La boda de David comenzó un viernes por la noche con una cena solo para amigos cercanos, o sea 40 personas.
Había alquilado una villa para la ceremonia y aquí iba a tener lugar todo el enlace.
Nosotros llegamos un poco antes de las ocho porque David quería presentarnos a su novia.
Le habíamos cotilleado en Instagram pero no habíamos hablado con ella nunca.
Saludamos a David y le dimos la enhorabuena para seguidamente conocer a Madeleine.
-Edward y Bella- adivina sonriente nada más vernos.
Los cuatro nos reímos y nos presentamos formalmente.
Es rubia, delgada y un poco más bajita que yo.
Lleva un vestido rojo con un lazo a juego en el pelo.
Lo poco que podemos hablar con ella nos hace ver que es simpática pero que se siente abrumada por conocer a tanta gente.
David no se separa de ella con una mano en su espalda baja.
-Es muy mona- le digo caminando de la mano con Edward hasta la mesa donde sirven copas de champán.
-Parece muy buena chica, nada que ver con Jessica- concuerda conmigo.
-No la nombres aquí- le pido- a mí no me gustaría que nadie me comparase con tu ex la noche antes de nuestra boda.
Edward sonríe y me besa.
-A mí tampoco.
Ambos estamos un poco apartados riéndonos y compartiendo anécdotas de bodas anteriores a las que hemos ido cuando somos interrumpidos por una pareja de conocidos.
-¡Armin!- saluda Edward golpeándole la espalda.
En su lugar yo saludo primero a su mujer Erikka.
Llevamos mucho sin vernos y estamos contentos de hacerlo por fin.
La tranquilidad no dura mucho tiempo porque al rato llega Martin Garrix con su nueva novia, Hardwell, Tiësto con su ahora mujer que está embarazada y otros compañeros de profesión de David que también son amigos de Edward.
Es la primera gran reunión social a la que asistimos desde hace un año y se siente bien estar rodeada de amigos.
La cena da paso a una fiesta y son casi las cuatro de la mañana cuando volvemos a casa.
Al menos ninguno de los dos ha bebido así que mañana no tendremos que estar resacosos durante la ceremonia.
-David flotaba hoy- le digo a Edward metidos en la cama para dormir.
-¿Qué significa eso?
-Que nunca le había visto tan feliz.
-Ha encontrado a su chica y va a casarse con ella, tiene motivos.
-Ella orbita alrededor de él, la verdad es que es una pareja que transmite mucho amor.
-¿Y nosotros no?
Me río por sus palabras.
-Sí cariño, nosotros también- le aseguro besándole- pero ellos van a casarse mañana así que supongo que tenían el amor subido hoy.
Edward se ríe.
-Estoy feliz por él.
-Yo también, se lo merece- le respondo antes de dormirme.
La boda es por la tarde pero la peluquera va a venir a casa a la una así que nos despertamos sobre las 11 del medio día para ir adelantando cosas.
Edward se encarga de ir a recoger su traje y el mío a la tintorería de Santa Eularia mientras la peluquera corta un poco mis puntas, me trenza el pelo y le pone algunos adornos dándole un toque rústico.
También me maquilla y cuando acaba no puedo evitar mirarme en el espejo.
Estoy guapa.
Edward lo corrobora cuando llega y me ve.
-Estás preciosa- me dice dejando el vestido colgando del armario.
-Gracias mi amor- le respondo sonriendo antes de despedir a la peluquera.
Ella sonríe mientras recoge sus utensilios de trabajo.
-Su marido y usted tienen una relación muy bonita- me dice ella cargando su maletín sobre su hombro.
-Es mi novio, no estamos casados- le sonrío pagándole en efectivo.
-Perdón-
-No pasa nada- le digo despidiéndola.
Edward me prepara una pasta a la carbonara deliciosa para comer. Solo tenemos un breve respiro antes de comenzar a vestirnos y prepararnos para la ceremonia.
Los vestidos los hemos comprado online en una tienda llamada Kaoa de Madrid y por eso los hemos llevado al tinte.
El modelo lo tuve claro desde el primer momento pero dudé entre los diferentes colores. Finalmente elegí el rojo porque era el que más me favorecía.
Al no llevar cremallera trasera pude colocármelo yo misma y ahora estaba en el baño pintándome los labios.
Edward golpea la puerta.
-Bella necesito que me ayudes con los gemelos.
-Voy- digo cerrando el pintalabios y saliendo del baño.
Edward está al otro lado ya vestido con su traje azul oscuro, la pajarita sin atar y la camisa blanca con dos botones de más desabrochados.
Se me queda mirando mucho tiempo. Demasiado tiempo.
-¿Dónde están los gemelos?- le pregunto sacándole de su ensoñación.
-Estás…-dice recorriéndome con la mirada de arriba abajo- estás espectacular.
-Gracias- le respondo sonriendo.
-Es de mala educación ir más guapa que la novia, ¿lo sabes no?- me dice jugando con la tira que adorna mi cuello.
Me río de él y niego.
-¡Qué suerte tengo contigo!- me dice antes de besarme.
Me río de sus palabras mientras nos besamos y cuando las manos de Edward agarran mi culo con demasiada intensidad para restregarme contra él le paro.
-No podemos, no tenemos tiempo y además me estropearías el pelo- le digo poniendo una mano en su pecho para coger distancia.
-¿Y qué hago con esto?- me dice inclinando sus caderas contra mi pierna para sentir su erección.
Le toco por encima del pantalón y sin pensarlo le bajo la cremallera.
Él también se sorprende.
-Desátame el vestido- le pido dándome la vuelta.
-¿Sí?-
-Sí- digo sonriente sintiendo como el vestido baja por mis hombros. Lo dejo colgando de una percha cuidadosamente al tiempo que me bajo el tanga de microfibra que no se marca.
Él se va desnudando poco a poco ante mis ojos.
-Eres tan guapo…- le digo poniendo mi mano en su mejilla al tiempo que se quita la camisa- y ese traje te queda tan bien que me entran ganas de gritarte: ¡hazme un hijo!
Edward se carcajea mientras se baja los calzoncillos.
Su pene salta feliz al estar liberado.
-Ven aquí- me pide alzando su mano para que se la agarre. Cuando lo hago y estamos con nuestros pechos pegados me susurra- te hago un hijo cuando quieras.
Me río con él y niego.
-Racionalmente no quiero pero te veo así de guapo y… te haría de todo, incluso un bebé.
Se ríe y niega.
-¿Pero hoy no vamos a hacer un bebé verdad?- pregunta serio.
-Hoy no, puedes estar tranquilo- le aseguro.
Me besa y agarro sus manos que iban directas a mi pelo.
-Eso es terreno prohibido para ti hoy- le advierto- tenemos que echar un polvo limpio.
Edward vuelve a carcajearse.
-No sé qué es eso de polvo limpio pero vale-
Se arrodilla a mis pies y su boca va directamente a mi clítoris.
Apoyo un pie en la mesilla para facilitarle el acceso.
Dos dedos me penetran preparándome para él.
Cuando me corro en su boca mis piernas tiemblan y me tiene que sujetar para no caerme.
Tras recuperarme un poco voy bajando poco a poco por su cuerpo hasta que me siento sobre su pene empalándome.
-Fóllame- me pide moviendo las caderas.
Le cabalgo con fuerza pero con control.
Me siento y me levanto contra su regazo en numerosas ocasiones hasta que vuelvo a correrme sobre su polla.
-¿Se siente bien eh? Se siente bien mi polla dentro de ti, ¿verdad?- me dice a punto de correrse en mi interior.
Asiento.
-Ahora voy a correrme dentro de ti. Voy a llenarte. Mi semen va a regarte por todas partes-
-Sí por favor- le pido moviéndome aún con el placer de mi reciente orgasmo.
Su cara se transforma en una mueca que bien podría ser de dolor pero sé que es de placer.
Su mano presiona mi lumbar contra su pelvis y su polla está dentro de mí hasta la empuñadura.
Siento el movimiento de su abdomen bajo cuando se contrae y siento el calor de su semen en mi interior cuando descarga por completo.
Le beso cuando su orgasmo está finalizando.
-Te amo- le digo juntando nuestras frentes.
-Yo también te amo, cada día más y no sé aun como eso es posible- me confiesa.
Le beso porque sus palabras me han llegado a lo más profundo.
Cuando nos separamos y nos ponemos en pie vemos que vamos muy justos de tiempo.
-Si llegamos tarde a su boda David nos mata- me dice.
-Le podemos decir que aunque hoy celebramos su amor con Madeleine no queríamos dejar de lado el nuestro- propongo.
-Nuestro amor es el único que me importa- me dice serio.
-Y a mí también pero hoy es el día de nuestro amigo. Voy a limpiarme, ahora vengo- digo desapareciendo en el baño.
Doy gracias a que el diseñador de la casa quiso poner un bidet porque con todo lo sexy que es que Edward me diga que va a llenarme, es poco práctico cuando tienes que salir de casa corriendo e ir impoluta.
Me seco antes de salir de la habitación.
Edward se ha puesto la camisa y está limpiándose el pene con una toallita.
-¿Está muy mal?- pregunto acercándome.
-No nena. Él está muy feliz y yo más- me asegura.
Me carcajeo mientras me pongo de nuevo mi ropa interior y luego el vestido que sigue impoluto colgado de la percha.
Cuando ambos estamos otra vez decentes y listos para irnos Edward me confiesa que está deseando volver a casa.
Llegamos diez minutos tarde de la hora de comienzo de la ceremonia.
Hacemos el pasillo de la vergüenza llegando hasta nuestros puestos que están en la zona más cercana al altar y por tanto todo el mundo nos mira.
-Casi no llegáis- nos reclama Hardwell desde atrás.
-Por los pelos- le responde Edward sonriente.
Hay un pequeño grupo de música a un lateral del jardín que comienza a tocar y todos nos giramos para ver a David vestido con un esmoquin beige atravesar el pasillo hasta el pequeño altar improvisado con flores blancas y vegetación verde.
Le sonrío cuando su mirada se cruza con la nuestra y Edward elige ese momento para pasar un brazo por detrás de mis hombros y recostarme contra él.
La música termina y supongo que no volverán a tocar hasta que entre la novia.
-Está nervioso- apunta Edward en un susurro contra mi oreja.
-Es normal, ¿has visto cuanta gente hay?- le indico girando levemente la cabeza.
Posiblemente haya invitado a cerca de 400 personas.
-Por nuestro trabajo conocemos a muchas personas así que no me sorprende ver a tanta gente aquí.
-¿O sea que cuando nos casemos también va a parecer la feria del condado?
Edward se carcajea.
-No te rías porque yo no voy a dejarte invitar a tanta gente a nuestra boda- le advierto.
-¿Nuestra boda? ¿Cuándo nos casemos?- me cita- ¿es que nos vamos a casar?- pregunta sonriendo.
-No, porque no me lo has pedido- respondo con ligereza y simplicidad.
Los ojos de Edward se abren y sus cejas suben.
-¿Te casarías conmigo?- pregunta.
Me río.
-Voy a hacer como que no he escuchado esa proposición en este momento y de esa forma.
-No te estoy pidiendo matrimonio, solo te estoy preguntando-
-¿Cuál es la diferencia?- le pregunto seria.
-Es que no sabía que la boda era una opción para ti. Pensé que después de lo de Leo no querrías saber nada más de matrimonios- explica sincero.
Me encojo de hombros.
-Contigo es diferente- me limito a responder.
Me casaría con él ahora mismo si me lo pidiera.
Estoy tan segura de él, de mis sentimientos por él y sobre todo me siento tan comprendida y compenetrada con él que no hay lugar a la duda ni al miedo. Sé que el matrimonio con Edward sería un compromiso maravilloso, nada que ver al compromiso que acepté con Leo.
-No lo sabía- me dice Edward.
-Con esto no quiere decir que me tengas que pedir matrimonio ya mismo, ni que tengas que hacerlo en un futuro. Tal vez he elegido mal mis palabras…-comento teniendo en cuenta que casi le he puesto contra la espada y la pared.
-No lo has hecho- me asegura él.
-Yo solo quiero estar contigo para siempre, los términos me dan igual- le confieso.
-Yo también quiero estar contigo para siempre- me dice dándome un pico suave.
-Eso es todo lo que quiero. Por favor no te asustes, no espero nada más que esto.
-¿Por qué iba a asustarme?
Me encojo de hombros.
-No estoy asustado, todo lo contrario.
Me siento mejor y le sonrío.
-Algún día voy a casarme contigo y ese día espero no lucir tan acojonado como él- me susurra girando mi cara hacia David.
Me río y niego.
Justo en ese momento comienza la música de nuevo y todos nos ponemos en pie para dar la bienvenida a la novia.
Lleva un vestido palabra de honor, velo y hasta guantes largos.
Supongo que para ella son importantes pero no quiero ni pensar en el calor que tiene que estar sufriendo con ellos puestos.
La ceremonia es bonita y emotiva.
Me emociono mucho cuando habla uno de los amigos de David y cuenta como era él antes de ser famoso y por qué cree que va a ser muy feliz con Madeleine.
Supe mantener el llanto a raya hasta que soltaron un globo hacia el cielo en representación de la madre fallecida de Madeleine. Entonces las cuencas de mis ojos desbordaron y las lágrimas corrieron por mi mejilla.
Edward me alcanzó un pañuelo de mi bolso con el que secarme las lágrimas.
-Perdón, yo no suelo ser tan blanda- susurro.
Él sonríe y me besa la sien con su brazo aun rodeando mis hombros.
Los novios se dieron el sí quiero con el mar Mediterráneo detrás y luego les hicimos un pasillo por el pasaron ya convertidos en marido y mujer. Les lanzamos arroz y flores secas.
Les dimos la enhorabuena con besos y abrazos.
Estaba realmente feliz por ellos.
Comimos mucho y Edward me renovó la copa de vino demasiadas veces.
-Te está mirando Tim.
-¿El hijo de David?- le pregunto mientras bailamos.
-Sí.
Alzo mi cabeza y beso a mi novio. No tengo que demostrar nada pero quiero dejar claro que solo tengo ojos para él.
-¿Ha visto eso también?- le pregunto separando mi boca de la suya y respirando con dificultad.
-Eso creo porque se ha dado la vuelta.
Bailamos un poco más juntos y luego la música cambia.
Ya no es música romántica si no música de fiesta.
Me sorprende la mujer de Armin porque tras unas copas se convierte y es el alma de la fiesta.
En una de las muchas veces que voy al baño coincido con Madeleine.
Parece que se está peleando con el vestido.
-¿Necesitas ayuda?- ofrezco.
-Sí por favor, Bella. Se ha atascado la cremallera y no puedo salir ahí desnuda.
Me río y me agacho para ayudarla con la cremallera.
Me cuesta bastante usando ambas manos así que era imposible que ella pudiera haberlo hecho sola.
-Listo- digo poniéndome en pie.
-De nada- sonrío antes de meterme al baño.
-Sé que no debería decirte esto pero David me ha hablado tanto de vosotros. Siento que os conozco y sé que no es así- se ríe- me contó vuestra historia y creo que es tan romántica.
Sonrío
-Gracias. Edward es maravilloso, he tenido mucha suerte. Y David también lo es, tú también tienes suerte, cuídalo-
-Sí- dice ella antes de que yo me meta en el cubículo para hacer pis.
Cuando termino de lavarme las manos la puerta del baño se abre y me cruzo con alguien que no espero.
Mylena.
.
.
.
¡Hola! Perdón por el retraso.
En este capítulo hay de todo, bebés, bodas y exs.
Fotos del vestido en el grupo de Facebook: Feeling the Reading: Bella Bradshaw
¿Se casarán algún día o vivirán una relación moderna?
¿Mylena traerá otra vez problemas como en el Ultra de Miami?
Muchas gracias por leer y deseando estoy de leer vuestras opiniones y pensamientos sobre qué ocurrirá ahora.
Review = adelanto.
Por cierto, estoy planteándome crear una cuenta de Instagram dedicada a mis historias de FF, como el grupo de Facebook pero en Instagram. Creo que es una red social mucho más visual y directa que la otra aunque no abandonaría el grupo, tan solo sería un añadido donde publicaría fotos de los capítulos, teasers, noticias y cosas del estilo. ¿Qué os parece la idea? ¿Seguiríais la cuenta?
Por último, ¡Feliz Navidad para todas! Espero que disfrutéis de estos días rodeadas de vuestros seres queridos.
