Vampire Knight y sus personajes pertenecen a Matsuri Hino. En este capitulo es Kanata quien recuerda, pero como no soy nada buena escribiendo en primera persona, decidí generalizar el flashback, espero que les guste. Gracias por leer.


Capitulo 3: Flashback, el deseo de comer es el deseo de vivir.

Kanata iba mirando por la ventana del auto en el que él y su hijo viajaban, Zero iba durmiendo, con la cabeza sobre las piernas de su papá, y mientras él le acariciaba con cariño su cabello, durmiendo era la única manera en que Zero soportaba viajar en auto, si iba consciente solo aguantaba 10 minutos dentro y luego empezaba a sentir dificultad para respirar, su papá comprendía el por qué y se le había ocurrido la idea de hacerlo dormir antes de esos 10 minutos, porque definitivamente abordar un avión no lo aceptaría.

Iban hacia Ishiyama a unos 30 minutos de Kioto, donde había acordado encontrarse con Haruka, faltaban aproximadamente una hora para llegar, aquella noche en el hotel, había discutido con Haruka la mejor manera de tratar a Zero, pero en todos los casos la dificultad que saltaba a la vista era la distancia, ¿como se podía llevar a cabo una terapia psicológica estando lejos el psicólogo del paciente? no se podía, así de simple, Kanata había pensado en ir a Kioto a vivir con su esposa y su hijo, pero en estos momentos no se podía dar el lujo de pedir un traslado en su trabajo, ni mucho menos renunciar, su jefe había sido muy paciente con él como cuando dejaba de ir unos días para atender a su hijo, ya había faltado demasiado e incluso su rendimiento había bajado un poco debido al estrés, pero aun así era un profesional dedicado, muy buen empleado y por ese motivo no había sido despedido...todavía.

No, definitivamente un traslado de residencia estaba fuera de discusión, su fondo de ahorro se acababa con rapidez debido a los gastos médicos, y cuando pensó que estaba acorralado Haruka le dio una solución simple: permitir a Zero vivir con él y su familia, después de todo estaba seguro de que Kanata confiaba en él y según le había dicho ya había atendido con anterioridad a algunos pacientes en su casa, al principio se había rehusado alegando que encontraría una solución pues ya le estaba causando suficientes problemas contactándolo pero al no encontrar ninguna y al verse desesperado por la condición de Zero Haruka logró convencerlo, recordándole la vez que habían trabajado juntos y donde el paciente mostró una gran mejoría creando una relación más cercana con ellos, casi como de familia y casi sin poder evitarlo, inconscientemente y sin desearlo, su mente viajó a aquellos días, a un pasado que creía se había obligado a olvidar...

~~~~~~~~~~~~~~ Flashback ~~~~~~~~~~~~~~

Tokio, Japón, hace 20 años.

El prestigioso Centro Integral de Psicología de Tokio, solicitó entre su personal temporal a un joven psicólogo, el cual había sido llamado urgentemente desde el Centro Integral de Kioto, a colaborar en un caso delicado, puesto que sus habilidades en psicología y para tratar a los pacientes lo hacían un profesional muy valorado a pesar de su corta edad y experiencia.

En el octavo piso del Centro, Cross Kaien, director general del mismo, esperaba a...Kuran Haruka, según decían sus documentos, esperaba con urgencia, pues debía empezar a trabajar de inmediato ya que todos los involucrados ponían sus esperanzas en el susodicho, pues parecía que en vez de avanzar en el caso, retrocedían.

Interrumpiendo sus pensamientos, la asistente del director tocó la puerta y abrió lentamente, asomando la cabeza.

-Director Cross, ha llegado el residente temporal- informó.

-Hágalo pasar por favor, ¡ah! y podría llamar al nutriólogo también, este caso le concierne por igual- la asistente asintió y se escuchó un ligero "puede pasar", mientras por las paredes acristaladas se veía una figura alta caminando hacia la oficina y enseguida entró un joven hombre de tez clara, cabello castaño oscuro, un poco desordenado pero le daba un buen ver y enfundado en un traje gris oxford con una coqueta sonrisa enmarcando su hermoso rostro, un momento, ¿coqueta sonrisa?, ¿hermoso rostro?, Kaien se dio una bofetada mental, no era el tiempo ni el lugar para pensar en eso, el nuevo residente se presentó cortésmente haciendo una reverencia, dejando ver que su educación era de la más alta calidad.

-Buenos días director Cross, soy Kuran Haruka y espero llenar todas sus expectativas con mi trabajo- declaró muy seguro de sí mismo, lo cual dejó al director muy impresionado, al parecer si iba a ser de mucha utilidad con toda esa desbordante energía.

-Buenos días Haruka-kun, puedo llamarte así ¿verdad?- él asintió mientras tomaba asiento en el escritorio del director -me da mucho gusto que por fin estés aquí la verdad ya estamos un poco desesperados con esta situación y necesitamos un poco de sangre fresca- dijo dándole una pequeña sonrisa por su tonta broma.

-Claro para eso estoy aquí, por favor póngame al tanto del caso empezaré a trabajar de inmediato- Kaien le extendió una carpeta con el expediente del paciente y Haruka la agarró, la abrió y empezó a leer en silencio, hoja por hoja, y sin terminar de leer cerró la carpeta incómodo, levantó la vista hacia el director con una evidente contrariedad en su mirada.

-Como puede ser esto, es decir...mmm...no puedo creer que una persona haga algo así- desde que había empezado a trabajar había atendido algunos casos de este tipo pero generalmente eran personas...grandes, por así decirlo.

-¿Comprendes la delicadeza de la situación?, debemos manejar esto con cierto cuidado, por la salud del paciente- la asistente volvió a asomar la cabeza por la puerta de la oficina, informando que el nutriólogo estaba allí, el director le indicó que lo hiciera pasar y Haruka se levantó para recibir a la persona con quien iba a trabajar durante un largo periodo.

Por la puerta entró un hombre ligeramente más bajo que él, aparentemente de su edad, quizás un año menor o mayor, cabello plateado, una discreta y educada sonrisa, pero lo más destacable de aquella persona era el color de sus ojos, unos bellos ojos de un amatista acuoso que dejaba ver una mirada transparente y limpia, una mirada que se posó en él, en el momento en que su corazón se detuvo por un instante, pero él no lo notó o tal vez si pero no le dio importancia.

-Kanata-kun quiero que conozcas al nuevo residente, él es Kuran Haruka-kun, a partir de ahora trabajaran juntos, espero que puedas guiarlo en el caso ya que tu llevas más tiempo en el- decía el director al mismo tiempo que los acercaba a los dos.

-Hola soy Kiryuu Kanata, soy nutriólogo, yo también soy residente vengo de la prefectura de Akita- dijo acompañado de una reverencia, y permaneció así un poco más de lo normal, el hombre frente a él le había hecho sentir algo, no sabía qué pero su corazón se aceleró solo con verlo.

-Mucho gusto soy Kuran Haruka, psicólogo, yo vengo de la prefectura de Kioto- dijo pero sin hacer reverencia, sus sentidos se habían perdido en su voz, clara y varonil, y se encontró mirándolo fijamente, mirando sus bellos ojos, "deja de pensar bellos ojos" se reprendió a sí mismo pero sin hacer mucho caso pues aún lo miraba y Kanata también lo miraba.

-Jejeje...- con una sonrisita maliciosa algo se encendió en la cabeza del director Cross, mientras los veía mirarse, -bueno no sean tímidos a partir de ahora trabajarán juntos así que por favor dejen las formalidades ¿está bien?, ustedes tómense la libertad de...- fue interrumpido por la asistente que por tercera vez se asomaba, informándole de la reunión a la que debía asistir y en la cual ya llevaba veinte minutos de retraso.

-Lo siento tengo que irme, Kanata-kun te encargo a Haruka-kun- remarcó el "te encargo" con una voz chillona recibiendo una mirada confusa de parte de Kanata, -bueno los estaré esperando al final con su reporte, por favor trabajen duro- y se perdió por la puerta para alivio de los dos residentes, si que era extraño este señor.

Una vez los dos solos se quedaron en blanco, solo se miraban, Haruka esperando que él hablara primero para poder oír su voz, la voz que ya amaba inconscientemente oír con tan solo cruzar unas palabras y Kanata esperando también que él hablara primero.

-Bueno, es un placer conocerte y espero que nos llevemos bien a partir de ahora- dijo Kanata primero para deleite de Haruka.

-El placer es mío- y le dedicó una cálida sonrisa que Kanata no se esperaba, se estrecharon las manos y pusieron manos a la obra. Los dos se dirigían hacia el piso 15, donde residían los pacientes que recibían tratamiento especial.

-Supongo que el director te dio el expediente del caso, ¿lo has leído?- Kanata lo interrogó mientras subían las escaleras, Haruka detuvo su andar un rato y con cierto dolor en su mirada respondió.

-Sí, me lo dio, pero no leí mucho...es decir... es un asco, no entiendo como pueden existir personas así- casi lo gritó, recordando lo poco que había leído: el paciente era un niño de apenas 8 años, su padre se lo llevó de su casa y lo tuvo encerrado casi 6 meses en una inhóspita cabaña donde había abusado sexualmente de él cada vez que quería, eso era todo lo que leyó. Siguieron subiendo las escaleras mientras Kanata deducía hasta donde había leído el expediente.

-Su familia lo buscó todo ese tiempo y cuando dieron con él su padre había huido, fue su esposa quien le avisó, ella tiene una obsesión enfermiza por él y dejó que se llevara al niño porque el esposo le dijo que ya no la amaría y la dejaría, no pudieron encarcelarla porque en sí no sabía nada de los abusos, dijo que nunca lo había tratado así en su casa y tampoco había evidencia para desmentirla ni testigos de que hubiera habido abusos ni tampoco complicidad con el esposo, nada, únicamente empezaron a buscarlo porque el niño pudo hacer una llamada a escondidas-, le contaba con enojo, era imposible permanecer indiferente ante tal injusticia pero aquel maldito se había escondido muy bien, -bueno eso dejémoslo de lado y vamos a enfocarnos en este niño, él necesita nuestra ayuda, llegó hace cuatro meses y en ese entonces estaba muy mal, no dejaba que nadie lo tocara ni siquiera un poco, no quería hablar con nadie y en parte es por eso que ningún psicólogo podía avanzar con él, se daban fácilmente por vencidos y entonces llegaba otro, también no comía cuando llegó, estuvo con una sonda casi un mes- volteó a mirar a Haruka pues parecía que no lo estaba escuchando, pero su cara no tenía ninguna expresión estaba neutra, llegaron a la habitación donde se encontraba el niño.

Haruka no pudo ocultar su sorpresa, a través del ventanal que daba a la habitación podía verse al niño de cabello castaño claro, acurrucado en su cama, con muchos juguetes a su alrededor, libros, dibujos en las paredes, pinturas y crayolas en una mesita pero parecía no importarle, ¿a que grado había llegado su trauma como para que no le importaran las cosas que a cualquier niño de su edad le interesaban?, no tenía ni idea, observó que llevaba un pijama de short y playera por lo que podían verse moretones y marcas de manos en sus piernas y brazos, eso era cruel, cuantos meses habían pasado ya desde que lo habían rescatado de su padre y aún no sanaban por completo sus heridas, sintió una mano sobre su hombro justo antes de abrir la puerta.

-Haruka-san antes de entrar ahí debo decirte unas cosas, lo primero es que no lo mires a los ojos intensamente, le da pánico establecer esa clase de contacto, segundo, por ahora no lo toques, yo te diré cuando sea el momento, lo sabré porque he aprendido un poco de su expresión corporal ya que casi no habla- notó que Haruka escuchaba pero su expresión seguía neutra, al parecer la energía desbordante que había mostrado anteriormente se había esfumado, lo jaló hacia una oficina al lado de la habitación del niño para darle una bata con su nombre y un gafete que habían preparado para él -y por último pero lo más importante: llámalo Kei-kun - finalizó.

-¿Qué?, pero este niño se llama...- empezó a protestar abriendo el expediente, si no se equivocaba había leído otro nombre.

-Sí, lo sé- interrumpió -lo que pasa es que el niño lleva el mismo nombre que su padre y si escucha ese nombre...bueno, se aterroriza- Haruka lo vio un poco consternado, ¿él era el nutriólogo?, por lo que le acababa de decir parecía emplear técnicas psicológicas para tratar con él, o quizás era tan bueno que inconscientemente había creado su propio método para establecer una relación con el niño y hacerlo comer. Bueno no pensó más en eso y asintió a todas las órdenes que había escuchado, ya se había puesto la bata, agarró su bitácora de seguimiento del paciente y siguiendo a Kanata se dirigieron a la habitación. Inmediatamente al entrar Haruka pudo notar como el cuerpo del pequeño se tensó al oír que alguien entraba, se encogió sobre sí mismo y se arrimó más hacia el rincón de la cama contra la pared, Kanata de inmediato cambió su tono de voz a uno tranquilizador mientras se acercaba a él.

-¿Kei-kun? soy Kanata, no te preocupes, todo está bien- volteó a ver la bandeja de la comida- ¡vaya! has comido más de lo normal hoy, que buen chico eres- y se sentó con suavidad a su lado, cuidando de no acercarse demasiado, el niño se enderezó un poco en la cama y volteó a verlo notando de inmediato la presencia de Haruka, el pánico se notó en su mirada mientras empezaba a hiperventilar, -Kei-kun no pasa nada, te lo prometo, mira él es mi amigo, su nombre es Haruka-san y a partir de ahora él va a pasar tiempo con nosotros, no te hará daño- delicadamente agarró su cara con una mano para que lo mirara a los ojos y le repitió, -no te hará daño, te lo aseguro, ¿esta bien?- lentamente su respiración volvió a la normalidad y asintió, Haruka vio a Kanata asentir dando a entender que podía acercarse e imitando los movimientos de Kanata se acercó cautelosamente y hablándole con voz amable y una sonrisa discreta pero amigable se presentó.

-Kei-kun mucho gusto, puedes llamarme Haruka, desde hoy voy a venir a verte diario, seamos amigos ¿vale?- preguntó tratando de no mirarlo intensamente como le habían advertido, se encontraba frente al niño con sus manos apoyadas en las rodillas para que él no levantara la vista, sin embargo tenía agachada la cabeza y a pesar de que asintió con la cabeza en ningún momento mientras él se encontraba ahí lo vio a los ojos.


Después de un agitado día y después de ir a entregar su reporte al director Cross junto con Haruka, Kanata no sabía que pensar, estaba en los vestidores cambiándose para ir a casa y ya estaba perdiendo las esperanzas de que aquel nuevo residente sería de ayuda, todo el día había parecido decepcionado, como todos los que iban a ver al niño y después de un tiempo se aburrían de ver que no cooperaba y fácilmente decían que no podían seguir el caso porque no habían avances, de hecho había llegado a despreciar un poco a todos esos "profesionales" que poco les importaba si el niño mejoraba o no, pensó que esta vez todo sería diferente, pues como todo el personal del Centro había escuchado maravillas de él, "uno de los mejores con tan poca edad", " ha llevado con éxito varios casos difíciles" y varios chismes más, pero había resultado ser otro del montón, entonces recordó lo que sintió cuando lo vio por primera vez, cuando su corazón se aceleró, "debió ser la emoción de trabajar con alguien nuevo" se dijo a sí mismo no muy convencido.

Ya había acabado de cambiarse y estaba por agarrar sus cosas e irse cuando escuchó algo así como un leve gemido, se preguntó que podría ser pues por la hora ya nadie debía quedar por los alrededores, algo cauteloso empezó a recorrer los lockers hasta que se encontró con nada menos que Haruka, que estaba sentado en el piso con las piernas recogidas sobre su pecho, los brazos alrededor de ellos y escurriendo lágrimas de sus ojos mientras intentaba no sollozar, Kanata se impresionó un poco al verlo, así que después de todo se había equivocado, no era indiferente al estado del niño para estar llorando así, se sintió un poco mal, él también quiso llorar cuando el niño había llegado al centro, cuando su condición era peor que ahora y parecía no haber nada que hacer por él.

Se arrodilló junto a Haruka y le puso una mano en el hombro, él de inmediato alzó la vista sobresaltado, se había perdido en sus sentimientos encontrados después de haber pasado un día con Kei-kun que no había escuchado cuando se acercaba, él no había tenido un caso así nunca, esto le daba asco, no quería creer que el propio padre le había hecho eso, había visto claramente las marcas del abuso en su cuerpo y eso era algo inhumano.

-¿Estás bien?- preguntó Kanata sintiéndose un poco estúpido, como podía preguntarle eso viéndolo de esa manera.

-No sé- fue sincero -yo... no sé como puedo ayudar a este niño, en serio no lo sé- declaró mientras más lágrimas caían de sus ojos cafés a su traje y trataba de controlar su respiración , Kanata lo miró y su cabeza procesaba las palabras que acababa de oír, ¿qué rayos decía, si él no lo ayudaba entonces quien?.

-Mira sé que esto es un poco abrumador pero no te perdonaré que digas algo así, no tienes idea cuantos estúpidos han venido que se dicen psicólogos y cuando se cansan se van, tú tienes que hacer algo, ¿quieres que encierren a ese niño en un cuarto para siempre?- subió un poco el tono de su voz y agarrando su cara lo obligó a mirarlo, -si necesitas llorar entonces hazlo y mañana tienes que llegar con toda la energía que tenías esta mañana y hacer tu trabajo, no estarás solo, yo te ayudaré- le aseguró, Haruka lo miró un rato asimilando lo que escuchó, con tal afirmación y sin saber cómo, supo que era verdad, ahora sentía que podía hacerlo, con solo tres palabras sentía que podía hacerlo.

-Sí, está bien, yo lo ayudaré, quiero decir...nosotros- Kanata sintió de nuevo "algo" con ese nosotros que pronunció, Haruka se secó la cara con la manga de su traje y se paró tomando la mano que le ofreció su compañero y ambos salieron del edificio, Kanata le sugirió irse los dos juntos en su auto pues sabía que se estaba hospedando en los dormitorios que tenía el Centro para empleados de fuera, pues el también vivía allí. Una vez en camino venían los dos en silencio, ¿que podían decir?, ¿de que podían hablar que no fuera del trabajo?, apenas se habían conocido y con lo que había sucedido el ambiente estaba sombrío.

-No ha mejorado ¿verdad?, desde que llegó, tengo que empezar desde cero, como si hubiera llegado hoy- razonaba Haruka más para sí mismo que intentando conversar con Kanata.

-Te equivocas, él ha mejorado mucho- su afirmación hizo que su compañero volteara a verlo interrogante -me refiero a que ha empezado a comer por sí mismo y eso es un paso enorme que hasta ahora nadie más que yo ha notado.

-Yo soy el psicólogo aquí así que yo diré si ha avanzado o no- dijo en un tono falso de molestia, regalándole una pequeña sonrisa de agradecimiento.

-Precisamente porque eres psicólogo no puedes verlo pero yo soy experto en alimentación y te diré un secreto que pocos sabemos: el deseo de comer, es el deseo de vivir- afirmó con una sonrisa en sus labios y Haruka lo reflexionó un poco antes de contestar.

-Tienes razón- le concedió con gran sinceridad, al parecer iban a llevarse muy bien de ahora en adelante.

Ya habían llegado a los dormitorios y se encontraban en la puerta de la habitación de Haruka, despidiéndose después de un día difícil.

-Bueno que descanses Kanata, ha sido un placer conocerte, ¿puedo llamarte así?- no sabía por qué pero ya confiaba en él como si tuvieran años de ser amigos y se sintió en confianza de pedírselo.

-Claro que sí pero solo si yo puedo llamarte Haruka- demandó para estar en igualdad de condiciones mientras recibía un gesto de aprobación...ahora que estaban ya solos Kanata observaba el rostro del otro, aún parecía un poco triste y desde que había visto su cara bañada en llanto se había quedado con las ganas de consolarlo un poco más que con palabras, como con un abrazo o...acercó su cara a la de Haruka y en un mero impulso lo besó, el hecho de que era un hombre a quien besaba y que era su compañero de trabajo se quedo en lo más profundo de su sensatez y solo se ocupó de disfrutar aquella húmeda y deliciosa cavidad. Haruka se había congelado desde que sintió al otro besarlo pero con una rapidez increíble se encontró cerrando los ojos y correspondiendo al beso, Kanata había agarrado a Haruka por el cuello para acercarlo más y este por su parte se había sujetado a su cintura, profundizando el beso.

Ambos se separaron de golpe por falta de aire y al mirarse, como una buena patada en el estómago, la realidad los golpeó, ¿pero que habían acabado de hacer?, la confusión se asomaba en el rostro de ambos.

-Lo siento...no sé que...lo siento...- Kanata trataba de disculparse, después de todo fue él quien inició, se dio la vuelta y se dirigió al final del pasillo donde se encontraba su habitación, dejando a Haruka en la puerta, al entrar y sin encender la luz calló de rodillas tapándose la boca con una mano en un gesto de incredulidad, no sabía que lo había impulsado a hacer algo así, y tampoco sabía que ese beso iba a ser el preludio de numerosas noches de pasión pura...

~~~~~~~~~~~~~~ Fin del flashback ~~~~~~~~~~~~~~

-Hemos llegado-, anunció Yagari Tôga, el mejor amigo de Kanata, se había ofrecido a conducir cuando le había contado que llevaría a Zero a Kioto para terapia, pues no iban a ir en avión y él conocía a los niños de su amigo desde que nacieron y les tenía gran aprecio, así que todo este asunto también le afectó y estaba dispuesto a ayudar en lo que sea por el bien de Zero.

Kanata salió de su mundo del pasado y miró a su alrededor, habían llegado al punto donde se encontraría con Haruka y donde tendría que despedirse de su hijo por un tiempo, con todo el dolor de su corazón pero por su bien, tanto él como su esposa hubieran deseado ir con él pero Haruka había dicho que obtendrían mejores resultados estando separados un tiempo y darle una oportunidad a su corazón para sanar en vez de llenarlo con más preocupaciones. Con mucho cuidado para no despertar a Zero salió del auto, habían llegado quince minutos antes de lo acordado y ahora esperarían un poco, los dos se sentaron sobre el auto y mientras Yagari preguntó a su amigo.

-Y bien, ¿cómo se tomó Zero el asunto de vivir con un perfecto extraño?- lo vio de reojo, en realidad solo quería hacer hablar al otro, no sabía que decirle en ese momento así que fue una pregunta al azar. La mirada de Kanata se tornó dolorosa, recordando cuando había hablado con Zero sobre ir a Kioto, le había dicho que iba a vivir con la persona que lo ayudaría a recuperarse, que le dolía que se separaran pero que por ahora era lo mejor, y a él le hubiera gustado que Zero le gritara que solo quería deshacerse de él porque le recordaba a su hermano muerto, que lo odiaba por separarlo de su lado y que nunca lo perdonaría, algo así, pero en cambio él solo había dicho "está bien", como si no le importara, de hecho parecía que ya nada le importaba. A pesar de aquello, recompuso su expresión para no preocupar a su amigo, después de todo una pizca de esperanza había nacido nuevamente en su corazón y quería empezar a sanar, como le había sugerido Haruka.

-Lo tomó muy bien, estoy convencido que esto será lo mejor, no voy a perder a Zero también, ya lo decidí- un aire de energía renovada lo envolvió y Yagari sonrió, le alegraba que por fin se notaba una luz al final del camino.

Mientras, Haruka se dirigía al punto de encuentro con Kanata, bastante nervioso porque en realidad no sabía si eso era lo correcto, él había actuado en un impulso de calmar a Kanata, porque no quería ver esa expresión mezcla de sufrimiento, dolor y preocupación en él, por eso imprudentemente le propuso llevarse a Zero a su casa para tratarlo, bueno la verdad no se arrepentía y el mismo se decía que todo saldría bien...bueno eso esperaba, después de aquello se había visto en el dilema de decirle a su familia que tendrían un integrante más temporalmente, había mentido diciendo que era un caso muy especial y que su cliente estaba pagando muy bien, bueno no del todo porque si era muy especial el paciente y para su sorpresa su esposa y Yuki-chan lo habían tomado muy bien y se habían pasado los últimos días preguntándose como sería aquel chico, sin embargo, Kaname-kun visiblemente se había quedado con algunas dudas respecto al porqué tenía que vivir con ellos, no estuvo en desacuerdo pero tampoco se convenció del todo, y lo único que podía pensar Haruka era que su hijo era muy perspicaz y que empezaba a sospechar algo, así que mientras Zero estuviera ahí tendría que ser sumamente cuidadoso al respecto, no quería ni pensar que pasaría si se enteraba de algo.

Por fin la hora de la verdad había llegado, faltaban escasos 1000 metros antes de llegar al punto de encuentro, en un claro despejado que daba al lago Biwa, ahí estaba Kanata e inesperadamente a su lado estaba otro hombre y un sentimiento de celos quiso abrirse paso por el pecho de Haruka, pero lo enterró inmediatamente, hasta lo más profundo, a partir de ahora su única prioridad sería Zero y nada más. Estacionó su auto a unos metros del otro y salió, notó que Kanata llevaba ropa casual, igual que él, y se acercó con una sonrisa educada saludando a ambos.

-Buenas tardes, siento el retraso- quiso estrechar su mano pero se contuvo.

-Hola, no te preocupes por eso, yo soy quien te agradezco tu ayuda y también que estés aquí- se giró hacia Yagari -mira te presento a Kuran Haruka, él será el psicólogo de Zero- Yagari se inclinó ligeramente, -él es Yagari Tôga, es un amigo mío- y Haruka hizo lo mismo.

-Es un placer, bueno, ¿donde está Zero-kun?- preguntó viendo alrededor, impaciente por conocerlo después de todo lo acontecido en los últimos días.

-¡Ah! está durmiendo en el auto, ¿recuerdas que te dije que solo así viajaba en uno?- asintió y pudo notar que el estrés y la preocupación de Kanata había disminuido un poco, incluso sonreía, sintió un ligero alivio por él, después de todo si resultaría para bien todo este embrollo. Kanata se alejó un rato y se metió al auto, Haruka no veía nada pues los vidrios eran polarizados, escuchó la voz de Kanata y segundos después salió un joven muchacho con cara adormilada, dios son idénticos, pensó Haruka al ver a Zero que parecía prácticamente una copia más joven de su padre, solo que él llevaba el cabello un poco largo, por unos milímetros tocaba sus hombros, pero esa era la única diferencia, el cabello, la complexión, incluso el color de sus ojos, era todo igual en ambos. Zero se talló los ojos un poco y Kanata se paró a su lado abrazándolo con un brazo.

-Hijo quiero que conozcas a Kuran Haruka, él es de quien te hablé la otra vez, ¿recuerdas?- preguntó pero Zero no pareció escuchar, su mirada daba al suelo y no respondió, ahí esta, se dijo Haruka, al parecer involuntariamente parecía ignorar su alrededor, Yagari había puesto una mano en el hombro de Kanata en señal de apoyo por lo ocurrido, entonces fue él quien intentó establecer contacto con Zero.

-¿Zero? recuerdas que te hablaron sobre Kuran-san ¿verdad?, él está aquí y te llevará con él, no tienes de que preocuparte estarás bien ¿de acuerdo?- pero el resultado fue el mismo, no había reacción por parte de Zero, y entonces Haruka aplicó un método que se usaba en este tipo de caso, así que se acercó a él y agarrando su cara la volteó para que pudieran verse directo a los ojos y habló.

-Zero soy Kuran Haruka, mucho gusto, a partir de hoy vendrás conmigo y empezaremos tu tratamiento, tu papá se encargó de todo, así que despídete de él ¿bien? por lo mientras meteré tus maletas a mi auto- para sorpresa de Kanata y Yagari aquello había funcionado porque Zero miraba a Haruka y su mirada pasó de la sorpresa a la comprensión y después a la aceptación.

-Si, está bien- dijo en un ligero murmullo y Haruka comprobó lo que Kanata le dijo anteriormente, que Zero comprendía lo que se le decía y con eso se acabó de convencer que había una solución para aquel comportamiento, porque si su mente no llegara a comprender el simple acto de comunicación entonces estaría perdido.

-Hijo...te quiero...te llamaré por teléfono, tu mamá y yo estaremos esperándote- había imitado a Haruka para que Zero lo escuchara, le dio un beso en la frente y un fuerte abrazo, mientras Yagari ayudaba a pasar las maletas de un auto a otro y le hacía conversación a Haruka.

-Eso fue increíble- le dijo sinceramente.

-No fue la gran cosa, es un método de contacto físico, nada más- no quería darse crédito por nada, el tratamiento aún no había empezado.

-Tal vez para ti fue simple, pero para un padre desesperado eso fue muy significativo- el tono de su voz le indicó que él también se preocupaba por Kanata y por Zero, ¿exactamente quien es este tipo?, se preguntó Haruka antes de darse cuenta que su pensamiento fue muy posesivo, intencionalmente se dio un buen golpe con una maleta en la pierna para dejar de pensar tonterías. Cuando acabaron de pasar el equipaje, Haruka vio a Kanata dentro de su auto, estaba sentado con Zero en su regazo y con una mano le tapaba los ojos, era su método improvisado para hacerlo dormir pero funcionaba muy bien, una vez dormido Zero salió del auto y se dirigió hacia Haruka y lo miró a los ojos.

-No tienes de que preocuparte, personalmente me encargaré de él, lo cuidaré como si fuera mi propio hijo- le aseguró a Kanata pues vio la preocupación en su mirada, -te llamaré dos veces por mes, así que espera mi llamada- al ver que iba a protestar por la condición impuesta puso sus manos sobre sus hombros y con determinación le dijo -escúchame, él estará bien, sé que es imposible pero por ahora preocúpate por ti mismo y por tu esposa, dense tiempo para pensar y para recuperarse, el proceso de duelo es muy importante para la recuperación así que para que puedas ayudar a tu hijo ayúdate tu primero- finalizó viendo a Kanata dudando un poco, pero al momento siguiente esa duda se convirtió en decisión.

-Sí, tienes razón, entonces te encargo a Zero, por favor cuida de él- y dando un paso al frente lo abrazó, agradecido por su ayuda, y él correspondió el abrazo. Sin cruzar otra palabra de nuevo, Kanata se subió a su auto y Yagari hizo una reverencia de despedida y subió también, Haruka vio como el auto se alejaba y se quedó solo con Zero, subió al auto y se puso el cinturón de seguridad, volteó un momento a ver al niño detrás de él...son idénticos, se dijo una vez más, extendió su mano hasta enlazarla con la de Zero y en silencio le dio un apretón.

-Zero, te prometo que todo mejorará- se había sentido comprometido con él desde que lo vio salir del auto, era como lo había dicho Kanata, su mirada estaba vacía, como si no tuviera alma. Encendió el motor y emprendió la marcha, volteó a ver el reloj del tablero, pasaban quince minutos después de las 7, en el horizonte el sol estaba por ocultarse y en el cielo se apreciaba un color violeta, como los ojos de Zero, y Haruka lo tomó como un buen presagio.

Ya quedaban pocas calles para llegar a su casa y Haruka estaba pensando que sería mejor, ¿despertar a Zero y presentarlo primero a su familia? o mejor ¿cargarlo hasta la habitación donde se quedaría y empezar mañana con todo?, en ese momento dio vuelta en la calle y con un control remoto abrió la puerta automática de la cochera y entró en ella, estacionó el auto y en ese momento decidió que era mejor despertarlo y presentarlo ahora para evitar que se sintiera desorientado por la mañana, se quitó el cinturón volteó hacia él y con su mano lo movió con cuidado.

Dentro de la casa Juri había llamado a sus hijos para recibir al invitado, los tres se habían reunido en la sala esperando a que entrara su esposo con el "chico misterioso", como Juri y su hija se dirigían al joven que estaban por conocer, pues Haruka no les había dicho nada de él, ni siquiera su nombre. Los tres voltearon al escuchar la puerta abrirse y enseguida entró Haruka y detrás de el un chico de cabello plateado y largo, alto, quizá un poco menos que Kaname, sin embargo notaron inmediatamente que no era muy normal que digamos, porque al entrar parecía en otro mundo, su cara no tenía expresión y no parecía interesado en conocer su alrededor, como cualquier persona que conoce un nuevo lugar, Haruka los saludo con la mirada y se quitó los zapatos en el recibidor, al igual que Zero, solo que este parecía actuar de forma mecánica, caminó hasta ellos y se paró enfrente, haciendo caminar al chico con una mano en el hombro.

-Juri, chicos, les presento a Kiryuu Zero, él es mi nuevo paciente y espero que lo hagamos sentir como en casa- los miró un poco indeciso, no sabía si estaría bien presentarle a Zero a su familia pues sabía que no respondería y tampoco se la iba a pasar agarrándolo por la cara cada vez que quería que escuchara, para su suerte su esposa, con una mirada comprensiva fue la primera en romper el silencio.

-Zero-kun, ¿verdad? mucho gusto, soy la esposa de Haruka puedes llamarme Juri- dijo al mismo tiempo que le tomaba la mano en forma de saludo pues presintió que una reverencia no serviría; después fue Yuki quien habló.

-Hola mucho gusto, soy Yuki- dijo con una gran sonrisa mostrando su alegre personalidad y no le molestó que Zero no le contestara, y por último, Kaname fue quien se presentó.

-Soy Kaname, es un gusto- dijo de forma simple pero categórica, y para gran sorpresa de Haruka y de todos, Zero levantó la vista, al haber escuchado la voz de Kaname lo había mirado de inmediato, eso fue impactante para Haruka, ya había visto su comportamiento cuando se trataba de hablar con alguien más, entonces ¿porque reaccionaba normal con oír a su hijo?, no lo sabía.

-¿Kaname?- preguntó Zero, parecía como una persona sorda que oía por primera vez, había escuchado la voz de aquel chico fuerte y claro, y ahora lo miraba con sorpresa, durante un momento sintió alivio, era la primera vez que volvía a escuchar algo involuntariamente, pues en todo el tiempo que registraba en su mente solo había oído...solo lo había oído a "él".


Bueno pues aquí esta el tercer capitulo, donde nos enteramos como se conocieron Kanata y Haruka. Y por fin Zero y Kaname tienen su primer encuentro, a partir de ahora empieza su relación, que como dije, avanzará poco a poco =)

Espero que hayan disfrutado la lectura, hasta la proxima ;D