Este capítulo transcurre el viernes 21 de enero de 2005. Se correspondería cronológicamente con «Libro abierto».
CAPÍTULO 10:
Pasmada – Thunderstruked
Me resultó un poco difícil pasar desapercibida cuando llegué al aparcamiento.
Infoooormer you no say daddy me Snow me I'll go blame
A Licky Boom Boom Down!
Detective mon said daddy me Snow me stab someone down the lane
A Licky Boom Boom Down!
¡¿Para qué me voy a engañar?! ¡Todos los estudiantes se me quedaron mirando al pasar con la furgoneta rugiendo aquella música infernal a todo volumen! Deseaba que se me tragase la tierra y no me extrañaba nada que alguien llamara a Charlie para denunciarme por escándalo público o perturbación de la paz.
Poooooolice them come an' now they blow down me door
One him come crawl through through my window
So then they put me in the back the car at the station
From that point on me reach my destinati...
Aparqué en el primer hueco libre que encontré, aunque estaba mucho más lejos de lo que habitualmente me situaba, para poder apagar la radio de una maldita vez. Salí del trasto de inmediato, pero tenía la mente tan desorientada con mi espeluznante descubrimiento matutino y el bochorno de mi radio menoscabada, que no percibí la muda expectación que empantanaba el aparcamiento como un torrente de agua hasta que pasé al lado de Jessica y ella no dio signos de haberme visto siquiera.
—¡Buenos días! —le saludé con la voz un poco tomada todavía, acercándome más.
—¡Sí, sí, sí, Bella, aparta que no veo contigo en medio! —respondió agarrándome del hombro y empujándome hacia un lado, con los ojos impertérritamente fijos en un punto.
«¿Pero qué narices es tan...?» Me di la vuelta y, por segunda vez en el día, no di crédito a lo que mis ojos contemplaban, aunque por un motivo mucho menos sobrecogedor.
El tutor de Gail Rouse estaba en el aparcamiento, logré reconocerlo de inmediato por su cabello escarlata ensortijado y el rostro cuajado de pecas, al lado del mismo todoterreno que el pasado martes nos había interrumpido. Sin embargo, pude entender el ferviente entusiasmo de Jessica al observarle erguido de pie por primera vez y sin estar envuelto en sombras siniestras que le menoscaban.
Era alto.
Bueno, llamarle «alto» era quedarse corto, muy corto.
Roth Burns no sólo era la figura más prominente, sacando una cabeza entera larga al profesor de gimnasia el señor Clapp, que venía a la entrada dando un rodeo para evitar las comparaciones al acercarse a su lado, sino que además tenía un físico imponente y desarrollado, más propio de un bombero que de un oficinista como me había imaginado.
Tan sólo llevaba una camisa de algodón a cuadros bajo una cazadora de cuero fino de color marrón, en la que se podía adivinar unos hombros anchos y fornidos que no eran producto de la goma espuma y unos pantalones vaqueros convenientemente ceñidos, la impresión general que producía era la de ser el primo lejano escocés de Clark Kent y de Bruce Wayne, tal que si hubiera salido de la escena de una película o de una pasarela de moda.
Sin poder evitarlo noté que se me aflojaba poco a poco la mandíbula.
Pero no era la única que se había quedado en ese estado de ensimismamiento. La señora Cope también había abandonado la secretaría, sin ninguna pizca de recato, para poder echar un vistazo junto a la profesora Goff, que se había detenido muy lejos del camino que conducía al edificio 6. No obstante, aquella embelesadora visión se vino al traste, al menos en lo que me concernía, cuando él abrió la portezuela del pasajero acompañante y vi salir a su protegida.
Noté que el enfado se redobló, se triplicó, se cuadriplicó en mi interior al verla de regreso en el mismo lugar y una descarga abrumadora me sacudió por todo mi cuerpo. Se me endureció fuertemente la mandíbula, que antes había flaqueado en un instante de debilidad, y me mordí sin querer la lengua con los dientes.
Saboreé el gusto a sangre, pero no me mareé, respiré por la nariz un poco del frescor y contuve las ganas de vomitar quintuplicando mi rabia hacia ella.
Había hecho muy bien en no dejarme abatir por la melancolía y el temor. Ni me quedé petrificada, ni se me hizo un nudo el estómago, ni las orejas comenzaron a arder como soplillos. Mantuve tozudamente la mirada fija hacia delante, evitando el impulso natural que siempre me hacía apartar los ojos hacia mis pies cuando me avergonzaba, sin romper el contacto visual con Gail Rouse.
Ella puso cara de pocos amigos al salir del vehículo siguiendo a su tutor, miraba a todos los rincones del aparcamiento con una expresión mortificaba y seguidamente clavaba sus ojos en el cogote de Roth Burns, como lanzándole dardos mentales venenosos. Por primera vez veía a Gail Rouse completamente abochornada por el espectáculo que él estaba brindando. Estaba más que fuera de su elemento, andando renuentemente unos pasos detrás suyo, como para distanciarse de manera simbólica.
Esperé, cuadrándome de brazos cruzados, hasta que nuestras miradas se encontraron de una vez por todas. No esperaba que se achantara, ni tampoco sabía qué podía esperar en realidad. Se detuvo un segundo al observarme tan envarada y enfadada, pero en lugar de sufrir uno de sus espontáneos espasmos de terror sin explicación, su rostro adoptó un talante sutilmente analítico, muy distinto al que había mostrado en la pasada ocasión.
Seguidamente, por alguna inexplicable razón, sonrió para sí misma y sacudió la cabeza mientras la agachaba, como solazándose con mi más que evidente enfurruñamiento.
Continuará…
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Disclaimer musical: la canción al comienzo es Informer de Snow.
