𝑺𝒆 𝒅𝒊𝒄𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒂 𝒐𝒔𝒄𝒖𝒓𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒏𝒐𝒄𝒉𝒆 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒆𝒓𝒕𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒊𝒏𝒊𝒎𝒂𝒈𝒊𝒏𝒂𝒃𝒍𝒆, 𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂𝒏𝒐𝒓𝒎𝒂𝒍 𝒚 𝒍𝒐 𝒆𝒙𝒕𝒓𝒂𝒏̃𝒐, 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒎𝒂𝒈𝒊𝒂 𝒚 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒇𝒂𝒏𝒕𝒂𝒔𝒊́𝒂 𝒂𝒔𝒊́ 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒓𝒖𝒅𝒂 𝒓𝒆𝒂𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒔𝒆𝒓𝒆𝒔 𝒉𝒖𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒔𝒆 𝒏𝒊𝒆𝒈𝒂𝒏 𝒂 𝒆𝒏𝒇𝒓𝒆𝒏𝒕𝒂𝒓.

𝑼𝒏𝒂 𝒅𝒆 𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔 𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒍𝒍𝒐𝒔 𝒏𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂́𝒏 𝒔𝒐𝒍𝒐𝒔 𝒆𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒎𝒖𝒏𝒅𝒐, 𝒐 𝒂𝒍 𝒎𝒆𝒏𝒐𝒔 𝒏𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒕𝒐𝒅𝒐.

𝐂𝐚𝐩𝐢𝐭𝐮𝐥𝐨:1 ~ El consejo

Si en el pasado un Death dealers hubiese externado su miedo a la extinción o los humanos, existía la posibilidad de que lo hubiesen tachado de haberse vuelto loco. No obstante ahora las cosas son totalmente diferentes.

Tras el nacimiento de Génesis. Los Death dealers experimentaron por vez primera lo que sería sentir el miedo luego de haberlo perdido tras haber sufrido su transformación. Y no hablo de cualquier miedo, pues recordemos que estos seres a pesar de ya no estar del todo vivos, aún pueden experimentar algunas emociones que en su vida como humanos solían sentir; más bien hablamos del miedo que representa la idea de ya no existir más.

Muchos de los que saben de su existencia, tienen la creencia de pensar que estos son seres inmortales incapaces de morir. Obviamente esa idea es errónea.

Es cierto que los Death dealers son seres súper dotados que cuentan con muchas habilidades sobrehumanas que para cualquier humano común serían imposibles de lograr.

Sin embargo ninguna de esas habilidades lo vuelven del todo inmortal; ya que ellos también poseen sus propias debilidades y una de estas es la posibilidad de morir.

Fue justamente ese descubrimiento que los ejecutivos de Génesis utilizaron a su favor a la hora de crear a los primeros Devil Hunter.

Fue en el año 1500 d.c que Génesis nació, y con su llegada los Death dealers experimentaron por primera vez después de casi 3000 mil años lo que sería un miedo latente.

• ᴛʀᴀɴsɪʟᴠᴀɴɪᴀ

𝗔𝗾𝘂𝗲𝗹𝗮𝗿𝗿𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝘀𝘁𝗲

- ¡Nos están cazando como animales! - exclamó la voz ronca de un viejo anciano que permanecía de pie mirando hacia sus demás acompañantes. Aquellos se encontraban reunidos en el interior de una gran habitación un tanto oscura.

- Si no hacemos algo, es posible que estemos en peligro de la extinción - añadió con una evidente preocupación.

Todos los que estaban ahí presentes inmediatamente notaron su evidente preocupación.

- ¡¿Y crees que no lo se?! - le respondió casi enseguida la voz de una de sus acompañantes. Esta se trataba de una mujer de estatura promedio, complexión delgada, piel palida y de largos cabellos color negro.

Ella al igual que el, se encontraba de pie solo que está observaba la luz de la luna por una de las grandes ventanas que tenía aquella oscura habitación.

- ¿Acaso crees que eres el único que está preocupado? - añadió de nuevo mientras caminaba sin rumbo por la habitación.- Todos los presentes estamos igual o peor que usted Lord Vhanhel.

La ironía y el sarcasmo con el que la mujer había comentado eso último no había pasado desapercibido para los demás que estaban junto con ellos.

- Pues no parece - añadió de nuevo el anciano.

Este al igual que el resto, había notado la ironía y sarcasmo con la que la mujer había pronunciado aquellas palabras.

- Entiendo que usted crea que lo que dice es verdad. Sin embargo está totalmente equivocado.

Ante la actitud un tanto despreocupante que la mujer mostraba ante los demás, Lord Vhanhel fastidiado por ese hecho. Intento hacer que se callara tomándola de su mandíbula con una de sus manos y empujándola hacia atrás.

Ante aquel acto la mujer solo le mostró satisfacción. Ese hecho lo hizo enfurecerse aún más y de no haber sido interrumpido quizás la situación hubiese empeorado.

- ¡Debe de tranquilizarse Lord Vhanhel! - ordenó otro de los que estaban ahí presentes. Está vez había sido la voz de un apuesto pero varonil hombre.

- Deberías de hacerle caso a David - sugirió la mujer mientras le mostraba una pequeña pero retadora sonrisa.

- ¡Los dos ya basta!. - ordenó de nuevo la voz del joven quien para evitar que la situación empeorara activo su habilidad de persuasión logrando así parar con la discusión. Eso además de que el comportamiento que mostraban tanto la mujer como Lord Vhanhel ya le habían empezado a molestar.

- Cómo sea - expreso de nuevo la mujer tras ser liberada.

- Es cierto lo que dice Artemisa Lord Vhanhel. - hablo otro de los que estaban juntos con ellos. - Todos y cada uno de los que estamos aquí presentes. Nos encontramos con la misma preocupación que usted. - añadió.

- Creo que pierdes el tiempo en tratar de explicarle algo al vejestorio ese. - añadió de nuevo Artemisa en tono burlesco al responderle.

- ¡Artemisa! - le habló de vuelta el primer joven quién aún permanecía utilizando la persuasión.

- ¿Que?, ¿Acaso dije algo que no sea verdad? - le cuestionó está con desdén.

- No es eso. - le respondió mientras desactivaba su habilidad. - Es solo que creo que deberías de tener un poco de respeto hacia Lord Vhanhel. - añadió como sugerencia.

- ¿Respeto?... ¿Acaso ya todos están mal de la cabeza?. ¡Cómo es posible que me pidas respeto hacia alguien que fue capaz de traicionar a los de su misma especie con tal de salvar su asqueroso pellejo!. Si a todos los demás no les afecta ese detalle no es mi problema. Cómo lider de mi aquelarre es mi misión cuidar de los míos incluso si se trata de otros traficantes.

Aquella discusión se había empezado a empeorar debido a la evidente molestia y enojo que Artemisa sentía hacia el comportamiento de los demás.

¿Y es que como no estar furiosa?, si aquel hombre al que todos veneraban y respetaban ya había traicionado y quebrantado la ley del consejo en una ocasión.

- Artemisa tiene razón. - señaló otra de las mujeres que se encontraban en la habitación. Está al igual que la primera; tenía la piel pálida y sus rasgos eran similares a excepción de la estatura.- ¿Cómo podemos asegurar que Lord Vhanhel no nos va a traicionar de nuevo?.

- Eso ocurrió hace más de 3 siglos. No entiendo el por qué ahora eso es algo relevante. - expreso otro de los que estaban ahí presentes.

- Siglos, años, e incluso meses. No importa cuando tiempo paso. Lo verdaderamente importante es saber si no corremos con el riesgo de volver a confiar en alguien que ya fue capaz de traicionar a los suyos.

Artemisa no era alguien que bajara la guardia y menos si sabía que alguien de los suyos podría correr con algún tipo de peligro.

- Te garantizo que lo ocurrido hace 3 siglos no volverá a suceder. - indico el anciano cabizbajo.

- ¿Así?, ¿Y como es que estás tan seguro de lo que dices?

- Hice un pacto de sangre con el consejo. Ellos tienen absolutamente el control de mi cuerpo y mi mente.

- ¡Oh! Ahora entiendo el por qué nunca te exiliaron.

- Podemos volver a concentrarnos en lo que es verdaderamente importante. - ordenó David ya un tanto fastidiado por todo lo ocurrido.

- ¡Claro!. Ya todo está resuelto - indico Artemisa mostrando de nueva cuenta su actitud despreocupante.

- ¡Bien!. En ese caso ya debemos de iniciar con el ritual de protección para evitar cualquier ataque o interrupción.

Tras haber culminado con la discusión, un grupo de traficantes inferiores entraron a la habitación llevando consigo unas tunicas y máscaras; las cuales eran entregadas a cada uno de los traficantes superiores.

- El consejo de ancianos ya se encuentra esperándolos en la otra habitación. - indico uno de los traficantes inferiores mientras les hacía un acto de reverencia.

La junta con el consejo de ancianos ya se había

estado solicitando desde hace ya algunas semanas. Esto debido a la preocupación que sentían la mayoría de los que estaban ahí reunidos.

Estos mismos tenian el presentimiento de que de no hacer algo, los nuevos Devil Hunter los cazarían sin tener siquiera una oportunidad de escapar o sobrevivir. Esa era la razón por la que éstos se encontraban un tanto desesperados.

Era evidente que el temor de nueva cuenta los tenía envueltos.