer en cualquier parte accesible de Harley estaba empezando a sobrepasar a Rose- lo siento mucho si te ha molestado lo de la nota, sé que es imposible...con todo lo que pasó el año pasado...-se lamentó. Acto seguido, pareció como si de repente, la atención se hubiera delegado en Rose. Lo dicho. Sitios estratégicos- aunque usted es la excepción, señorita Weasley, siempre tan impecable en sus estudios, a pesar de todo...ustedes y la señorita Wilson debieron de pasarlo fatal aquel día en San Mungo...por no hablar de que casi aquí la ex parejita no vive para contarlo.
Rose se puso blanca. Acababa de llamarlos ex - parejita, y no estaba preparada para hablar de ese tema ni lo estaría nunca, delante de aquella arpía disfrazada de inocencia- dicen que cosas así unen más, pero por lo visto no...- los miró con una pena que seguro era fingida- supongo que a veces es mejor olvidar.
La chica sintió como, al otro lado de la incomodidad, Scorpius la tomaba de la mano, en señal de apoyo.
Harley estalló antes que Rose y Grace.
-Con todo el respeto...creo que ninguno de los tres quiere hablar de esto-buscó el apoyo de Grace con la mirada, que también era la poca cordura que había en la mesa, y se la prestó taladrándola con la mirada. Muchos de los chicos también se habían puesto pálidos; otros, como la misma Bennet o John Adams parecían levemente entretenidos-no fue un juego ni para los que se quedaron aquí tampoco.
-No, claro que no, querido- dijo, y se mordió el labio inferior al tiempo que volvía a toquetearlo- entonces...ay, por favor ¡hablemos de cosas más alegres! Háblanos de Lily, aquí presente a mi derecha- la aludida abrió los ojos, asustada- y de por qué querías traerla a la fiesta.
-¿Yo?- preguntó sorprendido-pero... ¡si la invitó usted!
-¡Pero porque ella te gusta!- Rose quiso atragantarse con algo, pero no estaba bebiendo nada. Scorpius lo hizo en su lugar, como por empatía. Harley negó pero Skeeter no le hacía caso- bueno, no lo tengo muy claro. Entre tu recientemente ruptura con Anderson, y el tiempo que pasas con la señorita Stump...ya no aseguro nada. La joven Lily...- la miró-eres más hermosa que tu madre en sus mejores tiempos. Y por no hablar de tu padre...el gran Harry Potter...debe ser un honor.
-Lo es- respondió Lily, educada- pero Harley no me gusta, solo somos amigos.
-Eso es por aquel muchacho que dicen que sale contigo ¿no?- Lily se sonrojo hasta la raíz, del mismo color- ¿cómo se llama, Connor? ¿Nos estás confesando algo?
-No, yo...
-¡Estamos entre amigos, no hay nada de qué avergonzarse! Mira tu prima Rose... ¿no se ve estupenda junto a Scorpius?
-Sí, pero...
-Ah, ¿acaso no apruebas su relación? ¿Qué opina el resto de tu familia sobre ellos?- la interrogó sin piedad.
Lily pareció agobiada.
-No sé.
-Ay, Rose...-la pelota volvió a colocarse en su campo- dado al historial de novios que ya todo el mundo conoce, y cómo la describen sus amigos en sus estudios y hobbies...
-¿Qué?- interrumpió Rose, molesta.
-A usted, señorita Weasley- comenzó- le enamoran las cosas complicadas. Por lo tanto, es normal que se enamore de chicos complicados. No se torture más, acabo de darle la fórmula para no luchar contra sus deseos- le dirijió a Harley una significativa mirada, y la pequeña de los Potter volvió a atraer su atención- Le diré una cosa, Lily- dijo, como si no hubiera más presentes en aquella sala y Rose no se hubiera quedado de piedra- no creo que Rose sea la única de su familia en salir con un Slytherin... ¡señorita Wilson!- casi gritó, y la aludida pegó un bote en su asiento, antes de volver a poner la cara de hastío que había mantenido hasta el momento- Primero el señorito Weasley el año pasado y luego... ¿cree que el tranquilo y bueno de Albus Potter sea el adecuado para calmar la tormenta de su temperamento?
Grace iba a protestar o a decir algo grosero, pero estaba tan impactada que no pudo decir nada. Christinne Bennet se había puesto de todos los colores, y atacaba con el tenedor su filete con verduras.
-Ay, la pobre...se ha quedado en el sitio- se lamentó Skeeter- no hay nada de lo que avergonzarse...te guardaremos el secreto.
-Ellos no están saliendo- la defendió Scorpius- no diga esas cosas si no tiene ni idea.
-¡Pero si todos vimos como ella le besaba!
Fue la primera vez que vio a Grace sonrojarse. ¿De verdad a ella le gustaba tanto Albus? Si así era, él no era consciente y Rose podría cambiar eso.
-Fue solo en la mejilla- reprochó Harley- yo podría darle un beso en la mejilla a cualquiera de esta mesa. Bueno, menos a ti- miró a Scorpius. Varios rieron, y Rose quiso golpearse a sí misma, porque también le había hecho gracia. Había olvidado la habilidad de Harley de destensar cada momento incómodo, y esa era una de las muchas cosas que le habían gustado (que todavía le gustaban) de él.
-Y yo estoy segura de que habría un par de voluntarias...en cualquier caso, Wilson, perdone mi indiscreción. Yo casi ni la conozco. Pero es lo que murmura por ahí...
Grace gruñía algo en voz baja y Clary a su lado asentía lentamente.
-Y ahora chicos, si no os importa...me encantaría poner un poco de música. Me encanta la buena música, esa con la que puedes bailar todo el día y no cansarte jamás...podéis levantaros y danzar un poquillo por ahí, de hecho, me encantaría...-con un movimiento de varita, una canción que para alivio de todos no era del todo mala, comenzó a sonar como si saliera de todas partes- me encantan los hechizos de música ¡me encantan! Ay, Lily- Rose empezaba a intuir que cada vez que la mujer exclamaba "Ay", algo malo iba a ocurrir- ¿por qué no concedes un baile al novio de tu prima, y limáis asperezas?
Lily pareció incómoda, y Scorpius se aflojó el nudo de la corbata.
-No creo que sea...
-¡Tonterías! Malfoy, saca a la joven a bailar un poco, no creo que a Rose le de celos. ¿No? Y los demás... ¿Qué hacéis que no os levantáis?
Hasta Grace se levantó con apremio, espantada, y casi se agarró al brazo de Clarissa Waysand, como si fuera un bote salvavidas.
-Merlín, qué plasta- se quejó.
-Y qué lo digas-protestó Clary.
Scorpius se levantó tembloroso, mirando a Rose, culpable. Con cuidado de no tropezar y hacer el ridículo, fue al encuentro de Lily, maldiciendo y bendiciendo su suerte, todo al mismo tiempo. Lógicamente, la prima de Rose no estaba encantada con bailar con él, pero el chico daba botes de alegría, prácticamente se le notaba en la cara, y se lamentó por ello. Justo cuando empezaba a olvidarse de tener posibilidades con ella el mundo (o Eris Skeeter) decidía gastarle una broma cruel. Pues no pensaba flaquear.
Se tomaron con torpeza de las manos y de repente se sintió como si pudiera ser feliz para la eternidad. Y maldijo el ritmo lento de la canción fue el culpable de que por fin aquel tuviera aquel pequeño cuerpo "en sus manos". Cerró los ojos por un momento, consciente de que los ojos de Grace estaban posados en ellos, y que cualquier pequeño movimiento lo delataría.
-¿Estás bien?- preguntó Lily, y Scorpius parpadeó, confuso.
-¿Eh? Sí, claro, perdona...- comenzó a bailar un poco a destiempo. A Lily pareció hacerle gracia, porque soltó una sonrisilla.
Pensó en algo inteligente que decir.
-Me parece que no voy a volver a cenar con esta mujer ni aunque me paguen...
Ella asintió, despacio.
-Es una falsa. No le importamos lo más mínimo. Solo le interesa el chismorreo. Y por cierto, tengo que pedirte disculpas.
Scorpius se sorprendió.
-¿Por qué?
-La razón por la que nos obliga a llevarnos bien es seguramente porque alguien nos vio el otro día cuando hablé contigo, y...la verdad es que no estuve muy amable. No suelo ser así- se excusó, y Scorpius supo que no quería (que no debía por su bien) escuchar nada más- es solo que estaba muy preocupada por Rose, todavía lo estoy...es como si no pudiera dejar atrás a Harley y no quiero que le pase lo mismo otra vez.
Scorpius sonrió.
-Te preocupas por ella como si tú fueras la mayor.
Lily se encogió de hombros.
-Ella siempre me ha cuidado. Yo tengo que hacer lo mismo.
-Todos sufrimos por amor alguna vez, Potter.
-No ha llegado mi momento- se rio Lily.
-Mejor- soltó Scorpius, sin querer.
Dio gracias por no haberla pisado todavía. Su característica elegancia le había echado una mano bastante grande. La miró, feliz por ello, y se lamentó de haber hundido su mirada en la suya. El marrón claro de sus ojos era hipnotizador como si tuviera magia propia, y las pecas en su nariz eran delicadas, estratégicamente colocadas...su pequeña boca se curvaba en una sonrisa amable. Skeeter tenía toda la razón. Era hermosa. Y él estaba en una nube.
"No la mires tanto, idiota"
-¿Crees que si no le hago daño a tu prima podríamos llevarnos bien?-sugirió. Maldita sea ¿no estaba intentando olvidarla? No lo estaba haciendo muy bien.
-Creo que sí- acordó Lily- no eres como esperaba.
-¿Cómo esperabas?- quiso saber- ¿cruel y malvado? ¿Idiota? ¿Imbécil?
-Más bien como alguien que siempre trae problemas.
-No. Definitivamente me encaja más lo de imbécil.
Lily luchó por no sonreír, pero se le notó en el rostro y Scorpius volvió a contemplarla, sin remedio.
La chica miró a los lados, y carraspeó.
-Hace tiempo que acabó la canción.
-Oh- se sorprendió- el tiempo contigo pasó volando.
A la chica le brillaron las mejillas de rojo.
-Gracias- dijo, mientras se separaban. Acto seguido, miró a Rose, que encontró la mirada de su prima, y Lily le sonrió como si aprobara algo o a alguien que no había aprobado hasta el momento.
No solo había una persona mirándolos. Harley, de pie, fingiendo hablar con Jackob, los observaba como si no pudiera perderse ni un solo detalle. Aprovechando un momento en el que Scorpius fue al servicio minutos después, lo acorraló de un empujón y cerró la puerta del pequeño cubículo.
-Yo también me alegro de verte...-ironizó Scorpius, todavía asustado por haberse encontrado al Gryffindor allí, y porque parecía cabreado.
-¿A qué juegas, Malfoy?- le espetó- efectivamente serio y enfadado.
-¿A qué juego de qué, exactamente?- preguntó, enfrentándole.
-Estás con Rose pero miras a su prima como si te quisieras acostar con ella, más de una vez- remarcó- ¿de qué coño vas?
-Así que es por esta gilipollez- cayó Scorpius, empezando a enfadarse también- mira, lo que tú creas ver o no...
Harley lo agarró por elegante chaqueta, intimidándole.
-No-la-mires- le advirtió- no vuelvas a mirarla, ella no es para ti. No mientras Rose te quiera, cosa que no acabo de entender, francamente.
-¿Qué? ¿Acaso Potter es tuya? ¿Cuándo se convirtieron en posesiones? Tienes suerte de que prefiera esconder este...ataque al resto, si no cogería mi varita y te respondería con bonitas palabras.
-No vuelvas a mirarla- repitió Harley. Lo único que quería era que le quedara claro el mensaje. Abrió la puerta del baño y dejó salir al chico.
Pero Scorpius todavía tenía algo que decir.
-No es mi culpa que la perdieras. Eso es solo culpa tuya.
Y dicho esto, abandonó el estrecho lugar.
Harley apretó la mandíbula, tenso.
Después de terminar de bailar con Lily, Scorpius se pasó con Rose el resto del tiempo. La chica procuró no mirar como alguna que otra bailaba con Harley, y se sorprendió de que Grace estuviera dispuesta a entablar cierta conversación con ella, aunque fuera porque su mejor amigo no se separara de ella. La chica sabía un montón de Quidditch, y se sorprendió en comprobar que compartían muchas ideas: ambas eran de las Holyhead Harpies, y ambas coincidían en que le federación de Quidditch no podía seguir con tan mala organización. Rose comprendió que ignorando el mal humor de la chica, podías llegar a encontrar a alguien que mereciera la pena.
-Creo que he bebido mucha más cerveza de mantequilla de la que debería- dijo Scorpius, mientras acompañaba a Rose hasta la sala común de Gryffindor- me siento como andando a un metro del suelo.
Rose puso los ojos en blanco.
-El truco de Skeeter para que confieses tus más hondos secretos. Diría que la odio, pero ya lo ha dicho un montón de gente hoy, así que...
-Tengo ganas de besarte- interrumpió Scorpius.
La chica se sorprendió, y sonrió, divertida.
-Merlín, ¿seguro que no había hidromiel oculto en...
Pero Scorpius no la dejó terminar. Allí, en la oscuridad del pasillo del séptimo piso, él y Rose estaban haciendo justo lo que todos pensaban que hacían antes de que realmente lo estuvieran haciendo.
-No juego contigo- le confesó Scorpius, cuando se vio obligado a tomar aire después de besar a su novia con el ímpetu que de momento había caracterizado a sus besos- de verdad que no- tocó la mejilla de Rose como si fuera tremendamente delicada. Pero nada de ella le parecía excesivamente delicado, salvando su corazón y sus sentimientos.
-No pasa nada- le perdonó Rose- la gente tiene dudas a veces, incluso estando enamorada. Tú tienes dudas, yo tengo dudas...pero seguimos aquí ¿no?-esta vez fue ella la que se lanzó a buscar sus labios. Scorpius notaba cómo se le enredaba el cabello con el paso de sus finos y largos dedos, y cómo empezaba a parecerle poco el tocar a la chica solo en las partes más comunes (hombros, cuello). Sin querer, o queriendo, bajó sus labios al cuello de la chica y una de sus manos bajó más allá de la espalda, también. Se sintió triunfante cuando escuchó un casi inaudible suspiró, y se emocionó quizás más de la cuenta. Una mano de Rose también se colaba en lugares más entretenidos, tras su camisa, y sus dedos recorrieron la espalda, el bajo abdomen... buscando algo que no podía ser encontrado. Él volvió a besarla, volviéndose más y más osado con el paso del tiempo, apretándola contra la pared, siendo consciente por primera vez de que estaba tratando con una chica, con formas de chica, y partes de chica increíblemente agradables contra él.
No parecía haber mucho lugar para Lily en aquella situación.
Les hubiera gustado seguir besándose eternamente, pero eran humanos, y estaba el asunto de respirar.
-Guau- soltó, contra su enmarañado pelo rojo-yo...-luego se rio, sin saber qué decir.
-No deberíamos seguir aquí. Alguien podría vernos y yo soy prefecta, quedaría el doble de horrible...-identificó a Rose en cada una de aquellas palabras. Ansiosa, preocupada...
Pero algo le dijo que ella no quería irse.
-Si no debemos de seguir aquí...-él miró al pasillo que hacía esquina, tras el que había un curioso tapiz que tanto él como ella ya conocían, y conocían también todo lo que guardaba dentro- ¿quieres seguir de todas formas?
Rose no era tonta, y lo demostró abriendo los ojos como platos, entendiendo lo que quería decir.
-Yo...no lo sé, no...
-No importa. No me voy a enfadar, tranquila- dijo, todavía con la respiración un poco entrecortada- ni a decepcionar, ni nada...
-No quiero irme- confesó Rose- me gusta estar contigo, pero...tengo miedo.
Scorpius se quedó pensando en las palabras de Rose. Claro que tenía miedo. Ambos tenían cosas que perder si seguían adelante, y sabía que no estaban cien por cien seguros. Por otro lado, entendió que jamás habría un momento perfecto para ninguno de los dos, que la persona "adecuada" no existiría, y que solo eran dos jóvenes jugando a ser dos serios adultos.
No pudo razonar mucho más. Simplemente, tenía ganas de estar con Rose.
-Pues pasa la noche conmigo, y si quieres que pase algo, simplemente pasará. Sobretodo, no debes preocuparte de nada. No conmigo, ni ahora.
Pero Rose era igual de humana, y acabó cediendo también.
Minutos después, en la Sala de los Menesteres, en la sala donde tantas veces se había reunido el E.M, su falda se fue deslizando hacia abajo, y no la detuvo, hasta que quedó por sus rodillas. Tumbado sobre ella, Scorpius atacó su cuello una vez más, y no pudo evitar respirar más fatigosamente. Deshizo el último botón de la camisa de su novio, y la hizo caer elegantemente, como su dueño mismo, por sus pálidos brazos. Él se la quitó completamente, arrojándola al montón de ropa del que ya se habían desecho. La besó como si tuviera tanta hambre como si no hubiera comido en días, como si fuera lo único que pudiera salvarle: respirar su aliento, beber su saliva y bailar con su lengua un desordenado baile. Correspondió por imitación, mientras pensaba en cosas en las que no debía de pensar.
Mil pensamientos que no tenían mucho que ver acudieron a su mente mientras sus manos intentaban colarse en sus pantalones, bajando por su pecho desnudo, deslizándose por sus costillas y su abdomen con tanto cuidado como si fueran los tomos de una enciclopedia. Simplemente, procurando quererle. Pensamientos extraños, preguntas sin resolver, imágenes del pasado que se repetían una y otra vez en su cabeza.
Órdenes instintivas que una parte de ella intentaba detener, sin éxito.
La hebilla del cinturón de Scorpius estaba fría.
El cabello rubio y fino del chico invadió su rostro, mientras él repartía pequeños besos por su barbilla y bajaba lentamente. Las manos de Rose se colaron en el pelo del chico, desordenándolo del todo.
Desordenando su mundo.
-Así que una tortura ¿eh?- preguntó Emily mientras Harley contaba su historia.
-Una absoluta tortura. Ojalá no me lo hubieras preguntado. Ya casi lo había olvidado.
Albus, Ann y Harley se habían puesto de acuerdo para vigilar juntos a Emily. Ann y Harley estaban en los jardines, hablando con ella. Albus tenía entrenamiento, ya que era el nuevo buscador de Gryffindor y no había conseguido ganar el primer partido.
Ann la observaba para descubrir en su rostro la mentira o el engaño, pero no conseguía ver nada de eso. A simple vista, Emily Stump parecía una buena chica. O al menos, no parecía una asesina (de buena chica a asesina había bastantes estadios intermedios) y Harley era el único medianamente capaz de entablar una conversación normal.
-Skeeter no me parece malvada. Simplemente...es un poco especial- dijo Emily.
Ann se sintió observada también, pero le pareció algo normal. Harley se pasaba el día con ella cuando se suponía que habían sido novios, y ahora que se supone que habían terminado, se llevaba a Ann a todas partes. Eran casi obvios si se trataba de intentar adivinar qué pasaba y qué había pasado entre ellos.
Por supuesto, Stump no sabía que los mareos que había sufrido hacía ya días los había sufrido por culpa de Ann. Todos se lo habían ocultado.
-Especialmente cotilla y malvada.
-¿Quieres ir a dar un paseo con nosotros, Emily?
La chica se encogió de hombros, indecisa.
-Creo que si me dejáis ir al baño antes, os acompañaré.
-Vale, voy contigo...-comenzó Ann.
Pero alguien le interrumpió.
-Anderson- la llamó Henry Stump, mientras sostenía un libro de pociones en sus manos e iba andando casi a ciegas- ¿me puedes resolver un momento una duda de la última clase? Es que no entiendo, verás...
-Ahora vuelvo- le dijo Emily a Harley, cuchicheando. Harley se puso de mal humor: no quería dejarla sola si no sabía dónde estaba Rose.
Aunque casi seguro que estaba en la biblioteca.
-Voy al baño- dijo Rose. Y se arrepintió, porque por una vez Scorpius estaba concentrado en sus deberes.
Él alzó la vista y le sonrió. Llevaba sonriéndole tontamente toda la semana. Más o menos, desde que había pasado la noche con él. Procuró no pensar mucho en eso en aquel momento.
El semblante de Scorpius se oscureció un poco, sin embargo.
-No tardes mucho o iré a buscarte.
Rose rio, como si él lo hubiera dicho en broma, y salió de la biblioteca.
La chica tardó unos minutos en llegar a los lavabos. Una vez allí, se miró en el espejo, primero.
Lo que había pasado la semana pasada la torturaba en muchas ocasiones. No porque se arrepintiera, exactamente, sino porque se arrepentía de lo que estaba pensando mientras estaba pasando. Se sentía como si le hubiera puesto los cuernos a alguien mientras estaba con Scorpius, y a la vez se sentía infiel a Scorpius cuando pensaba justo eso. Era complicado. Ni ella lo entendía del todo. Se miró las ojeras, disgustada.
"No hiciste nada malo" se dijo.
Pero claro que lo había hecho. Había roto la norma de no estar de noche por los pasillos, había roto la norma de dormir en la cama propia, había roto la norma implícita de entregarse por primera vez a alguien a quien quisieras, y había roto la peor y más fundamental norma: la norma de que el cerebro siempre tenía que ganar a...otras partes de ella que estaba claro que no eran tan inteligentes.
El problema era Harley, siempre Harley, eternamente Harley. Había hecho todo lo posible por olvidar lo que sentía, y no, nada había funcionado. Seguía pensando en él, seguía soñando con otras realidades que ya eran fantasías...seguía queriéndole por encima de cualquiera, y no era normal, no podía serlo. Aquello no podía ser estar enamorada. Estaba loca, completamente loca. El enfado y el despecho iban disipándose con el paso del tiempo, porque el tiempo todo lo cura, y con la ruptura de Ann y Harley...el anhelo se había acrecentado más y más. No podría manejarlo.
Pero al final, no se arrepentía de nada de lo que hizo. Procuró repetírselo varias veces mientras entraba en el baño.
Justo cuando tiró de la cadena y estaba abriendo la puerta, ya dispuesta a salir, vio la silueta de alguien que conocía, y, automáticamente, todos sus sentidos se activaron. Aquella alumna la miraba directamente, con la varita en alto. En un abrir y cerrar de ojos, Rose agarró la suya.
Pero para cuando quiso levantarla, Emily Stump ya pronunciaba su hechizo.
-¡Avada kedavra!
Rose miró a la muerte a la cara, por fin. Pero la esquivó, tirándose a un lado y golpeándose con el váter en el costado izquierdo. Por un momento, se quedó sin respiración. Aún dolorida por el golpe, y presa del pánico aunque su inteligencia no se había nublado, se asomó un poco y rápidamente pronunció su hechizo, apuntando a las puertas de enfrente, procurando que estuvieran lo más cerca de Emily.
-¡Bombarda máxima!
Se escuchó una gran explosión, y en pocos segundos el baño se llenó de humo. El pecho de Rose subía y bajaba, y el corazón parecía querer salirse de él.
-Stump ¿me quieres explicar qué le pasa a tu hermana? ¡Está como una regadera!
Harley, que llevaba un buen rato ya observando nervioso como Ann le intentaba explicar la lección de pociones a su compañero Henry, alzó la vista y vio a una muy desconcertada Christinne Bennet.
Henry y Ann se distrajeron también.
-¿De qué hablas, Bennet?- preguntó Henry, entre conciliador e irritado.
-¡De tu hermana, ya te lo he dicho! ¡Está como bajo unaimperius, murmurando como una loca que va a matar a Rose! Locos todos...
Pero ya solo Henry la escuchaba. Ann echó a correr todo lo rápido que le permitieron sus piernas en dirección a los lavabos. No había tiempo para pensar con claridad. Vio como Harley se le adelantaba y, desatado, corría todo lo rápido que sus piernas le permitían correr.
Le llevaba ya mucha les llevaba Emily, estuviera bajo una imperius o no.
