Hola :D Aqui ya esta el capitulo 4 que espero les guste mucho.

Gracias a Rouse Malfoy, Clouzack, ben4kevin, Ritsu y LadyYuukiCross, sus comentarios me inspiran, ojala todos comentaran ;_; pero aun así gracias por leer y por dedicarle aunque sea unos minutos a mi fic =).

Bueno este capitulo estaba saliendo muy largo así que lo partiré en dos, el capitulo 5 será la continuación y el titulo serán los de ambos capitulos pero pegados ¬¬?, lo explicaré en el siguiente, acepto todo tipo de criticas, sugerencias u observaciones.

Pd. Aunque parezca sádica no me agradó nada hacer sufrir a nuestro Zero-chan T_T


Capitulo 4: Cuando mi mundo se tiñó de negro y...

...-Zero...yo...también te quiero-...

Aquellas palabras eran lo único a lo que se estaba tratando de aferrar desde que todo se volvió negro...aquellas palabras no lo dejaban caer a aquel profundo abismo, en realidad no conocía su significado...en realidad no quería darse cuenta del significado, en su corazón sentía una incómoda presión, sabía que algo muy importante estaba a punto de ocurrir, pero sentía que tenía toneladas de peso sobre él, que no lo dejaban levantarse. Quería abrir los ojos pero sus párpados parecían pegados.

Zero tienes que regresar...por favor...tú tienes que quedarte con ellos...

Escuchaba esa voz, quería abrir los ojos para ver a esa persona, sabía que era alguien importante, ¿alguien importante?, sí, había alguien importante, tenía que abrir los ojos para ver a esa persona, pero pesaban tanto.

Tú no debes venir aquí...yo...no podré regresar contigo...

¿Ir a donde?, ¿regresar conmigo?, se preguntó con quien podría regresar a donde, su cabeza era un latente caos, empezaba a recordar fragmentos.

Aviones.

Una pista de despegue.

Una radiante sonrisa.

Un auto.

Un estruendo.

Vidrios rotos.

Sangre.

¿A qué llevaba todo eso?, ¿que era lo que su neblinosa mente trataba de recordar?.

Zero...

Empezó a escuchar conmoción.

Recuerda que...

Podía oír personas caminando de prisa, haciendo alboroto por algo.

Te amo...

Se oía un sonido molesto, bip...bip...bip..., luego solo se escuchaba un único sonido, biiiiiiiiiip, y recordó todo en ese momento.

¡ICHIRU!

Abrió los ojos de golpe, manoteando e intentando levantarse, el dolor en su cuerpo se hizo presente de manera aguda, sentía un fuerte dolor en la cabeza, mientras percibía que varios pares de manos se ocupaban de él, recostándolo, intentando inmovilizarlo, tratando de alcanzar su brazo mientras sentía un piquete en la parte posterior de su codo, le decían cosas que no llegaba a enterder, pero él intentaba luchar con todas sus fuerzas a pesar del intenso dolor, él solo quería ver a su hermano, saber si se encontraba bien y en un momento pudo voltear su cuerpo hacia un costado, y ahí estaba, a escasos dos metros de él, aquella visión hizo que su corazón diera un doloroso vuelco y se le partió en dos, era incluso más doloroso que lo que sentía físicamente porque lo que veían sus ojos su cerebro no quería registrarlo, Ichiru estaba recostado en una mesa de metal, con tubos en su garganta y agujas en ambos brazos, y de su pecho desnudo se podían ver muchas gasas empapadas de sangre, que había llegado hasta el suelo y aquel irritante sonido provenía de un monitor situado junto a él, las personas de blanco a su alrededor habían dejado de hacer alboroto, solo estaban parados a un lado de él mientras su hermano no parecía reaccionar, en ese momento quiso llamarlo, decir su nombre y que volteara hacia él pero empezó a sentir que se nublaba su visión así como su conciencia, y nuevamente sintió manos atendiéndolo, una sensación innatural de sueño se apoderaba de él mientras intentaba luchar por permanecer consciente pero ya no podía más, su propio cuerpo se sentía fatal y mientras lo movían hacia otro lugar vio como desconectaban aquella máquina de su hermano y con una sábana blanca lo tapaban hasta la cabeza.

También te amo...

Con su pensamiento se despidió de él, sabiendo lo que eso implicaba.

...y...perdóname...

Zero cayó hasta el fondo de un profundo mar de oscuridad.


Como en las últimas ocasiones desde que sabía que tendría que regresar, empezó a escuchar sonidos, la puerta se abría y pasos resonaban desde la entrada hasta él, eran sus padres, no sabía cada que tiempo venían o si se quedaban con él, pero ahora ya era tiempo de dejar de ignorar las cosas a su alrededor, después de tantos ruegos silenciosos esto acabaría ahora.

-Mi amor, ¿aún no vas a despertar?... ¿no regresarás con nosotros?, no puedes dejarnos tu también hijo...te amamos y te estamos esperando- podía oír los sollozos de su madre mientras le hacia cariños en el rostro y pudo notar la infinita tristeza en su voz, y se sintió mal por ella, por su hermosa madre que le había dado a él y a su hermano amor incondicional desde siempre, se maldijo mil veces porque la dejaba sola cuando lo necesitaba tanto y se encontró preguntándose cuanto tiempo habría estado rogándole regresar.

-Zero- identificó aquella temblorosa voz como la de su padre, -no estarás solo hijo, nosotros estaremos contigo- y escuchó como dejaba salir ahogados sollozos mientras sentía como apretaba su mano entre las suyas, y decididamente le devolvió el apretón al mismo tiempo que oía una exclamación de sorpresa por parte de él.

-¿Zero?- sintió perfectamente la esperanza en su voz, mientras levantaba su otra mano buscando la de su mamá, quien sorprendida veía como su hijo abría los ojos y de la pura sorpresa y del alivio lloraba, exactamente como lo hizo cuando nacieron. Con las emociones a flor de piel al ver a su hijo despierto inmediatamente los dos se abalanzaron hacia él para abrazarlo deteniéndose en el acto al recordar que no sabían si sus heridas estaban sanadas por completo, pues a pesar de que no se había roto ningún hueso, por su salud era mejor tomar precauciones.

Zero tenía los ojos entrecerrados, no sabía cuanto tiempo había estado "durmiendo" pero sus ojos se estaban acostumbrando de nuevo a la luz del día, oía como su papá hablaba por un comunicador en la pared y poco tiempo después entraron enfermeras y un doctor visiblemente sorprendidos al verlo con los ojos abiertos, en un abrir y cerrar de ojos todos estaban sobre él, de nuevo, midiendo su pulso, su respiración, sus reflejos, mientras le hacían preguntas que él respondía con la cabeza pues sentía que su voz se había perdido, no estaba seguro de que le escucharan si intentaba hablar.

Enfocó a sus padres a un lado de su cama viendo al médico hacer su trabajo, estaban abrazándose el uno al otro, llorando de alegría, quiso regalarles una sonrisa pero no pudo, él solo podía notar una cosa, que le faltaba algo muy importante, que su corazón se sentía asquerosamente vacío, que la mitad de su ser se había perdido en un lugar en el que él no debía entrar, que Ichiru no estaba ahí.


Una dolorosa y asfixiante semana había pasado desde que despertó del coma que lo mantuvo en un profundo mar negro, y un día desde que había regresado a su casa del hospital después de la terapia física para despertar sus miembros entumecidos después de 135 días en estado de coma, era extraño estar ahí, se sentía como un espectador en un mundo raro y cada respiro le desgarraba por dentro, le desgarraba darse cuenta de lo vacío que lucía todo, de lo gris que parecía su hogar cuando siempre había sido de lo más colorido y acogedor, y un miedo intenso le recorrió cuando luego de haber llegado del hospital se había parado frente a su habitación, porque no era solo suya, en ella siempre había dormido con su hermano a pesar de que luego de haber crecido más les habían dado una habitación a cada uno, pero nunca había dormido nadie en ella porque siempre se las arreglaban para dormir juntos a pesar de la incomodidad de no caber más ahí, y ese miedo no era más que el hecho de que si cruzaba la puerta se daría cuenta de que ya no la compartiría más, le caería como avalancha el hecho de confirmar materialmente que estaría solo a partir de ese momento y no se atrevió a entrar, cayendo de rodillas frente a la puerta sin fuerzas para levantarse de nuevo, pero unas cálidas manos lo habían levantado, y unos ojos comprensivos y llenos de amor lo miraron, era su padre.

Sin saber porque no había podido pronunciar ni una palabra desde que despertó, escuchaba bien pero no podía responder, lo cual le hacía sentir impotente, porque quería hablarle a sus padres y calmar la preocupación que veía en ellos, pero al mismo tiempo no quería decirles nada, ¿que podía decirles?, ¿que fue imprudente y por eso sucedió todo esto?, ¿se atrevería a contarles los últimos momentos de su hijo?, no, no podía decir algo así, quizás lo odiarían después de que se los dijera, tal vez inconscientemente había sellado su voz para evitar causarles más sufrimiento del que ya tenían.

Él mismo no se atrevía a pensar en eso, de alguna manera aún mantenía una leve esperanza de que todo fuera un sueño, a pesar de la certera confirmación de que su hermano se había ido: una vívida sensación de vacío en su corazón, como un hoyo que lo atravesaba de pecho a espalda, tan palpable que casi podía meter su brazo, esa era la más grande prueba porque siempre había estado conectado a su hermano físicamente, pero su amor por él le hacía tener esperanza de que le llamaría en cualquier momento para que lo sacara de problemas o de que lo tiraría al piso y lo haría llorar de risa con sus cosquillas juguetonas como cualquier otro día, durante toda su vida se había dedicado a cuidarlo a sol y sombra, por responsabilidad hacia él, porque desde pequeños Ichiru siempre había sido débil, su condición de salud era delicada por sobre una persona normal y él siempre había pensado que aquello fue por su culpa, porque quizás le había robado algo en el vientre de su madre, y ahora todo había acabado, pero apretando los dientes y respirando hondo iría a afrontar el hecho de que no lo vería más, iría al cementerio.

Ahora mismo se encontraba en la sala, sentado en el sofá, que se había convertido en su improvisada cama, no solo estar frente a su habitación le daba miedo, simplemente estar en la segunda planta era suficiente para petrificarlo de pies a cabeza, sintió una mano sobre su hombro y volteó el rostro para ver a su papá decirle "es hora de irnos", él solo asintió y antes de pararse sintió un fuerte abrazo por parte de su mamá quien le pedía perdón entre lágrimas, pero la entendía, si para él era muy difícil el sólo pensar en ir a visitar la tumba de su hermano no se imaginaba lo que sería para ella ir por segunda, tercera o solo dios sabe que vez.

¿Qué haría una vez ahí?, ¿le hablaría a Ichiru de sus sentimientos por él? o ¿le pediría perdón por ser el causante de su muerte?, sintió una punzada en su vacío corazón ante este pensamiento, sí, él era el causante de todo, él era el culpable de su muerte, entonces ¿porqué seguía allí?, porque la policía no había llegado a llevarlo a la cárcel como se merece, ¡ah! es verdad, es porque él no había dicho nada sobre aquello, porque su voz aún no había encontrado el camino para salir de su garganta, aunque tal vez si lo presionaban saldría por la fuerza, pero quien... el hilo de sus pensamientos se interrumpió abruptamente, estaba en otro lugar, no sabía cuando se había salido de su casa pero ahora ya no estaba ahí, ahora sentía un familiar zumbido en los oídos, muy ligero pero ahí estaba, y sensación de movimiento, además de un sentimiento de claustrofobia.

!UN AUTO!

Era un auto en donde estaba metido, no, no podía estar ahí, tenía que salir de inmediato o recuerdos indeseables nublarían su mente, una sensación de asfixia empezó a recorrer su cuerpo, estaba respirando pero sentía que no era aire lo que llevaba a sus pulmones, era más bien como humo, que hacía arder sus pulmones, de repente todo lo que estaba sintiendo se fue y sintió que era depositado en el suelo y unas manos sobre su cara que lo llevaban a levantar la vista para ver unos preocupados ojos amatista, sus ojos, los que había heredado de su papá, quién en ese momento le soltaba preguntas al azar, amontonadas y sin sentido para él, excepto por dos: "¿estás bien?", negó, "¿quieres que vayamos caminando?", asintió, vio como lo miraba con preocupación pero después de unos minutos acercó su cara hacia su frente y lo besó y enseguida lo levantó con cuidado, dejándolo a un lado del camino y entonces vio a su papá estacionar un auto, que inconscientemente reconoció como el de Yagari, el amigo de su papá, y a quien apreciaba mucho, ¿habría ido a verlo en el hospital o en su casa cuando regresó?, no lo sabía, tal vez había estado ahí y el ni siquiera se dio cuenta, tal vez varios conocidos lo fueron a ver y el no lo notó, y es que no se permitiría sentir nada hasta ir a despedirse de su hermano y rogarle su perdón adecuadamente, razón por la cual ya iba caminando hacia el cementerio de la mano de su padre, exactamente como un niño, pero delante de él no tenía por qué fingir ser fuerte, de hecho iba temblando y del miedo estaba apretando demasiado las rosas blancas que llevaba para Ichiru y que su mamá había cortado de su jardín, especialmente para que las llevara ese día, las apretaba tan fuerte que podía sentir las espinas lastimándole su mano al mismo tiempo que tomaba ese dolor como valentía.

De nuevo sin notar el tiempo, una mano en su pecho lo detuvo, habían llegado, se encontró en la entrada, donde sin levantar la vista escuchó recitar a su papá "paz a todos los hombres", decía un grabado en la puerta de herrería y alzó la cara un poco, pudiendo ver lo que le pareció una infinidad de escaleras, ya que el cementerio estaba situado en la ladera de una montaña, dispuesta en varias terrazas donde se encontraban las tumbas y en cada terraza habían varios arbustos y un barandal de protección, para llegar a cualquiera era necesario subir, nuevamente esa mano lo encaminó por las escaleras pasando varias filas de tumbas y con delicadeza lo dejó al inicio de una larga hilera que acababa a unos 500 metros, donde al final había un cerezo y una banquita de mármol, que tenía en el centro una escultura de un ángel que levantaba sus manos al cielo, parecía que volaba.

"Es la última" escuchó y aquellas cálidas manos lo tomaron por los hombros y le dieron un apretón, Zero vio a su papá bajar las escaleras para darle privacidad y en silencio le agradeció, lo conocía muy bien, sabía que aunque pareciera ser un momento donde dejar solo a su hijo sería cruel, él en realidad quería estarlo. Tomó las rosas con ambas manos, apretándolas de nuevo en su regazo y con la mirada al suelo empezó a avanzar, despacio, paso a paso, y antes de llegar un escalofrío recorrió su espalda y escuchó algo que lo petrificó al instante, una ligera risa, su risa.

No, no puede ser él, tiene que ser otra cosa, quizás el viento, que sopló muy fuerte, eso es lo que escuché, volvió a temblar y obligándose a no sentir nada aún, reunió valor para levantar la mirada, convencido de que no vería nada, pero se equivocó, sintió su alma caer a sus pies mientras soltaba una sonora inhalación de sorpresa, pánico, angustia, miedo, porque lo que veía era imposible: ahí, al pie de la tumba que iba a visitar se encontraba él, Ichiru. Zero retrocedió unos pasos, asustado, soltando las rosas blancas que llevaba, bajando la mirada tratando de buscar ayuda de su papá que tal vez viera lo mismo que él, pero se encontraba en la entrada, dándole la espalda, quiso gritarle pero su voz no se materializó, volvió a ver de nuevo al pie de la tumba y ahí seguía. No, no es él, mi hermano está muerto, lo vi con mis propios ojos, Ichiru levantó la mirada y se encontró con los ojos de Zero, él sintió su corazón dejar de latir, la forma en que lo veía era tan...fría, llena de reproche, no había rastro del cariño que siempre guardaba solo para él, y como en una película lo vio mover los labios lentamente, escuchando su voz, que pensó no volver a oír jamás.

"TODO FUE CULPA TUYA"

Y esas palabras acabaron con los restos de su desgarrada alma.

¡Nooo!

Creyó oír gritar a alguien más, pero aquella voz llena de miedo, que se había negado a salir un tiempo, era suya, cerró los ojos fuertemente y se tapó los oídos con ambas manos, creyendo no soportar nada más en esos momentos, estaba soñando, sí, eso tenía que ser, era la pesadilla más horrible que podía tener, pero pronto acabaría, pronto despertaría, tenía que despertar. Empezó a percibir dolor, pero lo dejó en la orilla de su mente. Lo siguiente que sintió, fue dolor otra vez, en la cabeza, y súbitamente abrió los ojos buscando a quien había visto un momento atrás pero solo observó a sus padres muy preocupados, yendo de un lado a otro en la sala de su casa, ¿como...llegué aquí? se preguntó, ellos se acercaron de inmediato y lo asaltaron con preguntas que no lograba oír, tal vez se tapó los oídos muy fuerte, de nuevo el dolor, además de una mano que le levantó el rostro, Yagari, parecía tocarlo con algo que hacía arder su frente y luego le colocaba una bandita, luego los tres lo observaron visiblemente consternados, "¿no lo recuerdas hijo?" escuchó de repente, ¿acaso había preguntado algo?, ¿que había sucedido?, dios todo daba vueltas, solo quería perder la conciencia por un rato, quizá su cabeza le jugó una mala pasada así que se dio la vuelta en el sofá y enterró su cara en las almohadas, sintió manos sobre él un momento pero luego se fueron, asomó un ojo por entre las almohadas, ya era de noche, sus ojos se cerraron instantáneamente.


Un castigo. Dios debía estarlo castigando, porque eso era lo único que se merecía, vivir y morir castigado. Todo lo que ocupaba su cabeza ahora era concentración, tenía que estar concentrado siempre en no verlo, porque desde aquella vez empezó a verlo frecuentemente, sobre todo al pie de las escaleras del segundo piso, siempre diciendo cosas hirientes que jamás hubiera pronunciado en vida.

Zero todo es tu culpa.

Yo debí quedarme con ellos.

Tienes que sentir el dolor que yo sentí.

Y varias cosas más, todas negativas, eran cosas que no soportaba oir y antes de notarlo siquiera alguien lo tomaba por las manos ya sea su papá o su mamá, con una clara preocupación y después de unas cuantas veces se dio cuenta del porqué, se golpeaba sin notarlo, tal vez pensaban que había enloquecido, tal vez realmente había enloquecido; sin embargo no podía ignorar aquel castigo, se lo merecía, pero es que dolía tanto escucharlo decir eso cuando siempre había sido tan cálido, a veces trataba de convencerse de que no era él, porque había oído claramente su voz en el hospital diciéndole te amo, pero quizás desde ahí perdió la cordura. Su vida cotidiana se había convertido en una serie, que seguía al pie de la letra sin importar el orden, temía que si salía de aquel régimen algo muy malo sucedería, aun así algunas veces bajaba la guardia y alguna voz se colaba a sus oídos, ¿tienes hambre?, ¿quieres ir a dar un paseo?, ¿no quieres regresar a tu habitación?, siempre que eso sucedía parecía responder aunque a veces no escuchaba su propia voz, pero podía ver algo de alivio en los ojos de ellos, algunas veces se percató de que lo llevaban a ciertos lugares, parecidos a hospitales, donde hombres y mujeres de edad parecían revisarlo pero no como un médico, parecían de alguna manera evaluarlo, en realidad no le importaba, debía estar siempre concentrado para no perder el poco juicio que le quedaba, era agotador, inesperadamente la noche se había vuelto su aliada, nada más oscurecer podía caer dormido enseguida, la oscuridad parecía tragarse todo, lo que oía y lo que veía.

Sorpresivamente dio un salto sobre el sofá, el lugar donde casi siempre estaba además de la ventana, la cocina o el patio, pues percibió un ruido fuerte y volteó hacia donde parecía haberse oído, su mamá estaba enfrente de un pequeño armario bajo las escaleras y lo que había oído eran las rueditas de la maleta que había caído de ahí al abrirse la puerta, era una maleta azul, la suya, sin querer buscó con la mirada la otra, una verde que era de él, y la vio, inmediatamente desvió la mirada y se obligó a dejar su mente en blanco, pero esta vez no estaba funcionando, rápidamente buscó otra cosa en qué enfocarse...rápido...piensa... ¿para que estaría sacando su mamá una maleta?, ¿irían de viaje?, no podía ser, no con él en ese estado, tal vez él mismo se obligaba a estar así pero era muy consciente de que parecía enfermo, era muy consciente de que no era normal como un chico de su edad y de que preocupaba enormemente a sus padres, pero ¿que otra cosa podía hacer?, ¿acaso jamás volvería a tener cierta normalidad en su vida?, ¿no habría alguien que pudiera...ayudarlo?.

Instantáneamente abrió los ojos cuando algo hizo eco en su cabeza, recordó la "conversación" que tuvo con su papá, aquella tarde de hace...quien sabe que tiempo, cuando sin darse cuenta se encontró en un parque cercano a su casa, donde su papá lo había llevado y hasta le había comprado una crepa de cajeta, su favorita, "un psicólogo" recordó, no puso mucha atención porque eso significaba concentración y no podía perderla por nada, pero lo poco que captó es que iría con un psicólogo en...¿Tokyo?, eso que entendió lo puso a pensar, en el margen de su concentración prácticamente se obligó a pensar, tal vez le serviría, no sabía de que manera pero tal vez le ayudaría, y hasta ahí, su concentración quiso abandonarlo pero se aferró a ella fuertemente, si hubiera alucinado a su hermano aquella vez hubiera hecho preocupar nuevamente a su papá, y supo que había aceptado porque oyó decirle "veras que es lo mejor" y le sonrió solo un poco, aunque esa sonrisa no llegó a sus ojos. Así que tal vez esa era la causa por la que su mamá estaba sacando su maleta, tal vez iría a algún centro para locos o algo así, tal vez estaría encerrado a partir de entonces y sus padres irían a visitarlo cada mes para siempre, tal vez no tenía cura lo que...

¿Quieres escapar de tu castigo, Zero?

Se tapó los oídos de inmediato y se dejó caer en el suelo, arrastrándose con las piernas a otro lado, con miedo de voltear y verlo así que también cerró los ojos, no notó que recordó y pensó muchas cosas y su concentración se fue, había escuchado su voz justo en su oído, entonces sintió que lo abrazaban, mamá siento que veas esto, sabía que era ella porque su abrazo era diferente del de su papá, ella lo acunaba como cuando era pequeño y ciertamente lo encontraba reconfortante, así que solo se dejó abrazar y una tela oscura se tendió sobre sus ojos y se obligó a dormir.

A la mañana siguiente despertó muy temprano, siempre había sido el primero en levantarse, y le gustaba porque podía apreciar la quietud de su casa y divertirse viendo dormir a Ichiru, inconscientemente hacía movimientos graciosos y sus risitas acababan levantándolo...Zero hizo una mueca de dolor al morderse el brazo, tenía que dejar de pensar o pasaría lo mismo de la última vez, se vistió y se lavó los dientes, parte de la rutina autoimpuesta, después de haberlo oído otra vez se había dormido pero como aún no era de noche se despertó al poco rato y vio a sus padres y a Yagari hablando en silencio, solo los observó hasta que se dieron cuenta que despertó, nuevamente su papá trató de hablar con él y lo que pudo entender es que al otro día partiría hacía Kioto, a terapia psicológica, y de ahí asintió a todo sin tratar de comprender, así que debía quedar listo porque dentro de poco iría a otro lugar, sentía un poco de angustia porque aún no había ido a verlo al cementerio, sentía que tenía que despedirse pero le daba terror volver, y al mismo tiempo tenía la esperanza de que fuera a donde fuera haría su mejor esfuerzo para mejorar, sí, tenía que mejorar porque aún quedaban ellos.

Ya iban de salida, él, Yagari y su papá, al parecer irían en auto y aunque sopesó en un segundo rehusarse se obligaría a permanecer dentro, realmente tenía ganas de acabar con aquello antes de volverse loco, así que tendría que aguantar. Hizo su concentración a un lado y antes de salir le regaló a su mamá unos segundos de lucidez, se acercó a besarla y le dijo "volveré", en ese momento vio que no solo él sufría, porque ella se soltó a llorar y lo besó también mientras le profesaba cuanto lo amaba, mientras una mujer la consolaba y la reconoció como la esposa de Yagari, dios cuantas personas se preocupaban por él sin merecerlo, nuevamente alzó su muralla mental y se dejó guiar, sin pensar, solo sentir, gracias a su papá era aceptable viajar en auto, le tapaba los ojos con una mano y mágicamente la ausencia de luz y la calidez que le transmitía lo hacían dormir.

Viajo cómodamente tanto porque sentía caricias en su cabeza como porque en el estéreo sonaba Dreaming Outloud su disco favorito de One Republic, solo paraban para comer, y cuando el auto iba en movimiento y el viento entraba sentía que la bruma del sueño dominaba su cuerpo, tan placenteramente, se sorprendió un poco de percibir placer, tenía un buen tiempo cuidando tanto lo que sentía como lo que pensaba, tal vez esto sí resultaría. En un momento sintió que se detenían e hizo un buen esfuerzo para no despertar del todo, al parecer todo iba bien pero no se arriesgaría a desconcentrarse totalmente y menos porque iba en un auto, lo que sintió a continuación fue que su papá salía del auto, dejándolo dentro, confirmación de que habían llegado, vació su mente en lo que se imaginó acababan los arreglos para dejarlo en donde quiera que estaría ahora y deseó abrir los ojos pero se resistió, entonces captó una voz diferente a la de su papá y de Yagari, confirmación de que estaba peligrosamente desconcentrado así que antes de que pasara cualquier cosa se desconectó otra vez, creó un vacío en su mente, pero poco tiempo después sintió una mano moverlo y abrió los ojos lentamente, viendo unos rayos de un intenso color naranja, era el atardecer, ¿cuanto tiempo habían viajado?, se levantó adormilado y salió del auto sin querer despertar por completo todavía, no podía, una brisa refrescante le golpeó el rostro y le recordó al mar, aunque no era el mar porque no olía salado pero tal vez se encontraban cerca del agua, en los confines de su mente se daba cuenta de que le hablaban, pero era mejor no oír, no cuando todo parecía ir sin contratiempos pero inesperadamente unas manos le agarraron el rostro y se encontró enfocando la mirada hacia un hombre de ojos cafés y cabellos castaños, lo miraba decididamente, no con pena o con culpa como solían verlo sus padres, aquel hombre le habló:

-Zero soy Kuran Haruka, mucho gusto, a partir de hoy vendrás conmigo y empezaremos tu tratamiento, tu papá se encargó de todo, así que despídete de él ¿bien? por lo mientras meteré tus maletas a mi auto- qué voz tan firme, le fue imposible ignorarlo, por un momento comprendió, él era aquel psicólogo del que su papá le habló, parecía que estaban en un lugar abierto en vez de un psiquiátrico o algo así, le pareció raro pero mejor no pensar en eso, mejor dejaría todo en sus manos, su salud mental y su cura.

-Si, está bien- su voz fue un poco vacilante pero aun así se sorprendió él mismo de contestar cuando lo pensó y vio algo de afirmación en aquellos ojos cafés, estaba convencido de algo aunque no supo qué. Entonces se apartó de su campo de visión y entró su papá, imitando los movimientos del otro le habló con esperanza:

-Hijo...te quiero...te llamaré por teléfono, tu mamá y yo estaremos esperándote- yo también te quiero, quiso decirle pero ya no salió ningún sonido de su garganta, porque lo intentó, realmente lo intentó, sintió como le besaron la frente y lo abrazaron así que al menos lo consoló abrazándolo también.

Luego lo encaminaron hacia otro auto y no pudo evitar notar lo extraño de la situación, parecía un intercambio como hacen los secuestradores en las películas, él pensó que llegaría a una especie de cárcel y lo llevarían a su celda o algo parecido, en realidad no tenía importancia, ese día había pensado mucho y ya era hora de volver a la concentración antes de que pasara nada. Así que al sentir esa sensación de claustrofobia supo que estaba dentro, una mano tapó sus ojos y se sumió en un sueño seguro.

Te prometo que todo mejorará.

Escuchó aquella voz dentro de su sueño, le daba ánimo y lo creyó, un instante se sintió ligero, como flotando en agua pero al siguiente despertó sobresaltado, "tranquilo" escuchó entrecortado, como cuando hablan por una radio vieja, nuevamente había fisuras en su armadura así que al instante redobló los muros de la concentración y dejó su mente en blanco. Donde quiera que estuviera ahora se iría a dormir enseguida y mañana se acoplaría al nuevo entorno, el sueño ayudaría a resetear su mente como una computadora para trabajar desde cero, eso haría si era necesario para tratar de "curarse" y con el poco juicio que le quedaba se juró a sí mismo tratar, porque no estaba seguro de si podría hacerlo antes de caer por completo en la locura, tal vez había...

-Soy Kaname, es un gusto- alzó la vista de inmediato al escuchar aquella voz, con incredulidad porque estaba seguro de que no había bajado la guardia, simplemente aquella voz que ahora veía pertenecía a un chico castaño y alto, había llegado hasta sus oídos y su mente tan claro como el agua, penetrando todas las barreras.

-¿Kaname?- repitió casi con alegría, en su estómago sintió una pequeña calidez, un atisbo de alivio, esa voz había llegado normal a él, después de un tiempo era capaz de oír a alguien cuando le hablaba, era grandioso saber que no estaba del todo a la orilla de la cordura, ¿acaso dios había mandado a aquel chico como una señal de que no todo estaba perdido?, sí, eso tenía que ser, una señal de dios.


Eso de que le gusta One Republic es un bonus para mi jeje =) porque a mi me encanta ese grupo, amo sus canciones.

Nos vemos en el capitulo 5, bye ;D