Cuando despertó, Harry se encontró acostado en una cama del ala hospital de Hogwarts. Vio que Ron estaba sentado en una cama junto a él y tenía una pierna vendada, y Hermione estaba en una silla entre los dos. Ambos tenían caras muy largas.

—¿Qué pasa? ¿Por qué esas caras?—preguntó Harry, inquieto.

—Ese idiota de Fudge se ha enterado de que el profesor Lupin es un hombre lobo y se ha puesto hecho una furia—dijo Hermione.

Entonces Harry recordó todo lo ocurrido, y también que Hermione había dicho que Lupin era un hombre lobo.

—¿Cómo supiste que...?—miró a Hermione.

—¿...el profesor Lupin era un hombre lobo? Bueno, Snape...el profesor Snape nos ordenó hacer ese trabajo de investigación sobre los hombres lobo, me di cuenta de que Lupin nunca estaba visible los días siguientes a las noches de luna llena, las cicatrices en su cara, la ropa harapienta...

—¿La ropa harapienta?

—Hay toda clase de leyes que hacen que los hombres lobo no puedan encontrar trabajo, de manera que siempre andan muy mal de dinero, y por eso el profesor lleva ropa harapienta. Son muchos pequeños indicios, pero al final sumé dos y dos.

—Fudge ha dicho que si Dumbledore no despide a Lupin ahora mismo, avisará al Consejo Escolar, y ellos no solo despedirán a Lupin sino que probablemente también a Dumbledore—intervino Ron.

—Pero no entiendo nada. ¿Dónde estaba Lupin las noches de luna llena durante este año? ¿Por qué no se puso a atacar a todo el mundo entonces?

—Poción Matalobos—dijo la señora Pomfrey, saliendo de su despacho. —Es una poción que, aunque no impide las transformaciones, sí las hace poco peligrosas. La transformación se produce, pero el licántropo que la toma no se vuelve violento al transformarse sino que conserva su lucidez. Se inventó después de que el profesor Lupin estudiara en Hogwarts. Este año el profesor Snape ha estado preparándosela, pero esta noche, no sé por qué, se le olvidó tomarla. Lo sé porque el profesor Snape me lo ha dicho, fue a su despacho a dársela y se había ido corriendo.

Harry, entonces, recordó a Snape entrando en el despacho de Lupin el día de la primera visita a Hogsmeade con la poción humeante.

—¿Y la preparó bien?—preguntó Harry, pensando que por resentimiento quizá Snape la había preparado mal aposta.

—¡Pues claro que sí!—replicó secamente la señora Pomfrey. — ¿Acaso está usted cuestionando la profesionalidad del profesor Snape? Yo me he encargado de cuidar al profesor Lupin todas las noches de sus transformaciones a lo largo de este año, y puedo asegurarle que es así. Y ahora descanse, no es ninguna broma eso de encontrarse con decenas de dementores, incluso si gracias a la intervención del señor Black ha salido con bien.

—¿Cómo está Sirius?—preguntó.

—Bien, ahora está consolando al profesor Hagrid.

—¿Consolándole? ¿De qué?...oh, no...—hizo una pausa porque no se atrevía a preguntar. Finalmente logró reunir fuerzas para ello. —¿Buckbeak?

Hermione asintió, y Harry notó que la chica estaba a punto de llorar.

—Ni siquiera le han permitido enterrarlo—bufó Ron. —El verdugo, ese cabrón de Walden Macnair, que encima es un ex mortífago, dijo que había que llevarse el cadáver para incinerarlo por si tuviera alguna enfermedad.

—Y encima ese canalla de Draco Malfoy se rió en mi cara cuando se cruzó conmigo hace un rato. Me dijo que nos enviaría la cabeza para que decoráramos la sala común de Gryffindor—Hermione ahogó un sollozo.

—Pues como se le ocurra hacer tal cosa, Fred, George y yo le daremos tal paliza que deseará no haber nacido—dijo fieramente Ron.

¿Eran imaginaciones de Harry o en la cara de Hermione había aparecido por un instante una expresión de ternura? Imaginaciones suyas. Aunque sin duda Ron no hablaba por hablar. Y tenía muy claro que los gemelos participarían de muy buena gana. Y qué diablos, él también, aunque físicamente no era muy fuerte, muy al contrario que los hermanos Weasley. Pero eso ahora no importaba, porque de pronto, al darse cuenta de todo lo que había pasado, Harry sintió que el mundo se le venía encima. Todo se había torcido del modo más horrible. Draco Malfoy se había salido con la suya pese a los esfuerzos de los tres. El culpable de la muerte de sus padres había escapado, y quizá incluso ayudaría a Voldemort a regresar, tal como había dicho Trelawney. Dumbledore tendría que despedir a Lupin si no quería ser destituido.

—Debería haber dejado que Sirius matara a Pettigrew. Por lo menos así se habría hecho justicia con mis padres—dijo apretando los puños.

—Ya basta—intervino la señora Pomfrey. —Señorita Granger, vuélvase a su dormitorio. Señor Weasley, señor Potter, descansen. Es necesario para que se recuperen de lo ocurrido esta noche. No se preocupen por el profesor Lupin, ahora está seguro en la Casa de los Gritos.

—¿Qué?

—¡Ah, claro, usted no lo sabe! La Casa de los Gritos se construyó cuando él vino a Hogwarts a estudiar. Las noches de luna llena lo llevábamos allí, y el Sauce Boxeador, que se plantó por entonces, mantenía a raya a quienes descubrieran la entrada. La gente creyó que los gritos que daba mientras estaba transformado en lobo eran gritos de espíritus desatados, y el profesor Dumbledore y yo nos ocupamos de que siguieran creyéndolo. Durante esos años nunca hubo ningún fallo de seguridad y jamás atacó a nadie, y ahora tampoco. Además del sauce boxeador para vigilar la entrada desde Hogwarts, la Auror Nymphadora Tonks está vigilando la Casa de los Gritos en Hogsmeade, y cuando amanezca se ocupará de curar sus heridas y ayudarle a limpiarse y vestirse. Todo está bajo control, de modo que hagan el favor de hacer lo que les he dicho.

—Pero...

—Nada de "peros", señor Potter, señorita Granger, señor Weasley. He dicho que a descansar.

Y aunque de mala gana, los tres muchachos obedecieron.

Al día siguiente, Sirius entró en la enfermería. Lupin iba con él. Tenía muy mala cara, pero estaba bien vestido y arreglado, mucho mejor de lo que Harry le había visto en todo el curso.

—Como ves, Remus va hecho un pincel—dijo Sirius. —Un toque femenino, gracias a mi querida sobrina—le guiñó un ojo a Harry.

—Hola, Harry. Hola, Ron. Vengo a despedirme de vosotros—dijo Remus Lupin.

—¿Qué? ¿De qué está hablando?—dijo Harry, mientras Sirius le miraba muy serio.

—He presentado mi dimisión como profesor.

—¡Pero eso no puede ser!¡Usted ha sido el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que hemos tenido!

—Estoy de acuerdo—intervino Ron.

—Y también soy un licántropo que pone en peligro la integridad de sus alumnos—respondió Remus Lupin.

—Eso es una estupidez, Remus. Tomando la poción matalobos has podido llevar una vida casi normal, nadie se habría enterado de que eres un hombre lobo de no ser por el incidente de anoche.

—Puede ser. Pero si me quedo, Dumbledore tendrá problemas. Podrían incluso despedirle como director. Ya ocurrió el año pasado, ¿lo habéis olvidado?

—No—suspiró Harry.

—Pero si Dumbledore se va, elegirían a la profesora McGonagall, eso tampoco estaría tan mal, ¿no?—preguntó Ron, dubitativo.

—Desde luego. Pero el problema es que Minerva...la profesora McGonagall no es precisamente popular en el Consejo Escolar de Hogwarts. Piensa que todos sus componentes han sido alumnos suyos y no guardan buen recuerdo de su severidad. En cambio, hay otro profesor que no les dio clase, al que algunos recuerdan como compañero...y que contaría con el dinero de Lucius Malfoy para apoyarlo.

—Snape—Harry sintió un estremecimiento de horror al pensar en la sola idea de Snape como director.

—¿Estás de broma, Remus? ¿Quejic...Snape como director?

—Me temo que no. Además, a raíz de lo ocurrido en los dos cursos anteriores, hay temor de que algún día Voldemort regrese, y algunos consideran que quizá con un ex mortífago al frente de Hogwarts, incluso podrían salir favorecidos. La única razón por la que Dumbledore recuperó su puesto el año pasado tras su destitución fue el miedo. Buscaban que les salvara del monstruo que creían que había raptado a la hermana de Ron. Pero ahora que el peligro ha pasado, Dumbledore ya no está tan seguro como antes. Y si sigo aquí, el Ministerio tendrá el pretexto perfecto para intervenir en Hogwarts de forma que como mínimo Dumbledore ya no tenga la autonomía que tenía.

—No puedo creer lo que oigo—bufó Harry.

—Ni yo tampoco. ¿Eso es todo, Remus? ¿Simplemente cedemos al chantaje y ya está?

—Sirius, hay que saber cuándo retirarse. ¿Qué es más importante, que yo tenga un trabajo que antes o después perdería cuando se filtrara mi condición, o que Dumbledore siga al frente de Hogwarts? Esta no es una batalla que podamos ganar.

Sirius se cruzó de brazos y frunció el ceño, pero no dijo nada. Ni Harry o Ron.

—Además, la gente de mi condición estamos acostumbrados a esto. No te preocupes por mí, Sirius, estaré bien.

—Pues claro que vas a estar bien, viejo amigo. No voy a consentir que sigas viviendo en ese cuchitril ni vistiendo harapos. Y desde luego, me aseguraré de que tengas poción matalobos cada mes.

—La poción matalobos es cara.

—Remus, me sobra el dinero, cuando me desbloqueen las cuentas de Gringotts tendré más que suficiente para eso. Y creo que Harry también podría ayudar, ¿verdad?

—¡Desde luego!—exclamó Harry.

—Harry, es el dinero de tu padre.

—Si estuvieran aquí, estoy seguro de que mi padre gastaría lo que hiciera falta. Porque él sabía que eras un hombre lobo, ¿verdad?—añadió.

—Verdad—asintió Sirius. —Hay algo que no te hemos contado. ¿Se lo cuento yo o se lo cuentas tú?—miró a Remus.

—Cuéntaselo tú.

—¿Sabes por qué tu padre y yo nos convertimos en Animagos?—Harry notó que no mencionaba a Peter.

—No sabía que mi padre era un Animago

—Lo era...un ciervo, como tu Patronus de anoche.

—¡Por eso le apodabais Cornamenta!

—Así es. Nos convertimos en Animagos para poder estar con Remus las noches de luna llena. Yo entraba en la Casa de los Gritos desde el Sauce Boxeador, Remus se calmaba al verme, salíamos juntos, y los tres —Harry volvió a notar que Sirius no mencionaba a Peter—explorábamos Hogwarts.

—Y el fruto de nuestras exploraciones fue esto—Remus sacó el Mapa del Merodeador de su túnica. —Y como ya no soy tu profesor, puedo devolvértelo sin problemas.

—Profesor Lupin, el carruaje está a la puerta—dijo Dumbledore, entrando.

—Gracias, director —dijo Remus. —Harry, nos vemos. Hasta entonces...—tocó el Mapa con la varita—...¡travesura realizada!

Remus le entregó el Mapa a Harry y salió acompañado por Sirius. Dumbledore se quedó mirando a Harry.

—¿A que viene esa cara tan larga?—le preguntó el anciano director.

—Pettigrew ha escapado, Malfoy se ha salido con la suya con Buckbeak, y el profesor Lupin ha tenido que dimitir para que usted no corra peligro de perder su puesto como director. Todo ha salido mal.

—¡Oh, no, no, Harry! —le corrigió Dumbledore.—Todo ha salido bien. Has descubierto la verdad sobre lo que pasó a su padre, y sobre todo, has conseguido salvar a un hombre inocente, al cual le has dado la oportunidad de volver a empezar.

—Pero lo de Pettigrew...

—Ahora está desenmascarado, y tiene una orden de búsqueda y captura. No puede ir a ninguna parte.

—Hay algo más, señor.

Harry, entonces, le contó lo ocurrido con la profesora Trelawney.

—Interesante...parece que estamos ante su segunda profecía correcta, quizá tenga que subirle el sueldo.

—¿Significa eso que Voldemort va a volver y que Pettigrew le va a ayudar?

—Pudiera ser.

—Entonces será culpa mía por no haber permitido que Sirius le matara.

—Harry, el darle vueltas al "qué habría pasado si" no lleva a ninguna parte. Sobre todo porque en realidad nunca lo sabrás. Peter Pettigrew tiene una deuda de vida contigo, y eso puede serte de ayuda cuando menos te lo esperes. Además, te aseguro que ser cómplice de un asesinato a sangre fría te deja marcas que no se pueden borrar y más a una edad tan joven como la tuya. Por último, si Sirius Black hubiera matado a Peter, habría cometido realmente uno de los crímenes por los que se le encarceló y habría vuelto a Azkaban, donde le habrían dado el Beso del Dementor más que rápido. Eso por no hablar de que la carrera de Nymphadora Tonks habría quedado dañada casi antes de empezar, Kingsley Shacklebolt habría perdido su trabajo, y yo habría quedado marcado ante el Ministerio, lo que habría facilitado mucho las cosas a quienes buscan destruirme. Como ves, las cosas no son tan simples. Céntrate en el momento presente. Sirius ha sido rehabilitado y podrá ejercer como tu padrino. Y por lo que me ha dicho, tiene la intención de compensarte por los doce años que ha perdido.

—Lo entiendo, señor—dijo Harry, más animado.

Ese mismo día, Harry, Ron y Hermione visitaron a Hagrid. Hagrid estaba muy desconsolado por la muerte de su querido hipogrifo, pero por otra parte estaba muy feliz por la rehabilitación de Sirius.

—Anoche fue a verte, ¿no?

—Así es. Es un bala perdida pero es un buen tipo, es muy leal a sus amigos y daría su vida por ti, Harry. No sé si te das cuenta, pero eres muy afortunado, Harry.

—¿Por qué? Mi vida fuera de Hogwarts es un asco.

—No digas más tonterías. Sí, esos muggles con los que vives son unos idiotas, pero mira un poco más allá. Eres muy rico y muy poderoso.

—Rico, sí, tengo el dinero de mis padres, pero no soy especialmente poderoso. Soy un mago normalito—le contradijo Harry.

Hagrid se rió.

—No hablaba de esa clase de riquezas ni de poder. Ese es el tipo de cosas que interesan a gentuza como los Malfoy o Quien ya sabes. Hablo de una riqueza mucho más grande, que es esta: cuántas personas hay que te quieren, y sobre todo, que te quieran tanto que darían su vida por ti.

Harry sintió una emoción tan intensa que tuvo que contener las lágrimas. Era cierto, muy cierto, y había sido un necio por no darse cuenta.

—Y eso te da un poder muy especial, un poder que Quien ya sabes no conocía ni comprendía. Todas estas personas te seguirían a cualquier parte, y harían por ti cualquier cosa solo con que se lo pidieras. Quien ya sabes, en cambio, simplemente se hacía obedecer por el miedo y la ambición. ¿Lo entiendes?

—Creo que sí—asintió Harry, muy conmovido.

Finalmente, el curso terminó. Malfoy no cumplió su baladronada de mandar como regalo la cabeza de Buckbeak pero se burló de ellos a costa de Lupin. Aunque Ginny, a quien habían puesto al tanto de todo, intervino en una ocasión diciendo:

—Ten cuidado, no sea que Sirius Black se entere y lleve al profesor Lupin a tu casa una noche de luna llena. Tengo entendido que a los hombres lobos les gustan mucho los niños rubitos y blanquitos como tú.

Malfoy enrojeció tanto que podría haber servido para estandarte de Gryffindor, con su piel roja y su pelo rubio. Harry, Ron, Hermione y los gemelos Weasley se rieron y entraron en el comedor para oír el discurso final de Dumbledore y la entrega de la Copa de las Casas (que Gryffindor ganó por amplia ventaja).

¡Hola! Espero que esta versión alternativa de "El prisionero de Azkaban" os haya gustado. Si es así, prometo continuar la historia con una versión alternativa de "El cáliz de fuego" en la que Harry bailará con Ginny y no con la chinita llorona. ¡Saludos, pottermaníacos!