Día 1
Lo que pasa cuando te sales de la trama
Llevaba caminando un par de horas por la ruta que atravesaba el valle. Por muy cómodos que fueran los tenis, los pies comenzaban a dolerme, sin embargo, lo que se estaba haciendo menos tolerable no era tanto el cansancio por el peso de la mochila que cargaba sobre mi espalda, sino el de Pikachu sobre mi hombro. En serio deseaba pedirle que anduviera a su propio paso, pero no quería perder los avances que había hecho con él para que me tuviera confianza y me diese su lealtad. Para distraerme traté de rememorar lo que ocurría en el anime más adelante.
—¿Y ahora qué deberíamos de hacer? —musité en voz alta hablando más para mí—. En el anime se supone que a continuación intentaría capturar a un Pidgey, sólo para que las cosas no resulten como debieran.
Pikachu se agachó apoyando su cabeza sobre la mía para poder escucharme mejor.
"¿Píka?"
Era curioso. Interpreté sus sonidos como si intentara preguntarme: "¿Por qué?" Me tomé un momento antes de responderle.
—Pues… digamos que en el anime tú y yo no empezamos con buen pie, sino… de un modo muy diferente, amigo.
Pikachu ladeó la cabeza. No parecía que pudiera comprenderme, y no porque no entendiera mi idioma, pues ya había aceptado, como muchas otras cosas, que en realidad podía entenderlo bien. Sin duda era una criatura tan inteligente como su versión animada, pero tampoco podía esperar tanto del animalito si de pronto le hablaba de cosas que de seguro ni siquiera otra persona podría comprender. Me detuve un momento frente a un árbol en el que me recargué y tras pensármelo un momento en el que Pikachu me miró intrigado, le dije con cierto buen humor.
—Amigo, ¿puedo contarte un secreto si me prometes no decírselo a nadie?
El regordete ratón amarillo asintió con su cabeza exclamando un corto "Pí" que resultaba divertido y adorable.
—Pues… verás… ¡Ah, rayos! Voy a serte franco. No soy un niño. En realidad soy un adulto de cuarenta años que viene de otro mundo. ¿Qué te parece?
Lo dije sin más sin esperar nada. Quizá seguía subestimando el entendimiento de mi Pokémon, quien de pronto de un salto abandonó mi hombro para aterrizar frente a mí haciendo un par de círculos sobre el suelo andando sobre sus cuatro patitas, para detenerse de pronto pegando un par de saltitos sin dejar de señalar con una de sus patas frontales el cielo mostrando sorpresa en su carita y exclamando consternado.
"¡¿Káchu, Káchu?!"
Era tan evidente lo que trataba de expresar que me asustó su nivel de comprensión. ¿Cómo es que estos seres servían a los humanos de este mundo en lugar de tratar de dominarlo? Tras exhalar aire, me apresuré a corregirlo.
—¡No! No soy un extraterrestre… creo. Bueno, supongo que lo soy dado que este mundo no es el mío, pero… no es tan así. Digo, en el mío también existen las personas, pero no los Pokémons.
"¡Chá! Pikapi. ¡Píka, pika!"
Se puso a agitar sus bracitos ante la sorpresa de la revelación que le hice. Aunque un poco asustado por su actuar, también me dio cierta gracia.
—Tranquilo amigo. Sé que debe resultarte difícil de creer. Pero así son las cosas. Además… en realidad y si lo pienso bien, los Pokémons existen, pero no como aquí, sino como personajes ficticios de juguetes, videojuegos, animes y cosas así.
"¿Pika?" Enarcó una ceja extrañado. ¡¿Cómo es posible que pudiese hacer gestos tan humanos?!
—Ah… un anime es… mira, me es difícil explicártelo si no tengo nada con qué compararlo por ahora. Es algo que los habitantes de mi mundo hacen para entretener a otros.
No pareció entenderme, en apariencia continuó confundido.
Tras estirar el brazo y girarlo para desentumecerme el hombro en el que cargué a Pikachu, me quité la mochila para apoyarla contra el árbol y así descansar mejor, luego me incliné hacia él para frotarle la cabeza y las mejillas consiguiendo animarlo.
—Tranquilo, amigo. No es nada por lo que debas de preocuparte, que tu eres de este mundo como yo ahora también pertenezco a él, y eso es algo que está muy bien porque…
"¡Pika!"
Repentinamente Pikachu se apartó de mí y me obligó a retroceder cuando de la nada lanzó un rayo eléctrico hacia a un lado de la mochila, de donde de pronto vi saltar a algo mucho más semejante a un ratón de lo que Pikachu lo parecía, pero de un color entre azul y morado, con una larga y gruesa cola enroscada y unos enormes dientes incisivos. Me sentí ridículo por el chillido que asustado se me salió.
Seguro que aquel… ¿Rattata? aprovechó que estábamos distraídos para tratar de robarme al igual que en el… ¡anime!
Miré con orgullo a Pikachu, el cual al inicio me pareció que iba a perseguir a aquel Pokémon, para pronto perder el interés en él y regresar conmigo, no sin antes olfatear la mochila como si quisiera comprobar que el Rattata no dañara o se hubiera llevado nada, una acción muy diferente a lo que hizo en el anime, que al no llevarse bien con Ash, lo único que hizo fue partirse de la risa.
"Pika." Exclamó señalando la mochila.
—Descuida, amigo. No se llevó nada gracias a ti. Buen trabajo.
Le froté la cabeza y por la acción que le reconocí se irguió sobre sus dos patas sacando el pecho. Sentía que el buen ánimo por esta aventura que creí perdido después de que me electrocutara lo había recuperado.
Busqué a mi alrededor, y entonces noté no tan apartado de nosotros a un pichón café muy grande, poco más del tamaño de un loro, pero de plumaje café y con un esponjoso buche amarillento. Con su corto pico parecía buscar comida en el suelo. ¿Sería acaso el mismo Pidgey que Ash trató de atrapar sin enfrentarlo y que escapó por ello? Me tomaría la molestia de intentar recrear la escena, si no fuera porque sabía que el primer Pokémon que el verdadero Ash atrapó fue un Caterpie, además tenía garantizado que más adelante conseguiría a un evolucionado Pidgeotto.
—¡De esto es de lo que hablaba, Pikachu! —felizmente le decía contagiándole mi alegría—. Tal vez sea en esencia un adulto, pero volví a ser un niño, y quizá por eso esto me está encantando más de lo que debería. Y es que… ¿por qué debería de estar preocupado en lugar de verle el lado positivo a la oportunidad que conseguí? ¿No crees?
"¡Píka, píka!" Giró sobre sí mismo con entusiasmo.
—Además, de serte franco, cuando fui un niño en mi vida pasada no tuve lo que se dice muchos amigos verdaderos como por supuesto confío en que tú lo serás.
Asintiendo, Pikachu pareció hincharse de orgullo una vez más ante la importancia que le estaba dando.
—¡Exacto! Tú me entiendes.
Tomé de vuelta la mochila para ponérmela sobre la espalda y reanudar la caminata con Pikachu siguiéndome trotando animadamente a mi lado. Continué hablándole tan feliz, que pensé en cantar más adelante el primer tema de apertura que tuvo el anime original. Quizá sí lo vendría haciendo en algún momento, pues mi voz es en verdad muy agradable, tanto que me gusta escucharla. Perdón si con esto sueno muy narcisista, pero en serio que así es mi voz. Tengo una tonalidad infantil suave, aunque muy ligeramente gangosa como la sería de cualquier otro niño que ya está tanteando la pubertad, con un timbre muy diferente al de la gruesa, agitada y un tanto rasposa voz que solía tener en mi vida anterior.
—Incluso —continué hablándole a mi Pokémon—, ¿qué niño, o hasta un adulto fan de Pokémon, no estaría feliz de encontrarse justamente en mis zapatos en este preciso momento? ¡A punto de vivir la mayor aventura de todas junto a su leal y poderoso Pikachu, y sus grandes amigos Brock y…!
Me detuve abruptamente. Pikachu que alegremente se me estaba adelantando, sorprendido por mi repentino silencio y cambio de humor, se dio la vuelta, e inquieto se me acercó, de seguro para saber qué me ocurrió y por qué dejé de avanzar. Lo que sucedió fue que en un instante había comprendido el grave error que cometí.
—Ay, no —miré a mi alrededor girando ridículamente por completo, como si acabara de perder el rumbo—. No, no, no… ¡No!
Me llevé ambas manos a la cara tratando de sofocar la fuerte frustración que comencé a sentir. Cuando me detuve, Pikachu cerró sus diminutos puños alrededor de la pierna derecha de mi pantalón comenzando a tirar de ella, mientras que alarmado trataba de llamar mi atención.
"¡Pi-pikapika!"
Me quité la gorra para con ansiedad frotarme la calva… ¡que diga! el cabello. La sensación no era la misma a cuando antes hacía esto para relajarme cada vez que sentía que atravesaba una crisis nerviosa.
—Pikachu, acabo de darme cuenta que cometí un error al alejarme de… la trama. Se suponía que…
Y noté no tan a lo lejos la silueta contra el sol de un ave tan grande como los pidgey, pero cuyo pico era ancho y curvo por la punta. Si era lo que pensaba, entonces… ¡Aún tenía la oportunidad de arreglarlo!
Tomé una piedra del suelo, apunté al ave, estiré el brazo y… vi a Pikachu en el suelo observándome desconcertado por lo que hacía, y es que… ¡¿Pero qué rayos era lo que estaba haciendo, por todos los cielos?! Solté la piedra y me agaché hasta estar a la altura de mi Pokémon, entonces estirando mi brazo le señalé la silueta del ave.
—Pikachu, —le susurré— ¿ves a ese Pokémon de allá?
Él giró la cabeza hacia dónde le indicaba y asintió.
"Pi."
—Bien. Quiero que por favor corriendo te dirijas hacia el y… ¡lo ataques con un impactrueno!
Volvió su atención hacia mí con los ojos muy abiertos, de pronto los entrecerró y por su boca se asomó una sonrisa maliciosa.
"Piii… kaaa… ¡Chú!"
Tras la última sílaba, corriendo sobre sus cuatro patas como una bala, salió disparado hacia el Pokémon. Contrario a lo que me temía, la idea de entrar en combate pareció agradarle. Al instante y sin perder más tiempo, corrí detrás de él tras sacar de prisa una de las pokebolas que me dio el profesor Oak.
El ave se giró sorprendida hacia Pikachu cuando a este se me iluminaron las mejillas. Apenas parecía a punto de reaccionar emitiendo un agudo chillido que entendí como un "¡ispi!", cuando Pikachu le soltó un rayo eléctrico que lo envolvió paralizándolo en el acto, enseguida apreté el botón de la diminuta pokebola para que se expandiera y… ¡con todas mis fuerzas se la arrojé!
La pokebola golpeó su costado, rebotó y cayó al suelo donde se abrió por en medio mientras el ave de plumaje café rojizo y negro hacía un inútil esfuerzo por moverse. Una azulada energía eléctrica emergió del interior del dispositivo envolviendo al Pokémon reduciéndolo a nada, para entonces regresar al interior de la pokebola que con un ruido seco se cerró de inmediato. Todo esto ocurrió en menos de cinco segundos. El presenciar el fenómeno me había impresionado mucho, por lo que impactado me había dejado llevar al momento de actuar. Vivir y presenciar en persona la captura de un Pokémon era tan diferente a hacerlo sentado con un mando de videojuegos entre las manos pulsando un botón. El esfuerzo que implicaba correr, arrojar el dispositivo, esperar dar en el blanco, ver el funcionamiento de las pokebolas, la expectativa de haberlo hecho bien. ¡Había sido increíble!
La pokebola se agitó en el suelo al mismo tiempo que el botón del centro parpadeaba emitiendo un atenuado ruido de alarma. Expectantes, Pikachu y yo observamos el dispositivo moviéndose… cuando de pronto caí en cuenta de las implicaciones de lo que acaba de hacer.
—¡No! ¡Un momento! Se supone que el Spearow debió de…
El botón dejó de parpadear. La pokebola dejó de moverse. Con ánimo Pikachu pegó complacido un saltito, pero preocupado me miró notando como yo no parecía satisfecho con la captura.
"¿Pika?"
—Ah… buen trabajo, amigo. Tenemos… —me incliné y recogí el esférico dispositivo al que contemplé meditativo— a un Spearow… es… genial.
Miré a lo lejos. La bandada de Spearows que se supone ese Pokémon debió de llamar de no haberme apresurado a capturarlo tan rápido quizá no se encontraba muy lejos. ¿Qué se supone que debería de hacer ahora? ¿Liberarlo y cruzar los dedos para que molesto e intentando librarse de mí llame a su bandada? Y en el caso de que por el contrario me obedeciera tras ahora pertenecerme, ¿la llamaría si se lo ordenaba? ¿Y si lo conseguía luego qué? Supongo que como en el anime, huiría con Pikachu en brazos hasta llegar a un río en el que saltaría para después… ahogarme.
A diferencia de Ash… yo no sé nadar. Y aún si supiera, no había ninguna garantía que la corriente me llevara hasta ella, o que consiguiera engancharme al sedal de su caña. De todas maneras sentía que ya no importaba. Lo había arruinado.
"¿Pikapi?"
Pikachu parecía preocupado por mi estado de ánimo evidentemente decaído.
—Lo lamento, Pikachu. De verdad estoy feliz porque capturaras para mí al Spearow, es sólo que…
¿Que se supone que le diría? "Debí de dejarlo en paz tras que lo atacaras para que llamara a sus amigos y estos pudieran herirte hasta dejarte convaleciente, y así poderme tirar contigo a un río para conocer a una chica."
"¿Kachu?"
—Es sólo que esperaba encontrarme con alguien que… creo que ya no me esperará.
Fue ahora Pikachu quien miró a su alrededor. Me incliné hacia él permitiéndole ir sobre mi hombro. Se lo había ganado después de conseguir para mí a un Spearow que no tenía idea acerca de cómo encajaría en mi aventura como Ash. Mientras caminaba retomando el camino, le expliqué.
—Se trataba de una chica pelirroja como de… ¿diez, doce años? Hay un debate acerca de eso. Una chica bonita de cabello naranja… o rojo. Era linda, bueno… supongo que lo sería —suspiré—. Tal vez pudo ser nuestra amiga de haberse dado la oportunidad. Pero… lo que sea. Será mejor que nos vayamos a Ciudad Plateada. Con suerte lograré hacer que Brock nos acompañe.
Siendo franco, eso no era precisamente algo que me interesara conseguir con ansias, pero con resignación supongo que eso sería mejor a nada si quería conseguir compañía. Una compañía humana, por supuesto.
En serio que me sentía abatido, y es que, tan pronto tomé conciencia de todo lo que implicaba esta aventura, me sentí muy entusiasmado ante la posibilidad de conocer a la pokegirl con la que shipeé a Ash más que con el resto; y sí, tal cual lo dije, que a pesar de ya no estar tan al tanto del anime tras quedarme a mitad de Hoenn, por las películas y los clips de internet sabía quiénes fueron las compañeras de Ash posteriores a May, pareciéndome en su mayoría tan lindas como para buscar fanarts, fics, fan comics, o videoclips en los que tenían algo con él… aunque no tanto como con la primera que lo acompañó en su viaje, o como después casi con el mismo entusiasmo también lo hice con…
"¡Pika!"
Pikachu saltó hacia mi cabeza provocando que trastabillara, donde olisqueó a su alrededor, de pronto de un salto regresó al suelo, y sin avisarme, como hace un momento, se puso velozmente a correr sin parar, alejándose cada vez más de mi alcance.
—¡Espera, Pikachu! ¡A dónde vas!
Me puse a perseguirlo asustado de perderlo. ¿Pero qué le ocurría? No quería pensar que me estaba abandonando así como así de la nada.
Se detuvo y volvió a olisquear a su alrededor. Ya estaba por darle alcance cuando reanudó su marcha obligándome a seguir corriendo a lo largo del boscoso valle. En un momento paró sólo para mirarme, pero cuando me le acerqué volvió a correr.
–¡¿Pero qué te pasa?!
Tuve que escalar por un promontorio de tierra que parecía sobresalir hacia un río, cuando… distinguí una bicicleta roja al lado de Pikachu que volvió a detenerse, y así como yo con el Spearow, él con su bracito extendido me señalaba más allá de los arbustos hacia el pequeño promontorio.
"¡Pikáchu! ¡Pi…!"
Asustado me llevé un dedo índice extendido a la boca haciéndole una seña para que guardara silencio. Aunque sorprendido, Pikachu se congeló dejando de hacer ruido. Lentamente me acerqué con cautela, casi de puntillas, evitando hacer cualquier sonido, afortunadamente Pikachu comprendiendo lo delicado de la situación, continuó imitándome.
Estiré el cuello por encima de los arbustos. El vistazo apenas fue fugaz, pero lo suficiente para que nervioso retrocediera al instante sintiéndome también muy entusiasmado y feliz.
La había visto de espaldas, noté que el cabello de esa persona era pelirrojo, que vestía una blusa amarilla sin mangas, cruzada por unos tirantes que salían de su corto pantalón azul, el cual apenas y se le notaba ya que estaba sentada frente al promontorio con los brazos al frente, y me apuesto que con una caña de pescar entre las manos. No tuve ninguna duda acerca de quién se trataba.
Pikachu aunque con las orejas un poco bajas, me miraba sonriendo expectante, como si esperara a que le confirmara si había acertado al encontrar a la chica de la que le estuve hablando. ¡Me había sacado la lotería con este Pokémon!
—¡Sí! Es ella —le susurré inclinándome hacia él para que pudiera escucharme—. ¡Excelente trabajo, Pikachu!
"¡Pi!" Feliz me susurró complacido.
Ahora había una situación a tratar. ¿Qué se supone que haría? ¿Podría sólo llegar, presentarme e invitarla a que me acompañara? No me parecía una opción viable. ¿Por qué ella querría acompañar en su viaje a alguien que acababa de conocer? Ya me presentía un rechazo que de seguro me terminaría por doler tanto como los que sufrí durante la secundaria y la preparatoria. Por supuesto yo ya no era el inseguro adolescente cabizbajo, medio pervertido y flacuchento que se imaginaba que las chicas eran todas unas diosas inalcanzables, más allá de lo que era ahora, al menos en esencia era un tipo cabizbajo, medio pervertido, calvo y obeso que por lo menos con las mujeres no era nada inseguro, y no, jamás engañe a mi esposa con otra mujer, pero tras los años de conflictiva convivencia con ella, aprendí que las mujeres no eran diosas ni algo inalcanzable, sencillamente eran personas a las que uno podría acceder tanto si sabía jugar sus cartas a su favor, y tenía los recursos para estar a la altura de lo que esperaran.
Está bien, voy a confesarlo, fui completamente sincero acerca de que nunca le fui infiel a mi mujer, pero no por la falta de intentos. Dos intentos. Pero por aquello de ser un intendente chaparro, gordo, muy miope, de mediana edad, calvo, y aún sin que se enteraran de que era casado, fue que tanto la tipa que llegué a conocer de veintitantos, como la de treinta y pocos años me vieron con asco y pasaron de mí por mucho que considero usé buena labia en ambas. Les voy a aclarar que después de eso me porté bien y no volví a intentarlo tras darme cuenta de lo incorrecto de mis acciones… en serio, fue por eso, no tuvo nada que ver la impotencia que al poco tiempo comencé a padecer… Pero acá mi nuevo físico me jugaba a favor.
No es que pensara que me veía excepcionalmente apuesto, pero sí consideraba que podría estar aceptable dentro del estándar demográfico, o eso esperaba. ¿Pero eso sería suficiente? ¿Realmente conseguiría convencerla de seguirme con una invitación de la nada sin conocerme? Miré la bicicleta.
El único motivo por el que recordaba que esa niña en el anime decidió acompañar a Ash, fue por lo que él le ocasionó a su bicicleta después de que se la robara para ayudar a su Pikachu medio muerto, el cual estaba frente a mí perfectamente sano.
Me negaba a aceptar pasarla de largo, o intentar acercármele sin una garantía de éxito, ese era el motivo de mi inseguridad, no a que me sintiera nervioso por hablarle a una chica como cuando era mucho más joven. Si esto fuera tan fácil como en el anime de que naciera de ella el seguirme para que le pagara la…
Vi a Pikachu aguardando a que hiciera o le pidiera algo. Después volví a ver la condenada bicicleta.
Bien. Soy el primero en reconocer que la idea que se me acababa de ocurrir, más que mala, era terrible, pero no tenía ninguna otra. Muchas cosas seguro que podrían salir mal, pero la posibilidad de que consiguiera mi objetivo era mucho más alta haciendo esto, que sencillamente ir con ella y ser "yo mismo". Tendría que jugármela. Me estaba desesperando el no dar con una mejor opción.
Y sí, nadie tiene que señalarme lo mal que se ve el que un tipo de cuarenta años busque propiciar un encuentro con una jovencita menor de edad, puedo con vergüenza darme cuenta de esto, pero… ¡Ya no tengo cuarenta ahora que lo recuerdo! ¡Sólo tengo diez años! Soy un niño, y no es mi culpa que tenga demasiado frescos todos los recuerdos, la personalidad y la madurez emocional de mi vida anterior, por lo que esto en realidad no tenía nada de malo… ¿cierto?
Decidido, lentamente me alejé de ahí haciéndole una seña a Pikachu, que confundido primero volteó hacia el sitio en el que se encontraba aquella chica antes de seguirme no muy lejos de aquella posición.
Ya a distancia y teniendo más libertad para actuar, le hablé a mi Pokémon.
—Pikachu… ¿viste la bicicleta roja de la chica?
"Pi."
—Perfecto. Por favor necesito que vayas hacia ella corriendo y… —en serio que me costó trabajo pedirle esto— le tires el impactrueno más fuerte y poderoso que puedas.
"¡¿Piká?!
No pareció hacerle mucha gracia mi indicación. Enseguida de manera desesperada se puso a negar con la cabeza agitando sus bracitos al mismo tiempo. Seguiría sorprendiéndome lo expresivo que podía llegar a ser, sino fuese porque estaba más concentrado en resolver el problema inmediato que tenía.
—Pikachu, entiendo que lo que te pido puede sonar como algo malo… muy malo, pero… ¿viste a esa chica? —él asintió aún a disgusto—. Bien. Ella podría volverse nuestra amiga y acompañarnos en nuestro viaje, pero eso no sucederá si primero no nos aseguramos de que primero vaya a nuestro paso, y para eso es necesario… deshacernos de su bicicleta.
Pero Pikachu claramente angustiado continuó negándose a obedecerme. Junté mis manos frente a él y se lo supliqué.
—¡Por favor, Pikachu! En serio que esto es muy importante para mí. Te prometo que todo saldrá bien. Juro que te lo compensaré después de alguna manera.
Aún parecía dudar. Lucía desdichado por el conflicto que le estaba ocasionando, y yo no dejé de insistirle.
—¡Vamos! ¡Por favor! ¡Sólo te estoy pidiendo que destruyas la bicicleta! No te estoy pidiendo que la lastimes a ella como… como… ¡Como cuando lastimaste a mi madre y a sus amigos además de a mí!
Sé que fui muy ruin por sacar eso a colación, pero… funcionó. Pikachu agachó sus orejas y cabizbajo mirando al suelo, suspiró y dio la vuelta de regreso hacia dónde estaba la chica y su bicicleta. A pocos pasos se giró y me miró de nuevo suplicante para que desistiera. Moviendo la cabeza de lado a lado, le hice un gesto para que se apresurara. Pikachu cerró los ojos con fuerza, se puso sobre sus cuatro patas y… corrió de regreso hacia el promontorio al mismo tiempo que su cuerpo se iluminó con chispas eléctricas.
"¡Piii….kaaa… CHUUU!"
Noté todavía con sorpresa y asombro cómo su cuerpo expulsó por las mejillas otro terrible rayo. ¡De pronto escuché a la muchacha gritar y temí que hubiera salido herida! Al instante corriendo fui a reunirme con ambos.
La chica parecía estar bien. Ella miraba a Pikachu con rabia, por lo que ya estaba en ese momento sacando una pokebola, mientras que su calcinada bicicleta humeante estaba tirada a un lado de mi Pokémon.
—¡Espera! —Le grité evitando a tiempo que lo atacara con alguno de los suyos. Me apresuré a darle la excusa que ya tenía preparada como parte de mi plan—. ¡Fue un accidente! ¡Pikachu no quería…!
La niña de cabello rojizo claro me miró con sorpresa.
—¡¿Este Pokémon es tuyo?! —Me increpó furiosa.
Me costó responderle. Verla de frente y en persona me enmudeció.
A lo mucho esa niña tendría también diez años como yo, con la diferencia de que me sacaba unos pocos centímetros de estatura. Su piel era clara y parecía suave y delicada, tanto en sus delgados brazos como en sus ya exuberantes piernas lampiñas expuestas gracias a que llevaba solamente un diminuto pantaloncillo corto de mezclilla. Los rasgos de su cara eran finos y llamativos. Su rostro salpicado con algunas pecas le conferían un curioso atractivo. ¡Nunca me imaginé que podría tener pecas! Sentía que podría perderme en sus ojos azules casi tan claros como el mar en el que el cielo se reflejaba. Coquetamente exhibía su ombligo en el centro de su liso vientre bajo su corta blusa amarilla sin mangas.
No es como si en mi vida pasada jamás hubiese visto antes a alguna niña de verdad muy bonita, en especial durante mi infancia, periodo en el que por supuesto nunca me atreví a dirigirle la palabra a ninguna por miedo, si acaso años después a una amiga que tenía mi hermano y que cursaba con él la primaria mientras yo estaba en la secundaria, pero ni siquiera ni a ella ni a ninguna otra la podía recordar tan hermosa como esta niña lo era; no su personaje animado que tuvo su cuota de rediseños durante sus pequeñas apariciones en el anime, sino la niña real de carne y hueso frente a mí, que incluso ni mostrándose molesta minimizaba su belleza.
Con Dios, o quien sea que me haya puesto aquí, me sentí profundamente agradecido porque lo haya hecho al darme la oportunidad de cruzar mi camino con el de Misty.
—¡Oye! ¿Me estás escuchando? —me increpó muy molesta y extrañada por mi silencio y quizá la manera tan embobada en cómo la miraba—. ¡Tu Pikachu arruinó por completo mi bicicleta! ¿Qué es lo que tienes que decir al respecto?
Y con toda la seguridad, confianza y honestidad que tenía le solté aún maravillado.
—Creo que eres la chica más hermosa que he visto en toda mi vida.
Todo el enojo de Misty se esfumó en un instante. Conmocionada ahora me miraba con sorpresa, confusión e incluso algo de miedo. Su rostro de pronto enrojeció y no creo que precisamente por el coraje, pues de pronto fue incapaz de verme a la cara, prefiriendo mirar al suelo o a su alrededor como si buscara a alguien que la sacara del apuro. Admito que quizá fui demasiado impulsivo al ser tan directo con ella, que después de todo sólo se trataba de una niña. Hasta Pikachu pareció mirarme con asombro.
Carraspeé mi garganta y con una amplia sonrisa le hablé ofreciéndole mi mano para estrechar la suya.
—Perdona mis modales. Empecemos una vez más. Mi nombre es…
Todo fue tan rápido que tardé en procesar lo que acababa de suceder. La mejilla que seguramente se me hincharía más tarde, de pronto me escosió bastante. El dolor en el lado opuesto de mi cara fue más inmediato cuando me di ahí contra el suelo completamente desorientado. ¿Sabían que en los primeros episodios de Pokémon hay un par de escenas censuradas? Francamente jamás entendí por qué las quitaron, pues las dos bofetadas que Misty llegó a propinarle a Ash no me parecieron que lo ameritara, ni siquiera se percibió que fuesen muy fuertes… por lo menos creo que las dos juntas ni la mitad de fuertes como la que acababa de recibir al punto que el empuje provocó que me cayera.
—Ah… o… oye… —escuché que me llamó. Detecté que había miedo y culpa en su voz. Traté de incorporarme aún mareado—. No… no quise…
"¡Pikaá!"
—¡AAAAH!
Cuando finalmente recuperé mejor la noción de lo que sucedía ya era tarde. Frente a mí Misty había pegado un salto iluminándose con un fuerte resplandor durante un par de segundos, para enseguida caer al suelo inerte, mientras que con enojo por la fuerte bofetada que me había dado, Pikachu la miraba con sus mejillas disipando las últimas chispas que le quedaron tras el impactrueno que le propinó.
Mi Pokémon se me acercó para comprobar que estuviese bien, con el mismo propósito yo me le acerqué a Misty, quien… no se movía. Aterrado y con la cabeza aún zumbándome, murmuré:
—Ay, carajo.
.
.
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Entonces… ¿Creen que Misty aún querrá seguir a "Ash" en su aventura? ¿o siquiera despertará? ¿O será que ella ha partido a su propio Isekai? ¿Ash aprovechará que sigue tibia, o mejor le dará cristiana sepultura? Todo eso y más se responderá en el siguiente capítulo. Saludos.
