Capítulo 6
A lo Lejos
Hoy no ha parado de llover, desde que desperté llueve a cataros sobre todo el estado Karsten. Esta mansión podría decirse que es el centro principal, pero en realidad carece de vida.
El centro, más bien, está vacío.
Las tierras que tenemos rodeadas son extensas, pero eso es por propósitos de privacidad. Aunque, últimamente deseo más las cercanías a la ciudad. Es un poco triste como estamos tan separados del resto de la población, siendo que para viajar a la ciudad toma bastante tiempo en carruaje.
Miro por la ventana, apreciando la lluvia caer por el basto campo verde; los truenos y relámpagos reverberar en mis oídos, mientras que la calma es todo lo que no siento. No sabemos cuándo será el ataque, y el grupo preparado podría no ser suficiente.
—Lady Crusch…
Aunque, de alguna forma, ha logrado superar los problemas de forma impecable. No sé si es suerte, o si hay algo que está escondiendo de mí.
Pongo mi mano en la ventana, donde el frío del vidrio se transmite a estas del mismo modo que el temblor de viento se sincroniza con el de mi corazón. Con la próxima reunión de las elecciones necesito empezar a hacer mejores alianzas, asi como descubrir quienes están aliados con el mal.
No me será difícil, solo es usar mi bendición divina de forma correcta.
—Lady Crusch…
La promesa que me hice fue evitar el contrato con el dragón, pero, reconozco que fui ciega al decirlo de esa forma. Para las personas de Lugunica la sensación de seguridad que trasmite el dragón en innegable. Si realmente protege o no, no es realmente importante.
Es esa fe que sienten en sus corazones.
Por ello decidí tomar mejores pasos: lo primero es hacer una sociedad que se dé cuenta de lo avanzado que pueden llegar a ser. Una sociedad educada que se dé cuenta de que pueden protegerse por sí mismos.
Asi es como demostraré que el dragón no es realmente necesario.
«No cambiare mi objetivo, pero lo adaptare para hacerlo más realista y menos egoísta». Sonrío, viendo que cada vez mi objetivo se hace más claro.
—¡Lady Crusch! —exclama Félix, haciéndome girar rápidamente.
Luce levemente molesto, con sus manos bien apretadas.
—¿Estaba pensando en Marco, Lady Crusch? —pregunta Félix, cambiando su expresion a una sonrisa juguetona, con sus ojos entrecerrados y orejas moviéndose de un lado a otro. Se acerca a mí a la vez que pestañea rápidamente.
«Solo piensa en eso, tiene la cabeza llena de cosas inútiles».
Miro hacia otro lado, ignorando su expresion y cruzándome de hombros.
—Me preocupa su estadía, después de todo tuviste que venir de rapidez. —Lo miro seriamente, y este mira hacía la ventana.
—Nya. Me llamaron de la capital para ayudar con una misión, fue realmente espontaneo y extraño. —Félix mira hacía el horizonte, pero entonces un rayo crea un gran estruendo, haciéndolo saltar a mi pecho, abrazándome con firmeza—. ¡Nya! ¡Se está cayendo el cielo!
Pongo mi mano en mi boca, riendo levemente ante la forma despreocupada de ser de Félix.
Lo dejo ser hoy, puesto que tampoco lo veré en un tiempo.
Félix irá a la capital por su cuenta ya que no puedo interferir en sus misiones como caballero real, además que lo mejor es que no se enteren de la relación con el dominio Mathers.
—Ten mucho cuidado, no confíes en nadie y procura no quedarte a solas con alguien. —Félix no es débil, ni tampoco es tonto. Aun así, no puedo evitarme preocupar por él; es un amigo y quiero volver a verlo.
Félix sonríe, moviendo su cola de un lado a otro. Abre sus ojos y me abraza, a lo que yo respondo, correspondiendo su abrazo.
Normalmente no suelo hacer esto, pues no lo veo necesario.
«Pero esta sensación cálida es reconfortante para un día tan frio».
—Me cuidare, ¡lo prometo, nya! —Félix hace un saludo militar y sale de la habitación. No puedo creer que esté haciendo eso que Marco enseña a sus soldados.
Wilhelm está con Marco, y Félix se ha ido.
«Supongo hoy estaré sola.»
Marco me ayudo a reducir mi carga de trabajo, sus métodos de organización, asi como de gestión de documentos me sorprendieron en cierta forma. No todo lo que hizo sirvió, pero sin duda pude adaptarlo de forma perfecta.
La estadística fue lo más importante de todo, pero el resto no se queda atrás.
Mi padre me pidió presentárselo, pero realmente no quiero mostrarle un estafador de otro mundo.
«Quien sabe con qué podría salir».
Me siento y comienzo a escribir los informes. Después de un rato, noto que la lluvia ha cesado; al mismo tiempo, he terminado mi trabajo. Miro hacia adelante, el sol ilumina el vasto campo, y los carruajes comienzan a reunirse poco a poco.
Pasarán muchas cosas, y lo mejor es prepararlo todo.
«Tengo varias horas libres…» Pienso en qué podría hacer y decido leer uno de los libros de Helena. El título es La llegada del Simplón. En esta historia, un hombre llega a un pueblo pequeño con el deseo de escribir un libro, por lo que decide abandonar su mundo de riqueza en busca de otro tipo de emociones.
Se muda a un pueblo, no pobre, pero que necesita trabajar duro para llevar una vida digna. Compra una casa, arma un huerto y se dedica a vivir allí.
Sigo leyendo y empiezo a envidiar un poco esa vida. Soy una duquesa y, por mucho que lo desee, son pocos los que me tratarán igual. Incluso desde niña se me enseñó a tratar diferente a quienes tenían un rango superior al mío.
Los ideales de Marco y Emilia son bastante similares.
"Todas las personas que sigan el camino del bien merecen el mismo respeto, sin importar el estatus social." Este hombre, rico y realmente millonario, se da cuenta de que es pobre mentalmente.
La gente del pueblo es cálida, y a diferencia de su hogar, aquí lo tratan por lo que es. Todos lo tratan con calidez, y él empieza a disfrutar de su nueva vida.
—En el mundo debes encajar para sobrevivir, pero para ser feliz debes encontrar un lugar al cual pertenecer —leo en voz alta, reflexionando sobre todo lo que he tenido que vivir. Soy una duquesa, ese rango no me lo van a arrebatar, pero ¿he vivido mi vida encajando o pertenezco a dónde estoy? Esa pregunta me hace mirar hacia el techo, con el libro en la mano y el delicioso aroma del té en la mesa.
«¿A dónde pertenezco?» Lo sé desde hace mucho; Fourier me hacía más o menos la misma pregunta. Cuando estaba vivo, siempre buscaba sacarme de la forma que yo misma había creado para encajar, para servir a mi título de duquesa. «Realmente mis padres nunca me obligaron, solo sentí que era lo que debía hacer.»
Sigo leyendo y observo cómo el hombre empieza a enamorarse de una chica. Intenta impresionarla comprándole varios regalos hermosos, y aunque ella le agradece, realmente no se siente satisfecha.
Ella es ciega y no valora las cosas materiales de la misma manera que él.
Para acercarse a ella, él le miente diciéndole que es pobre y que está intentando escribir un libro para hacerse famoso. Ella, emocionada, le confiesa que ama los libros, pero que no puede leerlos por sí misma.
Entonces, él se dedica a leerle sus propios libros.
Al principio, la chica no sabe varias palabras, ya que no es una persona sofisticada. El hombre empieza a darse cuenta de la realidad, de los beneficios que obtuvo por nacer en una familia adinerada.
Desde mi perspectiva, no es algo malo. Claramente, habrá una diferencia desde el momento en que nacemos; quién nos trae al mundo define nuestra trayectoria inicial, y eso siempre será así.
Lo que comparto es que no es motivo para despreciar a las personas.
Él envía una carta a un amigo íntimo, pidiéndole consejo sobre cómo cortejar a la persona que ama. Su amigo le envía una única frase: "Si tu alma e intereses la atraen, entonces la cortejaste tú. Si actúas diferente a tu ser para cortejarla, entonces no la cortejaste tú."
Con eso, el protagonista la invita a salir; ella acepta, y tras pasar un rato juntos, se sincera: "Soy un hombre rico, pero realmente no me siento rico." Con esas palabras, le explica a la chica todo lo que sintió.
En su familia, aprendió a encajar en la sociedad para sobrevivir.
Empezó a actuar como se le pedía, cambiando sus gustos según lo que se le ordenaba. Así como en este pueblo, dejó atrás sus costumbres para adaptarse a las de este lugar, se dijo a sí mismo que era pobre para que nadie lo viera ni lo tratara diferente.
"Era rico, pero mi corazón era el más pobre de todos." Con este libro, empiezo a reflexionar sobre esa verdad: la felicidad no es algo que pueda medir.
Orgullosa, siempre pensé que cumplir un propósito era más importante que ser feliz. «¿Con qué intención cumplo mi propósito?» El objetivo de Fourier era que fuese Crusch Karsten y que fuese feliz siendo yo misma. Mi objetivo es vengar su muerte y ahora escapar de las garras del destino.
«¿Seré feliz al cumplir mi objetivo?»
Sigo leyendo, y luego de que el protagonista se sincera, la chica empieza a llorar. "Me mentiste…" Sus palabras hieren profundamente al protagonista, quien intenta excusarse. Luego, recuerda las palabras de su amigo y le dice que lo siente, que se alejará de ella.
—¡Vaya!
En un momento mágico, ella le toma de las manos. Cuando me doy cuenta, estoy acurrucada con el libro bien fijo, mi corazón late con fuerza de la emoción. Todo el viaje, todas las palabras y todo el esfuerzo van a dar frutos.
"No me gustan las personas que mienten, y mucho menos las que se mienten a sí mismos." Aprieto mis labios, concordando con las palabras de ella. Las personas que mienten no merecen consideración.
Siento las últimas páginas del libro sobre las yemas de mis dedos, reconociendo que estoy cerca del final.
"No me gustan, pero también sé que a veces las mentiras son la forma de sobrevivir de ciertas personas." Abro mis ojos, sintiendo una inmensa presión en estos. Me doy un respiro, dejo el libro entre mis manos y miro mis pies.
«Marco…»
Solo, sacado de su mundo, con un destino que debe arreglar. Mentir para él parece ser natural, una forma de ser en sí mismo. Se miente a sí mismo, transformando su ser para encajar en cualquier lugar.
"Ahora te has liberado, sin forma, tú decides si quieres encajar donde quieras." Toma sus mejillas, haciéndolo ver sus ojos. "O mejor, quedarte donde sabes que perteneces."
—¡Oh! —Me emociono al leer como ella lo acerca y clava un beso en el hombre. Entonces lo relatan de una forma tan mágica que siento que formo parte del sentir.
"Ella es ciega, pero al ser ciega posee una riqueza que no puedo reconocer ni alcanzar. Yo soy rico, pero era tan pobre que tuve que escapar de donde estaba. Sus labios han roto mi ser, y ahora puedo estar en donde quiera."
Pertenecer no significa que debas odiar todo en lo que no perteneces.
"Puedo hacerlo todo, puedo soportar estar en un lugar al que no pertenezco porque sé que cuando quiera puedo quedarme donde pertenezco."
«¿Quién es Crusch Karsten?»
Sé muy bien quien es la duquesa Karsten, pero realmente no sé si soy yo. Tengo dinero, poder y grandes conexiones. Tengo gente que me aprecia y me ama, pero al final tampoco puedo decir que soy rica.
"Por fin he alcanzado la riqueza que quería."
Estoy bendecida con las increíbles personas que me rodean, pero soy pobre en la esencia de mi ser. Sé mis fortalezas y sé que también tengo debilidades, gracias a los libros que me ha dado Marco pude ver cosas que realmente no pensé estaban mal en mí.
Suspiro, viendo que sus palabras de verdad me han llegado al corazón.
No puedo creer que ella haya escrito algo así.
El libro termina con ellos juntos, yendo hacía la mansión a sus padres con todo el pueblo para celebrar. Y luego de hacerlo en su mansión se devuelven a su hogar, ese pueblo donde pudo encontrar la riqueza.
Ese pueblo que le permitió sentirse rico por primera vez.
Me levanto y miro hacia la ventana, ni siquiera me había dado cuenta y ya es de noche. Cierro mis ojos unos segundos, sintiendo el peso inmenso del libro que posa en mi pecho. Es un libro que Marco compró para mí, diciendo que se lo prestase cuando lo terminará.
Salgo de la oficina, caminando por los pasillos. Ese sentimiento que me abrazaba en ciertas ocasiones, aun teniendo a Félix a mi lado, aun estando con el resto. La forma en la que me tratan realmente es la forma en la que tratan a una duquesa.
Solo Félix y Fourier me han tratado buscando a Crusch Karsten.
Aunque, ahora está el estafador.
Realmente he estado dejando de ser la duquesa Karsten, pero a la vez no sé en quien me quiero convertir, o que camino estoy tomando. «¿Si yo olvidase todo lo que he vivido, encontraría mi verdadero yo?»
Cierro mis ojos, rechazando esas palabras.
«Si olvidase todo dejaría de ser yo.» Es una verdad, puesto que yo soy mis recuerdos. Si hubiera dos yo entonces cada una sería Crusch Karsten, pero a la vez una Crusch Karsten diferente.
Ahora mismo soy dos Crusch Karsten, la duquesa, y quien busca a la original.
"No le des importancia a quién eres, si no concéntrate en disfrutar de la persona que eres." Las palabras de Fourier me levantan una sonrisa, y mi cuerpo empieza a relajarse.
—Me siento sola… —Miro por la ventana la hermosa luna, en dirección a donde aquel estafador debe estar.
Quiero ayudarle, pero a la vez no siento que pueda alcanzarle. Marco Luz está incluso más cerrado al mundo que yo. Quizas este libro le ayude a ver un poco la realidad, quizás pueda hacerlo sentir pertenecer a este mundo.
«¿En qué estoy pensando?» Ladeo mi cabeza con fuerza, sacando esos pensamientos erróneos de mi ser. Solo tuve una cita con él, mi cuerpo no puede ser tan débil. Soy Crusch Karsten, nunca caeré en manos de un estafador.
De hecho, dudo que esas sean sus intenciones.
Miro hacia adelante, dirigiéndome a mi habitación.
Mientras camino siento que en el fondo de mi algo ha cambiado, aunque no pueda decir con exactitud que es, puedo sentir que su llegada ha traído grandes cosas. Cambios a la vida de innumerables personas, asi como la propuesta de un futuro en el que las personas podrán construir sus propósitos.
«¿Qué le hará feliz?» Miro mi mano, recordando la sensación de su agarre. La sensación que tuve cuando tomo mis manos en esa mesa, cuando pude ver el reflejo puro de sus ojos. Cuando dijo una verdad por primera vez.
Abro la puerta, viendo mi solitaria habitación.
—¿Cuándo volverás? —pregunto al aire, y entonces me sumerjo en mi propia soledad.
