CAPITULO 16 :
— POV : CANDY
Recordar el motivo por el que estaba aquí hacía que mi corazón latiera con angustia, que mis ojos lucharan por soltar en lágrimas todo el enojo que había callado, y que mis manos temblaran por el miedo de hablar y que algo pudiera salir mal.
- Candy... - me llamó la voz de Terry, sacándome de los recuerdos abrumadores que vivían en mi mente - ¿Quieres ir a otro lugar?
- No, tengo que buscar un lugar para pasar la noche - respondí, finalmente encontrando mi voz para hablar.
- ¿Vas a mudarte?
- Sí.
- ¿Por qué? - aquella pregunta fue como volver a ver esa venda oscura en mis ojos, obligándome a recordar todo lo que tuve que soportar, hasta que me rendí.
- Es que yo... te mentí - logré decir en apenas un susurró, sintiendo el nudo en el alma del que había tratado de huir cuando decidí venir a Nueva York.
Todo había sido tan fácil y tranquilo, que me atreví a creer que había retomado el rumbo de mi vida. Pero cuando comenzaba a pensar que era libre, apareció a mi lado ese carro azul en la noche cuando salí del hospital.
Verlo ahí no me dio tantos escalofríos como seguir mi camino sabiendo que ese auto venía detrás de mí, siguiéndome el paso. Caminé muchas calles sin rumbo hasta que logré perderlo de vista. Era tal vez un poco exagerado, pero una suave y molesta voz en mi mente me decía, que esto no era una simple coincidencia.
Y que duro fue comprobarlo la noche anterior cuando volvió a pasar lo mismo, con la diferencia de que anoche fui presa del miedo que ni siquiera me permitió dormir, pensando que ese auto podía estar afuera esperando el momento perfecto para llevarme de regreso a mi tortura.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Terry con una seriedad que despertó mi arrepentimiento por confesar todo. Pero no podía hacerle esto a Terry no quería mentirle y decir cualquier cosa.
- Voy a explicarte... - mi voz se cortó cuando mi mente me hizo recordar que, después de esto, ya no habría oportunidad de dar un paso atrás - Cuando me fui de aquí, yo había logrado ser feliz en mi hogar de Ponny. Descubrí quién era yo y, luego de eso, tuve un poco de paz antes de que todo comenzara, o mejor dicho, volviera.
- Candy, ve al punto y dime qué fue lo que pasó... - dijo Terry haciendo que sintiera una fuerte presión en mi pecho.
- Es que yo... -mi voz se volvió a cortar - No estoy aquí por mi propia voluntad. La verdad es que yo... estoy huyendo de alguien.
- ¿De quién? - siguió preguntando Terry endureciendo su mirada, como si me estuviera implorando por una respuesta.
Ver de nuevo aquel tipo de mirada en su varonil rostro, me hizo sentir un frío inexplicable.
- De... de... es por Niel - la presión en mi pecho se liberó al decir el nombre del culpable que ahora estaba aquí frente a James.
- ¿De ese imbécil? - preguntó Terry con incredulidad - ¿Y se puede saber por qué estás huyendo?
La respuesta a esa pregunta llegó hasta mi garganta, quedándose hasta ahí presionando para que eligiera entre seguir callando para siempre me hablar.
Sin poder evitarlo, la imagen de Niel paso por mi mente, recordando sus amenazas.
No podía decir toda la verdad pero, no quería llevarme los recuerdos de Niel a la tumba. Y fue entonces que la necesidad de hablar se hizo superior al miedo de lo que podría pasar después.
- Niel tiene mucho más poder del que recuerdas, y todo ese poder que tiene no lo usa para algo bueno - hablé, sintiendo cómo de un segundo a otro, me perdía entre mis pensamientos - No sé cómo o por qué, pero de repente comenzó a molestarme diciendo tener un interés por mí. No le creí, y con el tiempo su cercanía se volvió diaria. No importaba lo que dijera, porque él siempre volvía, haciendo cosas para llamar mi atención.
- ¿Lo aceptaste?
- Quería forzarme a casarme con él, pero logré deshacerme de él por un tiempo.
- ¿Cómo lograste deshacerte de él?
- Cierto, no sabes nada sobre el ilustre apellido de Albert, ¿verdad? - Rápidamente, Terry negó con la cabeza.
- La verdad, no - dijo Terry mirándome con mayor intensidad, como si tuviera curiosidad por saberlo todo.
- Bueno, el apellido de Albert es Andrew.
- ¿Qué? - reaccionó Terry, totalmente confundido - ¿Andrew dijiste?
- Sí, Albert William Andrew.
- ¿Albert William Andrew? - repitió Terry para sí mismo, como si estuviera tratando de analizar la información sobre Albert.
- No te preocupes, a mí también me costaba asimilarlo - una sonrisa se dibujó automáticamente en mi rostro cuando recordé las tardes junto a Albert en aquella vieja mansión de Lakewood. Todo era risas y alegría hasta que llegó ese día que ahora recordaba como el inicio de mi presente.
- ¿Y adónde está él ahora? - la tristeza despertó en mi pecho cuando encontré la respuesta a esa pregunta.
- No lo sé. Estaba con él antes, pero un día se fue sin decir nada, y fue entonces que...
- Niel volvió a molestarte, ¿verdad?- solo asentí con la cabeza.
Terry era un chico muy listo, por eso tenía miedo de que pudiera hacer algo sin que yo me diera cuenta... pero aún así.
- Niel lo tenía todo planeado y esperó a que todo estuviera a su favor para llevarme con él a la fuerza. No quería, pero me dijo que si no lo hacía, sus hombres acabarían con el hogar de Ponny con los niños adentro.
- ¿Te amenazó para llevarte con él? - solo asentí con la cabeza.
- Maldito infeliz... - susurró Terry haciendo sus manos puños, logrando que por mi mente pasarán los escenarios que vivía mientras estuve en la casa de los Leagan. Los gritos y llantos nunca faltaron, al igual que la crueldad de Niel, que ahora no era solo una simple amenaza.
- Niel no sabe que estoy aquí, y por eso tengo que buscar un lugar para vivir más tiempo aquí - dije mirando hacia Terry que suspiró, suavizando poco a poco su mirada.
- No creo que sea necesario que busques otro lugar para vivir - dijo Terry sin dejar de mirarme.
- ¿De qué estás hablando? - de repente, sentía que me había perdido por la razón por los fuertes latidos de mi corazón.
- Lo que quiero decir es que el único camino para deshacerse del miedo es enfrentándolo. No puedes pasar el resto de tu vida huyendo del infeliz de Leagan.
- Si lo sé, pero no puedo hacer nada contra el...- está verdad se sentia tan oscura como un tunel sin salida - Si tan solo los Leagan no me hubieran adoptado yo no...- detuve mis palabras, queriendo retener las lágrimas que luchaban por salir de mis ojos.
- Niel es un enfermo Candy, y por eso no te dejará de buscar hasta que le digas las cosas sin miedo.
- Llegué a decir que lo haría muchas veces, lo intente pero cuando estaba de lograrlo siempre terminaba huyendo.
- ¿No piensas que eso es lo que Leagan busca? - dijo Terry mirándome - Candy, si sigues así, no vas a llegar al final de esto y siempre vivirás con el miedo de la ilusión. No te dejes engañar por él.
Escuchar aquellas palabras fue como un consuelo para mi alma. Si tan solo hubiera pensado así desde el primer día que Niel se acercó a mí, yo sería libre de él y todo lo que me había hecho vivir. Si tan solo no me hubiera engañado creyendo que podía hacerlo sola, todo en mi presente sería diferente.
- Candy... - me llamó Terry, al mismo tiempo que sentía cómo las lágrimas caían de mis ojos.
- Lo siento, estaba recordando las noches cuando estaba sola tratando de pensar así - logré decir antes de llorar tan fuerte como pude.
- Mi pequeña pecosa... - dijo Terry acercándose a mí para abrazarme como tanto lo había querido - No te atormentes más en recordar lo que pasó. Ya no Importa lo que suceda, estaré aquí para apoyarte y acompañarte en cada paso del camino. Puedes confiar en mí.
Una carga muy pesada salió de mi alma cuando decidí olvidarme de todo para responder al abrazo de Terry. Era un espectáculo especial que me hacía querer encontrar una razón para seguir adelante con la esperanza de ser feliz.
