CAPITULO 27

POV - CANDY

"El silencio y la tranquilidad había acabado cuando la puerta de mi habitación había sido abierta por Niel.

Su fragancia escandalosa llenó la habitación con la elegancia de un hombre que se movía en pasos de poder. Llevaba un traje oscuro, perfectamente ajustado a su figura, como si la perfección fuera su carta de presentación hasta que pude ver sus guantes de cuero negro, la única mancha en aquella imagen de perfección, un recordatorio de que sus manos no solo acariciaban la opulencia, sino que también sostenían los hilos del miedo.

Sus ojos, fríos y calculadores, me recorrieron con esa mirada que me causaron escalofríos aun estando en lo más profundo de mis sueños, el no había desaprovechado la oportunidad de acercarse.

- ¿Creíste que podrías huir de mi? - la voz de Niel me envolvió como una sombra fría, sus palabras resbalaron en mi piel como un veneno que se filtraba en mis venas. Abrí los ojos de golpe, sintiendo el terror oprimirme el pecho como un puño invisible. Mi respiración se volvió errática y mi cuerpo entero se tenso cuando Niel se inclinó sobre mí.

Negué con la cabeza frenéticamente, un jadeo tembloroso escapando de mis labios.

- No...- mi voz apenas fue un susurro ahogado por el pánico. Retrocedí, o intenté hacerlo, pero mis movimientos, desesperados, inútiles. no me permitieron hacer nada contra las manos de Niel atrapando mis muñecas con firmeza, su agarre era de hierro.

- No... - pude decir mientras hacia el inútil intento de alejarme de Niel.

- Escúchame muy bien, Candy - me obligó a mirarlo, y su rostro estaba tan cerca que pude ver el brillo peligroso de crueldad - Si no regresas conmigo en este momento...- se inclinó más, su sombra envolviéndon como una prisión, como si el aire mismo hubiera vuelto pesado a su alrededor - Ordenaré a mis hombres que acaben con la vida de ese actor de quinta.

Un grito de terror escapó de mis labios.

-!No! - las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos por que sabia que ahora ya no podía tomar las palabras de Niel como una simple amenaza.

- Tú me perteneces, Candy - Su tono era suave, casi tierno, pero eso solo lo hacía peor. Su mano se deslizó hasta mi rostro, acariciando mi mejilla con una falsa delicadeza que me revolvió el estómago - No puedes estar con nadie mas, no dejare que nadie te aleje de mi - respondió Niel viéndome mientras sus manos tocaban mi rostro - Tu me perteneces Candy, y no puedes estar con alguien más.

El aire se volvió irrespirable. Mi pecho subia y bajaba tan frenéticamente que parecía escaparse de mis pulmones. No podía moverme. No podía hacer nada más que sentir cómo el terror me devoraba con escuchar aquellas palabras de Niel, una tortura que convirtió un sueño en una de mis peores pesadillas".

Sentir de nuevo el dolor de la desesperanza de antes, finalmente me hizo abrir los ojos volviendo al presente, uno donde por suerte estaba segura en la soledad de aquel lugar pareciendo solo ser la víctima de un juego cruel de mi mente.

No era extraño, pero...

Lo que había visto antes, pareció real como para creer que solo había sido una pesadilla. No lo entendía, y aunque intentará buscar respuestas mi cerebro solo estaba centrado en entender lo que había asegurado vivir hace solo un momento.

¿Había sido una fantasía o tal vez era que comenzaba a volverme loca?

Las preguntas sin respuestas seguían surgiendo, pero fue en ese preciso momento que vi de nuevo la carta de renuncia que había escrito la noche anterior antes de dormir justo antes que ante mis ojos apareciera Niel.

"- Si no regresas conmigo en este momento, ordenare a mis hombres que acaben con la vida de ese actor -" recordar de nuevo la voz de Niel cerca de mi, hizo que me sintiera más segura de la decisión que había tomado la noche anterior, y saber esto hizo que parereciera como si ya no tuviera más tiempo que perder.

Si quería dejar de sentir esta angustia presionando mi pecho, debía ir al hospital a entregar la carta de renuncia... Pero antes de eso, necesitaba hablar con Terry y asegurarme qué estuviera bien. Fue pensando en eso que salí con dirección al teatro pero por fortuna o por desgracia, aun estaba cerrado, lo que significaba qué al menos tenia un poco más de tiempo para pensar en lo que le diría cuando pudiera verlo.

Tuve que darme la vuelta, sin más opción que seguir mi camino al hospital. Si todo salía como esperaba, hoy sería mi último día allí... y tal vez el último en esta ciudad debia ser un alivió pero, por mucho que intentara concentrarme en cada paso, en cada respiración, el peso de las palabras de Niel seguía oprimiéndome el pecho con la necesidad de ver a Terry por última vez.

- Disculpe señorita, ¿puedo ayudarle en algo? - fue la pregunta de una vozz masculina logrando detener mi paso.

- Solo quería saludar a un actor de mi familia - fue mi respuesta viendo hacia el señor de avanzada edad que me había hablado, de seguro era el portero.

- Lo lamento, pero los actores en este momento deben estar en ensayos - respondió el señor mientras se acercaba - Es posible que no pueda ver a su conocido por ahora, pero no se preocupe... Si me dice el nombre de su conocido, podre ir a dar su recado cuando sea la hora del descanso - las palabras de aquel señor, inevitablemente lograron trasladarme a ese día, cuando mi única entrada al teatro se había roto y luego... - Creo que ya la recuerdo - siguió diciendo el señor después de segundos de silencio.

- ¿Disculpe? - reaccione creyendo que tal vez después de todo había comenzando a imaginar cosas.

- Claro, usted es la señorita que acompañaba a Terruce el otro día, ¿verdad?.

- Si...

- Mucho gusto señorita, Mi nombre es John y soy el portero del teatro - se presento aquel señor dibujando una amable sonrisa en su rostro.

- Un placer.

- Y bien señorita, ¿Cual es su nombre?.

- Candice, Candy White... - Fue extraño escucharme decir mi propio nombre en voz alta después de tanto tiempo. Algo tan simple, pero que Niel me había arrebatado sin esfuerzo.

Recordar como lo hizo, me provoco que un escalofrío recorriera mi cuerpo. No era solo mi nombre lo que me había quitado... Niel me había arrebatado mi voluntad, mi identidad, mi libertad.

- Bueno, señorita Candy, si me permite decirle algo, el señor Granchester está en lo mejor de su carrera - dijo el hombre, sacándome de mis pensamientos - Su actuación en los escenarios es más impecable y, por lo que veo, su número de admiradoras ha crecido bastante en estos días. Pero lo mejor de todo es que el señor Granchester parece estar mejor que antes.

Sus palabras deberían haberme tranquilizado, pero en lugar de eso, un escalofrío recorrió mi cuerpo entero.

- ¿Cómo puede estar tan seguro de que él está bien? - pregunté, incapaz de ocultar mi desconfianza.

El hombre sonrió con amabilidad, pero su respuesta fue directa :

- Creo que la respuesta a su pregunta es usted, señorita. Tiene que creerme cuando le digo que nunca lo había visto tan feliz como el día en que la acompañaba. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vi sonreír... De hecho, si lo pienso bien, creo que la última vez que lo vi tan emocionado fue aquella noche, cuando por fin, después de tanto tiempo, me dijo algo más que respuestas cortas a mis preguntas. El señor Granchester es muy reservado, pero aquel día en especial recuerdo que estaba de buen humor porque me dijo que a la mañana siguiente no podría venir a trabajar. Tenía algo muy importante que hacer.

El aire se atoró en mi garganta.

- ¿Cuándo fue eso? - pregunté, aunque ya intuía la respuesta.

- No lo sé con exactitud, pero recuerdo que era invierno.

Invierno.

Mi mente se llenó del recuerdo de aquella noche en la que me despedí de Terry, sintiendo cómo la fría brisa de Nueva York me azotaba mientras caminaba sola, con el corazón herido.

¿Era posible que...?

Negué con fuerza. No podía permitirme pensar en eso. No podía permitirme creer que Terry realmente me había esperado para ser feliz.

- No se preocupe demasiado por él - continuó el hombre - Como le dije, está bien. Tal vez sea porque en usted esta empezando a encontrar una razón para ser feliz, aunque tenga problemas... Y tal vez usted sea la ayuda que Terruce necesita para estar bien.

Aquellas palabras me sacudieron como un golpe.

- ¿Qué? - murmuré, sintiendo un nudo en el estómago.

No, eso no podía ser cierto.

Yo no podía ser la razón de su felicidad... No cuando fui yo quien lo obligó a vivir una vida que no quería. No cuando fui yo quien lo condenó.

- No, yo... yo no soy de ayuda para él - me apresuré a decir, sintiendo que mi voz temblaba - Lo que quiero decir es que... Terry y yo nos conocimos en Londres, y desde entonces nosotros solo somos...- lass palabras se ahogaron en mi garganta.

No podía decirlo.

Porque, a pesar de todo, no podía negar lo que una parte de mí siempre había sabido.

- ¿Candy? - escuchar de pronto la voz de Terry pronunciando mi nombre, me hizo olvidar lo que estaba por hacer y sin poder controlarlo, algo más que mi corazón reaccionó cuando vi a Terry caminando hacia mi.

-!Terry! - en automático, guiada por los emocionados latidos de mi corazón, corri hacia los brazos de Terry para abrazarlo fuertemente.

Cuando tengo a Terry cerca de mi, ya no siento esa pesada angustia en mi pecho. Más bien me sentía como si todo mi voluntad se desvanecia hasta convertirse en una tranquilidad incomprensible.

- ¿Que haces aquí? - fue la pregunta de Terry la qué finalmente me hizo reaccionar, alejándome de el, dándome cuenta que el momento que tanto había querido había llegado.

Las ideas estaban claras en mi mente, pero cuando finalmente decidí abrir la boca para hablar, hubo algo que me detuvo a guardar silencio y eso fue... Cuando levante la mitada hacia Terry y me di cuenta que algo no andaba bien, aunque sonriera dulcemente como si nada, las ojeras y la palidez de su rostro delataba cansancio.

- Yo estoy aquí por que... - comencé a decir tratando rápidamente ordenar mis pensamientos en otra opción - Por que, quería ver como estabas, ¿si habías tomado las medicinas? ¿si te habías mareado? ¿si las medicinas no te habían causado molestias? - recordar que Terry había sido revisado por el doctor Andrew, hizo parecer como si hubiera interpretado el mejor papel de una enfermera preocupada, pero esto último solo podía quedarse por un buen tiempo en mi consciencia.

- Son muchas preguntas, pero respondiendo a todas... Estoy bien - la suave risa de Terry, logro acabar con todas las ideas que tenia antes en mi mente hace un momento.

- Deja de bromear, hablo enserio Terry.

- Yo también.

- ¿Enserio? - Terry asintió suavemente con la cabeza - Que bien entonces, ¿iras al hospital?

- Tengo ensayos hasta en la tarde pero me detuve cuando te vi - sin ganas de querer evitarlo, en aquel momento fue imposible sentirme feliz con la respuesta de Terry por que sabia que podía pasar un buen rato a su lado - ¿Tienes planes? - la pregunta de Terry me hizo salir de mis pensamientos dándome cuenta que había tomado su turno de atacarme con preguntas.

- No, pero tengo que volver al hospital en una hora.

- ¿Enserio? - siguió preguntando Terry mientras me miraba, pareciendo como si estuviera pensando en la siguiente pregunta - Bueno ya que estas aquí, ¿no te gustaría dar un paseo?.

- ¿Seguro que no tienes que ensayar? - solo con aquella tonta pregunta había logrado al menos disimular la descontrolada emoción que sentía.

Estar por última vez junto a Terry de nuevo en las calles de Nueva york, era como poder repetir un sueño pero con un final terminante.

- Para nada - me dijo Terry con seguridad mientras abría la puerta del carro, ina clara invitacion para que los latidos de mi corazón subieran de intensidad y tuve que hacer un esfuerzo por hacer como si nada mientras hablábamos de todo un poco.

Estaba condenada a aceptar perder estar cerca de el, pero no aun así, no quería arruinar los últimos momentos a su lado por que estaba segura que serían mi consuelo.

-¿Y esto que es? - pregunte cuando Terry me había entregado una bolsa.

- Son sandwiches y sirven para comer - respondió Terry mientras pagaba al señor dueño de aquel pequeño puesto en la calle.

- Eso ya lo sé... - dije resignada - Lo que quiero decir es ¿que vamos hacer con todo esto? - la mirada de Terry después de mi pregunta, detuvo en seco los latidos de mi corazón cuando sonrió de esa forma que casi me hace quedar sin aliento.

- Hace tiempo te había prometido que haríamos un picnic algún día... - comenzó a decir Terry volviendo a despertar los latidos de mi corazón - Y ese día es hoy - termino de decir Terry logrando que todo mi ser reviviera como si hubiera pasado mucho tiempo en coma, simplemente esperando a que este momento llegara.

- ¿Enserio? - Terry asintió con la cabeza - Creí que no lo recordabas - una tímida sonrisa se había dibujado en mi rostro cuando sin querer, por mi mente paso el recuerdo de aquel día cuando habíamos llegado a la segunda colina de ponny después que Terry descubriera mi pequeño secreto, no le dije pero en el fondo estaba feliz de que hubiera sido precisamente el que me descubriera, aunque ahora que lo pienso...

En aquel tiempo, mi corazón estaba confundido apesar de que estuviera segura que Terry me agradaba, no podía evitar sentir temor cuando Terry se mostraba tierno en un segundo y al otro cambiaba siendo capaz de lastimarme y de hacerme creer que no le importaba.

- Se hace tarde, vamos - la voz de Terry detuvo mis pensamientos cuando me ofreció su brazo para seguir caminando por las calles de la cuidad.

Pensar aquel verano de nuevo, me hizo ver a Terry notando todos los cambios, habia mucha diferencia comenzando con que ahora Terry había logrado ser un actor reconocido por su talento en la actuación y por su vieja naturaleza de llamar la atención femenina por sus rasgos más masculinos y elegantes qué dejaban atrás al chico rebelde que de algún modo había entrado a mi vida hasta ganarse mi cariño.

Y reconocer esto, era muy aliviador hasta que también recordé la primera vez que volví a ver a Terry después de abandonarlo...Recordar tan claramente ese día, hizo que todos sus cambios desaparecieran cuando note que en el seguía aquella tristeza con la que lo había conocido en aquel barco, en medio de tanta neblina que dejaron expuesta su soledad, la misma que me había hecho acercarme devolviendo el mismo sentimiento que creía muerto.

- Llegamos... - el aviso de Terry detuvo mis pensamientos logrando qué volviera al presente.

- Que bonito lugar - reaccione viendo el hermoso lugar que se escondía detrás de unos árboles que daban espacio a un lago y a vista hacia los edificios de la ciudad - ¿Como lo descubriste? - pregunte viendo con atención la belleza de aquel lugar, eso hasta que el silencio de Terry llamo mi atención.

- Fue hace tiempo, cuando caminaba por la ciudad y termine perdido en este lugar - respondió Terry sin mirarame, mientras parecía recordar ese dia.

- ¿Es seguro estar aquí? - seguí preguntando tomando en un árbol que había caído comenzando a ponerse seco.

- Tranquila, te aseguro que estaremos bien - respondió Terry tomando asiento justo al lado de mi, como solía hacerlo en aquel verano de Escocia.

- Gracias - fue todo lo que dije cuando Terry había extendido un sandwich que en mi boca se hizo agua tan solo con el primer bocado, estaba delicioso aunque soolo fuera un simple sandwich.

- Es extraño qué tengas tanta hambre - dijo Terry al instante que había terminado de comer el primer sandwich.

- Te habías tardado en empezar con tus bromas - fingir enojo no era mi especialidad, por suerte Terry había devuelto su atención al libro entre sus manos para darse cuenta de mi pésima actuación.

- ¿Cuales bromas?, solo te estoy diciendo la verdad - las palabras de Terry hicieron que detuviera el primer bocado al segundo sandwich que tenia entre mis manos.

- ¿Estas insinuando que soy una tragona sin fondo?.

- Yo no he dicho nada eso pero que bueno que lo reconoces.

- Lo único que reconozco en este momento es que eres un patán grosero.

- Jajajaja ¿Sabias que siempre me insultas cuando te digo la verdad?

- No es mi culpa que tomes como insulto lo que creo de ti - aunque trate de evitarlo, al final no pude disimular sonar ofendida con aquellas palabras.

- Vamos Candy, no me digas que te enojaste.

- No estoy enojada - trate de contradecir mirando a Terry mientras me negada aceptar todo lo que podía causar en tan solo un segundo.

- Si lo estas - aseguro Terry tocando mi nariz con su dedo índice.

- Ya dejame en paz, Terruce Granchester - le advertí queriendo hacerle saber que con su encanto no había logrado conseguir algo más que sacarme de mis casillas, como mejor sabia hacerlo.

- Lo siento, no era mi intención ofenderte... Y no es que quiera justificarme, pero es que cuando estoy contigo, hasta la más mínima tontería se vuelve divertida - y si en efecto, solo Terry tenia el para cautivarme hasta el punto de hacerme suspirar, llenandome de paciencia y hacer de cuenta como si nada hubiera pasado.

- ¿Tomaste las medicinas? - pregunte queriendo cambiar de tema, mostrando de nuevo mi preocupación como si estuviera tratando a un paciente en eo hospital.

- Si...- respondió Terry mirando hacia el libro que tenia entre sus manos.

- ¿Y como te sientes? - seguí preguntando sin poder evitar que una suave sonrisa se dibujara en mi rostro, como señal que mi "enojo" ya había desaparecido.

- Bien, anoche ya pude dormir mejor.

- Es buena señal, creo que mañana estarás casi recuperado.

- ¿Ese es tu diagnóstico como enfermera?.

- Si - ver de cerca la mirada de Terry me hizo sentir cosquillas que sin poder evitarlo me habían hecho reír suavemente.

- Cierto, hable con Karen hace unos días las presentaciones locales terminarán en unas semanas y Karen me pregunto si tu habías olvidado la invitación que te hizo.

- ¿Le dijiste algo?

- No solo, le dije que te lo recordaría.

- No creo que pueda ir... - murmure después de recordar que tenia solo un par de días para arreglar todo y irme de la ciudad - Pero, karen puede molestarse si llego a faltar a la presentación así que tal vez puedes decirle a Karen que iré a la presentación en mi próximo día libre.

- ¿Enserio? - reaccionó Terry con sorpresa cuando había dicho aquellas palabras, no estaba segura pero por la forma de como me miraba, el estaba feliz.

- Si - afirme sin poder dejar de ver a Terry y pensar que sonría por que estaba feliz por mi repuesta.

- ¿Y cuando... Cuando será tu próximo día libre?.

- El próximo martes.

- Ah bueno, entonces... Le diré a Karen - respondió Terry antes de devolver su atención al libro que tenia abierto entre sus manos.

- ¿Que es lo que lees? - le pregunte tratando de acercarme y descubrir qué es lo que llamaba su atención.

- Es hamlet - respondió Terry sin mirarme.

- Ya veo pero... ¿De que trata la historia? - fue tan solo esa pregunta la que hizo a Terry reaccionar hablando sin parar de aquel libro, describiendo cada pequeño detalle como una obra de arte que el mismo había creado.

Me había gustado tanto tenerlo cerca y poder escucharlo tan apasionado como antes que no fui capaz de detenerlo, y arruinar su felicidad diciendo la solución que había decidido darle a mis problemas.