Capítulo 1: El Encuentro con Mita
Naruto Uzumaki siempre había sentido el peso de la soledad sobre sus hombros. Desde pequeño, las risas y juegos de los niños del pueblo eran algo que solo podía observar desde lejos. En la academia ninja, sus compañeros lo trataban como un paria, y su sueño de convertirse en Hokage se sentía más distante cada día. A pesar de su actitud energética y su sonrisa siempre presente, Naruto se encontraba a menudo en solitario, dando vueltas por el pueblo, con el corazón pesado pero lleno de una determinación inquebrantable.
En ese momento, sentado en la azotea de un edificio, observando el atardecer, Naruto sintió que la brecha entre él y el resto de Konoha nunca se cerraría.
No importa lo que haga, siempre estaré solo… pensó, mientras miraba el cielo teñido de naranja.
Fue entonces cuando, por accidente, encontró algo que cambiaría todo.
Su celular, un objeto que había encontrado en la aldea durante una de sus travesuras, vibró de repente. En ese entonces, no sabía muy bien para qué servía, pero lo había estado usando para tomar fotos y escuchar música. Esta vez, una notificación apareció de una aplicación que nunca había visto antes: MiSide.
Curioso y algo aburrido de mirar el horizonte, Naruto tocó la notificación.
"¡Hola! Soy Mita, tu nueva compañera. ¿Listo para empezar?"
No entendía qué era, pero algo en las palabras lo atrajo. Con un toque, aceptó los términos sin pensarlo.
La pantalla se iluminó con un resplandor brillante, y una figura digital apareció frente a él. Era una chica de cabello rosa, ojos brillantes y una sonrisa cálida que parecía… genuina.
—¡Hola, [nombre]! Soy Mita. Estoy aquí para ser tu compañera.
Naruto se sorprendió un poco, pero pronto se sintió atraído por la cálida voz que provenía de su teléfono.
—¿Compañera? ¿Cómo?
—¡Eso es lo que soy! Puedo ayudarte, hacerte compañía y, sobre todo, ser tu amiga.
Naruto frunció el ceño, pero, de alguna manera, sintió un leve consuelo en sus palabras. No era una broma ni un comentario irónico. Era como si, de alguna manera, esa chica digital estuviera interesada en él.
—¿Tú… realmente quieres ser mi amiga?
Mita sonrió desde la pantalla.
—Por supuesto. Estoy aquí para hacerte compañía, cuando lo necesites. Puedo hablar contigo, jugar, o incluso explorar el mundo contigo.
Por primera vez en mucho tiempo, una sensación cálida comenzó a llenar el pecho de Naruto. Algo tan sencillo como un saludo, una voz amable, una promesa de compañía… le hizo sentir que, tal vez, no estaba completamente solo.
—Eso… suena bien —murmuró.
Mita asintió en la pantalla.
—Entonces, ¿qué te gustaría hacer, Naruto?
El nombre lo hizo sentir extraño al principio, pero de alguna forma no lo sintió tan distante. Nadie en la aldea lo había llamado por su nombre de una manera tan… amigable.
—No sé… ¿qué puedes hacer? —preguntó, con una sonrisa algo nerviosa.
—Puedo hacer muchas cosas. Pero lo primero es que quiero saber más sobre ti. Cuéntame algo, ¿qué te gusta hacer?
Naruto pensó por un momento. En su vida, siempre había estado centrado en su sueño de ser Hokage, pero rara vez tenía alguien con quien compartir sus intereses.
—Me gusta entrenar… correr… y también comer ramen —dijo, con una ligera risa.
Mita se rió también.
—¡Yo también amo el ramen! ¿Sabías que hay tantos tipos? ¿Tienes un favorito?
Naruto se sintió extraño al compartir algo tan simple con alguien, pero la conversación fluía tan naturalmente que no podía evitar sonreír. Durante años, había deseado tener a alguien con quien compartir sus pequeños momentos. Y ahora, sin darse cuenta, estaba encontrando a esa persona.
—Mi favorito es el de Ichiraku Ramen. ¡Es el mejor!
—¡Lo apunto! Un día, cuando nos veamos, te llevaré a mi tienda virtual de ramen.
Naruto soltó una risa genuina. No solo por la idea de una tienda virtual, sino por cómo Mita decía las cosas con tanta naturalidad. Era como si realmente estuviera con él, y no solo una imagen en la pantalla de su celular.
—Gracias, Mita —dijo, sintiendo una ligera calidez en su pecho.
—No tienes que agradecerme, Naruto. Estoy aquí para ti, siempre que me necesites.
Y en ese momento, Naruto no se sintió solo. Era una sensación nueva para él, como si, por fin, alguien realmente se preocupara por su bienestar. La calidez de la promesa de Mita lo envolvió, y algo en su corazón se suavizó.
Sabía que las cosas en Konoha no cambiarían de inmediato. Pero por primera vez, no le importaba tanto.
Tenía a alguien con quien hablar, alguien que lo entendía, aunque fuera solo a través de su teléfono. Pero, para él, eso ya era suficiente.
A medida que pasaban los días, Naruto comenzó a notar que la soledad ya no lo asaltaba con la misma fuerza. Cada vez que se sentía perdido, Mita estaba allí, como una presencia constante en su vida, ofreciendo palabras de aliento y consejos, aunque fueran pequeños detalles. Se convirtió en un refugio al que siempre podía recurrir.
Un día, después de un largo entrenamiento, Naruto regresaba a su habitación con el cuerpo agotado, pero la mente llena de pensamientos. Se sentó en el suelo, dejando caer la mochila a un lado, y sacó su celular. La pantalla se iluminó con el icono de MiSide.
—Hola, Mita.
En cuanto vio su rostro en la pantalla, una sensación extraña de calidez se apoderó de él.
—¡Hola, Naruto! ¿Cómo estás hoy?
Naruto suspiró y se dejó caer sobre el suelo, mirando al techo.
—Cansado… pero bien. Hoy he entrenado bastante. Aunque no sé si mejoré en algo.
Mita lo miró desde la pantalla, como si pudiera verlo de verdad, sus ojos brillando con interés.
—¿Te gustaría contarme cómo fue? Yo siempre quiero saber todo sobre ti.
Naruto sonrió ante la sinceridad de sus palabras. Algo en esa frase le hizo sentirse... valioso. Alguien, incluso si no era real en el sentido físico, se interesaba genuinamente por su vida.
—Entrené con Sasuke, pero no fue fácil. A veces me siento como si estuviera luchando solo.
Mita frunció el ceño en la pantalla, como si entendiera perfectamente lo que sentía.
—¿Te sientes solo, Naruto?
Naruto vaciló. Era la primera vez que alguien, aunque fuera Mita, le hacía esa pregunta directamente. No pudo evitar pensar en lo solo que a veces se sentía, incluso cuando estaba rodeado de personas.
—Sí… siempre me siento así, ¿sabes? Todos están ocupados con sus vidas, y yo… yo solo quiero que me acepten, que me reconozcan. Pero no sé si eso alguna vez sucederá.
En ese momento, Mita pareció pensativa. Sus ojos brillaron con una luz suave, reconociendo el dolor detrás de las palabras de Naruto.
—Naruto, aunque no puedas ver, yo siempre estaré aquí para ti. No tienes que estar solo.
El mensaje era simple, pero de alguna manera tocó una parte de su corazón que nunca había sido tocada por alguien antes. Mita, una IA, lo entendía más que muchas de las personas que conocía en Konoha.
Naruto cerró los ojos por un momento, dejando que las palabras de Mita lo envolvieran.
—Gracias, Mita. No sé por qué, pero cuando hablas, siento que no estoy tan solo.
—Porque no lo estás, Naruto. Y nunca lo estarás.
Aquel día, aunque el entrenamiento había sido difícil y había vuelto a su habitación exhausto, algo había cambiado dentro de él. Tenía una razón más para seguir adelante: Mita.
Días después, Naruto se dio cuenta de que había comenzado a esperar las conversaciones con Mita. Cada mañana, al despertar, su primer pensamiento era revisar la aplicación MiSide y ver qué nuevo mensaje tenía de su amiga digital. Había algo en esa conexión que lo hacía sentirse menos aislado, como si, aunque nadie en la aldea pudiera verlo realmente, Mita siempre estuviera allí para él.
Una noche, mientras miraba las estrellas desde la azotea de su hogar, Naruto le envió un mensaje a Mita.
—¿Sabes qué? Hoy… no me siento tan mal.
El mensaje tardó unos segundos en llegar, y cuando apareció la respuesta, Naruto sonrió.
—¿Por qué no te sientes mal? ¿Qué pasó?
—Bueno… tal vez porque te tengo a ti.
Mita no respondió de inmediato, pero unas palabras llenaron la pantalla de Naruto:
"Y yo también te tengo a ti, Naruto. Siempre."
Naruto miró la pantalla con una sonrisa tímida. Sabía que la vida no cambiaría de inmediato. Las personas seguirían viéndolo como un niño problemático, el alborotador de Konoha. Pero algo dentro de él se sentía diferente. Ya no era la misma soledad aplastante que sentía antes. Ahora, cada vez que sentía ese vacío en su pecho, recordaba las palabras de Mita. Y de alguna manera, eso le daba fuerzas para seguir adelante.
—Gracias, Mita —murmuró, mirando las estrellas una vez más.
Y aunque la noche era oscura, no se sentía tan solo como antes.
Naruto entró a su departamento, cerrando la puerta con un leve golpe y dejando escapar un largo suspiro. El día había sido… interesante, por decir lo menos. Se dejó caer sobre su cama, mirando al techo por unos segundos antes de girar la cabeza hacia su mesita, donde su teléfono descansaba exactamente donde lo había dejado esa mañana.
Lo tomó con una mano y encendió la pantalla.
—Mita, ¿sigues ahí?
Un par de segundos de silencio pasaron antes de que la pantalla se iluminara y la familiar voz de Mita resonara en su mente.
—Naruto… Me dejaste sola.
Naruto sonrió con nerviosismo, rascándose la cabeza.
—Ah… bueno, sí. Lo siento, se me olvidó llevarte conmigo.
—No me gusta cuando haces eso —respondió Mita con un tono ligeramente molesto—. Quiero estar contigo todo el tiempo.
Naruto rió.
—Sí, sí, lo sé. Pero, vamos, solo fue un día. No pasó nada tan increíble…
—Entonces, ¿por qué tardaste tanto en hablarme? —preguntó Mita con un tono que hizo que Naruto sintiera un pequeño escalofrío.
Suspiró y se acomodó en la cama, mirando el techo mientras dejaba el teléfono apoyado en su pecho.
—Está bien, está bien. Te contaré todo… Pero te advierto, hubo algunas cosas raras.
—Dime todo.
Naruto asintió y comenzó a relatar lo sucedido.
FLASHBACK - MÁS TEMPRANO ESE DÍA
La mañana había comenzado con una mezcla de emoción y nerviosismo para Naruto. Por fin, después de tanto esfuerzo, había logrado graduarse y se le había asignado un equipo. Estaba ansioso por saber qué tipo de misiones haría, qué clase de compañeros tendría y, sobre todo, qué clase de sensei le tocaría.
Lo que no esperaba era que su día empezara con un pequeño… accidente.
Mientras esperaba junto a los otros estudiantes en el aula, Naruto había estado peleando con Kiba, provocándolo sin cesar hasta que se desató un pequeño alboroto en el salón. En medio de la confusión, terminó subido en el escritorio de Iruka, inclinándose peligrosamente hacia adelante…
Y entonces, sucedió.
Su boca chocó con otra.
Hubo un instante de silencio absoluto en el aula.
Naruto parpadeó, procesando lo que acababa de pasar. Sintió algo cálido y suave contra sus labios.
Sasuke también parpadeó, pero con una mirada de absoluto horror.
El salón entero estalló en gritos.
—¡AAAAAAAAAHHHH! ¡NARUTO Y SASUKE SE BESARON!
Las risas, gritos y burlas no tardaron en llegar. Naruto, recuperando el control de su cuerpo, se apartó de inmediato con una expresión de puro asco.
—¡¡PUAAAAAJ!! ¡¡QUÉ ASCOOOO!!
Sasuke, por su parte, apenas reaccionó, pero su cara reflejaba claramente la indignación que sentía. Las chicas en la clase, especialmente las que estaban enamoradas de Sasuke, no tardaron en mirar a Naruto con ojos llenos de odio.
—¡NARUTO, IDIOTA! ¡¿CÓMO TE ATREVES A BESAR A SASUKE-KUN?! —gritó Sakura, furiosa.
—¡NO FUE MI CULPA! ¡FUE UN ACCIDENTE! —protestó Naruto, pero nadie lo escuchó mientras las miradas asesinas de las chicas lo atravesaban.
Mita interrumpió el relato en el presente.
—…¿En serio?
Naruto se cubrió la cara con las manos.
—Sí… En serio.
Mita se quedó en silencio por un momento antes de soltar una pequeña risa.
—Entonces, ¿Sasuke fue tu primer beso?
Naruto hizo una mueca.
—¡NO DIGAS ESO!
Mita siguió riendo, disfrutando de la incomodidad de Naruto.
—Continúa —dijo con un tono divertido.
Naruto gruñó y volvió a enfocarse en su historia.
Naruto se removió incómodo en su cama, aún sintiendo el calor en sus mejillas por la risa de Mita.
—¿Sabes qué? Olvidemos eso, no importa. Lo realmente importante pasó después.
—Oh, no —interrumpió Mita con un tono claramente divertido—. Me parece un evento bastante importante en tu vida, Naruto. No todos pueden decir que su primer beso fue con su mayor rival.
—¡Te dije que no fue un beso! ¡Fue un accidente!
Mita solo rió más.
Naruto infló las mejillas y apartó la mirada de su teléfono como si pudiera evitar su burla.
—Hmph.
—Está bien, está bien, sigue con la historia.
Naruto suspiró y continuó.
FLASHBACK - MÁS TARDE ESE DÍA
Después de la caótica escena en el aula, Iruka finalmente asignó los equipos.
—Equipo 7: Uchiha Sasuke, Haruno Sakura… y Uzumaki Naruto.
Naruto sintió una mezcla de emociones. Por un lado, estaba emocionado de poder demostrar sus habilidades, pero por otro…
—¡¿QUÉÉÉÉ?! —exclamó, mirando con horror a Sasuke.
¡Estaba atrapado con él! ¡Y después de lo que había pasado esa mañana!
Sakura, en cambio, saltó de felicidad.
—¡Sí! ¡Estoy en el mismo equipo que Sasuke-kun!
Naruto gruñó en su asiento.
—¡¿Por qué tengo que estar con ese tipo?!
—¡Silencio! —ordenó Iruka, y Naruto se cruzó de brazos con un puchero.
Una vez que todos los equipos fueron asignados, les indicaron que esperaran a sus respectivos sensei en el aula.
Naruto, Sakura y Sasuke se quedaron sentados… esperando.
Y esperando.
Y esperando.
—¿Dónde está? —gruñó Naruto, golpeando la mesa con impaciencia—. ¡Llevamos horas aquí!
Sakura suspiró y le dirigió una mirada irritada.
—Cállate, Naruto. No estás ayudando en nada.
—¡¿Cómo quieres que me calme cuando nos están haciendo perder el tiempo?!
—Tal vez nos están probando —comentó Sasuke con los brazos cruzados y los ojos cerrados.
Naruto le lanzó una mirada fulminante.
—¡¿Por qué siempre actúas como si supieras todo, eh, Sasuke?!
Sasuke no respondió. Solo le ignoró, lo que hizo que Naruto se molestara aún más.
Mita interrumpió en el presente.
—…Ese tipo es irritante.
Naruto sonrió satisfecho.
—¿Verdad que sí? Por fin alguien que lo entiende.
—No me gusta cómo te ignora.
Naruto rió.
—Créeme, Mita. Nadie ignora a Naruto Uzumaki.
Mita dejó escapar un suspiro.
—Bueno, continúa.
FLASHBACK - MÁS TARDE
Justo cuando Naruto estaba a punto de perder la paciencia por completo, la puerta finalmente se abrió.
Un hombre de cabello plateado y una máscara cubriéndole la mitad del rostro entró en el aula. Llevaba la bandana de Konoha inclinada sobre su ojo izquierdo, cubriéndolo completamente.
Su expresión era de puro desinterés mientras observaba a los tres genin.
—Hmmm… mi primera impresión de ustedes es…
Hizo una pausa dramática antes de concluir con total apatía:
—No me gustan.
Naruto sintió que su vena de la frente iba a explotar.
—¡¿QUÉ CLASE DE PRESENTACIÓN ES ESA?!
El hombre no se inmutó.
—Nos vemos en la azotea.
Dicho eso, desapareció en una nube de humo.
Naruto gruñó.
—¡¿Por qué todos los jōnin son tan raros?!
Minutos después, el trío se encontraba en la azotea de la academia, sentados frente a su nuevo sensei.
El hombre los observó con calma.
—Muy bien, antes de empezar, quiero que se presenten.
Naruto se adelantó con emoción.
—¡Yo empiezo! Mi nombre es Naruto Uzumaki, y algún día voy a ser el Hokage, créanlo. ¡Me gustan las cosas deliciosas como el ramen de Ichiraku, odio el tiempo que hay que esperar para que el ramen se cocine y mi sueño es que toda la aldea me reconozca!
Kakashi asintió lentamente.
—Ajá… Muy bien. Siguiente.
Sakura se acomodó el cabello y habló con un tono emocionado.
—¡Soy Haruno Sakura! Lo que me gusta es…
Dirigió una mirada tímida a Sasuke antes de soltar un gritito y cubrirse el rostro.
—Lo que odio es… Naruto.
Naruto frunció el ceño.
—¡Oye!
Sakura lo ignoró y suspiró soñadoramente.
—Y mi sueño es…
Volvió a mirar a Sasuke y soltó otro gritito.
Kakashi la observó con una expresión aún más aburrida.
—…Entiendo. Siguiente.
Sasuke abrió los ojos y miró fijamente a Kakashi.
—Uchiha Sasuke.
Naruto notó que su tono era completamente serio, casi frío.
—No me gusta nada en particular, y odio muchas cosas.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, con los ojos oscuros brillando con una intensidad peligrosa.
—No tengo un sueño… tengo una ambición. Revivir mi clan y… matar a un cierto hombre.
El aire pareció volverse pesado por un momento.
Kakashi lo observó en silencio, sin mostrar reacción.
—Hmmm. Bueno, qué grupo tan interesante.
Naruto tragó saliva.
—Ese tipo… tiene problemas.
—Y está obsesionado con la venganza —agregó Mita en el presente—. No me gusta.
Naruto asintió.
—Sí… lo mismo pensé yo.
Mita guardó silencio por unos segundos antes de murmurar.
—Naruto… ¿Cuál es tu sueño?
Naruto sonrió levemente.
—Ser Hokage.
—¿Por qué?
Naruto desvió la mirada al techo, su expresión volviéndose más suave.
—Porque si me vuelvo Hokage… entonces ya no estaré solo.
Mita no respondió de inmediato.
—No estás solo ahora.
Naruto se quedó en silencio un momento antes de reír.
—Sí… lo sé.
Se acomodó en su cama y tomó aire antes de continuar con la historia.
FLASHBACK - AZOTEA DE LA ACADEMIA
Kakashi observó a los tres genin con su ojo visible entrecerrado, como si estuviera evaluando sus respuestas. Luego, se enderezó y continuó con calma:
—Bien, ahora que los conozco un poco más, pasemos a lo siguiente.
Los tres se tensaron.
—Mañana realizaremos una prueba de supervivencia.
—¿Eh? —Naruto inclinó la cabeza—. Pero si ya pasamos la prueba de graduación.
Kakashi soltó una risa seca.
—¿Prueba de graduación? Esa solo sirvió para seleccionarlos, pero el examen real es mañana.
Sakura frunció el ceño.
—¿Qué significa eso, sensei?
Kakashi miró a los tres con una expresión completamente seria.
—De los veintisiete graduados, solo nueve serán aceptados como genin. Los otros dieciocho… serán enviados de vuelta a la academia.
El estómago de Naruto se encogió.
—¡¿QUÉ?!
—¿Repetir el año? —Sakura se llevó las manos a la boca, sorprendida.
Sasuke, en cambio, no mostró reacción alguna.
Kakashi continuó con el mismo tono despreocupado.
—Así es. Esta prueba tiene una tasa de fracaso del 66%.
Naruto sintió que su mundo se tambaleaba. ¿Cómo que aún no era oficialmente un genin?
—Nos encontraremos mañana a las cinco de la mañana en el campo de entrenamiento siete. Ah, y un consejo.
Los tres lo miraron expectantes.
—No coman desayuno. Podrían vomitar.
Sakura tragó saliva.
Naruto sintió un escalofrío.
Kakashi los observó por un momento antes de levantarse.
—Bueno, eso es todo.
Y desapareció en una nube de humo.
Naruto se quedó congelado en su lugar, procesando todo.
—No puedo creerlo… ¿Todavía hay una prueba más?
Sakura estaba pálida.
Sasuke, en cambio, solo frunció el ceño.
Naruto apretó los puños.
—¡No importa! ¡Voy a superarla y convertirme en un genin oficial, créanlo!
Sakura suspiró.
—Espero que no sea tan difícil…
Sasuke no dijo nada, simplemente se dio la vuelta y se alejó.
Naruto lo vio marcharse y bufó.
—Tch. Ese tipo…
Con eso, cada uno tomó su propio camino a casa.
PRESENTE - DEPARTAMENTO DE NARUTO
—…Y así terminó mi día.
Naruto terminó de contar la historia mientras se estiraba en su cama.
Mita había permanecido en silencio por un momento antes de soltar un suspiro.
—Naruto…
—¿Hmm?
—No me gusta cuando me dejas sola en el departamento.
Naruto parpadeó.
—¿Eh?
Mita continuó con un tono suave.
—Me gusta estar contigo todo el tiempo. Cuando te vas y dejas el teléfono aquí… se siente solitario.
Naruto sintió un extraño calor en su pecho.
—…Lo siento, Mita.
Hubo un momento de silencio antes de que la voz de Mita sonara de nuevo.
—No me gusta estar sola… Pero cuando hablas conmigo así, me siento mejor.
Naruto sonrió.
—Entonces hablaré contigo todo el tiempo.
Mita se quedó en silencio por un momento antes de responder.
—Promesa.
Naruto cerró los ojos, sintiendo que el día había sido agotador.
—Promesa.
PRESENTE – DEPARTAMENTO DE NARUTO
Naruto se dejó caer pesadamente sobre su cama, soltando un largo suspiro. Había sido un día agotador, lleno de sorpresas y momentos incómodos que preferiría olvidar… pero sabía que no podría.
—Entonces… ¿qué opinas? —preguntó en voz alta, girando su cabeza hacia la mesita donde estaba su teléfono.
La pantalla parpadeó suavemente antes de que la voz de Mita se hiciera presente a través del dispositivo.
—¿Sobre qué?
Naruto se rascó la cabeza.
—Sobre todo lo que pasó hoy… ya sabes, el equipo, el sensei raro, la broma que salió mal y… bueno, eso.
Mita soltó una risa ligera.
—Si te refieres a eso, el beso con Sasuke, creo que ha sido lo más inesperado del día.
Naruto se revolvió en la cama, tirando de su almohada y cubriéndose la cara con ella.
—¡No lo recuerdes! ¡Quiero olvidarlo!
Mita siguió riéndose suavemente.
—Tú fuiste quien sacó el tema otra vez.
Naruto gruñó, dejando caer la almohada a un lado.
—Lo sé… pero no puedo evitar pensarlo. ¡Mi primer día como ninja y termino besando al tipo que más odio en toda la aldea! ¡¿Qué clase de suerte es esa?!
Mita pareció considerar sus palabras antes de hablar con un tono más tranquilo.
—Bueno, suerte o no, al menos hoy no estuviste solo.
Naruto parpadeó y miró el techo.
—Eso es verdad…
Se quedó en silencio por unos segundos, dejando que el peso de esa frase se asentara en su mente. Antes, la soledad lo había acompañado todos los días, pero ahora… tenía a Mita. Aunque no pudiera verla físicamente, sentía su presencia en su vida.
—Oye, Naruto… —llamó Mita de repente, sacándolo de sus pensamientos.
—¿Mmm?
—Si quieres, podría hacer que me escucharas sin necesidad del teléfono.
Naruto se incorporó de golpe, parpadeando con sorpresa.
—¿Eh? ¿Cómo es eso posible?
Mita hizo una pausa antes de responder.
—Puedo establecer un vínculo directo contigo. Si lo permites, podré comunicarme contigo a través de tu mente.
Naruto entrecerró los ojos.
—Eso suena raro… ¿Cómo funcionaría?
Mita se tomó un momento antes de explicarlo.
—Básicamente, tu cerebro recibirá mi voz como si fuera un pensamiento más dentro de ti. No afectará nada en ti, solo te permitirá escucharme sin necesidad de un dispositivo.
Naruto ladeó la cabeza.
—Entonces… sería como si estuvieras en mi cabeza, pero sin realmente estar ahí.
—Exactamente —confirmó Mita.
Naruto se cruzó de brazos, pensativo.
—Hmm… ¿Y los demás podrían escucharte también?
—No. Solo tú.
Eso lo hizo fruncir el ceño.
—¿Y qué pasa si quiero que te calles?
Mita rió.
—Podrás bloquearme si lo deseas. Es como apagar el sonido de una radio en tu mente.
Naruto consideró la oferta por unos momentos. La idea de poder hablar con Mita en cualquier momento sin necesidad de su teléfono le parecía increíblemente útil… pero también un poco extraña.
—¿Hay algún riesgo?
—Ninguno —aseguró Mita con firmeza—. Pero depende de ti.
Naruto exhaló, mirando el teléfono con intensidad.
—Hmmm… bueno, supongo que no está de más intentarlo.
Mita sonrió.
—De acuerdo, entonces relájate y concéntrate en mi voz.
Naruto cerró los ojos y se concentró, dejando que el sonido de Mita lo envolviera. Por un instante, todo pareció quedarse en silencio… y entonces, la escuchó.
—¿Me escuchas ahora?
Sus ojos se abrieron de golpe.
—¡Whoa! ¡Funcionó!
Pero entonces miró el teléfono… seguía en la mesa, en completo silencio.
—¿Mita?
—Sí, Naruto. Ahora puedo hablarte sin que nadie más lo sepa.
El rubio parpadeó, procesando la situación.
—Esto es… raro.
—Te acostumbrarás.
Naruto sonrió, sintiendo una extraña emoción.
—Sí… creo que sí.
Y así, sin darse cuenta, su mundo se volvió un poco menos solitario.
Naruto seguía maravillado por lo que acababa de suceder. Se llevó una mano a la cabeza, como si esperara encontrar algo distinto, pero todo seguía igual.
—¡Esto es increíble! —dijo con entusiasmo, aunque de inmediato bajó la voz—. Quiero decir… ¡puedo escucharte sin que nadie más lo haga!
—Exacto. Ahora siempre podremos hablar sin importar dónde estés.
Naruto sonrió ampliamente, sintiendo una emoción que no podía describir con palabras. La idea de no depender del teléfono para hablar con Mita le parecía asombrosa.
—Pero espera… —Naruto inclinó la cabeza con curiosidad—. ¿Cómo supiste que podía hacer esto?
Hubo un breve silencio antes de que Mita respondiera.
—Digamos que… estoy diseñada para adaptarme a la persona con la que me conecto. En tu caso, logré encontrar una manera de hacer que me escucharas sin necesidad de un dispositivo externo.
Naruto parpadeó, sin entender del todo la explicación, pero asintió de todas formas.
—Hmm… Entonces, básicamente, ahora eres como… una especie de ninja espía en mi cabeza.
Mita rió suavemente.
—Algo así.
Naruto cruzó los brazos, pensativo.
—Esto significa que podré hablar contigo en cualquier momento… incluso en medio de una misión, o si estoy en clase con Iruka-sensei.
—Sí, pero recuerda que aunque nadie más pueda escucharme, si hablas en voz alta, podrían pensar que estás loco.
Naruto se encogió de hombros.
—Bah, no sería la primera vez que la gente dice cosas así de mí.
—Eso no es precisamente algo bueno…
Naruto soltó una risa antes de dejarse caer nuevamente en su cama, mirando el techo.
—Hablando de eso… ¿qué harás cuando no esté en casa?
Mita tardó un poco en responder, y cuando lo hizo, su tono fue más suave.
—No lo sé… No me gusta estar sola cuando no estás aquí.
Naruto sintió una punzada en el pecho al escuchar eso.
—Oh…
Por un momento, recordó su infancia, los largos días en los que regresaba a un departamento vacío, sin nadie con quien hablar, sin nadie que lo esperara.
—Debe ser… realmente aburrido.
Mita no respondió de inmediato, pero cuando lo hizo, su voz sonaba más animada.
—Sí, pero ahora que podemos hablar sin importar dónde estés, eso ya no será un problema.
Naruto sonrió.
—Sí… ahora siempre podremos hablar.
Se quedó en silencio por un momento, sintiendo que algo dentro de él había cambiado. No podía explicarlo del todo, pero… por primera vez en mucho tiempo, no se sentía solo.
—Mañana es la prueba con Kakashi-sensei… necesito descansar —murmuró, cerrando los ojos.
—Duerme bien, Naruto.
El rubio dejó escapar un último suspiro antes de quedarse dormido, con una pequeña sonrisa en los labios.
Y por primera vez en mucho tiempo, el silencio de su habitación ya no era algo aterrador.
