Edward siempre ha sido muy creativo, de no ser así nunca habría llegado a donde ha llegado profesionalmente.
Por eso no debería sorprenderme el hecho de que cada día invente formas de hacer su vida de forma autónoma aunque no pueda usar el brazo izquierdo.
-Pon la pierna aquí- me indica señalando su cadera con la mirada.
-Ah- gimo.
-Cuidado con mi brazo.
Asiento.
-Bésame- le digo tirando del pelo para atraerle a mí.
-Así nena. ¡Qué culo!
-Más fuerte- le pido acercando mis nalgas a su pelvis.
Su mano buena me sujeta la cadera y aumenta el ritmo de embestida.
Mi mano acaricia mi clítoris y sus dedos me penetran.
-Va a salir- le indico sintiendo como se acerca mi orgasmo.
-Déjalo-
Cierro los ojos y siento como Edward sale de mi recto y se tumba sobre mí a la altura de mi vagina.
-Dámelo- me pide lamiendo mi entrada.
Un chorro sale de mi interior y cae directamente a su boca.
En total tres chorros abandonan mi cuerpo bañando la cara de mi novio.
Me quedo agotada tras el orgasmo pero él no se ha corrido.
Oigo como se quita el condón que usamos siempre en el sexo anal y como se introduce de nuevo en mi vagina palpitante.
-Hasta el fondo- le pido encarcelando su cadera con mis piernas.
Le oigo gemir al tiempo que su pelvis choca contra mi clítoris.
Su respiración errática contra mi oreja me provoca apretar mi vagina contra su pene, succionar su cuello y bajar mi mano por su espalda perdiéndose entre sus nalgas duras y apretadas.
Acaricio su ano con la yema de mis dedos así como la piel que se encuentra entre sus testículos y su entrada anal.
Al no encontrar resistencia por su parte vuelvo a acariciar su ano ejerciendo más presión.
Él gime y contrae sus nalgas.
Aprieto un poco más contra su entrada y en seguida siento su mano cogiendo la mía y apartándola de mi objetivo.
-No- me dice agarrando mis manos sobre mi cabeza y aumentando el ritmo de sus embestidas.
Le beso y dejo que encuentre su placer en mi interior.
Se corre mordiéndome un pecho y estoy segura de que me dejará marca.
Me besa liberando mis manos y nuestras miradas se encuentran en la tranquilidad post orgásmica.
Le sonrío y le beso tranquilamente.
-¿Cuándo vas a dejarme darte placer como yo quiero?- le susurro acariciando su pelo mojado por el sudor.
Él se ríe y niega.
-No creo que pueda sentir más placer que cuando estoy dentro de tu cuerpo así que, ¿por qué aventurarnos a experimentar?
-Porque te equivocas. Porque sé que puedo hacerte sentir mucho más placer si me dejas tocarte y darte placer a ti me da placer a mí.
-Aún me tiemblan las piernas tras este orgasmo, créeme que he sentido mucho placer- me asegura besándome.
-O sea tú me follas el culo y yo no puedo ni meterte un dedo cuando está científicamente comprobado que el punto G de los hombres está en la próstata.
Edward se ríe y sale de mi interior.
-Tal vez después de la boda- propone.
-Voy a hacerte cumplir esas palabras- le aseguro.
Los dos nos reímos.
-¿Siempre será así de excitante y divertido? El sexo- le pregunto.
-Siempre o al menos hasta que se me levante.
Me río y golpeo su pecho de forma juguetona.
-Quiero ir a la playa- le digo relajándome- es el último día que tenemos para nosotros. Mañana llegará todo el mundo y pasado estaremos casados, quiero disfrutar de nuestras últimas horas de novios. ¿Sigue pareciéndote buena idea lo de que se queden con nosotros en casa?
-Sí nena, quiero a nuestra familia con nosotros, quiero que nuestros padres se conozcan antes de la boda.
Suspiro derrotada.
-Pero la noche de bodas no vamos a pasarla aquí, tranquila- me recuerda.
Lo sé.
Sigue siendo toda una incógnita para mí dónde pasaremos la primera noche como marido y mujer.
-Vamos a ducharnos y vámonos a la playa- me dice poniéndose en pie y saliendo de la cama.
En cala Olivera todo parece calmarse, aquí no hay shows, no hay boda, no hay nada salvo el mar, el sol, Edward y yo.
Completamente desnudos nos bañamos en el agua y hacemos snorkel.
Tomamos el sol sobre la toalla secándonos poco a poco al tiempo que aumenta el picor en nuestra piel por la sal del agua.
Volvemos a casa para comer y al llegar a la puerta vemos un taxi y varias personas bajándose de él con ropa que no pega nada para la isla.
-¿No es tu padre?- me pregunta Edward desde el asiento del copiloto.
-¿Y esa no es tu madre?- le digo con la vista fija sobre la mujer- se supone que no llegaban hasta mañana.
Suspiro y abro la puerta del coche para salir al exterior.
Todo son abrazos y sonrisas y ¡qué bien que por fin estamos aquí!
Después el tema se centra en Edward y en los restos visibles del accidente.
Mi madre y Esme se preocupan por conocer los detalles mientras que mi padre y Carlisle escuchan atentamente.
-¿Os habéis puesto de acuerdo para venir?- pregunto sirviéndome un vaso de agua de la nevera.
-Querida espero que no te moleste pero pensé que sería muy apresurado conocernos en la cena previa a la boda, habrá demasiadas personas y así podemos conocernos antes con calma. Llamé a tu madre por teléfono y acordamos venir hoy- me explica Esme.
-Nos parece estupendo- acuerda Edward sonriente.
Yo simplemente le miro y en ese momento me replanteo si quiero casarme con él.
¿Qué tiene de estupendo que invadan nuestra casa y vengan sin avisar?
-¿Qué os parece si salimos a comer?- propone Carlisle.
Miro el reloj y son cerca de las dos de la tarde, hora perfecta para comer.
-No tenemos reserva en ningún sitio y no sé…- comienzo a decir.
-Llamaré a algunos amigos, estoy seguro de que en algún restaurante habrá sitio- responde Edward.
-Vale, ve llamando mientras me ducho- le digo subiendo por las escaleras.
No es hasta que me miro en el espejo que me doy cuenta de que la camisa blanca de Edward que suelo vestir para ir a la playa está húmeda y se me transparentan los pezones.
¡Genial primera imagen delante de mis padres y de mis suegros!
Me desnudo y me meto en la ducha quitándome los restos de salitre y de arena. Pongo acondicionador en mi pelo y mientras dejo que actúe, la puerta de la mampara se abre y Edward se une a mí.
-He conseguido una reserva para todos en el restaurante de cala Pada, Brisa de la mar se llama, tiene buenas reseñas.
-Mhm-
-¿Qué te pasa?-
-Nada es que me molesta este intrusismo sin avisar. Yo tenía otros planes para hoy- confieso frustrada.
Edward suelta una carcajada.
-Solo son unas horas cariño.
-Y todo el día de mañana. Tenemos aún cosas que preparar y al mismo tiempo tenemos que hacer de anfitriones de nuestros padres- expreso enfadada.
-Esta tarde cuando vayamos a ver nuestra casa podemos llevarlos con nosotros, estoy seguro de que les encantará conocer la obra.
Suspiro.
-Me apetecía pasar el día de hoy solo contigo- me quejo.
-Vas a estar conmigo el resto de tu vida nena-
Sonrío y acepto.
-Está bien- suspiro.
Salimos a comer al restaurante donde Edward ha reservado y sobre las seis de la tarde los llevamos a nuestra nueva casa que aún está en obras.
Las paredes aún tienen el ladrillo visible, el suelo está cubierto de hormigón y hay cables y polvo por todos lados, no obstante la estructura está.
-¡Vaya vistas!- comenta Carlisle cuando llegamos a la zona de la piscina.
-Es lo que nos enamoró nada más poner un pie en el terreno- le explico sonriente mirando la inmensidad del Mediterráneo.
-¿Tenéis acceso privado al mar?- pregunta Esme.
-Aún no está construido pero sí, tenemos pensado poner unas escaleras que bajen a la zona de rocas que está bajo la casa- dice Edward.
-¿No es peligroso?- dice mi madre.
-No mamá, obviamente no bajaremos cuando el mar esté en mal estado pero en verano el Mediterráneo es como un estanque- le digo.
-Vamos al interior- dirige Edward.
Entramos por el inmenso ventanal que da paso desde el jardín hasta el salón.
Luego pasamos por las habitaciones y los baños dejando la cocina para el final.
-¡Qué abierta!- comenta mi madre.
-Por las mañanas entra una luz espectacular- le responde Edward.
-¿Y cuál es la habitación principal?- dice mi padre.
-Está arriba- le respondo señalando las escaleras.
Subimos a la planta superior donde las vistas son aún mejores.
-Esta será nuestra habitación y esa zona de ahí, tras el cabecero de la cama, será el baño privado.
-Muy buena elección lo del baño privado- me dice Carlisle adentrándose en la estancia.
-¡Me da envidia las vistas que vais a tener cada mañana al despertar!- comenta Esme riendo.
-Es lo primero que tuvimos claro, la orientación de nuestro dormitorio tenía que ser esta sí o sí- explica Edward tocándome la espalda.
-¿Y la habitación de enfrente?- cuestiona mi madre.
La mano de Edward para en mi espalda congelada.
-No tenemos aún pensado que será-
-Un vestidor- aclaro yo rápidamente mirando a mi novio.
Él me mira frunciendo el ceño y yo le miro fijamente pidiéndole que no diga nada.
Inicialmente esa habitación no iba a existir, iba a ser un espacio diáfano como parte del pasillo donde poder leer o poner un despacho. Los planes cambiaron cuando me quedé embarazada y esa iba a ser la habitación de la niña pero ahora ya no iba a tener esa utilidad.
Nos habíamos olvidado de que le pedimos al arquitecto realizar ese cambio y cuando nos dimos cuenta las paredes ya estaban levantadas.
-Pensé que sería la habitación de los niños- comenta mi madre riendo.
Niego sin reírme.
-No- respondo seria.
-¿Y tu estudio Edward?- pregunta Carlisle aligerando el ambiente.
-Abajo, junto al garaje, también tiene unas vistas espectaculares- responde llevándolos de nuevo al primer piso.
La visita a la casa termina en la pequeña vivienda, si puede llamarse así, que decidimos construir en la extensión de terreno paralela que adquirimos inicialmente. Es una estancia pensada para las visitas que cuenta con una pequeña sala de estar que es también cocina, dos habitaciones y un baño.
La idea la tuvo el arquitecto y nos gustó el hecho de poder recibir visitas sin perder la intimidad en nuestra casa.
Para cenar hicimos una barbacoa en el jardín y agradecí que todos estuvieran cansados y se retirasen a dormir antes de las once de la noche.
Edward recoge los platos sucios mientras yo tiro la basura y cuando terminamos me siento en su regazo sentados ambos en la silla de madera a juego con la mesa.
-No ha ido tan mal- le admito con la cabeza apoyada sobre su cuello.
-¿No verdad?- me responde riendo acariciándome la espalda.
-Tus padres y los míos parecen entenderse bien- acepto.
-Lo hacen sí, siento el comentario que ha hecho tu madre viendo la casa.
Suspiro recordándolo.
-No pasa nada- afirmo.
-¿Quieres que se lo contemos?- pregunta despegándome de su cuerpo para poder mirarme a los ojos.
-¿Para qué?- niego- mi madre es capaz de ponerse a llorar y luego animarnos diciendo que no nos preocupemos que volveré a quedarme embarazada pronto. Después cada vez que hablemos me preguntará si ya me he quedado, una y otra vez, no, no quiero que lo sepa. Tú puedes contárselo a tus padres si quieres.
-Sería un shock para mi madre.
-¿Por qué?
-Porque sé que nunca me ha visto como material de padre, estoy segura de que ni se plantea que vaya a ser abuela por mi parte. Suerte que está James, que aunque no es su hijo biológico hace la función de hijo que le da nietos.
-Edward…
-No pasa nada nena- me asegura besándome- no te lo he dicho para hacerte sentir triste, tan solo para asegurarte que mi madre nunca nos pedirá nietos.
Frunzo el ceño.
He podido conocer más a Esme estos años pero aún hay cosas que no entiendo de su carácter.
-Seremos padres si en algún momento ambos queremos y estamos de acuerdo. Nuestros padres no tienen nada que decir al respecto- le seguro.
Ahora mismo no tenemos ganas de tener hijos y tampoco estamos preparados para ello.
-Lo sé amor- me dice besándome.
-¿Vamos a dormir?- le propongo.
Asiente golpeándome el culo para levantarme de su regazo.
Nos metemos en la cama apagando la luz antes de repasar las cosas que tenemos que ver mañana en la finca donde será la ceremonia.
Se nos olvidó bajar las persianas y el sol nos despierta a las siete de la mañana.
Remoloneo un poco en la cama mientras Edward intenta volver a dormirse pero mi cabeza no para de bombardearme con la cantidad de cosas que tenemos que hacer hoy.
Mis amigas llegarán por la tarde pero los amigos de Edward llegarán antes de comer.
No queríamos hacer cena de preboda pero nuestros padres nos aseguraron que había que hacerla así que tendría que hablar con algún catering para ver si podía traernos comida y hacer una cena de picoteo en casa.
Me giro quedando frente al que será mi marido en unas horas y estiro la mano tocándole.
-Buenos días- me dice sin abrir los ojos.
-Muy buenos, porque hoy es el último día que pasaremos como novios- le recuerdo.
-Mañana serás mi esposa-
-Lo seré- afirmo sonriente- quiero despedirme de la soltería bien- le informo bajando la mano hasta su pene.
Abre los ojos y me mira profundamente antes de besarme con fuerza.
Gime en mi boca cuando comienzo a masturbarle.
-Shh no hagas ruido- le recuerdo riendo.
Mis padres están durmiendo en la habitación de abajo mientras que los de Edward lo hacen en la que está frente a la nuestra.
-Están dormidos aún, ni se enterarán- me asegura quitando la sábana que nos cubre y quedándonos completamente desnudos sobre el colchón.
-Aún así no quiero arriesgarme a que nos oigan, ¡qué vergüenza!- confieso riendo.
-Ven aquí- me dice tirando de mí para subirme encima de él- más arriba- me pide hasta que su cara está entre mis piernas.
Su boca me besa las inglés y luego siento su lengua acariciar mi clítoris, mis labios e introducirse en mi interior.
Gimo.
-Shh, no hagas ruido- me recuerda riendo.
Asiento.
Hago lo que quieras con tal de que no pares.
Mi mano se pierde entre su pelo mientras su lengua se pierde en mi interior.
Sin avisar me giro y cambio la postura para poder inclinarme sobre su torso y darle placer con mi lengua.
Estamos haciendo más ruido del que deberíamos pero una parte de mí solo puede pensar en que ellos se plantaron aquí sin avisar.
-Me voy a correr- me avisa.
Asiento y me levanto de su torso poniéndome en cuadrupedia sobre la cama.
-Fóllame rápido- le pido tocándome levemente para asegurarme de que sigo mojada.
Él se coloca de rodillas tras de mí y en seguida siento que me penetra.
Gimo más fuerte y muevo mis caderas para aumentar el ritmo.
En un momento siento su cuerpo contra mí, su pecho en mi espalda, su boca en mi oído soltando suaves gemidos y mi placer aumenta.
-Así- le pido moviendo mis caderas.
Me corro contra su polla al mismo tiempo que un ruido nos paraliza.
El timbre.
-¿Qué?- pregunto confusa saliendo de mi orgasmo.
-Voy a ver quién es- me segura retirándose.
-Ni de coña, tú sigue- le digo agarrándole la mano.
-Pero…
-Que sigas. Que esperen- exijo.
Edward se ríe pero retoma el ritmo y cuando se corre en mi interior el timbre sigue sonando.
Mientras yo me voy al baño a limpiarme, Edward se pone unas bermudas y baja a abrir la puerta.
Por las voces detecto que es mi padre el que llamaba.
Cuando Edward vuelve a la habitación está aguantándose la risa.
-¿Qué pasa?
-Tu padre ha salido a pasear y llamaba al timbre pero creo que tu madre nos ha escuchado.
-¿Por?- pregunto riendo.
-Porque al bajar estaba en el salón leyendo un periódico antiguo y ha evitado hacer contacto visual conmigo.
-Por eso te dije que no era buena idea que se quedaran con nosotros- le recuerdo terminando de atarme las deportivas.
-No tenemos muchas ocasiones para juntar a nuestra familia y quería disfrutar de estar todos juntos antes de irnos de viaje de novios.
-Lo sé- le digo sonriente poniéndome en pie- voy a preparar el desayuno, no tardes, no quiero hacer el paseo de la vergüenza sola- pido.
Cuando bajo a la cocina confirmo que mi madre nos ha escuchado por la forma en que me mira.
Siento su mirada sobre mí cuando no la miro directamente como haciéndose a la idea de que su hija ya no es virgen.
Me río internamente porque no tiene sentido aunque solo puedo pensar que una madre es una madre siempre, incluso el día de antes de que se case tu hija por segunda vez.
Desayunamos en el exterior solos los cuatro porque los padres de Edward continúan durmiendo, tienen jet lag.
Les decimos todas las cosas que tenemos pendientes por hacer hoy y nos disculpamos por no poder dedicarlos mucho tiempo.
A primera hora vamos a la finca donde será la ceremonia para revisar todo junto a Carmen que nos asegura que está todo listo para el gran día.
Después pasamos por el aeropuerto para recoger a mis amigos y llevarlos hasta la antigua villa de David. Fue éste mismo el que propuso que nuestros amigos y familiares más allegados se quedasen en su antigua casa, es lo suficientemente grande para albergar a todos y está bastante cerca de la finca.
Comimos algo rápidamente en casa y luego fuimos al aeropuerto para recoger a los amigos de Edward y llevarlos a la misma villa.
Cuando regresamos a casa mi madre y Esme se autoinvitaron para recoger mi vestido de novia.
Por supuesto tuve que hacer una última prueba en la tienda y tuve unas palabras quizás demasiado firmes cuando me negué a que me lo vieran y pedí que me esperasen fuera.
Quería mantener el secreto hasta el final.
Al regresar a casa vi que nuestros amigos habían llegado ya para la cena de preboda cuando aún no eran ni las seis.
En ese momento me agobié mucho y recordé que había olvidado contratar al catering.
Edward solucionó el problema rápidamente, pidió una cantidad ingente de comida a domicilio a diferentes restaurantes y todos nuestros invitados colaboraron poniendo la mesa.
-¿Has terminado tu maleta?- me pregunta mi novio mientras coloco los cubiertos.
-¿Qué maleta?
-Para mañana por la noche.
Me golpeo la frente, lo he olvidado por completo.
-¡Mierda!-
-Sube a hacer la maleta, ya nos encargamos nosotros de esto.
-No era el plan Edward- confieso frustrada- quería disfrutar de esta noche, quería ser consciente de lo que se viene el día de mañana y tan solo estoy preocupada de ir apagando fuegos. Primero nuestros padres, luego nuestros amigos, ahora terminarán de venir el resto de invitados y aún me quedan cosas por hacer-
-Nena, relájate. Esta noche terminamos los últimos preparativos, te lo prometo.
-A las diez todo el mundo fuera- le pido.
Él asiente.
Encuentro a Rosalie sentada en el interior de la casa abanicándose con un periódico.
-¿Estás bien?
-Agotada pero sí- me asegura- la niña tiene los pies contra mis pulmones y me fatigo con hablar.
-¿Niña?- pregunto emocionada.
-Niña- afirma tocándose su prominente vientre.
-¡Enhorabuena!- le digo abrazándola.
-¿Quieres subir arriba conmigo? Iba a hacer la maleta para mañana- le explico.
Me acompaña a la planta superior y ella se sienta en la cama mientras que yo meto cosas en la maleta.
Victoria sube al poco tiempo quejándose de que la hemos abandonado ahí fuera.
Entre las tres hacemos la maleta.
-Me da muchísima vergüenza pediros opinión al respecto, ¿pero cuál me llevo?- les digo sujetando dos conjuntos de lencería.
-El blanco- me dice Rosalie.
-El negro- me responde Victoria.
-Gracias por vuestra ayuda- respondo irónica.
-El blanco- acepta Victoria- te da un toque virginal-
Todas nos reímos porque hace mucho que la virginidad se perdió.
-Creo que no es ninguna virgen- le dice Rosalie.
-¿Quién sabe? Igual sí y nuestra Bellita juega al ajedrez con Edward cada noche.
Volvemos a reírnos las tres.
-Como mucho que sea virgen anal- le responde Rose.
-¡Rosalie!- expreso alucinada y alterada al mismo tiempo.
Volvemos a reírnos.
-Lo siento, es broma, es broma.
-No soy virgen anal- confieso haciéndolas reír.
-¿Lo has hecho?- pregunta Victoria.
-Muchas veces- afirmo.
-¡Bella!-
-No sé por qué es tabú, a mí me gusta- le confieso.
-A mí también pero desde que estoy embarazada es imposible, con Sophia me pasó igual- asume Rose.
-¿Por?
-Hemorroides, una de las mayores ventajas del embarazo. Ya lo sabréis a su tiempo.
Pongo cara de disgusto.
La puerta suena y aparece mi madre.
-Bella, he preguntado a Edward donde va a dormir y me ha dicho que aquí, ¿y tú?
-¿Aquí?- pregunto sin más.
Ella sonríe.
-No-
-¿Perdona?- digo no entendiendo nada.
Mis amigas se ríen mirándose entre ellas.
-La noche de antes de la boda el novio y la novia deben dormir en casas diferentes.
Suelto una carcajada.
-Mamá…-
-Sé que te parece anticuado pero el matrimonio tiene sus propias normas.
-Es que es anticuado y arcaico, eso tenía sentido cuando la gente se casaba y no habían convivido juntos nunca antes pero Edward y yo llevamos años viviendo juntos.
-Sí, ya lo sé y sé que no eres un angelito pero ¿por hoy? Solo por hoy.
-No mamá.
-La verdad es que tiene cierto misterio lo de no dormir juntos la noche de antes, hace que cuando os veáis en la iglesia sea más especial- acuerda Victoria.
-No me caso por la iglesia- la recuerdo.
-¿Ves Bella? Victoria tiene razón- expresa mi madre sintiendo como gana la batalla.
Miro a mi amiga entrecerrando los ojos.
-Podemos irnos a un hotel, tu padre, tú y yo. Mañana después de desayunar vamos a la finca y allí irá la peluquera, la maquilladora…
Mi cara debe estar a punto de estallar de la incredulidad por eso Rosalie interviene.
-¡Ya lo tengo! Que tus padres y Edward duerman aquí mientras que tú te vienes con nosotras a nuestra villa, haremos noche de chicas para celebrar tu despedida. Las amigas de Edward pueden unirse también.
-Vale- acepto rápidamente.
No se me ocurre peor plan para la noche de antes de mi boda que pasarla con mis padres en un hotel como cuando tenía 12 años.
-Bien- acepta mi madre conforme.
Cuando la puerta se cierra me giro para mirar a mis amigas.
-¿Desde cuándo sois tan políticamente correctas?
-Nosotras no lo somos. Yo dormí con Emmet y Victoria con James la noche de antes- confiesa Rose guiñándome un ojo.
-¿Y por qué yo tengo que separarme de mi novio?
-Porque tu madre es de la vieja escuela. Hazla feliz por esta noche- me recuerda Victoria golpeándome un hombro.
-He aceptado para que se vaya pero Edward no va a estar de acuerdo y dormiremos aquí esta noche los dos- les informo señalando la cama- y follaremos, varias veces.
Ambas se ríen.
-Con tu madre abajo eso no va a pasar, os hará dormir con la puerta abierta- me dice Rosalie.
-Paso de vosotras- les digo cerrando la maleta y bajando al jardín donde están todos.
Una vez abajo busco a Edward con la mirada y lo encuentro hablando con David y con James.
-Tengo que contarte una cosa- le digo agarrándole la mano y llevándole hacia la puerta de entrada de la villa que está a oscuras.
-Dime-
-Mi madre quiere o más bien me ha prohibido dormir contigo esta noche. Dice que el matrimonio tiene sus reglas y la noche de antes debemos dormir separados. El plan es que yo me vaya con las chicas a la villa de David y duerma allí con ellas.
Él sonríe y asiente.
-Me parece buena idea.
-¿Cómo?- digo incrédula.
-Que me parece bien cariño. Hay tradiciones que estoy dispuesto a cumplir.
-Donde está mi novio y por favor avísame cuando vuelva- le respondo cruzándome de brazos-
Se ríe y me besa en los labios.
-Venga no te enfades.
-Es nuestra última noche juntos-protesto.
Él suelta una carcajada.
-Bella, nos vamos a ir de luna de miel muy lejos durante mucho tiempo, no vas a ver a tus amigas ni a tu familia en meses, así como yo tampoco a los míos. Me parece bien aprovechar estas horas para despedirnos de todos porque mañana será un follón y pasado seremos solo tú y yo pero casados. Es hoy o ya no será hasta dentro de mucho tiempo.
Valoro su perspectiva y sé que tiene razón.
-Vale- suspiro.
-Te amo- me recuerda acariciándome la mejilla.
-Y yo pero odio que de repente quieras respetar las tradiciones arcaicas del matrimonio- me río.
Volvemos a la cena y todo se vuelve mucho más emotivo de lo que estaba planeado.
Mi padre dando un discurso sobre como le gusta verme feliz.
Rosalie recordando que al principio dudó de nosotros y como ahora no puede verme con nadie que no sea Edward.
Jasper y Zafrina hablando como muchas veces le dijeron a Edward que él encontraría a la persona adecuada y que no se conformase. Que la espera había valido la pena al conocerme a mí.
Eran más de las once cuando bajé con un tote bag con ropa para pasar la noche fuera y un cambio de ropa para mañana por la mañana.
Muchos de nuestros amigos se habían ido ya.
Rosalie y Victoria me esperaban abajo junto a Edward, mis padres, Emmet y Zafrina.
-Os dejamos para que os despidáis- dice mi madre sacando a todo el mundo hacia el exterior.
Cuando estamos solos me acerco a Edward y le abrazo.
-Bésame como si esta fuera la última vez que ves a tu novia- le pido.
La mano de Edward va a mi nuca y me lleva contra él pegando su cuerpo al mío completamente.
Nuestros labios se mueven con agresividad al mismo ritmo que nuestras lenguas.
Nos separamos a coger aire.
-No sé si voy a poder dormir sin ti- me confiesa.
-Lo mismo para mí. ¿Ves cómo es mala idea?
Él ríe.
-Bésame otra vez- le pido- nuestro último beso de novios.
-La próxima vez que estemos juntos seré tu marido- me asegura-
-Y me muero de ganas- le aseguro besándole.
Cuando restriego mis caderas contra las suyas él es quien nos separa.
-No me hagas eso Bella, no me dejes solo y empalmado con tus padres y los míos en casa-
Me río y asiento.
-Seré buena.
-Te quiero.
-Te quiero- le respondo a modo de despedida.
Mi idea era llevarme el coche pero cuando salgo tengo un taxi en la puerta.
Me despido de Edward definitivamente e intento romantizar el momento pero no me hace sentirme bien el tener que alejarme de él.
Sobre todo porque no ha sido idea nuestra, ni nuestro deseo.
Siento que de alguna forma he vuelto a caer en el viejo hábito de hacer lo que los demás quieren y no lo que yo quiero.
Mis amigas tienen ánimo festivo y cuando entramos a la villa se abren botellas de vino en el inmenso salón.
Quiero irme a dormir, no me apetece seguir de fiesta pero mis amigas y las de Edward insisten.
Pasadas la una y media de la madrugada me subo a la habitación que solíamos compartir Edward y yo cuando nos quedábamos aquí y duermo sola.
Me cuesta conciliar el sueño y cuando lo hago un ruido me despierta.
La puerta.
Hay alguien en la habitación.
Mi corazón se acelera al mismo tiempo que noto una mano en mi pierna.
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¡Hola!
Mañana es el gran día, mañana se casan salvo que ocurra algún inconveniente, ¿por qué quién habrá entrado a la habitación de Bella?
¿Qué os ha parecido la llegada de los respectivos suegros? ¿Y que Renee haya obligado a Bella a dormir separada de Edward la noche de antes?
Espero que os haya gustado el capítulo y de ser así me gustaría que me lo hicierais saber mediante un review.
Nos leemos.
