Capítulo 2 Entrevista con Tom Riddle (POV Syla)

–¡¿Tom Riddle?!" –exclamaba la secretaría mientras la volvía a mirar– Señorita Syla, imagino que debe haber un error. No creo que usted haya postulado...

–… al cargo de maga investigadora? –Syla completó– ¿La que pedía un expediente extraordinario? Si, no hay errores.

La maga estaba aún atónita así que Syla continuó

–¿No más d años de terminado en Hogwarts? Lo cumplo, egrese de Hogwarts el mes pasado. ¿Estar en el 10% de la generación? Como ya se mencionó estoy bajo el 5% ¿Ser descendiente de magos con poder de adivinación? Creo que saber quién es mi Tía es más que suficiente. ¿Estudios demostrados en las áreas de Defensas contra Artes Oscuras, Historia de Magia, Adivinación y Alquimia? Están en mis notas de EXTASIS. Creo que mi postulación está en orden.

Comenzaban a escucharse murmullos en la recepción. Más de alguna cabeza giraba hacia donde estaba Syla. No estaba segura si la razón era la mención de Tom Riddle o era haber levantado la voz para mostrar sus credenciales. No le importaba mucho en verdad. Podrían pensar lo que quisieran. Venía a cumplir su misión. Eso es lo único que importaba en estos momentos.

La secretaría la miro consternada. Luego volvió a mirar la postulación y luego a Syla nuevamente. La secretaria se dirigió a ella.

–Joven Syla –empezó a decir.

–Preferiría señorita Syla a secas estimada –respondió con firmeza.

–Muy bien…. señorita Syla –dijo con un tono de calma– Veo que su prestación cumple con todas las condiciones pedida por el señor Tom. Tiene los requerimientos, y si bien algunos complementarios como la carta de recomendación de sus padres no aparece, si tiene las cartas de dos de profesores importantes de Hogwarts. Está todo en orden y, efectivamente, el señor Tom se encuentra en las instalaciones, pero…

–Pero ¿qué? –respondió Syla con curiosidad– ¿Falta algún sello o certificado?

–No es eso –indicó la secretaria. Bajo un poco la voz y se acercó a ella mientras le alcanza a Syla un pergamino. Era una lista– ¿Puede ver los nombres?

Syla asintió.

–Bueno, son las personas que se han presentado en el cargo –mencionó la secretaria con cierta tristeza– pero también son los nombres de las personas que han tenido que ir al hospital los últimos 3 meses.

–¿Cómo que con hospital? –Syla pregunto con cierto tono de incredulidad. Sabía que los 3 meses correspondían a cuanto llevaba el anuncio publicado.

–Dicen que el señor Tom Riddle anda en búsqueda de gente… capacitada para el cargo –dijo la secretaria mientras guardaba el pergamino– Después de su llegada al ministerio hace 6 meses, ha estado encerrado en el Departamento de Misterios. Solo se le ha visto salir para eventos sociales y visitas esporádicas a su antiguo trabajo en Borkin y Burkes. Todo el resto del tiempo ha estado, de acuerdo con los registros, haciendo experimentos con cierto grado de riesgo en el departamento de misterio.

La secretaría sacó unas fichas que tenía dentro del archivo de postulación de Riddle y se los mostró a Syla.

–De los 5 postulantes –continuo– Solo dos llegaron a mediados del segundo día antes de presentar su renuncia. Ninguno fue aceptado. Todos terminaron hospitalizados, según los registros, por inadecuada manipulación de los experimentos del Señor Riddle. Dos de ellos con heridas de algún tipo de explosión, otra envenenada, otro con lesiones varias y el último se auto combustionó.

–¿Auto combustión? –dijo de forma automática mirando con su rostro horrorizado.

–Así es. Sumado con episodios de ceguera y daños menores –dijo la secretaria– En fin, sabemos de las grandes habilidades de señor Tom viniendo recomendado por el mismísimo director de Hogwarts, el maestro Dippet. Aun cuando sus "métodos de selección" hayan sido hasta ahora poco… ortodoxos no tenemos dudas que pronto tendremos noticias de sus grandes experimentos. Sin embargo, trabajar con él podría resultar muy peligroso. Le pido favor señorita Syla que reconsidere su postulación. Quizás podría preguntar al Honorable ministro Leonard por otra vacante.

Hubo un silencio. Syla sabía muy bien con que personaje venía a trabajar. Si bien eran de edades similares (Tom solo la aventajaba en dos años), todos conocían la carrera prodiga que había tenido Tom en sus años de Hogwarts. Había recibido medallas múltiples en quinto año, había logrado ser un delegado y en su último año había recibido la Medalla de Merito. Nadie dudaba de su talento, un hombre reconocido por su trayectoria.

Si bien aparentaba ser un hombre intachable (Syla nunca fue cercano a él en los años que coincidieron en Hogwarts), sabía de gente con tendencias crueles dentro de su círculo de seguidores. Nunca era nada apuntaba directamente a él, pero era sospechoso que gente de dudoso actuar estuviera indirectamente relacionado a él. Se decía que era culpa de ser bondadoso y aceptar a toda clase de gente alrededor de él. Nadie parecía conocerlo más allá de ese estudiante impecable.

Bueno, esa descripción la aceptaban casi todas las personas, pero no Syla.

Ella veía más que resto, ella sentía más que el resto y, por supuesto, Tom no se escapaba de sus habilidades, para bien o para mal. Sabía con quién iba a trabajar y quien terminaría siendo en los años venideros. Ya había aceptado ese desenlace. Si esto fuera el inicio del fin, que así fuera. Ella iba por su objetivo y no vacilaría.

No ahora.

–Yo, Syla Vablastky, voy a trabajar con Tom Riddle –afirmo con convicción– Y eso será, le guste a usted o no. Agradezco su preocupación, pero no es necesaria. Trabajaré con el señor Tom con quien sin duda haremos descubrimientos fantásticos.

–Pero señorita Syla –dijo la secretaria– Si usted desea, aún puede…

–Quedan solo 5 minutos para mi entrevista –indicó Syla mientras mostraba su reloj– Favor, le solicito el acceso al piso -9. No quiero llegar tarde.

La recepcionista miró una vez a los decididos ojos café de Syla. Una mirada llena de determinismo

Finalmente, se limitó a suspirar y timbrar el pergamino de postulación de Syla. Con su varita y un hechizo de accio, las credenciales y la identificación volaron hacia sus manos y fueron entregadas no sin último consejo.

–Suerte –se limitó a decir con duda – Cualquier cosa, estaré atenta.

–Gracias –respondió– No hará falta.

Syla tomo sus credenciales, y apuró el paso hasta el ascensor. La escena había resultado molesta con toda esa gente mirando, pero tampoco esperaba otro desenlace al mencionar al mago por el que venía. Es más, prefería mil veces que hubiera sido la conversación entorno a Tom, antes que la reconocieran en el ministerio como hija de Dorothy. No se parecía a su madre y la última vez que vino era apenas una niña, pero no era imposible que alguien la reconociera. Convenientemente, la gente se concentraba más en su apellido y en su tía Cassandra cuando revelaba su apellido.

Quizás otras personas se sintieran al ser opacados por un pariente famoso, pero no Syla. Ella amaba a su tía. Era motivo de orgullo que dentro de ella corriera la misma sangre de alguien tan conocida e importante. A veces le daba ánimos de pensar que, a pesar de sus limitaciones, también podía llegar a ser alguien legendaria.

Le gustaría haber ido con su tía el día que todo ocurrió, pero ya era demasiado tarde para eso.

Aun le causaba nauseas pensar en el desastre. Era un suceso que no visitaba a menudo en su cabeza, pero hoy era imposible que no se hiciera presente. Todo lo hacía para arreglar su error. Estaba haciendo lo correcto, pero eso no le quitaba esa angustia interior al recordar.

"Al menos me hace no pensar en el miedo que debería sentir ahora" pensó. Más que mal iría a firmar un contrato con un desalmado. Tenía la tranquilidad de estar decidida y lista para ir al infierno mismo.

Para su suerte, el ministerio tenía conexión directa con el averno en el piso -9.

Syla bajó por el ascensor al piso más bajo para encontrarse por primera vez con el Departamento de Misterios. De pequeña había venido mucho pero nunca a estas dependencias. Casi siempre el destino era el Departamento de Transporte donde trabaja su madre y, ocasionalmente, daba unas vueltas por administración. Ninguno de esos destinos era particularmente fascinante. Su madre Dorothy y sus colegas pasaban horas y horas hablando de cálculos y teorías para la mejora y ajuste de la red flu hasta la hora de salida.

Obviamente había cierto desafío en las labores de su madre. Balancear la red de transporte más grande del mundo mágico, la Red Flu, no era fácil. Sin embargo, para Syla carecía del entusiasmo necesario para llamar su atención. No lograba ese aire de curiosidad que sentía por la magia aún por descubrir.

Antes de sus 11 años, cuando venía al ministerio, siempre miraba con reojo el botón -9 del ascensor pensando en algún día en ir al lugar donde la verdadera magia ocurría.

Hoy por fin el sueño de su niñez se cumplía y el Departamento de Misterios se inclinaba ante ella. Saldría antes del final del día como una nueva maga investigadora del departamento.

En verdad, era un paso lógico pensando en sus años en Hogwarts. Disfrutaba mucho de aprender magia sobre todo la que el resto no se cuestionaba por entender. Esas horas estudiando y experimentado en la sala sobre la magia desconocida en la sala de estar de Hufflepuff, la habían marcado como "bicho raro" de su casa. Durante años sus compañeros la molestaban diciendo que no entendían porque se esforzaba tanto en magias que muchas veces no llegaban a ningún lado. Del porqué se esforzaba tanto en aprender y que quizás una casa como la de Ravenclaw le hubiera asentado mejor. Un pensamiento esperado en la gente común, sin embargo, la respuesta para ella tan clara como el agua.

"Helga Hufflepuff pudo no haber sido la maga más brillante de la historia, pero no hay duda de que fue la más honesta y la que más duro trabajó" o al menos, es lo que le recitaba su padre cuando era pequeña. Para Syla, el descubrimiento de nuevas artes era producto de la dedicación, por lo que no hubo un mejor hogar esos siete años en Hogwarts que la casa de Hufflepuff.

Quizás fuera la peor en herbología de toda su generación (dato recordado por cada persona de su casa), pero eso no le impidió dedicarse a aprender los desafíos interesantes de la magia. Los secretos que el resto pasan por alto, ella les dio su tiempo y cariño. En su casa de Hufflepuff, además de miradas de curiosidad, siempre le dejaron realizar sus investigadoras vanguardistas. Es más, sus amigas cercanas la alentaban a hacer lo que la hacía feliz. Con ello, Syla era feliz.

Las cuatro credenciales que le recitó a la recepcionista eran sus pilares para entender la magia experimental: Historia de la magia, para entender los cimientos de estas; Defensa en las artes oscuras para entender los límites actuales de la magia oscura y de la luz; alquimia para la búsqueda de nuevos elementos y, por supuesto, la adivinación para poder entender los poderes de la magia que solo su tía era capaz de ver.

Trabajar para Tom era parte del plan original para arreglar su error, pero trabajar en el departamento de misterios era su deseo de la niñez. Si vender su futuro sería estar en este piso, al menos, daba gracias por ello.

Giró por el pasillo dando una vuelta rápida con su mirada a las demás divisiones. No tenía tiempo de husmear hacia el corredor que daba con la cámara de cerebros o el salón de las profecías, pero ¡por Dios! Al fin estaba en este lugar que había soñado siempre. Todos los misterios por resolver y lo haría con calma mientras las semanas pasaran.

Finalmente, en la sección de oficinas de los jefes de departamento, llegó a una simple puerta de madera con un nombre inscrito en hermosas letras doradas.

–Tom Riddle, Mago Investigador –leía Syla en voz alta– Bueno, aquí estoy. Me he preguntado cómo sería este momento. ¡Es hora de conocerlo!".

Toco la puerta tres veces, y luego, escuchando una voz que la invitaba a entrar. Cruzó la puerta.

La oficina de Tom Riddle era impresionante. Distaba mucho de los otros cubículos modestos que conocía Syla del Ministerio. No, este era prácticamente un salón de eventos. El amplio espacio no contrastaba en nada a lo que uno pudiera suponer desde el exterior. Había un corredor enorme desde la puerta de entrada hasta el final de la habitación. Sobre el techo había candelabros con velas mágicas que iluminaba la estancia. Los muros laterales tenían una seguidilla de estantes, cada uno con una serie de artilugios mágicos que Syla jamás había visto en su vida. Era capaz de reconocer algunos y, quizás un par de pociones simples, pero lo demás era desconocido.

Si bien estaba nerviosa, su cabeza comenzaba a pensar lo interesante que sería descubrir que hacía cada uno y que utilidad podría darle.

Después de unos momentos de contemplación, miró a sus pies. El corredor era de madera con una refinada alfombra roja central que llegaba hasta el final. Parecía antigua, y se notaba que había recibido la mantención adecuada durante años. Estaba decorada con colores de oro y plata, y una serpiente… no, más bien un basilisco que la recorría de principio a fin. En el final de la alfombra, yacía los colmillos de la criatura rodeando una tableta con inscripciones de un idioma indescifrable.

En el escritorio del salón al final de la habitación, sentado en una silla con ornamentación de colores verde y plata, una persona lo esperaba. Vestido con un pantalón oscuro de tela y una simple camisa blanca adornando dos gemelos esmeraldas en cada puño. Sobre sus hombres descansaba una capa azul oscuro.

Tom era bastante alto, con cabello oscuro corto y ordenado y de una mirada penetrante en sus ojos cafés. Esos ojos se habían posado en ella apenas había llegado. Estaba siendo analizada, como si estuviera determinando si valía la pena recibirla. Pasaron unos segundos antes que bajara su mirada al libro que estaba leyendo. Riddle dirigió unas palabras sin sacar su vista del libro.

–Syla Vablastky, favor tome asiento –dijo Tom Riddle– Es hora de su entrevista.

Sintiendo un pequeño momento de duda, Syla se aproximó a la silla frente al escritorio y tomó asiento.

Finalmente conocía al hombre de sus visiones, o más bien, al hombre que se convertiría Tom Riddle. A pesar de todo lo que sabía sobre él, era una sensación distinta verlo en persona. Su presencia era un inquietante, pero le causaba cierta tranquilidad. Se veía sereno, hasta alguien medianamente amable a quien acercarse y conversar. Le costaba creer que este hombre, solamente 2 años mayor, fuera a ser el personaje despiadado que había visto en el futuro.

"Bueno, sí tengo que venderme al mismo diablo, agradezco que aparente ser acogedor" – pensó Syla –

Pasaron unos minutos más de espera. Syla por supuesto no se molestó en preguntar cuando más debería esperar. Claramente podía ser una prueba de paciencia, así que se limitó a ver lo que estaba sobre la mesa. Varios libros y pergaminos rodeaban a Tom, parecían estar escritos en idiomas antiguos que no conocía del todo. Había un libro más delgado, de color negro, en mejor estado que destacaba del resto. En conjunto sobre el escritorio aparentaba ser una especie de investigación. Syla se preguntaba que estaba estudiando

Sin darse cuenta, se encontró con la mirada de Tom viendo hacia ella. Syla dio un pequeño salto. Cerrando el libro que tenía en mano, lo dejó a un lado y empezó a buscar un pergamino.

–Syla Vablastky –dijo mientras levantaba la hoja. Parecía ser su carta de presentación– Leo aquí que, hasta ahora, ha sido mi postulante más laureada. Buenas calificaciones, de las primeras en su generación, dominación de las artes de defensa oscura, encantamientos, historia de magia, y adivinación por supuesto.

Tom se levantó de su asiento sin quitar sus ojos del pergamino mientras se apoyaba en su escritorio a un lado de Syla. Teniendo tan cerca a Tom, Syla instintivamente sentía que debía apartarse, pero apretó los dientes, fijo su mirada en él y no se movió. Tenía que demostrar determinación.

–Pero, como debe saber Señorita Vablastky –dijo mientras apartaba el pergamino– Estos requerimientos son solo un filtro para lo que necesito realmente. Dígame, señorita, ¿por qué esta aquí?

Syla se agitó "¿Qué era ese sentimiento de pavor que sentía? ¿Riddle podía leer su mente? ¿Sabía por qué estaba de verdad aquí? ¡No, concéntrate! "- Se reprochó a si misma - "Es muy tarde para pensar en eso. Es hora de responder lo más honesta posible y quedarme con el cargo. Como mi padre decía, pocas armas son tan afiladas como la verdad"

–Por el conocimiento –afirmó Syla, era en parte la verdad– En Hogwarts aún se habla de un brillante alumno de Slytherin que dominó casi todas las artes, sin embargo, fue a trabajar directamente a Borkin y Burkes en vez de tomar un rol más importante en el ministerio. Un año después, las noticias hablan del mismo mago trabajando como uno de los jefes del departamento de misterios trabajando en un proyecto importante. Apenas vi el anuncio, postulé.

–Ahh, una buscadora de intelecto mágico –dijo Tom– Buena respuesta señorita Vablastky. Mejor que las de los otros prospectos que indican tonterías como "quiero ser parte de su círculo" o "vengo por usted". Así que conocimiento… ¿puedo preguntar en que áreas señorita?

–La magia hasta ahora tiene sus limitantes –respondió– Si bien el entendimiento de la magia en la actualidad es basto, no es ni cerca de lo que podría hacer. Solo la dedicación de entender los nuevos fenómenos hará que podamos lograr cosa que antes no eran posibles.

Hubo otro momento de silencio. Syla estaba tranquila, pero que era esa sensación que percibía de Riddle. ¿Un interrogatorio? ¿Curiosidad?... ¿Aprobación? Bien, simplemente seguiría siendo honesta. No era el plan más brillante, pero esa su apuesta.

–Bien, digamos que me ha convencido hasta ahora –dijo Tom– Digamos que su deseo es puramente idealista y que yo, sin más, aceptaré esa condición. Los dos sabemos que no es suficiente. Yo necesito lealtad en mis subordinados y es una prueba que también pondremos a prueba.

Tom sacó una poción de su escritorio y se la extendió a Syla.

–Bébela –dijo Tom.

Syla tomo el frasco y lo bebió sin pensar. Tenía claro hasta donde tenía que llegar y ya había tomado la decisión. Cualquier duda o titubeo haría fallar la misión que se había encomendado a sí misma. Nada de rodeos, solo ir hacia adelante. Esta era una partida que no perdería.

–Bien, obediencia –respondió Tom complacido– Veo que no has arrancado como lo hicieron los otros. Era más de lo que esperaba señorita Vablastky. ¿Sabe lo que ha tomado? ¿no tiene curiosidad?

–No sé lo que he tomado y no necesito saberlo –respondió, sorprendida de su propio tono. Era de decisión– Tendrá sus razones para haberme hecho beberlo. Eso me basta.

Tom sonrío. Su rostro reflejaba una expresión que no había visto claramente hasta ahora: aprobación.

–Me hace reír señorita Vablastky –respondió– es más de lo que esperaba para serle franco. Dígame, ¿es de verdad sobrina de Cassandra Vablastky? ¿Tiene el poder del ojo interno como ella?

Al fin, la pregunta que esperaba y probablemente la razón por la que Tom aceptó su postulación en primera instancia.

–Si, soy sobrina de Cassandra Vablastky –dijo– Y no he manifestado el ojo interno su nivel. No puedo profetizar como lo hace mi tía, pero he tenido un par de visiones a lo largo de mi vida.

–Interesante, muy interesante –dijo Tom, mientras se apartaba del escritorio y caminaba al centro de la habitación– Solo que un punto más probar. ¿Me acompaña señorita?

Syla se levantó de su asiento un poco más aliviada. La entrevista había ido más o menos como esperaba. Consulta de sus motivaciones, revisión de su conocimiento y preguntas de su habilidad de adivinación. También sabía que habría alguna prueba de confianza, por lo que poción no le había sorprendido en demasía. Ella no era perfecta, estaba aterrada por dentro. Sabía lo que este hombre eventualmente sería capaz de hacer y no se fiaba del todo de su palabra… pero se había quedado sin opciones y era la persona que tenía para recurrir. Solo un poco más y estaría trabajando con él.

– Hasta ahí está bien Syla –dijo Tom.

En la distracción, no notó que Tom se había parado en la mitad de la estancia. Estaban más menos a una distancia de 5 metros. La túnica azul de Tom resaltaba sobre la alfombra roja y su tamaño lo hacía ver imponente. Vio que su expresión cambiaba a una más sombría mientras alzaba su varita.

–Incendio – dijo Riddle.