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Damian nunca pensó que llegaría ese momento en su vida, su graduación estaba cerca, y eso no solo significaba el inicio de su vida de adulto al asistir a la mejor Universidad del país, sino que también, más o menos por la misma fecha, se anunciaría su compromiso.
A pesar de que su padre había ido a la cárcel, por estar vinculado a un plan para desatar la guerra entre Westalis y Ostania, Damian seguía siendo un Desmond. Por esa razón los ancianos de la familia habían decidido comprometerlo, hace unos diez años atrás, con una de las herederas de los fundadores y dueños de las principales líneas de trenes en el país.
Pero había un problema, él tenía a alguien en ese instante, una persona de la cual se había enamorado desde los seis años.
Ninguno de los implicados le daba nombre a esa relación, pero era una en donde salían de vez en cuando, hablaban de todo, se conocían muy bien, se tomaban de las manos y se besaban, solo que no eran novios, porque sabían que eso se terminaría el día en el que su compromiso se hiciera público.
Ambos sabían que el final estaba cerca, pero aun así se abrazaban como si fuera el ultimo día; aun así, hablaban todo el tiempo; aun así, se decían todo y nada a la vez; aun así, se besaban desesperadamente…
Todos en Eden lo sabían, sabían que Anya y Damian eran algo, pero no querían preguntar. Además, los estudiantes conocían del compromiso del castaño porque él lo había mencionado cuando tenía ocho años, tiempo antes de comenzar esa relación.
En ese instante, ambos estaban en el lago Stella disfrutando del ambiente y la vista, aunque Damian estaba ocupado observándola como siempre, enamorado.
—¿Qué me miras, segundo? — le preguntó ella, nerviosa, a veces la manera en que él la miraba asustaba a Anya, ya que el Desmond lo hacía como si estuviera contemplando una obra de arte mientras que en su mente pensaba en cómo todo aquello debía acabar.
—¿Acaso es ilegal mirarte? — respondió Damian, alzando la ceja en confusión.
—No, pero normalmente te quedas así por mucho tiempo— reclamó ella aun con el sonrojo en la cara —Te voy a empezar a cobrar cada vez que me mires por más de cinco minutos, me haré millonaria—
El Desmond rió ante las palabras de la pelirrosa; no lo diría, pero amaba esas ocurrencias —Bueno, está bien, ya no te mirare— dijo el castaño tapándose los ojos con las manos.
Anya giro los ojos ante esto e intento descubrirlos mientras se reía.
A Damian le encantaban estos momentos donde no se decían nada, así como aquellos en donde se decían cumplidos o palabras bonitas que no terminaban en nada porque ambos recordaban que en cualquier momento se terminaría.
Cualquier cosa que la Forger hiciera le encantaba.
Entonces la besó porque sus ocurrencias por más absurdas que fueran, siempre merecían un beso. Poco a poco el beso se profundizó y terminaron acostados en el césped mientras sus manos recorrían el cuerpo del otro. Eso era lo máximo a lo que llegaban ya que el intimar con el otro, era una línea que no se permitían cruzar.
Para Damian, Anya parecía inocente la mayor parte del tiempo, lo que le asustaba, a pesar de saber que la pelirrosa tenía su lado demoníaco. Aunque, si se trataba de él, tampoco podía considerarse un ángel.
Había muchas diferencias entre ambos, además de la clase social. Al principio, Damian pensó que esas diferencias harían que dejara de gustarle, pero mientras más se conocían, más se enamoraban.
Se complementaban en muchas cosas; ambos se corregían cuando sabían que el otro estaba equivocado. El chico le ayudaba con las materias que no entendía, y ella aliviaba la frustración que él sentía cuando algo no le salía bien.
Esa "no cita" como él le denominaba duro menos de una hora, pero él se sentía más feliz que nunca, y si era sincero quería que las cosas se quedaran así para siempre.
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Anya no lo decía en voz alta, pero de vez en cuando ella se imaginaba caminando hacia el altar para casarse con Damian, y sabía que él también lo hacía, porque podía verlo en sus pensamientos, y todo estaba bien ya que nadie hablaba sobre eso, pero de vez en cuando, sin querer ambos se olvidaban del compromiso y ella mencionaba la idea del matrimonio. En esos momentos, la expresión del Desmond se transformaba en puro pánico, a lo que ella se disculpaba diciendo —Se me olvido que estabas comprometido— como si fuera lo más normal del mundo, pero por dentro la pelirrosa se sentía herida, y solo lo sabía Becky.
El Desmond no estaba seguro de poder dejarla atrás, pero tampoco estaba seguro de traicionar las aspiraciones de sus familiares, él no podía desafiar el deseo de los mayores, él no sabía nada de la vida.
Por esa razón la Forger no lo presionaba, porque sabía que eso terminará, aunque ninguno de los dos quería que sucediera.
En ocasiones raras Damian le decía algo diferente a lo habitual, olvidando de la naturaleza de la relación, como —Cuando nos casemos usaras esas flores en tu ramo—, en esos momentos el rostro de la pelirrosa se enrojecía por completo, y su corazón empezaba a latir con fuerza.
Damian es guapo, un rasgo que heredó de su madre, ya que su padre no era tan agraciado físicamente, pero esos días, en donde él decía ese tipo de cosas, el atractivo del chico aumentaba para la psíquica; a ella le encantaba verlo sonrojado, nervioso, y, sobre todo, mirándola de esa manera única.
En esos días ella lo besaba y cambiaba de tema de inmediato para no escuchar cómo el chico al que ama decía algo doloroso como —Perdón, pero me tengo que casar con alguien más—
Anya sabía que eso era vivir en negación, y que todo esto al final del día era una mentira, pero ella prefería mantener las cosas así.
Pero ¿Qué podían hacer?...
–Huir– esa idea se asomó en la cabeza del castaño de manera silenciosa, pero él solo la ignoró.
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Anya y Damian se encargaban de cuidar a los hermanos menores de la Forger de vez en cuando, ahora que su antigua niñera, Franky Franklin, tenía hijos propios a los que atender.
La pareja hacía una buena combinación, ya que mientras que él era estricto y mantenía las reglas claras, la pelirrosa era comprensiva mimando a sus hermanos de vez en cuando con dulces o maní, lo que provocaba las quejas del castaño, que insistía en que no se debía premiar a alguien sin que se lo hubiese ganado.
Damian nunca lo decía en voz alta, pero le encantaba esta interacción que tenía con ella.
Por un momento, el compromiso que lo atormentaba se desvanecía, y se podía imaginar que estos eran sus hijos y que están viviendo un día normal en familia, la Forger lo sabía todo al leerle la mente.
—¿Te gustaría tener hijos algún día? — Ella le preguntó llamando la atención del chico que se había perdido en la fantasía eterna de tener una familia con la chica.
—Si— respondió Damian, como si fuera algo obvio, después de todo, debía continuar con el linaje de los Desmond. Aunque en su mente, ya había decidido que rompería con los traumas generacionales y se esforzaría por ser un buen padre.
Ninguno de los dos lo expresaba abiertamente, pero para ese punto, ambos ya se habían imaginado juntos hasta la vejez, a pesar de que aún eran adolescentes y que sabían que era algo imposible. Pero esos pensamientos se quedaban guardados en sus corazones.
—Ya me imagino que será un mini segundo, igual de odioso que tu— bromeó Anya mientras terminaban de lavar los platos en la cocina.
—¿Odioso como yo? Sería como tú, ya que el comportamiento se hereda de la madre— respondió Damian, con una sonrisa.
Ambos se sonrojaron de inmediato al comprender lo que las palabras del castaño implicaban.
Ahí estaba, el tema prohibido otra vez, solo que esa vez fueron interrumpidos por James –el menor de los Forger–
Anya sabía que él se está imaginando a sus futuros hijos y eso la alegraba, pero a la vez Damian se veía atormentado por pensamientos sobre su deber como segundo hijo y otras responsabilidades que le pesaban.
Pero ¿Qué podía hacer al respecto?...
–Huir– esa idea llego a la cabeza de Damian otra vez, solo que un poco más presente, pero como siempre decidió ignorarla.
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El día en el que los futuros esposos se conocieron llegó de improviso. Al parecer, adelantaron el encuentro entre los futuros novios debido a que los Durr mayores tenían una reunión de negocios cerca de la graduación de Damian. Después de una breve charla entre las familias, los dejaron solos en el comedor, aunque acompañados por discretos chaperones.
Katherine Durr era una joven rubia, alta y delgada, con ojos azules brillantes. Era hija única, tenía dieciocho años y era la mejor en su colegio. Le apasionaban la esgrima, la equitación y el croquet. Amaba el ballet y el teatro, y su compositor favorito era Chopin –igual que él–. Aunque planeaba estudiar administración de empresas para ayudar en los negocios familiares, su verdadero sueño era ser madre y aprender todo lo que la vida pudiera ofrecerle. Eso fue lo poco que Damian aprendió durante la reunión.
Cualquiera que la conociera pensaría que Katherine era la chica perfecta, pero para él, no lo era.
En algún momento de su vida, Damian había pensado que quizás al conocer a su prometida, su perspectiva cambiaría, que tal vez se enamoraría como en las novelas. Pero...
En ningún momento su corazón se aceleró, ni el mundo se volvió más colorido, ni comenzó a andar más lento...
Durante toda la cita, no dejó de pensar en Anya, quien era completamente diferente, comenzando por el hecho de que la pelirrosa de seguro ni siquiera sabía lo que era la equitación.
Había tenido a la rubia en frente, y, aun así, Anya con su infantilidad y gustos por los maníes le parecía más perfecta que la Durr.
–¿Cómo es? ¿Es linda? – le preguntaron sus amigos al llegar al dormitorio.
–Es linda– Eso fue lo único que el castaño respondió, pero quería decir –Pero no tan linda como Forger– solo que no lo hizo. No les dio muchos detalles y simplemente se fue a dormir, estaba cansado, y al parecer estaría cansado por el resto de su vida.
Pero ¿Qué podía hacer?...
–Huir– otra vez esa idea estúpida volvió, pero hizo lo de siempre, ignorarla.
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Dos días después él decidió ir a desayunar a su cafetería favorita en la ciudad, para distraerse un poco de sus pensamientos respecto a los deberes como Desmond, de sus pensamientos hacia Anya, entre otras cosas que lo tenían preocupado.
Y después de pedir la comida, Julia –una de sus amigas, ex erudita imperial– entro al restaurante, se sentó con él y empezaron a ponerse al día.
Como introducción ella le comentó que había seguido psicología a lo que él de broma le dijo —No me psicoanalices—, luego le comentó un poco de la Universidad, de sus amigos y de lo curioso de sus clases.
Y cuando le tocó el turno a él después de una breve introducción, le dijo —Conocí a mi prometida—
—¿Y cómo te fue con eso? —
—Mal—
—Pensé que estabas enamorado de esa plebeya con el cabello rosado y los ojos verdes que te mira como si estuviera analizando tu alma—
—Estamos saliendo, pero se terminará cuando se oficialice el compromiso— El Desmond le dio un sorbo a su café.
—Déjame entender esto— la castaña pauso —Amas a esa plebeya…—
—Anya— Damian le corrigió —Se llama Anya—
—Como sea— Julia giro los ojos —Amas a Anya pero no a tu prometida—
El castaño no respondió, no quiso confirmar o negar nada, solo intento sonreírle a su ex compañera, pero esa sonrisa en vez de ser una de felicidad termino siendo una melancólica y cansancio.
—¿Por qué te vas a casar con esa chica? — La mayor le preguntó.
—Porque es mi deber como Desmond— Damian le respondió un poco a la defensiva, aunque no lo hacía de manera intencional —Aunque tú ya sabes cómo es el deber de los herederos, tienes que sacrificar cosas por tu familia— Los Orwell eran los mejores criadores de caballos en toda Ostania, tenían varias propiedades dedicadas a esto, y hasta donde el castaño recordaba, cuando hablaba con la chica que tenía en frente a veces llegaba a la conclusión de que sus casos eran similares, ya que ambos buscaban la aprobación de sus familiares.
—Lo sabía— ella le respondió —Pero me revele, y por eso sigo psicología en vez de veterinaria—
Damian observo a la castaña sorprendido por lo que había escuchado, la tímida y correcta Julia Orwell se revelo ¿Qué había pasado durante todo el tiempo que no se habían visto?
—¿Sabes? Creo que deberías empezar a vivir tu vida— Julia le aconsejó
—¿A qué te refieres? — el Desmond alzo una ceja ante esas palabras.
—Todo lo que has hecho es para complacer a alguien más, nunca has hecho nada que te haga ser feliz, bueno andar con Anya—
—No sé de lo que estás hablando— Damian cambio de tema de inmediato, ya que no quería seguir atormentándose con lo mismo, él tenía un deber y lo iba a cumplir.
Cuando termino con su comida, el castaño se fue del lugar enojado.
¿Qué creía esa mujer con eso? Ya le demostraría que sería feliz con su prometida, de hecho, le enviaría fotos de la boda, de su vida y de sus logros.
Pero muy en el fondo Damian sabía que eso le enojaba porque ella tenía razón.
Al dormir, las palabras de la ex erudita imperial le llegaron a la cabeza, en pocas palabras le causaron insomnio pues recordaba que la mayor época de alegría en su mundo fue en el tiempo en el que estuvo con la pelirrosa.
Pero ¿Qué podía hacer?...
–Huir– En el momento en el que esas palabras le llegaron a la mente, no las intento olvidar, simplemente empezó a imaginar una vida lejos de los Desmond, a imaginar una vida con Anya, a imaginar una vida en libertad, y le asustaba que esa idea lo hiciera feliz.
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Damian pensó durante los siguientes días y llego a la conclusión que, para ser feliz, él debía marcharse del lugar o algo similar, ya que su familia nunca le dará el visto bueno para casarse con una plebeya.
Para ese punto él lo había pensado mucho, y eso era lo que quería, vivir una vida tranquila con Anya a su lado, ya que de todas las cosas que él había hecho en su vida, ella era lo único que se sentía correcto.
O tal y como su amiga lo dijo, ella es el único gusto que se había dado para ser feliz.
La pregunta era "¿Cómo?" ya que sabía lo que tenía que hacer, pero no sabía cómo llegar a ese punto.
Bueno, había muchas más preguntas, siendo una de las primeras si la Forger estaba de acuerdo y quería huir, aunque por las veces en las que ambos habían nombrado el matrimonio cuando estaban juntos, él estaba seguro de que ella también quería lo mismo.
Si, sonaba como algo descabellado, ya que tenían dieciocho años, pero por lo menos él estaba seguro de que quería estar para siempre con ella, quería darle todo de él.
Él estaba enamorado, muy enamorado, y después de pensarlo un poco ahora lo veía claro como el agua.
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Damian siempre había deseado ser un poco más como Anya, —directa, gentil, fiel a como es ella— y también quería pagarle todo lo que ella le había dado, pues estaba seguro que nadie podría aguantar como ella lo había hecho.
En ese instante estaban de nuevo en el lago Stella para que nadie los interrumpiera, ambos se estaban besando como siempre, con pasión y desesperación, tocando y besando lo que podían.
Ambos se separaron para ver al otro sin aliento y para controlarse de no ir más allá, y él la miro de una manera tan dulce que ella se tuvo que detener para no volver a besarlo.
Damian le tomó la mano de la pelirrosa —Te amo— Él le dijo por primera vez en toda su relación —Huyamos juntos y casémonos—
Anya se quedó petrificada ante aquellas palabras, ya que nunca pensó que el Desmond le haría ese tipo de propuesta, ya se estaba acostumbrando a la idea de que el amor de su vida se casaría con alguien más, por lo que creía que era una broma al principio, pero al analizar la mente del castaño, ella se dio cuenta de que por primera vez en mucho tiempo su mente estaba en blanco y en paz.
El Desmond se preocupó por un instante, ya que la pelirrosa se quedó en el lugar sin decir ni una sola palabra, y su cara de felicidad y tranquilidad cambió a una de preocupación.
—¿Hablas en serio? — Ella preguntó con algo de preocupación en su voz.
—Estoy hablando en serio, casémonos, huyamos lejos, muy lejos— él lo dijo de manera tranquila, aunque sintiendo un poco de desesperación en su interior, puesto a que el plan solo se daría si la Forger quisiera lo mismo, pero a pesar de eso, inconscientemente él le rogó con la mirada y le apretó un poco la mano.
Ella salió del trance durante un momento y se pellizcó a sí misma, incrédula por lo que escuchó —¿Estoy soñando? —
—Yo debería estar preguntando eso— El Desmond le sonrío —A veces cuando estoy contigo pienso que en cualquier momento voy a despertar—
Anya le dió un pequeño beso en los labios, pero siguió sin responder lo que asustó al castaño, ya que él siempre había sido rechazado por las personas a las que amaba, y que ella lo hiciera lo destrozaría, Damian no lo quería forzar por lo que guardó silencio de igual manera expectante mientras pensaba en lo mucho que amaba a la pelirrosa y que no podía vivir sin ella.
Al observar esos últimos pensamientos Anya empezó a llorar, ya que de alguna manera sentía alivio de que, al fin, el chico a quien amaba aceptara lo que quería, y quiera lo mismo que ella —Si— Ella se abalanzó sobre él y le dio besos por todo el rostro.
Él también la besó, besó sus cachetes, su frente, sus ojos y toda su cara, sintiendo como un peso se le había ido de los hombros.
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Damian respiraba profundamente, él intentaba no sentirse como un cobarde sobre el escape, pero era la única manera en la que podía tener una vida al lado de Anya. Él sabía los riesgos y las consecuencias de hacer esto, como que lo deshereden, o que sea un escándalo, y si… si le importaba, pero al ver a la pelirrosa ilusionada esos temores desaparecían.
Él tenía dos meses para formular un plan, lo había hablado con la Forger y aunque ella deseaba que sus padres estuvieran presentes el día de la boda, sabía que, si más personas conocían el plan, este podía arruinarse, además de que podían planear después una ceremonia más grande junto a sus seres queridos.
El problema es que Damian no sabía qué hacer, que papeles necesitaban, hacia donde podrían ir, entre otras cosas, Anya tampoco, pero al verlo desesperado le pidió que alguien más se sumara a la ecuación, por lo que hablaron con Becky, aunque el castaño pensaba que era una mala idea, ya que él no quería que hubiera alguna fuga de información.
Aun así, un día en el recreo la arrastraron hacia uno de los salones vacíos, para que nadie los pudiera escuchar, y en vez de que esta les dijera a los dos de que era una mala idea lo que harían, simplemente los ojos le empezaron a brillar y les dijo de manera dramática —Yo quiero ser la madrina—.
Damian quedó estupefacto, pero decidió no discutir.
Becky no es la última persona que se enteró, pues ella argumentó que necesitaban a Ewen o a Emile, ya que mientras más, mejor, así que lo hicieron, y sucedió lo mismo, en vez de que ambos se negaran, lo felicitaron y le desearon suerte en todo.
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Durante los siguientes días se detalló el plan.
Becky averiguó en el ayuntamiento que papeles necesitaba para casarse, pero se encontró con la matriarca Forger que le preguntó para quienes eran y la castaña usó como excusa que eran para una prima.
Ewen y Emile se encargaron de los anillos, unos baratos por el momento, ya que no necesitaban gastar mucho dinero, pues lo que tenían era para el inicio de su vida de casados, así que los rubios escogieron unas bandas de plata con una esmeralda en el centro tal y como los ojos de la novia.
No se podían casar en Berlint por lo que todos conocían que él era un Desmond y porque la madre de Anya trabajaba en el ayuntamiento, por lo que llegaron a la conclusión de que debían hacerlo en un pueblo pequeño y Ostania estaba lleno de ellos, pero después de pensar un poco Emile ofreció su pequeña mansión de campo en Brakel, a lo que Becky argumentó enojada —No permitiré que la boda de mi mejor amiga sea en un pueblito, debe ser en un lugar mágico— Posteriormente ella ofreció la mansión de los Blackbell en Rerick aludiendo que sus padres no iban a ir al lugar ya que estaban muy ocupados, al Desmond al principio le dio un poco de miedo, ya que aunque el padre de la castaña se veía como una persona normal, había escuchado que cuando él se enojaba era aterrador, pero al castaño no le pareció mala idea que su boda sea en la playa.
Los cinco irían en tren –el recorrido duraba cinco horas– un día de semana –ya que los ayuntamientos no trabajaban los fines de semana– así que todos buscarían una buena excusa para faltar al colegio.
Al finalizar la ceremonia –después de una pequeña celebración– los tres amigos regresarían a Berlint, dejando a los recién casados en su primera noche de bodas.
La Blackbell les aconsejo que se quedaran en su mansión durante una época –su luna de miel– y ellos le enviarían una carta cuando todo se tranquilice en Berlint, pero eso estaba bien con la pareja, sobre todo con Damian que quería desaparecer del lugar por un momento.
Alguna vez Anya le dijo que él era arrogante y testarudo, y tenía razón, y por eso se va a casar con ella, porque no va a aceptar a ninguna otra mujer en su vida.
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Fingieron terminar en frente de todos los estudiantes, para que no fuera sospechoso –esta fue una idea de Ewen–, pero el Desmond pensó que las personas sospecharían aún más, aunque no fue así, y los demás estudiantes dejaron de hablar del tema a la semana cuando un chisme más jugoso apareció.
No se hablaron en el colegio, pero Anya hablaba con Becky, Becky con los rubios, y Ewen y Emile con él. De esa manera se comunicaban y enviaban cartas de todo lo que se querían decir, cosas tan sencillas como lo que comieron en el almuerzo o algo un poco más serio como "Ya estoy empacando mis cosas"
Él quería verla, pero sabía que no tenía la oportunidad, tenían que esperar, por lo que en esos momentos de desesperación él inhalaba varias veces hasta calmarse, tenía que contenerse a sí mismo.
Había mucho que hacer.
Anya Desmond, era lo único que tenía en sus pensamientos y sueños.
Damian abrió su closet y empezó a empacar.
La preparación iba mejor de lo esperado.
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La fecha escogida para el plan fue el viernes doce de Julio, una semana antes de la fiesta de graduación y diez días previos al anuncio de su compromiso.
Entre planes, y el estrés de los exámenes finales llegó el día indicado.
Los tres chicos fingieron estar enfermos y nadie dijo nada, ya que los exámenes ya pasaron y ellos no tenían que hacer nada en el colegio, de esa manera el plan comenzó.
Sus amigos le ayudaron con la maleta primero, estos avanzaron por los pasillos escondiéndose primero, preferían hacerlo ellos ya que, si los encontraban se sacrificarían por su jefe.
Damian fue el último en salir, él miró alrededor de su habitación, y su corazón empezó a doler un poco, ya que esperaba ser feliz donde sea que vivieran con su esposa, pues él no estaba seguro de ser bueno con ese nuevo concepto de familia.
A pesar de todo lo que paso en su vida, él amaba a algunos miembros de su familia, y quería que ellos estuvieran presentes en ese día importante, pero ahora ¿Quién sabe hasta cuándo los volverá a ver?
El Desmond había tenido meses para lidiar con la angustia de tal vez dejar de ser un Desmond, de decepcionar a todos. Él esperaba que cuando regresaran las aguas estuvieran en calma y todo mejore.
De ahora en adelante él tomaría sus propias decisiones, conocería personas sin importarle el estatus social, recorrería ese nuevo mundo y a su lado estaria Anya
Los tres tomaron un taxi, nerviosos del futuro incierto.
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La última en llegar a la estación fue Anya, y cuando Damian la vio llegar sintió alivió, ya que lo hizo quince minutos tarde a lo acordado.
Los cinco subieron al tren, en donde hablaron de todo, menos de la boda, pues parecía un tema tabú, algo que si lo fuesen a nombrar se derrumbaría o pusiera nervioso a los implicados, bueno… no a él, porque estaba seguro de lo que quería.
A las dos horas Ewen se durmió, Becky empezó a leer un libro mientras que Emile miraba al paisaje, lo único que podía hacer el Desmond era tomarle la mano a su novia ya que se sentía nervioso, ni siquiera podía dormir, estaba alerta, paranoico, pensando en que los Desmond mayores estarían en la siguiente estación, o que los encontrarían antes de decir el "Si, acepto"
Ella le acarició su mano con el pulgar –Todo estará bien, segundo–
–Damian– Él le interrumpió –Llámame Damian– Durante todo este proceso, el castaño quería que ella lo llamara por su nombre, para hacerlo de alguna manera algo más real.
–Damian– Ella dijo –¿No te arrepentirás? – Anya preguntó, dudando de la motivación del chico para casarse con ella, dudando en si realmente la quería, si esto es lo que quería.
Él le acarició los cachetes y la miró directo a los ojos –Anya, te amo, te mostrare por el resto de nuestras vidas que mi corazón es solo tuyo–
–Mi corazón también es solo tuyo–
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Rerick era caluroso en Julio por esa misma razón, estaba lleno de turistas, pero a Damian Desmond no le importaba mucho ya que estaba muy nervioso y el corazón le latía de manera acelerada, pero así estaban todos, menos Anya, que lucía tranquila, todos fueron a la mansión Blackbell para dejar el equipaje de los futuros esposos y luego se dirigieron al ayuntamiento.
Ewen le preguntó a una persona al azar la dirección, y todos caminaron hacia donde este indicó, el castaño no sabía porque, pero el tiempo estaba avanzando lento, aunque para ese punto eran las dos de la tarde.
Llegaron al edificio, entregaron los papeles, y la anciana secretaria les dijo que esperaran hasta que los llamen, y eso es lo que hicieron, sentados en unas sillas incomodas, sin siquiera hablar por el miedo. El único cambio, fue el de ropa, pues Becky le obligo a ambos a usar algo más adecuado, pues según sus términos —No hay nada menos romántico que casarse en uniforme de colegio—
Dos horas después los llamaron y los testigos ingresaron primero al pequeño despacho en donde varias parejas habían entrado previamente.
Anya dudó por un momento, pero el Desmond lo entendía, ya que todos estaban así de tensos –¿Te vas a arrepentir? – Ella le preguntó por última vez.
Damian apretó su mano –No, nunca ¿Tu? –
–No, aunque preferiría que mi familia estuviera aquí– El corazón del castaño se le hizo pequeño, ya que sabía lo importante que eran los padres para la pelirrosa, pero aun así la abrazó, le dijo que todo estaba bien y le indicó que si ella no quería podían irse del lugar, solo que Anya le sonrió, le dijo que lo amaba, lo tomo de la mano y ambos caminaron hacia el interior de la oficina.
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La ceremonia duro aproximadamente una hora, en donde todo salió extrañamente bien, nadie dijo que se oponía, y ambos dijeron el sí acepto.
La pelirrosa entro como Anya Forger, y salió como Anya Desmond, y el castaño no podría estar más feliz.
Un fotógrafo les tomo una foto en el preciso momento en el que salieron del Ayuntamiento, y el Desmond la compró de inmediato, ya que necesitaba algo para recordar ese día.
Los cinco fueron a un restaurante en la playa después, ya que de los nervios no habían podido ni desayunar, así que comieron, y empezaron a hablar animosamente, y uno por uno de los amigos dio un brindis diferente, comenzando por los rubios que alabaron al castaño infinitamente y terminando con Becky, que dio un mensaje bonito sobre la amistad y sobre lo mucho que amaba a Anya.
Los esposos no podían dejar de sonreír, agradecidos con sus mejores amigos.
Aproximadamente a las seis de la tarde se dieron cuenta de la hora y fueron a la estación del tren, todos se despidieron, no sin antes darles un maletín con mucho, pero mucho dinero –Es nuestro regalo de bodas– dijo Emile.
Becky abrazó a Anya y empezó a llorar, porque sabía que no se iban a ver en mucho tiempo, luego le dio las llaves de la mansión –Toma, me las devuelves cuando regreses– le dijo –Y recuerda, usa protección, aún estoy muy joven para ser tía– los casados se sonrojaron de inmediato.
A los diez minutos llegó el tren, y los tres se fueron, dejando a Damian nervioso, solo que ese es un nuevo tipo de nerviosismo.
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La mansión estaba obscura al llegar, aunque era un pensamiento absurdo pensar que estaría iluminada, ya que los únicos que estarían en el lugar eran ellos.
Tanto la pelirrosa como el castaño, tomaron agua, y se prepararon para dormir, era su primera noche de casados.
Damian no quería presionarla, pero aun así su mente no podría dejar de pensar en lo que podría pasar.
Los esposos se instalaron en una de las habitaciones de la mansión, no quisieron hacerlo en la habitación principal ya que al Desmond quería una habitación que solo fuera de ellos.
Ambos llegaron al cuarto, se sacaron los zapatos y se acostaron en la cama, y sin darse cuenta, se quedaron profundamente dormidos, a pesar de haber hecho poco en ese día, ambos estaban cansados, cansados mentalmente por la tensión a la que se vieron expuestos.
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A diferencia de lo que el castaño pensó en un inicio, las primeras personas que los encontraron fueron otras.
Fue la siguiente mañana que iban a ir a recorrer el pueblo, él se encontró en la puerta a Yor Forger, Loid Forger, y Yuri Briar con mirada asesina, y por un momento Damian pensó que moriría, sobre todo después de que el pelinegro lo tomó del collar de su camisa preguntándole –¿Dónde está? –
En ese instante su ahora esposa bajaba las escaleras usando un vestido amarillo, ya que él le había dado su privacidad para cambiarse –No le hagan nada– la pelirrosa dice con algo de desesperación en su voz corriendo hacia ellos, ella sabía de lo que era capaz su tío Yuri.
–Anya, estas castigada de aquí hasta que te gradúes de la Universidad– Loid dijo con enojo y frustración en su voz –¿Qué estabas pensando? ¿Huir? ¿Con un chico? –
–Ella no lo planeo, fui yo– dijo el castaño con algo de dificultad, ya que aún se encontraba suspendido en el aire.
–Damian me caes bien, eres un buen chico, pero han causado un desastre total en Berlint–
–Él no hizo todo, yo lo ayude– Anya tocó suavemente la mano de su tío para que lo bajara.
–¿Estas embarazada? – El azabache le pregunto a su sobrina y ambos se sonrojaron ya que ni siquiera se habían tocado.
–¡No! – Ambos adolescentes exclamaron a la vez.
–Hu-huimos po-porque n-nos amamos– Damian dijo completamente nerviosismo por encarar la familia de su novia, pues ellos eran inocentes con respecto a todo.
Los tres adultos se miraron extrañados sin saber que decir.
–Hay que escucharlos– Yor dijo y el chico sintió alivio ya que de los tres, ella era la más comprensiva.
Y entonces todos se sentaron en la sala de la mansión de playa de los Blackbell.
La familia de su esposa primero explico que averiguaron su ubicación por medios externos –Damian se preguntaba cuales, ya que de este plan solo sabían pocas personas, y no se quería imaginar a los presentes torturando a sus amigos–, que Franky quería ir, pero se quedó con los Forger menores y que los Desmond estaban completamente furiosos, tanto que hasta habían mandado a llamar a Demetrius –la ahora cabeza de la familia– que se encontraba en un viaje de negocios en otro continente.
Cuando él comenzó a dar su perspectiva, Anya decidió interrumpirlo, y él dejó que ella siguiera, ya que la chica conocía a su familia, sabía que palabras decir. De esa manera ella les explicó el inicio de su relación, la incertidumbre de esta, el compromiso de Damian y de cómo concluyeron de que la única manera en la que podían arreglar todo era huyendo y casándose.
Las reacciones en la sala eran mixtas, Yor empezó a llorar por la tierna historia de amor que había escuchado, Yuri estaba enojado ya que esta era la segunda vez que un ser querido se casaba sin siquiera decirle, y Loid estaba serio analizando a ambos menores.
–¿Sabes que de ahora en adelante son una familia? – la pregunta que hace Yuri es retórica, por lo que Damian no respondió –Tendrás que proveer dinero para tu esposa, y si tienen hijos…– él pauso.
Damian les explicó que los hijos aún no están en sus planes de vida, que iban a esperar, que iban a estudiar y que iban a esforzarse.
–Sabes que tendrás que comenzar desde cero, vivir en un departamento pequeño, eso no es lo mismo que vivir en tu gran mansión, tu esposa te tiene que cocinar y la chihuahua no sabe– Damian sabía esto de antemano por lo que ambos tendrían que aprender –Y que su comida no va a ser la misma que la de los chefs en tu mansión– él estaba dispuesto a todo con tal de estar con Anya.
–Había otras opciones– Loid dijo seriamente –Podían haber esperado después de que se oficialice el compromiso–
–Mi familia me hubiera alejado de Anya, ya que la prensa los destruiría cuando me vieran con ella–Esta vez le tocaba defender a Damian las decisiones que habían tomado, ambos eran esposos por lo que era un equipo –Loid– el castaño lo llamo por su nombre para que su suegro supiera que estaba hablando en serio a pesar de que se sentía nervioso, necesitaba demostrar que la decisión que había tomado era firme –Sé que es algo apurado, pero sé que quiero vivir con Anya el resto de mi vida–
–Son muy jóvenes para decidir…– Yuri comentó.
–Yo tampoco sabía cocinar cuando me case– esta vez habló Yor sonriéndoles –Y puede que no vivamos en una mansión, pero podría vivir con mi familia debajo de un puente y eso me haría feliz, así que te entiendo– de inmediato la mayor le dio dos palmadas suaves al castaño, en apoyo a lo que está pasando –Si eso es lo que quieren, los apoyo– el Desmond respiró aliviado, por lo menos uno de los tres los apoyaba, quedaban dos.
–Yor…– Yuri le replicó en modo de regaño.
–Ya no podemos hacer nada Yuri, ya los papeles están firmados– ella le sonrio a su hermano esperando que este aceptara la decisión.
–Como sea– el azabache giró los ojos.
–Supongo que no podemos hacer nada, y ya que prometen que irán a la Universidad y seguirán adelante, lo permitiré– dijo el rubio sonriéndoles –Damian, bienvenido a los Forger– Loid Forger le extendió la mano y el castaño la tomó, solo que el rubio mayor le apretó un poco más fuerte de lo normal, como en modo de advertencia.
De esa manera los Forger los llevaron a vivir con ellos.
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Todos llegaron a Berlint el sábado en la tarde y los esposos se instalaron en la habitación de invitados –ya que el cuarto de la pelirrosa era un poco pequeño y muy rosado para ambos–, ese era su segundo hogar oficial y Damian no deja de sonreír de felicidad por lo que antes de entrar a la habitación por primera vez él la agarró al estilo princesa, y los Forger menores los veían con cara de asco.
La casa de los Forger era ruidosa, muy diferente a la silenciosa mansión de su familia o a la mansión de los Blackbell.
Todos tenían una rutina muy marcada, los miembros de la familia se levantaban temprano –Loid Forger era quien lo hacía más temprano para preparar el desayuno–, incluyendo los menores, todos desayunaban juntos hablando de cualquier tema, los más pequeños se arreglaban y se iban a Eden, y los padres también se iban a sus respectivos trabajos.
Los esposos se quedaban solos, pero el castaño no quería dar un paso más allá de los besos, ya que los padres de su esposa dormían al lado de su habitación –y aunque no estuvieran en casa, a él le perturbaba que de alguna manera los fueran a escuchar– además de que no quería traicionar la confianza que los mayores habían depositado en él.
Esa noche llegó Yuri Briar con regalos para los recién casados pues al parecer "La chihuahua" –como él llamaba a su esposa– era su sobrina favorita, entre estos obsequios había electrodomésticos, dulces y hasta una caja de condones –Esto es para que no tengan hijos aun– Damian se sonrojó por completo al recibir los últimos, ya que no le interesaba que los adultos del lugar supieran algún detalle de su vida sexual o la falta de esta.
Para hacer la noche más amena, se pusieron a jugar un juego de mesa, y para que el chico se acerque Yor le dio una palmadita a un asiento vacío, esa noche, el chico se sintió incluido en una dinámica familiar por primera vez en su vida y esto hacía que se sintiera extraño.
Damian no podía dejar de sentir que era un intruso, pero un intruso que quería ser parte de ese lugar para siempre.
El siguiente día fue similar, los Forger lo incluyeron en todo, en el desayuno, en el almuerzo, incluso en la noche, a la hora de la televisión, y Damian se ofreció como voluntario para enseñarle a los menores.
La pelirrosa amaba dormir con el castaño, ya que a pesar de que no hacían nada, la calidez de su cuerpo pegado al de él le daba una sensación diferente, una de complementariedad, y al leerle los pensamientos a su esposo ella sabía que él sentía lo mismo.
El tercer día Damian ayudó a hacer las tareas del hogar, y al darse cuenta de que no sabía cómo hacerlas, le pidió ayuda a la pelirrosa, quien le enseñó cosas sencillas como barrer, trapear o sacudir.
Su suegro cocinaba delicioso, por lo que esa misma tarde el castaño le pidió que le enseñara todo, a lo que el mayor le dio una tarea sencilla –pelar papas–, algo que se veía fácil, pero para alguien sin experiencia como él, era complicado.
El Desmond se cortaba y sangraba, pero no le importaba cuántas veces lo hacía, ya que se lavaba las manos y seguía adelante con la tarea, de alguna manera Loid Forger lo miraba de manera distinta ya que esos cortes le recordaban a su esposa cuando se estaba esforzando en el inicio de la familia.
–Tienes que hacerlo de esta manera– de esa manera el mayor le enseñó la técnica milenaria de pelar papás, algo que de seguro todos sabían, menos el castaño.
–¿Cuándo regresaran a clases? – Su suegro le preguntó un momento después.
–No lo sé– Damian le dijo con voz entristecida, pues, analizándolo bien, en el momento en el que ambos pongan un pie en el colegio, todos los estudiantes los juzgarían, ya que de seguro ya se habían enterado del chisme, además de que tenía miedo de que su familia los fuera a separar, o que estos buscaran una razón para finalizar con el matrimonio.
–Dijeron que casados iban a estudiar, pero si los expulsan del colegio semanas antes de la graduación, ninguna universidad los aceptara–
Damian inhaló profundamente, ya que sabía que el rubio tenía la razón, además de que no podía ir en contra de los deseos de Loid, ya les había permitido mucho –Mañana iremos–
Su suegro inhaló aliviado, y esta es la primera vez que el castaño lo vio haciendo esta acción, siempre había pensado que Loid Forger tenía todo bajo control, aunque pensándolo bien, esta situación era una sin control.
–Pero…– el chico comenzó, pero no terminó la frase, ya que a pesar de que esta en otro ambiente, internamente recordaba la dinámica de su familia y como estos no se hablaban más de lo necesario.
–¿Pero? – Loid le preguntó curioso.
–No, no es nada–
–Sé que estas en un lugar nuevo, con personas nuevas, pero ahora eres un Forger y debes confiar en nosotros–
El Desmond tragó hondo y lo dice de manera directa –¿Y si mi familia me intenta separar de Anya? Ellos tienen sus medios–
–Yo creo que deberías intentar hablar con ellos mejor– el rubio empezó a cortar las zanahorias –Darles tus motivos, y si las cosas no funcionan…– el rubio se giró hacia donde él estaba –Ahora eres un Forger, y tendrán que pasar por nosotros para llegar a ti– el castaño sintió alivio y tranquilidad al escuchar esa frase.
A la hora de la cena las papas del curry estaban cortadas de forma irregular, pero al Desmond le dio igual ya que este fue un plato que él ayudo a hacer con su esfuerzo.
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A pesar de las protestas de su esposa al siguiente día asistieron al colegio y fueron recibidos por susurros de los demás estudiantes –pero él hizo como que le daba igual–, y los abrazos de Becky, Ewen y Emile.
A ambos les dieron dos Tonitrus, uno por hacer un alboroto –Que poco elegante– y otro por faltar sin justificación.
A ninguno de los esposos les importó, ya que estaban juntos, hasta que a las once lo llamaron a la oficina del director, y en vez de encontrarse con este, se encontró con tres de los ancianos de su familia.
El regaño empezó fuerte, con ellos diciendo que él es una decepción completa, que gracias a él la desgracia ha llegado y esto hizo que Damian regrese a ser ese niño pequeño, aquel niño que buscaba la aprobación de todos para ser feliz, solo que esta vez a su lado imaginariamente apareció una niña de cabello rosa que lo tomó de la mano en apoyo.
–¿Acaso esa plebeya te lleno la mente de ideas absurdas sobre el amor? – preguntó uno de ellos
–No le digas así– Damian susurró –Ella es mi esposa– Por primera vez desde que estuvo ahí, él les respondió.
–¿Qué dijiste? –
–No le digas así, ella tiene un nombre, no la conoces, ella es linda y la amo– el castaño sonrió, ya que esta es la primera vez que se sentía en paz con todo.
–Si no piensas en ti, piensa en tu familia– esta vez hablo Harold Desmond, uno de los hermanos de su fallecido abuelo –¿Cómo van a quedar los Desmond delante de la sociedad? –
–Yo no amo a Katherine– él solo responde, ya que le da igual como quede la familia ante el resto del mundo, su padre ya los había hecho quedar mal, solo por casarse con una plebeya no cambiaría las cosas.
–Pero ¿Qué amor? El amor viene después, en la convivencia, nadie se casa enamorado, eso es en el cine, en las novelas– dijo uno de los mayores exasperado –Katherine es una buena muchacha, de buena posición, ella será una buena esposa y una buena madre, eso es lo que importa, el prestigio–
Damian no quiso responder, ya que llego a la conclusión de que no importaba cuantas veces les explicara, ellos seguirían diciendo lo mismo.
–Si solo querías sexo podríamos haberte contratado una prostituta– Richard Desmond le dijo –Que tuviera el mismo pelo y color de ojos–
Eso le enoja al castaño, ya que no está con la pelirrosa porque estaba con ganas de solo tener sexo, el sexo era algo no superficial, y claro que, si lo quería, pero también quería tomarla de la mano y contarle sobre su día mientras lavaban los platos.
Ante esos comentarios el castaño se levantó y se va en contra de las protestas de sus familiares, pero tragó hondo cuando escucha –Esperemos que Demetrius llegue y lo haga entrar en razón–.
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Demetrius llegó un día antes de la graduación, y no lo fue a ver a Eden como anteriormente lo hicieron los ancianos, tampoco lo citó a la mansión de los Desmond, sino que llegó directamente al hogar Forger, y en ese instante, todos estaban tomando el té de la tarde, quien lo atendió fue Loid Forger que, al observarlo, la expresión le cambió a una de completa seriedad.
–Solo estoy aquí para hablar– el mayor de los Desmond lo intentó tranquilizar, pero todos los adultos en la sala se pusieron tensos.
Anya sabía lo que todos pensaban, su padre pensaba en la gran posibilidad de opciones que había para proteger a Damian en el caso que se lo quisieran llevar a la fuerza, su madre pensaba en que la opción más fácil sería asesinar a su cuñado, los menores pensaban que querían más dulces y la mente de su esposo estaba en silencio absoluto, bueno, no… la mente de su esposo sonaba como si hubiera una interferencia, de esas que ella veía en la televisión cuando se acaba la programación del día.
La pelirrosa trago profundo.
–Yor, sírvele una taza de té a Demetrius– El rubio se giró hacia donde la azabache que de inmediato corrió hacia la cocina.
–No gracias, si les importa, quiero hablar a solas con mi hermano– Demetrius dijo tan serio como siempre.
–Niños vamos a dar un paseo– Loid dijo y todos caminaron hacia la puerta, incluyendo Bond y Anya
–No, tu no– Demetrius le dijo a la pelirrosa –También quiero hablar contigo–
De esa manera las únicas personas que quedaron en casa fueron los Desmond y la psíquica, ah… y un dispositivo de escucha que Loid implantó en uno de los muebles.
–Los Durr están molestos– es lo primero que el mayor dijo –Felicidades por la boda, por cierto–
Damian tragó hondo porque una cosa era enfrentarse a los ancianos, pero otra era enfrentarse a su hermano.
–Gracias– Anya respondió por los dos, a su vez le tomó la mano a su esposo.
–Damian…– el mayor pausó –No sé qué pasaba en tu mente cuando hiciste todo eso, pero quiero que sepas que estas en una posición comprometedora–
El castaño seguía sin hablar, se sentía un poco aterrado.
–Por lo que hicieron, pueden negarles oportunidades importantes, en la Universidad o en algún tipo de trabajo y ¿Cómo van a subsistir? No me imagino a un Desmond trabajando como mesero en un restaurante o vendiendo periódicos, los viejos tienen muchos contactos–
La mente del castaño cambió por un momento, ya que no había pensado las cosas de esa manera, él le quería dar todo a Anya, pero sin tener un trabajo adecuado ¿Cómo lo haría?
–¿Tu esposa está embarazada? – el mayor preguntó de la nada.
–No…– ambos respondieron a la vez con la ex Forger diciendo –Aun no hemos consumado el matrimonio–
–Ya veo…– el castaño mayor pausó otra vez –Bueno, entonces eso no les afectara cuando se divorcien–
Demetrius se levantó y salió por la puerta, y ambos no dijeron nada hasta un tiempo después.
–Nos tenemos que separar– la sonrisa de Anya era agridulce. Ella estaba haciendo que la decisión del castaño sea un poco más fácil, ya que sabía lo que él estaba pensando en ese instante.
–No– Damian dijo –Debe haber otra manera– la desesperación en su voz era grande, él no quería dar un paso al paraíso para luego caerse a la tierra –¿Y si huimos de nuevo? –
Anya le dijo que pensó mejor las cosas, que lejos estaban mejor y que ella lo amaba, que tal vez algún día se podrían reunir de nuevo.
Tardaron media hora en debatir las cosas, pero el castaño no convenció a la pelirrosa, tal y como él, ella era terca como una mula.
–No es justo que tengamos que separarnos, odio esto– Damian protestó, pero entendía, tener al frente a su hermano era como tener a su padre, aterrador –Lo siento– Damian empezó a llorar y la abrazó de la cintura.
Ella lo alivio, diciéndole que todo está bien y que fue feliz en el tiempo en el que estuvieron casados a pesar de que fue corto, pero era algo que ella recordaría por el resto de su vida
–¿Qué quieres hacer como último día de casados? – Esa era una manera de distraerlo.
–¿Cómo que qué quiero hacer? Mañana nos separamos– El Desmond le reclamó enojado y triste.
–Sí, eso haremos, pero si supieras que mañana morirías no te quedarías en casa a llorar, sino que saldrías al mundo, viajarías, comerías lo que quieras– La analogía era una analogía tonta, pero era una de esas ocurrencias que al castaño le gustaban, por eso la abrazó y la besó.
Damian tomó el maletín con el dinero que le habían regalado sus amigos y fueron a hacer todo lo que pudieran, fueron al cine, al museo, a un restaurante y pidieron todos los platos, y al final del día la cita terminó en el lago Stella –su lugar–.
La cita finalizó de buena manera, esta parte final constó de darse besos, acariciarse y hacer el amor, la pareja sabía que estaba mal, pero a su vez no se podían detener ya que ambos sabían que eso era lo último que tendrían del otro.
Ambos lo hicieron hasta el cansancio y regresaron a la casa de los Forger para dormir juntos por última vez, ya que al siguiente día todo se acabaría.
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Se reunieron con Demetrius una hora antes del baile de graduación, la ceremonia fue en la mañana, pero el mayor no pudo asistir ya que estaba ocupado atendiendo varias reuniones de negocios, por eso lo dejo para la noche, pero para Damian fue algo cruel ya que no podrán disfrutar su ultimo baile estando juntos como una pareja, además de que ahora en adelante cada que ellos vieran las fotos de graduación, los dos pensarían en lo que pudo ser, pero se tuvo que disolver.
–Todo está bien– Anya le dijo calmadamente –Me gusto disfrutar de nuestro último día juntos– ella le beso el cachete y el castaño se sonrojó recordando la noche anterior.
–¿Consumaron el matrimonio? ¿Verdad? – fue lo primero que Demetrius dijo al verlos sonrojados tomados de la mano y más juntos que nunca, ninguno respondió ya que les daba vergüenza –Les digo que no hagan algo y es lo primero que hacen–
–No importa, de todas formas, lo vamos a hacer– la pelirrosa habló de nuevo.
Demetrius les extendió la carpeta con los papeles del divorcio, la chica lo firmó sin siquiera dudar y Damian empezó a llorar –Tranquilo, todo está bien– Anya lo consoló –Siempre serás parte de mi familia, siempre serás parte de mi–
–Te voy a amar para siempre– el Desmond menor le dijo a la pelirrosa.
El castaño tomó la carpeta y la pluma –No firmes– le repite su cerebro, sin embargo, sus manos no se detenían, comienzan con la larga "D" de su nombre, y el tiempo empezó a ir lento mientras que recordaba su tenue vida de casados, y lo decidió, no va a firmar.
–No voy a firmar– dijo el menor de los Desmond
–No firmes– el mayor de los Desmond dijo
Ambos se miraron, sorprendidos por la sincronía. Hubo un silencio incómodo, donde los dos hermanos se analizaron mutuamente, tratando de entender lo que acababa de suceder.
Finalmente, Demetrius fue el primero en romper el silencio.
—Me molesta que hayas hecho esto sin consultarme, Damian— Su voz era seria, al igual que su rostro —Casarte en secreto, sin considerar cómo esto afectaría a nuestra familia... sin considerar lo que yo podría pensar al respecto—
Damian bajó la mirada, consciente de lo mucho que había desafiado las expectativas familiares.
—Lo sé, Demetrius, no fue la mejor manera de hacerlo, y lo siento... de verdad. Pero no podía seguir con este compromiso, no cuando...— miró a Anya, quien lo observaba con los ojos llenos de esperanza y miedo a la vez —... no cuando ya he encontrado a la persona con quien quiero pasar el resto de mi vida—
Demetrius suspiró, pasando una mano por su rostro como si tratara de aliviar la tensión.
—Entiendo que sigues a tu corazón, Damian, no puedo decir que estoy completamente de acuerdo con cómo manejaste esto, pero...— hizo una pausa, evaluando a su hermano menor y a Anya —... puedo ver que esto es importante para ti—
Damian asintió lentamente, aliviado por las palabras de su hermano, aunque aún cauteloso.
—¿Entonces...? —
Demetrius lo miró fijamente, como si aún estuviera considerando sus opciones.
—Pueden seguir con su matrimonio— dijo finalmente, aunque su tono aún conservaba una nota de advertencia —Pero no creas que esto será fácil, hay consecuencias, y tendrás que enfrentarlas—
Damian y Anya se quedaron sin palabras por un momento, procesando la inesperada aceptación.
—¿Y los Durr? — preguntó Damian, preocupado.
—Ya me encargaré de ellos— respondió Demetrius con un tono que no dejaba espacio para la duda —No te preocupes por eso ahora—
Nadie sabía exactamente qué había pasado para que Demetrius aceptara la situación. Quizás fue ver el amor en los ojos de Damian y Anya, o tal vez fue algo más profundo. Pero en ese momento, Damian solo sentía alivio y gratitud.
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Su primer baile como esposos fue diferente a como ellos imaginaron, fue en el salón de eventos del colegio, mientras que Demetrius estaba en una de las sillas ¿Esperándolos? Ninguno de los dos sabía, ni siquiera Anya ya que su cuñado era inmune ante sus habilidades psíquicas.
Ambos bailaron toda la noche sin separarse, creyendo que en algún momento van a despertar, creyendo que en algún momento el castaño mayor va a cambiar de opinión, pero aun así se sienten bien.
Los casados pasan tiempo con sus amigos, beben, comen y se toman fotos; en toda la noche no se sueltan de las manos, por miedo, ya que Demetrius sigue sentado en una de las mesas conversando con algunos de los profesores o bailando con estudiantes femeninas que lo sacan a la pista.
Los recién casados se quedan hasta el final, hasta que los músicos de la orquesta empiezan a empacar sus instrumentos, eso es señal de que se deben marchar.
–¿A dónde van? – preguntó el mayor alcanzándolos en la salida del edificio.
–A la casa de los Forger– el castaño le explica a su hermano –Vivimos en un cuartito por el momento, es pequeño y acogedor, deberías ir a verlo uno de estos días–
–¿Visitarlos? – Demetrius los ve confundido y por un momento Damian se alarma ya que siente el rechazo de los Desmond otra vez –Claro que lo hare, pero en la mansión Desmond–
–¿Quieres que vaya? – preguntó Damian confundido.
–No, espero que vuelvas a la mansión– Demetrius dijo de manera desinteresada como la mayoría de sus charlas –Te casaste con una plebeya, pero eso no significa que no te seguiré apoyando, voy a aceptar esto…– el castaño señaló a los casados –con condiciones, y una de ellas es que quiero que vayan a la Universidad y que vivan separados hasta que se gradúen–
Damian sonrió al escuchar esas palabras, y euforia lo envuelve por completo, él se siente tan feliz que abrazó a su hermano por primera vez en su vida –Lo siento– el castaño se disculpa al darse cuenta de que había traspasado los límites.
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La rutina de Diana Desmond era normal, como la de cualquier otra niña de doce años que llevaba el apellido Desmond, sin embargo, los fines de semana son especiales: interminables partidas de juegos de mesa en casa de sus abuelos maternos, helado cortesía de sus tíos y mimos sin fin por parte de sus tíos abuelos.
A su edad, sigue sin creer que sus padres se casaron a los dieciocho—o diecisiete, si cuenta la verdadera edad de su madre, pero esa ya es otra historia—, cuando le narran las dificultades que atravesaron para estar juntos, siente que exageran ¿Cómo cinco estudiantes pudieron escabullirse y terminar en la playa? Suena a una aventura demasiado loca para ser real, pero todos los implicados juran que así fue.
De vez en cuando, ella observa con cierta ilusión la foto de sus padres en su primer día de casados, no está segura de encontrar algo así en su vida: un mejor amigo que la mire como su padre mira a su madre, alguien con quien gastarse bromas pesadas sin ofenderse, con quien hablar de tonterías sin miedo a parecer ridícula, parece una misión imposible... o tal vez no, porque sus abuelos maternos también se encontraron de una manera similar y siguen más enamorados que nunca.
Por eso tiene esperanza, la pelirrosa sabe que, mientras sus padres y abuelos existan, alguien en algún lugar del mundo la está esperando, y lo encontrará, cueste lo que cueste.
Sí, suena cursi.
Probablemente su tía Becky tenga la culpa.
–Me dijeron que le ofrecieron a tu padre un compromiso y no aceptó– escucha Diana a sus espaldas, era Daniel, uno de sus compañeros de clase, hijo del secretario de Estado –También oí que la familia del chico es millonaria y que es guapo– él añadió con curiosidad.
–Sí, tiene dinero– respondió ella sin rodeos, con la misma franqueza de su madre –Pero es un idiota–
–Ya es el tercero este mes– comentó Daniel, arqueando una ceja.
–Puede que esté buscando algo más...– definitivamente, los pensamientos de su tía Becky se le estaban pegando.
–¿Qué buscas? ¿Un hombre perfecto? – se burló el azabache –Déjame decirte que no existe–
–Te digo que sí existe– afirmó Diana con convicción –Y tú serás el primero en saberlo cuando lo encuentre–
–¡Yo creo que no!
–¡Que sí!
Daniel cambió de tema de repente, señalando lo que ella sostiene en sus manos –¿Qué es eso? –
–Es la primera foto de mis padres casados– Ella le respondió
–Déjame ver– dijo él, arrebatándole la foto antes de que ella pueda reaccionar.
–¡Devuélvemela, la vas a dañar! – protestó Diana, intentando alcanzarla, pero Daniel era más alto que ella, había pegado el estirón.
–Solo quiero verla–
Ambos forcejeaban, empujándose entre risas, hasta que un mal paso los hizo perder el equilibrio. En un parpadeo, terminaron uno sobre el otro.
Diana se quedó inmóvil, podía sentir el calor del cuerpo de Daniel sobre el suyo, su perfume mezclado con algo indescriptible, una sensación nueva que la hace sentir extraña. Él también parece notarlo, porque deja de sonreír.
Sus rostros estaban peligrosamente cerca, lo suficiente como para que ella vea el reflejo de sí misma en los ojos oscuros de él, por un instante, ninguno de los dos dijo nada. Sus corazones latían más rápido de lo normal, aunque ninguno lo quiera admitir.
Él se dio cuenta de lo que está pasando primero y se apartó torpemente, carraspeando –Te... te devuelvo la foto– dijo, poniéndosela en la mano sin mirarla directamente.
Diana se sienta, aún sintiendo el cosquilleo en la piel –Más te vale que no le hayas hecho nada– ella murmura, sin poder ocultar el sonrojo que le arde en las mejillas.
Ambos se quedaron en silencio, algo cambió entre ellos en ese instante, aunque ninguno sabe exactamente qué.
