CAPITULO 25
POV - TERRY
Si algo tenia claro era que el doctor Andrew era demasiado rápido como para no darme tiempo de quejarme de nada mientras respondía a sus preguntas, una detrás de otra.
- Tengo su diagnóstico, no es tan grave - fue lo que dijo el doctor Andrew mientras escribe algo en la libreta qué tenia entre sus manos - Le recomiendo que vaya a información y retire estas medicinas, estoy seguro que dentro de unos días estará mejor.
- Gracias - respondí tomando la hoja de papel que el doctor Andrew había extendido hacia mi.
- Fue un placer señor Granchester - dijo el doctor Andrew con una leve reverencia antes de desviar su mirada - Debo regresar a cubrir mi turno, ¿Vienes conmigo? - la voz del doctor me pareció más dulce con aquella pregunta que cuando mire, me di cuenta que fue dirigida hacia Candy.
-Si, nos vemos en la habitación 35 - respondió Candy mirando hacia el doctor Andrew, sin darse cuenta de la atención que ponía a cada uno de sus movimientos, incluyendo la tímida sonrisa que le dedico al doctor Andrew cuando paso caminando a su lado para salir de la habitación.
Una escena que dejo mi mente en blanco coma la hoja de papel que fingía leer.
- ¿Sabes donde esta información? - pregunto Candy después de unos segundos de soledad en completo silencio.
- No- mentí. Hubiera dicho "sí", pero mi mente simplemente no respondía, dominada por un deseo más fuerte que cualquier lógica: el de estar a solas con ella.
- Bueno entonces, te acompaño - dijo Candy logrando sin saberlo tener lo que quería : un momento más a solas con ella.
No estaba pensando en nada, ni siquiera en arrepentirme cuando decidí ponerme de pie y salir de la habitación para juntos ir hacia donde era información.
- Dame la hoja - me pidió Candy cuando llegamos - Espera aquí - me ordenó cuando tomo entre sus manos la hoja que el doctor había escrito antes.
Sin más opción, obedeci suspirando profundamente antes de caminar hacia los asientos qué estaban entre el pasillo del hospital para esperar. Estaba cansado y para agregar había cierto pesar que molestaba mi cabeza.
Quizás era la falta de sueño, en eso pensaba hasta que Candy llego y me entrego las medicinas que tenia que tomar, algo que claramente no pensaba hacer.
- No creo que esto funcione - dije seguro después de ver las medicinas que tenia entre mis manos.
- Lo dices por que todavía no tomas nada - respondió Candy mientras comenzamos a caminar hacia la salida del hospital.
- Que tontería... - murmure con irritación que ni yo entendí.
- No son tonterías, son medicinas que pueden ayudarte Terry - me advirtió Candy con una sonrisa que buscaba convencerme a tomar las medicinas que el doctor Andrew había sugerido - Vas a tomar las medicinas, ¿Verdad? - me pregunto Candy suavemente - Terry... - me llamo Candy cuando desvíe la mirada, totalmente negado.
- ¿Que? - dije sin mirarla.
- No podrás estar mejor si no haces nada - me siguió advirtiendo - Por tu bien, promete qué vas a tomar las medicinas - hablo Candy con una suavidad que casi me hace ceder de inmediato.
- No puedo prometer lo que no haré - declaré mostrándome duro aunque por dentro estaba conmovido por la suavidad de su voz.
- Terry por favor... - dijo Candy mirándome fijamente con un brillo de dulzura - Quiero verte bien cuando sea mi turno de verte actuar en el escenario, lo único que quiero es que todo sea diferente - las palabras de Candy se detuvieron en aquel instante la dulzura de su mirada se había debilitado, pero aun así lo más patético que fue tan solo la suavidad de su voz lo hizo que al final aceptará hacer lo que ella quisiera.
- Esta bien, pero que quede claro que lo haré solo por ti - hable sin pensar que con esto pudiera delatar el gran poder qué tiene Candy sobre mi.
- Buen chico si sigues así, puedes tener recompensas - Candy había vuelto a sonreír con aquellas palabras.
- ¿Recompensas? - repetí mientras Candy asintió sutilmente con la cabeza.
- Los pacientes buenos como tu pueden tener algo a cambio.
- Ah si, ¿y que podría ganar con esto? - pregunte con malicia que inutilmente trate disimular.
Tal vez fue mi tono o tal vez no, pero Candy se quedo muy callada después de mi pregunta, pareciendo como si dudará en algo que estaba pensando.
- ¿Puedo saber cual es tu horario? - la pregunta de Candy desvaneció por completo todo lo que comenzaba a creer. Su respuesta no respondía a mi pregunta y su pregunta me había dejado sin ideas.
- ¿Mi horario?.
- Si, ¿Como es el horario de tu trabajo? - me volvió a preguntar Candy sin mirarme,por un momento, consideré responder con otra pregunta, pero antes de darme cuenta, ya le estaba contando todo con lujo de detalles.
—Después de los ensayos en la mañana, tengo una hora de descanso para almorzar. A veces como cerca del teatro, pero últimamente almuerzo en el hospital…
Mis palabras se quedaron suspendidas en el aire cuando la imagen de aquellos días pasó por mi mente.
Susana, sentada a mi lado, mirándome con devoción sin decir una palabra, mientras yo contaba los minutos, los segundos, esperando el momento de poder alejarme de ella.
Un peso inesperado se instaló en mi pecho. Tristeza. Frustración.
Porque ahora, esos días no eran más que un recuerdo amargo, condenado a revivir una y otra vez en mi mente, alimentando el peso de mi propia culpa.
- Bueno si quieres tu recompesa, puedes buscarme cuando termines tu visita a la hora del almuerzo - la suave voz de Candy a mi lado, desvaneció la neblina que estos pensamientos me habían hecho ver.
- ¿Que? - reaccione sin lograr entender del todo sus palabras.
- Creo que estaré libre cuando termines tu visita podría esperarte para almorzar juntos y después...
- ¿Almorzar juntos? - aquellas palabras con la voz de Candy se colaron en mis pensamientos como un susurro suave, pero para mí, se sintieron como un rugido dentro de mi pecho. Mis latidos, frenéticos y desbocados, reaccionaron al instante, como si mi corazón hubiera estado esperando esa propuesta durante toda una vida.
- Si - confirmo Candy con una dulce sonrisa - Se supone que las recompensas son sorpresa pero no quise hacerte esperar más - las palabras de Candy habían sido como el canto de una sirena que me había capturado y robado mi voz - ¿Quieres que mañana almorzamos juntos?.
No podía encontrar mi voz para responderle. La respuesta ya estaba en mi mente, cruel y absoluta, pero algo dentro de mí se resistía a pronunciarla.
Porque si lo hacía, sería real. Y entonces, no habría vuelta atrás.
Por más que lo deseara, mi conciencia marcada por el peso del deber, me retuvo. No podía quedarme con Candy. No podía dejarme arrastrar por este deseo tan fuerte y tan puro mientras Susana agonizaba. No importaba cuánto la necesitara, cuánto me hiciera sentir completo.
Mi deber con Susana no había terminado y debía estar con ella, como lo había hecho hasta ahora, sin importar que cada segundo a su lado fuera una tortura. Pero al aceptar seguir con ese deber, un dolor lacerante se extendió por mi pecho, tan profundo que me hizo querer soltarme a llorar. Mi corazón latía con fuerza, no por amor, sino por pánico. Se retorcía como si estuviera sangrando, como si ya supiera lo que iba a hacer. Como si supiera que al negarme, al pronunciar esas palabras, perdería algo irreparable.
"- Terry... - escuchar claramente la voz de Susana me detuvo - Antes que pase algo más, quiero que prometas algo... Prometeme que lo harás, por favor...esto depende de ti "
Ver las lágrimas de Susana reflejadas en aquel recuerdo fue como un golpe directo al alma. Cada una de esas lágrimas parecía perforar mi pecho, llenándome de una tristeza tan profunda que me costaba respirar. Recordé cómo tomé su mano, cómo la miré a los ojos, asegurándome de que, por primera vez en mucho tiempo, me sentía capaz de cumplir una promesa genuina. Una promesa que no era solo un acto de palabras vacías, sino un compromiso que tenía el peso de una esperanza que creía perdida y que la misma Susana me había regresado.
Si rechazaba a Candy en ese momento, si me dejaba arrastrar por este sentido del honor que me quemaba las entrañas, la perdería para siempre. Y su recuerdo solo seria una herida que sabía que nunca podría sanar.
No quería vivir con esa decisión. No quería arriesgarme a perderla para siempre.
Lo quiero que acabe es lo que estoy viviendo, un infierno que comenzaba a doler en silencio y si dejaba que continuará seguramente crecería sin control y llegaría hasta mi alma quemando todo por completo cuando quisiera sin que yo tuviera la oportunidad de hacer algo para evitarlo, como ahora.
- Si - mi respuesta había sido apenas un susurro después de segundos de silencio qué para mi fue como una eternidad.
- ¿Esta seguro que es lo que quieres? - volvió a preguntar Candy causando que mi boca volviera a temblar, ¿que si estaba seguro que es lo que quiero?.
- Si, esto es lo que quiero - un pesar gigante había caído al suelo con mi voz en aquellas palabras, el viento frio qué antes tocaba mi cuerpo había desaparecido dejando que comenzará a sentir la calidez de antes...como si una fuerte lluvia hubiera terminado dejando que el sol saliera poco a poco entre las nubes grises del cielo.
Mis cadenas aún estaban ahí, enredadas alrededor de mi pecho, pero la reparación de mi alma fue tranquila, casi en silencio. Después de tanto tiempo, pude escuchar los latidos de mi corazón, de nuevo tan fuertes, tan reales, como si hubiera estado dormido durante demasiado tiempo. Sentí como si acabara de despertar, como si nada ni nadie pudiera preocuparme. Y para ser sincero, me alegraba de volver a sentir esa sensación de paz, de calma, que no se rompía ni siquiera con la imagen del rostro de Susana, sonriendo entre lágrimas.
Solo tuve que cerrar los ojos un momento para que su imagen se desvaneciera por completo, fue cuando abrí los ojos que pude entenderlo mejor : ya no podía regresar adonde estaba, y no saber como hacerlo... Era mi alivio.
