A la mañana siguiente ocurre todo lo peor que puede ocurrir.

Tengo resaca.

Edward tiene resaca.

Está lloviendo.

Me viene la regla.

-Dios qué coño llevaban esas latas- se queja aun con los ojos cerrados, tocándose la cabeza y sin levantarse de la cama.

-Veneno- digo saliendo del baño tras colocarme un tampón y tomarme un ibuprofeno.

Edward abre los ojos y me observa detenidamente como vuelvo a la cama.

-Hace mucho que no veía estas- comenta girándose hacia mí y tocándome las bragas.

-Ya…- digo cogiendo el móvil de la mesilla.

-O sea que tienes la regla- adivina.

Toda chica tiene en su cajón las bragas que solo usa cuando tiene la regla. En mi caso son unas bragas simples de algodón color granate y de cintura alta que tuvieron su mejor momento hace varios años.

Edward ya sabe lo que significa que las lleve puestas.

-Sí- respondo seria.

-Vale, no te enfades. Esas hormonas…- se queja.

Nos quedamos en silencio mientras reviso los whatsapps abriéndolos sin molestarme en leerlos.

-¿Cada cuánto te viene la regla?

-No lo sé Edward, cuando quiere- respondo seca sin levantar la vista de la pantalla.

-Oye ¿es una de esas reglas donde el primer día odias a todo el mundo?

Levanto la vista del teléfono para posarla en él.

Hoy no tiene su mejor cara pero supongo que la mía tampoco lo es.

-Es una de esas reglas sí- adivina suspirando levantándose de la cama y metiéndose al baño.

Está ahí un buen rato porque cuando sale yo ya he visto bastantes historias de Instagram.

-He hecho cálculos y no has tenido la regla desde que llegaste a Ibiza hace mes y medio. Estamos a 5 de agosto y no has sangrado ni una vez desde el 21 de junio, ¿eso es normal?

No me siento con paciencia de explicarle nada ahora mismo pero veo en su cara que lo dice preocupado por mí y soy capaz de mantener a raya mi genio y responderle bien.

-Mis reglas están cada vez más descontroladas. También he tenido unos meses de cambio de rutina constantes y eso no ayuda. No me encuentro mal y no noto nada raro, he leído que si no se retrasa más de 45 días entra dentro de lo normal- acoto.

-¿Cuándo te tendría que haber venido?

-El 19 de julio- respondo.

-¡Casi un mes de retraso!- dice subiendo la voz.

-No grites- le regaño.

-¿Y si te hubieras quedado embarazada? ¿Cuándo nos enteraríamos?

Me río y eso le enfada.

-No me parece poco serio como para reírse- expresa frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.

-No puedo quedarme embarazada, tengo un DIU- le recuerdo.

-Tampoco nos enteraríamos si el DIU falla.

-Edward el DIU funciona te lo puedo asegurar. Con la frecuencia con la que lo hacemos si no funcionase ya me habría quedado embarazada un par de veces en estos casi dos años que llevamos juntos. Relájate, todo está bien.

-No está bien. Que la regla te venga cada mes es la confirmación de que el DIU funciona, si la regla te viene cada dos meses cuando nos enteremos de que estás embarazada puedes estar ya de muchos meses.

Me río y camino hasta él.

-Hablas como si buscásemos embarazo.

-No, todo lo contrario, no quiero bebés ahora mismo pero tampoco quiero sorpresas. Quiero que la regla te venga normal, como antes. También yo soy gilipollas por no darme cuenta. ¿Cómo he podido pasar por alto que no has tenido la regla en todo el verano cuando estamos juntos todo el día?

-Edward yo tampoco llevaba la cuenta, no te fustigues.

-Ve al médico. Que te hagan análisis.

-No puedo ir al médico ahora con la que está cayendo porque mi ciclo se haya modificado y la regla me venga cada 50 días en vez de cada 30. Confía en mí por favor.

-¿Y si es otra cosa? ¿Y si te pasa algo y por eso la regla te ha cambiado?

Suspiro.

-No te asustes cariño, no estoy mala, no me pasa nada. Vamos a esperar a la siguiente regla, ahora mismo estoy teniendo una rutina más o menos estable, no estoy estresada en el trabajo, he acabado el máster, no viajo con frecuencia y hago todas las comidas del día todos los días. Si veo que la regla continúa a su bola iré al médico pero si vuelve a la normalidad todo estará bien.

Me pongo de puntillas y le doy un beso casto.

-Una regla más y es todo el margen que te doy.

-Vaaaleee- acepto riendo volviendo a la cama.

Edward baja a tomarse un ibuprofeno y a preparar café.

Luego me sube una taza y desayunamos juntos viendo llover por la ventana.

-David sigue roncando.

-Son las 10 nada más, habiendo bebido tal vez no se levante hasta las 12.

Edward suspira contra mi hombro.

-¿Qué quieres hacer hoy?- pregunta.

-Nada. Quedarme en casa.

-¿Con Netflix?

Asiento.

-Pero hay que ir a la compra- le digo.

-Fuimos antes de ayer- me recuerda.

-Pero no compré tampones y me he olvidado la copa en Barcelona. También quiero reponer ibuprofenos, solo quedan cinco.

Asiente contra mi espalda.

-Está lloviendo con fuerza- aprecio al sentir las gotas de lluvia caer rápidamente contra la ventana.

-Siempre hay algún día en Ibiza en verano que llueve con mucha fuerza y las calles se inundan. Tiene pinta de que este año va a ser hoy.

Nos volvemos a quedar en silencio y luego siento sus dedos en mi abdomen bajo.

-¿Te duele?

-Un poco- respondo- ya me he tomado un ibuprofeno, hará efecto en un rato.

-Está dura- dice presionando ligeramente.

-Es mi útero poniéndose fit- me río.

Él se une a mi risa y besa mi espalda.

-Ve a ducharte, cuando David se despierte nos iremos a Santa Eularia a comprar- le digo girándome a mirarle.

-Tú mandas.

Vuelve al baño y luego escucho el sonido del agua de la ducha caer.

Invadida por la pereza me levanto de la cama y abro la ventana que da al otro lado de la villa y donde el agua no golpea. Puedo sentir el olor de la cerveza impregnado en el ambiente. Quito las sábanas pese a llevar solo dos días puestas y bajo con ellas a la cocina donde se encuentra la lavadora.

Cuando Edward sale del baño recién duchado yo ya he hecho la cama con sábanas nuevas.

-Baño libre- me indica sentándose en la cama con la toalla en las caderas.

-Voy- digo metiéndome rápidamente en la ducha.

Tengo el pelo fatal pero está lloviendo y no me apetece lavármele para que se me ponga igual o peor nada más poner un pie en la calle. Así que tras la ducha me aplico champú en seco y me maquillo levemente.

Elijo un conjunto deportivo de shorts y top color verde oliva junto a deportivas blancas de running.

Edward está viendo la tele mientras está con el móvil.

-¿Algo interesante?

-No entiendo mucho pero dicen que lloverá durante todo el día de hoy.

Pongo atención a lo que dice el hombre del tiempo y evidentemente, una borrasca está atravesando la isla y dejará lluvias. Recomiendan no ir a las playas y evitar salir de casa si no es imprescindible.

Son casi las 12:30 y David sigue dormido.

Las farmacias en Santa Eularia cierran a las 14:00 y no abren hasta las 17:00 así que aunque Edward no quiere me voy yo sola conduciendo bajo la lluvia.

Hace mucho que no cojo el coche, normalmente lo lleva Edward, y es una agradable sensación conducir de nuevo.

La lluvia es mucho más fuerte en San Carlos que en Santa Eularia.

He revisado algunas cosas que nos hacen falta además de ibuprofeno y tampones, así que voy a la farmacia, a Mercadona y luego a una pequeña tienda local donde venden algunos productos a los que nos hemos hecho adictos y que no encuentras en el supermercado como sobrasada, ensaimada de la isla vecina, mermelada de higos de la isla y las patatas que ayer se comió David de la marca Sal de Ibiza que saben a trufa.

Cuando vuelvo al coche me entra una llamada de Edward por bluetooth.

-¿Qué pasa?

-¿Cuándo vienes?- pregunta serio.

Me río.

-Estoy en el parking para salir ya ¿por?

-Son casi las tres de la tarde Bells y te has ido a la una.

-Es que he ido a un par de tiendas. ¿David?

-Se ha ido hace una hora. ¿Entonces voy haciendo la comida?

-Sí, papá- le respondo quitando el freno de mano del coche.

-¿Qué tal las carreteras? En la tele lo ponen fatal, San Antonio debe estar ya inundado.

-No están mal. Peor en San Carlos que en Santa Eularia.

-Conduce con cuidado y vente pronto.

-¿Me echas de menos?

-Obvio, es la primera vez que te pierdo la pista en semanas- se ríe.

-Voy ya, te quiero.

-Yo también, hasta ahora nena.

He venido muchas veces a este supermercado a comprar pero como siempre trae el coche Edward y yo voy distraída con el móvil no me sé el camino.

Me paso la salida y tomo otra diferente en la rotonda.

Cuando llevo conduciendo cuarto de hora y no llego a San Carlos paro en el pequeño arcén a mirar el mapa del GPS y veo que voy camino de Santa Gertrudis. En dirección opuesta.

Genial.

Aun con la incesante lluvia decido dar la vuelta en medio de la carretera maniobrando y volver a Santa Eularia. Los limpiaparabrisas del coche funcionan a toda velocidad pero aún así la visibilidad es reducida así que tengo que bajar mucho la velocidad, conducir a 30km por hora. Dos kilómetros antes de llegar a la rotonda de Santa Eularia me encuentro una retención y me veo en la obligación de parar.

Al parecer dos coches han colisionado por alcance y al ser una carretera secundaria tan solo queda libre un carril para circular lo que ha ido creando una hilera de coches.

Casi son las cuatro cuando llego a San Carlos y me aseguro de tomar la salida adecuada hacia el valle del Morna que es donde se sitúa la villa.

Por aquí parece que lo peor de la tormenta ya ha pasado y puedo bajar la velocidad de los limpias.

Lo malo es que el camino hasta casa está tan embarrado que el coche se queda atascado a la mitad.

-¡Mierda!- digo golpeando el volante enfadada y frustrada.

Salgo del coche, cojo la compra y me aseguro de cerrar antes de continuar cargada con las bolsas camino arriba llenándome de barro y mojándome. Si bien la lluvia ha aflojado aun sigue cayendo.

No tengo llaves así que llamo al timbre como hizo ayer David.

Edward abre la puerta con el ceño fruncido.

-¡Joder estaba a punto de salir a buscarte! ¿Dónde coño te has metido? Son las 16:30- me regaña.

-Oye que no ha sido por gusto- le digo entrando al jardín y caminando hasta la casa.

Me quito las zapatillas llenas de barro antes de entrar y dejo las bolsas en la cocina.

-¿Dónde está el coche? ¿Por qué vienes andando?- pregunta caminando tras de mí.

Le explico enfadada todo lo que me ha pasado y termino contándole que el coche está a menos de un kilómetro subiendo el sendero.

-¿Estás bien?

-Necesito una ducha pero sí- respondo terminando de guardar la compra.

-Siento haberte gritado pero deberías haberme avisado. Un whatsapp al menos.

-No sé dónde tengo el móvil- digo palpándome los bolsillos.

-Estaba preocupado porque tardabas demasiado y todas las imágenes de la tele eran de calles inundadas y riadas por Ibiza ciudad- explica.

-Lo entiendo. ¿Crees que podremos recuperar el coche?

-Sí nena, yo me encargo de eso. Dame las llaves- le lanzo las llaves mientras veo como sale de casa y luego del jardín.

Me doy una ducha, esta vez pelo incluido y cuando salgo el coche está en la puerta y Edward está limpiando el barro de nuestras deportivas.

-¿Tienes hambre?

-Me muero de hambre- digo sentándome en la isla de la cocina.

Edward me sirve un plato de arroz blanco junto a una tortilla francesa.

-¿Tú has comido?- le pregunto.

-Un poco pero no tengo hambre. Por cierto, estaba en el maletero junto a esta bolsa de la compra- me dice dándome mi teléfono.

-Joder soy un desastre- me regaño a mí misma golpeándome la frente.

-Vas a matarme de la preocupación, eso sí.

-No sabes cuantos coches había retenidos, increíble, y eso que era para entrar a Santa Eularia, no me quiero ni imaginar para entrar a Ibiza. Pero estoy bien.

-Y menos mal- dice tocándome la nariz y besándome la frente- no quería que fueras sola.

-No querías perderme de vista.

-Además de eso sí- acepta.

Un pitido nos interrumpe. La lavadora.

-¿Has puesto ya la lavadora?- pregunto.

-Sí, en cuanto las sábanas de David han estado disponibles- se ríe caminando hasta el electrodoméstico- sabes que soy quisquilloso con cómo lavar la ropa.

-Quisquilloso no, simplemente te encanta bañarlas en suavizante- me río.

-Y plancharlas- me recuerda sacando la ropa del tambor.

Me río y me giro para seguir comiendo.

Hay algunas manías de Edward con las que es mejor dejarle y que lo haga a su manera.

Termino de comer y meto el plato al lavavajillas.

El móvil de Edward suena varias veces con la notificación de whatsapp y lo cojo para mirarlo.

-David ha hecho un grupo con Yann para ver qué día vamos a cenar a Ushuaïa- le digo acercándome a él mientras pone la secadora.

Coge su móvil de mis manos y lee los mensajes por sí mismo.

-Nunca. Si ya no queda nada de verano, qué más los da- expresa devolviéndome el teléfono.

-Simplemente quieren que os juntéis.

Edward me mira como buscando en mi cara una excusa para no ir.

-Bien, vale, diré que la semana que viene- acepta de mala gana.

Pasamos el resto de la tarde metidos en casa mientras fuera cae lluvia de forma fina y por primera vez en meses me veo en la obligación de usar una sudadera.

A eso de las tres de la madrugada me despierto por la incesante entrada de whatsapps en mi teléfono. Está en silencio pero la vibración me ha despertado.

Desde que hice terapia online con un psicólogo, las pesadillas se habían ido y podía dormir del tirón de nuevo así que no me hacía gracia que me despertasen a mitad de la noche.

Edward está dormido a mi lado.

Tengo una de mis piernas entre las suyas y necesito liberarla para girarme a coger el móvil de la mesilla.

Lo desbloqueo con solo un ojo abierto molesta por la luminosidad de la pantalla y todos los whatsapps son del grupo de Ibiza 2019 que usábamos el verano pasado.

Hay casi 100 mensajes y la mayoría son felicitaciones.

Subo al primer mensaje nuevo del grupo y veo una foto de un pie de bebé mandada por Garret.

-¡Vaya!- expreso emocionada.

Los ojos se me aguan mientras paso a la siguiente foto donde se ve la cara de la bebé recién nacida.

-¡Edward!- le despierto suavemente.

Muevo su cuerpo con mi mano y sus ojos se abren lentamente.

-¿Qué pasa?- pregunta con voz rasgada.

-Ha nacido la hija de Garret y Giselle- le digo enseñándole el móvil.

Se incorpora en la cama lentamente y coge el teléfono para ver la foto de la niña.

Sonríe.

-Es guapa- comenta.

-Es preciosa- le digo mirando también la foto- Garret es padre- le recuerdo riendo emocionada.

Edward se ríe de mi entusiasmo.

-Deberías llamarle- le digo poniéndome un poco seria.

-Lo haré, pero por la mañana.

-No Edward, ahora. Cuando aquí sea por la mañana allí será de madrugada.

Él suspira.

-¡Venga vamos! Yo también me pondré- le digo.

Obligado por mí coge su teléfono, lo desbloquea y busca a Garret en la agenda.

Al otro lado de la línea Garret responde eufórico.

Ponemos el altavoz y ambos le damos la enhorabuena.

Giselle está descansando después de un largo parto.

La niña pesa tres kilos con algo y aún no se han decidido por el nombre.

También nos pregunta por nosotros pero el tema rápidamente vuelve a su reciente paternidad.

Nadie dice nada sobre cuando la conoceremos porque ahora mismo es imposible viajar a Los Angeles.

Cuando la llamada termina Edward se queda sentado en la cama pensativo.

-¿Qué ocurre?- le pregunto tocándole el pelo.

-Solo pensaba en que Garret es padre, tiene una hija y se siente raro. Es como que ya no estamos en el mismo escalón por primera vez en años.

-Acostúmbrate. Él no va a dejar de ser tu amigo pero sí, se acabó lo de que tú seas su prioridad número uno.

-Ahora mismo me da igual pero si alguna vez el mundo vuelve a ser como era antes no sé cómo vamos a hacerlo. Mi manager es padre y eso cambia todo.

Me encojo de hombros mirándole.

-Encontraréis una solución.

-Tengo varias posibles soluciones pero no dependen de mí- me dice mirándome serio.

-No pienses en ello ahora. Sabrás como cruzar ese puente cuando llegues a él. ¿Dormimos?

Asiente antes de volver a tumbarse en la cama y pasar un brazo por mi cintura.

Tras ese día el sol volvió a salir en la isla.

Volvió a ser verano y solo estábamos nosotros dos sin mayor preocupación que estar juntos y disfrutar de la isla.

Una tarde disfrutando del sol en el jardín escuchamos el teléfono sonar dentro de casa.

-Responde- le digo a Edward girándome en la hamaca y poniéndome boca abajo.

-Luego devuelvo la llamada, no será urgente- me dice sin levantarse de la hamaca que está a mi lado.

Apoyo mi cabeza sobre mis brazos para poder mirarle.

Es la imagen de la paz y la tranquilidad.

Completamente desnudo tumbado despreocupadamente con los brazos y las piernas separadas, mostrando sus tatuajes que contrastan contra su piel bronceada y su pelo casi rubio después de dos meses al sol. Por supuesto hay una lata de refresco en el suelo, cerca de su mano.

No se escucha nada salvo el sonido de la brisa moviendo los pinos que colindan nuestra villa y las chicharras.

Vuelvo a relajarme sintiendo el calor del sol penetrando mi piel desnuda otorgándome un bronceado que no tenía desde ese primer verano en Ibiza.

Mi pelo también se ha aclarado y tengo una trenza de hilo que me hice el otro día en Las Dalias dándome un aspecto más hippy.

El móvil de Edward vuelve a sonar.

Me río y le obligo a ir a por él.

Con fastidio se levanta de la hamaca quitándose las gafas de sol y dándome un cachete en el culo antes de entrar a la villa.

Me toco la zona que pica un poco mientras me río y me vuelvo a relajar en la hamaca.

Cuando me vuelvo a girar exponiendo mis pechos al sol, Edward sigue sin volver.

Frunzo el ceño y me pongo en pie para caminar descalza hacia el interior.

Oigo su voz en la parte de arriba de la casa, me guío por ella y me quedo en la puerta de la habitación infantil escuchando como una espía.

Esta habitación se ha convertido en el estudio improvisado de Edward. No hace uso de ella tanto como antes pero cuando le apetece trabajar se mete aquí donde está su portátil y una mesa de mezclas más grande que la del salón.

-¿Y cuándo sería?- le oigo pronunciar al tiempo que suenan las teclas del ordenador- ufff es muy poco tiempo de antelación, ni si quiera tengo los billetes de avión- pausa mientras escucha lo que dicen al otro lado de la línea- la verdad no estoy muy seguro. Además supongo que habría que coger dos aviones, hacer transbordo y pasar ¿cuántos días allí?- vuelve a dejar de hablar escuchando al otro lado- o sea entre viajes, cuarentena, PCR negativa y el show prácticamente son 10 días fuera de casa en el mejor de los casos- deja de hablar- ya Garret pero es que yo ahora vivo en Ibiza con Bella, no en Los Ángeles. Claro que quiero volver a trabajar y volver a los escenarios pero no a toda costa- para de nuevo- no asegures nada, voy a pensarlo, a hablarlo con ella primero y luego vemos si confirmo mi asistencia o no. Es que ni si quiera es Europa, es viajar hasta China que no me entusiasma demasiado la verdad. No sé, te llamo luego y te doy una respuesta. Adiós.

Oigo a Edward suspirar y mover la silla para sentarse.

Camino sigilosamente hasta nuestra habitación y me visto con un vestido corto blanco.

Si no me equivoco Garret le ha llamado para ofrecerle un show en China en unas semanas.

Debería estar feliz de sentir que poco a poco volvemos a la normalidad pero mi estómago está revuelto y yo me siento nerviosa de solo pensar que Edward se va a ir.

No quiero que se vaya.

No quiero volver a separarnos.

.

.

.

¡Hola!

No, no hay embarazo. Sinceramente aún no he decidido si serán padres algún día o no.

Edward preocupado porque ha perdido de vista a Bella más de una hora es todo lo que está bien jaja y ahora ¿cómo van a hacerlo si Edward se tiene que ir a China a trabajar? La vida real tiene que ir volviendo poco a poco.

Deseando leer qué os ha parecido el capítulo. Como siempre review = adelanto.

¡Nos leemos!