1 de Septiembre

Los ruidos despertaron a Ann. Pasos sobre el suelo, aunque era relativamente nuevo, y apenas crujía. Susurros. El sonido de baúles golpeando las escaleras.

-¿Lo tienes todo?- escuchó, cerca de su cuarto.

-Sí...-el resto de lo que contestó la que reconoció como la voz de Rose, no pudo escucharlo.

Le ganó la curiosidad. Se calzó rápidamente y se puso una chaqueta de deporte para abrigarse un poco. Salió de su cuarto y bajó las escaleras, sigilosa por si acertaba a oír algo más.

Encontró a casi todos despiertos, vestidos, y sorprendidos de verla levantada. No le dio tiempo a ocultarse.

-¡Ann!- la llamó Albus, al que había pillado metiéndose golosinas en la mochila- ¿Qué haces despierta? Es demasiado temprano.

El resto se quedaron tiesos.

-Me han despertado los ruidos.

Ya se habían despedido el día anterior. Ann se quedó con la impresión de que el adiós era frío y distante. Y tampoco es que tuviera que ser de otra manera, ya que en el fondo apenas conocía a sus amigos ahora. Pero aun así...la chica sentía que les debía más. Y que ellos lo deseaban.

-Ya nos íbamos- le informó Rose, que también terminaba de recoger sus cosas-Bueno, yo me voy. Albus tardará unos días en irse, pero ya no pasará por aquí. Habrá gente de San Mungo y del Ministerio constantemente en casa de los Potter.

-Tampoco te veremos- concluyó Ann.

-No creo que sea prudente- concordó él.

Ann cruzó cortas miradas con Yem y Harley. Ambos estaban serios, aunque Yem le sonrió levemente. Vic también estaba allí.

-No sabéis cuándo volveréis ¿no?- preguntó la chica, en voz baja.

Silencio.

-Esperemos que en tres semanas. Al principio, estarán muy pendientes de mí y, cuando Albus regrese, también estarán pendientes de cada uno de sus movimientos. Tenemos que actuar con mucha cautela.

Ann asintió. Una frase acudió a ella, demandando por salir por su boca. Pero no dijo nada.

Albus fue el primero en abrazarla. Fue más cálido que la despedida del día anterior. Se sintió más cercana que aquellos días a su amigo. Luego le tocó a Rose, mientras Albus y Harley se despedían con un abrazo fraternal. La chica la envolvió entre sus brazos.

-Te voy a echar de menos- confesó Rose- doblemente- añadió, dejando claro que no solo echaría de menos a su amiga, sino también a quién era ella ahora. Tal vez la emoción de los últimos segundos la hizo ser más emotiva que el día anterior, más lejos del momento de partir. Sus palabras la tranquilizaron, o la hicieron sentir mejor- cuídate mucho, y cuida de Harley. Siempre lo has hecho mejor que cualquiera.

Ann solo pudo asentir, despacio. Sintió un enorme peso en el estómago. La amaba a pesar de no recordarla. Era extraño. La vio despedirse de su prima, con pesadez. Ella también le faltaría. Las observó detenidamente. Vic era más hermosa, pero Rose tenía algo, que no era visible ni se notaba de primeras, pero la hacía brillar más.

Albus se aproximó al traslador de la mesa que le llevaría a casa de los Potter, mientras Rose y Harley se miraban, resistiéndose a despedirse. Yem le hizo un leve gesto a Ann, y los tres que sobraban en la escena se alejaron despacio hacia la salida del patio.

-¿Por qué se empeña el mundo en separarnos?- preguntó Rose a la nada, mientras Harley respiraba con esfuerzo, despacio.

-Quizá sepa que no podrías soportarme mucho tiempo seguido.

Ignoró el intento de hacerla reír y lo abrazó, con fuerza, parpadeando para retener las lágrimas. Quería decírselo, gritárselo a todos, pero el nudo en la garganta no le dejaba decirlo. Harley le acarició el pelo, una última vez antes de que se marchara. También un último beso que lo dijo todo por ambos, y la chica tocó como Albus su traslador y se desapareció.

Ann la observó abandonar el lugar, sabiendo que Vic también acabaría visitándolos esporádicamente, y que solo podría apoyarse en Harley y en Yem, que se quedarían con ella pasara lo que pasara y hasta el final, todo el tiempo.

Grace llevaba pensando en el momento de subirse al tren toda la mañana. Su padre y Josh y su familia la acompañaban, pero la chica había estado callada todo el camino. El corazón le golpeteaba rápido contra el pecho. Pom pom. Pom pom. Le molestaba profundamente, pero al mismo tiempo, no podía evitarlo. Ya era uno de septiembre. A pesar de saber que Rose y Albus estaban bien gracias a la carta de Lily Potter, de eso habían pasado ya días, y la incertidumbre volvía a envolverlos con su espeso manto. Cómo odiaba esa sensación. En ese tiempo daba perfectamente cuerda a que algo hubiera pasado. Y además, había una intriga que corroía a los tres amigos Slytherin. Por la carta de Lily, parecía que Ann y Harley habían despertado ya del coma. ¿Sería eso posible? Y otra pregunta que también le rondaba: ¿Le haría eso volver al colegio a Albus, o le alejaría todavía más al chico de la posibilidad de volver? No podría vivir con esa incertidumbre mucho más tiempo, y la esperanza era lo que todavía la hacía aguantar.

Scorpius:

Tu preocupación por Albus y Rose me hace saltar las alarmas acerca de lo que el mundo piensa sobre ellos. Están cada uno a su manera enfermos, pero están bien. Repito: están bien. Albus se recupera poco a poco y Rose...bueno, diré sin atrevérmelo a decir en voz alta que también va a mejor. No parecen dormidos, como tú dices, ni mucho menos. De hecho, yo diría que han despertado de un largo sueño, ambos, me refiero.

Espero que esta información os ayude a estar más tranquilos. Estoy segura de que no fue intención de nadie preocuparos.

Un saludo:

Lily L. Potter.

-Grace- la sobresaltó Josh, mientras entraban en la estación, dirigiéndose al andén nueve- ven, allí está Scorpius.

No hacía tantos días que se habían visto. Distinguió su cabellera rubio platino cerca del muro del andén, con su carro dispuesto. Lo miró detenidamente, mientras ambos dejaban a su familia atrás para encontrarse con él.

-¿Qué tal regresar a casa?- pregunto Josh, irónicamente.

Scor saludó rodando los ojos. Como sus dos amigos, los últimos días se habían ocupado en convencer a sus familias de que Hogwarts siempre era mejor opción que permanecer en casa, por mucho que estuviera pasando. En especial para Scorpius, ya que los Samdon y los Scarbot habían abandonado Hogwarts ya, y la posibilidad de que Zefirus Scarbot fuera el siguiente Ministro hacía peligrar todavía más a la familia Malfoy. Grace desvió la vista hacia el padre de Scorpius, Draco Malfoy, que parecía haber envejecido diez años en uno solo. No sonreía, cosa que no era novedad, pero había algo en su rostro mucho más serio.

La hora de subirse al tren acabó llegando. Los tres miraban nerviosos a su alrededor. La taquicardia hizo que Grace se mareara. Volvieron a estar tras un largo verano rodeados de alumnos de la escuela de magia. Intentaba disimular su nerviosismo, pero no podía. Tenía que asegurarse de que se hubiera subido al tren. Atravesaron los vagones una vez dentro. Uno, dos, tres...de pronto, en el cuarto escucharon algo.

-Rose Weasley.

Josh fue el primero en girarse hacia el chico de tercero que había pronunciado el nombre de la chica.

-¿Dónde?- solo le preguntó- ¿dónde la ha visto?

Grace se quedó sin respiración.

El niño vaciló.

-Se acaba de meter en ese compartimento con su familia- señaló con el dedo.

Scorpius fue el primero en echar a correr. Grace lo siguió, precedida por Josh.

-¡Rose!- gritó Scor cuando llegó al umbral. La vio, dejando su baúl en la balda del compartimento. Sus primos iban con ella, entre ellos Lily.

-¡Hola!- saludó feliz a la chica, que lo miraba sorprendida, al igual que Rose.

Lily sonrió levemente, incómoda mientras desviaba la vista a su prima. La Weasley abrió mucho los ojos, pero no se movió. Su vista se dirigía a la puerta, que aún permanecía abierta, por la que ya asomaban Grace y Josh. Rose abrió más los ojos. Miró a Lily, con cara de circunstancias.

Suspiró.

-Corred, pasar.

Así lo hicieron. Grace, apurada, apreció en seguida que faltaba alguien.

-¿Estás bien?- preguntó urgentemente Scor.

-¿Dónde está Albus?- preguntó ella, con un hilo de voz.

La puerta se cerró. Rose se relajó un poco.

-Está bien- aseguró Lily- está vivo y...sano, obviamente.

Grace se tranquilizó un poco. Pero no lo suficiente.

-¿Dónde está?- repitió.

-En casa. Tiene que seguir fingiendo que está enfermo- todo lo decía en voz muy baja, a pesar de que Rose había realizado unmuffliato,por miedo- al menos unos días más, pero está bien.

-¿Y Ann?- preguntó Scorpius a Rose, mientras llegaba el turno a Josh de abrazarla.

-Sentaos y os lo explicaremos- contestó ella, mientras iba al encuentro de Grace- creo que esto te pertenece.

La chica se fijó en que se sacaba una carta del jersey. Aparentemente, la llevaba muy bien escondida.

Era de Albus. Grace respiró más tranquila. Abrazó a Rose de la emoción, aunque no sabía todavía muy bien cuál. Llevaba mucho esperando palabras de él, pero al mismo la profunda decepción y la ignorancia la habían vuelto loca, y estaba enfadada a pesar de que sabía que Albus conllevaba todos aquellos quebraderos de cabeza.

-Gracias.

-Debes destruirla tras leerla. ¿Me oyes, Grace?

Ella asintió, conforme.

Para sorpresa de todos, Rose se sacó una carta más.

-Esta es para ti- señaló a Scorpius.

-¿Albus me ha escrito una carta a mí?- preguntó, extrañado.

Rose negó.

-No es de Albus. La ha escrito otra persona. Leedlas más tarde, con calma- dijo, ante el desconcierto de Scorpius.

Hugo, Fred, Lily, Lucy y Roxanne acompañaron a Rose todo el camino, mientras ésta les ponía al día de lo que había sucedido aquel verano. A cada palabra que decía, se iban impresionando más y más.

-Y entre otras cosas- siguió explicando- tendré que fingir que me he vuelto medio loca, cosa que estoy empezando a creer que me ha ocurrido de verdad, con todo lo que hemos pasado.

-Entonces están despiertos- concluyó Josh.

-Pero Ann...-siguió Grace.

-No es Ann- completó Rose- no de momento- la parte de su cerebro que almacenaba sus recuerdos fue "reseteada", junto con su magia. Recuerda que fue una bruja y las normas por las que se rige el mundo, pero poca cosa más. Aun así, en el fondo sigue siendo ella.

Scorpius suspiró.

-Bueno, es algo.

-No creo que sea suficiente- concluyó Rose.

Yem se sentó en la mesa del comedor, donde Ann ya llevaba un rato sentada y desayunaba tranquilamente. Sacó unos papeles de un montón que había encima de la mesa. Ann conocía esas hojas: Yem las utilizaba para apuntar sus pensamientos compulsivamente. Había llegado a conocer ciertos aspectos de él: era un chico serio, concentrado siempre en lo que hacía; meticuloso aunque desordenado, empeñado pero disperso al mismo tiempo. Pero lo cierto es que adoraba que se portara tan bien con ella: todos lo hacían, pero Yem era especial. Era afable y su compañía daba mucha paz.

-A ver...-comenzó a escribir con una pluma en el papel- quiero repasar contigo todos los recuerdos que has visto hasta el día de hoy.

Ann terminó de masticar su tortita.

-Cuando conocí a mi padrastro, recuerdo de David Darsey. Mi primer día en Hogwarts, recuerdo de Rose- Yem sonrió. Le había gustado ver ese recuerdo- el día en el que Harley y yo nos hicimos amigos, recuerdo de Harley, obviamente. Los recuerdos de Harry y Ginny Potter y Ron y Hermione Weasley acerca de mis vacaciones en sus casas, ¡ah! Y el recuerdo de James Potter en el que se crea el E.M

-¿Tienes alguna duda acerca de la historia del E.M?- preguntó Yem. Ese había sido su último recuerdo.

-Había un profesor Mortífago. Me secuestraron y me llevaron a San Mungo. Sameor me ofreció la cura a la epidemia que él mismo había provocado.

Ann se quedó en silencio.

Yem parecía especialmente solemne, como recordando algo. Rose le había contado que tanto Vic como Yem habían estado en el Hospital aquel día también, y que conocieron a Yem porque para compensar los daños personales aquel día, se les ofreció un periodo de prácticas en la enfermería de Hogwarts. Aunque a Ann le hubiera gustado preguntarle a Yem si lo había pasado muy mal aquel día, no lo hizo.

-¿Y qué pasó?- preguntó él.

-Conseguí escapar, pero nadie sabe cómo.

Yem se la quedó mirando. Pareció más que nunca en su mundo.

Se aclaró la garganta.

-Durante un año pensaste que Harley era hermano de Sameor.

-Lo que no entiendo es las pruebas que tenía de ello. Es decir ¿le creí y punto?

Pareció pensar la respuesta.

- Naciste con el poder de ser la bruja más poderosa, pero no solo eso. Tu cuerpo estaba destinado a ser mejor también. Serías alta y fuerte, sin enfermar nunca, tu piel se teñiría de oscuro, para que el sol nunca te dañara. Sanarías deprisa y aguantarías fácilmente hechizos y daños físicos. Pero al salvar a Andrew le otorgaste esa parte de tu magia: la parte que le ayudaría a él a vivir. Al haber solo una única persona a la que se le había otorgado ese poder, también...

-Harley y Sameor eran similares. Por eso le creí- comprendió Ann.

-Por eso le creíste- asintió- Y pasaste un curso intentado encontrar a Andrew, que siempre había sido Harley.

-¿Cómo se averiguó todo? ¿Confesó Sameor?

Yem se mantuvo en silencio.

-Tú lo supiste antes. Tuviste un poco de ayuda y lo descubriste horas antes de que tu hermano muriera y tuvieras que salvarlo. Y perdieras la memoria.

Ann decidió desviarse hacia Yem.

-¿Llevas desde ese momento cuidando de mí?

A él le impresionó la pregunta.

-¿Qué?

-Debe de gustarte mucho eso de cuidar a las personas. Fingiste tu muerte. No es como si pudieras arrepentirte de morir. Todos se darían cuenta de que has estado ayudándome.

No sabía por dónde salir.

-Es un sacrificio. Pero es un sacrificio necesario. Incluso aunque jamás recuperes tus recuerdos puedes recuperar tu poder y tienes que hacerlo, porque tienes que vencer a Sameor.

-No sé cómo vencer al mago más poderoso, si ni siquiera puedo realizar hechizos básicos correctamente- dijo, un tanto desazonada.

-Eso es por lo que necesitarás practicar desde ya- intervino Vic, que llevaba unos segundos en el umbral de la puerta- ¿Te parece que empecemos después de tu desayuno?

Ann la miró, por algún motivo que desconoció levemente molesta, pero no se negó. Terminó y se levantó para salir al exterior de la casa. Victoire la observó marcharse.

-¿Por qué no se lo dices, Yem?- le preguntó a su amigo, que seguía escribiendo cosas compulsivamente, aunque se había sorprendido de encontrar a Vic despierta.

-¿Decirle qué?

-Quien era ella para ti. Quien eras tú para ella.

-No era nadie para ella- contestó Yem, molesto, y molesto porque ella lo hubiera pillado ocultando sus verdades.

-Eso no lo sabes. Además, ella era capaz de ver tu verdadero aspecto. ¿Qué pasará si un día se despierta y vuelve a verte?

-Tardó al menos catorce años de su vida en poder franquear el hechizo. No va a lograrlo tan rápidamente.

-Pues que lo haga es precisamente lo que queremos. ¿De qué tienes miedo, Yem? ¿De que te recuerde?

-De que no recuerde- admitió Yem, contradiciéndola. Era el único que jamás se había mostrado pesimista con aquella situación- de que no recuerde, me aterra. Pero no temo que no recuerde, temo alegrarme por ello, porque no estoy seguro de que recordar sea lo mejor para ella. Su vida ha estado llena de dolor, Vic. Hacerla ver esos recuerdos...de momento no han sido especialmente relevantes, pero habrá otros que la hagan sufrir, y ahora es como una hoja en blanco...puede escribirse otra vida. Ser más feliz.

Se quedaron en silencio, observando la figura de Ann paseando entre los árboles. Harley también estaba fuera. Los observaron hablar, un rato.

-No podemos salvarla Vic, no te confundas- le dijo Yem, serio- solo podemos condenarla, de nuevo.

-Hola- saludó Ann tímida. Harley llevaba horas fuera de la casa, más o menos desde madrugada, cuando sus amigos se habían marchado- ¿Cómo estás?

Sonrió levemente.

-Bien. Ya los echo de menos- solo dijo, con gravedad

- ¿Puedo hacer una pregunta?- claro que podía. No hacían más que repetírselo- ¿Desde cuándo Rose y tú...ya sabes, estáis juntos?

Harley sonrió levemente.

-No hace mucho, pero tampoco hace poco. Somos complicados- explicó.

-¿Qué tal me parecía lo vuestro? ¿Estaba feliz?- preguntó- supongo que sí.

Dudó.

-Nunca llegaste a pronunciarte sobre eso. Pero intentaste convencerme de que me dejará guiar por lo que sentía, cuando las cosas todavía no iban bien.

Pudo notar que el chico no se estaba sintiendo del todo cómodo hablando con ella, abriéndole su corazón, porque no era tan fácil como abrir un libro. Ya no.

-Ven- le pidió, en voz baja.

Harley obedeció, despacio. Se vio a sí misma reflejada en él. Le tomó de la mano. En seguida, sus brazos comenzaron a brillar. Harley sonrió, despacio.

-Solías hacer esto- confesó- cuando sentía mis descontroles de magia. Creía que era tu poder curativo, pero era mejor porque en el fondo eras tú doblegando tu propia energía. Por eso conseguías calmarme tan fácilmente.

-Victoire me contó que tú y yo teníamos una conexión muy especial. Que siempre creyeron que nos amábamos, pero ahora todos saben que era otra cosa distinta.

Harley sonrió, misterioso.

-Tampoco era amor de hermanos. Me habías llenado de tu magia, hablé con Rose de ello el otro día. Quizás Andrew Anderson siempre estuvo muerto. Quizás soy otra persona.

Ann frunció el ceño. No le entendía.

-Quizás no trajiste de vuelta al bebé, sino que te fraccionaste en dos. Podría considerarte más madre que hermana. O la misma persona que soy yo.

La chica se quedó sin respiración por unos segundos. Harley cortó en contacto de sus manos. El resplandor se había vuelto muy potente. A Ann le fallaron las piernas y tuvo que sentarse en la hierba, y él con ella.

-Por eso nadie entendía cómo nos queríamos- concluyó él- porque nadie lo vivirá nunca, nadie más puede sentir en vínculo que tenemos. Que tuvimos- se corrigió.

-Que tuvimos- repitió Ann, meditabunda. Lo miró, entristecida- debes de echarme de menos. Como si se hubieran llevado tu otra mitad...

Harley comprendió que la estaba haciendo sentir mal. Ya no compartía tantas cosas con aquella Ann.

-No te culpes. Te perdiste por salvarme. No tengo ningún derecho a menospreciarte, ni a echarte de menos. Me das la vida. Aún ahora, cuando no me recuerdas, aceptas salvármela. Como si volviéramos a tener once años. Has visto mis recuerdos.

-La cosa es...que noto una ausencia dentro de mí- confesó, con un nudo en la garganta- antes, cuando me despedí de Albus y Rose...en especial con Rose, es un sentimiento...tan injustificado- intentó explicar- no solo mi cabeza dice que debería de recordarla, si no que mi corazón...me lo cuenta. Lo que intento decir- dijo, tras una pausa- es que siento eso contigo también. No todo el tiempo, pero hay momentos en los que siento...algo.

-Sigues dentro de ti misma- concluyó.

-Supongo que para resumir, lo que quiero decir es que quiero recordar porque os quiero. Y voy a curarte- le prometió- recuerde o no.

Harley le sonrió.

-Aunque las profecías no lo interpreten así, puede que el amor sí sea la magia más poderosa de todas.

Ann le devolvió la sonrisa.

Hugo notó en seguida la diferencia entre los años anteriores y ese año en el castillo. Las presencias eran menos alegres, todo estaba teñido de un tinte más oscuro. A veces, era difícil acordarse de que para el resto del mundo mágico comenzaba a crearse un caos latente, y que aunque nadie lo dijera ni en periódicos y ni siquiera en conversaciones, estaba claro que los neomortífagos ganaban poder en el ministerio y otros órganos. La anterior guerra había hecho más precavida a Inglaterra; sería más difícil pillar al país tan desprevenido como en la anterior guerra mágica. Los Aurores se organizaban para combatir como nunca, e incluso Rose y él habían dejado a sus padres plantándose si entrar a formar parte de ellos, su padre de nuevo y su madre por primera vez. Como muchas otras veces, los imaginó peleando juntos en la guerra del dos de mayo. Aún ahora alguno de los dos gritaba de vez en cuando alguna noche, acuciado por las pesadillas. Se estremeció al entrar al Gran Comedor y pensar que quizás tuviera que vivir de nuevo el asedio a Hogwarts del año pasado, y después multiplicó el horror por tres, y después volvió a estremecerse.

En definitiva, Hugo sabía que una guerra se aproximaba, y no iba a perder su tiempo aquel año. No había pasado muchos días del verano con Clary, pero eso no había sido ningún impedimento para que Hugo siguiera reafirmándose en que la quería: tenía que declararse, porque todo el mundo podía irse a la mierda mañana. Además, si su hermana Rose había estado años detrás de Harley y por fin había conseguido estar con él, estaba claro que él podría tener la misma fortuna.

Necesitaba idear un plan, no era algo que pudiera ir y decirlo sin más.

Se sentó, acompañado de sus amigos. Juntos habían acordado hacer compañía a Nick Brennan, que parecía más desolado que nunca al haber perdido a Harley y no tener todavía a Albus con él, y a Henry Stump, que también parecía triste. Su hermana apenas había mejorado durante el verano, entre otras cosas, la muerte de Harley la había dejado hecha trizas. Supuso que había estado enamorada de él más seriamente de lo que pensaba.

Hugo tenía que hablarlo más tarde con Rose, pero no podían dejar las cosas así: había gente a la que no podían ocultarles que Harley estuviera vivo y Ann a salvo. Quizás no todo el E.M, pero al menos gente como Nick. Rose había decidido confiar en el trío de Slytherin. Tendría que hacerlo en unas cuantas personas más.

Y sí, pensaba casi todo el rato en Rose. La gente que había y seguía perteneciendo al E.M (intuía que después del verano serían más) habían notado el estado deprimido de su hermana, que muy metida en su papel se negaba a comer a unos metros de él, pero aun viéndola así la querían: querían su consejo y su guía. Era una alumna de séptimo ya, y lo más parecido que quedaba de Ann Anderson allí, y además hija de dos héroes de guerra (cosa que él también, pero Hugo era experto en pasar desapercibido cuando quería, que era muchas veces). Alejada de sus amigos y con esa carga sobre sus hombros, se le harían difíciles sus días. Recordó las palabras de su padre "tu hermana te necesita. Cuídala como nunca. Sé su maldita sombra"

Claro que sí. Pero quería empezar a solucionar sus propias cuitas.

Para distraer a Nick y Henry, empezó a contarles novedades a sus amigos.

-Este año voy a declararme a una chica.

-Y todos sabemos qué chica es porque siempre es la misma- respondió Max, su mejor amigo, comiendo de su plato con avidez.

Acababan de terminar el discurso de apertura del curso. Ya que profesores como Eris Skeeter habían sido asesinados, ahora existían nuevos sustitutos. Pero ninguno fue relevante, así que no prestó atención. Luego convocaron a los antiguos prefectos al despacho de McGonnagall (el prefecto de Slytherin también había muerto) y posteriormente tuvo lugar la ceremonia de Selección. La sorpresa al descubrir que los gemelos Lorcan y Lyssander Scamander eran Ravenclaws fue mínima. La gente apenas había aplaudido. No podían si no recordar toda la gente que habían perdido, a pesar de que se ganaran también.

-¡De este año no puede pasar!- insistió Hugo- así que... ¿algún brillante consejo que darme para que me lance a ello?

-¡Pídele consejo a tu hermana, Hugo!- Contestó Jack, feliz de poder volver a picar a su amigo- ¿te crees que vamos a saber cómo funciona la mente de una chica?

-La clave está en preguntar a una amiga suya- contestó Nick. Sus charlas con Harley habían dado para mucho- si te declaras primero a la amiga, y no a la persona...

-¿Por qué ibas a querer estar con una amiga primero?- preguntó Henry, perdido en el mundo de las mujeres.

-¡No estar con una amiga suya, hombre! Me refiero a confesárselo primero a una amiga cercana. La clave es conseguirte su favor primero. ¿A quién va a contárselo todo una chica? A su mejor amiga. Así que lo que debes hacer es que su capitán general...sea uno de tus soldados.

Hugo entendió aquella metáfora más o menos. El problema era que la chica en cuestión...

-¿Y si esa supuesta mejor amiga te odia irremediablemente?

-Mayor razón me estás dando. Si no te ganas su favor, estás perdido. Llegará un momento en el que seáis o tú o ella, y te ganará ella por goleada.

Casi se estremece recordando a Edith Lawrence. Había empezado a adquirir conciencia de su figura hacía dos años (y literalmente, porque no era difícil observar su voluminosidad) y solo podía decir que era bastante desagradable su compañía. Siempre lo trataba mal.

Suspiró.

-Haré lo que pueda, entonces.

Grace:

Conociéndote como te conozco, sé que tu enfado por no haberte enviado una sola carta en todo el verano debe de ser bastante monumental. Quería hacerlo, créeme, pero si quería que nuestros planes salieran bien no podía escribir ni una línea; se supone que estaba gravemente enfermo y apenas podía moverme, y supongo que ya sabrás el enorme control del correo del Ministerio, así que me ha sido imposible hablar contigo. También entiendo que las pocas cartas que Lily ha enviado por mí no han servido demasiado para informarte de que estaba bien.

No he sabido nada de ti en semanas. Espero que estés volviendo a Hogwarts, y que Rose te dé esta carta en mano, y que os hagáis compañía porque sé que a ella le hace falta y que ha sido una de las pocas chicas que se ha ganado tu afecto. No sé si pensar que te has cansado de leer mentiras sobré mí a través de mi hermana o que te ha pasado algo de verdad, en cuyo caso alguien me avisaría en cualquier momento, y personalmente creo que mandaría al diablo toda la farsa de la enfermedad para verte. Quizás me repito, pero solo espero que estés bien, tanto tú como tus amigos.

Estaré pronto allí.

No me odies demasiado.

Albus.

Grace intentó memorizar las palabras de Albus antes de quemar la carta con un hechizo. Las estaba rememorando, mientras caminaba junto con Josh y Scorpius al despacho de la directora.

Aún era un poco incómodo caminar al lado de Scorpius y fingir que nada raro había pasado entre ellos. Si era verdad que no recordaba casi nada, pero era consciente de lo que ocurrió aquella noche, no hacía tanto tiempo. Les había costado parte del día siguiente reunir las fuerzas para hablarlo, pero finalmente ambos habían decidido mirarse a la cara y hablar de tema.

-Escucha, Scor- dijo, mientras servía a su invitado una copiosa cena de comida basura que había ido a recoger con una resaca tan grande como un camión- lo que pasó ayer por la noche...no sé qué me pasó, perdóname.

Él estaba sentado en la mesa de su cocina, entre tenso y avergonzado.

-No, perdóname tú, tú eras la que más ebria estabas y yo debí...

Grace suspiró, sentándose en la mesa también.

-No debiste hacer nada- lo cortó, no dejando que pidiera perdón. Se encogió de hombros, como si intentara expresarse bien- tenía que pasar alguna vez. Somos amigos desde los trece años y jamás nos habíamos tocado apenas, y somos jóvenes, y nos emborrachamos, y pasa lo que pasa.

Scorpius parecía perdido.

-¿Entonces...

Ella lo miraba dubitativa.

-¿Entonces, qué?

-¿Cómo definirías lo que ha pasado?- los señaló a ambos.

-Como una vergonzosa equivocación. ¿Acaso tú no?- preguntó, con una chispa de duda.

Él pareció mostrarse aliviado.

-¡Sí, sí! ¡Merlín! Es que...parecías muy confundida.

Grace frunció el ceño, y se transportó de nuevo a otro mundo. Negó, varias veces.

-Yo te quiero, Scor. Pero no de esa manera, ya lo sabes. Somos amigos.

-Claro. Yo pienso igual.

-Pero lo poco que recuerdo decirte...supongo que es verdad. Ojalá pudiera quererte a ti. Ojalá nos gustáramos.

Él se encogió de hombros.

-No le digas a nadie lo que ocurrió ayer.

-No se me pasaría por la cabeza hacerlo. Pero tienes algunos problemas que resolver, Grace. Ahora que los cabrones que estaban en Slytherin se han ido ya, y que este año te has convertido en la nueva heroína de Hogwarts-ella puso los ojos en blanco- creo que puedes empezar a centrarte en las cosas que puedes ganar, en lugar de lo que has perdido. Entiendo que te preocupe el destino de Potter, pero probablemente sea favorable para él, así que aunque sea duro, tanto tú como yo deberíamos buscar maneras de dejar de torturarnos tanto.

Ella casi cerró los ojos, mientras no dejaba de mirarlo. Suspiró de nuevo.

-Estaba creando un monstruo cuando te insistía en que te acercaras a Lily Potter ¿verdad?

Scorpius se sintió aliviado de poder sonreír y volver a reírse con Grace como dos buenos amigos.

Aun así, ambos tardarían en olvidarse completamente de aquella noche.

Entraron por las escaleras custodiadas por la Gárgola de piedra, sabiendo previamente cuál era la contraseña ("Escocia"). En el despacho estaban reunidos los prefectos de Ravenclaw (Alma Rogerts parecía impaciente por salir de allí), los de Hufflepuff, Rose junto a todos sus compañeros de curso, incluidas las chicas. Por último, también estaba allí el compañero de casa Slytherin Cygnus Mawson, que también esperaba con los demás.

McGonnagall los observó por encima de sus gafas. Llegaban tarde.

-Lo siento. La tarta estaba demasiado buena y he tenido que repetir- se excusó Josh.

Grace sabía por qué decía eso. Quería evitarse ser el nuevo prefecto de Slytherin, ahora que Hyssac estaba muerto. Henry Stump sonrió levemente ante su frase.

-No os robaré más tiempo, debéis conducir a los alumnos nuevos a sus habitaciones. Empezaremos con Slytherin. Necesitamos un nuevo prefecto. Aunque pude haber tomado la decisión en verano, preferí esperar a que todos estuvieran reunidos para determinarme.

Grace se lo pensó, de nuevo. ¿Querría tener de prefecto a Josh o a Scorpius? Ninguno de los dos era el colmo de la responsabilidad. Y sabía que Cygnus tenía mucho ganado. Pero por otro lado...el chico no le caía nada bien. Prefería a cualquiera de sus amigos. En el fondo, prefería a Josh.

-Señor Malfoy- comenzó a decir, y ella supuso que lo habría escogido a él. Era el más serio de los tres, al menos aparentemente- debo admitir que siempre estuvo en mi cabeza nombrarlo prefecto, como lo fue su padre, lo considero mucho más competente que él incluso- juraría que había conseguido halagar mucho a Scorpius y que el chico se ponía un poco rojo, intentando disimular como podía- pero, al comenzar el verano, el señor Mawson me dirigió una carta que es muy difícil de ignorar. Y cierto es que su expediente es más brillante que el de cualquier Slytherin, peleando con la señorita Weasley y la señorita Rogers por el premio del alumnado y presentándose a los exámenes É.X.T.A.S.I.S con casi todas las asignaturas que ha cursado.

Cygnus se aclaró la garganta y se dirigió a sus compañeros de casa, para dar pertinentes explicaciones.

-Hyssac y yo éramos grandes amigos- a Grace le extrañó oírlo hablar así. Normalmente era arrogante y mal encarado-soy consciente de que él era mucho mejor persona que yo, y solo me gustaría honrarlo continuando con esa labor que a él se le daba tan bien.

Estaba a punto de fruncir el ceño, pero no lo hizo, por respeto. Cygnus era golpeador en el equipo, y aunque no era amigo ni de Samdon ni de Scarbot, siempre se habían llevado bien con él. No se fiaba del chico.

Scorpius lo miró, sopesando sus pocas oportunidades. Grace sabía que al principio de Hogwarts, él era amigo de Hyssac y Cygnus, además de Scarbot y el resto. Y, aunque eso había sido hacía años y la cosa hubiera degenerado, no tenía mal trato con Mawson.

-Si es tu deseo, entonces no hay problema. Sé tú el prefecto.

La expresión de Cygnus fue de alivio.

-Lo haré lo mejor que sé.

Cogió la insignia que le tendió McGonnagall. Grace, como Josh, estuvieron observando cómo a Scorpius la vida le arrebataba algo más de todas las cosas que deseaba, y su expresión era de resignación, una vez más. Hasta Rose, que intentaba fingirse ausente, desvió la mirada hacia él, con cariño en sus ojos.

-Bien, ahora queda el asunto de Gryffindor. Stump, Brennan...

-Yo no debería de ser prefecto- comenzó Henry, atropelladamente- soy prácticamente nuevo en el colegio todavía.

-Cuando el señor Potter regrese sano y recuperado- continuó, ignorando al chico- si quiere recuperar su insignia estará en su perfecto derecho, mientras tanto...creo que el señor Brennan será una buena opción.

El chico asintió, despacio.

-En cuanto a las chicas...señorita Weasley, ¿desea seguir siendo prefecta?

Rose se lo pensó. Había estado demasiado tiempo fingiendo ya que estaba fatal, pero...tal vez necesitaba poner más cartas en el asador en Hogwarts.

-Lo cierto es- dijo despacio- que no me veo preparada para esa responsabilidad.

Christinne y Charlotte se tensaron. ¿Cuál de las dos sería la escogida?

-Bueno. Entonces no hay más vueltas que darle, no nos torturemos más. Sanders, recoja su insignia.

La chica se sonrojó. ¿Ella? ¿Prefecta? Estaba segura de que sería Christinne.

-¿Yo? Pero...-Bennet parecía contrariada también.

-Sin peros- concluyó tajante la directora.

Rose le entregó su distintivo a Charlotte, esta vez, ausente de verdad. Grace la observó, dándose cuenta de los sacrificios que tendría que hacer, además de los que ya había hecho. Y eso le ayudó a entender un poco mejor a Albus.

Tuvo que despedirse de Josh y Scorpius y abandonar antes el despacho junto a Mawson. Tenían que dirigir a los alumnos nuevos a su casa.

-Bueno, Wilson...por fin voy a tener la oportunidad de conocerte mejor.

Ese ya se parecía más al Mawson que conocía.

Lo miró, con la ceja alzada.

-Limítate a cumplir con tus nuevas obligaciones- respondió, cortante.

-¿Y perderme el conocer a la que llaman la heroína de Slytherin? Ni se me ocurriría desaprovechar esta oportunidad que se me ha dado. No ha habido muchos héroes en nuestra casa.

-Hyssac lo es.

-Hyssac está muerto- contestó cortante, con sequedad y un dolor perceptible.

-Lo lamento, también- solo pudo decir, tras unos segundos incómodos en el que solo se oyeron los pasos de ambos llegando al gran comedor.

Comenzaron a oír el bullicio.

-Hablaba mucho de ti. Estuvo enrollándose con Bullstrode un tiempo, pero tú le gustabas más. O al menos a mí me lo parecía, aunque él no negara.

A Grace le incómodo aquella conversación.

-¿Es tan malo si te digo que quiero saber qué veía en ti?

-Si te has metido a prefecto solo para ligar conmigo, mi opinión sobre ti caerá todavía más bajo de lo que estaba, Mawson- contestó, tan sincera como acostumbraba.

Cygnus se rio.

-No te creas tan importante, Wilson- llegaron a la entrada de los profesores al gran comedor, puerta que también estaban autorizados a utilizar los prefectos. Los de Hufflepuff les pisaban los talones, así que solo pudo decir una frase más mientras estaban solos- aunque puede que seas una pequeña razón.

Abrió la puerta con un movimiento de varita y pasó primero, dejando a la chica poniendo los ojos en blanco.