CAPITULO 18

— POV : TERRY

Si seguía mirándola así, perdería la poca cordura que tenia, tomaría el rostro de Candy entre mis manos y después sabrá Dios que iba hacer de mi vida cuando por fin volviera a besar esos labios como aquella vez en Escosia.

El recuerdo de ese fuerte golpe paso por mi mente pareciendo como si hubiera pasado ahora, me trajo de regreso a la realidad.

- Debemos irnos, se hace tarde - rompí el silencio tratando de regresar a la tierra.

- ¿Vas a venir conmigo? - pregunto Candy cambiando la suavidad de su mirada a sorpresa.

- Claro que si

- Debes estar cansado y mañana no quisiera que llegaras tarde a tu trabajo.

- Nada de eso, voy a acompañarte y luego iré a descansar.

- ¿Enserio?

- Si, pero vamos antes que me arrepienta - perdido en la ternura de su sonrisa, le ofrecí el brazopara comenzar a caminar por las calles de la ciudad mientras hablábamos de todo. En nuestro camino por instinto regresé a ver varias veces hacia atrás cuidando que nadie ni nada nos siguiera, pero no encontré a nadie que nos siguiera y no había nadie qué nos viera con interés.

Tal vez era por que mi cuerpo cubría al de Candy que caminaba por las calles como si nada hubiera pasado y ciertamente, este era mi objetivo con ella ; hacerla sentir feliz mientras la cuidaba.

- Entonces mañana llegarás por mi, ¿verdad? - pregunto Candy cuando ya estábamos cerca de llegar a su hotel.

- Si, nada más no me hagas esperar tanto - le advertí medio enserio y medio en broma.

- Y tu por favor no llegues tarde como la otra vez - Candy se sonrojo suavemente después de decir aquellas palabras que hacían referencia a cuando ella llegó la primera vez a Nueva York y yo había tardado en reaccionar y acercarme a ella.

Se miraba tan linda, que por un buen rato me concentre en mirarla, tratando de convencerme que finalmente después de tantas cosas Candy estuviera ahí conmigo cerca de mi, el espacio en mi pecho no era suficiente para la emoción y alegría que sentí al saber que ella había regresado a mi como lo deseé un día.

Pero como aquella vez y ahora, preferí sonreir en lugar de hablar y confesar el inquebrantable amor que sentía.

- Llegamos - anuncie a tiempo que sentí como Candy dejaba de aferrarse a mi brazo.

- Gracias por acompañarme - dijo Candy estando enfrente de mi.

- Es muy tarde para que una señorita este en las calles, así que será mejor que regreses a tu habitación.

- Eres insoportable cuando quieres, ¿lo sabias?.

- Igual me quieres - dije con una sonrisa que desapareció cuando me di cuenta que Candy había comenzando a alejarse.

- Si lo que tu digas, regresa con cuidado cascarrabias - fue su despedida antes que entrará al interior del edificio sin mirarme gracias al altísimo por que si no se hubiera dado cuenta de mi sonrisa de idiota que tenia en el rostro por que ella me llamará como quisiera.

Esto además de ser malo, era patético pero supongo que no puedo hacer nada para evitar que mi corazón perteneceria a esa pecosa enfermera.

Era irónico desear estar con ella cuando apenas acababa de irse. Tal vez la razón es que no me gustaba para nada estar lejos de ella y no poder cuidarla de cualquier infeliz que quisiera lastimarla, si tan solo pudiera vivir con ella entre esas paredes pudiera dormir más tranquilo pero sabiendo como estaban las cosas, por ahora tenía otra opción que contar las horas para ver a Candy.

Y aunque las horas pasaron hasta llegar la mañana, desde ese momento el tiempo pasaba más lento que de costumbre, y cuando por fin llego la bendita tarde por poco me olvidaba de recoger a Candy.

El plan era ir por ella y caminar por las calles como los últimos días, pero la hora en el reloj me hizo acelerar el freno del carro cuando apenas lo había encendido, y sin darme cuenta maneje por las calles como si tuviera una emergencia. Estaba tan impaciente por verla de nuevo que cuando llegó el momento, opte por olvidarlo.

Que idiota, ¿como diablos pude olvidar algo tan importante?.

¿Y si no era verdad?.

¿Que tal si después de tantas cosas había perdido la razón y todo lo que pasó fue un juego de mi mente?.

La posibilidad no era tan descabellada como lo que vivía, pero entonces cuando comenzaba a creer en la locura que habia creído, pude ver la imagen de Candy a lo lejos.

No había duda.

Y poder reconocer aquella imagen entre miles, hizo que la posibilidad de antes se desvaneciera cuando reaccionaron los latidos de mi corazón revivieron cautivados por la belleza de aquella rubia qué no traía su uniforme de enfermera pero si un vestido azul que la hacia ver hermosa incluso desde lo lejos.

Ella podía ser fácilmente mi perdición.

Y de eso me di cuenta cuando me olvide de pisar el freno cuando había llegado.

- !Terry!... - me llamo Candy cuando pise el freno del carro de un momento en una reacción rápida para no irme de largo.

- ¿Qué? - reaccione como un niño regañado mientras trataba de regresar a la tierra.

- ¡Manejas como un loco! - siguió diciendo mientras bajaba del carro hacia ella - Podrías causar un accidente si manejas así - me regaño endureciendo las facciones de su rostro en señal que no estaba bromeando.

- Lo siento... - respondí algo irritado, claro como ella no sabia nada del poder que tenia en sus manos, podía hacer lo que quisiera conmigo sin siquiera darse cuenta.

- Tonto, no vuelvas hacerlo, casi se me sale el corazón del susto - dijo Candy soltandose a reír.

- Esta bien, no vuelvo a hacerlo - dije abriendo la puerta del carro, extendido mi mano para ayudarle a subir.

- ¿Que haces? - pregunto Ruby cuando había entrado al carro y me observó buscando algo.

- Cuido que una admiradorame reconozca.

- Pero no hay nadie a quinientos metros a la redonda.

- Puede ser...pero, en la entrada principal del teatro siempre están los reporteros y admiradoras esperándome - le expliqué - Y no quisiera exponerte a ellos hablo enserio cuando te digo que si alguien me reconoce y me ve contigo te molestaran todos los días con preguntas idiotas.

- ¿Enserio llegan a tanto las mujeres de esta ciudad? - pregunto Candy entre sorprendida y asustada, tuve que hacer el esfuerzo por responder a su pregunta sin reírme por las muecas que hacía mientras le decía con todo lo que tenía que lidiar por la fama que había ganado con el paso del tiempo.

No me importaba hablar de un tema o de otro, con ella desde aquel verano las cosas eran igual de facil. Y por eso me sentía libre a su lado, me sentía completo y simplemente no pedía nada más cuando estaba con ella. Éramos tan felices y creerlo me hacia pensar que de algún modo el tiempo había vuelto a esos días cuando estábamos juntos en Londres.

Pero, a diferencia de aquellos días de verano, esta vez no temía descubrirme amando la compañía de alguien. Me había acostumbrado a aceptar lo que sentía por aquella pecosa, sin huir de ello. Lo entendí completamente cuando llegamos al teatro y, sin pensarlo, deseé tomar su mano entre las mías, como si fuera lo más natural. Pero en lugar de eso... otra vez tuve que conformarme con solo ayudarle a bajar las gradas que conectaban el escenario con los asientos.

Un gesto tan sencillo, de lo más insignificante para lo que realmente quería hacer.

- Casi no recordaba como era... - susurro Candy mirando deslumbrada el lugar.

- Todo por aquí cambio mucho con el pasar del tiempo - algo de melancolía se había salido de mi interior cuando por mi mente paso el recuerdo de ese día, cuando Candy había llegado desde Chicago a verme actuar mi primer papel protagonico.

- ¿Y te gustaron los cambio? - pregunto Candy regresandome al presente.

- Si, pero me tomo tiempo acostumbrarme cuando regresé al escenario - el recuerdo de esos días cuando estaba frustrado de ver tanta miseria en mi vida, comenzaban a pasar por mi mente hasta que cierta voz femenina intervino.

- Terry, el sastre esta con el director para hacer los ajustes necesarios a tu traje - la voz de Karen nos distrajo a ambos rápidamente.

- Gracias pero ya tengo el traje completo - le hice saber a Karen.

- Esta bien, ire a decirle a sastre qué puede irse - dijo Karen caminando de regreso por el mismo camino que había llegado, eso hasta que su mirada se encontré con la mirada de mi bella e inusual acompañante - ¿Candy? - reaccionó Karen deteniendo su paso.

- Hola Karen - saludo Candy regalándole a Karen una de esas sonrisas que llegaban a cautivar lo más profundo de mi corazón.

- Que sorpresa, no esperaba verte por aquí.

- No creí que no te acordaras de mi - tanta familiaridad entre estas dos, me hizo recordar que por alguna razón, Candy había conocido a Karen hace mucho tiempo atrás.

- Te recordaba diferente pero no importa, ¿sigues trabajando en el hospital como enfermera?.

- Si, ¿como esta el doctor Kleiss? - la sonrisa de Karen había casi desaparecido con aquella pregunta.

- Por su edad, mi tío se la pasa enfermo todo el tiempo y ahora no puede salir de su habitación.

- ¿Sigue viviendo en florida? - Karen asintió con la cabeza.

- Iré a visitarlo cuando terminen las presentaciones locales.

- Es buena idea, verte le hará bien al doctor Kleiss.

- ¿Tu crees?.

- Claro que si - Karen había vuelto a sonreír con aquella simple afirmación, no me sorprendía pero la verdad, todavía no lograba entender como Candy podía hacer felices a las personas a su alrededor cuando ella podía estar destrozada.

- Por cierto, ¿tienes invitación para el estreno de la nueva obra? - Candy volvió a verme cuando Karen hizo aquella inesperada pregunta.

- No - mi mirada se encontró con la de Candy qué en seguida había sonreído dulcemente como disculpa.

- ¿Como es posible que no tengas invitación? - pregunto Karen viendome con cierta molestia.

- Es que... - trataba de decir Candy con un ligero rubor en sus mejías.

- No digas más, ya que nadie te dio una invitación serás mi invitada - dijo Karen extendiendo hacia Candy un afiche de la obra recién firmado.

- Gracias Karen - agradeció Candy aceptando la invitación de Karen sin pensarlo dos veces.

- Disculpe la tardanza, pero, incluso en los ensayos a veces Terruce es lento en algunas escenas.

- ¿Que estas queriendo decir? - reaccione de inmediato viendo con indignación a Karen por su comentario que para mi no tenia sentido.

Karen se giro a mirarme cuando hice aquella pregunta, iba a decir algo pero el grito del director pidiendo a los actores acercarse.

- Debo irme - hablo Karen soltando un profundo suspiro - Como sea, me alegro mucho verte Candy.

-Si, gracias Karen - fue lo que dijo Candy antes que Karen comenzará a caminar hacia el escenario.

- ¿Que es lo que acabas de hacer? - pregunte o mejor dicho reclame sin pensar directamente cuando habíamos quedado solos.

- ¿Yo?, pues... Acepte una invitación - respondió Cajdy con fingida inocencia.

- ¿Olvidaste que yo fui el primero que hizo la misma invitación?.

- Por supuesto que no lo olvidé.

- ¿Entonces?... - la presione, sin dejar de mirarla fijamente a los ojos.

- Entonces, ¿tu estas enojado por que acepte la invitación de Karen?.

- ¿Tu que creés? - debía mostrarme duro aunque por dentro una vocesita me decía que dejara de ser un idiota posesivo sin razón.

- Lo que yo creo es que tienes que irte - dijo Candy como una orden.

- No creas que esto ha terminado.

- Podemos continuar cuando quieras, ya sabes donde encontrarme.

- Te estaré vigilando pecosa desalmada - toda mi molestia sin sentido había desaparecido en el segundo que mi dedo índice habían tocado suavemente las pecas de su nariz.

Un gesto que en seguida me hizo saber que si no me iba en ese momento, sería capaz de mandar al diablo el ensayo completo por estar con ella, la idea era muy tentadora, pero antes de ceder a mis tentaciones, sin siquiera darme cuenta había terminado por alejarme de ella.

Sonreí para mis adentros en el camino al caer en cuenta que, sin importar el tiempo aquella pecosa seguía siendo la única que podía enfrentarme sin darme oportunidad de reaccionar, una mala costumbre que había dejado pasar desde los días en el colegio más exactamente cuando acepte que Candy había logrado lo imposible : conquistarme hasta enamorarme.