¡Hola! Este es mi primer fanfic. Espero que os guste 3

Un fantasma que protege

La oscuridad de su habitación se sentía más espesa de lo habitual.

El reloj marcaba las 11:48 p.m., y la pantalla de su teléfono acababa de apagarse tras el último susto de una película que Nene definitivamente no debió ver sola. Aoi había insistido. "¡No seas cobarde, solo es una peli!" Claro, porque Aoi no convivía a diario con un fantasma.

Abrazada a su almohada, Nene temblaba ligeramente.

—No pasa nada… no pasa nada… —murmuraba, como un hechizo inútil contra el escalofrío en su espalda.

Pero las sombras en su habitación parecían más densas, como si algo se moviera justo fuera de su visión. Sabía que era su imaginación. Lo sabía… pero también sabía que Hanako existía. Que los fantasmas eran reales. Que algunas cosas, incluso Hanako, no podía controlar.

Esa noche durmió mal. O más bien, casi no durmió.


A la mañana siguiente, con ojeras profundas y una sensación de alerta constante, cruzó la puerta de la escuela. Todo parecía más hostil: el crujido del piso, el aire frío en el cuello, los pasillos silenciosos. Qué buena idea fue ver esa estúpida película, pensó con sarcasmo.

Entró en el baño del tercer piso buscando refugio.

Y allí estaba él, como siempre.

—¡Buenos días, Yashiro! —canturreó Hanako, flotando perezosamente sobre uno de los lavamanos.

—¡Aah! —chilló, llevándose una mano al pecho—. ¡Hanako-kun!

Él parpadeó. Luego sonrió… y estalló en carcajadas.

—¡¿Qué fue eso?! ¡Solo dije hola!

—¡No es gracioso! —bufó, girándose para no ver su cara burlona.

—¿Viste una película de terror anoche? —preguntó, sin molestarse en ocultar su satisfacción.

Ella no respondió. No necesitaba hacerlo. El rubor en sus mejillas y la forma en que evitaba su mirada lo decían todo.

Hanako se cruzó de brazos, observándola con más detenimiento. No era el miedo habitual. Era algo más… más infantil. Y eso, por algún motivo, le enterneció.

Pero también le divirtió muchísimo.


Durante todo el día, Hanako no pudo evitar aprovechar la situación. Bastaba un portazo, una corriente de aire, un libro cayendo por accidente... y Nene saltaba como si un espíritu intentara llevársela.

—¡Esto es oro puro! —decía entre risas—. ¡Yashiro, ni en mis mejores días logro asustarte tanto!

—¡Deja de reírte! —protestaba ella, con las mejillas infladas de frustración.

—Vamos, ¿no es irónico? Huyendo de fantasmas, pero trabajando todos los días con uno.

—¡Es diferente! Tú eres…

—¿Encantador? ¿Magnético? ¿Tu fantasma personal?

—Molesto. Eternamente molesto.

Él se rio aún más. Al caer la tarde, Nene sentía que su corazón ya no podía soportar un susto más. Pero Hanako no se había dado cuenta, y claro, tenía un plan para darle el gran susto final.

Pasos lentos en el pasillo del tercer piso.

Las luces apenas parpadeaban. Nene caminaba con su mochila colgada de un solo hombro, deseando que el día terminara.

Y justo cuando abrió la puerta del baño…

—¡BUUUUU!

—¡KYAAAAAAAH!

El grito rebotó en las paredes. Nene cayó de rodillas, los ojos desorbitados, respirando como si hubiese corrido un maratón. Pero no fue el grito lo que la llamo la atención de Hanako. Fueron las lágrimas. Inesperadas. Silenciosas al principio, luego un sollozo.

Hanako se congeló.

—¿Yashiro…?

—¡Idiota! —gritó entre lágrimas, tapándose el rostro con las manos—. ¡Eres un completo idiota!

Y de pronto, no fue gracioso.

Hanako descendió lentamente hasta el suelo, su expresión cayendo con él.

—Yo… no pensé que te asustaría tanto —murmuró.

Nene no respondió. Seguía llorando, ahora en silencio. No era un llanto escandaloso, solo una herida abierta.

Y él, de todos los seres del mundo, había sido quien la causó. Hanako se quedó a su lado, de pie al principio, luego sentado en cuclillas, como si tuviera miedo de acercarse demasiado.
El silencio dolía.

—Yashiro…—murmuró, su voz apenas un susurro entre la penumbra del baño—. Yo... —. La miró. Yashiro seguía cubriéndose el rostro con las manos, pero su cuerpo temblaba apenas. Ya no lloraba fuerte, pero tampoco se detenía.

—Lo siento —añadió, más bajo aún—. Fui… cruel.

Ella no se movió al principio. Pero luego, entre lágrimas, murmuró:

—¿Por qué hiciste eso?

Hanako cerró los ojos. Le dolió solo oírlo. Se obligó a tomar aire, aunque no lo necesitara, y habló con cuidado, sin adornos:

—Porque soy idiota. Porque pensé que te haría reír. Y porque no medí cuánto te había afectado todo lo demás.

Al fin, Yashiro bajó un poco las manos. Su mirada aún estaba empapada, pero ahora lo miraba de frente. Directamente. Con dolor… y algo más: decepción.

Hanako tragó saliva, sintiéndose más humano en ese momento que en mucho tiempo.

—Vi que estabas asustada, y en vez de ayudarte… me burlé. Me divertí con eso. Y no hay excusa. Solo… fue horrible.

Se detuvo, se obligó a no apartar la vista.

—Sé que no soy como los demás. No estoy vivo. Pero me esfuerzo por entender cómo… cómo no herirte. Y fallé.

Yashiro desvió la mirada un segundo, como si no pudiera sostener sus palabras.

—Hanako… pensé que me protegías.

Él sintió un tirón en el pecho.

—¡Lo hago! —exclamó, casi desesperado—. ¡Siempre lo haré! Pero… hoy olvidé algo. No basta con proteger tu cuerpo. También tengo que cuidar de lo que sientes. De ti entera.

Ella parpadeó, sorprendida por la sinceridad. Por la intensidad.

Hubo un largo silencio. Y luego, muy lentamente, Yashiro se inclinó hacia él y apoyó la frente contra su hombro.

Hanako no se movió al principio. Luego, con cuidado, le puso una mano sobre la espalda. No dijo nada más. Solo permaneció así, dejando que ella llorara un poco más, hasta que el temblor se fue desvaneciendo.

— Prometo que nunca más voy a jugar así contigo. No si va a hacerte daño.—susurró—.

Yashiro asintió contra su hombro.

Y por un momento, el baño quedó en calma. No hubo bromas, ni burlas, ni risas ruidosas.

Solo dos personas heridas, sentadas juntas en medio de un día torpe y tonto.
Y el lazo entre ellos, que a pesar de todo… seguía ahí. Firme. Real.


Esa noche, la escuela estaba en penumbra.

Kou había propuesto una pijamada improvisada para animarla: "¡La mejor forma de vencer tus miedos es enfrentarlos!" Y así, con linterna, mantas y bocadillos, los tres pasaron horas jugando en el baño del tercer piso.

Yashiro sonreía otra vez. No del todo… pero suficiente. Hanako, sin embargo, no dejaba de mirarla con cierta incomodidad en los ojos. Cuando Kou por fin cayó rendido y la linterna parpadeó por última vez, Nene abrió los ojos. Hanako ya no estaba allí. Salió con cautela al pasillo. Las sombras parecían observarla. Su corazón golpeaba con fuerza.

Y entonces lo vio.

No a Hanako.

A otra cosa.

Un espíritu sombrío, flaco, de ojos vacíos, flotando a escasos metros. Lo había notado. Se abalanzó sobre ella.

Nene gritó.

Pero el golpe no llegó.

Una explosión de luz, un sonido seco. Y cuando abrió los ojos, Hanako estaba delante de ella, cuchillo en mano. La criatura se desvanecía en cenizas.

Y, por primera vez… Nene tuvo miedo de él.

—¡No… no te acerques!

Se apartó instintivamente, con el corazón desbocado.

Hanako se detuvo. Lentamente bajó el cuchillo.

—Nene…

Pero ya no lo veía como "Hanako-kun". Solo veía a un fantasma. A un ser que podía matar sin vacilar.

Corrió.

Hanako la siguió. Pero no flotando con ligereza. Lo hizo con pasos pesados. Como si su alma también tuviera miedo.

Ella se detuvo, sin salida, jadeando.

Él también.

—¡Yashiro espera! Acaso…¿Tienes miedo de mí? —preguntó, en voz tan baja que parecía romperse.

Nene no respondió.

—No quiero que tengas miedo de mí. No tú.

Ella lo miró entonces. No al fantasma. No al cuchillo.

A él.

El chico atrapado en un mundo al que ya no pertenece, que no tiene dónde ir, pero que… por alguna razón… siempre está allí para ella.

—Yo solo… —su voz se quebró—. Me asusté. No de ti. De lo que vi.

Hanako se acercó un paso.

—Entonces mírame bien ahora —dijo—. Soy yo. Solo yo.

Ella bajó la mirada. Y cuando volvió a levantarla, sus ojos estaban húmedos, pero ya no había pánico.

—No te tengo miedo —susurró.

Y entonces, lo abrazó. Él se tensó. Luego cerró los ojos. Y la sostuvo como si ella fuera lo único que lo mantenía atado a este mundo.


Horas después, cuando ya estaban de vuelta en el baño, sentados en el suelo con las luces apagadas y Kou roncando a lo lejos, Nene habló sin mirarlo:

—Hanako-kun.

—¿Hmm?

—Gracias… por protegerme.

—Siempre lo haré.

—Eso es lo que me asusta —admitió—. Que un día… no estés para hacerlo.

Hanako giró lentamente el rostro hacia ella. Su mirada era suave, pero firme.

—Ningún fantasma va a tocarte mientras yo exista.

Nene sonrió. Débilmente.

—Entonces no desaparezcas.

Hanako la miró por unos segundos. Luego, sin decir nada, tomó su mano entre las suyas.

Y ella no la soltó.

El reloj marcaba las dos de la madrugada.
Kou roncaba suavemente en su saco de dormir, acurrucado junto a la pared. Afuera, el viento seguía silbando entre las rendijas del viejo edificio, pero ya no parecía tan amenazante como antes.

Yashiro no podía dormir.

Seguía envuelta en su manta, sentada con las rodillas contra el pecho. A su lado, Hanako flotaba en silencio, con las piernas cruzadas como si estuviera sentado sobre el aire, las manos descansando sobre las rodillas. Sus ojos, normalmente brillantes y juguetones, estaban fijos en el vacío.

Llevaban así un rato largo, sin decir palabra.
Hasta que él habló.

—¿Todavía tienes miedo de mí?

La pregunta cayó como una piedra en el agua. Yashiro giró lentamente la cabeza hacia él.

—No… —susurró—. No miedo. No exactamente.

Hanako ladeó un poco el rostro, con expresión neutral. Pero sus ojos estaban cargados. No con rencor, ni molestia… sino algo más triste. Más humano.

—Entonces… ¿qué fue lo que viste?

Yashiro dudó.

—Vi… a un fantasma. No eras tú, no del todo. Solo… una sombra. Alguien capaz de destruir sin pestañear. Como los de las historias, como los que me aterrorizan.

—Y eso te hizo olvidar que era yo.

Hanako no lo dijo con reproche, sino con algo más tenue. Como si fuera una verdad que le dolía decir en voz alta. Ella bajó la mirada.

—No lo olvidé. Pero mi cuerpo… sí. Fue como si algo dentro de mí se encogiera. Como si, por un momento, no pudiera recordar todo lo que eres.

Hanako suspiró, bajando también la mirada.

—¿Sabes? No es la primera vez que alguien me mira así.
—¿Así cómo?

Él tardó en responder.

—Como si yo fuera un monstruo.

Yashiro lo miró. Había algo en su tono que le apretó el pecho. Ya no era el Hanako que flotaba por los pasillos con su eterna sonrisa burlona. Era el niño que alguna vez fue.

—No quiero que tú me mires así —añadió él, bajito—. Eres la única que me ve… como alguien real.

Yashiro sintió que algo dentro de ella se rompía.

—Lo siento… de verdad.

—No fue tu culpa —dijo él enseguida, negando con la cabeza—. Solo… me hizo pensar.
—¿En qué?

Hanako ladeó una sonrisa pequeña, pero sin humor.

—En que a veces olvido lo que soy.
—¿Un espíritu?

Él asintió lentamente.

—Y que para ti, aunque no lo digas, eso siempre va a significar peligro. Incluso si soy yo.

Ella abrió la boca, pero él levantó la mano, como si le pidiera terminar.

—No te culpo por tener miedo. Sé lo que soy. Sé lo que he hecho… —Su voz tembló apenas—. Pero cuando te vi retroceder, cuando gritaste… fue como si todo lo que habíamos construido… se resquebrajara.

Yashiro se inclinó un poco hacia él, con los ojos ardiendo de culpa.

—Hanako… no fue eso. No fue... Fue el momento. Fue la oscuridad, el susto, el otro fantasma. Fui yo, no tú.

Él alzó la vista.

—¿Y ahora?

—Ahora sé que sigues siendo tú. Que el que me salvó eras tú. Que, incluso si me asusto a veces, confío en ti.

Hanako la miró, con el rostro relajándose poco a poco.

—¿Entonces no vas a dejar de venir a verme?

Ella sonrió con tristeza, negando con la cabeza.

—No podría, aunque quisiera.

Él se rió suavemente, con una de esas risas que salían de lo más profundo. Después, su voz volvió a sonar más baja, más honesta.

—¿Puedo decirte algo tonto?

—Siempre dices cosas tontas.

—Esta vez lo digo en serio —dijo, y su tono la hizo quedarse callada.

Él se inclinó hacia ella, apenas unos centímetros más cerca.

—Me dolió más que gritaras que cuando me golpeaste.

Yashiro se quedó inmóvil. No por sorpresa, sino por la delicadeza con la que lo había dicho. Como si fuera un secreto. Como si le confiara una parte de sí mismo que no mostraba a nadie.

—Hanako…

—No soy bueno con esto —continuó—. Lo de ser protector. Lo de ser alguien confiable. A veces siento que todo lo que hago es asustarte más…
—Eso no es cierto.

—Tal vez no. Pero quiero que sepas que… aunque sea un fantasma, aunque tenga que pelear, siempre soy yo. Y lo que más quiero… es que estés bien.

Yashiro sintió que las lágrimas volvían, pero no de miedo.

—Lo sé —susurró.

Él sonrió, esta vez con un poco más de alivio.

—¿Entonces puedo seguir asustándote… de vez en cuando?

Ella le dio un leve empujón con el hombro, sin borrar su sonrisa.

—Solo si después prometes protegerme.

—Siempre.

Y esa vez, cuando el viento volvió a soplar entre los cristales rotos de la escuela, ya no pareció un susurro amenazante.

Sino un recordatorio suave de que, incluso en medio de los temores más profundos, hay voces que te devuelven a ti misma.

¡Este es el fin! Espero que os haya gustado. Planeo escribir mas fics de Hananene en un futuro pues adoro a esta pareja. 3