Fanfiction basado en la historia de "Vampiro00123", gracias por ser mi inspiración para comenzar a escribir.

Capt. 6 Han pasado diez años

-Una polla, ¡¿pero tú qué haces aquí?! -gritó Rei con un tono de sorpresa que rozaba la confusión.

-De todos los supervivientes que nos tenemos que encontrar… ¡ella! -el tono de Takagi no era muy distinto del de Rei- ¡Pero que mierda de conveniencia de novela barata es esta!

Tanto Rei como Takagi señalaban con su dedo índice a Yuki, quien se había escondido detrás de Takashi ante el recibimiento hostil por parte de ambas mujeres.

-Chicas, chicas… ¿qué os pasa? -Takashi alzó las manos mientras giraba sus muñecas en señal de stop, una ligera gota de sudor comenzó a recorrer su frente a causa de los nervios, no entendía la actitud de sus amigas- Pero si es Yuki, nuestra Yuki… ¿No deberíamos estar alegres por este reencuentro tan inesperado?

-Así que es verdad, os conocéis… -dijo Saeko con un tono de curiosidad mientras observaba a Yuki, quien agarraba tímidamente la parte de atrás de la camiseta de Takashi- No tienes por qué tener miedo Yuki, parecen lobas, pero estas dos son más bien unas gatitas… -Saeko giró el rostro para dedicarle una sonrisa sarcástica a Rei y Takagi.

-¡Pero será zorra la pelimorada esta! -Rei se dispuso a saltar encima de Saeko, por suerte detrás de ella se encontraba Shizuka, quien pudo evitarlo.

Takagi se sonrojó ligeramente y apartó la vista para que nadie pudiera apreciar el cambio de color de su tez.

-''Así que Saeko se ha dado cuenta, me ha visto a través de mi fachada" - pensó Takagi, notó como unos ligeros nervios recorrían su pecho, su actitud de tsundere no tenía mucho sentido si alguien del grupo sabía que ladraba más que mordía- "¿Takashi también verá en mí a una gatita?" -miró a Takashi.

Yuki asomó la cabeza por el costado derecho de Takashi. Mostró sus ojos como lo haría un conejo que sale a observar fuera de su madriguera, sus labios temblaban. Observó con detenimiento a cada uno de los miembros del grupo, desde la hermosa Shizuka hasta la pequeña Alice, quien sostenía entre sus brazos al perrito Zeke. La niña sonrió nada más ver a Yuki.

-¡Hola copito de nieve! -dijo Alice con una sonrisa.

-H...hola… -Yuki correspondió el saludo con su mano.

El pequeño intercambio de saludos con Alice le proporcionó la confianza suficiente para dejar de esconderse detrás de la espalda de Takashi. Se puso frente a todos e hizo una pequeña reverencia.

-Hola de nuevo chicas, hacía mucho tiempo -dijo Yuki- Gracias por acogerme…

-¡Ay! ¡Pero si es para comérsela! ¡Qué guapa y adorable es! -Shizuka se abalanzó sobre Yuki y comenzó a abrazarla con mucha fuerza mientras acariciaba su pelo.

Hirano asentía desde la distancia con una sonrisa, no podía estar más de acuerdo con las palabras de Shizuka, tener otra chica en el grupo solo significaba que llevar a cabo su pequeña "revolución" era más factible. Alice se acercó junto a la enfermera y observó con detenimiento a Yuki.

-¡Qué guapa eres Yuki-san! -dijo con una voz tan adorable que todos al unísono suspiraron de ternura.

-Gracias… ehm… -Yuki aún desconocía si quiera los nombres de la mitad de los miembros del grupo.

-¡Alice-chan! -le respondió Alice.

Saeko se acercó hacia las otras dos gatitas, no entendía él por qué de su actitud hacia la que, se supone, había sido su amiga de la infancia. La gente, por lo habitual, cuando vive este tipo de reencuentros lo suele hacer junto a una sonrisa inspirada por la nostalgia, que llevaba a recordar aquellos aquellos momentos que fueron más tranquilos, con menos responsabilidades. Pero, por parte de Rei y Takagi, esa nostalgia parecía más bien una especie de estrés postraumático.

-Así que, os conocéis desde el coelgio -Saeko se dirigió a Takashi- Menuda coincidencia, ¿no?

-Sí, la verdad es que sí… -Takeshi sonreía, toda esta situación le ponía feliz- Yuki y yo éramos los mejores amigos, no había quien nos separara.

-Bueno… -Yuki consiguió escabullirse de los empalagosos mimos de Shizuka. Se lanzó al brazo derecho de Takashi y lo agarró con fuerza, como si de un koala en el bambú se tratase. Sus pechos atraparon con fuerza la carne que recubría el húmero de Takashi-... Nosotros éramos más que amigos Takashi -Yuki se sonrojó con ligereza, giró su cabeza unos treinta grados y apartó la vista mientras cerraba los ojos.

Takashi no esperaba ese movimiento, ni mucho menos esas declaraciones. El bombeo de su sangre se aceleró, su rostro se torno rojo como acto reflejo. Takagi y Rei comenzaron a arder con furia mientras apretaban sus dientes, por el otro lado, Saeko, quien un principio no entendía la actitud de sus dos rivales en el amor, puso una mirada sombría cargada de un aura asesina. Su flequillo cubría sus ojos, impidiendo que la luz de sol entrara directamente en sus pupilas. Ahora entendía todo, Yuki no era otra superviviente cualquiera, era otra jugadora que entraba directa en la guerra del amor.

-Yuki, qué éramos niños, no sabíamos lo que hacíamos -dijo entre risas Takashi mientras se rascaba la nuca. Como si de una presencia se tratase, Takashi sintió encima de él hasta seis ojos incriminatorios, de los cuales dos destacaban por la oscuridad que emergía de ellos, los de Saeko. Takashi se separó rápidamente de Yuki echándola a un lado- Además Yuki, eso fue ya hace mucho tiempo.

Yuki infló los mofletes al ver como Takashi la apartaba, parecía que su timidez inicial se había desvanecido. Takashi miró a los ojos se Saeko, algo preocupado, temía que el atrevimiento de Yuki le hubiera molestado, pero su sorpresa llegó al ver que esta sonreía con serenidad, como si de Buda se tratase. Su rostro asesino había desaparecido, en su lugar solo quedaba ante él la gentileza de una flor lavanda, la belleza de una ninfa. Takashi no pudo evitar volver a sonrojarse, se llevó la mano derecha a su boca para ocultar su rostro. Por mucho que tratara de disimular delante de Saeko, la perspicacia e intuición de la joven no debían ser subestimadas, engañar a Saeko era prácticamente imposible. Presenciar la reacción de Takashi, en cualquier caso, llenó de felicidad el corazón de la chica pelimorada, que él se preocupara por lo que ella pudiera llegar a pensar solo podía significar una cosa: lo que estaban construyendo iba en serio.

-Bueno, un placer Yuki-kun -dijo Saeko- Entiendo la emotividad de este reencuentro, pero creo que deberíamos ir partiendo… -miró hacia los lados- Aquí estamos muy expuestos, "ellos" podrían aparecer en cualquier momento, o lo que es peor…

-Otros grupos de humanos -respondió Takagi.

-Así es -Saeko indicó a todos que subieran al humvee- Aún tenemos que conseguir alimentos y suministros para los próximos días, antes de instalarnos en la casa del tío de Hirano.

-¡Vamos Zeke! -Alice entró corriendo en el vehículo junto a su perrito.

-Pero a ti quién te ha puesto al mando… -dijo Rei para si misma, nadie llegó a escucharla. Hinchó sus mofletes ligeramente enrabietada mientras seguía las órdenes de Saeko.

-¡Wuala! -Yuki estaba sorprendida por el auto militar- Parece muy seguro -miró a Takashi con una sonrisa- Tenemos que ponernos al día, eh.

Todos subieron, en el último lugar quedaron Takashi y Saeko, quienes esperaron al final para servir de bastión defensivo en la retaguardia en caso de que ocurriese algún imprevisto. Takashi alzó su brazo ofreciendo a Saeko que subiera en primer lugar, lo que la chica agradeció. Antes de subir se fijó en que Takashi transportaba algo en su mano izquierda. No había tenido la ocasión de prestarle mucha atención con el alboroto que se había montado alrededor del encuentro con Yuki.

-¿Qué llevas en la bolsa? -preguntó Saeko con curiosidad.

-¿Eh? -Takashi miró hacia la bolsa, un pequeño escalofrío recorrió su espalda- ¡Nada, nada! -comenzó a pensar una excusa- ¡Es ropa de recambio! Para no tener que estar yendo y viniendo.

-¿Hmmm…? -Saeko le miró extrañada, aunque sus ojos estaban bañados en un resplandor seductor- Bien pensado Takashi -Saeko, después de guiñarle un ojo a Takashi, pasó a dentro del Humvee, el movimiento de sus caderas hipnotizó al muchacho, quien no pudo evitar fijarse en lo bien que le quedaba aquella minifalda conjuntada con medias.

Con todos adentro, Shizuka arrancó el motor y sacó a todos de la zona.

Mientras el humvee avanzaba Takashi reposó la cabeza sobre la pared del vehículo. ¿Yuki? No podía ser, era demasiado bueno para que fuera verdad, ella lo fue todo cuando era niño, algo que no quedaba muy atrás en el tiempo. Si ahora mismo fuera a su casa y buscara en cualquier álbum de fotos, Yuki saldría junto a él en dos terceras partes de las instantáneas. Takashi notó como alguien le tocaba el brazo derecho, era Saeko. Ella le sonreía, Takashi le correspondió devolviéndole otra alegre risita. Era curioso, a pesar de estar viviendo una pesadilla era ligeramente feliz, al menos más feliz de lo que era las semanas previas a la tragedia, como si volviera a ser un niño.

-Takashi.

Takashi giró la cabeza, a su izquierda estaba Yuki. Los ojos de la muchacha brillaban, sus pupilas, similares a una noche estrellada presenciada desde el monte, destacaban gracias a su cabello corto, de un color situado entre el blanco nieve y el rubio ceniza, algo extraordinario para una japonesa, una cualidad que hacía aun más destacable su belleza.

-Yuki…

Saeko mantuvo las distancias, aunque tuviese celos entendía que la historia entre Takashi y Yuki se remontaba a mucho antes de que ellos se conocieran, recriminarle nada al chico sería injusto para él.

-Han pasado diez años, ¿eh? -le dijo Yuki.

Y de repente, Takashi sintió como si una ola de nostalgia le golpeará de lleno en su hipocampo.

Bajo la intensa luz del sol de junio, cuatro niños juegan en el parque. Protegidos del calor, bajo la gran copa de un árbol, tratan de decidir el juego al que acabarán dedicando el resto de la mañana hasta que sus madres les llamen para comer. La estridulación de las cigarras es más intensa que nunca, su sonido envuelve a los pequeños en un aura que no olvidarán, el aura del verano.

-¿Por qué lloran las cigarras? -preguntó uno de los niños con el pelo plateado.

-No lloran Hisashi. ¡Están riéndose! -le respondió el de pelo castaño.

-No seas bobo Takashi. ¡Las cigarras no son capaces de reír! No son como nosotros, los humanos -dijo la tercera niña, quien tenía el pelo recogido con dos coletas.

-A mí me gusta pensar que es porque sus papis se han ido y están esperando a que vuelvan -dijo la última niña. Su pelo era rubio castaño, en su dentadura le faltaba uno de los paletos.

-Ves Takashi, Rei lo dice y es la mayor, las cigarras están tristes -dijo Hisashi con un ligero pesar.

Takashi se llevó las manos a la nuca, estaba ligeramente molesto porque todos le habían llevado la contraria, además, odiaba cuando Takagi le ponía calificativos ofensivos como "bobo", "tonto" o "idiota".

-Pues yo creo que tengo razón -respondió Takashi con ligero orgullo.

De repente, de la nada, un llanto comenzó a oírse, provenía de la misma dirección que el chirrido de las cigarras. Rei miró a Takashi con una sonrisa.

-Ves, ¡una de las cigarras ha comenzado a llorar! -comenzó a señalar a Takashi mientras se reía de él.

Takashi quedó de piedra, era verdad que alguien estaba llorando detrás de los arbustos. ¿Podía ser que tanto Rei como Hisashi tuvieran razón? Podía ser que las cigarras no rieran, sino que, ¿llorasen?

-Pero no seáis críos, eso no es una cigarra, ¡es una persona! -advirtió Takagi, el llanto había captado su curiosidad- Parece que es un niño.

-Que va Saya-chan -Rei siguió chinchando al resto- Es una cigarra, y si no entonces ve a v… -Rei no pudo terminar la frase.

-¡No me peguéis! -se escuchó del otro lado de los matorrales.

-¿Una cigarra que habla? -preguntó con ingenuidad Hisashi.

-¡Qué no veis que es un niño! -le replicó algo molesta Takagi. Dirigió su mirada hacia los matorrales- Tenemos que ir a ver, puede que esté en apuros. Takashi, ve delan… ¿Takashi?

Los tres miraron hacia sus lados y no vieron rastro de Takashi, se había volatilizado. Ninguno pudo darse cuenta de que su amigo, nada más oír las súplicas de la voz, había salido corriendo en su auxilio. Takashi, con el rostro lleno de rabia y determinación, atravesó los arbustos sin importarle los cortes que pudiera llegar a sufrir por las ramas.

Dos niños, de unos 11 años, rodeaban a una niña unos años más pequeña. La muchacha, tirada en el suelo, estaba cubierta de arena. Al parecer los dos matones la estaban incordiando.

-Te has metido dónde no debías, ¡niñata! -dijo uno de los bullys. Llevaba una gorra con la visera hacia atrás- Este es el territorio de los pichaburo, si pasas por aquí debes pagar -el gorritas extendió su mano mientras plegaba sus dedos a gran velocidad.

-Si no pagas te vas a enterar de lo que es bueno -dijo el otro, que tenía una camiseta con un perro- Todos saben lo que pasa si se meten con los pichaburo.

La niña siguió sollozando, se notaba que tenía miedo, nunca antes había recibido amenazas de tal calibre. Ella había ido a jugar al parque con su muñeca antes de la hora de la comida. Su familia se acaba de instalar en aquel distrito, así que no conocía muy bien la zona, lo que llevó a su madre a obligarle a salir a la calle para hacer amigos. Si ella hubiera sabido que a los veinte minutos de echarla de casa unos niñatos la estarían moliendo a palos dudo que la hubiera dejado pisar un pie en la calle.

-P... pero, no tengo dinero… -respondió la niña cubriéndose la cara. De sus ojos salía un río de lágrimas que recorría todas sus mejillas hasta su barbilla. Bajo su mandíbula, sobre la tierra, se había formado un charco de barro.

-Pues… -con un rápido juego de manos, el gorritas le arrebató la muñeca a la niña- ¡Nos quedamos con tu muñeca!

-¡NO! -gritó ella de desesperación- ¡Devolmedme a Deiji!

-¡Mira como llora el bebé! -el perritos se llevó los puños frente a sus lagrimales, realizando el gesto de simular el acto de llorar- La bebé no puede dorm…

Una estela fulminante salió de los arbustos a la velocidad del rayo directa al estómago del niño con la camiseta del perro. El impacto fue tal que el bully salió disparado varios metros. De su boca, mientras sobrevolaba el cielo, una gran rastro de saliva proveniente de su boca quedó estático en el aire. Los rayos de luz penetraron las gotas de baba creando pequeños arco iris. Tanto el niño de la gorra, como la niña sometida, quedaron embobabos al presenciar el bello efecto de la luz que se había creado. El instante fue breve, pero mágico. Antes de que el abusón con la muñeca pudiera reaccionar, una fuerte patada impactó en su entrepierna, un dolor mayúsculo que le robó toda la fuerza que tenía en sus piernas.

La niña paró de llorar, aunque sus lágrimas siguieron cayendo, en un breve instante había sido salvada. El niño de la gorra se retorcía en el suelo tratando de coger aire, mientras que el del perro estaba inmóvil. Tras observar brevemente a sus agresores, la niña vio como su salvador, al que aún no distinguía muy bien, recogía del suelo a su Deiji.

-Esto es tuyo, ¿no? -le preguntó su héroe. Le estaba ofreciendo a Deiji.

-... -frente a ella tenía la silueta de otro de niño, un niño sumergido en un mar de lágrimas- S… sí… -la niña cogió a Deiji- G… gracias…

-No hay de qué.

La niña, nada más coger su muñeca, pasó su manga por delante de sus ojos para poder secarlos. Aquella silueta comenzó a coger forma, su héroe no era otro que Takashi. Con una sonrisa alegre, el audaz muchacho, trató de animar a la niña.

-Venga, no sigas llorando, que esos pichaburos ya no te van a hacer nada -comenzó a acariciar la cabeza de la niña con delicadeza. A Takashi le relajaba mucho cuando, después de llorar, su madre le pasaba la mano por el pelo- Conmigo estás a salvo.

-Yo no les había hecho nada… y comenzaron a pegarme, me querían quitar a Deiji… -replicó la niña, aún seguía traumada.

Takashi siguió acariciando la cabeza de la niña, ella había vuelto a llorar, era obvio que no entendía porque le habían tratado mal, ¿quién podía entender la mente de alguien que decide abusar de otros porque puede? Ni aquel que comete ese acto vil lo entiende ni comprende.

-Oye, no te pongas a llorar de nuevo -dijo Takashi preocupado, pensaba que había dicho o hecho algo que había incomodado a la niña.

La niña alzó la mirada, sus labios temblaban. Los ojos de la muchacha brillaban, sus pupilas, similares a un mar en una noche oscura, sobre el que se reflejan las estrellas del cielo, destacaban gracias a su cabello corto, de un color situado entre el blanco nieve y el rubio ceniza, algo extraordinario para una japonesa, una cualidad que hacía aun más destacable su belleza.

-Yuki… -susurró la niña.

-Takashi -respondió con una amplia sonrisa, el oído de Takashi era excepcional.

Yuki sonrió al escuchar su nombre, seguía llorando, pero no pudo evitar imitar a Takashi, ahora ella también sonreía.

-¡Puto niñato de mierda!

Detrás de Takashi, una sombra emergió desde la oscuridad. El niño con gorra había conseguido recomponerse, estaba muy enfadado. El gorritas, dispuesto a vengarse, cargó su puño. A Takashi todo esto le pilló por sorpresa, en caso de ser atacado su reacción no sería suficientemente rápida para tan siquiera tratar de frenar el golpe.

-¡Toma maricón! -gritó el niño de la gorra.

Dispuesto a soltar el puño, el gorritas concentró toda su furia en aquel puñetazo, una concentración que no le permitió percibir como una piedra volaba directa a su hueso temporal. La roca le dio de lleno, quitándole la gorra de un solo impacto. El niño, ahora sin nada en la cabeza, vio todo blanco durante un milisegundo a causa de la contusión, cuando ya procesó el dolor, comenzó a llorar.

-¡Qué te crees que le ibas a hacer a Takashi! -gritó Rei desde la lejanía, había sido ella quien había tirado la piedra.

El niño recogió su gorra y salió corriendo del parque, realmente le habían hecho mucho daño. Abandonó a su amigo con la camiseta de perro, ese aún continuaba tendido en el suelo.

Rei, Hisashi y Takagi caminaron hasta Takashi y Yuki. El pequeño héroe ayudó a Yuki a levantarse del suelo, quien se lo agradeció. Los demás le rodearon.

-¿No era una cigarra? -preguntó Hisashi.

-Y sigues con eso… -Takagi se llevó las manos a la cara.

-¡Takashi! -Rei se lanzó encima de su amigo- Te has roto la camiseta… y tienes varios cortes -Rei mostró bastante preocupación.

Al haber corrido entre los arbustos a gran velocidad, la camiseta roja de Takashi se había rajado, pero lo peor eran sus brazos. Las ramas le habían generado varios cortes de los que salían pequeñas gotas de sangre.

-No te preocupes Rei, ¡estoy bien! -le respondió. Rei no pudo evitar sonrojarse, le gustaba mucho la vitalidad de Takashi- Mirad chicos, esta es Yuki, era la cigarra que lloraba.

-¿Cigarra? -preguntó ella extrañada.

-Es una larga historia -Takashi puso su brazo en la espalda de Yuki, acercándola a los demás.

-Mucho gusto… -dijo Yuki con timidez.

-Encantada de conocerte -respondió Rei con un tono alegre- ¡UA! Me encanta tu pelo, es super bonito, ¿te has teñido? A mí mi madre no me deja.

-¿Eh? -Yuki comenzó a tocarse el pelo- N… no… es natural…

Todos comenzaron a conversar alrededor de Yuki, atosigándola con un cargador de preguntas sobre su vida, sus gustos, de dónde venía, quienes eran sus padres, pero a Yuki no le importaba, en su rostro una sonrisa feliz y genuina era la prueba de que lo estaba disfrutando, acababa de conseguir unos nuevos amigos.

Takashi era el único que no formaba parte del alboroto, sin saber el porqué, noto como su pecho comenzaba a vibrar. No podía sacarse de la cabeza a Yuki, no podía evitar tener presente el momento en el que ella le miró con sus ojos llenos de lágrimas, el brillo que emanaba de estos. Takashi agarró su camisa a la altura del pecho, ¿a caso acababa de tener un flechazo por una niña a la que no conocía? Takashi movió la cabeza en señal de negativa, eso era imposible, a él le gustaba Rei, él estaba enamorado de Rei.

Durante esas vacaciones de verano, estos cinco niños forjarían entre ellos un vínculo único, lazos irrompibles que les acompañarían el resto de su vida, incluso después de la muerte.

Fin del flashback

-Diez años… -dijo Takashi, como si tratara de asimilar que el paso del tiempo es inexorable.

-El tiempo pasa volando, cuando menos te das cuenta echas la vista atrás y lo que era antes lo normal luego lo ves convertido en algo extraño -respondió Takagi, sentada frente a ellos, mientras miraba por una de las pequeñas ventanas del vehículo.

-Además, las cosas han cambiado tanto… -dijo Rei cabizbaja, parecía que el reencuentro con Yuki le había afectado más de lo que parecía en un principio.

-Y, ¿cómo os conocisteis? -preguntó Saeko, trataba de incorporarse en la conversación.

Takashi, Rei, Takagi y Yuki intercambiaron miradas, como si estuvieran esperando a que uno tuviera la iniciativa. Todos esos momentos que pasaron juntos habían vuelto a sus memorias en un instante.

-Bueno… -Yuki fue la primera en hablar- Fue una mañana de verano… Takashi me rescató de unos bullys -Yuki miraba al suelo con una sonrisa cálida, parecía que este era un recuerdo agradable.

-Bueno, hice lo que cualquiera habría hecho -respondió con timidez- Además, esos pichaburos ya nos habían molestado solo unos días antes de que te conociéramos. Alguien les tenía que dar una lección.

-Básicamente unos niñatos del parque comenzaron a meterse con Yuki porque era nueva en el barrio, Takashi le ayudó y ya después de eso nos hicimos amigos -dijo Takagi a groso resumen.

-Sí, y fuisteis mis mejores amigos… hasta que me tuve que ir -los labios de Yuki cayeron al terminar de hablar, aunque al instante se recompuso mostrando de nuevo los dientes en señal de alegría- Realmente lo pasamos bien juntos, ¿no? -Yuki miró a Rei.

-S… sí, lo pasamos bien juntas… -dijo apartando la mirada.

Saeko notó algo extraño en el ambiente, había notado en todo momento que Rei estaba bastante incómoda ante la presencia de Yuki. En un principio pensó que sería cosas de celos, a ella tampoco le hacía mucha gracia ver como otras tres chicas, tres chicas muy atractivas, competían por el amor de Takashi. Le frustraba y enfadaba, por suerte, parecía que Takashi solo tenía ojos para ella (al sobrepasar ese pensamiento la tez de los mofletes de Saeko se tiñó de rojo, pero su rostro se mostraba estoico). Pero no, algo había ocurrido entre Rei y Yuki, algo que avivaba el rencor de Rei, ¿pero él qué? A Saeko esto le preocupaba, dependiendo de como Rei lo gestionara podría acabar afectando la moral del grupo entero y ella tenía clara una cosa: dejar a alguien atrás no era una opción.

-Entonces, a partir de ahí empe…

-¡Chicos! Hemos llegado al super -dijo Hirano, quien iba sentando en el asiento del copiloto.

-Bueno, ya continuaremos hablando cuando estemos en casa de Hirano -dijo Saeko. De un salto se levantó de su asiento, dispuesta a salir la primera.

-Sí, será lo mejor -Takashi siguió los pasos de Saeko, poniéndose en su espalda

Si antes ellos hacían la función de la retaguardia ahora les tocaba ser la vanguardia. Saeko desenvainó su ninjato. Takashi se dio ligeros toques con el bate en la suela de su zapato.

Las puertas del humvee se abrieron. Estaban en el párking de un supermercado bastante grande, necesitaban encontrar comida para los próximos días. Por suerte, el lugar quedaba bastante cerca de la casa del tío de Hirano, así que en caso de quedarse sin suministros podrían ir a pie sin necesidad de tener que usar un vehículo. Nada más poner un pie en el asfalto, Saeko vislumbró el número de amenazas.

-Hay seis de ellos.

-¿Cómo nos los repartimos? -preguntó Takashi.

-Yo me encargo de los de la derecha, tu ve a por los que quedan en la izquierda, procura que ninguno se me acerque por la espalda, yo haré lo mismo.

Takashi asintió con la cabeza. Saeko alzó el filo de su katana a la altura de sus ojos, un pequeño destello salió del sable nada más quedar expuesto a la luz del sol. Ambos entendieron aquel resplandor como una señal, el inicio del ataque.

Saeko corrió a toda velocidad. En su lado, el derecho, había en total cuatro zombies: dos de ellos estaban distraídos por el ruido de una máquina gacha situada a la puerta del establecimiento, otro arañaba uno de los escaparates que daban a la carnicería y el último estaba simplemente sentado, con la espalda apoyada sobre la fachada del establecimiento. Si no fuera porque los zombis, por definición, están muertos, parecería estar tomando el sol.

Tanto Yuki, como Rei y Takagi, se asomaron fuera del humvee para presenciar el espectáculo que Saeko les iba a regalar. A una velocidad casi imperceptible, Saeko dio un ligero salto que le puso a espaldas de uno de los zombies distraídos con el gacha. Lanzó un preciso corte que rebanó el cráneo de uno de ellos y, antes de que el otro pudiera reaccionar, empaló su espada en la boca del no-muerto, atravesando el cráneo con suma facilidad. El zombie de la carnicería oyó el ligero ruido de las precisas estocadas de la pelimorada, pero antes de que intentará dar siquiera un paso Saeko ya lo había fulminado. Saeko agitó la ninjato, lanzando un rastro de sangre podrida que impactó contra el suelo. El zombie sentado no hizo ningún tipo de aspaviento, parecía que su intención era seguir ahí, bajo el sol. Saeko se puso delante de él, puso su katana en vertical, con la punta apuntando el suelo, agarró su mango con fuerza, la alzó y acto seguido la hundió en la cabeza de aquel monstruo. Ahora podría pasar el resto de la existencia en aquella posición, bajo los rayos de sol.

La demostración de Saeko dejó a todas impresionadas, se podía notar como todas sentían envidia, "¿es este el motivo por el qué Takashi le presta tanta atención?", pensaron todas las unísono. Por el otro lado, el líder de grupo estaba pasando dificultades para librarse de los dos zombis que le habían asignado. El primero había conseguido matarlo hundiéndole el bate en el cráneo, pero el segundo, sin importar cuantos golpes le diese, seguía en pie. La cara del no-muerto estaba completamente desfigurada. Takashi lanzó un bateo que culminó con un preciso golpe que arrancó la mandíbula de cuajo de aquel ser, pero a pesar de la espectacularidad del impacto, el monstruo siguió caminando.

-¿Por qué no te mueres ya? -preguntó Takashi entre jadeos.

Takashi estaba ya cansado, tanto en sentido literal como figurado, el siguiente golpe debía ser el último. Takashi alzó el bate a los cielos, pensó que igual si combinaba su fuerza junto a la gravedad conseguiría por fin que el cráneo de aquel bicho explotara. El razonamiento de Takashi tampoco sirvió de mucho, el sable de Saeko realizó una parábola perfecta que rebanó el cuello del zombi. Takashi, aún con el bate listo para el golpeo suspiró de alivio, estaba comenzando a desesperarse.

-A veces la precisión de unos palillos chinos puede ser más efectiva que la contundencia de un martillo -dijo Saeko aun manteniendo la espada en el aire.

Ambos se miraron, sus rostros eran serios. Los ojos de Saeko no brillaban, pero mostraban la gentileza de un gato, la clase de un azor, ella no necesitaba eyeliner alguno, la forma de sus cavidades oculares era perfecta, una combinación de elegancia y belleza con una perfecta sensualidad. Sus pupilas atraparon a Takashi, cada vez que sentía el contacto directo de estas notaba en su estómago el aleteo de cientos de mariposas que chocaban contra sus paredes intestinales, cosquillas agradables que se acaban convirtiendo en felicidad. Su pelo morado natural, similar al lavanda, combinaba a la perfección con su rostro. Por fin, después de estar varios segundos sin apartar la mirada el uno del otro ambos comenzaron a reír por el comentario de Saeko, la química entre ellos era más que palpable. Takashi giró la cabeza y comenzó a dirigirse a los del humvee.

-Venga, vía libre -indicó a los demás que ya podían acercarse con el brazo- Vamos a pillar la cena. Hirano y Shizuka proteged el humvee sin llamar mucho la atención, las demás venid con nosotros, y no os separéis, no sabemos qué puede haber dentro.

Todos comenzaron a bajar. La zona estaba asegurada, parecía que los únicos de "ellos" eran aquellos a los que Saeko y Takashi habían fulminado, si se daban prisar en recoger los suministros no deberían tener ningún problema en poder ocuparse de algún zombie que se acercara. Yuki se mantuvo seria, su mirada parecía perdida, pero observaba a Takashi con disimulo. Era verdad que se les acababa de unir, pero su historia con Rei, Takagi y Takashi era especial, compartían gran parte de su infancia y adolescencia. Ella conocía la mirada que Takashi le había dedicado a Saeko, ella ya visto esos ojos antes en primera persona, como le observaban.

-"Takashi… ¿no recuerdas nuestra promesa?" -pensó Yuki, sus pasos eran más lentos que los del resto. Aún debía procesar todo lo que había ocurrido, ella no había aparecido en aquella tienda de ropa por parte de magia. Un doloroso pesar se desplomó sobre pecho, el reencuentro con Takashi le había hecho olvidar la pesadilla que tuvo que vivir la noche anterior… Aunque en parte el dolor se había aligerado, volver a estar con sus amigos de la infancia, en este contexto, era algo que no habría imaginado ni en sus mejores sueños.

Takashi se acercó con bastante agilidad hacia Saeko, su cuerpo sentía la imperiosa necesidad de estar lo más cerca posible de aquella chica. Ella pudo percatarse de sus extraños movimientos condicionados por los nervios, le pareció muy adorable. No pudo evitar echar una pequeña carcajada cautivadora, llevándose la muñeca a la boca como acto reflejo.

-¿De qué te ríes? -preguntó Takashi.

-De nada, de nada… -Saeko alzó la mirada, sus ojos quedaron frente a frente, no podía evitar sonreír, su labios contraídos hacían de su mueca la expresión de alguien que intenta inútilmente contener la gran felicidad que siente en su interior- Por cierto Takashi…

-¿Sí?

- Espero que esta historia sea el punto de inicio de unos recuerdos muy bonitos -Saeko se estaba mostrando más atrevida de lo habitual- Y que dentro de diez años miremos atrás orgullosos por el camino que hemos escogido… Juntos…

Takashi no apartó la mirada por mucha vergüenza que estuviera teniendo en ese preciso instante, Saeko estaba más preciosa que nunca.

Han pasado diez años, ¿eh? Hace diez años comencé a publicar este fanfiction con un objetivo claro, conseguir que él que era mi ship favorito terminara con un final feliz en el que ambos estuvieran juntos. Para mí Takashi y Saeko lo fueron todo durante esa época, cuando tenía 15 años. Antes de ayer, no sé porque, me pasé por aquí para echar un ojo a todo lo que había escrito, para ver el punto de partida de mi estilo y joder, no podría estar más contento de haberlo hecho. En solo dos días he escrito esta actualización del que fue el capítulo 6 original y, la verdad, hacía tiempo que no disfrutaba tanto escribiendo. Lo tengo claro, sin importar quien vaya a leer esto voy a actualizar todos los capítulos restantes para publicarlos de nuevo, para que la historia vuelva a estar completa. También le daré un final, uno que pueda estar a la altura. El 23 de enero de este año este fic cumplió diez años, así que bueno, digamos que este capítulo es un pequeño homenaje por este décimo aniversario. Han pasado tantas cosas, todo ha cambiado... tanto. Ni siquiera Donald Trump había sido aun presidente de los Estados Unidos. Si estas leyendo esto después de tanto tiempo, muchas gracias, muchas gracias de verdad. Todos vosotros me inspirasteis cuando era un niño para desarrollar mi amor por la prosa. Si eres nuevo y estas leyendo esto, tranquilo, el próximo capítulo (creo que es el 8) llegará muy pronto, vamos, que posiblemente lo publique el fin de semana. No puedo parar de escribir. Aquí tenéis el capítulo más largo hasta el momento.

Gracias :)