CAPITULO 17
— POV : TERRY
Mis brazos seguían protegiendo a
Candy como si fuera un ser indefenso, dejándose consolar mientras su llanto poco a poco perdía fuerza. Esto era lo que me preocupaba, lo que me impulsaba a verla, y ahora que lo sabía, no volvería a dejarla sola ni un instante. Desde este momento, mientras estuviera conmigo, me aseguraría de que se sintiera segura.
- ¿Tienes adónde ir? - le pregunté, separándome un poco del abrazo que nos unía.
- No, la verdad no sé adónde ir - respondió Candy, tratando de secar las lágrimas que aún corrían por sus mejillas.
- Puedo ayudarte con eso... - le propuse rápido, al mismo tiempo que una idea brillante pasaba por mi mente, una solución.
- No, Terry...no quiero causarte problemas con nadie.
- Candy, tú no eres ningún problema para mí.
- Lo sé, pero al menos déjame intentar buscar algún lugar por mi cuenta - este optimismo suyo casi me hace ceder, pero no quería dejarla ir y que algo le pasara mientras yo no estuviera a su lado.
- Candy, escúchame, no quiero que pases dificultades con nadie. Si mi madre estuviera aquí, te llevaría a su casa sin dudarlo, pero por ahora creo que lo mejor es buscar un hotel - solo yo entendía lo mucho que me estaba esforzando para no pedirle que viniera a quedarse en mi departamento. Pero si le había prometido protegerla, lo haría, incluso de mí mismo.
- ¿Enserio quieres ayudarme con eso? - la pregunta de Candy desvió mis pensamientos.
- Sí - no podía negarme cuando sus ojos se iluminaron.
- ¿Pero y tu trabajo?
- No te preocupes por eso, te aseguro que llegaré a tiempo a los ensayos - respondí, alejándome de ella totalmente para tomar la maleta de sus manos. Mientras lo hacía, levanté la mirada y me di cuenta de que estaba derramando lágrimas.
- Lo siento - dijo Candy, llevando sus manos hacia su rostro para limpiar sus lágrimas.
Verla llorar me destrozaba por dentro y por fuera. Quería llorar con ella y llenarla de besos hasta que las lágrimas desaparecieran por completo, pero en lugar de eso...
-Ten - tuve que conformarme con extenderle un pañuelo para que se secara las lágrimas - Está limpio, lo prometo - dije cuando note que la mirada cristalina de Candy se dirigió directamente al pañuelo. Después de unos segundos, lo tomó entre sus manos.
- Gracias - susurró Candy mientras secaba sus lágrimas con aquel pañuelo que miraba con cierta nostalgia, como si recordara el mismo momento que yo.
- Se hace tarde, debemos irnos - Candy asintió con la cabeza y, sin decir nada, comenzamos a caminar juntos, aunque con un poco de distancia entre nosotros, hasta que una suave lluvia nos detuvo en el camino.
- ¿Crees que llueva fuerte? - preguntó Candy, mirando hacia el cielo mientras se abrazaba a sí misma, frotando sus brazos con sus manos.
- Debemos quedarnos aquí un momento para estar seguros - en automático, me quité el saco que llevaba puesto para ponérselo a ella.
Estábamos protegidos por el techo del lugar, pero hacía mucho viento y no quería que se enfermara.
- Gracias - de haber sabido que darle algo tan simple como mi saco la haría sonreír de aquella manera aquel acto, lo habría hecho desde el inicio - Me queda un poquito grande, ¿verdad? - dijo Candy, mirando sus manos, ahora desaparecidas entre las largas mangas del saco.
- Te queda muy bien, no es nada - en realidad, quería decirle lo linda que se veía, pero me contuve, fijando mi atención en las mangas que estaban dobladas al menos 15 veces.
Suponiendo que callar lo que sentía me permitía estar a su lado, me daba la fuerza para interpretar el papel de buen amigo en los tiempos buenos y de angustia. No creí que sería posible vivirlo y tampoco ser capaz de soportarlo, pero por Candy estaba encantado de hacer lo que fuera solo por estar a su lado.
- Llegamos - habló Candy con alivio cuando terminamos de subir las escaleras del segundo piso de aquel edificio.
- ¿Segura que quieres estar aquí? - la soledad y el silencio pacífico de aquel lugar me hacía dudar.
- Estaré bien, no te preocupes - respondió Candy, abriendo la puerta de su habitación, que desde ahora sería su nuevo hogar- Es lindo... - dijo Candy con una sonrisa, como si estuviera apreciando la habitación de un castillo encantado.
- ¿Lindo dices? - repetí, mientras observaba de nuevo el reducido lugar, que ahora me parecía más bien una celda sin ninguna decoración, sin ningún cuadro, nada que pudiera hacer gracia o diferenciarlo de un encierro entre paredes en blanco.
- Ojalá pudieras ver tu cara Jajajajaja - dijo Candy tratando de retener la risa - Tranquilízate, lo que quería decir es que he estado en peores lugares que este antes.
- ¿De qué lugares hablas? - la sonrisa de Candy desapareció con aquella pregunta, y simplemente se encogió de hombros.
- Puede ser cualquier lugar - Candy volvió a sonreír, pero a diferencia de antes, ahora podía notar que en su suave sonrisa había algo más que no me dejaba saber todo lo que quería - Te lo diría, pero creo que si lo hago... tal vez no termine ahora.
- ¿Me lo dirás otro día? - sin decir nada, Candy se acercó hasta quedar frente a mí.
- Te lo diré cuando sea el momento - respondió Candy, mirándome fijamente mientras se quitaba el saco que llevaba puesto - Gracias - siguió diciendo extendiendo el saco hacia mi.
- ¿Te veré mañana? - le pregunté cuando extendí la maleta hacia ella.
- Estaré de turno, así que lo más seguro es que no pueda verte - los latidos de mi corazón bajaron de emoción a tristeza fría con aquella respuesta.
- Bueno entonces, será mejor que me vaya - si no quería dejarme llevar debía irme y dejarla, esto era mejor que Candy se diera cuenta del poder que seguía tendiendo sobre mí.
- Sí... - susurró Candy mientras yo caminaba hacia la puerta - Gracias por tu ayuda, Terry. Espero... que regreses con cuidado - la suavidad de la voz de Cansy, junto con el sonrojo en sus mejillas, llamó mi atención.
- Descansa, Candy - no sé ni cómo logré actuar como si nada por fuera mientras por dentro era un desastre de emociones que solo Candy podía causar.
Estaba feliz de poder estar a su lado y ayudarla, pero al mismo tiempo, estaba herido en saber que todo esto yo mismo podría haberlo evitado. Me molestaba y era frustrante querer saber más de Candy mientras ella solo me sonreía como si ocultara algo. Luego estaba esa triste compasión por querer entenderla y calmar las voces en mi mente.
Tenía muchas preguntas sin respuesta, pero aun así, quería confiar en Candy para seguir a su lado. Podría ser difícil, pero con Candy podría ser capaz de cambiar mis inseguridades para protegerla de todo lo que pudo atormentarla en mi ausencia. Pensar en todas las posibilidades que pudo haber vivido me llenaba de una exasperación incontrolable
No entendía cómo podía alguien hacerle daño mientras yo la adoraba en silencio. Mi cuerpo se calentaba por la furia que pasaban por mis venas de tan solo imaginar que podía haber hecho el maldito de Leagan con Candy.
No sabía de qué podía ser capaz si llegaba a saberlo todo, y sabiendo mi posición, por el momento lo mejor era quedarme con la duda. Susana me necesitaba y no podía dejarla a su suerte, y aunque no lo dijera, estaba seguro de que Candy me necesitaba más para cuidarla que para continuar lo que habíamos terminado.
Pero aún así, la desesperación era tanta como mi amor por ella que al final terminó siendo más fuerte como para desear cuidarla como si fuera mi vida misma. Y eso es lo que haría.
La mañana siguiente comenzó mucho antes para mí, tenía que ir al teatro por los ensayos pero antes tenia que pasar al hospital para hablar con la Señora Marlon.
" Susana pregunto por usted ".
Fue lo que dijo la señora Marlon como el inicio de sus sin fin de motivos para obligarme a estar más tiempo con Susana, no podía responder o argumentar nada por que la situación vulnerable de Susana era mi culpa y ahora... aunque me negara a admitirlo, estar a su lado era mi condena, un deber que debía terminar.
- ¿Ya se durmió? - preguntó la señora Marlon al entrar en la habitación de Susana - Es un alivio que siga aquí. No pensé que estaría presente cuando su padre respondiera a mis cartas.
- ¿Su padre? - repetí, sintiendo un nudo en la garganta al ver cómo la señora Marlon comenzaba a llorar.
- Le escribí muchas cartas desde que Susy tuvo el accidente, pero no respondió a ninguna hasta ahora - dijo la señora Marlon, secándose las lágrimas con un pañuelo - Susy no ha visto a su padre desde que era una niña, y él dice que vendrá pronto. Le ruego que cuide bien de ella hasta entonces.
Mientras la señora Marlon hablaba, miré a Susana que dormía pacíficamente, ajena a todo de quienes éramos realmente, aunque estuviéramos juntos. Todo lo que Susana sabía de mí era mi amor por el teatro y que mi madre, Eleonor Backer, es una actriz exitosa. Pero más allá de eso, ella no conoce nada de mi vida, así como yo de la suya. Durante todo este tiempo, había creído que lo único que Susana tenía era a mí y a su madre. Sentí un profundo pesar al darme cuenta de que estaba equivocado y que, con la llegada de su padre, ahora estaba obligado a involucrarme aún más en su vida.
No sabía cuándo sería ese esperado día, pero empezaba a sentir como algo ardía en mi pecho, presagiando un dolor que pronto sería más intenso...no estaba preparado para ésto pero de algún modo, quería que ese momento llegará y terminará rapido.
Comenzaba a pensar como podía soportarlo cuando sin poder evitarlo, la imágen del rostro de Candy detuvo aquellos pensamientos cuando pude ver una sonrisa en su rostro mientras me miraba con brillo de emoción en sus esmeraldas, que fueron como un consuelo para mi alma comprimida en angustia.
Saber que ella había regresado a mí, me hizo volver de la oscuridad de mis pensamientos al presente mientras caminaba por los inmensos pasillos iluminados del hospital.
Este era el poder de Candy, pero no podía aceptarlo por mi orgullo que terminaba en Dios sabe dónde cuando buscaba a Candy hasta encontrarla y estar con ella. La felicidad que sentía tan solo con verla a lo lejos era tan inexplicable, que a veces me asustaba y me hacía querer volver a mis muros, dónde no había nada ni nadie que me hiciera sentir lo que Candy ocasionaba.
Realmente Candy podía hacer lo que quisiera si supiera cómo los fuertes latidos de mi corazón, me hacían perder el control en ansias por saber que caminaba hacia ella.
Qué fácil era quererlo todo con ella.
Bastaba con verla para desear tenerla en mis brazos y besarla hasta quedarme sin aliento. Pero recordar el papel que debía interpretar me obligaba a conformarme con un simple gesto: como llevar mi mano a su hombro.
- Terry - reaccionó Candy Cuando sintió mi toque.
- Hola... - la saludé, haciendo esfuerzos por sonreír como si la agonía que sentía no existiera.
- ¿Qué haces aquí? Creí que ya te habías ido.
- Es que mañana tengo que trabajar temprano.
- Supongo que interpretar tanta tragedia en el escenario debe ser difícil, ¿verdad?.
- ¿Leíste la obra? - Candy asintió.
- Sí, más o menos... la he leído en mi tiempo libre.
- ¿Y te gustó?.
- No me gusta tanta melancolía, pero creo que el amor hace que todo lo demás tenga sentido - decía Candy sin mirarme.
- Tienes razón. Estoy seguro de que te gustaría más si pudieras venir a los ensayos - Dios, qué difícil era actuar con indiferencia cuando en realidad estaba feliz de saber que Candy, la persona más importante para mí, estaba leyendo la obra.
- ¿Acaso esto es una invitación? - preguntó, volviendo a mirarme fijamente como si tratara de descubrir si bromeaba.
- Claro, puedes venir al ensayo de mañana si quieres - respondí de inmediato, transmitiendo seguridad en mi voz y en la mirada que ahora estaba fija en la de Candy.
- ¿Hablas en serio? - preguntó Candy con ojos cristalinos, como si estuviera a punto de llorar de emoción - Bueno,tengo descanso mañana por la tarde, así que iré al ensayo.
- ¿De verdad? - pregunté emocionado.
- Sí.
- Entonces pasaré por ti, o le avisaré al portero del teatro para que... - Candy se detuvo de repente, interrumpiendo mis palabras - ¿Qué pasa? ¿Por qué te quedaste ahí? - pregunté al darme cuenta de que Candy se había detenido en la salida del hospital, como si estuviera buscando algo.
- Hoy no está aquí... - susurró Candy, con la mirada perdida en las calles fuera del hospital.
- ¿Que quieres decir con eso? - Candy volvió a mirarme con aquella pregunta.
- La verdad... - dudo soltando un sutil suspiro - Hace días que un mismo auto azul ha estado aquí afuera todas las noches en el hospital, y me sigue.
- ¿Un auto azul? - en automático presté atención hacia la calle del hospital, buscando el auto, pero tal como Candy había dicho, no había ningún auto azul cerca - ¿Crees que sea Leagan?
- No lo sé, tal vez no pero ...estoy segura que si no es el entonces debe ser uno de sus hombres - balbuceó Candy con su mirada perdida en la distancia como si estuviera vigilando algo que nadie más podía ver.
Tal vez deseando que Leagan apareciera en aquel momento.
Eso creía hasta que note como tomaba los pliegues de su vestido con sus manos, y de como su respiración cambio de ritmo. No era desesperante pero si fuerte, pareciendo como si estuviera concentrada en no dejar de respirar. Candy tenía miedo, pero aún así ella seguía mostrando su lado fuerte.
Que impotencia me daba palpar su tensión y no poder evitar el que peligro la estaba alcanzando lentamente, quería decirle que todo estaría bien, que no tenía por que temer, pero las palabras quedaron atoradas en mi garganta por que, en el fondo sabía que no podía prometerle o pedirle nada.
No mientas Leagan siguiera en las sombras, acechando.
- Lamento que tengas que soportar todo esto por culpa de un maldito acosador - sin poder evitarlo, mi voz sonó dura por solo de pensar en lo que esa rata de Leagan intentaba lograr al seguir a alguien tan inocente como Candy - Pero ya no estás sola en esto, y si ese auto vuelve a aparecer, te juro que estaré ahí para ayudarte.
Sin decir nada, Candy volvió a mirarme con lágrimas en los ojos, como si estuviera conmovida, expresando su gratitud a través de una suave sonrisa. En ese momento, nuestras miradas se encontraron, creando una conexión que parecía entrar por mi mentes y llegar hasta mi corazón.
