-Te queda bien.

Scorpius se miró al espejo, de nuevo. Su nueva ropa le resultaba extraña. No había llevado jamás unos vaqueros así, ni una camiseta tan pegada al torso...y el pelo...sencillamente horroroso.

-¿En serio a los muggles les gusta llevar esto?- preguntó, impresionado.

Grace suspiró, aunque levemente divertida.

-¿Al menos los zapatos te gustan?

-¿A esto llamas "zapatos"? Son para hacer deporte, no para salir un viernes por la noche...

Ambos muchachos dicutían sobre el atuendo de Scorpius. Llevaban horas solos y ya había acordado los planes de la noche. Mattew Wilson se había marchado de viaje de negocios tres días. Por eso Grace había invitado, primero tres días a Scorpius, y después a Josh, sin que el anterior se hubiera marchado todavía, así estarían los tres juntos. A Josh le habría gustado estar esos días con ellos, pero sus padres habían organizado con sus dos hermanos mayores unas vacaciones en familia, y no podía decir que no. Por suerte, al padre de Grace al final le había caído bastante bien Scorpius; veía muchas cosas de su hija en él, y todo en ellos juntos rezumaba amistad. Se marchó tranquilo, y tranquilos también se habían quedado ellos.

Pero en ese momento ya era casi de noche, y la chica se divertía viendo a su amigo vestido de muggle. Iban a salir, a divertirse, a vivir. Grace necesitaba a toda cosa distraer a sus demonios.

-En serio, te queda bien- repitió, y se levantó de silla- ahora sal de mi cuarto y espérame abajo. En un rato ya saldremos.

Para cuando abandonaron la casa, eran las nueve y veinte y la noche ya había hecho presencia. A Scorpius no le pasó desapercibida la apariencia de Grace, un poco más atrevida de lo que solía vestir. Se adivinaba cada curva, y sus piernas desnudas jugaban con la brisa de la noche. Aunque por supuesto no llevaba el vientre descubierto en absoluto. Percibió que un muchacho que salía del pequeño jardín de su casa subido a una moto los observaba unos largos segundos. Cuando se hubo alejado, contestó a su pregunta.

-Es mi ex, Finn- contestó.

-Lo suponía- dijo él- no tenéis ahora muy buena relación, ¿verdad?

-Todo sigue igual a cómo lo dejamos. Éramos un entretenimiento el uno para el otro, pero él rompió las reglas del juego- dijo Grace, con poco rastro de rencor. Sin embargo, sí se acordó de otra cosa, que no le hizo demasiado bien.

El camino se hizo largo, pero la noche era aún más larga. Grace instó a Scorpius a beberse más de una cerveza en un pub del centro, y no tuvo muy claro si le había sentado bien o mal. Desde luego, era más fuerte que una cerveza de mantequilla, y pronto se sintió como flotando, y diciendo con Grace tonterías sobre cualquier cosa que se les ocurriera. En cierta manera, le fascinaba el mundo muggle. Era más...despreocupado. No sabía si más aburrido pero desde luego, a él no se lo estaba pareciendo. Había sido muy duro convencer a sus padres de que necesitaba estar con sus amigos. Aunque ya en aquellos momentos, los Malfoy ya habían elegido bando en la guerra que les pisaba los talones, y su hijo en el mundo muggle sería una perfecta prueba de ello. Aun así, se arriesgaban quizás demasiado...

No quería pensar mucho en eso.

-Hice unas cuantas amigas el verano pasado- le dijo pastosamente a Scor mientras paseaban por una calle empedrada, iluminada por las luces de los bares- les he dicho que vendría con un amigo y se han mostrado muy entusiasmadas.

Él sonrió.

-No es para menos.

-Siento destrozar tu ego, pero creo que el interés va más por mí. Se preguntan qué clase de chico puedo traer conmigo después de estar con Finn.

-Vamos, que creen que soy tu novio- resumió- y su espíritu cotilla les invita a conocerme.

Sonrió levemente. Volvió a acordarse de algo. Se le borró deprisa la sonrisa.

-Justamente- lo miró, traviesa. Las máscaras que se ponía tras su verdadero rostro eran rápidas y eficaces- ¿Te atreves a ir con ellas?

Scorpius no tuvo que pensarlo mucho. Su boca habló por él.

El resto, no lo recuerda mucho. Más animado que nunca (le pareció) conoció a las "amigas" de su amiga. Una vez pensaron que era mayor de dieciocho años (gracias a Grace por elegir el vestuario adecuado) y le dejaron entrar en un sitio donde la música estaba muy alta y todos bailaban como en un baile, pero todo mucho más caótico y libre al mismo tiempo, con una música que no era música... hubo más alcohol. No sabía qué bebía, pero no le importó demasiado, porque a Grace tampoco parecía importarle demasiado lo que ella misma bebía y todo lo estaba pagando ella; él no tenía dinero. No fue tan tonto como para no fijarse en que una de las cuatro chicas con las que se habían reunido lo miraba especialmente descaradamente. Sonrió, con la confianza elevada, mientras buscaba a Grace con la mirada. Una vez la hubo localizado, la sonrisa se le medio congeló. Un chico bastante más alto y fuerte que Scorpius bailaba muy cerca de ella, y al contrario de lo que ella haría siempre, que sería rechazarlo inmediatamente, no lo apartó sino que dejó que aquel chico siguiera intentando decirle algo al oído. Scorpius torció la boca.

-No eres su novio, pero te gusta- dijo la chica que lo había mirado tanto, también muy cerca de él. Se sobresaltaría, de no ser porque ya estaba borracho.

-No. Pero conozco a Grace- las palabras brotaron de él. Recordó el momento en el que había bebidoveritantrum,y cómo no había podido controlar lo que decía. Respiró hondo, intentando volver un poco a la realidad- la conozco...no está bien- solo dijo. Se calló muchas cosas y respiró de nuevo, orgulloso.

No le gustaba demasiado ver cómo Grace se volvía como un muñeco delante del muggle. Intento ver si ella decía algo, pero solo sonreía tontamente. Se bebió el resto del vaso que llevaba en la mano, dejo atrás a la amiga guapa de Grace y fue en busca de la rubia.

-¿Grace?- la llamó casi gritando, mientras el muggle y ella seguían demasiado pegados.

La chica reaccionó despacio, pero segura de lo que hacía. En seguida aceptó su llamada, y se pegó a él, en un abrazo torpe.

-Scorpius...-lo llamó.

-¿Estás bien?- preguntó mientras la agarraba un poco mejor, y taladraba con la mirada al chico con el que bailaba- está conmigo, vete.

El otro pareció querer discutir. Finalmente, se encogió de hombros.

-Tampoco es tan guapa.

Grace lo insultó entre dientes mientras Scorpius se la llevaba a la salida.

-Vámonos a casa...

Grace solo asintió. Él tuvo la impresión de que se quedaba dormida.

El camino de vuelta se hizo eterno, a pesar de que el tiempo parecía pasar más deprisa. Hubo momentos en los que el peso de Grace caía bastante sobre él, parecía a punto de desmayarse.

Abrió como pudo la puerta de la casa. Grace en seguida alcanzó el baño, muy cerca de la entrada, y cayó sobre el lavabo a vomitar, por segunda vez. Él torpemente la sujetó, agarrándole el pelo. Solo entonces se dio cuenta de que estaba llorando.

-Yo sujeté también así a Rose...-murmuró, pastosamente.

-Grace ¿qué pasa? No estás bien.

Bueno, él tampoco estaba demasiado bien. Pero se refería a bien en otro sentido.

-Es idiota...- siguió diciendo- ni una carta...-lloró más escandalosamente. Jamás la había visto así- ¿y si le ha pasado algo? ¿y si está bien y no...

Vomitó de nuevo. Con ayuda de su amigo, se levantó a aclararse la boca con colutorio.

Scorpius se sentó como pudo en el estrecho suelo del baño, y sus piernas se enredaron con las desnudas de Grace, una vez hubo acabado. Se apoyó en su hombro.

-Potter, siempre Potter- se quejó Scorpius- ojalá le odiaras.

-No me quiere- se lamentó, agarrándose a la camiseta de su amigo.

Él hizo un ruido absurdo. No podía contestar a eso.

-Primero mi madre, y luego él- gimoteó. La verdadera Grace ya no estaba allí. O aquella era la verdadera, ridiculizada por tanto alcohol de golpe.

Entonces la entendió. Debió de ser el mismo sentimiento de abandono. Una parte de ella asociaba que la quisieran a que la dejaran sola. Y con todo el tema de la cicatriz, del susto del hombre-lobo...

-Nosotros no nos vamos a ir, lo prometo- fue lo que se le ocurrió.

Grace sonrió despacio, y se separó para mirarlo. Solo en aquel momento confundió un poco la chica que había sido su hermana durante cuatro bonitos años a la mujer que en realidad era. No ayudó que la chica se acercara a darle un rápido aunque cariñoso beso. Si pretendía ser en la mejilla, falló. Scorpius no se lo tomó en serio.

-Si haces esto con Josh vale, pero a mí aunque sea solo un poco estas cosas no me dejan totalmente indiferente. No soy gay ¿lo sabes, no?

Y era verdad. Eran amigos. Siempre lo habían sido. Pero eran más cercanos que nunca. Y hacían la línea cada vez más fina entre ellos.

-Ojalá pudiera quererte a ti- dijo, acariciando su mejilla y apartándole muy torpemente mechones plateados de la frente.

Él mismo lo había pensado mil veces. Supuso que por eso ella lo besó de nuevo; y esta vez no le cupo duda de que no se había equivocado. Intentó sentir algo, pero no pudo; o pudo, cuando ella se movió hasta quedar sentada sobre él. Su sudor se volvió frío contra la pared. Sentiría dolor, si no estuviera anestesiado. Su mano, un tanto errante, acabo sobre la parte más ancha de la pierna de Grace, que indicaba el final. Sintió como un chispazo y la apartó, al mismo tiempo que sus labios quedaron libres.

La chica se dormía en sus brazos. Tras pensarlo, suspiró y la levantó como pudo y, siendo consciente de que no podría subir las escaleras, la arrastró con esfuerzo al salón. Él se sentía mareado.

-¿Estás mejor?- preguntó tras sentarla.

La chica parpadeó, como intentando ubicarse.

-Tengo calor.

Se levantó la camiseta hasta que le asomó el sujetador, y se retiró una sencilla venda que llevaba justo por debajo. Él no pudo evitar abrir los ojos.

-Sigue ahí- se lamentó, mientras Scorpius miraba por primera vez la cicatriz de Grace, brillante por el sudor. Lo que antes había sido un vientre plano y joven, ahora tenía una mitad deformada, con grandes líneas rojizas- mamá se va. Albus se va- todo lo decía despacio y trabándose, pero él se imaginaba a una sobria Grace, rota de dolor- pero la cicatriz se queda. Y los que te hieren se van, y nunca lo pagan...

-Yo me quedo- dijo Scorpius, sin poder evitar compadecerse. Podría haberle pasado a él. Si la fuerte Grace Wilson yacía así de hundida... ¿Qué hubiera sido de él?- yo me quedo. Siento haberte dejado sola en la sala común, y no haber venido otros veranos...- se trabó. Tenía ganas de llorar- lo siento, de verdad. Me quedo. Me siento muy solo también- unas pequeñas lágrimas acudieron a él, estaba más indefenso que nunca. Daba igual lo que pareciera hacer. Siempre se sentiría solo, incompleto, maldito.

Primero se abrazaron. Luego, sin saber de quién fue la culpa exactamente, volvieron a besarse. Uno encima del otro. Al principio no respondía, pero luego buscó algo en sus labios, más tarde en todo él. Algo decía "no, no, no". Pero estaban hartos de negarse cosas. Siempre sufriendo. Sabía lo que buscaba. Buscaba enamorarse.

Pero ojalá las cosas funcionaran así.

-Rose.

Al oír su nombre, se sobresaltó. Se incorporó deprisa de la cama, pero en seguida un bajo silbido la tranquilizó. La luz de la luna llena le hizo distinguir mejor los rostros de Albus y el nuevo rostro de Harley, y los ojos de los muchachos brillaban, más blanquecinos. Intentó cubrirse, pero se dio cuenta de que no había nada que cubrir. Dormía en camiseta y pantalón de verano. Harley sonrió levemente divertido por el impulso de ella.

-¿Qué pasa?- dijo, adormilada.

-Ven- pidió él, con la voz grave que solo ahora tenía.

Se calzó unas deportivas y bajó con los dos chicos, sin hacer ruido (para no despertar ni a Ann, ni a Yem, ni a Vic, ni a Ginny, que era la adulta encargada de dormir hoy con ellos). Salieron de la casa y sin dejar de respetar la zona que abarcaba el hechizo de protección, se alejaron cuanto pudieron.

-¿Vais a decirme ahora qué os ocurre?

-Le he despertado yo- comenzó Albus- he oído una conversación entre mis padres y los tuyos que no me ha gustado nada.

Rose confirmó lo que acababa de decir mirando a Andrew. El chico era totalmente diferente, pero conservaba el gesto tenso y la mandíbula apretada que tanto conocían.

-¿Qué clase de conversación?- interrogó.

-Estaban discutiendo si iríais a Hogwarts este curso o no.

Rose tomó aire. No sabía que ese tipo de preocupación acudiría tan pronto a ella. En realidad, no faltaba tanto, pero...aun así, no podría decidirlo tan pronto.

Pero sus padres eran sus padres, así que obviamente ya era un tema que les había rondado. Lo habían discutido, pero todavía no habían determinado nada.

Si Rose se preguntaba si quería ir a Hogwarts este año o no...la verdad, no acababa de decidirse. Por un lado, Ann y Harley la necesitaban, pero por otro...quizás en el colegio sería más útil.

-Sigo diciendo que no es el momento de hablarlo...-razonó Albus.

-Siempre estamos rodeados de gente- protestó Harley- estoy cansado de Yem, de Vic...- descargó su frustración con ellos.

Pero el silencio acabó reinando entre los tres. La brisa fresca los golpeó. A Rose le daba frío en las piernas. Procuró no mirar a Harley. Este se aclaró la garganta.

-Ann lleva semanas intentando recordar y no ha habido suerte- recordó, a su pesar- es probable que jamás recuerde quién fue una vez. Sea como sea...no merece la pena que os quedéis aquí, y despertaría muchas sospechas. Os habéis esforzado por crearos una tapadera convincente para desaparecer completamente durante un verano. No estaba convencido, pero el profesor Longbottom, la profesora McGonnagall y el resto os protegerán.

-Hogwarts sigue sin ser un lugar seguro- contradijo Albus- pero aun así...

Harley desvió la mirada hacia Rose, que esta vez sí lo miró.

-El Escuadrón de Merlín os necesita.

-Ahora se llama Ejército de Merlín- solo dijo ella.

Albus se sintió un extraño en esas miradas.

-Así que...-dijo, para romper el momento tenso.

-Tenéis que volver. Ann y yo vamos a estar bien. Y vosotros también. Eso basta.

Al contestó por Rose.

-No. Eso no basta. Además- contestó ya por sí mismo- nadie parece habernos echado de menos. No hay muchas cartas para nosotros en los buzones de casa.

-¿No tenemos que recordar el episodio del otro día, verdad?- dijo ella, con una pizca de ansia.

Era por la mañana. Todo permanecía tranquilo. Era de las primeras mañanas que Ann se enfrentaba con Yem a los recuerdos del pensadero. Para entonces, ya se había sumergido en algunos recuerdos de Albus y Rose. Aquel día tocaban los recuerdos de Harley. El chico se había mostrado todavía más esquivo con ella de lo que se había mostrado en el poco tiempo del que disponían juntos. Por la reacción que habían podido ver los dos primos, el impacto sobre Harley de "gozar" de un nuevo aspecto había sido enorme; ya lo había sido cuando despertara por primera vez. Pero esta vez tenía el añadido de que no habría cambio, al menos de momento, y tendría que acostumbrarse a ser así. Rose asoció esa distancia a la adaptación de su nuevo aspecto, totalmente distinto al que había tenido. Sospechaba que había más, y que viejas paranoias disfrazadas de otra cosa volvían a Harley más seguras que nunca. No estaba dispuesta a atravesar por eso. Pero, cuando se disponía a hablarlo con él, sus padres se aparecieron en el salón. Su padre subió corriendo a buscarla y sin ninguna explicación la agarró hasta que llegó su madre junto a ellos. Ron aún estaba en pijama.

-No tenemos tiempo de explicártelo- contestó Hermione a las preguntas de Rose- tienes que venir con nosotros.

Sintió esa sensación de asfixia y se aparecieron los tres en su habitación. Hugo ya estaba allí, mirándolos nervioso. Su hermano abrió mucho los ojos. Rose ya sospechaba lo que pasaba.

-¡Papá!

Medio antebrazo yacía como si le hubiera arañado un animal.

-Shhh. Solo me he dejado un poco de piel en el viaje- lo tranquilizó, mientras compartía una mirada breve con Hermione para tranquilizarla también. La mujer reaccionó y ya le tendía ropa sucia a Rose, la despeinaba y sopesaba diversos hechizos para afearla. Aunque la chica estaba recién levantada y lucía ojeras de no dormir.

-Escucha- empezó Ron- abajo en el salón hay un hombre del Ministerio. Dice que el del departamento de Sanidad, pero sabemos que no es así. No exactamente.

-Ahora lo es- completó Hermione, mientras Rose comprendía por fin y se cambiaba de pantalones- sabíamos que esto podría pasar, sabes lo que tienes que hacer- La apuntó con la varita. Su hija no se apartó- ¡Efeius!

Pudo sentir cómo la cara le pesaba más.

-Muéstrate desquiciada. Le hemos dicho que si solo subía uno no seríamos capaces de convencerte...

-Está bien.

Hermione quitó el hechizo muffliato.

Un hombre ataviado con una sencilla túnica gris los esperaba, tal y como le habían dicho. Su padre la arrastraba, agarrándola como si se estuviera resistiendo. La chica había soltado chillidos lastimeros mientras bajaban. Todo tenía que parecer real. Su padre era más experto que su madre en fingir, así que serían Ron y Rose los que atraerían la atención del Nemortífago que había venido a interesarse por el estado mental de Rose. Aunque en realidad venía a otra cosa. La intrusión de Mortífagos en el Ministerio era inminente, su madre lo estaba sufriendo más cada día, pero en aquel momento...había uno en su casa, y se veían atados de pies y manos, tenían que fingir, justo como lo hacía aquel hombre.

-Señorita Weasley- saludó, con voz solemne- mi nombre es Darius Asterope. Diría que vengo de parte del Ministro, pero dadas las circunstancias- falsas acusaciones hacia Kingsley habían hecho que se encontraran en pleno periodo de elecciones. El mismísimo Zefirus Scarbot se presentaba como alternativa, y ganaba cariño popular. Manipulación pura. Pero así funcionaba la política- me temo que solo puedo decir que vengo de parte del ministerio.

Rose miró a un punto fijo de la pared, desenterrando el momento que tanto se había esforzado por olvidar. Los ojos de Harley, azules, inexpresivos, muertos. Ann, cayendo a su lado, muriendo también. Los dos habían muerto en aquel momento. Las lágrimas acudieron a sus ojos.

-¿Qué quiere?- preguntó, con voz aguda.

-Verá, disponemos como ya sabe de varios informes psicológicos tras el episodio traumático que tuvo que vivir el pasado mayo- Rose se sintió más floja y su padre la sujetó, sentándola en el sofá- es normal que el departamento de Sanidad se preocupe por usted, Rose.

"Está muerto. Está muerto"- se repitió. Como un mantra.

-¿Ha venido a torturarme más?- lloriqueó- Papá, dile que me deje tranquila...-suplicaba.

Hermione apretó la mano con fuerza, agarrando su sofá.

-Le advertimos de su frágil estado.

-¿Eras muy cercana a Ann Anderson? ¿Sabes que sigue desaparecida?

La respiración se le volvió entrecortada. Ann se había ido. Ya no quedaba nada de lo que había sido.

-Me abandonó...-se lamentó, escondiéndose en el hombro de su padre.

-Ya está, cariño...- la consolaba Ron.

-¿Tienes alguna idea de dónde puede estar?- siguió preguntando el señor Asterope.

-Me abandonó...-repitió.

Su madre la abrazó por el otro lado, al tiempo que Ron se enfadaba.

-Si solo ha venido a perturbarnos...puede marcharse.

-Disculpen. Solo una última cosa...¿es posible que emocionalmente la afectara la muerte de su mejor amigo, el señor...Cyrus, digo Cir...

-¡Se llamaba Harley!- le chilló Rose. La respiración comenzó a faltarle. Su pecho subía y bajaba, pero no tomaba oxígeno. ¿No estaría perdiendo el control entre la tortura de aquella falsa Rose y sus verdaderas angustias?

-¿Es posible que su duelo la llevara a huir?- interrogó. La faceta de Neomortífago se le asomaba por cada poro.

"Está muerto. Está muerto. Ann ha desaparecido"

Intentó razonar que no era cierto, pero...

-Rose...-la llamó su madre, con real preocupación. Aquello no podía estar del todo fingido.

Y el ansia de Rose tampoco.

-He p-perd-d-ido a-a-Ann- pudo decir, entre respiraciones.

-Váyase de mi casa- lo echó Ron Weasley.

-Comprendo, señorita Weasley- terminó de hacer anotaciones. Se levantó con calma, ignorando la agresividad con la que lo miraban los dueños de la casa- comprenderemos que no esté en condiciones de cursar su séptimo curso en Hogwarts.- los miró a todos, como evaluándolos por última vez. Hugo le abrió la puerta, con el ceño fruncido, invitándolo a salir.

Ron se aseguró de que se desaparecía en el jardín de la casa, mientras Hermione intentaba tranquilizar a su hija. Respiraba agitadamente. Una parte de ella rogaba tranquilidad, pero por alguna razón no podía conseguirla. Sus falsos pensamientos se habían fusionado con la realidad. La tensión se desbordaba. El pánico cundía.

-Rose ¿Qué te pasa?- preguntó, desesperada- se ha marchado cariño, se ha marchado.

La chica asintió, como si pudiera llegar a razonarlo. Pero su vista era demasiado borrosa. No podía respirar. De verdad que no.

-¡Ron!

-¡¿Mamá, qué ocurre?!

-¡Hugo, trae toallas mojadas!

Podía haber conjurado un hechizo para traerlas, pero alejó a su hijo de ella a propósito.

-¡Hermione, ¿Qué significa esto?!

No llegó a contestar a su marido.

Todo se tornaba gris plateado.

-¡No importa ahora, hay que hacer que respire!

-El Ministerio...-Harley se corrigió- Sameor pretende que no volváis a Hogwarts. Quieren pillarnos cometiendo un error.

-Después de mi episodio del otro día no creo que les quede demasiada duda de que Albus y yo quedamos inservibles. Tu actuación como enfermo también fue bastante convincente- felicitó a su primo.

-Si vas a volver a Hogwarts deberías empezar a hacer contacto con el mundo real- le dijo Harley.

-No he recibido cartas este verano- volvió a contestar Albus, de mala gana.

-Escríbelas tú- secundó Rose- tampoco yo tengo una gran correspondencia.

El chico se tocó la cara, cansado.

-Me va a encantar la pelea con mis padres si no quieren que vuelva a Hogwarts. En fin...-miró a sus amigos- voy a intentar dormir un rato más. Os veo mañana, no merece la pena darle más vueltas- dijo, consciente de que quizás ellos no dormirían más.

Harley y Rose lo observaron marcharse, tensos. Tras un momento incómodo, Harley fue a sentarse a los pies de un grueso árbol. Ella lo siguió, despacio.

-Si lo que querías era hablar conmigo, podrías haberte ahorrado despertar a Albus.

-Ha sido su idea- contradijo- además, ahora que duermes sola en una habitación no me parecía muy prudente aparecer por allí con tu familia en la casa- arrancó hierbajos, nervioso- aunque si voy a perderos, mejor sería aprovechar el tiempo que me queda...

No se ablandó mucho ante ese comentario. Todavía le guardaba rencor.

-Vic me ha contado lo que te pasó- continuó.

Rose rodó los ojos. Iba a matar a su prima.

-Solo fue...

-Sé perfectamente lo que fue, Rose. Un ataque de ansiedad. Los he sufrido unas cuantas veces. Y lo siento mucho.

Renunció.

-No es culpa tuya.

Se sentó junto a él, despacio.

-Supongo que después de perdernos, y de que Ann perdiera la memoria esperabas al menos otra cosa de mi parte.

Sintió una bola en la garganta.

-Has estado muy frío conmigo- confirmó ella- y con los demás...

-En especial contigo.

Que lo confirmara no la hizo sentir mejor. Aunque quizás el contacto de sus manos sí. No había tocado tanto tiempo seguido a Harley desde que se había despertado.

-Sé que tenemos mucho encima con lo de Ann y Sameor, y que se avecina una guerra, y que estaba muerto y ahora estoy vivo, pero...me afecta esto- se señaló a sí mismo- me afecta mi aspecto, mi voz...soy un muggle- dijo, como si eso lo dijera todo por él.

Rose intentó mirarlo, pero su vista se dirigía al suelo.

-Si antes no tenía claro quién era, ahora...ser Andrew es lo mejor que me podía pasar. Pero al mismo tiempo, Andrew Anderson siempre será un bebé muerto para mí.

-No...-volvió a reformularse- no puedo ni imaginar por lo que estás pasando.

La miró, al ver que no decía nada más.

-¿Cómo puedes mirarme así?

-¿Así, cómo?- interrogó ella.

-¡Como si fuera importante! ¡Mírame bien! He destrozado a mi hermana- le costó llamarla hermana-, te hice mucho daño, aún ahora sigo intentando que te apartes de mí, siendo Andrew parece que he ganado, pero sigo perdiendo, sigo rompiendo cosas...y no quiero.

-No entiendo de qué tienes miedo, exactamente- aclaró al ver que su mirada destiló unas gotas de ironía. Compartían muchos miedos. La ansiedad de Rose era la misma que la de Harley.

-Me estaba curando. Iba a poder intentar ser feliz por fin. Y ahora soy completamente diferente. Mírame y di que no he cambiado. O que te gusta el cambio.

Le hizo caso, a regañadientes.

-Solo puedo ver al chico que me salvó la vida...y además dos veces.

-Lo que quiero decir es...

-Sigo sintiendo lo mismo. Aunque seas diferente, por fuera y por dentro. Sigues siendo tú. Odio que me hagas decirt... ¿Qué te resulta tan gracioso?- preguntó, al ver que se reía.

-No siempre que me rio es para burlarme de ti- contestó.

-Entonces es porque te pongo nervioso- sonrió- tú mismo lo dijiste. Pierdes el control.

Volvieron a mirarse.

-Yo me siento igual- completó ella.

Se miraron. Largamente. Las ganas fueron aumentando. Sus miradas bajaron, hasta sus labios.

-¿Y si te doy un beso y no te gusta?

Se tensó. Hacía mucho tiempo que no se besaban. Casi había veces que olvidaba que eran novios, por fin.

El corazón le palpitó aún más fuerte y una rara corriente la recorrió entera.

-¿Y si lo intentas?

Esperó, y esperó. Harley se incorporó. Se perdió en esos ojos azules, y consiguió ver ese marrón tan oscuro que parecía negro. Quiso decirle que todavía lo veía, pero no era el momento.

Fue muy diferente. Su rostro era ahora mucho más delicado y sus labios mucho más finos. Tan solo por un segundo, fue como besar a un extraño. Pero entonces reconoció algo que no se veía ni se sentía, y se pegó más a él, feliz de haberlo recuperado. De alguna manera, se sentía más real que nunca.

Olía a sol.

-No es una buena idea- repitió Ron Weasley, por tercera o cuarta vez.

El silencio tenso en la habitación ocupaba el poco espacio sobrante, o incluso más.

-Tienen que volver, Ron- contestó Harry, también resignado, como su esposa y Hermione.

La mitad de la Orden volvía a reunirse para decidir el destino de Albus, Rose, e incluso del resto de hijos de la familia Weasley. Harley permanecía en un rincón, sombrío, e incluso Ann, todavía confusa por sus propios asuntos, estaba allí para formar parte de la reunión. El sol de tarde los iluminaba tiñendo de amarillo los rostros de todos.

-Creo que es lo más conveniente- acordó la profesora McGonnagall, mientras miraba a Albus- pero hay que hablar del señor Potter. Se dirigió a Harry y a Ginny- su recuperación debe ser progresiva, para no levantar sospechas.

Albus asintió mientras Ginny relataba.

-Yo ya estoy diciendo en la redacción que su enfermedad mejora cada día. Y Harry hace lo mismo en el departamento, todo lo suficientemente sutil como para no despertar sospechas.

-Aun así opino que lo mejor será que se incorpore más tarde.

-Estoy de acuerdo- concordó Albus- será lo mejor.

-Pues con Al ya hemos llegado a un acuerdo. ¿Lily?- cuestionó Ginny.

-Si él va a ir, yo también- respondió Lily, claramente convencida.

Harry la miró, con preocupación.

-Ya sé que no os hace gracia, pero estaremos bien- intentó consolar.

-Mientras seáis mis hijos...no estaréis bien del todo- gruñó, ofuscado.

-Pues hay cosas que no se pueden cambiar.

-Supongo que contigo tampoco hay mucha discusión ¿no?- le dijo Hermione a su hijo pequeño.

Hugo la miró como si se hubiera vuelto loca. A veces era la viva imagen de Ron.

-Rose va. ¿Cómo no voy a ir yo, que excusa buscarías?

-Soy tu madre, algo se me ocurriría.

También era la bruja más inteligente de su generación. Algo se le ocurriría.

-Cuidaremos los unos de los otros- lo secundó su hermana Rose, y ambos se miraron, confidentes como nunca. Hugo y Rose no siempre se habían entendido tanto.

Harley se aclaró la garganta.

-Entonces supongo que os veremos en Navidad- dijo, intentando sonar indiferente. Pero ya apenas era capaz de mentir.

-No, antes- Albus miró a la directora de Hogwarts- tiene que dejarnos volver los fines de semana...

-Una vez allí no podéis andar desapareciendo...- negó Hermione.

Rose y Harley se miraron. A ella se le habían quitado las ganas de respirar. Su mirada se desvió a Ann.

-No podemos no volver...lo haremos de noche, si hace falta.

La profesora la miró tras sus gafas cuadradas.

-Algo se nos ocurrirá-respiró por fin- Pero no podrá ser todos los fines de semana...

-Ya. Lo entiendo.

-Lo siento- intervino Ann.

Todos la miraron. La sangre se le subió a la cara. Rose la miró más detenidamente. Si alguien decía que no había luz en su mirada, mentiría. Pero no era la mirada de la antigua Ann, eso seguro. Pero era algo.

-Si pudiera recordar no tendríais que preocuparos tanto de todo...he visto cómo era yo antes, y aunque solo ha sido una pincelada- compartió una breve mirada con Yem, que había permanecido también todo el rato callado- pienso que podría encontrar una rápida solución a todo esto.

-No es culpa tuya, Ann- contestó Harry por Rose y Albus.

La chica solo bajó la mirada.

-¿Estás lista para el primer recuerdo?

Ann contempló lo que parecía un enorme plato en el que flotaba una sustancia haciendo líneas curvas que aparecían y desaparecían.

-¿Seguro que no me dolerá?

-No te dolerá en absoluto- confirmó Yem- te lo aseguro. Puso el pensadero delante de ambos y se sacó del pantalón una botellita llena de líquido- hemos escogido entre todos este como tu primer recuerdo porque no discurre en un entorno mágico. Podrás verte a ti, y a tu madre- algo por dentro de Ann se movió con dolor. Sus padres estaban muertos. Solo quedaba Andrew- en vuestra casa. En este recuerdo tienes catorce años recién cumplidos.

Ann asintió.

-¿Y de quién es?

-Pertenece a David Darsey. Tu madre contrajo matrimonio con él cuando supo que su enfermedad era terminal. Sucedió meses después de este recuerdo. Quería darte un padre. El padre que nunca habías tenido.

Ann no respondió, estaba asimilando toda esa información.

Sintió una corriente por dentro cuando Yem la tomó de la mano.

-¿Lista?- preguntó de nuevo.

Ann se sumergió en el recuerdo.

Ambos aterrizaron en una bonita casa de blancas paredes, rellenas de estanterías con libros y cuadros sencillos pero bonitos. Un hombre gordito se paseaba nervioso. Ann procuró memorizar el mobiliario, sin perder de vista los movimientos del hombre.

-Es David ¿no?

-Lo es- confirmó Yem, siempre a su lado.

Lo siguieron. Darsey entró en la cocina. Una mujer de la altura de Ann, y similar a ella, cocinaba agobiada. Un niño un par de años menor que Ann miraba nervioso por la ventana.

-¿Aún no ha bajado?- preguntó la mujer, claramente alterada.

-Dale tiempo- la consoló David, afable- el pequeño David también tardó en acostumbrarse a ti.

El hijo del señor Darsey sonrió levemente.

-Ella es mi madre- comprendió Ann. No podía dejar de mirarla.

Esta vez Yem no respondió. No hacía falta.

-Es guapa- solo pudo decir, con un nudo en la garganta. Jamás podría conocerla. Ojalá al menos la recordara.

Se aferró a la mano de Yem.

Helen pareció sobresaltarse por algo.

-Ya bajan- murmuró.

Ann esperó pacientemente.

Y se vio a sí misma aparecer en la enorme cocina.

No esperaba que el impacto fuera tal. Estaba más joven , sí, pero no solo eso. Ahora entendía las miradas que le echaba todo el mundo. También sus ojos eran los mismos...pero en ellos no se veía a la misma persona. Ann no se estaba mirando a sí misma. Miraba a una niña de expresión más seria, mucho más orientada en el mundo. Se vio sabia, fuerte quizás. Poderosa. No era nada en comparación a lo que había visto cuando se había mirado en el espejo aquella mañana.

-Bueno, David...-comenzó la señora Anderson cuando la vio aparecer. ¿O no era ya la señora Anderson? La mujer estaba nerviosa. Se frotó las manos en el mandilón, lo único de su atuendo que la hacía estar menos arreglada- te presento a mi hija, Ann.

La sonrisa de Ann fue tan leve que la futura Ann apenas la percibió.

Alguien apareció detrás de ella. Un muchacho muy alto y fuerte, moreno como el pan tostado. Parecía años mayor.

-¡Oh, y se me olvidaba! Él es Harley, un amigo de Ann. Lleva ya tres veranos con nosotros- sonrió al muchacho- mi hija le tiene mucho cariño, y yo también.

La sonrisa de Harley fue más grande, pero solo por el comentario de Helen.

-Encantado.

-Lo mismo digo- secundó Ann, que seguía observando a David como leyendo sus más profundos pensamientos.

-Doy miedo - solo pudo decirle la nueva Ann a Yem.

Él no le hizo caso a ese comentario.

-Ese es Harley. Tu hermano.

Se descolocó. Volvió a observarlo. Claro. Lo habían llamado Harley.

-¿Cómo es posible?- la conversación banal e incómoda fue imposible de oír por ambos muchachos- ¿Cómo puede ser así?

-Con tu magia lo ocultaste durante años- explicó Yem. Ann ya sabía parte de la historia, pero aun así había lagunas- Sameor os mantuvo alejados durante años. Fue su estrategia para comprobar hasta donde llegaba la conexión que tú habías creado. Nunca supiste que era tu hermano, no hasta el día que perdiste la memoria.

-Estoy seguro de que os llevareis bien- decía el señor Darsey, mientras miraba a su hijo y a los otros muchachos.

Harley miró irónico al hijo de David.

-Nos haremos compañía.

Ann miraba incómoda a su madre. Respiró hondo.

-Harley y yo nos vamos a comprar golosinas- dijo, despacio. Hasta su voz sonaba más poderosa y amenazadora.

-De acuerdo- soltó resignada su madre- llevaros a David con vosotros.

El niño se sonrojó. Era tímido a rabiar.

La niña no pareció sorprenderse de la proposición de su madre. Pero pareció darle un poco igual: quería alejarse del nuevo novio de su madre, y se notaba.

-Vámonos- le dijo a Harley, y a David Junior no le quedó más remedio que seguirles.

Cuando se hubieron marchado, Helen suspiró, derrotada.

-Jamás aceptará que estemos prometidos- dijo, tirando con rabia el paño que llevaba al hombro. En realidad claramente no lo creía así, pero estaba muy nerviosa.

David se acercó a consolarla.

-Es solo una niña. Te ha tenido solo para ella catorce años, es normal. Además, debe entender que también es normal que si lleva años en un internado, al que ella quiere ir por voluntad propia- recalcó, haciendo a la nueva Ann sentir un poco culpable- te sientas sola y busques compañía.

Helen se dio la vuelta. Tenía los ojos llorosos.

-Ann es muy especial. Necesita mucho cariño, no siempre se ha sentido comprendida y querida por los demás...

La expresión de la chica se tornó seria. Yem lo observaba todo con un inusitado interés.

-Ahora que tiene a Harley pensé que quizás era hora de procurar disfrutar yo un poco de la vida, pero tal vez no sea suficiente. Tal vez todavía me necesite.

-Tú misma me lo dijiste. Tu hija se apoya en él para todo. Ya no te necesita, Helen, se hace mayor. Quizás no hoy, ni mañana, pero pasado mañana sabrá entenderte.

-Ese chico y tú me dais paz, David- le confesó, mientras lo miraba intensamente- Harley es...el hijo que no pude tener, y estoy segura de que en cuanto conozca mejor a tu hijo sentiré lo mismo, y tú...

-No hace falta que lo digas...

-John dejó un vacío muy grande. Durante años sentí que su ausencia me ahogaba, que por dentro me iba matando, y siempre intenté disimular, por Ann- a la chica se le habían llenado los ojos de lágrimas. Esta vez fue Yem quien apretó su mano- y siempre será el amor de mi vida y el padre de mi hija. Pero...te quiero. Te quiero mucho, David, y me haces muy feliz. Y Ann es una chica muy lista, si supera sus propios recelos, en seguida podrá verlo. Pensé que no era posible, pero me he enamorado otra vez.

David sonrió; su rostro estaba lleno de amor.

El recuerdo se disipó como humo. Ann volvió a la realidad, a la casa donde todos permanecían escondidos.

La chica parpadeó, mientras Yem limpiaba sus lágrimas. Se apartó en seguida, para darle su espacio.

-Me alegra saber que mi madre me quería tanto- solo pudo decir.

Yem no dijo nada.

-¿Quién ha visto este recuerdo antes de nosotros?

No quiso responder.

-Convencí a Harley para que lo viera conmigo- acabó diciendo.

-No sabía que era su hijo, y aún así lo amaba.

-Por la cara que puso cuando vio el recuerdo, él a ella también mucho.

-¿Qué es de David?

Yem suspiró.

-Tu hermano me ha contado que después de la muerte de tu madre no supiste mucho de él. Te refugiaste en casa de tu amiga Rose. Para entonces tu madre ya se había casado con él, y David tenía la supuesta obligación de cuidar de ti, además, al contraer matrimonio supo que eras una bruja, pero...

-Pero yo no quise que cuidará de mí- comprendió- tenía a mis amigos, y a Harley.

-Nunca tuviste un padre, y estabas devastada porque habías perdido a tu madre. Es comprensible.

-Podíamos haber compartido nuestro dolor.

-A veces lo único que queremos es olvidar.

-Pues parece que yo lo he hecho demasiado bien- se lamentó.

Harry, Ginny, y Lily llegaron agotados a su casa aquella noche. En seguida Ginny comprobó que James todavía no estaba en casa. Albus se había quedado en la casa con Rose, haciendo las maletas para volver a Hogwarts en unos días.

-¿Dónde demonios se ha metido James?- soltó, nerviosa. No le gustaba ni le había gustado nunca la independencia de su hijo mayor- no son horas, ni tiempos para andar pasándolo bien a estas horas fuera de casa.

Harry suspiró.

-Estará bien- intentó tranquilizarla.

-Voy a cambiarme- dijo Ginny, mientras subía las escaleras- después bajaré a esperarle y como no llegue antes de las doce...hace años que no practico la mocomurciélagos, pero podría volver a intentarlo sin problema.

Harry y Lily compartieron una leve mirada cómplice. Su padre comenzó a subir las escaleras también.

La chica se fijó en el alfeizar de la ventana, donde la lechuza de la casa siempre dejaba las cartas, y vio un par de sobres apoyados.

-¡Eh, papá!

Dio un par de saltitos hasta allí, pero sus ojos se abrieron mucho al ver el nombre del remitente.

-¿¡Qué pasa!?- preguntó, comenzando a bajar las escaleras.

-¡Nada, nada! Perdona, me he confundido...

Lily se escapó a su cuarto a leer la carta, cerrando la puerta primero. La abrió antes de hacer otra cosa primero.

Lily:

Perdona por esto. Sé que no debo preocuparte ni a ti ni a tu familia con estos temas, pero es que yo estoyrealmente preocupado.Pensé que podríamos, Grace y yo sobretodo, asumir esto como algo normal pero aparentemente, y sobretodo después de los acontecimientos de días anteriores, no somos capaces de soportarlo.

El corazón de Lily palpitó con fuerza. No. No podía haberse arriesgado en serio a preguntar por los acontecimientos de aquel verano. No podía arriesgarse a preguntar por Ann.

Echamos de menos saber de Rose. Sabemos que su depresión llega a unos límites altos, y que es comprensible, después de todo lo que ha vivido. Pero es nuestra amiga. Ya que Albus ha caído gravemente enfermo y estoy seguro de no se ve en condiciones de contestar, te pido que contestes tú. ¿Cómo estánAlbusyRose, cada uno con todo lo que tiene encima? Me frustra,nos frustra,no saber nada, sobretodo si Rose no estando enferma podría contestar. Aparentemente, las pocas cartas que escribimos a principio de curso han caído en saco roto, la información que hemos recibido es poca, angustiante. Nos sentimos como que si contestan,es porque su estado es mucho más preocupante, ¿Me entiendes? Vale que lo están pasando mal, pero en fin...necesitamos saber.Solo eso. Repito.¿Ellos están bien durmiendo mientras viven sin vivir, o es que crees que es posible que abran los ojos y se den cuenta de todo lo que tienen alrededor?

Lily respiró, aliviada. No era nada sobre Ann, ni sobre Harley. Pero se fijó en las letras subrayadas. En realidad, sí. Preguntaba por todo. "¿Ellos están bien?" Albus, Rose...

Sonrió, despacio, y se sentó en la pequeña mesa que tenía como escritorio. Iba a redactar una respuesta ahora mismo.