Hola a todos, no sé si alguien aún siga esta historia pero estoy posteando un capitulo nuevo después de años sin actualizar. Aún me gusta Vampire Knight y sigo el manga con la trama actual (Memories). Después del ultimo capitulo que subí, el trabajo y responsabilidades me absorbieron por completo, aparte la computadora donde tenía todo el documento murió y prácticamente olvide el asunto. Hace un año aproximadamente, en una limpia de closet encontré varios dvd en mis cosas y me tope con la sorpresa de que había grabado este fic en el y también los datos de usuario y contraseña de FF, la verdad no pensé que siquiera existiera aun la pagina pero ahí estaba y pude entrar a esta cuenta, lamentablemente este capitulo y una parte del siguiente es todo lo que hay, como ya dije aun me gusta VK y traduje la novela la cual subí aquí, así que no prometo nada pero trataré de terminar este fic ya que en el dvd tengo toda la trama a muy grandes rasgos y aun me gusta escribir. A los que alguna vez me dejaron review espero que aun tengan sus cuentas y les llegue correo del nuevo capitulo, me encantaría verlos de nuevo, gracias a todos y disfruten la lectura.
Capítulo 10: Perdóname
Juri se encontraba en el estudio sentada en un sofá esperando por su esposo, con la cabeza mirando al techo. Había quedado preocupada al verlo llegar con Zero y Senri tomados de la mano y con rastros visibles de haber llorado. Haru solo cruzó una mirada con ella y sin palabras le dijo que no daría explicaciones por ahora y debería darle tiempo de atender a los chicos, así que subió a la planta alta con ambos. Ella comprendió y aunque Yuuki y Kaname se habían mostrado renuentes a marcharse sin comprobar que estaban bien los había mandado a dormir ya que no dejaría que faltaran a clases al otro día. No había perdido detalle de que Kaname pasó de la preocupación a la culpabilidad al ver a Zero en aquel estado. Después averiguaria qué pasaba con esos dos. Así que ahora esperaba a Haru pues sabía que bajaría a pensar sobre lo que sea que hubiera ocurrido.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando efectivamente Haruka entró al estudio cabizbajo y sin percatarse de su presencia se sentó en el escritorio y encendió la luz de la lámpara de un lado, Juri lo miro llevarse la mano a la cara y apretar el puente de su nariz, después posó su mano sobre boca y el dolor y la tristeza empezaron a darse paso por su rostro justo cuando lo vió al mirar al frente.
—¿Juri?— preguntó sorprendido —Pensé que ya estabas durmiendo— declaró mientras ella se ponía de pie y caminaba a su encuentro.
—¿Cómo podría irme a dormir sin darte las buenas noches?— le dijo agarrando suavemente su rostro con las dos manos y sin decir una palabra más Haruka supo que le había esperado para darle consuelo aun sin saber lo que había ocurrido.
Así que él dejo que la tristeza que no pudo desahogar por completo por el bien de los chicos volviera a inundarlo y las lágrimas volvieron a resbalar de sus ojos una vez más, Juri besó su frente y lo acomodó en su pecho, Haru se aferró a su calidez buscando consuelo, sin saber realmente porque estaba tan afectado por lo sucedido, ya había atendido casos parecidos antes, con pérdidas cercanas y dolorosas para los pacientes y nunca había llegado a sentirlas tan personales. Durante mucho tiempo permanecieron así, ella confortandolo con caricias en la espalda y besos en la cabeza y él llorando libremente en sus brazos, con ella nunca tenía que ocultar sus sentimientos, siempre se los había mostrado sin miedo ni vergüenza y siempre lo recibía con los brazos abiertos. Sentir a Haru temblar en sus brazos realmente llenó de curiosidad a Juri, quería saber que estaba mal con Zero como para llegar a afectar así a su esposo. Quería ir arriba y envolver al chico en sus brazos para intentar aliviar un poco su dolor, era tan hermoso por dentro y también por fuera que cada vez le era más difícil interrogar a Haru sobre lo que lo afectaba e intentar ayudar.
Después de un buen rato Haru finalmente dejó de llorar y levantó la mirada hacia Juri, ella limpió el resto de sus lágrimas con besos tiernos.
—¿Cómo están los niños?— preguntó con preocupación maternal y a pesar de toda la situación no pudo reprimir la envidia al ver que sus ojos no estaban hinchados, solo estaban rojos, siempre había sido así.
—Bien por ahora— respondió con voz temblorosa —están durmiendo juntos en la habitación de Zero— realmente no sabia que decir, estaba agotado física y mentalmente. Juri lo supo y sin decir nada más lo tomó de la mano y lo llevó a la habitación que compartían, entraron y él se quedó parado entre la puerta y la cama sin intención de moverse. Juri al verlo tan decaído lo atendió como a un niño, lo desvistió con cariño y lo arropó antes de abrirse paso dentro de la cama para abrazarlo y dormir juntos, Haru quedó dormido al instante y Juri le siguió minutos más tarde.
Dos semanas después Kaname estaba parado a un lado de la cocina tomando un batido antes de irse a la universidad, aun era temprano para salir de casa pero no quería esperar a que bajaran Yuki, Zero y Senri a desayunar, le avergonzaba y le dolía verlos. Ya había pasado bastante tiempo desde el incidente con Zero y aún no sabía que hacer, ya había intentado varias veces disculparse con Zero pero este huía de inmediato al verle y buscaba a quien estuviera cerca para evitarlo. Sintiéndose cada día más mal por lo sucedido terminó contándole todo a Takuma quien se sorprendió bastante de que hubiera sido Kaname el causante de todo el caso de desaparición de Zero. Su amigo lo había escuchado con atención y no lo interrumpió ni una vez, se dió cuenta que lo estudió con su mirada verde con curiosidad y algo más que no supo descifrar, al final y contrario a un regaño o burla que esperaba de él, lo miró con comprensión y lo alentó a seguir buscando la manera de hablar con Zero, algo que había encontrado muy difícil ya que Yuki y Senri estaban enojados con él y se habían puesto de acuerdo para evitar dejar solo a Zero y que él volviera a "atacarlo", porque seguramente Zero ya les había dicho como lo había tratado, algo de lo que se arrepentía profundamente porque fue un comportamiento tan infantil y porque no podía borrar de su cabeza la mirada devastada que Zero traía cuando regresó el a casa.
Lo gracioso de todo era que al mismo tiempo que Zero le rehuía, él evitaba a toda costa a su padre y a su madre quienes sabían que algo sucedía, supuso que no lo habían obligado a decirles que pasaba confiando en su buen juicio y que resolvería él solo el problema, y siendo sincero no podría decirles, le avergonzaba mucho; pero conociendo a su madre faltaba poco para que lo acorralara y le sacara la verdad con esa mirada suya de "me lo dirás porque soy tu madre". Y por si fuera poco lo que más le dolía era que Yuki lo estuviera castigando con su silencio, algo que jamás pensó que su hermana haría, su adorada hermana que jamás en su vida se había enojado con él, pero todo había pasado por su culpa, no podía quejarse. Un toque suave en su brazo lo sacó de sus pensamientos, volteó y se sorprendió al ver que era Yuki, aun en pijama y con los ojos llorosos lo miró unos segundos antes de lanzarse a sus brazos, Kaname dejó su batido a un lado y correspondió su abrazo apoyando la cabeza sobre la de ella, estrechándola fuerte y sintiendo como si llevara años sin verla ni hablar con ella.
—Yuki perdóname— murmuró muy bajo y dándose cuenta que a Yuki también le dolía ignorarlo pero su aprecio por Zero la había impulsado a actuar así.
—No soy yo a quien tienes que pedir perdón Kaname nii-san— por supuesto que Kaname lo sabía, tenía que resolver aquello a como diera lugar.
—Lo sé, pero Zero huye de mí en cuanto me ve— Yuki se apartó un poco de él para apreciar su expresión al notar la aflicción en su voz y que era la primera vez que lo llamaba "Zero" y no "Kiryuu-kun". Una pequeña sonrisa se formó en su labios y le hizo una caricia a su hermano en la mejilla.
—Es porque está asustado, no sé qué fue lo que pasó entre ustedes pero debes encontrar la forma de hacerlo nii-san, Zero no está enojado contigo— le aseguró y la expresión de Kaname se tornó confusa. ¿No estaba enojado? ¿después de la manera en que lo trató?
—En serio no lo está— reafirmó Yuki al leer su expresión. Kaname no sabía qué más decir pero no hubo necesidad porque su hermana de alguna manera conocía sus pensamientos. —Senri si está enojado contigo pero en cuanto te disculpes con Zero te perdonará, y tienes que hacerlo ya porque pronto será la mascarada y vamos a ir todos juntos— mientras hablaba empezó a sacar comida de la nevera que había dejado preparada su madre la noche anterior y la acomodaba en el bento de Kaname.
—Hoy cuando Zero salga de la ducha yo me ocuparé de Senri, así que aprovecha esa oportunidad para hablar con él porque no habrá otra— finalizó Yuki pasándole su bento mientras recordaba la mascarada, la cual había olvidado por completo al ser la causa de todo lo que pasó. Sostuvo el bento mirándolo fijamente mientras un sentimiento de alivio lo inundaba, solo unos minutos antes no sabía qué hacer y ahora Yuki le iba a dar una mano para finalmente acercarse a Zero.
—Gracias Yuki— sonriendo se acercó a darle otro abrazo esta vez de agradecimiento por la información y por la ayuda. —Que tengas un buen día— le besó la cabeza y se dirigió a la cochera, un poco más ligero de conciencia. Tenía a la mejor hermana del mundo. Esa tarde iba a ir por su máscara que había olvidado comprar debido al incidente y llegando a casa hablaría con Zero, o mejor dicho rogaría por su perdón.
Era tarde y la luz del crepúsculo asomaba en el nuevo departamento de Kaito, que "amablemente" le pagaba uno de sus clientes. Era espacioso y estilo minimalista, su favorito. Vestía únicamente boxers, con una copa de champagne moet en sus manos y música ligera de fondo. Frente a él, en un lujoso sillón de piel se encontraban tres atuendos de estilo teatral, ya se los había probado pero no podía decidirse por uno en especial, los tres le quedaron a la perfección y combinaban con su máscara veneciana. Al fondo del salón se encontraba una joven modista, con la vista en el piso aun azorada ante la totalmente falta de vergüenza de su cliente, que sin pudor alguno se había desnudado frente a ella para probarse los disfraces que le había llevado.
—Nao-chan— la llamó Kaito y ella levantó la vista intentando no ver esa parte de su anatomía que se marcaba muy bien.
—¿Si?—
—No puedo decidirme por alguno, ¿me darías un consejo?— se sentó deliberadamente con las piernas separadas, junto a un traje azul zafiro. La chica le había gustado en cuanto entro al departamento, era casi tan alta como el, piel blanca, ojos grises ligeramente rasgados, cuerpo bien proporcionado. Definitivamente uno de sus padres debía ser extranjero, en contraste con su aspecto su personalidad era común, estaba terriblemente incómoda pero aún así haría un intento de seducirla.
—S-si claro... creo que ¿este?— fue lo único que atinó a decir la chica señalando el primero que vió.
—Se sincera Nao-chan, ¿no te parece que este está mejor?— la interrogó moderando su voz a un tono entre aterciopelado y un poco seductor, ladeo la cabeza y puso su mejor expresión inocente.
—Ese le queda perfectamente— y no pudo continuar diciendo nada mas porque su teléfono sonó, se disculpó y atendió su llamada, al instante regresó muy apurada y hablando rápido explicó que otro cliente la llamó de urgencia, ni siquiera le dio oportunidad a Kaito de replicar y le dijo que mandaría a su asistente por los trajes que no quisiera y por el dinero.
Salió prácticamente a toda velocidad dejando a Kaito molesto, quería seducirla un poco y talvez tener sexo cuando cayera en su encanto, eran pocas la veces que nacía en él el deseo de seducir a alguien y regalar sus servicios por mero placer. Sin que lo esperara sonó el timbre del departamento y con pereza se paró a atender, miró la pantalla a un lado de la puerta y vio a Kain, abrió de inmediato y su buen humor regreso, si tendría sexo después de todo.
—Hola amor ¿Cómo sabías que te necesitaba?— ¿amor? Kaito jamás lo había llamado con ningún apodo y menos uno cariñoso.
—Vine para...— sin dejarlo siquiera hablar Kaito lo tomó por la nuca y lo besó desenfrenadamente.
Kain que en realidad no había ido por sexo se prendió de inmediato, ambos se encaminaron a la isla de la cocina, la primera superficie sólida que encontraron. Kaito se subió por si mismo a la isla quedando sentado y empezó a acariciar frenéticamente al mas alto desde los pectorales hasta su miembro ya despierto, le alzó la playera que llevaba por encima de los hombros y la tiró a un lado deborando de inmediato con los labios sus pezones, Kain gimió al contacto y abrazándolo por las nalgas empezó a frotarse contra él mientras seguían besandose, el castaño chupaba y lamía con maestría los puntos sensibles de Kain, cuando estaba con él le gustaba ir lento ya que el pelirrojo era bastante atento, pero en esta ocasión ya estaba a poco del orgasmo. Se separó de él y apoyando los codos en la isla miró a Kain, ambos tenian la respiracion agitada, sus cuerpos sudorosos y la ropa ya les estorbaba.
Sin esperar mas Kain deslizó el boxer de Kaito por sus piernas y le dió la vuelta, se bajó el pantalon junto con la ropa interior y con velocidad practicada se colocó un condón antes de penetrar al castaño con cierto cuidado durante un minuto antes de aumentar la velocidad y la profundidad, sujetó su estrecha cadera para acomodarlo mejor en la isla y para alcanzar su pene, una vez cómodo empezó a masturbarlo duro mientras se hundía en él una y otra vez. Kaito vació su mente y se enfocó en sentir todo el placer que le daba su amante, su mano siempre se amoldaba a la perfeccion a su miembro y nadie le hacia sentir el mundo entero como él, por eso aún le permitía seguir a su lado, no tenía ningún apego sentimental por él pero no podría dejar ir a la única persona que lo hacía ver unicornios. Poco a poco empezó a sentir el familiar cosquilleo en su pene, en su vientre y en todo su cuerpo, gemía profundamente y en algún momento un sollozo de placer puro se escapó de sus labios, se dió cuenta que su compañero había llegado al orgasmo al mismo tiempo cuando cruzó los dos brazos en su pecho para estrecharlo con fuerza. Quedaron en esa posición por un par de minutos recuperándose y después Kain salió de él para llevarlo cargando a la cama para seguir con las 3 rondas de regla de siempre.
Un par de horas despues Kain contemplaba a Kaito dormido, boca abajo y abrazando la almohada parecía alguien normal, pero él sabía muy bien que no lo era. El hombre de 24 años escondía algo oscuro dentro de él, lo había notado en pocas ocasiones durante o después del sexo, la primera vez cuando había dejado la puerta abierta mientras se bañaba, lo había visto con una mano apoyada en el vidrio y la otra cerrada en puño sobre su corazón y con una expresión de desolación que era obvio que trataba de reprimir, como no llevaban mucho tiempo viéndose no lo cuestionó. La segunda ocasión fue cuando ya llevaban cerca de un año de encuentros sexuales, mientras Kain lo penetraba lo tocó de alguna manera que detonó pánico en él, se alejó de inmediato y se refugió en la esquina de la habitación hiperventilando, él trató de calmarlo por cerca de una hora pero al final se durmió en aquel rincón y él término metiéndolo en la cama, al día siguiente le preguntó que había pasado pero se hizo el desentendido y no cedió ante su insistencia.
Y la ultima vez hace medio año, cuando estaban ambos igual que ahora, Kaito durmiendo y él observándolo cuando de la nada comenzó a llorar entre sueños y súbitamente despertó sentándose en la cama con los ojos cerrados, otra vez sostenía su puño cerrado sobre su corazón y parecía muerto de miedo mientras se ahogaba en sollozos, él solo lo observó sorprendido pues parecía haber olvidado su presencia por completo pero decidió advertirle pasando suavemente sus dedos por su espalda. Kaito saltó de la cama al suelo y se apoyó de costado sobre la pared alzando sus manos en forma defensiva susurrando "no por favor", esa vez logró calmarlo no sin esfuerzo y lo había animado a contarle que le pasaba sin obtener respuesta, también había tratado de consolarlo con un abrazo pero el castaño parecía en ese momento no soportar el contacto físico; al final Kaito le contó muy superficialmente que se había enamorado de un chico que había muerto hace unos meses, Kiryuu Ichiru, y le había mostrado una fotografía de ellos dos juntos, también le había dicho que estaba buscando a su gemelo pero no dijo la razón.
Si bien se dió cuenta que no tenía relación con sus repentinos "ataques" decidió dejarlo pasar pensando que se abriría con él al pasar el tiempo. Pero ya estaban por cumplir casi tres años viéndose y ahora era todo más confuso ya que sin proponerselo él mismo fue quien se encontró con Zero Kiryuu y al informarle a Kaito empezo a actuar muy extraño, parecia confabular algo en contra del chico de cabello plateado y eso lo tenía inquieto. Zero no era nada suyo pero tampoco queria hacerle daño, y la conversacion que mantuvieron en la cafeteria sobre la mascarada lo dejó pensando profundamente, "su voluntad se hará polvo en segundos y rogará por más" le había dicho, era obvio que hablaba de sexo pero no conocía a Zero, ¿entonces como podía hablar de tener sexo con él?
Ahora que había tomado la decisión de sacarle la verdad a como diera lugar cedió con suma facilidad al sexo, su punto débil. Cuales quiera que fueran los planes de Kaito decidió que no le quitaría la vista de encima durante toda la mascarada, si realmente tenía la intensión de forzar a Zero Kiryuu a tener sexo él se lo iba a impedir, de ninguna manera permitiría que Kaito cometiera un acto tan vil como una violación a una persona fuera hombre o mujer.
—Kaito por favor no hagas nada estúpido— susurró Kain y alargando la mano con sus dedos acarició sus labios y subió por su mejilla hasta llegar a su frente y apartar su cabello.
Era un hombre hermoso, hermoso y roto; y cuando él se dió cuenta que Kaito nunca se aferraba a nada se prometió a sí mismo que su relación con él sería puramente física, sin embargo con el paso del tiempo se volvieron algo así como amigos, disfrutaban pasar tiempo juntos sin aferrarse el uno al otro. No se llamaban ni se escribían, no se esperaban fuera del trabajo ni se felicitaban en sus cumpleaños, no sabían nada de la familia del otro ni de sus relaciones personales, era una relación perfecta pero con el último episodio de Kaito se dió cuenta que ya era más que un amigo, quería ayudarlo de verdad porque lo quería, y por eso debía llegar al fondo del asunto con Zero por su propio bien.
Haruka volvía de terapia caminando con Zero al lado, el chico iba interrogándolo con cierta curiosidad con temas de psicología y él estaba muy feliz respondiendo sus dudas. Se le veía muy diferente desde que se había desahogado aquella noche en el bosque, se le veía un poco más ligero. En la siguiente terapia le había contado el accidente, no volvió a llorar pero le fue muy difícil hacerlo y él lo apoyó y lo esperó el tiempo que fue necesario. Realmente alcanzó su corazón la devastación que mostraba, pudo ver en su mirada que algo había muerto de él junto con su hermano, la parte que le faltaba lo ahogaba y lo dejaba sin habla y sin fuerzas, y a pesar de eso quería vivir, no mostraba en absoluto ningún signo de querer acabar con su vida y eso le daba un tremendo alivio.
Fue muy vehemente en hacerle saber a Zero que aunque literalmente el accidente ocurrió por un descuido suyo no era su culpa pero como supuso él no estuvo de acuerdo, aquello lo alteró y decidió dejarlo y abordarlo poco a poco en las siguientes terapias. En la siguiente sesión le contó sobre su primera alucinación, que veía y escuchaba a su hermano reclamándole el haberlo matado, le llamó la atención que todo inició cuando Zero fue al cementerio por primera vez y cada día aumentaba la frecuencia de las mismas, aquel momento en el cementerio fue el detonante para Zero de culparse a él mismo por lo sucedido, quizá si no hubiera ido ahí y lo hubiera dejado para mucho después eso jamás habría empezado. Sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando al otro lado de la calle vió a alguien, paró en seco y se quedó mirando muy sorprendido.
—¿Haruka-san?— preguntó Zero cuando se dió cuenta que se había quedado atrás, así que volteó también al otro lado de la calle intentando descifrar qué había llamado su atención.
—Zero-kun ven aquí, acompáñame— sin dejar de mirar al otro lado Haruka lo llamó y tomándolo del hombro cruzaron la calle, Zero notó de inmediato el enojo que emanaba de él, cuando llegaron Haruka lo dejó parado y se dirigió a un grupo de personas que habían salido de un bar, varios hombres y mujeres.
—¡Rido!— exclamó y un hombre que estaba justo en medio del grupo, riendo volteó a verlo, a Zero de inmediato se le hizo conocido.
—¿Haruka?... ¡Hermano!— el hombre se lanzó a abrazarlo muy sonriente pero él no correspondió. —¿Qué haces aquí? ven a tomar un trago— tomando su brazo intentó llevárselo pero Haruka se deshizo del agarre con brusquedad. El otro hombre borró su sonrisa y le indicó a las otras personas que se adelantaran, después lo encaró. —¿No preguntarás como estoy?— sin darse una idea de la molestia de su hermano solo quería acabar con aquello, le molestaba sobremanera que su hermano menor siempre estuviera reprendiéndolo.
—Obviamente te ves muy bien— dijo Haruka con ojos fríos. —¿Rido dónde has estado? tu hijo lleva en mi casa dos semanas y no he recibido ni una llamada tuya preguntando por él— se cruzó de brazos haciendo un esfuerzo por controlar la furia en su voz, Zero se encogió un poco ante ese cambio en su amable terapeuta, jamás lo había visto enojado.
—Dado que tampoco contestas mis llamadas ni te he encontrado en tu trabajo he ido todos los días a tu casa sin encontrarte, ¿sabías que Senri lleva cerca de tres meses completamente solo en casa?— Zero respingó ante esa declaración, había estado muchas veces en casa de Senri y no había notado que estaba solo siempre, hasta ese momento reparó en que jamás se había cruzado con su padre o su madre.
—¿De que hablas? su madre esta con él— aseguró el hombre dándole la menor importancia al hecho.
—Tu esposa tampoco está en casa, al parecer debe ir a otros estados a buscar trabajo para poder mantener a tu hijo y pagar los gastos de la casa— le espetó cada vez mas enojado. —¿Qué te pasa hermano? ¿Acaso no te importa tu familia?— vio un destello de ira en Rido.
—Ya no somos una familia Haru, ya estamos divorciados oficialmente y para tu información ella es amante del gerente de la agencia que representa a Senri, y no está en otros lugares buscando trabajo, esta de gira con su amante, así que como podrás imaginar Senri es perfectamente capaz de mantenerse él mismo ya que por obvias razones le pagan demasiado bien— esta vez Haruka vio también dolor en la mirada de su hermano y su enojo disminuyó al instante.
—Lo siento— dijo con verdadero pesar, eso no lo sabía y entonces comprendió porque había dejado todo de lado llevando su matrimonio al divorcio, así era Rido, cuando sufría jamás dejaba que se notara su enojo ni su tristeza, simplemente escapaba de la realidad refugiándose en la bebida, en las apuestas o cualquier vicio que se cruzara en su camino. —Pero ¿Qué hay de tu hijo? solo tiene 17 años, es un niño que aún necesita de sus padres, aún te necesita— sin saber que más argumentar esperó ansioso la respuesta de su hermano, pero él solo se limitó a mirarlo, después volteó hacia la esquina donde lo esperaban y de vuelta a él.
—Iré por Senri.
—¿Cuando?
—Pronto.
Y se dio la vuelta dispuesto a marcharse. Haruka no podía dejarlo ir sin intentar de nuevo hacerlo entrar en razón, así que corrió para plantarse frente a él y con una mano en su pecho lo detuvo y moduló su voz dejando por completo su enojo a un lado.
—Rido espera, no sé porque no me habías dicho nada pero quiero ayudarte. ¿Dime que puedo hacer?— él mayor lo miró con cierto resentimiento, siempre le había fastidiado que mostrara tanta preocupación por él, ya tenia la familia perfecta ¿porqué no lo dejaba manejar su vida a su antojo?
—No puedes hacer nada Haruka, a un lado— este vez fue él quien aventó bruscamente su mano y caminó de nuevo hacia la esquina. Haruka en un movimiento rápido sacó su billetera, deslizó fuera una tarjeta y nuevamente se postró delante de él, deslizando la tarjeta en el bolsillo delantero de su saco.
—Esta es la tarjeta de un excelente terapeuta, ve a hablar con él aunque sea solo una vez por favor, solo una vez— Rido solo lo miró a los ojos y no dijo nada, esperó a que su hermano se quitara de su camino y se fue. Haruka lo siguió con la mirada hasta que se perdió de vista con aquella gente, al menos no vio que tirara la tarjeta así que esperó que lo considerara. Suspiro y volteó para seguir su camino a casa con Zero pero al verlo se alarmó, el muchacho se veía claramente consternado.
—¿Zero-kun, que pasa?— se acercó y le apartó el cabello de los ojos y el chico levantó la vista angustiado.
—No sabía nada... — dijo con dificultad y no pudo seguir hablando. Su respiración se tornó agitada y empezó a sentir dolor en el pecho.
—Tranquilo... Respira despacio— le indicó Haruka y con cuidado le quitó su chaqueta en un intento de que no se sintiera sofocado. Sirvió y Zero continuó hablando mas calmado pero de forma angustiosa.
—No sabía que Senri estaba solo... yo... jamás lo noté...— Haruka volvió a despejar su cabello de su rostro pues parecía muy afligido. —No debería llamarme su amigo— declaró y desvío la mirada que reflejaba pesar por su falta de consideración con Senri. Haruka lo contempló con mucha ternura, Zero era un chico muy noble, estaba realmente mal por haberse enterado sobre la situación de Senri hasta ese momento, sonrió con dulzura y con ambas manos amablemente giró su rostro hacia él, acariciando sus mejillas con los pulgares.
—Escucha, esto no es tu culpa y tampoco había forma de que supieras o te dieras cuenta— Zero de inmediato comprendió que se refería a su condición anterior. —Y no tienes que preocuparte de ser un mal amigo porque no lo eres. ¿Sabes? Desde que sus padres empezaron a divorciarse y distanciarse tanto entre ellos como de Senri yo quise traerlo a casa para evitar que estuviera solo pero él no quiso. Yo creo que convencido de que al final no se separarían y eso lo llevó a acostumbrarse a estar solo. Pero todo cambio cuando tú llegaste a su vida, de alguna forma quiso protegerte, a su muy personal manera. Luego empezó a pasar más tiempo en casa y te busca a ti y a los chicos, te ha llamado su hermano y ya no quiere estar solo, por fin ha aceptado estar con nosotros y eso me hace muy feliz. No lo parece pero Senri es fuerte, solo hay que estar con él y podrá afrontar el divorcio de sus padres— finalizó Haruka viendo como Zero parecía analizar sus palabras, después su rostro dejó la angustia para dar paso a la calma, y al final asintió.
—Él es fuerte— estuvo de acuerdo y Haruka vió en su mirada una convicción que hizo que su corazón se calentara. Kanata era un excelente padre, su vivo retrato frente a él era la prueba. Pasó su brazo por los hombros del chico y reanudaron el camino a casa.
Zero apagó las velas aromáticas cítricas y salió de la bañera sonriendo, olían muy bien y Yuki las compró para él. Últimamente ella y él habían compartido más tiempo y se habían vuelto más cercanos y eso le hizo pensar que le hubiera encantado tener una hermana. Una linda y pequeña niña que lo llamara oni-san, que buscara sus brazos y su protección, que le pidiera cocinar ramen... Sonrió una vez más y pensó que se conformaría con Yuki porque dudaba que sus padres le dieran una hermana.
Terminó de vestirse con un pantalón deportivo y una camiseta y salió del cuarto de baño con cautela, esperando que Kaname no estuviera a la vista. Cuando lo comprobó salió a toda velocidad hacia su habitación pero justo antes de poder abrir la puerta unos fuertes brazos le cubrieron la boca y lo cargaron por la cintura, aprisionando sus brazos con la acción. La sorpresa fue tal que no intentó luchar, en unos segundos lo llevaron a otra habitación y la puerta se cerró. Lo dejaron en el suelo y se encendió la luz, se dió la vuelta y vio que era Kaname que con su cuerpo bloqueaba la salida.
Zero se sintió entrando en pánico y retrocedió, volteó a todos lados dentro de la habitación buscando una vía de escape. Sabía que Kaname no quería hacerle daño, al contrario, quería disculparse, era imposible no darse cuenta de lo mal que se sentía por sus acciones pasadas. Pero lo que lo aterraba era que el recuerdo de lo que le dijo le trajera de nuevo esa sensación helada subiendo por su espalda como aquel día, que oyera o viera a Ichiru culpándolo de nuevo. De repente la mano de Kaname, amablemente tomó su menton y lo obligó a mirarlo.
—Zero perdóname— dijo sin rodeos intentando transmitir también sus disculpas con su toque y su mirada —Soy consiente que me comporte como un idiota ese día y no sabes cómo me arrepiento de lo que te dije —el castaño se dio cuenta que Zero ya tenía su atención, el miedo se había ido completamente de sus ojos. Soltó su mentón y lo guio a su cama, se sentaron ambos en la orilla frente a frente y Kaname continuó.
—Me enojé porque estuve esperándote mucho tiempo y tú no llegabas, me preocupé y me puse a buscarte como loco en los alrededores y de repente te encontré con Senri en una joyería, te veías sin ninguna preocupación como si hubieras olvidado que nos veríamos— no se dio cuenta en qué momento tomó la mano de Zero pero ahora no lo veía a él, veía sus manos enlazadas. —Ya no hice el intento de hablarte y me fui a casa muy molesto, pensando que no te habría costado nada avisarme que no llegarías, que preferías estar con Senri. Y si, Senri me avisó pero no vi su mensaje hasta días después cuando recordé cargar mi teléfono y encenderlo— se sonrojó ante la tonta excusa. —Cuando llegaste a casa no dude en desquitar mi enojo y te dije lo primero que se me vino a la mente, y en la noche cuando papá me dijo que habías desaparecido fue cuando me di cuenta de mi error y que había sido un imbécil. Conforme pasaban las horas y tú no aparecías empecé a tener miedo de que algo malo te hubiera ocurrido, cuando papá llamo diciendo que te encontró me sentí aliviado y feliz pero luego llegaste en la madrugada con esa mirada devastada y me sentí como una basura por lo que te hice— levantó la mirada y Zero vio su profunda culpa. —Por favor perdóname, haré cualquier cosa para que me perdones.
Zero lo contempló con curiosidad, en primer lugar porque lo llamó por su nombre y sin honoríficos, algo que le gustó ya que en todo el tiempo que llevaba viviendo en su casa había notado que entre ellos había crecido cierto aprecio el uno del otro a pesar de no saber mucho de sus vidas. Debido a eso sabía que aunque le dijera que no tenía nada que perdonarle necesitaba oírlo de sus labios.
—Claro que te perdono— le sonrió ligeramente y Kaname en cambio le devolvió una encantadora sonrisa que lo hacía ver incluso más apuesto de lo que ya era.
—Gracias— se sentía tan bien ahora que sin pensarlo soltó sus manos y lo envolvió en un abrazo de agradecimiento.
Zero le correspondió dándose cuenta de repente que había extrañado a Kaname. Abrazarlo, oler su aroma y sentir sus fuertes brazos le hizo darse cuenta también que lo quería mucho. Él se había vuelto su tabla de salvación, su mera presencia lo había sacado desde el primer día del agujero negro donde se ahogaba y del que creía que jamás iba a salir. Llevado por ese sentimiento cerró los ojos y se abrazó más a él, acomodó su cabeza en el hombro del castaño memorizando el olor de su cuello. Sus brazos lo rodearon por completo y enlazó las manos en su espalda pensando que Kaname era ya muy importante para él, muy importante.
Se separaron unos minutos después y Kaname revolvió el cabello húmedo de Zero como si fuera un niño pequeño. Un golpecito en la espalda hizo a Zero voltear y notó una bolsa que se había caído sobre él por el movimiento de su abrazo con Kaname. Sacó la bolsa detrás suyo y miró al castaño, quien sonrió y con un ademán lo invitó a abrirla.
—Ábrelo, es para ti— la mirada que le dedico Zero lo hizo reír más, al parecer había logrado sorprenderlo.
Kaname lo observó abrir con cuidado la bolsa, luego la volteó sobre la cama vaciando el contenido entre los dos y vió una tela plateada en forma cuadrada. Con sus manos deshizo el nudo del listón que mantenía la tela perfectamente doblada y entonces se dió cuenta que era una pijama de hombre, color plata como su cabello, un elegante conjunto de camisa y pantalón. Lo desdobló y lo extendió con sus dos manos frente a su rostro, examinó con cuidado ambas piezas y al final sonrió encantado, el regalo le gustó mucho más de lo que hubiera imaginado. El no era de pijamas, solo de niño había usado pijama a juego con Ichiru y al crecer optó por dormir en ropa interior. Pero obviamente en casa de su terapeuta no dormía así y apreció mucho que tuviera algo que ponerse además de lo de siempre.
—Gracias Kaname, no tenías que hacerlo, no estaba enojado contigo— dijo mirándolo con calidez, sin esconder lo encantado que estaba.
Kaname al ver una verdadera sonrisa casi de oreja a oreja de Zero quedó alucinado, por un momento no supo que decir, solo pasó sus brazos detrás de él y apoyó las palmas en la cama, observando al chico seguir examinando su pijama muy feliz. Sintió algo muy cálido llenar su pecho y supo que quería a Zero, lo quería y verlo feliz lo hacía a él feliz.
—Quería hacerlo. Me alegra que te haya gustado— decidió omitir que tenía tiempo que lo había comprado.
Sin previo aviso Zero se puso de pie y se desvistió quedando solo en ropa interior, dobló sus prendas y las apiló a un lado de él y después se sentó de nuevo en la cama mientras empezaba a quitarle las etiquetas a su pijama. El aire se le atascó a Kaname en la garganta y casi abre la boca hasta el suelo cuando se desnudó frente a él sin más, quiso decir algo al respecto pero no supo qué, después de todo ambos eran chicos, no tendría porque haber inconveniente en que se cambiara delante de él. No obstante sintió un pequeño anhelo que en el momento no reconoció y no pudo evitar repasar su figura con atención.
Era de complexión esbelta y mostraba una elegante musculatura masculina, sus brazos y piernas tenían apariencia fuerte, su piel era nívea y parecía suave al tacto. Su abdomen plano y marcado se adivinaba fuerte y tonificado, su tatuaje destacaba de su cuello y en conjunto con sus piercing le daba un aspecto sensual rebelde. También tenía un par de bonitas y redondeadas nalgas perfectas y por último entre sus piernas una figura con la curvatura perfecta en el lugar perfecto que se quedó admirando más de lo normal. Un vez que acabó con las etiquetas se volvió a poner de pie y con cuidado se puso el conjunto plateado, caminó hasta el espejo de cuerpo entero en el armario de Kamane y se miró desde varios ángulos, le encantó, no era grande ni justo, le quedaba perfecto. Al final quedó de frente al castaño esperando su opinión, la cual estaba atorada en su garganta después de lo que había visto.
—¿Y bien?— preguntó sin darse cuenta del drama interno del mayor. Le había gustado mucho como le quedó y quería oírlo del castaño.
—T-te queda increíble— tragó con disimulo esperando que no hubiera notado su pequeña vacilación.
Zero se sentó de nuevo en la cama y Kaname sin saber que más hacer tomó una toalla pequeña de su armario y empezó a secar su cabello que aún soltaba gotitas de agua. Ninguno dijo nada pero no hacía falta porque se sentían muy cómodos a pesar del silencio. Cuando dejó el cabello plateado completamente seco Kaname volvió a abrazar a Zero.
—Deberías estar enojado conmigo— declaró pero no pudo decir nada más pues la voz de alarma de Yuki y la voz de enojo de Senri se escuchó por el pasillo antes de que la puerta se abriera de golpe.
—¡¿Zero estás bien?!— gritó Senri nada más entrar pero se detuvo en seco cuando vio a Kaname casi en la esquina y a Zero en la cama. Su primo se veía sospechoso, como si hubiera hecho algo vergonzoso. Se quedó mirando a ambos mientras Zero veía a Kaname con las cejas alzadas, parecía que estuvieran ocupados antes que entrara con Yuki y no supo que decir.
—Zero me perdonó— dijo Kaname para evitar interrogatorios y Yuki le sonrió muy feliz y aliviada de que aquella tensión entre ellos finalmente terminó. Se acercó a Kaname y se abrazaron, Zero se levantó de la cama y se abrazó a ellos, luego invitó a Senri con la mirada a qué se uniera a ellos.
—Lo perdoné— explicó al ver la mirada recelosa del menor y luego de unos segundos de vacilación se abrazaron todos, Kaname les juro que no volvería a portarse como un idiota y al final durmieron todos juntos en la cama de Kaname.
