-Siéntate, Rose.
La chica se aseguró de que sus movimientos fueran lentos y pausados. Ya había entrado otras veces en el despacho del señor Asterope, pero aquella vez, la atmosfera se teñía todavía más de tensión. Se aseguró muy bien de no mirar al hombre a la cara, pero sí que procuró fijarse como otras veces en la decoración del despacho: sencillo, sobrio, lleno de papeles pero bastante ordenado. Soso, oscuro. Albus le había comentado ya en un par de ocasiones la posibilidad de irrumpir de noche allí a investigar las montañas de papeles, que seguramente fueran informes psicológicos de alumnos y alguna que otra cosa más interesante para el Ejército de Merlín. Incluso se sentiría con ánimos, si destapaba definitivamente a Asterope, de compartir su hazaña con Cygnus Mawson y su pequeña Orden en persona: hasta ahora Grace hacía de intermediario y Mawson y ella habían compartido unas escuetas palabras; ella no tenía nada que decir en contra de él, aunque le supusiera un efecto estresante más en su vida. No exigía conocer nada del E.M a pesar de sospechar muy firmemente de su existencia, así que Rose lo respetaba y estaba bastante dispuesta a colaborar con él, cosa que era recíproca.
Pero de momento, la posibilidad de investigar a Asterope estaba llena de agujeros.
Ella era la que estaba siendo investigada por él.
-¿Cómo te encuentras? ¿Tus migrañas han remitido con la poción que te da la señora Pomfrey?
Rose miró a un punto de la capa del profesor, todo el rato. La enfermera le había dado poción de dormir sin soñar, en dosis que superaban a las que Ann había tenido en su día. Pero el hombre pensaba que se trataba de una poción sedante que la aplatanaba. Asintió.
-Sigo sufriendo- contestó, despacio y en voz baja- pero siento que la tristeza me va abrazando. Y ya no hay tanto dolor.
-¿De verdad? Qué poético- se sorprendió, con una pizca de ironía en su voz- te veo...cuál es la palabra...bastante arropada por tus compañeros, al menos.
Ella se limitó a alzar la ceja. Como le habían enseñado, alzó despacio la vista hasta Asterope, lo miró medio segundo, y bajó la mirada como cayendo en picado.
-Puede que hay gente que busque que yo no esté así. Pero lo he intentado todo y sigo igual.
-No me refería a ese tipo de apoyo exactamente. Vamos Rose, tienes que admitir que desde que comenzó la fuerte crisis y desde las elecciones más concretamente, personas no tan afines a las severas pero necesarias medidas que se han tomado en Hogwarts por parte del Ministerio han buscado en tu figura y en la de tu primo una supuesta figura de héroes que les rescaten de ese mundo caótico que se ha formado en sus cabezas. Y no te culpo a ti- a Rose estaba empezando a ponerla seriamente nerviosa el que la tratara como a una amiga- todos los alumnos disponen de la oportunidad de hablar conmigo- hacía unos días se había vuelto algo obligatorio para todos- y estoy empezando a ver la desesperación que los inunda. ¿Por qué, Rose, por qué?
Albus miró fijamente a Asterope, circunspecto.
-¿Por qué, qué?
-Que quiero que me cuentes cómo funcionáis vosotros los alumnos. Los cambios en la escuela han sido medidas de ocio restrictivas- como quitar el Quidditch, o prohibir las grandes reuniones- y algún que otro cambio en el profesorado; el Ministerio no puede permitirse gastar tanto dinero en Hogwarts- el falso sentimiento de compungimiento asqueó a Albus, que rezó acto después para que no se hubiera notado- ¿acaso esperáis que Ann Anderson vuelva y traiga consigo recuperación económica, o que desgraciados Neomortífagos dejen de atemorizarnos?
-No creo que la gente esté esperando a que Ann Anderson vuelva- respondió Hugo- no he oído a nadie nombrarla, es usted el que se empeña en sacarla en cada una de nuestras conversaciones- soltó, despreocupado. Acto seguido, alzó la ceja- pensé que habíamos venido a hablar de mi hermana.
-Creo que la gente tiene muy asumido que Ann Anderson está muerta- opinó Cygnus, horas después en el mismo despacho. Las sesiones de control psicológico siempre tenían lugar uno a uno- al fin y al cabo, los Mortífagos no han vuelto a molestarnos desde el curso pasado, y el cuerpo de mi compañera ha desaparecido. O Anderson es una buena Mortífaga hoy en día, o está muerta.
-O está huyendo de los que la persiguieron- barajó Asterope.
-Y en ese caso nadie volvería a verla- razonó Erized, despacio- así que si lo que me pregunta es si he visto a alguno de mis compañeros soñar con que Ann Anderson sea la nueva jefa de los Aurores, tengo que decirle que no- se encogió de hombros.
-Pero los alumnos sabían que Anderson era una joven con una particular habilidad para controlar la magia. Tú y el resto de tus compañeros pudisteis verlo cuando fue el Torneo de Los Tres Magos. E incluso después, aunque se esforzara por ocultarlo. Ella también estaba allí en los ataques de San Mungo. Anderson y los Mortífagos tenían una conexión- fue subiendo el tono en sus acusaciones- y tanto los Potter-Weasley como tú lo sabíais. Si no ¿qué hacías en San Mungo?
-Lo he explicado innumerables veces- se agotó Grace, procurando mantener la calma- soy prefecta de Slytherin; seguí a James Potter y me encontré con que iba a llevar a Harley a San Mungo: el bibliotecario había resultado ser un Neomortífago que había querido matarlo al destaparlo. Ann estaba allí porque era su novia, o algo así. Por lo visto el señor este, ya ni me acuerdo de su nombre, estaba un poco loco y le contó a Harley que estaban en ese momento atacando San Mungo. Decidimos ir.
Aquella estaba siendo una versión unánime de los hechos que todos habían acordado relatar casi de la misma forma.
-Imagino que después de lo de tu madre te invadió un profundo sentimiento de venganza hacia...los sangre pura más radicales- se le escapó decir- por lo que me han contado, tienes problemas de agresividad.
Grace se esforzó por no apretar los puños. Habría averiguado lo de Michael y ella por algún compañero del . O se lo habría contado el propio Michael.
-Estoy aprendiendo a controlarme- admitió, a regañadientes- pero sí, lo hice por eso. Quería venganza, saber qué había hecho mi madre tan mal para morir de una forma tan lenta y cruel- se le atascó la vida, o la muerte, en la garganta.
Asterope la miró fijamente.
-Has debido de sufrir mucho por Ann Anderson, Rose- concluyó, una vez más- siempre por debajo de sus habilidades, a pesar de que la primera de la clase eras tú. Estoy segura de que mucha gente te ve accidentalmente como si fueras ella, porque la necesitan como la necesitaban en San Mungo y Hogwarts, pero no hay nada que temer, y así debes de trasmitírselo a los compañeros que te busquen. Hogwarts es un lugar seguro mientras Scarbot siga siendo Ministro y yo esté aquí para cuidaron a todos. No me gusta controlaros tanto, ni a mí ni al nuevo personal- todos Mortífagos- además de porque vemos que la Directora no está de acuerdo, porque no queremos perturbaros. Lo habéis pasado mal y el oro de las cámaras de muchas familias no para de menguar. Solo queremos tranquilidad, Rose. Ayúdanos a fomentarla.
La chica asintió, despacio, tras un tenso silencio.
-Siento asco hacia los interrogatorios de Asterope- le confesó Hugo a Edith mientras paseaban alejándose del castillo- no solo nos quitan el quidditch con la excusa de que mantener el campo cuesta mucho dinero, sino que nos interrogan como intentando controlar hasta lo que pensamos de nuestros hermanos ¡con razón mis padres se unieron al tío Harry cuando tenían nuestra edad, yo tampoco aguantaré mucho tiempo sin hacer nada!
Edith reflexionó unos segundos sobre lo que el chico decía.
-¿Y tu hermana y Albus Potter? los ojos de todos los...nuevos profesores se centran en ellos. Debe de ser mucha presión para ellos.
-Lo es.
-Y haber perdido por completo la pista de Anderson...ojalá esté viva, en serio.
-Sí, ojalá, eso le solucionaría muchos problemas a mi hermana- mintió deprisa, como había practicado mil veces en casa.
-En fin...supongo que quieres hablar de Clary.
Hugo acababa de salir del interrogatorio de Asterope, pero por el camino había visto a Edith sola, así que tal y como se había prometido a principios de curso, decidió aprovechar el momento. Decidió aprovechar cada momento.
-¿Habéis hablado por fin de mí?
Edith se subió la bolsa donde llevaba los pergaminos y los utensilios para Herbología, un poco incómoda.
-Después de comprobar varias veces que no le gustas como algo más...es decir, bueno. Las palabras exactas ya que tanto te interesa fueron "¡cómo me va a gustar Hugo, si somos amigos de toda la vida!".
Hugo intentó disimular que todo aquello le hacía mucho daño.
-Bueno. ¿Pero dijiste que me ibas a ayudar, no?
-¡Eso intenté!- exclamó- en lugar de eso, no he hecho más que empeorarlo. Tras insinuar a Clary que no eras taaan malo, llegó a la conclusión de es porque tú me gustas a mí, ya que tengo, según sus palabras, fijación.
Hugo se lamentó.
-Merlín... ¿hoy podía salir mal algo más?
-Mira, voy a decirte esto solo una vez más, ¿de acuerdo? No puedo hacer nada por ti, díselo a la cara, si no funciona... ¡mala suerte! Cosas peores te estarán sucediendo en estas épocas tan felices-ironizó.
Edith estaba deseando llegar a clase. Las conversaciones con Hugo la irritaban. Sentía envidia de su optimismo y de su forma incansable de ver la vida.
-¿Crees que funcionaría si le seguimos el rollo?
-¿De qué hablas?- preguntó, oliéndose lo que el chico pretendía.
-Tal vez ella se pusiera celosa.
A Edith se le arrugó el labio hasta un punto en el Hugo jamás habría sospechado que podría arrugarse.
-Merlín...mira, no sé por qué decidí ayudarte en primer lugar, quizás me diste pena, pero desde luego que ahora te has pasado de la raya, no pienso colaborar en eso...
-¡Sería solo...bueno, pretender que flirteo contigo y ver si a ella eso le provoca celos!
-Hugo, estás mal de la cabeza- se había olvidado irónicamente de llamarlo Weasley.
¿Por qué noto como si en el fondo sí te lo estuvieras planteando?
Edith no contestaba.
-¡Te lo estás planteando! ¡Lo harías!
La chica se puso roja.
-¡Pero solo lo haría porque a mí me gusta alguien! Me ha gustado desde siempre, pero solo me trata como a una compañera. He intentado todo, pero yo también podría probar con eso de los celos... ¡es una idea infantil, pero no hay quien te la vaya a quitar de la cabeza y yo estoy desesperada y me arrastras contigo!
-Bien...-se quedó pensando Hugo-entonces... ¿tenemos un trato?
Suspiró.
-No saldrá bien.
-¡Confía! Sí saldrá.
Apenas quedaban tres semanas para Navidad y cuando normalmente el árbol del Gran Comedor ya hubiera sido puesto, no había de momento ningún rastro de la Navidad en Hogwarts. Grace bajaba a desayunar intuyendo que nunca llegaría a la decoración de otros años, quizás Asterope y el resto de nuevo profesorado hubiera vendido los adornos navideños, como excusa para recaudar fondos para cosas más importantes. Por una cosa o por otra, las pocas cosas de las que disponían para ser felices se iban desvaneciendo cada vez más. Solo faltaba que no los dejaran volver a sus casas por vacaciones. Se preguntó si sería así de horrible en la antigua guerra.
Encontró a un grupo pequeño de alumnos de primero o de segundo (no podía saberlo, cada vez eran más pequeños) agolpados frente al tablón donde el coro o los equipos de Hogwarts solían colgar sus avisos. Sospechando que quizás tenía algo que ver con la suspensión de Quidditch, se acercó a mirar.
Pero no era eso.
"Club de política y debate"
Organizado por los C.D.O
Miércoles y Domingos a las 15:30; en Aula Magna.
Duración: 2 horas aproximadamente.
Grace frunció el ceño, con desagrado.
Desde que Scarbot había salido elegido Ministro, y reforzando con especial ímpetu cada vez que la Orden de la Serpiente hacía de las suyas, los nuevos profesores habían intentado engañarlos, contándoles a los alumnos las mismas mentiras que se contaban fuera: que el motivo de una fuerte crisis de la economía mágica se debió a los malos usos del Ministerio de su dinero y de inversiones con muggles, gasto excesivo por parte del departamento de Aurores, difamaciones cada cual más absurda que expuestas de una forma muy atractiva conseguían convencer al más inculto. Por suerte el E.M y la Orden de la Serpiente se encargaban de clandestinamente paliar esos lavados de cerebro. La crisis económica como bien sabía Grace estaba dada en parte por el encarecimiento del oro tras una época bastante larga de bonanza, y en parte por el agravamiento de la situación que habría dispuesto Scarbot muy inteligentemente para convencer a la población de futuras hazañas Mortífagas. Poco a poco, los Mortífagos dejarían de tener la importancia que habían tenido esos últimos años, y dejados en un segundo plano porque en cierta manera, ellos estaban ganando. Y si el malo va ganando, se convierte en el bueno.
-Horrible ¿verdad?- comentó Cygnus, tras de ella, como si pudiera escuchar sus reflexiones- ¿qué será lo siguiente, "doctrina mortífaga" de lunes a viernes como actividad lúdica?
-Yo de ti no me pondría tan nervioso. Es justo lo que pretenden- contestó Grace.
-¿Qué crees que Asterope me haría si voy a dar un bonito discurso sobre que sus amigos mataron a mi padre?
-No lo harías- una chispa de miedo salió por su voz, y se reprendió por ello.
-Lo haría, y lo haré, si tengo que soportar a profesores y compañeros apoyar a asesinos. ¿Has visto la lista que hay bajo el anuncio? Cualquiera podría apuntarse.
-No me he fijado en ese detalle- admitió, mientras entraban al Gran Comedor.
-¿Y por qué crees que no van a censurar lo que digamos? Ahí no sé si llamarlos tontos, o retorcidos.
Grace tardó unos segundos en entender lo que Mawson insinuaba.
Su rostro se ensombreció un poco cuando miró a la mesa de Gryffindor para asegurarse de que Rose y Albus estaban allí desayunando, como hacía cada mañana para comprobar que nada iba mal.
-Quieren castigar a quien diga algo que no les gusta.
Mawson soltó una media sonrisa, un tanto triste, pero a la vez rebelde.
-Acabas de pensar en alguien en concreto.
-¿Estás seguro, Albus?
Albus y Rose se miraron largamente. Prácticamente eran la única persona con la que podían ser completamente sinceros el uno con el otro. Con el resto de la gente, tenían que fingir aunque fuera un poco de valor. Entre ellos...el miedo no tenía cortinas por las que esconderse.
-Estoy seguro- dijo él, firme- pero también tengo miedo, claro.
Rose se acercó a su primo para que nadie de la sala común pudiera escucharlos. De todas formas, ya no quedaba mucha gente allí. Era domingo por la tarde.
-¿Te acuerdas de lo que hablamos cuando acababa el curso? ¿Cuándo dije que había algo grande esperando por cada uno de nosotros? Cada vez lo tengo más claro.
Albus no contestó nada, pero la chica entendió que la había escuchado atentamente.
-Su oligarquía nos ha llevado a esto- hablaba sin parar Marthel Pentose, miembro honorífico del C.D.O, cómo no- permitimos ser gobernados por gente que creyó que iba a hacer las cosas mejor que nosotros ¡y no!- matizó- actuaron en su propio beneficio, agotando recursos en calidades que gente menos adinerada podía permitirse. En los registros que el Ministerio ha querido ocultarnos durante tantos años, la utilización de cantidades ingentes de oro ha sido utilizada para dar caza a los Mortífagos supervivientes a la trágica guerra que vivimos; cosa que habría estado muy bien- Asterope había acertado al colocar alumnos bajo su manto. Así aprovechaba cosas como la labia de alumnos como Pentose, un Ravenclaw al que claramente había lavado las ideas- si no hubieran existido y cada vez existen más familias que necesitan ayuda económica que no se les proporcionó, porque unos pocos querían mantenerse seguros en sus mansiones. Y si esa era la situación en la época de bonanza, sería de suponer que en tiempos de crisis el Ministerio tomaría medidas un tanto más coherentes. En su lugar, Kingsley ofrecía gran parte de su dinero a ayudar a que las cuentas de Gringotts cuadraran tras los robos ¡de sus propios altos cargos!- su tono fue ascendiendo- y mientras ¡no hubo nuevos trabajos, no hubo ayudas económicas, no hubo seguridad! Para cuando estalló la epidemia en San Mungo, no tuvimos los recursos económicos necesarios para afrontarla, no se descubrió la vacuna en las paredes del Hospital. Y mientras...tras este ataque, la vigilancia a familias inocentes y en peligro descendió por parte del equipo de Aurores, descendió casi hasta desembocar en tragedia, ya que ahora sabemos que un par de personas casi mueren por la relajación de esta vigilancia que todos los magos y brujas pagamos con nuestro oro- su voz tembló un poco, y Albus, en mitad de un tumulto de gente que lo escuchaba, no sin comentar ciertas frases, pudo interpretar que era por eso por lo que Marthel protestaba. Porque una persona había sido Mattew Wilson, y otra algún familiar del conferenciante.
Casi prefería que Grace hubiera arremetido contra él en su momento que haberse consumido por el miedo y la rabia.
-Y ahora, con la nueva etapa que se emprende con Scarbot, espero, que se acabe con la desigualdad, con este gobierno de unos pocos, con la obsesión con pasadas guerras, que se acabe la miseria de este ministerio- se quedó un rato callado, con lágrimas en los ojos que jamás salieron de ahí- y que por fin vengan tiempos mejores.
A Albus y al resto del E.M les resultaba difícil odiar todos los discursos que habían escuchado hasta ahora. A todos los que habían querido se les había permitido hablar, al igual que la asistencia, que había sido masiva, pero tampoco había sido obligatoria. Y todos los que habían hablado, no eran exactamente Neomortífagos, sino alumnos desesperados por ver tanta guerra y tantos problemas a su alrededor.
-Es la última vez que te lo pido- suplicó Grace, a espaldas de Albus y Rose. Ambos se giraron para mirarla. Su mirada tenía el tinte desafiante de siempre, pero muy difuminado. En su lugar, la súplica y el miedo la inundaban cada vez más- no lo hagas. No merece la pena.
-No pasará nada malo- la tranquilizó Albus en voz baja, mirándola fijamente- y sí merecerá la pena.
-Ahora es el turno...-dijo uno de los nuevos profesores que Scarbot había introducido en Hogwarts- de...Albus Potter- dijo, un tanto sorprendido. ¿Sería posible que no hubieran esperado tanta osadía?
Se hizo el silencio absoluto.
Grace, Rose, Nick, Hugo y una larga lista de gente no dejaron de mirarlo ni un segundo mientras Albus subía las escaleras que lo impulsarían a la zona donde supuestamente no se reprendería a nadie por exponer sus ideales. La gente murmuraba un tanto atemorizada, que Albus estaba cavando su propia tumba.
-Bien, Potter- comenzó en moderador- dispones de siete minutos- Albus insipiró. Era suficiente- aprovéchalos bien.
Era consciente de que si decía algo que a Asterope no le gustaba podría acabar muerto, o torturado mínimo. Por eso, Albus debía decir solo las palabras correctas. A lo mejor ni así se libraba de ser la pieza atacada en la siguiente jugada de aquel ajedrez gigante. Inspiró de nuevo, hondo, mientras el profesor aplicaba sobre él el hechizo de potenciación de la voz.
-Buenas tardes- su voz se escuchó igual de alto que cuando de niño imaginaba ser tan grande como su padre- todos sabéis ya cómo me llamo, cómo es mi familia, cuales son mis amigos y la educación que he recibido respecto a las guerras- se aclaró la garganta, nervioso- tal vez a otras personas les asuste oír la palabra guerra; a mí me aterroriza. Hay noches en las que me despierto en mitad de una guerra que los míos han perdido, y yo no he podido hacer nada. Y aunque ese sentimiento se desvanece poco a poco a medida que voy despertando de lo que resulta ser un sueño, en el momento siento rabia, mucha rabia. Porque yo podía haber dado más, porque por algún motivo yo no he podido hacer nada, porque podrían no existir las guerras, porque nadie debería de tener que morir...y me vuelvo irracional porque tengo miedo, siento odio... la situación no me gusta. Así se sintieron muchas de las personas que vivieron la guerra del año 98, y así se sintieron, y así se sienten, después de tantos años, por esgracia. Quizás en el ministerio haya corruptos, quizás no haya tanto dinero como antes, quizás... ¿quizás que es lo que nos llena de odio?
El silencio fue casi absoluto.
-Es el dolor, y el miedo, lo que nos llevan al odio. Y eso lo único que nos hace...es humanos. Ahora ¿Qué tipo de personas queremos ser, las que odian irracionalmente a lo primero que ven, o los que vencen el odio, los que curan su dolor, los que no están ciegos, los que ven los reales problemas por los que estamos atravesando ahora? Como un equipo, podríamos trabajar para repararnos, para quitarnos esa venda que tenemos en los ojos, esos falsos odios- fue incrementando también su tono de voz. Rose cerró los ojos, con miedo. Temía que Albus dijera algo referente a Ann o Sameor. No podría mencionar nada de eso- en el fondo...todos sabemos lo que estamos viviendo ahora- Grace se tensó al máximo- no deberíamos vivir ni con miedo, ni con odio, sino...con valentía. Esta no es la lucha de un par de personas mientras los demás jugamos al desprecio y al temor, es la lucha de todos. Y quiero creer y podría jurar que sucederá así, que si todos nos implicamos y peleamos-mucha gente lo escuchaba solo a él, y apenas alguien pestañeaba para poder leer todos los mensajes ocultos tras el discurso de Albus-al final, llegará por fin una época en la que yo habré luchado en la guerra de mi sueño, y haya hecho todo lo posible por ganar, y haya ganado con vosotros, y haya perdido quien realmente tiene que perder. Gracias, he terminado.
Rose se quedó de piedra. Quizás se había sobreexpuesto con aquellas últimas palabras. La gente comenzó a aplaudir, como con el resto de alumnos que habían subido al estrado. Pero más fuerte. Quizás el verdadero Ejército de Merlín, el ejército del bando de Ann Anderson, comenzaba realmente aquel día. Quizás el sacrificio de Albus de ponerse en el punto de mira, como habían hecho antes Ann y Rose, y antes que ellas el propio padre del chico, merecería la pena al fin y al cabo.
-Y así es- pronuncio solemne Cygnus, tras de Grace, muy cerca, para que el ruido de los aplausos no le tapara- como el peón se transforma en el caballo- ambos contemplaron cómo Albus bajaba las escaleras- no será la reina, ni el alfil...pero es la única pieza del ajedrez que puede atravesar todo el tablero sin tener que matar a ninguna ficha, y la que normalmente sobrevive tras el fin de una partida.
Hizo una pausa.
-Aunque también...es la que más veces se interpone sorpresivamente entre el rey y la pieza del jaque.
