Los personajes de H.P. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.

Capítulo 11

1.-

Los días siguientes son un tormento para mí, entre seguir llevando y trayendo a Harry del trabajo (aunque en silencio, porque desde que me aseguró que no le haría daño a mi madre, no me dirige la palabra y yo tampoco a él. Además, no se ha vuelto a despedir con un beso en la mejilla, lo que agradezco y aborrezco a partes iguales; lo primero porque eso no me ayudaría a alimentar mis ilusiones y, lo segundo, porque muero por volver a sentir el ardor de sus labios en mi piel), y estar sola en los recesos porque Ginny ahora se la pasa de arriba para abajo con Blaise.

Ginny me ha sugerido que siga aceptando la compañía de Dean durante la hora del almuerzo, pero yo le dije que, si continuaba escuchando cómo un tal Goku era, al parecer, un ser invencible al que nadie le ganaba una pelea, le vomitaría la comida a Dean encima. Ella entendió, pero me comentó que, aun así, seguiríamos intentando que yo consiguiera un novio, porque, ahora que ella tenía uno, deseaba que hiciéramos salidas en parejas para ir al cine o salir a algún centro comercial a comer helados.

También me preguntó cómo iban las cosas con Harry y, para no preocuparla más, le dije que ya se me estaba pasando lo del enamoramiento, que quizás era solo que Harry era un hombre muy atractivo y yo había quedado deslumbrada... Obviamente, esto era una mentira, porque cada día me encontraba deseando más que Harry me viera como algo más que la hija de su novia y, al fin, me besara.

Afortunadamente, hoy, al ir a recoger a Harry al trabajo, me encuentro con que ya le han reparado su coche y, al no haber forma de informarme para que yo no perdiera mi tiempo en venir a buscarlo, decidió esperarme para decírmelo y así ir los dos, en nuestros respectivos vehículos, a casa.

Mamá no ha llegado, como siempre. Ella suele llegar alrededor de las 7:00 pm.

Subo a mi habitación y Harry, seguramente, se encerrará en el estudio a hacer algún trabajo, después de comer algo, por supuesto, cosa que hace todas las tardes cuando ambos regresamos a casa. Lo que me recuerda que yo también estoy muriendo de hambre.

Estoy a punto de quitarme el uniforme y asearme para luego ir en busca de comida, cuando tocan la puerta de mi cuarto. Frunzo el ceño porque sé de inmediato que es Harry quien está detrás de la puerta, pero no entiendo por qué la toca.

Cuando le abro, él tiene mi mochila en las manos.

—La dejaste en el mueble de la sala —explica. Ni siquiera me acuerdo en qué momento decidí olvidarla ahí antes de subir a mi habitación—. Te la traje porque supuse que tendrías tarea. —Asiento, aunque es extraño, porque aunque lo que dice es cierto, yo misma pude darme cuenta de que dejé la mochila en la sala e ir a buscarla. Él no tenía por qué traérmela.

—Gracias. —Aun así, decido ser amable y agradecerle antes de cerrar la puerta, pero Harry levanta una mano para detenerla. Lo miro interrogante ante su gesto. Él abre la boca. Sus ojos reflejan una indecisión interior. Mueve un pie hacia atrás, aunque todavía sigue evitando que cierre la puerta con su mano y, después, sus pies se mueven hacia adelante, muy lentamente, entrando al cuarto.

No sé en qué momento retrocedo, con el corazón paralizado, sin entender lo que está sucediendo.

Mis piernas, de repente, tocan la orilla de mi cama y, como no tengo hacia dónde más retroceder porque Harry sigue acercándose, lo único que se me ocurre es caer sentada en ella. Entonces, Harry se detiene. Se pasa una mano por su cabello y mira hacia el techo de la habitación, inspirando profundamente.

En serio quiero hablar, preguntarle qué le sucede, porque está aquí en mi cuarto, pero mis cuerdas vocales no funcionan.

Harry se mete una mano en el bolsillo del pantalón y saca un papel arrugado.

Me mira con una expresión oscura; la disyuntiva se refleja más en sus ojos.

—¿Esto es cierto? —pregunta de repente, señalando el papel en su mano. No entiendo a qué se refiere y él no tarda en aclarármelo.

"Día y noche me ahogo en el océano de tus ojos.

La oscuridad me envuelve, deseando tocar tus hebras.

Mi boca se cierra en mi muñeca, imaginando y saboreando el aroma de tus labios.

Y mi piel es una hoguera que pide a gritos que seas tú quien la apague, o que le eches más leña a la candela...

Pero es otra la que se refleja en tus ojos, la que acaricia tus cabellos, la que disfruta de tu aliento... y es a otra a quien apagas y enciendes el fuego."

Él abre el papel y recita con voz ronca, haciendo que todos los vellos de mi cuerpo se ericen. Me siento expuesta, desnuda y... estúpida.

—Dame eso. —le digo, de mala gana, porque él no tenía ningún derecho de escudriñar mis cosas y leer algo que creí haber botado hace tiempo.

Me pongo de pie para arrancarle la hoja de las manos, pero él la esquiva, tomándola para evitarlo. Luego hace algo que hace que mi corazón deje de latir: me empuja hacia él y me besa. Sus labios succionan mi boca y mi lengua, haciendo que las mariposas en mi estómago revoloteen, danzando sus alas hasta volar hacia mi vientre bajo.

Harry lleva mi mano que sostiene hacia su cabello y, sin dejar de besar, me dice que ya puedo tocarlo. Yo lo acaricio, y es suave como tantas veces lo había imaginado.

—¿Qué sigue? —deja de besarme y pregunta. No comprendo. No puedo entender nada, además de que quizás estoy soñando con que Harry ha entrado a mi cuarto y me acaba de besar—. Ya recuerdo. —se responde y me hace volver a sentarme en la cama. Él se arrodilla frente a mí, abriendo mis piernas. La reacción es instantánea, provocando que me humedezca.

La parte inferior de mi uniforme es una falda y, Harry, mete su mano debajo de ella, aparta mi prenda interior y desliza uno de sus dedos en mi humedad, para luego mojar mi clítoris. Mi vagina se contrae, deseando que esto no termine. Abro la boca, respirando con dificultad cuando dibuja círculos en mi carne, y siento cómo algo crece dentro de mí, excitándome. Así que muevo mis caderas para crear más fricción. Harry enseguida entiende y mueve su dedo más rápido, logrando, finalmente, que yo alcance el orgasmo.

Mi cabeza está sumergida en una nube, sobre la cama, y siento cómo esta se hunde cuando Harry se sube en ella.

—Si recordaras el dibujo que robaste, sabrías quién es la que se refleja en mis ojos... —me susurra al oído y luego baja su cabeza para darme un beso en los labios. Después, se baja de la cama, dejándome procesar poco a poco lo que acaba de ocurrir y, contrario a sentirme feliz por ello, es inevitable que el sentimiento de culpa me invada por lo que acabo de hacerle a mi madre.