Capítulo 22

Las Penas de mis Errores


«¿Acaso eres capaz de hacer algo?»

Molestias tras molestias.

Ya sé que no fui capaz de proteger a quien me gusta de ese payaso bastardo. Sé que desde que salí he estado pensando cosas innecesarias.

«El miedo al exterior te carcome ¿no es así?» Escucho la voz de ese payaso horripilante en mi cabeza, intentando distraerme de lo importante.

Sé que no soy capaz, me creí fuerte y me dejaron en el suelo, no una, si no tres veces.

Aprieto mis manos, conteniendo las venas de mi cabeza que quieren explotar.

—¡Soy Garfield Tinsel! ¡Ninguna Basura me va a quitá eso! —Exclamo, mirando mi mano con fuerza.

—¿Estas demente? —La chiquilla de ojos rojos me mira de forma extraña, pero la ignoro.

«No puedes hacerlo.»

No poder y no querer son cosas diferentes.

Lo intentaré sin importar cuando me tenga que caer.

Es como si estuviese a mi lado, diciéndome babosadas para sacarme de quicio. El general me dijo que aceptara mi debilidad para hacerme más fuerte; el general es alguien inteligente, además de que pega fuerte.

«Debo ver a los fuertes para saber cómo superarlos.»

«Aprenderé de todo lo que se cruce en mi camino.»

El payaso ese desaparece, haciendo que preste atención a mi entorno.

—Bueno, niña, escucho tu brillante idea. —La miro con atención, pero esta me lanza un puñetazo.

—¡No soy una niña! Tsh, eres un gato estúpido. —Escupe al suelo, mientras que aprieto mi puño con fuerza.

La mujer del general me lo dijo… No, la medio elfa… No.

«¡Emilia!» «Ella me lo dijo»

«No le digas niña, debes tratarla con respeto.»

Mi general me dice niño, ella parece de mi edad asi que es niña.

«No entiendo a las mujeres»

—¡Tsh! Mira, deberíamos entra'.

La mansión de la persona a la que robaremos es más grande que diez veces el santuario. Nada más llegar a este lugar fue un incordio completo, en especial con esta molestia a mi lado.

Es grande, incluso más grande que la mansión del payaso. Según la información que recolectó el general debería de ser en la segunda torre donde se encuentra nuestro objetivo.

La mansión tiene cuatro torres externas que se conectan por medio de pasillos largos que, según la información, no están unidos como debería ser, si no que se accede por medio de un hechizo o algo así.

Intento pensar más pero no tiene caso.

«¡Si no se abre lo destruir con un puñetazo!»

Ahí debe estar el pasadizo al interior.

Mis manos tiemblan, como si algo fuese diferente.

«Solo ve a hacer lo que te dije, no mates a nadie solo por estar del lado del enemigo»

Las palabras del general no se equivocan. Ese mismo sentimiento es el que debió sentir después de estar tanto tiempo aliado al payaso, a Roswaal.

«A veces no son malos, solo no saben lo que les rodea»

Pero, aun si solo hacen su trabajo, una duda crece en mí.

«¿Podré matarlos si se interponen en mi camino?»

Solo tenemos que pasar desapercibido hasta que entremos, tomamos eso y nos vamos, no hay necesidad de matar, ni de herir gravemente.

—¿Podrás moverte bien con ese saco en tu espalda? —me pregunta la niña, mirándome con duda.

Muevo levemente el saco con los metias, acomodándolo en mi espalda y amarrándolo a mi cuello de una cuerda. Si quiero moverme con comodidad necesito tener esto lo más pegado al cuerpo posible.

—¡Ja! Para mi asombroso ser esto no es nada —respondo orgulloso, pues esto pesa lo mismo que un grano de sal.

Ambos saltamos desde la pendiente, cayendo en un árbol y rebotando hasta llegar a la zona abierta que da a la mansión. Un recorrido largo debido a lo extenso, lo que hace que sea complicado ocultarnos.

La guardia era más fuerte en las afueras que adentro, como si intentase atraerte a un destino peor. El general dice que la guardia será baja para evitar suposiciones extrañas en su contra.

Seguimos avanzando a toda velocidad con unas telas verdes oscuras, de esta forma les será difícil vernos de lejos. Llegamos a la parte cercana, ya desde aquí debo levantar por completo mi cabeza para si quiera intentar ver el final de esta mansión.

Miro hacía la niña, pero no parece cansada en absoluto.

«Es lo mínimo que debe ser.»

Si queremos entrar debemos aprovechar un momento en el que alguien abra una de las puertas, si se tarda mucho deberemos escalar por fuera la mansión e intentar entrar por una ventana, pero podrían descubrirnos si la bolsa hace mucho ruido.

Detrás de unos arbustos, intento acercarme a la puerta.

Si queremos entrar entonces debemos hacer uso de diferentes herramientas.

¡Oye! No te vayas tan lejos —susurra la niña, mirándome con desaprobación—, si nos ven, estamos muertos.

El mundo por fuera es terrorífico, pero si quiero poder vivir en este mundo debo enfrentarme a cualquier situación. Debo salir adelante para ser parte de un mundo en el que cualquier error significa la muerte.

«Madre…»

Cierro mis ojos un segundo, susurrando en voz alta.

—¡Shh! Nos van a atrapa' si segui hablando.

La niña se acerca hacía mí intentando golpearme, pero en ese momento las puertas de la mansión se abren. Agarro sus manos y tapo su boca, escondiéndome detrás de los arbustos y manteniendo mi respiración quieta.

Cierro mis ojos, suspirando para evitar que cualquier rastro de maná salga de mí.

—¿Crees que el señor venga hoy? Dicen que este juicio puede ser muy perjudicial para él.

El sonido de las placas metálicas golpeando la tierra me relajan, por lo que me concentro en solo escucharlos.

—¡Shh! Que no te escuchen decir eso, te pueden despedir, lo mejor es simplemente esperar.

«Son personas normales.»

—Vi las acusaciones en el periódico, mi hija y esposa dicen que por la casa todos están con el conde Luz. —Un suspiro fuerte, como si de verdad le doliese—. Solo tengo este trabajo, el señor Bordeaux es alguien que aprecio mucho. ¿Crees que sea posible que esté aliado al culto de la bruja?

—El señor Bordeaux es alguien de gran honor, el hecho de que su gran sabio Flynn fuese un cultista me repugna, pero es porque no viste el rostro del señor que llegas a pensar eso. —Se detiene, y mi corazón empieza a latir con fuerza.

«Son personas normales.»

«Debemos huir para no herirlas.»

Escucho el sonido de una espada desenvainándose.

Mi corazón se acelera, de alguna forma no siento justo lo que estoy haciendo.

«Yo no quiero ser un asesino, pero tampoco quiero que personas sufran por no conseguir lo que se necesita.»

—El señor Bordeaux me dio todo lo que tengo, yo vi su rostro enojado y frustrado, a la vez que dolido por lo que le sucedió a su discípulo. —Entonces, el caballero guarda la espada en su vaina—. No debes temer, incluso si el duque Harald es atrapado, eso poco tiene que ver con nuestro señor.

—Fu~, si tú lo dices debe ser cierto. ¿Vas a ir mañana al cumpleaños de mi hija?

Miro hacía la niña, la cual parece haberse calmado.

Los dos hombres se alejan lo suficiente como para dejar de escucharlos.

—Vamos, tenemos que aprovechar este momento. —Dejo de concentrarme en cosas inútiles, simplemente debo cumplir mi deber.

—Vuelves a agarrarme y taparme la boca, —amenaza, mostrándome sus colmillos y permitiéndome notar un pequeño rastro de sangre—. Y te mato.

Miro mi mano, y una pequeña mancha se ve que la ha perforado.

—¿Cómo me hiciste sangrar con esa pequeña boca tuya? —Miro aterrorizado, no puede ser que una niña tan delicada como ella tenga dientes tan filosos.

«¿Así son todas las mujeres?»

«Ya veo porque el general hace todo lo que le dice Emilia.»

Ella toma la delantera, abriendo la puerta sin hacer un ruido.

«Ram…»

Aprieto mis dientes, recordando que lo que estoy haciendo también es por ella.

«No puedo esperar a verte despertar.»

Entramos a la mansión rápidamente, dándole un gran vistazo.

—Woah… —Miro hacía todas partes, y es como si hubiese entrado a otra dimensión.

Todo es brillante, decoraciones elegantes y recuadros por todas partes. De la forma que está todo pensarías que es la habitación de un rey. He visto incluso la mansión del payaso, pero nada como esto.

«Una mesa de oro, debe costa' demasiado.»

Se ve tan bien, tan brillante en su tono dorado. Mi saliva me empieza a llamar, siento como si mis dientes estuviesen vibrando para darle una gran mordida a esa mesa.

«¿Será que no se darán cuenta si la muerdo?»

—Si no estuviese acostumbrada, tendría la misma mirada que tú. —La niña me suspira.

—¿No eres una candidata al trono? Seguro lo único que ha' vi'to en tu vida son cosas así.

Ella me mira mientras ambos seguimos avanzando detrás de un sofá. Su rostro se contorsiona y ahora parece que de verdad la he molestado.

—No, no he vivido mi vida así —corta sus palabras, mirando hacía la ventana que nos permitirá subir.

Si subimos por esa ventana podemos llegar al siguiente piso, que es la única entrada que nos lleva hacia el pasillo que da a la torre, la cual no tiene ventanas ni ningún otro lugar por el cual entrar.

«Mejor cierro mi boca y me concentro.»

Doy un salto, colocando mis manos en una parte de la fachada. La niña se agarra de mis piernas y, girando, se adentra en el siguiente piso. Agarro con mi brazo y lanzo los metias, dejando que esta los agarre para subir.

Una vez giro y entro puedo ver que la ambientación cambia.

—Demasiado diferente, ¿no lo crees?

Asiento de inmediato.

Las tonalidades desaparecen, y una sensación de peligro hace que mis pelos se ericen de inmediato. Pero esto no tiene sentido, incluso yo puedo ver que tener algo así levantaría demasiadas sospechas si intentas aparentar ser bueno.

No huele a sangre, ni a nada raro, pero la sensación es simplemente extraña.

—¿Será que activamos una trampa? —le pregunto en voz baja, mientras que ella analiza a su alrededor.

Varias armaduras, espadas, escudos y demás armamento posa en las paredes de color madera. Es esta habitación la única que conecta a la torre, por lo que realmente debería estar completamente resguardada.

Es aquí cuando debemos actuar y entrar rápido a esa cosa.

—Debería haber algo, una palanca o quizás ahí. —La niña señala la chimenea, la cual es alimentada con leña—. Es extraño que un rico use leña para alimentar el fuego.

—¿Quizá' le gusta el olor?

El olor de una chimenea es relajante, en mi casa siempre disfruto acostarme al lado y sentir el calor durante la noche.

—¿Eres estúpido?

—¡A quien le dice' e'túpido!? ¿Eh? Niña tonta. —Me pongo en frente de ella, mientras que esta parece querer morderme con esos dientes hechos de acero.

«¿No se supone que soy yo quien tiene dientes fuertes?»

«¿De dónde salió una persona como ella?»

—Debemos apurarnos —dice, mirando hacía la chimenea—. En teoría está da al otro lado, probablemente es tan sencillo como apagar el fuego.

—¿No sería mu' estúpido? —Lo he leído en historias de héroes, donde las entradas más obvias son trampas.

Mis orejas se mueven de inmediato, sintiendo que varios pasos se acercan.

No hay muebles en este lugar, por lo que es imposible escondernos de esa forma.

—Abrázame. —La miro con firmeza.

—¿Ahora también perdiste la cabeza? —pregunta, pero no hay mucho tiempo.

—¡Apúrate niña! Viene gente.

—¡Me llamo Felt maldito gato! —Corre hacía mí, abrazándome con fuerza.

Mierda, si quiero poder ocultar la bolsa voy a necesitar cargar con bastante peso. Extiendo mis garras mirando el techo de madera que va a servirme de agarre. Realmente no estoy seguro de si va a funcionar, pero debería ser suficiente.

—Si le cuentas a alguien sobre esto, te mato. —La niña se pega fuerte mientras yo salgo y me agarro con las uñas de las manos y los pies.

Podré durar así unos cuantos minutos, no mucho.

—Yo tampoco quiero que digan que una niña se anda pegando a mí, mi asombroso ser tiene a alguien que le gu'ta, es mucho más hermosa y... ¡ay!

Un pellizco me hace tambalear, y siento en mi corazón el deseo de dejarla caer de inmediato.

No sé por qué el general le dijo que viniese conmigo, aparte de sus increíbles habilidades para escoger el camino correcto y evitar que nos descubriesen solo ha sido una molestia completa.

«Quiero patearla.»

La puerta se abre, y de inmediato reconozco las voces.

—El señor Bordeaux dijo que debíamos bajar a recoger algo para llevarlo a la capital. —El caballero mira al hombre, el cual ahora puedo ver mejor—. Dijo que aprovecharas y lo llevaras a la capital, que quiere darte algo para tu hija.

Es un anciano, sus arrugas ya se pueden ver claramente.

—Solo yo suelo entrar a este lugar, pero nunca he ido a donde se nos solicitó. Este lugar tiene las investigaciones del señor, quien sabe si hay cosas demasiado privadas. —El anciano tiene un rostro apagado, como si ya supiese lo que hay—. Quiero confiar en el señor Bordeaux.

—Solo hagamos nuestro trabajo, pero… —El caballero mira a la ventana.

Y solo con ese acto mi corazón empieza a latir con fuerza.

No tengo miedo de ser descubierto y luchar.

«No quiero tener que matar a gente inocente.»

Aprieto mis labios, mientras que la niña se aprieta a mí con más fuerza.

«No miren hacía arriba, no miren hacía arriba.»

El caballero saca de una mesa de noche un papel grande, parecido a un pergamino como el que tiene el general.

—De alguna forma, siento que todo el reino va a cambiar a partir de ahora. —El caballero rompe el pergamino, y el fuego de la chimenea empieza a caer por sí solo.

Una vez se apaga, todo es sumido en oscuridad.

Entonces, una puerta pequeña, lo suficiente como para poder pasar solo una persona adulta agachada se abre detrás del fuego.

—Siempre me va a impresionar —dice el anciano mientras se agacha para cruzar.

—Vamos.

El caballero y el anciano cruzan.

Mi corazón suelta un suspiro mientras bajo, sintiendo un poco de calma por no tener que actuar de esa forma. Ahora que sabemos que hay más personas entonces deberemos tener en cuenta nuestro actuar.

—Yo iré primero. —La niña se cruje los dedos—. Tienes muchos objetos encima, entraré y me seguirás sin decir una palabra.

La niña susurra algo inaudible y, como si fuese el viento mismo, desaparece de mi vista.

—Mierda se adelantó. —Acomodo la bolsa en mi espalda y me apresuro a entrar, saltando y pasando a través.

Tras un giro agarro la bolsa y miro a mi alrededor.

Recuerdo esta sensación.

Mis pelos se erizan, mi cuerpo empieza a temblar. La niña a mi lado está igual; quieta.

—Mierda.

El general me lo advirtió, me dijo claramente que tendría que enfrentarme a esto. No lo puedo ver, no lo puedo oler ni lo puedo sentir, pero de alguna forma mi instinto me lo dice.

Miasma de la bruja.

—¡Niña! —La tomo del hombro

—¿Eh?

Mira hacia todas partes, como si ella misma estuviese siendo alertada de algo. En palabras del general, nadie debería darse cuenta del miasma hasta que ya ha hecho daño en su cuerpo.

El hecho de que esté sucediendo en ella es extraño.

«¿Quién carajo es esta niña?»

—Vamos, sigue detrás de mí. —Sonrío, satisfecho de verla asustada—. Mi asombroso ser te protegerá.

—Ja, quien necesita ser protegida por un gato. —Ella camina a mi lado, apretando sus manos con fuerza—. Solo me sorprendí un poco.

A mi alrededor hay unas pequeñas luces hechas con rocas de magia, nada más, no hay muebles, no hay espadas, solo una túnel de piedra levemente iluminado. Seguimos avanzando, pendientes de no alcanzar a los dos.

Si de casualidad entran de regreso entonces deberemos noquearlos, puedo hacerlo aquí sin hacer mucho ruido.

Seguimos avanzando hasta llegar a una puerta de metal, sin nada que ver al frente.

La empuja suavemente, y la niña salta hacia el techo en un instante.

—Está libre.

Sin hacer ningún ruido, ella se posa sobre la puerta.

Realmente me sorprende la baja cantidad de guardias reunidos dentro, es como si les interesase solo mostrar que hay muchos guardias en el exterior, pero desprotejan el interior.

Esta habitación es diferente, es una oficina.

Un gran escritorio posa al frente, mientras que cientos de libros le rodean. El general dijo que debería prestar atención a los libros, revisar si alguno dice sobre algo llamado.

—¡Libro de cuentas! Debemos buscar eso. —Camino hacía el gran escritorio mientras la niña busca la entrada a la parte inferior.

Deberías estar en alguna parte. Tomo varios papeles e intento leerlos, pero realmente no puedo entender nada de lo que dice.

—¿Sabei que e' un Zeth? —pregunto, pero ella niega de inmediato—. Esta duro esto.

No sé a qué se refiere con esto, pero parecen ser personas. Tomo todas las hojas referentes, pero realmente no veo algo como un libro de cuentas. No está en sus gavetas, no está escondido en alguna parte.

—¿No estamos robando? ¿Eso servirá para el juicio? —pregunta la niña, pero yo me encojo de hombros.

—Yo que se, el general debe saber lo que hace.

—Ven.

Ella abre una compuerta y un olor nauseabundo invade mi nariz.

—¿Ellos entraron allí? —Intento respirar lento, tratando de acostumbrarme a ese olor.

—No… lo sé. —Incluso ella parece reaccionar un poco—. Me siento un poco extraña.

—Toma.

El general me dijo que si notaba algo raro en la niña le diese este cristal brillante.

Ella lo toma en sus manos, y de inmediato este se activa, iluminándose en un tono dorado.

—El general dijo que una vez se activa durará pocos minutos, así que vamo'. Mi asombroso ser no quiere cargar con una niña en sus hombros.

Esquivo un puñetazo por los pelos.

—Te mataré si me vuelves a llamar niña.

—¡Hmpf! Como si pudieras ganarle a mi asombroso ser.

No se puede ver el final de las escaleras, pero parece que da a la parte más profunda de la torre. Lo más probable es que al final haya guardias, o incluso cosas peores. No sé muy bien porque enviaron a esas dos personas, pero si me los encuentro.

Tendré que actuar.

El olor cada vez se hace más repulsivo, más fastidioso. El general dijo que yo estaría bien incluso si me expongo al miasma, pero no sé cómo puede afirmarlo. Yo vi también los cadáveres, vi lo que les pasó a esa personas.

«Meh, soy el más fuerte, es obvio que no seré afectado.»

Una vez bajamos todo se ilumina, y, como si el destino hablase, los escucho en frente.

—Con estas píldoras va a poder ganar el juicio, esta medicina cambiará el mundo. —El caballero abre una puerta, siguiendo el anciano.

—Me da una pena que experimente con animales, pero es por un bien mayor.

Ambos miran al frente, mientras que la niña ya ha desaparecido de la vista de todos.

Quedo yo, mirándolos con seriedad.

—No toquen esas cosas. —Aprieto mis dientes, abalanzándome de inmediato.

—¡Intrusos! —El caballero lanza la caja hacía el anciano, mientras que yo ya me encuentro frente a él.

En un instante tomo la mano del caballero, lanzando un gancho a su mandíbula. Este toma su brazo y lo usa de apoyo, pero el crujir de metal me lo confirma.

Es débil.

—¡Ugh! —Hace una mueca de dolor al romper su brazo, pero no me detengo.

Lo halo levemente hacía el frente, clavando mi puño en su plexo solar.

—¡No lo lastimes! —El anciano se abalanza, pero este se tropieza, lanzando la caja hacía el aire.

—Ricitos de oro ¡agárralo!

—¡Eso es peor! —La niña toma la caja de inmediato, mientras que el anciano cae al lado del caballero.

Suspiro aliviado, mirando hacía el anciano de inmediato.

—Eso no e' una píldora curativa, vejete.

—¡No te creo! —El anciano intenta estirar su mano hacía el caballero.

No estoy seguro al cien por ciento, pero el general me dijo que son este tipo de cosas, como píldoras. Te convierten en monstruo y te quitan toda consciencia a cambio de una fuerza increíble.

Su mera existencia es algo que ni mi abuela conocía.

—Solo está inconsciente, lo curaran después. —Camino hacia la entrada que abrieron—Vamos rápido, el anciano no parece querer moverse, le tomará mucho tiempo subir y llamar a los guardias.

—Deberíamos noquearlo también, ¿acaso no sabes cómo?

Rasco mi cabeza levemente.

—Con un golpe fuerte, supongo. —El general me dijo que aprendería a hacer eso, pero no me dijo como se hacía sin tener la posibilidad de matar a alguien.

Es solo un anciano débil e inocente.

«No quiero matarlo sin querer.»

—¡Ugh! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

Un grito estridente ataca en mis oídos. Giro de inmediato a ver qué es lo que está sucediendo, sin embargo, lo único que veo es al anciano encima del cuerpo del caballero.

—¡Edgar! ¡Edgar despierta!

—¡AHHJHH! —El caballero arroja al anciano con el brazo, por lo que me esfuerzo por agarrarlo.

El suelo comienza a temblar, mientras que lo que era una sensación ahora es un hecho.

—¡La píldora! —grito, viendo como lo que antes era un caballero se empieza a transformar.

—¡Mierda! —La niña lanza una daga hacía el caballero, sin embargo esta se rompe al tocar su rostro.

—¡AHHHH!

Una onda de choque nos envía a volar, chocando con la pared mientras los gritos de agonía hacen eco, mientras que lo que antes era un ser humano común y corriente se transforma.

—¡Era verdad! ¡Mierda, Edgar! —El anciano intenta avanzar, pero lo detengo con mi agarre—. ¡Despierta! Lucha contra lo que sea que este sucediendo, ¡Eres el caballero más fuerte! ¡El padrino de mi hija!

Los gritos del anciano son ahogados con los gritos de agonía del caballero.

—Niña, ¡Huye! Toma al vejete y lárguense.

Sus ojos se mantienen abierto, como si no me escuchase.

Los gritos cada vez se hacen más lentos, como si algo se estuviese terminando.

—Maldita sea ¡Felt! —Gruño con todas mis fuerza, lanzando hacía ella al anciano junto con los metias.

Ella reacciona, mirándome mientras el mundo empieza a tornarse purpureo, y del cuerpo del caballero empieza a salir un fuego. Todo empieza iluminarse en purpura, y no tengo más que pensar.

Una sonrisa aflora en mi rostro, mientras que siento una presión en mi corazón.

—¡Pongan esas piernas a trabajar! ¡Mi asombroso ser tiene una pelea que ganar!

La niña asiente y se retira con el anciano, y yo, debo enfrentarme a mi destino.

El caballero me mira con un solo ojo, o si le puedes llamar a eso un ojo.

Completamente cubierto de ese fuego purpura, como si algo dentro de él se estuviese quemando. Sus ojos, su cuerpo se ve fuerte y lleno de energía.

Trago saliva mientras tomo mis nuevos guanteletes, hechos con prisa pero su calidad no me da duda. Son dos guanteletes de acero que no cubren mis dedos completamente, permitiéndome usar las garras.

Son pesados, pero nada que mi asombroso cuerpo no pueda sentir con ansias.

—¡Ahora sí! ¡A partir culos!