Disclaimer: La última vez que lo consulté, KH Reborn seguía siendo propiedad de Akira Amano. Pero en algún momento secuestraré a Gokudera, a Hibari, Mukuro y a una larga lista más.
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Capítulo 04
Hayato se despertó sobresaltado cuando algo le golpeó la cara. Se incorporó y miró con desconfianza a su alrededor. Se quedó de piedra al ver a Hibari recostado contra el marco de la puerta, contemplándole con absoluta tranquilidad.
-Arriba, herbívoro. El pequeño animal que se cree el jefe nos ha convocado a primera hora para una reunión, ¿lo recuerdas?
-¿Hah?- fue todo lo que un desconcertado y soñoliento Gokudera fue capaz de articular.
-Te he traído ropa. No puedes presentarte a la reunión con la camisa arrugada- sentenció.
Gokudera bajó la vista hasta lo que le había golpeado y dio cuenta de que era una camisa y una muda de ropa limpia. Miró a Hibari mientras se frotaba la frente, intentando despejarse. ¿De qué diablos hablaba? Cayó en la cuenta de que debía haberse quedado dormido mientras terminaba los cálculos y Hibari le habría llevado hasta la cama tras hacer su habitual ronda nocturna.
Hasta ahí era algo más o menos normal, porque era algo que Hibari solía hacer cuando estaba en la base, aunque eso le dejaba con una duda. ¿Cómo había abierto la puerta por la mañana? Los dormitorios de la base estaban pensados como si fueran una residencia privada. Tenían un salón, un dormitorio y un cuarto de baño, y desde fuera la puerta exterior sólo se abría con llave para que únicamente su propietario pudiera entrar.
-¿Cómo has entrado en mi cuarto?- inquirió con algo de desconfianza. Esperaba que no se le hubiera ocurrido reventar la puerta, aunque siendo Hibari bien podría ser.
Hibari sacó algo de su bolsillo y lo mostró en alto. Gokudera reconoció sus llaves, podía ver el llavero que le había regalado Tsuna años atrás.
-Como parece que las utilizo más que tú, he decidido quedármelas- sentenció con un indiferente encogimiento de hombros.
-Oe, Hibari, no decidas esas cosas tú solo- se quejó Gokudera.
-¿Vuelvo a ser Hibari?- inquirió el moreno, ladeando una sonrisa burlona- Creo que me gusta más Kyoya...
Hayato se quedó sin palabras. Al momento le vino a la cabeza lo que le había dicho la noche de la inauguración, pidiéndole usar su nombre como si esperase que entre ellos hubiera… algo. Tenía que dejar de comportarse así o Hibari iba a acabar por sospechar, se dio cuenta alarmado.
-Bueno, si las quieres de vuelta solo tienes que pedírmelas- decidió Hibari, encogiéndose de hombros y guardando de nuevo las llaves su bolsillo-. No llegues tarde, va contra la disciplina- advirtió, y sin esperar respuesta se marchó de allí.
Hayato se quedó mirando pasmado el lugar por el que había desaparecido. Que creía que le gustaba más Kyoya… ¿A qué que estaba jugando ese bastardo caprichoso?! Un instante le robaba las llaves y le metía en la cama como si se preocupara por él, y al siguiente se largaba tras reprenderle con la más absoluta frialdad. No le entendía, no le entendía para nada. En un arranque de frustración y mal humor, lanzó la almohada contra la puerta cerrada.
-¿Qué diablos significa todo esto, Hibari Kyoya?- gruñó, aunque como era de esperar, la habitación vacía no le dio ninguna clase de contestación.
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Tsuna esperaba inquieto en la sala de reuniones. De hecho, estaba tan nervioso que había llegado más de media hora antes de la hora prevista cuando normalmente solía ser de los últimos en llegar. Casi no había pegado ojo en toda la noche. ¿Cómo iba a explicarlo? ¿Cómo se lo iban a tomar sus guardianes? ¿Cómo iba a cambiar su vida? Sabía que nada volvería a ser igual después del anuncio que estaba a punto de dar.
Como de costumbre, Hibari fue el primero en llegar, y se había dirigido sin saludar a la ventana, sentándose en el alféizar con la espalda apoyada en un lateral de la pared y los pies en el otro. Lejos de darle conversación, se dedicó a contemplar con aspecto hastiado la ciudad. Sus dos guardianes de la niebla habían llegado juntos y se habían sentado en la mesa redonda, Mukuro justo enfrente del lugar que ocupaba él y Chrome al lado de su maestro. Luego entró Gokudera, a toda velocidad justo en el momento en que Yamamoto estaba pasando por la puerta y prácticamente atropellándolo para llegar antes que él.
-Siento el retraso, Décimo- aseguró con una reverencia.
-Todavía faltan cinco minutos- le tranquilizó. Sabía que a Hayato le gustaba llegar pronto y asegurarse que todo estaba en orden, pero al parecer se había dormido. El peliplateado cruzó la estancia y se sentó a la derecha de Tsuna, mientras que Takeshi lo hacía a su izquierda. Ya casi estaban todos y los nervios empezaban a hacer que le sudaran las manos y que le molestase el nudo de la corbata, que aflojó ligeramente. Estar embarazado ya era inverosímil, pero tener que hacer un anuncio oficial escapaba a todo lo que se le habría podido ocurrir jamás.
A continuación llegó Reborn, y eso consiguió que Tsuna se envarase de manera exagerada. No le había visto desde su disputa del día anterior y no sabía de qué humor se encontraría. El asesino saludó de manera distante a los reunidos, cogió una silla y, haciendo apartar al guardián de la lluvia con un gesto hosco, se colocó entre Yamamoto y él. Ryohei fue el último en llegar, en una enérgica carrera justo cuando el reloj daba las ocho en punto.
Tsuna suspiró. Así que ya estaban todos. Faltaba Lambo, pero sólo tenía 13 años así que todavía no le dejaba participar en las reuniones de la mafia. Se puso en pie y notó los nervios presionando en la garganta.
-Gracias a todos por venir. Como os dije, tengo algo importante que anunciaros- miró uno por uno a los que estaban sentados en la mesa, y luego dirigió su atención a la ventana, donde todavía permanecía Hibari, al parecer sin prestar atención-. Pero antes de nada... Hibari, he vuelto a tener quejas del personal de vigilancia. Uno de los trabajadores dice que le has fracturado el brazo- reclamó Tsuna.
-Hn... Estaba jugando en vez de atender a su puesto. Sólo le enseñé un poco de disciplina- replicó, en absoluto arrepentido.
Tsuna puso los ojos en blanco. ¿Es que no iba a cambiar nunca?
-¿Y no has pensado en utilizar primero una amonestación verbal, como las personas normales?- se desesperó Tsuna ante su actitud indiferente. El resoplido del guardián de la nube dejó muy claro que eso era algo que nunca iba a ocurrir. Resignado, decidió pasar al verdadero motivo de la reunión-. Chicos...- hizo una larga pausa- el motivo por el que os he reunido es para comunicaros que...- se interrumpió, incapaz de seguir. ¿Cómo diablos se explicaba que estaba uno embarazado? Estaba tan nervioso que le martilleaban los latidos del corazón en los oídos, y el hecho de que Reborn le dirigiera enojadas miradas de reojo no ayudaba mucho. Hayato debió darse cuenta de lo mal que lo estaba pasando porque le sujetó una mano por debajo de la mesa y le dio un suave apretón que le dio la dosis de fuerza que le faltaba- Voy a tener un bebé- soltó, tan deprisa que casi juntó unas palabras con otras.
Durante unos segundos que a Tsuna se le hicieron eternos, nadie dijo nada. Finalmente fue Chrome la que habló con voz algo insegura.
-Creía que te gustaban los hombres, jefe...- dijo, y casi al tiempo se sonrojó por si su comentario era inapropiado-. Felicidades, no sabía que tenías novia- añadió con una tímida sonrisa.
Tsuna se puso colorado como un tomate. No sólo porque hablaran abiertamente de sus preferencias, es que aclarar el malentendido sonaba en su cabeza cuanto menos ridículo.
-No, ehm...- empezó a decir, y se volvió hacia Gokudera, buscando ayuda con la mirada.
Este exhaló con pesadez y se dispuso a tomar la palabra, pero Reborn se le adelantó con un molesto resoplido.
-Tsk... ni siquiera eres capaz de explicarte correctamente, dame-Tsuna- gruñó Reborn, y su tono de voz dejó muy claro que su enfado no había mejorado en absoluto.
El castaño le miró ceñudo y decidió que no iba a dejarse intimidar por él.
-Ya sé que es difícil de entender pero... Yo- esta vez Tsuna puso especial énfasis en la palabra- soy el que tendrá el bebé- aclaró. Supo por sus caras que no eran capaces de ver la diferencia. Claro que no podía culparles, a nadie en su sano juicio se le ocurriría su estado-. Sé que suena extraño pero... estoy embarazado- murmuró, y les miró con algo de miedo, como si estuviera esperando una sentencia de muerte.
Otra vez se produjo el momento de silencio incómodo en el que nadie se atrevía a hablar, hasta que finalmente Yamamoto estalló en carcajadas.
-Muy buena broma, Tsuna. Estabas tan serio que por un momento casi me lo he creído- dijo Yamamoto, rompiendo un poco la tensión del ambiente y consiguiendo que Ryohei también hicieran algún comentario por lo bajo a Chrome, que rió con suavidad. Aunque entonces se dio cuenta de la expresión de su jefe y empezó a preocuparse- ¿Tsuna?- preguntó, al ver que permanecía totalmente serio.
-No está de broma- aseguró Hayato con gravedad-. Cuesta creer, pero tiene algo que ver con una ilusión de Mukuro e imprevistos efectos secundarios- añadió. Era difícil explicárselo a los demás cuando ni los propios implicados terminaban de entenderlo.
Todas las miradas, ahora serias y sorprendidas, se dirigieron al ilusionista.
-¿Mukuro-sama?- preguntó Chrome, todavía algo incrédula.
El guardián de la nube se limitó a asentir con una sonrisa ladeada, lo que provocó varias reacciones. Chrome se llevó las manos a la boca mientras pronunciaba un ahogado "jefe" y le miraba con preocupación. Takeshi frunció el ceño, claramente haciendo un esfuerzo por entenderlo, aunque finalmente pareció rendirse y le dirigió una sonrisa radiante.
-Enhorabuena, Tsuna. Es genial que vayas a hacernos tíos- le felicitó, limitándose a aceptarlo sin más preocupación.
Estaba claro que todos veían la importancia de la situación porque hasta Hibari se había levantado y se había acercado a él. Le dio un par de palmaditas en el hombro y se sentó en una de las sillas vacías, esperando a que continuara la reunión. Ryohei, por su parte, empezó a reírse de manera escandalosa, y es que imaginarse a Tsuna con una barriga de nueve meses era la cosa más cómica que se le había pasado por la cabeza.
Reborn apoyó un brazo sobre la mesa y se inclinó hacia Mukuro, que era el único que no había reaccionado con escándalo. Éste se limitó a devolverle una sonrisa burlona.
-Estás muy tranquilo, tú. No pareces para nada sorprendido- acusó Reborn.
-Oh, eso es porque ya lo sabía- replicó, sin perder la sonrisa socarrona. Que interesante, parecía que acababa de encontrar el punto débil de Reborn.
-¿Por qué?- cuestionó, y a duras penas consiguió controlar la rabia en el tono de voz.
-Porque Mukuro tenía que saberlo antes que los demás, Reborn- atajó Tsuna con expresión calmada.
Reborn se volteó hacia él a la velocidad del rayo, con la misma expresión funesta que había mantenido desde que se negó a decirle quien era el otro padre de su hijo.
-¿Estás insinuando algo, Tsuna?- exigió saber.
Iba a responder con evasivas, pero la respuesta de Mukuro consiguió atascarle cualquier palabra coherente.
-Es normal que una de las partes implicadas lo sepa antes que el resto, ¿no crees?- inquirió el ilusionista, sin molestarse en ocultar la retorcida diversión que le producía la situación.
No tenía planeado involucrarse directamente, pero los celos de Reborn eran tan evidentes que resultaba imposible dejar pasar la ocasión de molestar al asesino. Y técnicamente no estaba mintiendo: el bebé existía por su ilusión, por lo que en cierta manera era responsable de aquellas dos criaturas. Casi no había terminado de hablar que Reborn ya se había puesto de pie y le apuntaba con una de sus pistolas. Lejos de asustarse, Mukuro se acomodó en su silla con una mueca desafiante.
-¿Algún problema, Reborn?- inquirió sin apartar la mirada. Rokudo Mukuro no era alguien que se dejara intimidar. No había mostrado miedo ni si quiera por sus captores de Vindice, mucho menos iba a hacerlo ante un Reborn que se comportaba como un crío en pleno ataque de posesividad.
Mientras le miraba con aire funesto, Rebron estaba haciendo tal esfuerzo por mantener la calma que casi temblaba.
-¿Cómo te atreves?- inquirió entre dientes- ¿Cómo te atreves a tocar...?- se interrumpió de golpe, horrorizado por lo que había estado a punto de decir. "¿Cómo te atreves a tocar lo que es mío?". Soltó un gruñido y se corrigió en el último momento- Tsuna es mi responsabilidad, no tienes ningún derecho a ponerle una mano encima- advirtió con un tono de voz frío como el hielo, amartillando el arma.
-Ya está bien Reborn. Soy lo suficiente mayor para decidir estas cosas por mí mismo, ¿no te parece?- protestó Tsuna, que empezaba a cansarse de que el asesino le tratara como si fuera una carga de la que se tenía que cuidar. Puede que siguiera siendo un poco asustadizo y de corazón blandito, pero sin duda había cambiado. Él le había cambiado. Reborn le había mostrado que era fuerte, que tenía una familia en la que podía confiar y que eran capaces de todo estando juntos. Maldita sea, hasta Mukuro podía reconocerle como jefe, y le frustraba infinitamente que fuera precisamente Reborn quien le seguía tratando como a un niño.
Atrapado en sus propios demonios internos, Reborn se volteó a toda velocidad hacia su antiguo alumno, el arma todavía en la mano y la mirada destilando tanta rabia que Tsuna dio un involuntario paso atrás.
-Ya basta Reborn- atajó Hayato, poniéndose entre Tsuna y él a modo de escudo protector-. Si no eres capaz de comportarte con la serenidad que requiere la situación, sal fuera- exigió sin dejarse intimidar un ápice. No iba a permitir que nadie tratara así al Décimo, ni si quiera a él.
Por un momento, todos creyeron que la sala de reuniones acabaría convertida en un campo de batalla, pero finalmente Reborn cedió con un despectivo chasquido de lengua.
-Mocosos ingratos- masculló, y arrastrando la silla sin ningún cuidado se puso de pie y salió de la estancia con un portazo.
Fue Gokudera quien carraspeó de manera sonora, intentando romper la tensión del ambiente, y se puso con calma al frente de la reunión.
-Bien, como supondréis eso cambia muchas cosas. Lo más inmediato es retirar al Décimo de los trabajos que comporten violencia y riesgo. Siento daros más trabajo, pero me gustaría repartir sus tareas entre vosotros- pidió.
La mayoría asintió conforme. Hibari se limitó a permanecer indiferente, como si la cosa no fuera con él. Mukuro sonrió con malicia y aseguró que enviaría a Fran a hacer su trabajo. Gokudera les puso al corriente de algunos otros asuntos prácticos y cedió la palabra a Tsuna, que aprovechó que estaban todos allí para ponerles al día de las próximas acciones que llevaría a cabo la familia. Desde que había asumido el cargo, Vongola se había convertido en una especie de protectores de los civiles, por lo que ahora que la base estaba operativa al 100% podían ampliar la red que les permitían detectar amenazas con anterioridad. Aunque no se negaba a usar la fuerza para proteger a los suyos cuando era necesario, aquella sería siempre su última opción, así que tocaba establecer contactos, ampliar la red de refugios y poner a los analistas a trabajar.
-¿Alguna pregunta?- inquirió al terminar.
-¿Cuándo nacerá el bebé, Tsuna?- preguntó emocionado Yamamoto.
-¿Ya has pensado en el nombre, jefe?- quiso saber Chrome.
-¿Puedo irme ya?- inquirió Hibari con evidente aburrimiento.
-Voy a preparar una fiesta EXTREMA para el bebé- decidió Ryohei, empezando a parlotear animadamente de pañales y guantes de boxeo en miniatura.
Tsuna suspiró derrotado. Se refería al trabajo pero era evidente que después de la noticia que había soltado, el trabajo estaba lo último en la lista de interés de sus guardianes. Tras pedirle a Hibari que esperase porque tenía algo urgente que asignarle, se resignó a contestar las cientos de atropelladas preguntas de sus guardianes. En un primer momento se sentía algo incómodo, pero al ver la naturalidad con la que aceptaban su situación empezó a relajarse casi sin darse cuenta. No estaba solo. Por extraña que fuera la situación y diferentes que fueran todos ellos, podía contar con sus guardianes, su familia, para lo que hiciera falta. Y eso hacía que la idea de traer una criatura al mundo fuera un poco menos aterradora, pensó, llevándose las manos al vientre y sonriendo animado.
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Reborn paseaba nervioso de un lado al otro del pasillo. Había salido de la sala de reuniones al darse cuenta de que Hayato tenía razón: había perdido por completo el férreo autocontrol del que tan orgulloso se sentía. En realidad hacía tiempo que le costaba reconocerse a sí mismo. Desde que se enteró de que Tsuna estaba embarazado, tuvo que admitir. No, desde que supo que Tsuna estaba interesado en alguien que no era él, se corrigió.
-Maldición- gruñó, y asestó un puñetazo tan brutal a la pared que incluso dejó una pequeña grieta.
Aquello no tenía nada que ver con sus responsabilidades ni con haber fallado como tutor, por mucho que fuera esa la excusa que se repetía una y otra vez. Tenía que ver única y exclusivamente con sus sentimientos frustrados. No sabía cómo ni cuándo, pero había acabado enamorado de Tsuna, y la simple idea de que alguien que no fuera él le hubiese puesto la mano encima le hacía hervir la sangre. Su parte racional sabía que no tenía derecho a ello. No eran pareja, no tenían una relación y como dolorosamente había señalado Tsuna, era mayor para hacer lo que quisiera sin contar con él. Pero los sentimientos nunca eran racionales. Más valía que se alejara de allí, porque aunque tras pensarlo más fríamente estaba casi seguro de que Mukuro no era el padre, no sabía lo que era capaz de hacerle en ese momento si se cruzaba con él.
Se metió en el ascensor y bajó hasta las salas de entrenamiento subterráneas, decidido a deshacerse de aquella sensación de frustración. Varios de los subordinados estaban practicando ejercicios básicos y parecieron encantados de contar con la inusual presencia del célebre Reborn. El hitman se aflojó la corbata, dejó el sombrero en la mesa lateral y se plantó en el centro de la sala.
-Bien... ¿quién se cree capaz de darme una buena pelea?- inquirió, con una sonrisa macabra.
