Arena, mucha arena. Miles de recuerdos que se entremezclaban unos con otros, haciéndolo todo muy confuso.
Había sido así desde que se había separado de Ann. Soñaba mezclas del pasado, probablemente del presente y quizás del futuro. Rozaba memorias con la punta de los dedos, era muy extraño.
Se concentró. Tenía que encontrarla. Tenía que hacerlo. Pensó en ella y la llamó, una y otra vez. Ya la había visto, había tocado sus sueños, no hasta perturbarla; solo como un mero espectador, pero estaba consiguiendo, por fin, llegar a ella.
Recordó la voz del señor Potter.
"Si no haces esto...ella jamás podrá salvarte"
Lo intentó con todas sus fuerzas.
Iba descalza, con sus vaqueros largos remangados y una camiseta que volaba con el viento, pero no hacía nada de frío. El pelo enmarañado y pelirrojo le impedía ver con claridad toda la inmensidad de la playa, al pegársele a la cara y bailar con la brisa. Una eterna playa, donde el mar ni se movía, y no había ni sol, ni nubes, ni nada.
Por fin había conseguido traerla hasta él, después de un mes entero practicando para traerla. Había perdido ya parte del poder que Ann le había transmitido, tendría que volver junto a ella pronto. Pero estar lejos de su hermana había conseguido que Harley llegara a alcanzar habilidades que jamás habría soñado con tener. El señor Potter lo asociaba, como él, a que el chico no era igual a cómo era antes, su cuerpo ya no rechazaba la magia de Ann, por lo tanto, podía hacerlo incluso más fuerte de lo que había sido, tanto física como mentalmente.
La observó. Rose había cambiado en menos de un año. Su yo de diecisiete años recién cumplidos miraba confusa el extraño paraje, desorientada.
-¿Qué estoy haciendo?- dijo en voz alta- ¿Dónde estoy?
-Puedo contestar a eso- dijo Harley, hablando con ella por primera y seguramente por última vez en sueños.
Rose se sobresaltó y se dio la vuelta rápidamente para mirarlo, con los ojos abiertos. El silencio se instaló en la escena como una tercera persona.
Antes de que sucediera, se imaginó cual sería la reacción de Rose al verlo con el aspecto de Andrew. Una parte de él quiso que lo reconociera, la echaba tanto de menos...jamás se habría imaginado necesitarla tanto. Si tan solo hubieran tenido el sexto año...pero él había sido demasiado idiota. Se aferraba a sus minutos a solas, antes del desastre, cuando se había rendido a sus sentimientos y a la insistencia de ella. En esas horas se juraron que su amor podría con todo lo que vendría.
Pero no imaginaba todo lo que vendría.
Ella lo miró durante lo que le pareció una eternidad.
-¿Eres ...John Anderson?- preguntó, por fin.
Harley no pudo evitar sonreír, cómo no hacerlo. Ojalá John hubiera tenido la oportunidad de haber sido su padre. Pero John estaba muerto. Y a pesar de los viajes oníricos en el tiempo que estaba aprendiendo hacer...no se podía traer de vuelta a los muertos.
-No, pero casi- se permitió decir- Ven. Demos un paseo- la invitó, dudoso. No sabía si Rose aceptaría. Quizás no confiaba en él.
Pero ella aceptó sin vacilar. Tal vez la extraña energía que los unía la seguía atrayendo hacia él.
Caminaron en silencio unos minutos. Harley no quería que se marchara, pero alguna vez tenía que hacerlo.
-¿Qué ves aquí, Rose?- señaló con la cabeza a sus alrededores.
-¿Cómo sabes quién soy?- a pesar de todo, sí que estaba recelosa.
Él tomó una bocanada de aire. Aquella parte era complicada.
- Estoy haciendo un viaje en el tiempo a través de los sueños. En el futuro te conozco. Te conozco como me conozco a mí mismo-los nervios le traicionaban, no era capaz de explicar a la chica cómo exactamente había llegado hasta allí.
Pudo ver cómo Rose vacilaba.
- Eres Andrew Anderson.
Sonrió, no sin estar incómodo. Quería contarle la verdad, pero ella no podía saberla aún. Ojalá se pudiera alterar el pasado; pero ya había averiguado que eso traería consecuencias fatales. Maldijo a su primer yo, el que había tomado la decisión de contar esa verdad a medias.
-¿Si vienes de un futuro, puedes decirme si al final Ann te encuentra?- siguió interrogando.
La sonrisa de Andrew se hizo más ancha.
-¿Te encuentra, verdad? Supongo que si no no estarías aquí.
Él se giró para mirarla.
-Tú dijiste que para que todo saliera bien ahora, no podría contarte nada. Nada de lo que ocurrirá después.
Era verdad. Rose también le había prevenido, no podía meter la pata. Sus recuerdos se mezclaron en el sueño, y estiró su mano para tomar la de Rose. Apenas se sintió como un contacto real, pero para Harley fue suficiente. Centrándose, era agradable y electrizante a la vez, como la esencia de lo que Rose era. Como la esencia de lo que él mismo era.
-Rose- pronunció. No pudo evitarlo. Por un momento todo era ella. Por un momento quiso abandonarse a lo que realmente querría que pasara, y rendirse a aquel sueño: besarla hasta agotarse; quizás hacer el amor, se había imaginado tantas veces cómo sería...pero ya había aprendido a controlarse a través de los entrenamientos y la oclumancia con el señor Potter, y para conseguir influir en el de los de la chica. Todo dependía de él, al menos en aquella parte. Para él, Rose lo había sacado de allí en primer lugar, así que supo qué decir- estás aquí para saber cómo salir de aquí. Cómo salvarme, cuando llegue el momento.
Vio cómo Rose se asustaba.
-¿Cómo salvarte?
-Llegará el día en el que necesites saberlo. Y no será fácil. Yo me resistiré. Pero ya sabrás cómo soy, sabrás que te seguiré a donde me lo pidas. No podrá ser de otra forma. Pero tengo que decírtelo, para que lo sepas.
Le dejó un tiempo para asimilarlo. Todo estaba en absoluto silencio.
-Vale, lo haré. Pero... ¿cómo?
Respiró hondo, de nuevo. Una parte de él había temido que por algún motivo aquella vez no estuviera dispuesta. Pero claro, aquella vez ya había sucedido, y no había sucedido a la vez.
-Vale, tienes que escucharme atentamente- la agarró por los hombros, y la hizo girar hasta ver el mar, grisáceo, en calma, inofensivo-puede sonar un poco loco, pero...tienes que ahogarte-soltó, sin demasiados miramientos.
-¿Qué?- soltó ella, en seguida- ¿Cómo que ahogarme? ¿¡Estás loco!?
-No será ahogarte de verdad- explicó- pero la sensación es real, y será horrible. Y odio tener que pedírtelo. Pero es la única manera. Y, cuando llegue el momento, me guiarás, y lo haremos juntos. Será la única manera de salir de aquí. De que yo pueda salir. Cuando llegue ese momento estaré demasiado débil como para poder hacerlo solo.
Rose no iba a conformarse con aquella corta explicación.
-Y si se supone que te salvo... ¿Por qué sigues aquí?- preguntó, sin fiarse prácticamente en absoluto. Carecía de sentido
-No puedo contestar a eso.
-No puedes contestar a nada- gruñó Rose.
-Puedo decirte que soy Andrew Anderson, y que tengo que volver aquí a veces, y tú lo entiendes. Tú me enseñaste cómo volver, y yo aprendí a enseñarte cómo hacerlo, cosa que por cierto, estoy haciendo ahora.
Ella lo miró, unos instantes.Los ojos azules de Rose, más oscuros que los suyos, parecían traspasarlo hasta descubrir toda la verdad en ellos.
-Te echo mucho de menos-no pudo evitar decirle. Era verdad. Aun recordaba la emoción de la última vez que se habían visto, su rostro incrédulo mirándolo en la multitud. Tenían que conseguir que Rose pareciera ajena a que él seguía vivo, y lo habían conseguido. Solo esperaba que ella estuviera bien-aunque tú no sepas nada de mí, en realidad lo sabes todo-y lo demostraba, cuando lo miraba así.
De nuevo se quedaron callados un par de minutos.
-¿Debo entrar?- preguntó Rose, refiriéndose al mar, abrumada por la emoción que Harley había imprimido en cada palabra que había dicho hacía unos instantes.
-Sí- dijo, con cierto pesar- es mejor que te vayas ya.
Ella se giró a mirarlo, de nuevo.
-Bueno...hasta cuando te encontremos-todo parecía tan sencillo en el mundo de los sueños. Allí no existía la maldad, no existía Sameor, no existía la guerra. Todo era sencillo-¿Será pronto?
Dudó. ¿Podría decirlo?
-Será pronto...pero será duro. No lo olvides.
-No lo olvidaré.
-¡Rose!- la llamó, cuando los pies de la chica ya tocaban el mar y el corazón empezaba a bombearle a ritmo desenfrenado. Fue a su encuentro, tan ligero como si volara.
La agarró de los hombros, obligándola a mirarle.
-Hay otra cosa que no debes olvidar.
-¿El qué?
-Tendrás dudas sobre mí- le advirtió- y sobre ti, y tendré dudas yo también. Quiero que no te olvides de esto ¿me oyes?
Toda la insistencia que había mostrado Rose cuando él pensaba que no podría amarle con el cuerpo de Andrew...cayó en la cuenta. Él mismo le había pedido, le había confesado que la amaba. No con palabras, pero sí estaba claro.
-Sí, claro- afirmó, nerviosa.
-Me pediste que te lo dijera...ya sabes- y sí se lo había pedido.
Entonces sucedió. Un ruido fuerte interrumpió la calma del lugar. Su tiempo se acababa, Rose podría despertarse en cualquier momento y no recordaría cómo salvarle.
-Tienes que irte- la instó.
-¿Sabes que le tengo pánico al agua, verdad?- preguntó Rose, con el corazón en la garganta y los músculos agarrotados, nerviosa a medida que el mar la engullía.
Lo sabía. Claro que lo sabía.
-Es una prueba, Rose-solo dijo- piensa que no es real. Eso ayuda.
Poco después, tras unas miradas de angustia, la pelirroja se adentraba en el mar gris, con el agua ya a la altura del pecho. El pánico era más que notable en su rostro, y aún así no retrocedió ni un paso. Por fin Harley veía el paisaje del miedo de Rose, o al menos una imitación de él.
De pronto, el mar comenzó a agitarse. La primera ola le golpeó el rostro. Harley tuvo el impulso de ayudarla.
El mar comenzó a arrastrarla con fuerza. Salvaje. Imponente. Oscuro. La escuchó gritar, cerró los ojos. No podía hacer nada. La angustia por el sufrimiento de Rose lo iba despertando.
-¡Harley!- gritó Rose, antes de ahogarse.
Entonces despertó. Abrió los ojos, respirando con pesadez, agotado. Tras varios segundos, vio al señor Potter, que lo observaba atentamente, sentado en una silla junto a la sencilla chimenea.
-¿Esta vez lo has conseguido, no?- preguntó, albergando muy pocas dudas de la respuesta.
Harley asintió, pálido y sudoroso.
-Ya sabe cómo tendrá que hacerlo- jadeó.
-Bien- comentó, y no pudo evitar sonreír- entonces podremos irnos.
Harley descansó un momento, apoyándose de nuevo en la almohada.
Hicieron la bolsa aquella misma mañana. Harley y el señor Potter recorrieron los silenciosos pasillos de aquel lugar que había sido su hogar durante casi un mes. Marzo debería de estar haciendo su presencia en Hogwarts. Allí, el tiempo había dejado de ser tan agradable, y había un ambiente frío empezaba a mascarse como un chicle. La altitud no ayudaba; todo se enfriaba.
-¿Partís?- preguntó una voz a sus espaldas.
Ambos se giraron. Harley miró al padre de Albus, pidiendo en silencio un minuto para despedirse.
-Sí- contestó en el mismo idioma-hemos conseguido lo que venimos a buscar aquí, y no podemos perder más tiempo. Hay otras cosas que hacer.
-Entiendo.Adiós, señor Potter- pronunció, de manera tosca- ha sido un placer tenerlo entre nosotros.
-Gracias por su ayuda- respondió este.
Finalmente ambos bajaron las interminables escaleras del templo para poder desaparecerse fuera de sus muros.
-¿Qué cree que hubiera pasado?
Harry suspiró.
-¿Si no hubieras conseguido acceder a los sueños de Rose? El tiempo es confuso...Hermione tuvo cuando teníamos trece años un giratiempo, antes de que todos fueran destruidos- el chico abrió mucho los ojos. No lo sabía- y las líneas temporales son difusas. Si no sucede siempre como tenía que haber sucedido...quizás tú seguirías durmiendo en aquella cama, de la mano de Ann.
Era en parte lo que Harley quería oír.
-Entonces, esto no ha sido tiempo perdido. Todo este mes aquí, sin saber de nadie...
-Si hubiera sucedido algo, nos habrían avisado, no te preocupes por eso- le observó unos instantes- has cambiado de nuevo. Vuelves a ser más como Andrew- apreció. Lo había ido diciendo de vez en cuando con el paso de los días. Eso significaba que pronto Andrew tendría que reunirse con su fuente de vida.
-Lo sé- solo dijo Harley- pero volver con Ann ahora...debemos seguir, al menos un par de semanas más.
Harry suspiró. Le tendió la mano.
Tienes razón, vámonos, todavía nos quedan cosas por hacer.
-El único problema es que sé hablar muy poco Alemán...espero que sea suficiente- contestó Harley.
-No te preocupes, nos las apañaremos, como siempre.
Y se desaparecieron.
Aquel día, Inglaterra dejó de parecer el Polo Norte. Después de meses y meses de estar metidos en lo que ya se estaba pareciendo a un frigorífico gigante, los alumnos de Hogwarts pudieron salir al exterior sin ir abrigados como esquimales. Aun así, el viento afilaba la piel y el sol apenas calentaba la sangre. Pero al menos el astro había decidido comunicar que seguía vivo...
Lily se movía con rapidez por los corredores próximos a los jardines del castillo. La mochila que llevaba a sus espaldas estaba llena de libros, y esto le hacía caminar un tanto encorvada.
Ya no faltaba tanto para los T.I.M.O.S. y É.X.T.A.S.I.S y los alumnos estaban empezando a agobiarse ¡Abrían sus libros con interés insospechado! Incluso alguno que otro empezó a prestar atención en clase... después del episodio de la inmateria, los alumnos de quinto estaban temerosos de su T.I.M.O., y la verdad es que los de séptimo no parecían los mismos. Por orden de McGonnagall, que estaba a muy poco de dejar de ser la directora de Hogwarts, todos los alumnos que habían hecho el examen con la inmateria habían sido obligados a pasar por la enfermería. Lily recordó que fue a visitar a su hermano, particularmente afectado por todo lo que había tenido que pasar. Su padre irrumpiendo en Hogwarts...habían hecho muchas preguntas. Se habían llevado a Albus, a Rose, a ella misma...siempre la misma pregunta. Que cómo era posible. Era consciente de que se habían ensañado especialmente con Rose. Pero la verdad, para su prima no había sido tan difícil fingir que no sabía nada: realmente no había sabido que Harley irrumpiría con los Aurores en Hogwarts. McGonnagall y el resto de profesores se habían propuesto defender a la Weasley con todo su empeño, así que no la dejaban sin vigilancia ni un momento; a Albus igual. Incluso si Lily giraba la vista, podía ver a algún que otro profesor velando por los alumnos en más peligro, como ella misma, en momentos y lugares en los que años anteriores nadie se había molestado en vigilar. Mismamente ese día, el profesor Redfield paseaba por los jardines, encogiéndose de frío y buscando el sol.
La chica dejó de pensar en eso porque se detuvo unos segundos para una breve charla con Edith Lawrence. No hablaron de algo precisamente alegre.
-Hola Lily... ¿has sabido algo de Hugo?
-Lo último, hace un par de días. Está estable- la tranquilizó. Ella pareció relajarse- quizás para principios de Abril despierte.
-Eso son buenas noticias, supongo...Clary está realmente preocupada por él- le confesó. A Lily le pareció normal; de pequeños habían sido inseparables- a él le encantaría saber lo mucho que ella se preocupa...
-Tú también estás preocupada; se te nota- no pudo evitar decir. Se le notaba mucho.
Edith se encogió de hombros.
-Te hacía olvidar las cosas malas que están pasando...eso es lo mejor que tiene, que siempre saca el lado bueno en todo.
Sonrió. Tenía razón.
Preguntó cuándo era la siguiente reunión del E.M. y ella no supo qué responderle. Para estas cosas, había que preguntarle a su prima o a su hermano. Tras dos suspiros a la par, ambas reanudaron su camino.
Lily Potter ajustó al cuello su bufanda de Gryffindor, y se subió el asa derecho de la mochila. Para un día que podía disfrutar de un mínimo de entretenimiento, y la gente siempre recordándole horrores que acontecían fuera de los muros del colegio. Completamente normal que la gente prefiriera pensar en exámenes.
Al cabo de unos minutos, se detuvo y fijó la vista en una de las esquinas del jardín interior, en la que el sol alumbraba débilmente. Dos muchachos estaban sentados sobre la hierba, mirando atentamente a unos pergaminos interminables. Apuntes de séptimo (de Defensa contra las Artes Oscuras, o Artes Oscuras a secas, aunque ella no podía saberlo). Supuso que eran de esa asignatura porque el profesor Lauven y Asterope no dejaban de machacarlos, incluso después de lo de la inmateria.
Joshua Wracen era el más moreno de los cuerpo era casi cuadrado de tanto ejercicio físico al que era sometido por su dueño. Su aspecto era tosco y rudo. Sin embargo, una sonrisa suya borraba casi de un plumazo toda su apariencia de "chico malo", o como se le quiera llamar. La verdad es que el chico todavía era un misterio para Lily, pero había sido un apoyo para Rose el año pasado, así que ella no podía si no apreciarlo.
El otro, de tez pálida, cabello rubio, y ojos grises y apagados, era más delgado y enjuto, daba la impresión de menos alegre y un poco más triste. Lily suspiró mientras lo miraba, con el rostro apoyado en una de las columnas de piedra del tejado cuadrado que rodeaba aquel jardín. No siempre había sido tan triste, pero parecía que irremediablemente era lo que quedaba. La inmateria no había hecho otra cosa que volverlo más apagado, lo que había despertado en ella un sentimiento que se negaba a mostrar. Como el resto de alumnos estaban obligados a ver las pruebas, Lily había visto un ejército de personas importantes para Scorpius muertas alrededor de él. Había apartado la vista, incapaz de soportar ver al chico quedarse inmóvil, y comenzar a volverse loco, incapaz de realizar un contrahechizo ante tanto horror. Apartando la mirada, había conseguido divisarse junto al cadáver de Grace Wilson.
Había ido a verle cuando fue a ver a Albus también. Se prometieron unos momentos juntos a la semana para olvidarse de todas aquellas cosas terribles que sucedían. Lily lo había propuesto, tomando la iniciativa. Algo le estaba pasando con él.
Scorpius Malfoy.
Casi automáticamente, él levanto la mirada y la vio, y sus miradas conectaron. Ella levantó las cejas, en un extraño ademán de saludo.
Scorpius y Josh intercambiaron acto seguido un acto de diálogo en el que el último puso los ojos en blanco, y acto seguido, ambos se pusieron a recoger sus cosas, mientras la chica los miraba.
Josh saludó a Lily también, dedicándole un gesto de carácter casi teatral. Después, se largó rápidamente por el corredor derecho, en dirección al vestíbulo del colegio. El rubio llegó más lentamente hacia ella, haciendo gala de su característica elegancia, que, por qué no decirlo, en ocasiones molestaba a la gente. Ella se había acostumbrado, aunque ni siquiera se había dado cuenta de ello alguna vez.
-No es que le caigas mal- le dijo en tono confidencial cuando la tuvo a centímetros- Es que yo era su última esperanza para entender la lección de Redfield.
-¿Y Grace?- preguntó ella mientras, con un gesto, lo invitó a caminar al exterior. A ningún lugar en concreto-¿No es la lista del curso?
-Sabes que Rose es la lista de mi curso. Y aunque Grace, al ser su mejor amiga ahora, se supone que está más a su alcance...últimamente está como...desaparecida. Y ausente. Como en su mundo particular...
Lily calló convenientemente. No sería ella la que le dijera dónde estaba. En medio de las estanterías de la biblioteca, acompañada de Albus, escondiéndose a los ojos de todos para poder hablar. Su hermano estaba bastante raro.
-¿Hay algo que quieres que te explique? ¿Pociones, encantamientos? por cierto ¿adónde estamos yendo?
-Ni idea- contestó, con una sonrisa. La primera del día, y eso que eran las cuatro de la tarde- y sí. No entiendo la poción regurgitante de estómago de Badgreen.
-¿Del estómago de Badgreen?
Ambos rieron levemente. Para Lily, la primera risa en meses.
Casi sin darse cuenta estaban llegando a las inmediaciones del lago. Allí, el viento soplaba con más ímpetu, desordenando los mechones plateados de Scorpius. Ambos se detuvieron, y miraron al horizonte durante largos minutos.
Lily suspiró largamente. Se volvió hacia él.
-Mira, ya sé que habíamos quedado para estudiar...o sea, que ambos íbamos a estudiar, pero...
-Pero no te apetece-dijo él. A ella ya le gustaba demasiado el modo en el que le hablaba. Como si tratara de conocerla un poco más a cada frase. Como si pudiera adivinarla. Como si bebiera su personalidad.
-No es que no me apetezca. Pero tengo...
-Otras cosas en la cabeza.
De pronto, cayó en la cuenta.
-Te pasa lo mismo, ¿verdad? bueno, nos pasa lo mismo a todos...
Se encogió de hombros. Su mirada decía algo así como "no pienses en eso ahora"
-Tenemos el mejor día en meses- señaló al cielo- No sé tú, pero yo no quiero pasarlo estudiando.
-Podías haberme avisado antes- protestó ella mientras caminaban para sentarse en las gruesas raíces de un roble- ¿sabes lo que pesa esta cosa llena de...cosas?
Pudo oír la risa burlona de Scorpius. Sonrió también.
Se sentaron a los pies del árbol, con agotamiento reflejado en sus rostros.
Unos segundos después, Lily, intuyendo una atmósfera de incomodidad, alcanzó un extremo de la bufanda de Scorpius, verde, como una hoja de laurel oscurecida. Se fijó en que era mucho más suave que la suya de Gryffindor, y lo comprobó, juntando los tejidos, pensando en sus cosas.
Tardó un largo minuto en darse cuenta de que él la miraba, entre extrañado y curioso.
Lily volvió a sonreír, nerviosa.
-Es suave- sólo dijo.
-Si quieres, te la cambio- comentó, irónico.
-Como quieras- respondió, siguiéndole el juego.
¿Aquello era coquetear? Si lo era, ella, a pesar de tener dieciséis ya lo había hecho antes, sólo que de forma muy diferente. Si era algo más, era el doble de nuevo para ella. Nunca había tenido tan pocas barreras con él antes.
Tampoco se le pasó por alto el detalle de que estaban demasiado cerca. De que si Scorpius quisiera, podría rodear su espalda y atraerla sin esfuerzo hacia su pecho, y, con un poco de suerte, oír el desenfrenado latido de su corazón. Quedar abrazados.
Y después de esos tontos pensamientos, que la hacían quedarse en su propia nebulosa de felicidad durante minutos, llegaba esa sensación de hundimiento en el pecho. Y a eso ya sí que no era capaz de ponerle nombre. Pero la frenaba todo el tiempo: sus gestos, sus palabras, sus acciones...
Las sensaciones del corazón y del centro del pecho subieron rápidamente a su mejilla, librando la misma batalla de siempre, mientras Scorpius le retiraba el pelo de la cara, que estaba quedando muy desordenado por el viento. Su mano era suave, y sus largos dedos entraban en la parte más frondosa del cabello, jugando a peinarlo.
-Me encanta tu pelo...-le soltó, distraído. Ella cerró los ojos. Su error fue volver a abrirlos.
Oh, no. Esa cara otra vez.
Cada vez que Scorpius tenía algún pequeño detalle cariñoso con ella, la miraba con una expresión muy extraña en el rostro. Como si en el fondo, no quisiera ni verla. Eso era. Esa era la sensación del pecho. Desconfianza, tal vez. La incomodidad había ganado otra batalla. ¿No podría haberse estado quieta, sólo para haber soñado unos minutos más?
No entendía para nada lo que sucedía entre ambos.
-Scorpius...-dijo incorporándose y sentándose correctamente, mientras encogía las piernas- tenemos que hablar de una cosa- no pudo evitarlo. Casi le había salido solo.
-Ya, siempre tenemos cosas de las que hablar- contestó con un deje de molestia.
-No, esto no es sobre exámenes, o sobre el E.M...es sobre ti- dijo girándose para mirarle.
Él, que estaba espatarrado sobre el tronco se incorporó, intentando quedar a su altura.
Suspiró. Su rostro volvía a mostrar el miedo que siempre mostraba cuando se mostraba cariñoso de más con ella. ¡Como si la chica fuera a escupirle y a salir corriendo de su lado! Claro que él no sabía que se le notaba tanto...
Pero no era de las chicas que huían, Era de las que se enfrentaban a sus problemas, y ella ya llevaba tiempo sin hacerlo.
-Hemos estado viéndonos...-empezó ella, y se aclaró la garganta con la necesidad de quien lleva días sin hablar. Al ver la expresión de él desvió su mirada hacia el lago, donde varios estudiantes de tercero corrían unos detrás de otros.
-Sí ¿y...?- se vio obligado a preguntar, ya que ella no añadía nada más.
-Pues que tú y yo ni siquiera hablamos casi antes de que empezara este curso, y eso que...
-Que era el novio de Rose- comentó, como quien comenta el tiempo.
Un silencio tenso los recorrió a ambos. Scorpius recordaba y Lily experimentaba sentimientos extraños hacia su prima, Scorpius y a todo aquel que se cruzara por su pensamiento.
-Mira- continuó Lily, perdiendo la paciencia. Se levantó bruscamente, cogió su mochila y con fuerza se la colocó en la espalda- no te entiendo.
Él se incorporó también.
-¿Qué no entiendes?- preguntó, nervioso.
-¡Nada!- soltó.
-No se puede no enterd...
-¡No te entiendo a ti! ¡No te entiendo!-le repitió.
Odiaba esos momentos, porque él se parecía un ser callado y sumiso, porque aquel no era él. ¿Por qué sólo se comportaba así con ella? No se lo merecía. Ella no era mandona, ni creída. Ella era normal. Y si sentía celos de Rose era porque sabía que con ella había sido completamente diferente.
Bueno, tampoco es que a Scorpius le gustara ella.
¿Y si la estaba utilizando en un intento desesperado de recuperarla? no...todo el mundo sabía que Rose Weasley ya no estaba al alcance de nadie. De nadie, excepto del chico delgado de ojos azules y mirada enferma; excepto del chico resucitado que había irrumpido en Hogwarts hacía no mucho: Andrew. Harley.
-A principios de curso- empezó- te acercas a mí y como si tal cosa empiezas a hablarme y a preguntarme cosas, y yo te seguí el juego...no sé por qué te seguí el juego- hablaba deprisa y atropelladamente, trabucándose en las palabras- pero lo hice y después dices "Lily, podríamos ir a volar" "Lily, podríamos ir a estudiar" y todo está genial, pero te haces el bueno y después haces algo y yo pienso "si es que el fondo no quiere pasar tiempo conmigo"...
-Pues no pienses- dijo, nervioso. No era capaz de comprender por qué todo había avanzado muy despacio, y de repente, lo hacía muy deprisa.
Pero para nerviosismo el de ella, que hizo caso omiso a sus palabras.
-¡Y entonces ya no sé qué demonios quieres! primero...-iba a decirlo, pero el orgullo se lo impedía y fue un poco menos específica- haces esas cosas, te comportas como...no sé. Y después parece como si no quisieses estar conmigo en absoluto.
-¡Eso no es cierto!
-Espero que no, porque estoy harta de sentirme culpable porque me toques el pelo porque sé que después vas a poner esa cara de extreñido que...
Scorpius la agarró de los hombros, llamándola desesperadamente.
-Calla- le pidió, en tono conciliador.
-De todas formas, ya he dicho todo lo que tenía que decir. Ahora puedes hablar tú, si te atreves- lo reto.
Scorpius estaba abriendo la boca para decir algo. Lily volvió a hablar. Él se estaba quedando sin ideas sobre qué hacer.
-Y una última cosa- irrumpió- Ya tengo suficientes preocupaciones en la cabeza. Mi mejor amigo está en San Mungo medio muerto, tengo reuniones del E.M, el equipo de Quidditch (dijo, refiriéndose a que intentaban que volvieran a implatarlo), los T.I.M.O.S... y no soy perfecta, no puedo con todo. Así que aunque me guste estar cont...no tengo tiempo para crearme paranoias.
-Me gustas- le soltó, como si tal cosa. Llevaba tanto tiempo queriendo decirlo.
-¿Desde cuándo?- preguntó con rapidez, como si no estuviera dispuesta a...de hecho, no lo había asimilado todavía-¿cómo te gusto?
-¿Cómo? como persona, como amiga, como chica, como jugadora de Quidditch...me gustas más o menos como desde siempre. Como cualquier cosa- añadió.
Bufó. No se puede guardar toda la información en la botella con el tapón puesto, y que después, cuando ella lo retira que toda salga disparada como el champán.
-Y yo era la que no quería estudiar porque según tú, tenía la cabeza en otras cosas...
-Lo siento- dijo él, recuperando su compostura.
Ella hizo un esfuerzo y lo miró. Él...sus amigas ya le habían advertido que Malfoy estaba "colado" por ella. Pero eso era un completo disparate. Siempre se lo había parecido...al menos casi siempre.
Simplemente se parecía a...
-Yo no soy Rose. Ni me parezco a ella...
-¿A qué viene eso?- le preguntó, indignado.
-Crees que soy como ella.
-¡Ella no tiene nada que ver!-gritó- de hecho...ella ya sabía lo que sentía por ti.
¿Lo que sentía por ella? o sea, ¿todo aquello iba en serio? la mente de Lily empezó a bloquearse.
-¿Y quién más "lo sabía"?-murmuró-¿Medio Hogwarts?- dijo, pensando en sus amigas.
-¡Todo el mundo se daba cuenta! Lo sabía incluso Harley. Él fue el que me dijo que tenía que acercarme a ti de alguna manera, porque si no me iba a arrepentir el resto de mi vida. Y dada la situación actual de Hogwarts...quizás no nos quede mucho de eso.
Ella abrió mucho los ojos. Entre el mareo de su cabeza, el latido desbocado de su corazón, y la cantidad de información que estaba almacenando en unos segundos. ¿Arrepentirse el resto de su vida?
Supuso que ya podía admitirlo a gusto: Scorpius Malfoy le gustaba. No entendía como todavía, pero le gustaba. Lo que pasaba era que ya no sabía ni cómo. ¿Arrepentirse el resto de su vida? ¡Si ella apenas acaba de darse cuenta de que se sentía atraída por él!
-Pero...casi no me conoces- soltó en un hilo de voz, completamente noqueada.
-Eso intentaba hacer...y Harley tenía razón. Prefiero vivir el resto de mi vida sabiendo que me rechazas, a mirarte y darme cuenta de que ni siquiera hablamos una sola vez.
Se separaron un poco.
-Pero...no puedes saber si te gusta alguien sólo con mirarla. O con oír hablar de ella. No me conoces bien...-se creó excusas.
-Pues a mí me paso...durante tres años, me pasó.
No podía hablar. Observó inmóvil y entre lágrimas (¿qué lagrimas? ¿Las suyas? de la histeria...el problema era que estaba descargando todo su nerviosismo en eso) como él agarraba su mochila y se disponía a abandonar ese lugar del demonio.
No, no. No, no, no, no, nononononononono. Merlín, ¡que espere!
-¡Pero no te vayas!- le gritó- ¡Scorpius!
Para su sorpresa, se detuvo. Pero no la miró.
Una extraña fuerza la liberó de su entumecimiento y salió disparada hacia él, hasta quedar a un escaso metro. Se preguntó si estaba llorando.
-Yo no...no te he rechazado. No te rechazo. Sólo...no te vayas todavía.
Él no reacciono de ninguna manera. No veía nada más que su espalda y quería verle a él. Llegó a su altura y le cogió de la mano. Su mano no estaba tan fría como antes. Él no rechazó el contacto. Hizo que la mirara, mientras, como pudo, situó la mano en su mejilla, tal como había hecho Scorpius minutos antes. Se miraron. Largamente, mientras ella procuraba explicar con los ojos lo que le era imposible explicar de otra forma.
Lentamente, volvió a enredar los dedos en pelo.
-Está bien- dijo Lily , refiriéndose a su mano. Refiriéndose a ellos- ¿entiendes? está bien...
Sus ojos, grises la examinaron una vez más, empezando a entender un poco que podía estar pensando. Ahora había dado un paso gigante, pero Lily todavía estaba empezando a ordenar sus ideas.
Y al fin y al cabo, respecto a ella siempre había sido muy cuidadoso. El miedo a hacerlo mal se había ido, y ahora sólo estaban dos personas cuyos corazones bombeaban a una velocidad inusual. Sobretodo el de Lily, que no estaba acostumbrada a sentir ese cosquilleo tan extraño.
Scorpius se dio cuenta en ese momento con un aspaviento del espectáculo que había estado montado. Un considerado número de estudiantes miraban hacia ellos, curiosos y atentos al siguiente movimiento.
Carraspeó.
-¿Qué te parece si nos vamos a la biblioteca y te ayudo a entender la poción regurgitante? todos nos miran...y estoy empezando a estar un poco harto de ser el centro de los cotilleos...
-Me parece bien-dijo, mucho más relajada, después de suspirar. Él había entendido su mensaje. Se prometió que pensaría detenidamente sobre ellos. Sobre lo que sentía. Bueno, lo que sentía ya lo sabía. Tenía que pensar en qué grado se acercaba a lo que sentía él.
Pero no le dio demasiado tiempo a pensar. En cuanto hubieron desaparecido a la vista de cualquiera, subiendo por las escaleras que llevaban al patio cubierto, la cogió del brazo y la arrastró sin fuerza hacia el interior de una de las garitas.
-¿A dónde vas?- preguntó, desorientada.
Entonces se encontró contra la pared y besando a Scorpius, despacio y elegante, como él era. Fue como estallar tras mucho tiempo llena. Aquello definitivamente rompía todas las barreras que se quisiera poner. Lo rodeó por el pecho, como si fuera su salvavidas, sin prisa, ya no parecía haberla. Él se sintió eufórico. Llevaba tanto tiempo queriendo hacerlo...por fin toda aquella situación le había dado el valor suficiente. Era como lo había soñado tantas veces. La besaría todo el día. Todos los días. Toda la vida.
Se separaron un poco, para respirar. Él estaba tan ensimismado que no pudo decir nada.
Ella le sonrió, de nuevo, nerviosa.
Rose esperaba a que la puerta se abriera, impaciente e inquieta, como siempre que se encontraba sola. Tocó nerviosa la cinta de su bolsa y miró a los lados.
Finalmente, la puerta se abrió y la señora Pomfrey, que no la vio de primeras, se dispuso a salir de la Enfermería.
-Señora Pomfrey- la llamó.
La señora se asustó, dándose la vuelta.
-¡Weasley! ¿Qué haces sola aquí? No deberías...
-Esto tenía que hacerlo sola. He venido a hablar con usted porque estoy muy preocupada por mi primo Albus.
La enfermera suspiró. Ya habían hablado de eso.
-Mira...hemos hecho varias exploraciones. Aunque lo que dices fuera verdad, no sabríamos cómo quitar lainmateriade su cuerpo si está tan oculta...
-Tiene que ser eso...está muy raro. Demasiado raro.
Y era la verdad. En semanas, el comportamiento de su primo había cambiado para mal. Pero no sabía cómo ayudarle, lo había intentado todo: desde insistirle durante horas que estaba más raro de lo normal, a pedirle a Grace que hablara seriamente con él. Pero cuantos más días pasaban, más distanciados parecían.
-Sus ideas paranoicas hacia Cygnus van en aumento- le confesó un día que estaban en la biblioteca, sin él cerca- ya apenas habla conmigo...-Grace procuraba sonar enfadada, pero un deje de tristeza se le escapaba sin querer, y Rose era lo suficientemente inteligente para notarlo.
-Tranquila, lleva un par de semanas que no habla con nadie... Lily y yo estamos muy preocupadas por él.
Hacía unos días, Albus se había sentado junto a ella en la sala común, poniendo cara de asco.
-Estoy harto de que la gente no pare de mirarme...cómo si yo fuera el único responsable de lo que está pasando.
Rose subió la mirada de sus apuntes, deprisa. Al ya llevaba días diciendo ese tipo de cosas y estaba empezando a volverse extraño. Al principio, Rose lo asoció a la enorme incertidumbre de no saber de su padre: había desaparecido junto con Harley, desde que se desaparecieron del castillo. Si alguien sabía dónde se encontraban, Albus y Rose no sabían nada. "Tranquilos, están a salvo, están bien", les habían dicho McGonnagall y Longbottom, y para Rose, que ya guardaba una enorme carga junto a su tío a espaldas de todos los demás, fue suficiente explicación. Pero quizás para el hijo de Harry Potter no lo era.
-Es normal, tienen miedo...imagina ser alumno de primero en mitad de todo esto. ¿Cómo te defenderías de un Neomortífago sin saber casi de magia?
Él gruñó. Llevaba días sin peinarse apenas, y estaba más ojeroso y miraba hacia los lados, como paranoico.
-Pues si no supiera magia simplemente no me metería en problemas...estoy empezando a hartarme de esta situación, estamos haciendo algo muy mal.
Rose levantó una ceja. Era verdad que la presión de que alguien pudiera intentar matarlos en cualquier momento era enorme, pero la conducta beligerante de Al era excesiva, excesiva para manejar la situación correctamente y excesiva para el comportamiento del chico.
-¿Qué es lo que estamos haciendo mal?
-¿Cuánto tiempo llevamos aquí en el colegio, poniendo nuestras vidas en serio peligro, esperando a que algo ocurra? ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que Ann recupere la memoria? En fin, me voy- se levantó rápido y recogió sus cosas a la misma velocidad- voy a dar una vuelta, a ver si se me aclaran las ideas, o alguien intenta matarme.
-Albus, no...-advirtió ella, pero él no la escuchaba.
Albus salió de la sala común, nervioso. Rose tenía un poco de razón. Por algún motivo, estaba muy irritable todo el tiempo. No quería hablar con nadie, nada le hacía mínimamente feliz, ni siquiera ver a Grace en el Gran Comedor o en las clases conseguía emocionarlo lo más mínimo. En seguida lo asoció a la situación tan estresante que estaban viviendo. Nadie humano sería capaz de aguantar totalmente cuerdo. A no ser que te llamaras Rose, claro.
La voz del falso Lord Voldemort se hacía paso en su cabeza cada poco.
"Siempre débil...a la sombra de todos..."
Gruñó. No le gustaba nada recordar eso. Sacó su capa de invisibilidad y se la echó con prudencia, por si alguien lo veía, mientras caminaba cada vez más despacio y ensimismado.
Y efectivamente fue una buena idea, porque vagando entre pisos y pasillos se topó con una situación que, de repente, parecía haber estado esperando durante mucho tiempo.
Cygnus Mawson estaba cerca de las mazmorras, hablando en un rincón con el profesor Lauven, en voz muy baja. Algo hirvió dentro de Albus y lo alteró, pero luchó por sobreponerse a su rabia y se acercó siguiloso hacia donde estaban, para comprobar sus sospechas.
-No me he implicado en ninguna actividad del C.d.O...es perfecto- intentaba convencer Mawson al profesor- ¿Quién sospecharía de mí? Rose Weasley es inteligente, sí, pero también es muy ingenua. Cualquiera es capaz de ablandarla con un par de buenas palabras. Ya la estoy convenciendo de que puedo resultarle de mucha ayuda...pronto me desvelará el paradero de Ann Anderson. Y el señor del Mal podrá acabar con ella y empezar por fin un gobierno digno de este país.
Albus tuvo el instinto de maldecirlo, cada vez más enfadado. Observó al profesor Lauven, que se tocaba la barbilla disfrutando enormemente con aquel momento. Tuvo ganas de matarlos a los dos. La ira desmedida se extendía en el él como una niebla espesa.
-Todavía no tienes nada real que ofrecernos, Mawson. Sabes que no me acabo de fiar de ti, y Asterope más de lo mismo, o peor. ¿Quieres un consejo? Consigue algo, algo bueno de verdad. Como tú dices, el paradero de Anderson podría ser esa cosa.
-Dadme tan solo unos días, y lo tendréis- aseguró él asintiendo. Luego rió de forma burlona, como si para él fuera un tarea sencilla.
-Y ahora vete a la cama, antes de que alguno de tus compañeros de casa aliados con Weasley y Potter te descubran.
Albus casi no podía pensar, la rabia se alimentaba en él como un perro hambriento. Dejó que el señor Lauven se marchara, y siguió a Mawson unos cuantos minutos, ya con la capa en su mano. No le importaba si lo veía. De hecho, cuando menos se lo esperó y también sorprendiéndose hasta a sí mismo, se desbordó y gritó.
-¡Mawson!
El chico se giró, asustado.
-¡Potter! ¿Qué...
Antes de terminar la frase se interrumpió, al ver cómo Albus enarbolaba beligerante su varita.
-Lo sospechaba, siempre lo he estado sospechando...-comenzó a decir.
Cygnus pareció darse cuenta de lo que ocurría.
-No es lo que piensas...de hecho, Scorpius está esperando a que...
Pero él parecía no escuchar. Albus lo agarró con ferocidad del cuello de la camisa antes de que pudiera reaccinar.
-¡Nos has estado engañando! ¡Todo este tiempo! Ganándote la confianza de todos nosotros...- Cygnus se zafó a duras penas de su agarre- y ahora haces esto...-de pronto, salió de su garganta- ¡Desmaius!
Cygnus lo esquivó de milagro, tan solo lo había preparado para aquello la actitud de Albus y el entrenamiento al que se había sometido aquel último año.
-¡¿Te has vuelto loco?!- chilló el Slytherin- ¡Ellos mataron a Hyssacc!- se aferró a algo que hiciera a Albus entrar en razón, y ya llevaba tiempo sospechando cuál sería su debilidad- ¡Y casi matan a Grace, ¿cómo iba a querer ayudarles ahora?!
-¡Ni la nombres!- Chilló el Gryffindor- no se te ocurra...como le...
Iba a decir que como le hiciese daño lo iba a pagar muy caro, pero algo malo que se movía en su interior en todas direcciones no lo dejó terminar de hablar. El poco resto de sensatez que le quedaba le pedía que se tranquilizara.
-¿Cómo le qué?- Cygnus no se dio cuenta, pero un extraño humo negro llegaba a sus pulmones, un humo leve que había salido del mismo Albus. Se le comenzó a nublar el entendimiento- ¿De verdad, Potter, me estás siguiendo por celos? Aunque tampoco me extraña...
Cygnus intentó desarmarlo, pero el contrincante parecía ser especialmente hábil en aquel momento, esquivó el hechizo sin problemas. Iba a lanzar otro en contraataque, pero no pudo evitar escuchar lo que Cygnus decía.
-Lo que has visto no era más que otra prueba de que estoy con vosotros, si no estuvieras tan preocupado por lo que hago con Grace serías capaz de darte cuenta.
-Sé lo que he oído- se afirmó Albus. La mano que sostenía la varita le temblaba y los ojos estaban rojos del humo.
- Quieres que no esté de vuestra parte a toda costa porque te encantaría correr a decírselo- pensamientos que Cygnus se había guardado para él salían de su boca como deslizándose en mantequilla- no te sientas amenazado por mí- dijo, con falsa buena intención- si hay alguien que puede quitártela es Malfoy. ¡Este verano se acostó con ella! Oí cómo se lo contaba por lo bajo a Wracen en la sala común a principio de curso- soltó con maldad. No era exactamente lo que había escuchado, pero desde luego no se lo estaba inventado.
Albus terminaba de desquiciarse. Nunca había sentido tanta rabia acumulada, que amenazaba con hacerle estallar, literalmente.
-¡Mientes!
-¡¿Qué está ocurriendo?!- bramó una tercera persona, con agobio pero segura de si misma. Le pareció irónico que fuera el propio Scorpius el que apareciera en escena.
Para Albus de repente ya nada tenía que ver con Sameor ni con Ann, ni con Gryffindor ni Slytherin. Ni siquiera tenía que ver con Mawson. Su mente mezclaba invención y realidad. Imaginó a Grace y a Scorpius besándose en una grotesca y sensual imagen, mientras aprovechaban el momento de tomar aire para reírse de él. Del propio Scorpius delante de él, nació una risa malévola. Abrió la boca, y le pareció que su lengua era la de una serpiente.
-Eres un necio, Albus Potter.
-Scorpius- lo llamó Cygnus, urgente. Acababa de darse cuenta de lo que acababa de decir. Era cierto que había escuchado un día hablar a Josh y a Scorpius, pero jamás había planeado usar eso en contra de Albus...supo que algo iba mal, y que por algún motivo que sospechaba que debía de llamarse inmateria, estaban perdiendo el control de ellos mismos- no sé qué le está ocurriendo pero no es bueno. Vete, avisa a...
Supuso que esperaba algo malo de Albus, pero no tanto. Un rayo de luz roja salió disparado, impactando directamente en el pecho de Scorpius, que aun intentaba entender qué hacía el otro chico en la escena: había estado esperando cerca de la Sala Común a Cygnus, básicamente para asegurarse de que volvía en poco tiempo y que no le iba a pasar nada: a aquellas alturas, Scorpius ya estaba implicado en la misma causa que Cygnus y en la misma medida, o casi.
El hechizo desmaius lo lanzó por los aires y lo hizo golpearse de manera bastante desagradable contra el suelo. Cygnus salió de sus casillas.
-¡Expelliarmus!- se sintió triunfante cuando la varita de Albus salió volando grácilmente- ¡¿Qué acabas de hacer, imbécil?!- el chico se doblaba sobre sí mismo, grotescamente. Pero el Slytherin no pudo darse cuenta de que algo iba mal, ya estaba bastante furioso- ¡me estaba ayudando, yo te estoy ayudando, idiota!
Albus golpeó el suelo, gimiendo por lo bajo. Cygnus no tardó en llegar hasta él, preocupado por Scorpius pero furioso con el Gryffindor, y lo agarró del jersey, intentando levantarlo; pero solo pudo verle el rostro, un tanto verduzco. Antes de que dijera nada o le asestara un merecido puñetazo, Albus pronunció una sola palabra.
-Ayu...dame.
Luego vomitó la sustancia. Salió rápido, como un tiro. Albus llevaba ya unos minutos intentando expulsar aquello de su cuerpo, y salió deprisa, tan deprisa como había entrado hacía semanas. Salpicó a Cygnus, que cerró los ojos con disgusto, pero el líquido se evaporo tras unos segundos. El chico observó como el humo se alejaba de ellos, y los sentimientos más agresivos parecían irse con él.
-Esto lo ha hecho la Inmateria...- pronunció, mientras observaba como Albus iba perdiendo la consciencia. Lo sacudió nervioso. No lo odiaba ni de lejos tanto como para que se muriera en sus brazos. De hecho, recobrando la compostura, no deseaba ninguna maldita muerte más.
-¡Scorpius!- Chilló una voz conocida, ansiosa- ¿Josh, qué pasa?- miró más atrás, Wracen estaba allí levantando a Scorpius del suelo. Grace pareció darse cuenta de que Cygnus y otra persona estaban allí y corrió deprisa hacia ellos, con la varita en alto.
-¿Qué...¡Merlín, Albus!- en seguida se agachó a ver qué ocurría, y al escuchar al chico murmurar cosas ininteligibles, más pálido y sudoroso que nunca, fue cuando miró a Cygnus, pidiendo una explicación.
-¿Qué le has hecho?- preguntó, y al chico jamás le había dado tanto miedo. Parecía dispuesta a matarlo si descubría que él era el causante del estado de Albus.
Negó varias veces desesperado, procurando hacerle entender que todo había sido un accidente.
-Es largo de contar y no tenemos tiempo.- observó el collar que Grace llevaba al cuello. Brillaba rojo, incandescente. Estaba a punto de quemarle la camisa, todavía ni se lo había quitado- tenemos que llevarlos a los dos a la enfermería.
-Sé que es difícil, pero sé paciente- le aconsejó Hermione.
A Ann le gustaba mucho la señora Weasley. Había visto muchas cosas de ella en Rose, y además Hermione tenía ese instinto maternal que para Ann era muchasveces fingir que todo estaba bien delante de ella. No recordaba lo que era tener una madre, pero al mismo tiempo, sentía que cierto vacío no lo estaba tanto si ella andaba cerca.
Observó cauta su alrededor. El salón estaba despejado. No había visto a Yem en toda la mañana. Ahora que ya había recuperado por completo sus poderes la presencia del joven Sanador no parecía demasiado necesaria. Aunque a Ann le dolía el enfado de Yem más incluso que estar lejos de Andrew durante tantos días, en parte comprendía porqué Yem no era capaz de reconciliarse con ella.
-Lo intento. A todas horas, lo intento- respiró hondo- debe de ser más difícil para Yem. Siempre atrapado aquí... ¿por qué se comprometió a quedarse?- sacudió la cabeza- por qué el.
-Sigue enfadado- comprendió.
Hermione había venido hasta allí para conseguirle a Ann libros exclusivos de magia muy avanzada. La chica ya había acabado con toda la biblioteca que había estado a su disposición, y viajar y arriesgarse por aumentar las posibilidades de Ann ante un enfrentamiento con Sameor nunca sería en vano. Además, así intentaba tapar otros problemas que tenía, como que Hugo todavía estuviera en San Mungo recuperándose o que la actividad en Hogwarts cada vez se aproximaba más a la de una batalla y Rose parecía ser el pico de toda la pirámide y podía correr todavía más peligro que su hijo menor.
-Yo también lo estaría. Pero también sé que Yem no ha sido del todo sincero conmigo, y no me diga que me equivoco.
Hermione la observó un segundo.
-Con lo inteligente que eres, me extraña que no te hayas dado cuenta de lo que le ocurre a Yem contigo.
Ann no dijo nada.
-Es evidente que está enamorado de ti.
La chica la miró fijamente.
-Es posible que antes de...olvidar, yo le gustara. Pero de ahí a enamorarse...hay algo más, y creo que ya he descubierto lo que es.
Hermione frunció el ceño, pero en aquel momento el señor Thomas entró apresurado en el salón.
-¿Qué ocurre Dean?- preguntó preocupada la señora Weasley.
-Es Yem- dijo, serio y devastado, como si una gran noticia le hubiera caído como una losa- Se ha marchado. No está.
-¿Cómo que no está?
Ann abrió la boca, despacio. De repente, había perdido toda la fuerza.
No lo podía creer. Durante horas, estuvo esperando pacientemente, fuera en el jardín, a ver si Yem se aparecía. Pero pasaron esas horas, y nadie aparecía.
Victoire llegó esa misma tarde. Encontró a Ann sentada en la hierba, ausente. La Weasley tampoco sabía qué había sido de Yem, pero habían comprobado que no se había llevado ninguna de sus cosas, se había ido con lo puesto.
-Ann- la llamó, con la voz temblando. Ted Lupin apareció tras ella. Llevaba el uniforme de los Aurores puesto- acabamos de enterarnos...
-Hemos venido en cuanto hemos podido- completó Ted.
Se giró despacio para mirarlos. No había podido evitar llorar hacía unos minutos, y aun tenía los ojos rojos.
-¿Lo están buscando?
Lupin asintió.
-Sí. Han ido a ver a su padre para ver si estaba allí...pero nada. Hemos buscado también en el piso en el que vivía antes...tampoco.
-¿Y si le ha ocurrido algo?- se temió Ann.
Vic apretó los dientes, nerviosa. No entendía qué había ocurrido. En parte le estaba echando la culpa a Ann, aunque sabía que la responsabilidad solo era de Yem.
-Por favor Ted, déjanos un segundo- le pidió, tomándole del brazo.
El chico las miró, alternativamente.
-Voy a hablar con el señor Thomas...a ver si podemos intentar encontrar alguna pista que haya dejado- dijo, y entró de nuevo en la casa.
-Sé lo que estás pensando. Que es mi culpa- le dijo a Victoire, mientras ella se aproximaba a hablar con ella. Se tocó el cuello, dolorida: llevaba en tensión horas- yo también lo pienso.
A Victoire le avergonzaba que Ann fuera capaz de ver tantas cosas que eran aparentemente invisibles.
Sacudió la cabeza.
-Tienes razón en que pensamos lo mismo- confirmó Vic- ambas tenemos miedo de que le haya ocurrido algo.
-Estaba enfadada por todo lo que me oculta- confesó- y luego él cuando Harley tuvo que marcharse...supongo que hemos roto la confianza que debíamos de conservar.
-Piensa que no es nada fácil haberse quedado tantos meses aquí, encerrado...
-Yo no se lo pedí. Nadie se lo pidió. ¿Tú se lo pediste? Es la única explicación que le puedo...pero ni eso...
-Yo no le pedí nada. Él lo hacía por ti- dijo, aunque sospechaba que no era necesario.
-¿Pero está claro que ya no le merece la pena, verdad?- dijo, a punto de llorar de nuevo. Pero no lo hizo. Para Ann, Yem había sido lo poco que ella tenía en aquel lugar. Harley y Yem habían sido lo único que había impulsado a Ann a, literalmente, perfeccionarse día a día. Y ahora, ninguno de los dos estaban.
-Si no le ocurre nada...si los neomortífagos no lo capturan...volverá, Ann. Estoy segura. Tendremos que cambiar la contraseña del encantamiento fidelio, por si ellos lo han atrapado...pero si él quiere regresar encontrará la manera.
Pasaron dos días enteros. El duelo de Ann no se acaba de completar. Estaba tan sola en su soledad...tan solo los libros de magia avanzada la distraían de echar de menos a Yem, de rezar por volver a abrazarse a Harley, y a Rose...
La gente se aparecía y desaparecía de la casa con mucha frecuencia. Dejó de alterarse por averiguar quiénes eran esas personas, a Harley todavía le quedaban días por volver, y en cuanto a Yem...parecía cada vez más claro que no volvería. Para el tercer día, Ann bajó apenas unos minutos a desayunar y luego subió a su cuarto, a seguir leyendo sobre magia antigua y hechizos ya olvidados.
Pero de pronto, escuchó un grito en el piso de abajo. El señor Thomas.
-¡Merlín...Yem!
Levantó la vista. Su corazón se detuvo unos segundos. Tardó en reaccionar. Para cuando se levantó de un salto de la cama y fue corriendo a las escaleras, el chico ya subía las mismas. Tenía un ojo totalmente morado, una marca amarillenta en la mejilla y el cuello lleno de pequeñas cicatrices rojas.
Ann se quedó petrificada. No pudo correr hacia él, no pudo reprocharle nada, no pudo hacer nada salvo:
-¿Qué te ha pasado?- murmuró, con preocupación.
Yem la miró unos segundos, como si mirara a una luz muy brillante, entre fascinado y frustrado por no poder ver nada más detrás de su expresión.
-Resulta que Harley ya no está muerto para el mundo mágico, pero yo al irme no lo sabía. Fui a hablar con mi padre, le echaba mucho de menos- se lamentó- pero resulta que tuvieron la desgracia de pensar en que si Harley había fingido su muerte, quizás otras de las personas que murieron en la batalla del año pasado tampoco estaban muertas, y tenían los alrededores de la casa vigilados ante magia. Les resultó fácil atraparme tras haberme aparecido- tragó saliva, mientras el rostro de Ann se desencajaba más y más- por suerte en un momento de debilidad mientras descansaban, de camino a ...no sé, supongo que junto a él- dijo refiriéndose a Sameor- conseguí escaparme. Conseguir contactar con alguien de la Orden del Fénix no ha sido nada sencillo, pero por suerte...en fin.
El chico volvió a alzar la vista. Ann mantenía la boca abierta, como con sorpresa, pero sus ojos azules se movían deprisa sobre Yem. Finalmente, habló.
-Te marchaste- dejó caer, como si hubiera tirado una piedra enorme por aquellas escaleras.
-Estaba enfadado. ¡Me habías apartado de ti! ¡Me ocultaste lo de Harley! Me encerré aquí para ayudarte y tú solo me dabas la espalda.
-Tienes razón- admitió ella- y tú tal vez deberías de plantearte qué has hecho para no merecer mi confianza- procuró sonar enfadada, pero las marcas en el rostro del chico no hacían sino despertar en ella otro sentimiento muy diferente.
Yem vaciló.
-¿Estabas enamorado de ella, verdad?
No pudo evitarlo. Se le escapó de la garganta. Su voz se silenció de repente. Tembló.
-¿Otra vez con lo de Victoire? Eso ya pasó, solo es mi mejor amiga- dijo, agotado.
-No estoy hablando de Victoire- y sus ojos azules brillaron más que nunca, empañados por aquella certeza- estoy hablando de la otra Ann. Estabas enamorado de ella- repitió.
Yem se quedó callado. Oyeron ruidos en el piso de abajo. Posiblemente los habían oído hablar pero estaban decidiendo que era momento de interrumpirlos. Ann y Yem se miraban fijamente, sin decir nada; pero ella en seguida notó cómo algo en su interior tiraba de ella, y la llamaba y la llamaba, y pedía entrar. Sabía lo que era. La mente de Yem. Cada vez le estaba costando más cerrarse.
-Para- casi gimió; pero o él había subido escalones o ella los había bajado, porque sin previo aviso se estaban besando. Le resultó extraño y familiar; supuestamente no era su primer beso, pero como si lo fuera. Una dulce calidez mezclado con algo más primitivo. No sabía quién de los dos había empezado aquello. Quizás los dos. La certeza de que Yem no la amaba a ella y de que ella ya lo amaba a él le hizo abandonarse al beso sin ningún reparo: había estado a punto de perderlo para siempre, y había vuelto y la estaba besando. Quizás ella sí podría ser Ann, al fin y al cabo. Sí podría ser la misma.
Unos pensamientos que no eran suyos se metieron en su cabeza, rápidos pero meciéndose al mismo tiempo.
No hagas eso...¿Te sigue asustando?...¿Que puedas prácticamente leer mis pensamientos? Sí, me asusta...Sé que me evitas, pero hay veces que gritas, y no puedo evitar escucharte, y no puedo evitar querer ayudarte. Yo he estado pensando también.
Mira...mira dentro...
Para cuando se separaron, la certeza de que acaba de recordar algo la golpeó como un mazo. Yem se había separado de ella.
-No se preocupe señor Thomas, ya bajo en seguida. Solo estábamos hablando- se giró para mirarla.
El señor Thomas acabó de aparecer en el pie de las escaleras.
-¿Has visto Ann?- dijo, bastante animado. El hombre había acabado teniéndole mucho cariño al muchacho- te dije que volvería.
Pero ella apenas escuchaba lo que decía. Solo podía mirar a Yem, y mirarlo, y mirarlo. Él sin embargo, miraba al suelo como avergonzado.
Su rostro había cambiado. Sus orejas se habían afilado, así como sus ojos, verdes pero mucho más brillantes. Y su nariz...la forma en la que se había aplanado hacía su rostro más animal, pero al mismo tiempo más hermoso.
-Está claro que he interrumpido algo...-no pudo evitar decir, mientras ambos jóvenes aún permanecían callados.
Yem carraspeó.
-No, no- negó- ahora mismo bajo- y así lo hizo, no sin antes volver a echar a Ann una última mirada.
Ella seguía sin saber qué estaba pasando.
Hacía un poco de frío. Llevaba esperando en aquellos pasillos veinticinco minutos de reloj, y aunque aquella sala repleta de ruinas de objetos abandonados resultaba bastante interesante, no podía evitar sentirse muy impaciente. Sabía que Albus quizás tenía problemas para encontrarse allí con ella y eso la descorazonaba, y su personalidad no ayudaba a calmar su voz interna que vaticinaba lo peor. Observó la sala, quemada en la batalla de Hogwarts. No eran más que despojos, apenas habian sobrevivido objetos, supuso que cuando toda vida humana había abandonado esa sala el incendio había desaparecido hasta más deprisa de lo que se habría formado. Aunque si se esforzaba, aun podía oler a carbonizado. Aun así, el invierno le heló un poco la sangre.
O era el miedo.
Finalmente, mientras se detenía a mirar un estante bajo de armas blancas, escuchó unos pasos en la enorme sala. Por precaución se ocultó rauda tras una ancha armadura.
-¡Soy yo!- le dijo Albus.
Grace suspiró. Salió a su encuentro, aliviada de que la espera hubiera terminado.
-¿Por qué has tardado tanto?- preguntó irritada, a modo de saludo, mientras avanzaba hacia él.
-Los "Cagadores del Orden" andan patrullando en este piso. ¿No los has visto?
Se encogió de hombros.
-Han debido llegar justo cuando entrabas.
Recortó la distancia entre ellos y la besó con su característica delicadeza, con el rostro de ella entre sus manos. Grace bebió de ese beso, casi suspirando. Cuando segundos más tarde se separaron, él pudo notar que algo no iba bien.
-¿Ocurre algo? ¿Por qué querías verme?
Ella quería decirlo todo deprisa y por encima, para que doliera menos, pero nada salió por su boca.
-¿Estás bien?-preguntó, y se quedó mirando a su preocupado rostro. No sabía qué haría si no pudiera contar con él.
-No lo sé- dijo, finalmente.
-¿Nos sentamos?- preguntó, mirando alrededor e intentando buscar con la mirada algún sitio donde poder hablar tranquilos.
-No, déjalo- buscó sus manos- solo necesito unos segundos.
Se quedaron en silencio casi un minuto. Luego, ella tomó mucho aire.
-¿Te acuerdas del último día de clase, en el tren?
Albus la miró intensamente. Una energía extraña comenzaba a colarse entre ellos. En ellos. El recuerdo de aquellos besos desesperados que habían hablado por ellos lo ruborizaba y le hacía querer repetir aquel momento a todas horas.
-Claro.
-No te dejé verme- confesó, con cierta vergüenza.
-Y no tenías por qué haberlo hecho- se notaba que intentaba quitarle importancia, sin éxito. Ella se refería a su cicatriz del vientre. Él no sabía como decirle que tan solo rozar con los dedos la piel desnuda de su espalda cuando levantaba su camisa más de la cuenta se volvía loco.
-Nunca me lo has pedido. Ni siquiera en ese momento. Y es eso, no estaba lista.
-Alguien la ha visto- comprendió él.
Ella negó.
-Asterope ha permitido que el equipo entrenara hoy en el campo. Y he tenido que cambiarme. Y como suelo hacer en la habitación me he cambiado sola. No he dejado que nadie me viera. Entonces el imbécil de Kramel ha empezado a hacer bromas y...-se le apagaba la voz- no sé.
-¿Qué ha dicho?- preguntó, enfadado.
Negó varias veces.
-Tonterías...ha insinuado cosas.
La miraba mientras su ceño se fruncía y su respiración se volvía el doble de pesada.
-¿No habrá insinuado que te lo merecías?- su voz sonaba amenazante y pudo notar que sus manos estaban muy tensas, como si quisiera apretarlas en un puño. Pero las de Grace se lo impedían.
-Al, no me importa, es solo otro cerebro lavado por Asterope. No acordarse de lo que ocurrió es estar demasiado ciego, nadie de Slytherin apoyaría esas palabras- por alguna razón el ver a Albus así le dio fuerzas para restarle importancia- lo que quiero decir es...que no sé si quiero seguir dándole tanta importancia a esta cicatriz.
Se miraron de nuevo. Aquella energía aumentaba y aumentaba.
-Bien- solo pudo decir, en voz baja.
-Quiero que me veas- confesó- si tú quieres, claro- continuó, insegura.
Procuró que sus ojos no se abrieran demasiado. La energía pareció ser calor de repente y se sintió muy atontando. Soltó las manos de Grace y asintió, despacio.
-Claro- se sintió estúpido, había perdido la capacidad de articular más de dos palabras seguidas.
Se sintió algo incómodo cuando se deshizo de su capa y de su jersey, despeinándose un poco la melena rubia. No sabia si podía mirarla o si necesitaba su aprobación, pero sus ojos volvían a ella cada vez que intentaba apartarlos.
-Tengo menos frío. ¿Crees que la sala ha cambiado su temperatura? Podía haberlo hecho antes mientras te esperaba...
Se desabotonó la camisa con falsa seguridad, los dedos algo temblorosos. Albus se estaba olvidando de respirar también. Se obligó a desviar la vista del sujetador mientras se la quitaba y miró al vientre, tapado con una fina venda de algodón.
-Pomfrey dice que a partir de esta semana ya no necesitaré más poción, que ya no curará más.
Se destapó despacio y por fin pudo ver ese trozo de piel. Estaba como deshecho, alrededor de marcas de uñas. Sin embargo, no era para tanto. Era prácticamente en el costado y lo que era más importante, no hacía a Grace menos hermosa por fuera y la hacía parecer más fuerte por dentro. Se quedó mirándola mientras reflexionaba sobre ello.
-Bueno, ¿qué tal?- preguntó, impaciente. Aquella sonaba más como la de siempre.
-Bueno- respondió- sinceramente, estoy concentrando todos mis esfuerzos en no mirar un poco más arriba.
Aquello la hizo reír, y se rio también. Cuando se reían juntos era cuando más complicidad sentían.
-Nunca dije que la cicatriz era lo único que podías mirar.
Subió la mirada, hasta llegar a sus ojos.
-Me gusta todo de ti. Creí que lo sabías.
Los ojos de ella brillaron, conmovidos, y en seguida se puso de puntillas para besarlo con ganas. La abrazó abrumado por la calidez y suavidad de su piel, sus manos rozaban con vergüenza su espalda desnuda. No estaban en igualdad de condiciones, a pesar de que se capa de acabar de deslizar sobre sus hombros. Sintió que ella tiraba de su jersey hacia arriba y subió los brazos. Las gafas se le descolocaron cuando se lo deslizó por la cabeza.
Al recolocárselas la miró, y aquel momento de pausa sirvió para mirarla de nuevo, y seguir viendo aquella chispa de duda en sus ojos. Pensó en lo que le había contado antes.
"Realmente ha debido de dolerle lo que han dicho de ella"
-Yo...no sé si puedo aquí. Verás, nunca he llegado tan lejos- confesó, rezando porque no se hubiera puesto colorado.
Contra todos sus pronósticos, Grace sonrió.
-No sé por qué, pero sabía que no pasaría hoy. Piensas que estoy vulnerable, y eres demasiado bueno.
Se miraron fijamente. Ella sabía que tenia razón, si llegaba a mayores con Albus, no queria pensar en nadie más. Por eso quería resolver el asunto de sus cicatrices. Comenzaron a vestirse, no sin cierta decepción en ambos.
-Supongo que quiero estar seguro de que el momento es bueno. Aunque suene cursi- dijo atropelladamente.
-No- dijo Grace, sinceramente.
-Pero no quiero que creas que no quiero...- ahí estuvo convencido de que sí estaba rojo- porque sí que quiero.
-Encontraremos el momento. Tal vez cuando no tengamos que escondernos de todo el mundo para mantener una conversación- pero gracias por esto- dijo ella, finalmente.
Había estado esperando al momento en el que sabía que lo encontraría solo. Durante el día Lily, Rose y los demás no se habían separado de él, pero finalmente habían ido a cenar, dejándolo solo. El chico tampoco pasaría mucho más tiempo en la enfermería. Hasta Scorpius había salido ya, y se encontraba descansando en la cama de su habitación. Su amigo había querido pasar con Albus el mínimo tiempo necesario, y en cierto modo lo veía normal. No porque no le perdonara lo sucedido, sino porque se hacía incómodo.
Abrió con pesadez las puertas de la enfermería. Al fondo del vestíbulo, Albus y la señora Pomfrey hablaban con pesadez sobre algo que no pudo escuchar. Él estaba incorporado en la cama, con los hombros encogidos. Se giró para mirarla cuando Pomfrey se dio cuenta de su presencia.
-Buenas noches- saludó, nerviosa.
-Se ha acabado el tiempo de visitas, Wilson.
Grace parpadeó varias veces. Aunque a última hora, pensaba que llegaba a tiempo. Albus dijo algo que no entendió, y la mujer pareció dudar. Finalmente, comenzó a retirarse.
-Diez minutos- le dijo, cuando la tuvo cerca, con un dedo exigente ondeando delante de su rostro.
La chica respiró hondo. Al acercarse a él, ninguno de los dos fue capaz de mirarse a los ojos. Se quedó de pie, a una distancia calculada de él. Pudo notar que Albus se daba cuenta de aquel recelo.
El chico se veía realmente afectado. Cerró los ojos, todavía sin poder mirarla.
-Supongo que te lo han contado. Lo siento tanto, Grace...
Ella negó varias veces, despacio.
-Cuando le hiciste daño a Scorpius fue la inmateria, no tú.
-Tenía todos esos malos pensamientos en mi cabeza...no sabía qué me estaba sucediendo- intentó justificarse, con un nudo en la garganta- le he pedido perdón a Scorpius mil veces; nunca parecen ser suficientes. Me dijo que lo olvidara, pero no puedo sacármelo de la cabeza.
Grace no pudo mantener esa duda por más tiempo.
-¿Por qué no estabas en la Sala Común? Sabías lo que íbamos a hacer, ¿dudabas de nosotros?
-¡No! La inmateria me hizo olvidarlo, supongo...solo me acuerdo que mis pasos me llevaron hasta allí. Cygnus te lo ha contado ¿no?- volvió a preguntar.
Grace no dijo nada. Sí que se lo había contado, aunque sentía un todo de vergüenza en su compañero que no había identificado nunca antes.
-¿Realmente confías en mí?- volvió a insistir. Se había jurado que no se iba a mostrar enfadada, pero ella sabía que no todo lo había causado la inmateria. Había dudas en Albus antes de estar afectado con magia oscura, ésta solo se aprovechó de ellas.
Tan solo tuvo que soportar dos segundos del silencio del chico para que una maraña de decepción comenzara a tejerse desde su garganta.
-Grace...
-Últimamente no paro de darle vueltas. Creo que no confías. Me mantienes lo más al margen de tus asuntos que puedes, y esto ya lo hemos hablado muchas veces...pero estoy harta. Yo no puedo seguir así. No puedo ver cómo me apartas.
Las frases de la chica lo dejaban cada vez más helado.
-¿No podías...-siguió, dubitativa- merlín, no sé, si te notabas raro...hablarlo conmigo, quizás habría podido ayudarte...yo jamás te habría juzgado. Te he enseñado lo peor de mí- un nudo en la garganta se le formó cuando dijo esa frase. La cicatriz del vientre le picó un poco.
-Es difícil porque no estamos todo el día juntos y como tú dices ya lo hemos hablado, hay razones por las que no podemos ni quiero ponerte en el riesgo de caminar por ahí contigo, como puedes hacer con otros- esto último pareció escapársele de dentro, con veneno. Grace se alarmó.
- Mawson insinuó que te había hecho enfadar hablándote de mí, pero entiendo que en circunstancias normales eso no te habría afectado.
-Siempre va a afectarme cuando se habla de ti- defendió Albus- me dijo cosas...-se armó de valor- me dijo que te habías acostado con Scorpius este verano, y no sé por qué, pero eso fue lo peor...cuando lo vi...tal vez si no lo hubiera dicho, no habría pasado nada de esto, igual lo habría contr
Se interrumpió. Ni todo el dolor que le habría atravesado aquellas semanas fue comparable al que sintió al ver a Grace palidecer repentinamente.
-¿Qué?-solo pude decir, incrédulo.
-Eso no pasó- se defendió, rápidamente.
-¿Entonces por qué te has puesto tan mal de repente?
Ella cerró los ojos y negó varias veces.
-Fue una tontería- soltó, cobarde como raras veces- este verano lo estuve pasando mal, y pensé en..
-Pensaste que las cosas te irían mejor si estuvieras con Scorpius. Es lo que pienso yo también- soltó, amargado.
Ella se sorprendió. No esperaba eso.
-Estuvo mal, solo fueron unos besos- sentía que estaba hiriendo a Albus en un orgullo que ella ya no podía alcanzar- los dos lo sabíamos, no estamos enamorados. No es como contigo, Albus- lo dijo con amor pero también con desesperación.
Grace no podía creer cómo Cygnus sabía eso de ellos. Solo podía haberlo escuchado de parte de Scor, y lo maldijo como nunca, con los puños cerrados. Algo que ni ella le había contado a Josh para no enredar más las cosas, supuso que Scorpius sí que había querido compartirlo con él, en un momento de no demasiada soledad, aparentemente. Y a pesar de su enfado, no podía evitar torturarse con lo que había dicho Albus. Era ella la que había besado a su amigo, buscando un amor más fácil de sobrellevar.
-Así que mientras yo estaba mal...
-¡Yo también estaba mal!- estalló Grace- ¡Estoy mal ahora! ¡No pudiste ni confiarme que sentías que tenías magia negra dentro! ¡Cinco minutos más!- exigió a la señora Pomfrey, que entraba a reprenderla y a echarla de la efermería. La señora dudó, pero finalmente volvió a meterse en su despacho, mientras Albus y ella aprovechaban para envenenarse más todavía.
-Supongo que no hay mucho más que decir entonces- consiguió hablar después de vencer el nudo de su garganta. Grace podría querer a otro, y ese otro era Slytherin, su mejor amigo...había llegado a sentir celos de Mawson, pero con Scorpius...no eran tanto celos, era una demoledora aceptación- me diste una segunda oportunidad cuando empezó el curso, pero sigues pensando que te falta algo que no te puedo dar, aparentemente. Todo lo que he hecho ha sido para protegerte.
-No sabía si estabas vivo o si habías muerto, si estabas en peligro...me pediste que no te escribiera y no lo hice- se defendió- nunca vas a sentir que alguien a quien quieres hace algo que te hace sentir que nunca has sido suficiente.
-Créeme que sí- solo respondió.
Las lágrimas se le agolparon en los ojos.
-Ni siquiera estábamos juntos.
-No estábamos juntos para que no te involucraras...
-¡Es que yo no quiero no involucrarme, Albus! Hubo un tiempo que solo quería escapar del mundo mágico, volver a casa, vivir como una muggle...pero eso se acabó cuando te conocí, ya no me importa. He luchado ya en dos batallas y lucharé las que sean necesarias. He cambiado. Solo quiero que confíes en mí. Y quiero que todo el mundo sepa que estamos juntos. Lo he pensado desde el primer momento- siguió hablando más deprisa aun, al ver que Al se mostraba totalmente disconforme- No tienes motivos para alejarme de ti, si quieren hacerte daño pueden usar a tus primos, a tu hermana...no hay nada que debas hacer que debas hacer solo. Quizás Ann necesite afrontar cosas por sí misma, pero no los demás. No nosotros. Creo que nos necesitamos.
Eso era lo que James había intentado decirle a su hermano muy torpemente el año anterior, durante el ataque a Hogwarts. Que excepto los verdaderos protagonistas, todos los demás eran más fuertes unidos, trabajando todos juntos.
Se miraron de nuevo, largamente.
-Honestamente...no sé si soy capaz de hacer lo que quieres.
Albus intentó tranquilizar su respiración pero no fue capaz. Grace desvió la mirada, sus ojos estaban brillantes e incluso una lágrima rebelde bajaba por su colorada mejilla. Le habían hecho daño sus últimas palabras. Algo se estaba rompiendo entre ellos y ninguno sabía cómo arreglarlo.
-Entonces tal vez deberíamos dejar de hacernos daño- dijo Grace, finalmente- y ver qué es lo queremos de verdad.
Él por desgracia, entendió rápidamente lo que quería decir. Lo estaba dejando.
Se incorporó de la cama y fue a su encuentro, nervioso. No iba a perderla otra vez, ya habían sido suficientes veces, y no podía estar más seguro de que ambos se querían.
Su olor corporal estaba acrecentado por el reposo, y a Grace casi le apeteció demasiado abrazarlo y obviar esa conversación: todavía lo recordaba tendido en el suelo semiinconsciente.
Él lo dijo en voz alta. Jamás lo había dicho.
-Yo te quiero a ti- la tomó de las manos. Siempre habían encajado tan bien...
Una parte de Grace pareció derretirse. Él estaba siendo muy sincero. Ojalá pudieran obviar todo lo que sucedía alrededor de ellos, e ignorar también las actitudes de ambos respecto a ellas, pero no podían. Claro que no.
-Yo también te quiero- por una vez, no le resultó difícil admitirlo. Ahora que ya parecía importar poco, el sentimiento brotaba de ella, natural como latir o respirar- pero si hay algo que tengo claro desde siempre es que ni el amor ni las palabras son suficiente- separó sus manos y se sintió vacía, realmente vacía. Recogió su bolsa y comenzó a irse de aquel lugar, posiblemente lloraría al salir de allí, donde nadie la viera.
Albus no podía decir nada más, estaba mudo, dolido, desesperanzado. La inmateria no había hecho sino precipitar algo que ya se había visto venir desde hacía meses. No sabía qué hacer, no al menos sin reflexionar mucho antes.
Grace se detuvo un momento, antes de irse. De pronto se acordó de sus padres. Ambos habían jurado que se querían. Pero nunca ninguno había dado el 100% por el otro, y eso había acabado por separarlos. Se juró, hacía años, que no iba a cometer los mismos errores, especialmente los de su madre, pero se estaba viendo en la misma situación que ellos. Por lo menos no había sido demasiado tarde para ella, por lo menos no le habían arruinado la vida a alguien más. Siguió caminando, impulsada por su nuevo descubrimiento.
No escuchó nada a sus espaldas.
