Es el mismo, pero no es igual

Cuando Jayce logró llegar al cenit del lugar, se encontró con el mago que por tanto tiempo había anhelado, como un náufrago que encuentra por fin una orilla, corrió hacia él y lo abrazó.

— ¡Perdóname! — le gritó abrazándolo y dejándose caer, haciendo que, por su peso, ambos terminaran de rodillas— ¡No pude salvarte!

Viktor se dejó abrazar, los abrazos de Jayce siempre lo tomaban desprevenido, no obstante, no fue así en esta ocasión, en esta ocasión, él aceptó el gesto como algo esperado, como algo dentro del plan.

Jayce temblaba y lloraba mientras apretaba fuertemente a Viktor, quien lo dejó permanecer así unos minutos hasta que se calmara un poco. Cuando la respiración de Jayce pareció más acompasada, se alejó un poco.

Viktor le dedicó una mirada melancólica y una sonrisa que a Jayce le trajo nostalgia. Jayce tenía muchas preguntas.

— Jayce… — inició — A diferencia de otros tú, tú perdiste al yo de tu mundo de una forma en la que no pudiste recuperarlo…

Jayce apretó los ojos y los dientes, el solo oírlo era muy doloroso, la mirada feral que tenía enfocó de nueva cuenta a Viktor.

— Perdóname, perdóname, perdóname… tú me salvaste y yo nunca pude hacer lo mismo contigo — continuó disculpándose, aun de rodillas, volviendo a abrazarlo.

— Jayce…hay algo que debo preguntarte — inició Viktor.

— Lo que quieras — dijo, sin querer despegarse, disfrutando ese abrazo y temiendo, temiendo que todo fuera un sueño que, como una burbuja de jabón, explotaría si se movía bruscamente.

— Es algo que debes elegir. Tengo dos opciones para ti… la primera es que puedo hacerte volver a tu mundo, solo debes asegurarte de destruir el núcleo hex…nadie debe tener la posibilidad de acceder a él…

Jayce sintió que se le estrujaba el corazón. El núcleo hex era lo último que le quedaba de Viktor, podía pasar horas mirándolo y a veces creía que podía ver y hablar con Viktor…no podía destruirlo. No se atrevería…

— ¿Y la otra opción?

Viktor suspiró.

— Hay…un yo…de otro mundo distinto al tuyo…un yo al que puedes salvar…al que puedes hacer entrar en razón…al que puedes ayudar…

— ¿Qué?

El moreno estaba impactado y se alejó un poco para verlo a los ojos. ¿Había un Viktor al que podría ayudar? Pero luego se preguntó algo que no pudo evitar decir en voz alta.

— ¿Qué ocurrió con el yo de ese mundo? ¿Dónde está el Jayce de ese mundo para ayudarlo? ¡¿Por qué incluso en otros mundos no estoy para salvarte?!

El mago suspiró de nuevo.

— Tranquilo, Jayce— dijo colocando su mano en la mejilla de aquel rostro tan anhelado y tan maltrecho.

Jayce se apegó a ese tacto, como lo más valioso del mundo. Desde la muerte de su Viktor, no había sido el mismo, definitivamente no comía, no dormía, no era feliz de ninguna manera, nada lo hacía feliz.

— Así como tú no lograste llegar a tiempo para evitar que el yo de tu mundo saltara y se suicidara…el yo de ese otro mundo, no llegó a tiempo cuando tu saltaste.

Nuevamente, Jayce sintió como si le estrujaran el corazón, en un mundo, ¿Viktor no había llegado a tiempo a salvarlo? ¡¿Qué rayos significaba eso?! Ese mundo y su mundo, ¡todo estaba mal en ambos!

— Él está sufriendo desde entonces. Él no está bien… No es la misma persona que conociste…es un Viktor totalmente diferente.

— Como tú…

— Sí y no.

Jayce lo miró intrigado, quería entender a qué se refería, entonces, el mago explicó:

— Ciertamente, yo soy un Viktor totalmente diferente del que conociste, pero este otro Viktor y yo, no somos para nada iguales.

— No puedo reemplazar a Viktor — dijo Jayce.

El mago asintió.

— Entonces, eliges volver a tu mundo ¿cierto? — dijo levantando su mano para convocar la magia arcana.

— ¡No! — estiró su mano haciéndole señal de que se detuviera.

El arcano se detuvo y lo observó curioso.

— Déjame terminar, por favor — Jayce rio suavemente— Ese lado tuyo está intacto, Viktor, siempre tienes prisa.

Viktor bufó y disfrutó ser llamado por su nombre. Hacia tanto que nadie lo llamaba así, los otros Jayce tampoco lo habían llamado por su nombre, cada uno, iba enfocado en volver con su Viktor y solo lo llamaban "tú". Escuchar su nombre con la voz de Jayce se había vuelto un placer exótico que pensó, era imposible de conseguir otra vez.

— Ni teniendo todo el tiempo del mundo, aprendí lo que es la paciencia cuando se trata de ti — reveló con una sonrisa tenue.

— No puedo reemplazar a mi Viktor, pero salvaré a ese otro.

— Debo advertirte varias cosas. La primera es que, tal vez, no podrás volver a tu mundo si decides ir con él…

Jayce asintió decidido, no le importó dejar a nadie atrás, le dolía sí, pero él haría lo que fuera por Viktor.

— ¿Y la segunda?

El mago rio suavemente, Jayce siempre era impulsivo cuando se trataba de él.

— Perderte lo volvió…diferente… no será algo fácil…incluso puede ser que tú ya no…

Jayce lo interrumpió.

— No fallaré.

La magia arcana se activó y envolvió a Jayce creando siluetas de él mismo que salían y se reventaban, logrando que su cuerpo pareciera consumido y desapareciera de la vista del arcano.