Si le preguntaban en ese preciso instante, llevaba caminando toda la vida. Pero solo en aquel preciso instante, Rose Weasley se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

Iba descalza, con sus vaqueros largos remangados y una camiseta que volaba con el viento, pero no hacía nada de frío. El pelo enmarañado y pelirrojo le impedía ver con claridad toda la inmensidad de la playa, al pegársele a la cara y bailar con la brisa. Una eterna playa, donde el mar ni se movía, y no había ni sol, ni nubes, ni nada.

-¿Qué estoy haciendo?- dijo en voz alta- ¿Dónde estoy?

-Puedo contestarte a lo segundo- dijo una voz a sus espaldas.

Por extraño que le pudiera parecer, ni se asustó. Solo se dio la vuelta a mirar al propietario de la voz que tenía que haberla sobresaltado. No se había oído ningún otro ruido.

A sus espaldas la miraba la viva imagen de Ann, con rasgos masculinos. No le llegaba quizás ni a su altura, aunque por poco, y claramente era más alto que Ann. No tenía la cara redondeada, sino alargada. Pero tenía sus ojos.

A Rose le dio la impresión de llevaba una eternidad observándolo y él le daría otra eternidad, sin pronunciar otra palabra de nuevo.

-¿Eres John Anderson?- preguntó, por fin.

El chico sonrió, y a Rose le pareció una sonrisa tan familiar, que el corazón le dio un vuelco.

-No, pero casi. Ven. Demos un paseo.

Por otra extraña razón, Rose no se resistió.

Y pasaron siglos.

-¿Qué ves aquí, Rose?

-¿Cómo sabes cómo me llamo?- preguntó sin embargo ella.

Él suspiró. Parecía estar a punto de revelar una gran verdad.

-Soy un fantasma del futuro. Yo te conozco. Te conozco como me conozco a mí mismo.

No supo qué contestar a eso.

-¿Eres...eres Andrew?

El fantasma sonrió.

-¿Si vienes del futuro, puedes decirme si al final Ann te encuentra?- siguió interrogando.

La sonrisa de Andrew se hizo más ancha.

-¿Te encuentra, verdad?

Él se giró para mirarla.

-Tú dijiste que para que todo saliera bien ahora, no podría contarte nada. Nada de lo que ocurrirá.

Rose estaba confusa. Noto cómo el fantasma del hermano de Ann le cogía de la mano, aunque casi no podía sentir el contacto. Pero centrándose, era agradable y electrizante a la vez.

-Rose- pronunció. Y sonó perfecto en sus etéreos labios- estás aquí para saber cómo salir de aquí. Cómo salvarme, cuando llegue el momento.

El corazón de Rose dio un vuelco.

-¿Cómo salvarte?

-Llegará el día en el que necesites saberlo. Y no será fácil. Yo me resistiré. Pero ya sabrás cómo soy, y te seguiré. No podrá ser de otra forma. Pero tengo que decírtelo, para que lo sepas.

Ella se quedó asimilándolo unos minutos, en absoluto silencio. Todo estaba en absoluto silencio.

-Vale, lo haré. Pero... ¿cómo lo haré?

-Vale, tienes que escucharme atentamente- la agarró por los hombros, y la hizo girar hasta ver el mar, grisáceo, en calma, inofensivo-puede sonar un poco loco, pero...tienes que ahogarte.

-¿Qué?- soltó ella, en seguida- ¿cómo que ahogarme? ¿¡Estás loco!?

-No será ahogarte de verdad- explicó Andrew- pero la sensación es real, y será horrible. Y odio tener que pedírtelo. Pero es la única manera. Y, cuando llegue el momento, me guiarás, y lo haremos juntos. Será la única manera de salir de aquí.

-Y si se supone que te salvo... ¿Por qué sigues aquí?- preguntó, sin fiarse prácticamente en absoluto. Carecía de sentido

-No puedo contestar a eso.

-No puedes contestar a nada- gruñó Rose.

-Puedo decirte que soy Andrew Anderson, y que tengo que volver aquí a veces, y tú lo entiendes. Tú me enseñaste cómo volver, y yo aprendí a enseñarte cómo hacerlo, cosa que por cierto, estoy haciendo ahora.

Se miraron, unos instantes. Los ojos azules de Andrew eran tan brillantes que cegaban el azul de los de Rose, más oscuro.

-Te echo mucho de menos- confesó él- aunque tú no sepas nada de mí, en realidad lo sabes todo.

-¿Debo entrar?- preguntó Rose, refiriéndose al mar, abrumada por la emoción que había imprimido en cada palabra que había dicho hacía unos instantes.

-Sí- dijo, con cierto pesar- es mejor que te vayas ya.

Ella se giró a mirarlo, de nuevo.

-Bueno...hasta cuando te encontremos. ¿No puedes decirme si será pronto?

Andrew pareció dudar.

-Será pronto...pero será duro. No lo olvides.

-No lo olvidaré.

-¡Rose!- la llamó, cuando los pies de la chica ya tocaban el mar y el corazón empezaba a bombearle a ritmo desenfrenado. Fue a su encuentro, tan ligero como si volara.

La agarró de los hombros, obligándola a mirarle.

-Hay otra cosa que no debes olvidar.

-Dime.

-Tendrás dudas sobre mí- le advirtió- y sobre ti, y tendré dudas yo también. Quiero que no te olvides de esto ¿me oyes?

-Sí, claro- afirmó, nerviosa.

-Me pediste que te lo dijera- pareció excusarse.

La cabeza empezó a dolerle mucho. Un ruido fuerte interrumpió la calma del lugar.

-Ya tienes que irte- la instó.

-¿Sabes que le tengo pánico al agua, verdad?- preguntó Rose, con el corazón en la garganta y los músculos agarrotados.

-Es tu prueba, Rose-solo dijo.

Poco después, la pelirroja se adentraba en el mar gris, con el agua ya hasta el pecho. No había olas, ni estaba fría, ni salada. Nada. La ansiedad se colaba por cada poro de ella, sin embargo. El pánico era notable en su rostro.

"Tienes que hacerlo" se decía, por dentro.

Cerró los ojos.

De pronto, el mar comenzó a agitarse. La primera ola le golpeó el rostro.

Quería morirse.

El mar comenzó a arrastrarla con fuerza. Salvaje. Imponente. Oscuro. Gritó, pero nadie la escuchaba. La sal le escocía en los ojos, y el sonido de la furia del oleaje inundaba todo su ser.

De pronto, lo vio. Hundiéndose en el agua con elegancia, desvaneciéndose. Sus cabellos se hacían finos bajo el agua, flotando libres delante de su rostro. Rose chilló, desesperada.

No podría salvarlo. Ella no sabía nadar, y también se ahogaba.

-¡Harley!- gritó.

Pero él no la escuchó.

Despertó, todavía con la sensación del agua en sus carnes, en su cama de Hogwarts, en la habitación de las chicas. En el presente.

Se levantó, taquicardica, y llegó a su cama y despertó a Ann, con la desesperación palpable en su voz.

-Ann. ¡Ann!

Su amiga no tardó en despertar. Tenía un sueño muy ligero.

-Harley se ahogaba- repetía, una y otra vez, como una oración.

-Rose ¿de qué hablas?- preguntó, prácticamente sin mostrarse ya adormilada.

La pelirroja no se centraba en otra cosa.

-Estaba en el agua y...no respiraba...

-Ha sido un sueño- la reconfortó, agarrándola de los hombros.

De pronto, recordó trazos del sueño.

-Tu hermano estaba. No fue solo un sueño.

El rostro de Ann se ensombreció.

Bajaban las escaleras, poco segundos después, para encontrar a Harley, sano y salvo en la sala común, posiblemente no haciendo nada en absoluto.

Pero no estaba.

El pánico comenzó a sembrarse.

-Tal vez esté en el cuarto de los chicos- propuso Ann, cuyo razonamiento lógico e instinto le decían que no había de qué preocuparse.

-Ann...-murmuró Rose. Sentía que algo malo pasaba.

La agarró de la mano.

-Tranquila...

De pronto, el hueco del retrato se abrió, y por él apareció Harley. Despeinado, con aspecto cansado, pero estaba claramente bien y fuera de peligro. Tras de él, iba una chica de séptimo cuyo nombre Rose no recordaba, con una cara de satisfacción que no dejaba mucho lugar a intrigas.

Al verlas allí, ambos se quedaron parados. La vergüenza, mezclada con orgullo, apareció en el rostro de la alumna. El rostro de Harley se mantenía más circunspecto. Pero evitaba mirarlas.

-Buenos días- saludó, sin embargo.

Rose estaba demasiado confusa todavía, pero a medida que pasaron los segundos, fue dándose cuenta de que a Harley no le pasaba nada, y que una vez más había hecho el ridículo soñando con él, en el sentido real, y en el sentido metafórico.

Dio media vuelta sin devolver el saludo, y subió sin prisa las escaleras de nuevo a su cuarto, humillada y enfadada.

No volvió a pensar en su sueño. Al menos, no demasiado.

-¿Potter? ¡Potter!

Albus y Harley, que lo acompañaba porque ambos estaban ya llegando a su clase de encantamientos correspondiente, se vieron obligados a girarse debido a la insistencia de los llamamientos de Eris Skeeter que, escandalizada porque no le habían permitido visitar a Albus en la enfermería para no perturbar su paz, se había decidido a verlo la primera mañana en la que el mediano de los hijos de Harry Potter intentaba retomar sus rutinas tras su nefasto "accidente" (así lo creía Eris, y el resto de Hogwarts, que todo había sido un mero accidente)

-¡Ah, por fin atraigo tu atención!- dijo, mientras lo terminaba de alcanzar- muchachito, ¿Cómo estás?

-Bien, gracias- contestó Albus. Pero se lo notaba un tanto triste y cansado. Todavía le faltaban días para estar a tope.

-Fue horrible lo que te pasó, vaya que si lo fue. No veas lo contenta que estoy de que todo al final haya salido bien.

-Gracias- repitió, gentilmente.

-Y he estado pensando mientras te pasaba eso... ¡qué poco he hablado contigo todavía! Así que he pensado yo con mi total esplendor de ideas... ¿Qué tal si hacemos una fiestilla en tu honor eh?

Albus, y Harley, que lo estaba escuchando todo, se quedaron atónitos, sin saber qué decir.

-Este fin de semana, en mi despacho, como siempre. ¡Os espero, no me falléis!- miró a Harley, haciéndole ver que no le ignoraba completamente, que él también merecía su atención- os iré a avisando de la hora ¿Sí) ¡Hasta luego!

-Odio a esa mujer, ¿te lo he comentado?- dijo, una vez Skeeter se hubo marchado.

-Yo odio resultar de repente interesante solo por haber estado a punto de morir.

-Bueno, eso puede que le gane a todo de lo que me queje yo hoy.

-Aún encima tengo un montón de deberes atrasados, no te lo puedes ni imaginar- siguió, mientras entraban al aula- encantamientos, Dcao, pocio...¡vaya, lo siento!

Albus se giró para disculparse, porque iba despistado y por eso se había chocado con alguien. Pero al ver que justo había chocado con Grace, el rostro se le quedó blanco como la cal.

Ella parecía incómoda.

-Perdona.

-No, perdona tú- contestó Albus, precipitadamente.

-Ha sido culpa mía. He ido a coger un libro de consulta en la estantería. Hasta luego- dijo, neutra, sin vida. Y ocupó su asiento mientras los chicos hacían lo mismo.

-Recuérdame cómo habéis acabado tan mal- murmuró Harley, mientras la observaba.

-No lo sé. Pero esto es peor que cuando corté con Ann. Y ni siquiera estábamos saliendo.

-Pero... ¿hubo una declaración?- interrogó.

Albus lo pensó.

-Supongo que dejé claras mis intenciones, no sé.

-¿Y cuáles son?

-Ay, no lo sé Harley- se exasperó- sí me gusta, pero no es tan sencillo como llevarse a Alison Simons a "dar un paseo" en mitad de la noche- comparó- así que supongo que se acabó, aunque nunca empezamos nada. Por cierto, cuéntame qué tal. No me apetece mucho hablar de Grace.

-¿Quieres que te dé todos los detalles?- preguntó, burlón, refiriéndose a la noche anterior que había pasado con una chica a la que Harley había elegido prácticamente al azar, por muy cruel que sonara.

-No quiero que me des ninguno- protestó Albus- solo dime si te convence para algo más.

Harley rodó los ojos.

-No sé nada de ella. Pero bueno, no ha sido tan decepcionante.

Se quedaron callados mientras el profesor Redfield pedía silencio.

-Excepto por la parte en la que Ann y Rose me estaban esperando al llegar a la sala común.

Albus se giró para mirarlo, sorprendido.

-¿Qué hacían despiertas?

-Buena pregunta.

Hugo se había repeinado especialmente aquella mañana. Tenía una gran noticia entre manos, y no iba a desaprovechar la oportunidad de presentarla cómo era debido ante la chica de sus sueños porque...bueno, el porqué estaba bastante claro.

Cuando estás enamorado, o encaprichado, o cuando simplemente te fijas en alguien que no es precisamente de tu entorno más cercano, haces lo posible por llamar su atención. Te obsesionas, te obcecas, todo lo que haces o ves es una buena excusa para entablar una conversación. Y cuando por fin la conversación acaba, y no te queda nada, la impaciencia gana a la experiencia, y sabes que no te vale, que necesitas otra excusa, otra conversación.

Al menos otra más.

Por eso, aquella mañana Hugo se sentía radiante, porque supuestamente tenía una buena excusa para hablar con ella.

En realidad, era una gran idiotez.

O no.

Hugo cazó a Clary en uno de los pasillos, en el descanso de media hora de las doce de la mañana. Salió corriendo hacia la chica que, como acostumbraba, iba acompañada de su amiga Edith, chica llena de granos en la que Hugo apenas se fijaba. ¿Quién se fija en la amiga, cuando a su lado siempre está ella?

-¡Hola, Clary!- la chica respondió a su llamada y ya se giraba para mirarlo- ¡tienes que ver esto ahora mismo!

Clary sonrió, amable como siempre. A su lado, Edith Lawrence rodó los ojos.

Sentía una lástima rayada en la exasperación por Hugo. Mil veces le había insinuado a su amiga que el Weasley estaba colado por ella, pero Clary siempre se limitaba a negarlo, a decir que era así, que no se comportaba de manera especial con ella.

Oh. Pero sí. Lamentaba ser la única que se daba cuenta de las dos.

Ojalá se diera cuenta para librarse de una vez por todas de aquel pesado.

-¡Hola, Hugo! ¿Ver el qué?

-Mis padres vinieron el otro día a ver a Albus a la enfermería, ya sabes, y mi padre me ha traído una cosa en la que está trabajando con mi tío, de sortilegios- aclaró, mientras sacaba una pequeña botellita de su bolsillo.

Ambas chicas lo observaron, curiosas.

Hugo se acercó más a Clary y se aseguró de no estar cerca de Edith.

-En realidad no me lo ha traído. Solo me lo enseñó- confesó- pero tenía tantas muestras, y a veces es tan poco ordenado...no notará que lo he cogido.

-¿Qué es?- preguntó Clary.

-Lo llamaveritantrum.

La chica frunció el ceño.

-¿Veritantrum? ¿Es comoveritaserum?

-Creo que es más peligroso que eso. Elveritaserumsolo te garantiza que el que lo bebe diga la verdad. Elveritantrumes algo más...para una fiesta. Es como un deshinbidor.

Edith arrugó la granulada cara.

-Es un invento horrible- se quejó- es como alcohol en forma de poción. Muy poco original.

Hugo se picó (aquella chica conseguía sacarlo de sus casillas) y se lo acercó al rostro.

-Pruébalo, si gustas.

-No, gracias.

-Alucinante- alabó Clary- ya no necesitaremos meter alcohol en las fiestas. ¿Cuántas gotas...

-Tres. Como elveritaserum.

-Perfecto- dicho eso, se centró más en el negocio de su padre- si esto funciona podrá desbancar alveritaserumen poco tiempo. Un desinhibidor y una garantía de la verdad al mismo tiempo.

Hugo sonrió, maliciosamente. Había heredado la picardía de los gemelos de su familia.

-He pensado...que tres gotas podrían caer accidentalmente en la copa de la señorita Skeeter este fin de semana.

Hasta Edith admitió que esa era la idea del siglo. Aunque no en voz alta.

-Oh por Merlín, Hugo- la vieja complicidad entre ambos amigos reapareció y el Weasley se sintió muy satisfecho- podrían pillarnos.

-¿Cómo? Nadie sabe todavía lo que es. No está comercializado.

-Aun así podría ser peligroso- sopesó Edith.

Ninguno de los dos la miró.

-Está bien- aceptó, con un brillo picaresco en su mirada que Hugo interpretó falsamente como amor- quiero que la señorita Skeeter pruebe un poco de su propia medicina.

Ambos sonrieron.

Rose llevaba todo el día pensando en Harley, para qué negarlo. Ya no había manera de esquivar lo que le pasaba por dentro. Estaba harta de buscarse alguna excusa, alguna forma de olvidarlo, algún impedimento para dar rienda suelta a todo lo que sentía.

Tenía varios problemas:

1-Tenía un novio con el que cortar.

La situación empezó a hacerse insostenible. Lo intentara por donde lo intentara, no podría estar con nadie más. Y no es como si a Scorpius fuera a parecerle bien aquello, porque a pesar de que ella sabía que él no estaba enamorado (al menos, no de Rose) era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que tanto él como ella habían creado una dependencia el uno del otro de la que iba a ser muy difícil desprenderse.

-¿En qué piensas?- preguntó Scorpius mientras sentados en el rincón de siempre de la biblioteca, estudiando, le rodeaba con un brazo y la besaba en la mejilla.

Había notado que aquel día su novia estaba distraída. Y vaya que si lo estaba. Ni siquiera terminaba sus deberes.

-Estoy cansada- se excusó- lo de Albus...no ha sido fácil.

En realidad se sentía tremendamente confusa porque había estado a punto de besar a Harley y todavía no entendía exactamente qué había pasado. Pero el olor del chico se le había metido en cada poro, y la colonia de Scorpius no lo eclipsaba ni un poco.

-Necesitas relajarte un poco...aconsejó él.

-Seguramente- comentó, distraída, y culpable, mientras él le giró el mentón para besarla.

Muy culpable. No estaba allí. Y aquellos labios eran más finos.

-Estoy deseando volver a pasar la noche contigo- confesó, en su oído.

Merlín.

Aquello tenía que acabar.

2-Harley no tenía el mínimo interés en ella.

Primero muchas otras, luego Ann, luego después de casi besarla, otras doña nadies.

3-No tenía a nadie con quien hablar de ello.

4-¿O sí?

Rose buscó a su prima Lily en la sala común en cuanto pudo, y la encontró después de cenar, acabando sus deberes. Por suerte estaba sola, así que pudo sentarse con ella.

-¡Menos mal que estás aquí!- se alegró Lily- tengo un montón de dudas en pociones ¡maldita profesora Badgreen! Explica peor que un troll. Verás...

-No he venido a ayudarte a ti, Lily. He venido porque necesito desahogarme con alguien. Y eres la única. Lo siento. Realmente lo eres.

Lily pareció entender la gravedad de la situación, porque se calló y no insistió más.

-¿Qué pasa, Rose?

La chica miró a los lados, nerviosa. Se acercó para la confidencia.

-Tengo que terminar con Scorpius.

Lily se sorprendió. Pero no mucho.

- ¿Tienes? Más bien quieres. Bueno- siguió- si es lo que...

-Pero es por la culpabilidad- comenzó a explicarse- porque me siento tremendamente culpable, pero si corto con él perderé el mejor apoyo que he tenido en...meses. Y no quiero perderle, al menos como amigo. Y sé que tampoco se lo tomará tan mal pero...le tengo cariño, pero no le quiero.

-¿Te sientes culpable por qué?- preguntó su prima.

Rose la miró con cara de circunstancias.

-¿Harley? ¿Después de todo lo que habéis pasado, en serio quieres volver a sufrir?

-Está pasando algo raro- justificó Rose- está en el aire, no sé, es como si lo intentara y lo intentara pero no pudiera estar cerca de él sin...no pensar en lo que siento. Y me pongo nerviosa, y si nos tocamos de casualidad...antes estaba enamorada de él, pero ahora es eso y algo más. Sé que es una locura. Pero creo que él también lo ha notado.

Lily no se limitó a decirle que se estaba volviendo loca.

-Tal vez haya magia de por medio. Pero... ¿Quién querría hechizaros? ¿Y qué tipo de magia es esa?

Rose se extrañó.

-¿Me crees? ¿No crees que sea un producto de mi adolescencia, o algo así?

Lily se quedó callada unos segundos.

-Ann tiene poderes que los demás magos no tenemos.

A la Weasley le golpeó la hipótesis como un mazazo en la cabeza.

-¿Crees que puede ser Ann? Pero Ann y Harley...ellos dos...

-Francamente, puede que Harley te dejara por ella. Pero yo los veía estar juntos, y no era distinto a ahora. Tal vez Ann nunca sintiera nada por Harley, aparte de la más que extraña conexión que indudablemente tienen.

Rose bajó la cabeza, pensando en todo lo que su prima acababa de decir.

-Ella...ella me lo habría dicho.

-Si hace un año Ann tuviera que haber escogido entre Harley y tú... ¿a quién habría escogido?

No hizo falta que Rose contestara.

-¿Y si ambos le pedís favores opuestos, cual cumpliría?

-Cumpliría el más lógico.

Lily negó.

-Nunca has sabido ver cómo se miran. Ann mira a Harley...como si fuera su hijo el mimado. No su novia.

A Rose le costaba verlo así, porque siempre lo había visto justo al revés.

-¿Y Harley?

Lily se encogió de hombros.

-Es mi opinión, no porque quiera hacerte sentir bien, ni nada por el estilo. Pero yo creo que en el caso de él, es exactamente igual.

Llegó el fin de semana, y con él, el día que Eris Skeeter llevaba ansiando toda la semana. Adoraba el secreto placer del cotilleo, y ya que se movía en un pequeño entorno de alumnos escogidos estratégicamente con vidas exprimibles hasta el más mínimo de los detalles, aquella iba a ser una gran gran velada. Todo iba a estar preparado al milímetro. Además, estaba especialmente animada, porque el interesante alumno de la señora Pomfrey, cuyo apellido todavía no conocía, había accedido a cenar con ellos, e incluso a él podría sonsacarle un poco del traumático accidente sufrido en San Mungo el año pasado. El joven no tendría más de ventitrés años, pero a pesar de su juventud había un extraño brillo de madurez en su mirada que lo hacía parecer casi de la edad de Eris. Y a Eris le gustaba rodearse de personas maduras, porque siempre había un motivo jugoso para una inusitada madrurez.

El chico hasta se había ofrecido a ayudarle con los preparativos. Bueno, no es que se hubiera ofrecido. Ella se lo pidió.

-Esas flores al fondo, Yemhal- le indicaba, mientras el joven agitaba su varita para mover grandes y coloridos jarrones de un lugar a otro del gran despacho, agrandado todavía más con magia de ambos magos- allí... ¡Perfecto!- alabó.

-Vale. Y llámeme solo Yem, por favor- pidió.

-¡Ay! Claro, claro...estupendo, Yem. Ya solo quedan los sitios en la mesa... ¡Oh, por Merlín! ¿Qué hace aquí tan pronto, señorita Anderson?

Yem se giró en seguida a mirar a la chica que acababa de entrar. Tenía el largo pelo negro recogido en una coleta alta, con una bonita falda verde en lugar del uniforme de Gryffindor.

-Lo siento- se excusó incómoda Ann. Miró a Yem de refilón. Todavía desconocía la rareza de sus rasgos, a pesar de que admitiría haber buscado en algunos libros sobre ellos- pero esperaba poder hablar un rato con usted antes de la cena, si no es mucha molestia.

-Ay, pero querida... ¡tenemos toda la cena para hablar!

-A solas- especificó, mirando a Yem como excusándose.

-Por mí no hay problema- dijo él, al tiempo que miraba a la señorita Skeeter- luego vengo y continuamos- sonrió afable a Ann, y se dispuso a salir de allí.

Skeeter arrugó el labio en señal de disgusto, pero no dijo nada, y cuando Yem se hubo marchado, (no pudo evitar observar que había cierta tensión entre ambos muchachos de la que quería sentirse partícipe enseguida), comenzó a hablar.

-Dime, Anderson ¿Qué te trae a mí?

La chica se acercó a ella, con gracia.

-Cuando la conocí, dijo algo que siempre me ha intrigado. Pero hasta hoy...hasta hoy no he tenido la oportunidad de preguntarle.

Sé a lo que vienes- comentó Skeeter, con dramatismo- claro que lo sé. John Anderson- pronunció- lo veo en ti, Ann, aunque no veo esa pizca de picardía en tu mirada, veo madurez, miedo...veo muchas cosas.

-Mi madre me habló mucho de mi padre- empezó a contar Ann- me dijo sus cosas buenas, y sus no tan buenas, todo lo que vivió con él y algunas de las cosas que supo de su pasado- daba la vuelta a la mesa, como si estuviera reflexionando- pero hay una cosa que nunca sabré, y es quién lo asesinó.

La señorita Skeeter parecía incómoda.

-He aprovechado estas navidades para averiguar un poco sobre mi padre, sobre su pasado. Y encuentro el nombre de Eizan Harley allí adonde yo busque.

La aludida parpadeó varias veces.

-Que usted conoció a mi padre me quedó claro el uno de septiembre del año pasado, cuando usted me lo confesó, pero...hay mucha gente que lo conocía, no me pareció trascendental. Y no me parece aún ahora algo demasiado importante, porque usted, casi no conoció a mi padre: conoció mejor a su mejor amigo, Eizan Harley.

-Nunca te habría ocultado ese hecho de haberme preguntado antes, querida- contestó, ciertamente molesta.

-Pero usted no va a contarme nada, y usted y yo lo sabemos- dejó caer Ann.

-Muchacha- dijo, riendo irónicamente- te dije que te hablaría de tu padre. No de Eizan.

Ann comenzó a deducir. En realidad, llevaba deduciendo mucho tiempo. Solo terminó de sacar la conclusión. Sacó de su bolsillo una fotografía.

-Estaba en un álbum viejo de mi padre que encontré estas navidades entre las cosas de mi madre. Sale usted en esta foto- dejó caer, sútil- Está radiante.

Una Eris más joven y un muchacho de cabellos rubios saludaban al fotógrafo o a la fotógrafa . Aunque el joven parecía casi hasta hastiado.

-Debía de estar muy enamorada- soltó, al no soportar el silencio de la mujer, que respiraba con fuerza y expiraba con aun más ímpetu.

-¡Basta!- protestó Eris- eso forma parte de la intimidad ¡mi intimidad!

Ann levantó una ceja.

-La intimidad está hecha para ser revelada, si algo se soluciona revelándola- hizo una pausa absolutamente necesaria y soltó la bomba que Ann sabía que necesitaba soltar para sus propósitos- Eizan Harley murió hace años, señorita Skeeter. No puedo decirle cómo lo sé, pero si lee los periódicos fiables, fueron los Neomortífagos que están ahora amenazando el mundo mágico, más concretamente su líder. Tenían un plan, y lo tienen ahora, y no pararán hasta conseguirlo. Erized Panton, Tobías Smith, Emily Stump, Albus...

-¡Él era uno de ellos! ¡Nos traicionó a todos!- gritó.

-Murió siendo un cobarde, sí, puede. O puede que no. Estoy intentando averiguarlo. Si averiguo puedo llegar al fondo de la cuestión que necesito saber, que no es Eizan Harley, pero está muy relacionado con él.

Skeeter se sentó en una de las sillas, con los ojos llorosos.

-No puedo creerme que esté muerto- murmuró- yo siempre tuve la esperanza...

-Lo siento mucho, no me pareció justo no contárselo- se excusó.

Silencio.

-Él no estaba enamorado de mí ¿sabes? Y yo...yo lo hice todo. Pero él...siempre miró a tus padres como si ellos dos fueran los amores de su vida.

-Eso no significa que a usted le duela menos- se compadeció Ann.

-Él amaba a John Anderson, y a su mujer, e incluso a los hijos de ellos, que todavía ni habían nacido. Él no podía ser un neomortífago. No los traicionaría. Jamás- la miró, con súplica- no tengo nada más que contarte. No quiero hablar de mi prometido. Nos vemos dentro de un rato.

Ann no estaba para nada satisfecha. Había ido allí con la esperanza de sonsacarle algo de Andrew. Pero ella no parecía saber nada. La frustración acudió a su encuentro.

-Gracias. Y lo siento.

Salió del despacho, frustrada de nuevo. Nada. Nunca llegaba a nada.

Sabía que las piezas estaban unidas. Todos estaban resultando estar unidos.

Ella. Su hermano y sus padres. Eizan Harley. El otro Harley. Sameor. Incluso Ron Weasley aparecía en aquel extraño enigma, ya que había estado de testigo aquella noche en la que ella nació.

Sameor se llevó a Andrew. Pero... ¿Dónde encajaban los dos Harley en toda aquella historia? Si al menos algo la guiase hasta Andrew...

Se apoyó en un ventanal del oscuro corredor, con los ojos brillantes, cerrándolos con fuerza y sin ninguna gana de entrar de nuevo en aquella fiesta.

-¿Una charla dura?

Ann se giró rápidamente a ver a Yem, que interrogante y con una chispa de preocupación la miraba.

-¿Por qué los demás no pueden verte como yo?- preguntó Ann, sin tapujos- ¿O tú tampoco vas a darme una respuesta? Al fin y al cabo, solo te salvé la maldita vida- soltó, enfadada con los interrogantes.

Yem parpadeó, confuso.

-Yo...

-No hace falta que contestes- siseó Ann- seguramente como lo quiero saber, no me dirás la verdad.

-¿Ann?- llamó una voz en la oscuridad.

Rose estaba allí con Scorpius, llamándola desde un poco más lejos.

La chica acudió a su encuentro secándose una lágrima rápidamente y pasando justo por delante del chico, sin mirarlo.

Hugo lo tenía todo planeado. En cuanto la señorita Skeeter no estuviera mirando, vertería tres gotas de su pequeño frasco en su copa. Eso garantizaría una noche de diversión asegurada, y una complicidad con Clary inigualable, ya que ella debía de ser la que se asegurara de que nadie más mirara la travesura que cometerían. Ambos entraron en el despacho de Skeeter, animados por su plan.

Tuvieron suerte, porque en la enorme jarra de vino de duendes que había encima de la mesa, la señorita Skeeter ya se vertía en su vaso un poco del contenido, con generosidad.

-Serviros a vuestro gusto- indicó la bibliotecaria, y todo notaron que no tan animada como siempre lo decía.

Clary se acercó a saludar a la profesora. Fue la única que lo hizo. Hugo fue con ella. Ninguno de los dos tenía demasiadas buenas intenciones.

-Buenas noches, señorita Skeeter- dio dos besos a la mujer, y Hugo, a su lado, aprovechó para verter la poción. Uno, dos, y tres. Se llenó de regocijo. Por fin lo había conseguido- la noto un poco decaída ¿Ocurre algo?

La señorita Skeeter se giró, bruscamente, molesta, y se golpeó con Hugo.

Si no lo estuviera viendo, no se lo creería.

Del empujón, el contenido del frasquito de Hugo se derramó en la enorme jarra. Asustado porque lo viera la mujer, se guardó el contenido rápidamente en el traje informal.

Observó la jarra con horror. Elveritantrum, como elveritaserum, era transparente, por lo tanto, no se notó el color al penetrar en el vino, también blanco.

Se giró, con los ojos muy abiertos.

-Lo siento, Weasley- se disculpó de pasada la mujer.

Y justo después, y con un movimiento de varita, la jarra se irguió y procedió a servir en las distintas copas de los comensales, que ya estaban casi todos sentados, a excepción de Grace Wilson, que ni había llegado.

Skeeter procedió a sentarse, y Clary aguardó hasta que interrogante pudo preguntarle a Hugo qué demonios pasaba.

-Se ha vertido todo el contenido en la jarra- murmuró, horrorizado.

-¿¡QUÉ!?- casi grita su amiga.

Eris levantó su copa, y los que ya estaban sentados hicieron lo mismo.

-Brindemos...¡por Albus Potter!

Y todos bebieron.

-Hugo, ¿qué hemos hecho?- dijo Clary, en susurros.

-Causar un gran problema- contestó, mientras ella lo miraba, enfadada. Tragó saliva- venga, vamos a sentarnos.

Al principio no pasó nada raro. Todo transcurrió normal. Grace Wilson fue la última en llegar. No tenía muy buen aspecto desde el partido de Quidditch, pero no llegaba a parecer enferma. Por supuesto, estratéjicamente estaba situada al lado de Albus, que había rehusado tomar vino de duendes, porque lo horripilaba. Grace tampoco se sirvió bebida, tan solo agua.

Hugo repasaba la lista de gente que había bebido de su copa, aterrado. No podía impedirles beber. Le descubrirían.

Lily, varios sorbos. Rose media copa. Harley entera. Ann también. Scorpius Malfoy ya se servía un poco más. Clary y él nada, por supuesto. A los demás, ni podía ni necesitaba prestarles mucha atención (aunque Cristinne Bennet ya iba por la tercera y debería de resultarle un poco preocupante)

Eris Skeeter ya iba por la cuarta.

-¿Hoy está especialmente bueno el vino, no creéis? ¿Harley, querido, un poco más?

No le dio tiempo a contestar. Ya se le estaba sirviendo más.

-Dime querido, ¿sales con alguna chica ahora mismo?

Hugo y Clary procuraron hacer ruido con sus tenedores, fingiendo que cortaban el jugoso filete.

-No. Pero me gustaría- su expresión mudó al desconcierto tras decir esas palabras.

Eris rio.

-Como si tuvieras algún problema para encontrar a alguna chica dispuesta.

-Hay bastante gente que ya no quiere saber nada de mí- frunció el ceño y se tapó la boca con los dedos.

-Uy. De qué me sonará a mí que la gente no quiera saber nada de la gente...-Eris miró a Ann, que no podía ocultar su rostro frustrado. O no quería. O no podía.

Rose jugueteaba con el mantel.

-Que la gente no quiera saber nada de nosotros no nos impide amar a quien no nos quiere- soltó, triste.

-¡Muy cierto!- alabó Skeeter- Rose Weasley, tu mente es brillante.

La aludida bufó.

-Para lo que me sirve...

-¿Qué les pasa?- preguntó Grace a Scorpius, que estaba perdido en sus ensoñaciones.

-Hoy estás guapísima- le soltó a Lily Potter, sentada en frente de él.

Desgraciadamente, Lily se dio por aludida y se sonrojó hasta la raíz.

-Vaya, gracias. Tú...a veces eres atractivo.

-¿Pero se puede saber qué os pasa?- interrumpió Albus.

-Potter, en realidad no me caías tan mal. Luego hiciste llorar a Grace el otro día y...ahora te odio. Y siempre he pensado que eras tonto.

-Scorpius- siseó Grace- como no te calles voy a cortarte los...

La carcajada de Eris Skeeter inundó la mesa.

-¿En serio? ¿Desde quinto? ¡Albus Potter- lo llamó- Christinne Bennet lleva colada por ti más de un año! ¡Aprovéchate!

Grace miró a Albus, extrañada. Olvidando por un momento los problemas que había entre ambos.

-¿Por qué tú y yo parecemos de repente los únicos cuerdos de la mesa?

Ambos miraron a los comensales unos segundos, confusos.

Ann miraba a un punto fijo de la pared, pero de pronto, se despabiló y miró a Skeeter.

-¿Sabe lo que pienso? Que estoy harta de ser la niña inocente que espera a que el mundo le eche una mano. Francamente harta- Harley la miraba, anonadado- así que, cuando se encuentre dispuesta, va a contarme todo lo que sabe y va a hacerlo porque francamente lo necesito. Y si le duele, créame, a mí me duele más.

-Francamente querida, voy a hacer lo que me de la gana- contestó Eris, de mal talante, bebiendo de su copa.

-Ann, por favor- le pidió Yem, sentado enfrente, incómodo con la situación.

Ann lo taladró con la mirada.

-A ti podría decirte lo mismo, aunque francamente, todavía estoy intentando entender por qué me intrigas tanto.

-Anderson tiene novio- se burló Christinne Bennet. Dicho esto, dirigió una mirada significativa a Albus.

-Creo que es el vino- murmuró Albus.

-Sí, yo también había sacado esa conclusión.

-¡Al demonio con la cena!- gritó Skeeter- ¡quiero bailar! ¡Vamos a bailar!

Todos se levantaron más o menos al mismo tiempo. Todos los que habían bebido se sentían tremendamente mareados.

Rose penetraba con la mirada a Harley, pero por un segundo se distrajo para mirar a Scorpius, que a su vez miraba a Lily, que mantenía una alegre conversación con una desesperada Clary Waysand.

-Tenemos que hablar- le dijo Rose a Scorpius.

-¡No tenemos nada de qué hablar!- soltó Ann a Yem, que, desde las palabras de la chica, parecía solo centrado en ella- bueno, quizás sí, y yo quiero hablar, pero es solo una forma de hablar, ¿me entiendes?

-Necesito contarte por qué me ves así- explicó, levantándola de su asiento cogiéndola de la mano.

-¡Estupendo! Escuchadme ¡Alguien va a contarme una verdad!- proclamó, mientras Yem la llevaba a un sitio más privado. Skeeter había puesto una música horrorosa con la que solo unos cuantos de los que habían bebido bailaban. Aunque la mujer bailaba con Harley, emocionada, mientras él bebía unos sorbos más de vino, e intentaba alejarse de ella con palabras un tanto groseras que con suerte la mujer no llegó a escuchar debido al volumen.

-Estupendo, quiero oírlo- contestó Ann- aunque preferiría- se acercó a él en tono confidente. Cualquiera podría insinuar que quería besarlo- que me ayudaras a convencer a Eris de que me ayude a encontrar alguna pista que me lleve a mi hermano.

Yem frunció el ceño. Aquello lo confundió.

-¿Tu hermano?

-Andrew- suspiró Ann- es la única familia que me queda...- se lamentó- aunque no le conozco ¿sabes?- llevó la mano del chico a su corazón- él podría ser malvado, pero aquí- apretó fuerte la mano de Yem- aquí dentro siento que él también me quiere ¿entiendes?

El chico frunció el ceño, todavía con su mano en una zona un tanto incómoda para un par de casi desconocidos.

-No estás bien- determinó, con el ceño fruncido todavía- tú no le andas contando esto a cualquiera, ¿verdad?

-Y lo peor es que Harley es el hermano de Sameor- soltó Ann. Acto seguido, se horrorizó- oh, dios, no debo decir esto- le miró, como si fuera culpa de Yem- ¿Por qué te lo he dicho? ¡me has obligado, yo jamás lo confesaría!

-Tengo que sacarte ya de aquí- comprendió Yem.

La intentó arrastrar con él, y Ann se dejó, hasta que estuvieron ya en los oscuros pasillos. Yem planeaba ocultarla en su pequeño dormitorio. Sospechaba que Skeeter había drogado a la chica, pero a decir verdad, todos parecían drogados. La obligaría a quedarse en su cuarto, y después volvería a ver qué había pasado.

De pronto, Ann se separó estratégicamente de él y sacó la varita de su chaqueta.

-Lo siento, pero voy a desmemorizarte- dijo, solemne.

-¿¡Qué!?- soltó, Yem, volviendo a acrecarse a ella- no. No lo vas a hacer. Esto no ha sido mi culpa. Alguien debe de haber echado algo en las bebidas.

-Soy la bruja más poderosa que existe hoy en día. ¡Claro que te desmemorizaré, si me da la gana!

Yem le arrebató la varita a Ann con la mano. Los reflejos de la chica estaban claramente mermados. Además, la presencia del chico la alteraba de una extraña manera.

-En realidad no quería hacerlo- confesó, segundos después, cuando se vio sin varita.

-Ven conmigo. Y no te preocupes. Todos tus secretos estarán a salvo conmigo.

-Desearía no querer fiarme de ti.

-No cumpliré ese deseo hoy.

-¿Qué quieres dejarlo?- repitió Scorpius, casi gritando en medio de la música. Bufó- ¿Y por qué no me sorprende? Llevas comportándote raro toda la semana. Todo el mes. ¡Desde que salimos!

-¡Fue una estupidez!- se quejó Rose- ¡no se puede forzar a dos personas a quererse!

-En realidad yo pensaba que cuando estuviera contigo me enamoraría de ti- confesó Scorpius- nunca quise utilizarte.

-Yo nunca quise hacerte daño- confesó ella- pero en el fondo sabría que nada me haría olvidar a Harley. Lo siento.

-¿Qué haré yo sin ti?- se lamentó Scorpius.

-Lucha por esa chica, Scor. Me habría enamorado de ti, de no querer a otro. Eres todo lo que una chica que no esté enamorada puede soñar. Excepto en la cama- confesó- en la cama no. Pero ya mejorarás.

Scorpius se molestó.

-Tú tampoco fuiste buena en la cama. ¡Fuiste un desastre!- se quejó.

Parecían dos niños pequeños.

-¡¿Quieres dejar de gritarlo?!- le replicó, enfadada- era un desastre en sí hace nada, estoy intentando recomponer mi vida. Por eso estoy terminando contigo.

-Pues solo espero...-dijo, con dramatismo- que el muy idiota te corresponda por fin porque sinceramente, te mereces ser feliz. Aunque me joda perderte- le dijo, acercándose más a ella, para que le quedara claro.

-Perdiéndote yo también salgo de mi zona cómoda. Pero así nunca sería completamente feliz.

Scorpius hizo un gran puchero. Parecían las dos personas más borrachas del mundo. Bailaron pegados unos segundos, totalmente descoordinados con la música.

-¿Crees que debería de decirle a Lily lo que siento?

Rose se separó de él, como si quemara.

-¿De Lily? ¿Estás enamorado de Lily?

Scorpius le tapó la boca, asustado.

-¡No grites, te van a oír!

Rose quitó la mano de Scorpius.

-¿Estabas enamorado de Lily y empezaste a salir con su prima? Vale, realmente me sentía culpable por ti, pero ahora veo que tú también eres un poco rastrero.

-¡No fue por eso!- se quejó.

-No cuela, lo siento- le dio unas palmaditas en la espalda, todavía impactada con la noticia- que os vaya bien. O que os vaya, directamente. Voy a servirme otro vaso de vino- dicho esto, le dio un beso de despedida y lo dejó solo.

Scorpius se quedó atontado, cavilando.

-Tal vez debería decirle lo que siento ya mismo- pensaba en susurros- sí...

Otra chica lo agarró del brazo.

-¿A dónde vas, Scorpius?- interrogó Grace, demandante.

El chico la miró.

-Voy a confesarle a Lily que la quiero.

-Oh, no, no vas a hacer eso- le reprendió- no mientras estés drogado, y yo siga sujetándote.

-Aunque forme parte de tu encanto, a veces eres un poco mandona.

-Dime lo que quieras, pero no voy a soltarte ¡Fuera!- alejó a Hugo Weasley, que se dirigía hacia ellos- ¡Bastante buena la habéis hecho ya, no quiero que oigáis a mi amigo soltar disparates!

Hugo, que ya se lo había confesado todo a los que no habían bebidoveritantrum, intentaba junto con los demás aplacar los ánimos de los que sí lo habían bebido.

-Yo me encargo de él- completó Grace.

-A veces suenas tan protectora y decidida...-la alabó Scorpius al oído- por eso eres mi mejor amiga- yo en cambio...soy un fracaso.

-No lo eres- replicó ella.

Rose salió al patio de almenas, pegado al ampliado despacho. Desde allí se veía el lago, y el bosque prohibido, y la luna llena, brillante en el cielo. Se sentía eufórica, pero disfórica al mismo tiempo. Se frotó los brazos.

-Hace frío ¿verdad?

Se giró, sorprendida por la voz de Harley, que llevaba en la oscuridad desde antes de que ella llegara. Sus ojos se cofundían con la sombra de la noche.

-Mucho. Pero estoy tan ida que apenas lo noto.

Harley le tendió su chaqueta. No la rechazó.

-Jamás me había emborrachado- confesó Harley mientras rose se enfundaba la chaqueta negra- bebí mucho este verano, mucho. Salía...pero apenas me hacía efecto. Y ahora- hizo un gesto patético con la mano- ahora ¡vuelo!

-Acabo de terminar con Scorpius.

Pudo ver apenas cómo el rostro de Harley se tensaba. Rose no quería añadir nada más, pero dado el silencio de él, no pudo evitarlo.

-Me sentía demasiado culpable por lo que estaba sintiendo. Y porque el otro día casi nos besamos, y estoy intentando entender cómo pasó siquiera.

Harley frunció el ceño, ausente.

-Hubo algo raro...me pareció que tú también lo sentías.

-Además, no nos queríamos. Lo utilicé.

Eso pareció sacar a Harley de sus cavilaciones.

-Eso suena demasiado malvado para ti.

-Él lo sabía.

-Oh. Bueno, a veces nos gusta ser utilizados.

-¿Tú utilizaste a Ann?- preguntó Rose, con el corazón en la garganta.

-Si te refieres a fingir que estaba enamorado de ella para alejarte a ti, sí. Ahora, que si te refieres a otra cosa entonces me lo tendrás que explicar mejor.

Los ojos de Rose eran dos piedras. No podía moverse.

Harley salió de su lugar, horrorizado, y se alejó de ella, trastornado.

-No he debido decirlo. No quería decirlo- apretó los dientes.

-A ver si lo entiendo- murmuró ella. Todo aquello parecía una broma de muy mal gusto- ¿tuviste una falsa relación con Ann, solo porque no estabas enamorado de mí?

Él seguía intentando a forzarse para no decir nada, pero las palabras se le escapaban de entre las cuerdas vocales.

-No fue así.

Rose no podía decir nada. El mareo se acrecentaba, conforme pasaban los segundos.

Harley daba vueltas en el pequeño balcón cubierto, desquiciado.

Los pensamientos de la chica eran tan confusos, entremezclándose hasta no ser más que un nudo enorme, que solo había una certeza que pudiera confesar.

-¿Sabes que estoy enamorada de ti, verdad?

-¡Basta!- estalló Harley- ¡No lo digas, no sabes cuánto duele!

Las lágrimas acudieron en seguida.

-¿¡Que te duele!? ¿¡Que a ti te duele!? ¡A mí sí que me duele, me ha dolido desde que te conozco! ¡Siempre he tenido que aguantar cómo era otra siempre a la que escogías! ¡Otra, otra, siempre otra, como si yo fuera una mierda en tu camino!

Harley se acercó a ella, amenazante. Su voz sonó igual de desquiciada que ella, pero él no gritó.

-¿Y no te has parada a pensar qué hubiera pasado si hubieras sido tú? -tragó saliva, y su voz tembló después- tú siempre me...-se mordía la lengua como podía- ¡conseguías sacarme de mis casillas! siempre criticando y siempre aceptando al mismo tiempo, siempre insinuando me querías- se calló de nuevo. Faltaban frases en su discurso- yo solo soy otra Emily Stump- se lamentó. También estaba llorando- ¡yo también estallé! Mi madre estaba allí- por unos segundos, estaba a kilómetros de allí- la situación la sobrepasó- se le quebró la voz- ella se marchó pero sabes lo peor Rose, ¿Sabes lo peor?

Rose no contestó, pero lo miraba intensamente a los ojos.

-Lo peor es el momento en el que piensas que has arrebatado la vida a la persona que más quieres. Eso es lo peor. Lo peor fue verla en el suelo y pensar que estaba muerta. Lo peor- confesó- fue verte en el suelo y pensar que estabas muerta, joder.

Un nudo no dejaba hablar a Rose, pero lo venció.

-Tú no me mataste en San Mungo, Harley, tú salvaste mi vida. Esa mortífaga...me habría matado.

Sus ojos se unieron de nuevo. La expresión de él era de desconcierto.

-Yo siempre recordé lo que había pasado, pero creía que tú no, y no quería que sufrieras porque en realidad- una lágrima cayó en sus labios- me habías salvado, y no tenías nada de lo que avergonzarte.

-Nada de esto importa ya- dijo Harley sin embargo, derrotado- te enamorarás de Andrew Anderson, y serás feliz con él. Y yo me lamentaré el resto de mi vida por no haber sido un egoísta. Pero estarás sana y salva con él.

-¿De qué estás hablando?

-Ann te ha visto con él en sus sueños. Estabais enamorados.

-¿Es que no has oído nada de lo que te he dicho? Es imposible que me enamore de otra persona. Es...algo inexplicable, se sale de lo normal. Incluso cuando nos tocamos...-lo cogió de las manos, y las subió a la altura de sus ojos.

Ahí estaba. Esa confusión. Ese...hechizo.

-Alguien nos ha hechizado- murmuró Rose. Posiblemente, no se había sentido tan aturdida en toda su vida.

Sintió esa calidez penetrarla desde los dedos hasta el pecho, llenándolo, y al mismo tiempo, creando un vació que pugnaba por ser llenado. Subió la vista inconscientemente.

Los ojos de Harley eran negros, negros como nunca antes, y estaban cargados de una energía diferente a la que estaba casi ya acostumbrado a soportar.

Se quedó sin aliento.

La mano del chico se deslizó en silencio, hasta rozar su cuello, y quemó como el fuego, pero no podía ni quería huir de él. La observaba atentamente, como jamás la había mirado, y se sintió plena.

Su pulgar delineó la mandíbula, secando un par de lágrimas por el camino, y, finalmente, rozó sus labios.

Olía a sol. Y Aquello, fue como la gota que colmó el vaso.

Cuando sus labios se juntaron tras muchos meses separados, no fue nada brusco, pero aun así tuvo que agarrarse al brazo de Harley para no caerse. La sangre de su corazón pareció derramarse incandescente por todo su cuerpo. Sus labios, con regusto a vino, se movían lentos sobre los de ella. Tal y como ella había hecho, el buscó no soltarla jamás, y la agarró de la espalda del sencillo vestido, atrayéndola más hacia él, sin brusquedad, pero con posesión. Como si tuvieran todo el tiempo del mundo.

Jamás se habían besado así. Jamás había besado así a nadie. Lo rodeó del cuello, poniéndose de puntillas, y a su vez él rompió en contacto de sus labios y la besó en cuello con dulzura, haciéndola suspirar. Y su suspiro hizo casi inaudibles las palabras que se escaparon del interior más oculto de Harley. Rose pensó que solo había sido su deseo de querer oírlas.

De pronto, alguien tiró de ella, bruscamente. Le dieron unas súbitas ganas de vomitar y la vista se le cegó, pero acertó a ver cómo alguien arrastraba a Harley también.

-Nos vamos- dijo una voz que no reconoció.

Ella solo podía pensar que ya no estaba en aquella almena con Harley, y temía que todo hubiera sido una fantasía de su lamentable estado. También todo le daba tantas vueltas que parecía una peonza viviente.

Alguien con unos ajustados pantalones y una camiseta todavía más ajustada la arrastraba a los lavabos de chicas.

-Dime que acaba de pasar lo que acaba de pasar- murmuró ella, muy presente según su perspectiva, y tremendamente ausente a los ojos de otros.

-Acaba de pasar que estás bajo los efectos de una poción que mezclada con alcohol está claro que ve sus efectos potenciados. Y sí, te estabas morreando con Harley justo después de cortar con tu novio, cosa de la que está claro que no te arrepentirás ni la mitad de lo que se arrepentirá Scorpius cuando se dé cuenta de lo que hoy te ha confesado.

Rose enfocó a Grace Wilson, que la instaba a inclinarse en un inodoro.

-Tienes que vomitarla- le indicó, recogiéndole el pelo para que no se le metiera dentro.

- Creo que ha dicho que me quiere- murmuró, todavía confusa.

-Vomita- insistió- lo tienes que estar deseando. Eres la quinta persona a la que acompaño. Estoy pensando en hacerme enfermera. Aunque como odio a la mayor parte de la gente, eso es inviable...vamos- Rose ya vomitaba elveritantrumcon brusquedad- sin miedo, échalo todo.

Cuando terminó, Grace la ayudó a apoyarse en la pared, sentada y agotada.

Tenía los ojos cerrados, con dolor.

-Mi cabeza va a estallar.

Grace le dio unas tímidas palmaditas en la espalda.

Rose gruñó.

-¿Qué me ha pasado?

-Luego te lo explico, pero digamos que os han drogado.

Ella no pudo evitar pensar que todo lo que había vivido no era real, y echó a llorar de pena. Quería volver a la fantasía.

A Grace le estaba empezando a incomodar el momento, pero aun así la atrajo hacía sí y la dejó llorar a gusto.

-Estoy cansada- se quejó Rose.

-Bueno. Podemos quedarnos aquí. Hasta la madrugada no va a echarnos nadie. Tú y Harley erais los últimos a desintoxicar.

-No entiendo por qué querrías quedarte aquí conmigo el resto de la noche.

-Está claro que la fiesta ha acabado. Además...eres mi amiga. No voy a dejarte sola si no quieres.

Y Rose no se lo agradeció, pero aunque acababa de pasar por mucho, tuvo un momento para sentirse feliz de haberse ganado un poco del cariño de Grace.