Los personajes de H.P. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.
Capítulo 10
1.-
Otra vez, Dean me ha invitado a almorzar juntos, pero me excuso, diciéndole que debo aprovechar ese tiempo para adelantar deberes, ya que no pude hacerlos el día anterior por haberme quedado dormida. Ginny me lanza una mirada significativa, regañándome por mi negativa, pero no cedo, ni siquiera cuando Dean me ofrece ayudarme con la tarea, ya que él sí la había completado. Solo le digo que prefiero hacer mis tareas sola y me retiro al patio del colegio antes de que Dean o Ginny insistan; por cierto, ella otra vez va a comer con Blaise.
Una vez en el patio, busco un lugar apartado de las personas que también disfrutan del receso y me siento debajo de un árbol, sacando mi cuaderno de literatura, que es la clase que tengo después de que termine el descanso. La profesora Virginia nos ha encargado hacer un poema y, de inmediato, encuentro la inspiración en mi mente.
"Día y noche me ahogo en el océano de tus ojos.
La oscuridad me envuelve, deseando tocar tus hebras.
Mi boca se cierra en mi muñeca, imaginando y saboreando el aroma de tus labios.
Y mi piel es una hoguera que pide a gritos que seas tú quien la apague, o que le eches más leña a la candela...
Pero es otra la que se refleja en tus ojos, la que acaricia tus cabellos, la que disfruta de tu aliento... y es a otra a quien apagas y enciendes el fuego."
Para cuando termino de escribir, mis lágrimas han empapado la hoja de mi cuaderno y pienso que, además de ser un poema patético, también es demasiado personal. Sin embargo, cuando decido arrancar la hoja para desecharla y escribir otra cosa, la campana suena, indicando que se acabó el receso.
Suspiro resignada ante la idea de decirle a la profesora Virginia que no hice la tarea y me levanto, recogiendo todo y guardándolo en mi bolso, incluso la hoja del poema.
2.-
Las clases terminan sin ningún otro suceso relevante, aparte de que, ¡por fin, Blaise le ha pedido a Ginny que sea su novia! Estoy muy contenta por ella; de verdad se lo merece, después de tanto tiempo enamorada del moreno, finalmente pueden estar juntos.
Por otro lado, mi ánimo no es muy bueno, ya que debo dirigirme a la empresa donde trabaja Harry para ir a buscarlo y regresar a casa.
En el camino, me muerdo las uñas de los dedos mientras manejo con una sola mano. Estoy nerviosa y ansiosa por ver a Harry, y solo me toma unos segundos estar frente a Megaomicron Studios. Estaciono el coche y me bajo, pensando que él y yo no acordamos nada sobre si debía esperar a que saliera del trabajo. Así que, siendo impaciente como soy, camino hacia la entrada del edificio y, de inmediato, un guardia se levanta de su asiento para atenderme.
—Buenas tardes, señorita. ¿Puedo ayudarle en algo? —me pregunta. Yo muerdo mi labio, comenzando a arrepentirme, pensando si está bien interrumpir a Harry en su trabajo. Tal vez debería esperarlo en el coche; después de todo, no debe tardar mucho en salir.
—No, nada, creo que me equivoqué de dirección —le digo al guardia, toda apenada, y me dispongo a darme la vuelta para alejarme e ir a mi coche, pero unas risas me detienen y hacen que mi sangre comience a hervir; Harry sale, acompañado de una mujercita rubia teñida, que no pierde tiempo en pasarle la mano por el brazo mientras le cuenta algo que provoca que ambos rían.
Quiero salir corriendo y dejarlo plantado allí, que se las arregle solo para irse a casa. Sin embargo, mis pies se quedan estáticos cuando Harry deja de reírse con la rubia y se da cuenta de mi presencia. Me sonríe, se despide de la chica con un beso en la mejilla y camina hacia afuera de la empresa.
—Hola, Hermione —me saluda, intentando darme un beso en la cara. Pero yo no se lo permito, ni siquiera lo saludo y me doy la vuelta, caminando hacia el coche, sin importarme si él me está siguiendo o no. Es obvio que lo hace cuando se sube al vehículo después de que yo lo hago.
—¿Te pasa algo? —me pregunta. ¿Qué si me pasa algo? ¿Qué diría mi madre si le cuento lo que acabo de ver?
—A mi madre no le hará gracia cuando le cuente que estabas de coqueto con otra mujer —le suelto de manera ácida, encendiendo el coche y acelerando más de lo debido.
No veo la expresión de Harry, pero por su tono, es obvio que no sabe de qué estoy hablando.
—¿Yo? ¿Coqueteando? —o tal vez sí sabe y se está haciendo el desentendido.
—Hablo de la rubiecita de hace un momento —le refresco la memoria. Harry se ríe sonoramente, lo que me enfurece más y, para colmo, piso más el acelerador.
—Hermione, cuidado, baja la velocidad —me pide y yo no le hago caso. Giro a la derecha, luego a la izquierda y, con un frenazo que hace que las llantas chirríen, estaciono el coche frente a la casa. Me desabrocho el cinturón de seguridad con un movimiento rápido, tomo mi mochila y bajo del vehículo.
—Hermione, espera —Harry me sigue de cerca, pero yo no me detengo y camino hasta abrir la puerta de la casa y entrar. Él me sigue, por supuesto, y toma mi brazo para que me detenga.
—¡Suéltame! —le grito.
—No —dice Harry , rodeándome para enfrentarme sin soltarme—. No hasta que me digas qué es todo eso de que yo estaba coqueteando —repite y yo lo encaro.
—Ya te dije, de la rubiecita esa que no hacía otra cosa más que pasarte la mano por el brazo.
—La rubiecita, como la llamas, tiene nombre: Lana, y es mi compañera de trabajo. Y no estaba coqueteando con ella, solo hablábamos.
—Pues a mí me pareció que hacían algo más que hablar.
Harry se vuelve a reír de mí y no pienso tolerar que siga burlándose de mi enojo.
—Se lo diré a mamá cuando llegue —le vuelvo a informar.
Harry no parece preocupado, más bien mantiene su sonrisa arrogante en su rostro.
—Díselo, si quieres; Amelía conoce a Lana y sabe que es solo una compañera. ¿Por qué no me dices que estás molesta por otra cosa? ¿Por qué no me confiesas que estás celosa?
—¿Yo, celosa? —mi voz suena más aguda de lo que hubiera querido, porque Harry no tiene razón; yo no estoy celosa, solo no quiero que él le esté viendo la cara a mi madre—. Estás loco, Harry, no tengo ningún motivo para estar celosa. Lo único que no quiero es que le hagas daño a mi madre —le aclaro. Harry finalmente borra su sonrisa y asiente, soltándome de repente.
—Y no pienso hacerlo, créeme —asegura con un tono muy serio.
—Más te vale —le advierto y luego me doy la vuelta para alejarme de él y evitar que vea en mi rostro... mis lágrimas, al aceptar en mi interior que mi rabia sí era producto de los celos.
