Capítulo 10

Mi Vida Junto a Ti.


La primera impresión que di no fue la mejor. Estaba asustado, lleno de tristeza, y mi mano faltante dolía. Estaba frente a un hombre desconocido, pero que había acabado personalmente con el arzobispo de la pereza.

Además me acababa de salvar la vida.

Era alguien con un poder desconocido. Su aura me decía que era algo más que un simple alcaide de un pueblo con un gran poder de combate.

«Problemas». De esa forma lo percibí, esa persona solo traería problemas tras problemas. Su forma de dirigir, de actuar con confianza, se veía genuina.

Es ese el tipo de personas que siempre causan problemas.

Conocía sobre mí, así que supuse su red de información debía ser de primera mano para tener información sobre un don nadie.

Accedí a trabajar con él tras ver su actitud, después de todo, yo soy un comerciante. Aún me faltan muchas cosas por aprender, pero en ese momento decidí apostar por ellos.

Me sentía solo y destruido, el ver que alguien me miraba directamente como si fuese alguien muy capaz me dio esa esperanza de salir adelante.

El salario también era bueno, asi que me terminó de servir para pagar la deuda de los aceites.

—Otto Suwen, es un placer trabajar aquí —dije confiado a Rem, quizás un poco de más.

Su primera mirada fue fría; me estaba analizando. Normalmente eso no es un problema, pero podía sentir un temor interno, como si ella estuviese considerando si soy un enemigo o un aliado.

Intenté decir algo, pero su mirada terminó por cerrar mi boca.

La primera vista a sus ojos me hizo congelar, sentir que mi vida corría peligro.

—Sé que puede parecer poco confiable, pero tengo plena confianza en sus habilidades —dijo Marco, y Rem me llevo a otro lugar.

Las instalaciones eran impresionantes para ser un pueblo; recorrí la base militar, vi a los militares en sus operaciones tras la guerra.

—Esta es la gente que protege el pueblo. —Rem señalaba, con desanimo, triste y solitaria.

El estado de animo despues de la guerra contra el culto no era muy bueno, y con mucha razón, pues habían muchos heridos y murieron personas tanto en Irlam como por fuera del pueblo.

Siempre he visto a la gente de lejos, observando como cada persona es un mundo en si mismo. Tras mis observaciones llegué a una conclusion: Los ojos no engañan, pueden esconder, pero nunca engañaran a alguien que se fije bien.

Sigo mirandola, y escucho una voz venir desde un arbol cercano.

"Sola, solitaria." Dijo un pajaro en su nido.

Mi bendicion divina me hace una fuente de informacion perfecta, pero no me gusta utilizarla de más. Yo solo puedo hablar con ellos, más no son mis sirvientes.

«El rostro de una persona no siempre muestra lo que hay en su corazon». Eso decían mis padres siempre, y yo mismo ya lo sabía, pues yo era un gran mentiroso.

Nuestra primera interaccion fue fría como el hielo, pero, poco a poco, ese hielo se fue derritiendo.

Aún lo recuerdo, el primer día que la vi reir.

Estabamos hacíendo un viaje a la herrería, debíamos ir por los informes sobre la produccion de piezas para la segunda version de la maquina a vapor. Habían pasado varias semanas de conocernos, debido a que, en ese entonces, ya habíamos festejado la victoria contra la ballena.

Todo era tan movido que realmente no teníamos tiempo. Llevabamos varios días durmiendo poco, practicamente sin dormir.

Miré a Baltazar y extendí mi mano para agradecerle.

—¡Gracias por su gran trabajo! —Me quedé mirando unos segundos, para ver que extendí mi brazo derecho.

Me sentía tan cansado por el trabajo que ni cuenta me había dado de que extendí el brazo que no era, aquel que no tenía una mano.

—¡JAJAJAJAJA! —Baltazar no dudo un segundo en reir, tomandome del brazo como si mi mano estuviese ahí—. Siempre es un placer tenerlos por aca, jajajajaja.

Todos rien, y realmente se me hizo tan tonto que hasta yo empece a reir. Estaba estresado y ver que de alguna forma todos reian me hizo reir también. Cuando gire hacía Rem, vi su sonrisa, pude ver que se tapaba la sonrisa con su boca, pero sus ojos se arqueaban levemente, disfrutando el momento.

«Hermosa», ese fue mi primer pensamiento.

Algo normal, pues Rem siempre ha sido aclamada como una joven hermosa entre todos los ciudadanos. Tras ese incidente sentí que el muro de hielo entre nosotros se rompió un poco. Yo, como una hormiga, me metí entre los huecos para ver del otro lado.

Nos reuniamos fuera del trabajo, charlabamos ¡y vaya! Era una persona completamente diferente a la que estaba acostumbrado.

—Me gusta mucho ver a la gente caminar —decía mientras balanceaba sus pies en una banca. Su mirada sonriente no me dejaba apartar la vista de ella, y en ese entonces ni siquiera me había dado cuenta—. Ver que todos lleven una vida, ver las prendas que usa cada uno.

Ella entonces se giró para verme, y yo solo pude apartar la vista hacía otro lado. Es menor que yo, pero su vida le ha hecho pasar por muchas cosas, haciendo que nos comprendieramos mutuamente.

—¿Sabes? —Ella me señaló hacía las constructoras—. Toda esta gente vivía con la esperanza de salir de aquí, vivía con la esperanza de un mejor futuro en otra parte. Otros perdieron sus sueños y esperanzas, resignandose a una vida tranquila en un pueblo escondido.

Ella acariciaba sus manos, mirando las nubes blancas. Su cabello se reflejaba con el sol, brillando como si la magia saliera de ella.

—Yo tambien era igual, quizas no desde hace mucho. —Cerró sus ojos, y pude ver su sonrisa desaparecer—. Yo no me creía merecedora de una vida, si no más bien solo de un proposito. Basé mi vida en cumplir un proposito, mientras que todo lo demás era innecesario. Incluso daría mi vida, pues para mí no valía nada.

Pude ver la amargura en sus palabras, pude ver el dolor que había dentro de ella.

—Un fracaso, indispensable. Creía que debía ser usada para poder hacer algo por los demas. —Una sonrisa desapegada; su mirada estaba perdida, por un segundo sentí que se estaba adentrando en un mal lugar—. Y creo que aún…

No pude más.

—¡No lo eres! —exclamé, alertando a todos a nuestro alededor. Ella me miró con sorpresa, pero en ese momento ni siquiera la vergüenza me iba a detener—. Te has esforzado toda tu vida, siempre has querido salir adelante. Eres responsable, carismatica, eres un poco fría con los desconocidos pero cuando te sientes comoda te…

—¡Detente! —sonrojada, tapó mi boca con sus manos. Yo la miré y me dí cuenta de que mis emociones habían salido.

Si, salieron sin que incluso supiera de su existencia.

—Lo siento. —Miré a otro lado, totalmente rojo de la vergüenza. Creí que la había molestado, pero entonces la escuché reir. Carcageó hasta que las lagrimas intentaban salir, se frotó levemente los ojos y volvió a sonreir.

—Gracias, eso me hizo sentir mejor. —Me quedé boquiabierto un segundo. Ella se acomodaba el cabello, solo hacía ese acto, sin embargo, yo estaba completamente hechizado.

Y entonces, la magia sucedió.

—Soy muy feliz ahora, aunque tenga mis momentos, me siento comoda con mi vida ahora.

Su sonrisa era sincera. El sol en ese momento se despejó, permitiendo iluminarla como si el destino me susurrace un secreto. Es como si el mismisimo cielo me dijese que debía proteger esa sonrisa.

Su sonrisa se iluminó con el sol, y yo con su sonrisa.

Desde entonces hablamos todos los días, por lo que empecé a aprender de sus gustos y hobbies. De vez en cuando me quedaba con ella en la mansion mientras trabajaba haciendo prendas; yo leía un libro y ella diseñaba ropa.

—Otto, ¿que tipo de ropa te gusta más? —Me hacía ver sus diseños, unos eran tan interesantes y hermosos que me asombraban.

—El blanco parece un vestido ceremonial hermoso, ¿es para casarse? —respondí, siempre siendo objetivo para ayudarla en su camino—. Aunque creo que sería muy caliente usuarlo en estas fechas, ¿no crees?

Una vez me dio curiosidad, pues aun no sabía de donde venía ese gusto por las prendas.

—¿Cómo te terminó gustando tanto el diseño y tejer? —una pregunta tosca, honestamente, fue más expontanea que planeada.

Rem pensó unos sengundos mientras seguía tejiendo con la maquina; lo unico audible eran los engranajes moviendose y el pequeño ruido de la mini maquina de vapor. Cuando se detiene, miró hacía la ventana con una sonrisa.

—No hace mucho. —Tomó una de las prendas que creó, un vestido blanco como la nieve, con bordados morados y una bufanda—. Una vez estuve mal, muy mal; me sentía sola y triste. No podía sentirme a gusto con nadie, ni si quiera con mi propia hermana. Estaba pasando por un mal momento, solo emocionalmente, pues el resto de las cosas estaban bien.

Dobló con cuidado el vestido, levantandose para acercarse a la ventana. Cuando la abrió, escuché la voz de las aves, quienes parecian estar jugando entre ellas como si fueran niños jugando en un parque.

—Mi corazon estaba roto y herido, pero me había decidido a cambiar, solo que no sabía lo dificil que era hacerlo. —El viento entró, dejando que su cabello rebolotease con gracia—. Poco a poco, me di cuenta de que nunca había hecho algo que me gustase. —Suspira, mirandome con melancolía—. Veía como Marco o la señorita Emilia hablaban apasionadamente de las cosas que les interesaba. El brillo en sus ojos cuando lo hacían me daba cierta envidia, pues yo no sabía que se sentía.

Da otro suspiro y sonríe, como si recordar ese dolor ahora fuese un momento de alegría.

—Un día estaba tan frustada como aburrida, asi que me puse a tejer para calmarme.

Rem buscó en su armario, sacando unos guantes hermosos. Son de una tela suave al tacto, parecían calientes y a la vez esponjosos.

—Despues de hacerlos vi sus errores, por lo que quise hacer más, y luego más. —Rem miró la maquina, tocandola suavemente—. Luego no pude parar; me quedaba viendo a la gente caminar, como usaban sus prendas, como cambiaban dependiendo de su situacion y el clima.

Vi sus ojos, esos ojos que envidiaba y no le pertenecian. Ella siempre los anhelo, y, como obra del destino, dejando de enfocarse en perseguir el brillo de otros, encontró el suyo.

—Luego, sin darme cuenta, me vi pensando en diferentes prendas. Le pregunté a Marco por las prendas de su mundo y como las usaban. El me mostró diseños, asi como me explico como fue cambiando la moda. —Entrecruzó sus dedos, y sus ojos, cristalinos, me atraparon por completo—. Yo quiero ser quien haga eso, me dije a mi misma.

Los recuerdo, recuerdo sus ojos de una forma tan vivida que podría dibujarlos con los ojos cerrados.

Celestes, ablandados, vidriosos de la emoción. Sus ojos reflejaban su anhelo, irradiablan felicidad y vibraban de emoción. Su iris me miraba fijamente, me sentía encima de una roca negra, iluminada por el sol que refleja un lago celeste.

Esos ojos me cautivaron, me atraparon y dejaron a merced del agua del lago.

Seguíamos hablando, dandonos compañía y disfrutando el uno del otro.

Nuestras charlas no siempre eran sobre el trabajo, a veces, una simple pregunta desembocaba una conversacion de horas.

—Entonces, como decía, hay diferentes tipos de tela para cada tipo de piel…

Tambien le empecé a contar anecdotas de mi vida, cosas que en su momento me dolieron, que me causaron un gran estrés, las estaba contando como si fuesen poca cosa; pues eso sentía que eran.

—Entonces me dijo, si me haces viajar a otra ciudad te haré comer pasto. —La risa de Rem salia junto a la mía mientras fingía la voz de mi dragon.

Al contarlas, aunque fuesen cosas muy estresantes para mi, me hizo verlas de otra manera. Ya habían pasado, y ahora soy una persona que las afrontó. Poco a poco, palabra a palabra, mirada a mirada, fui enamorandome más y más.

—Creo que estoy enamorado, pero no estoy seguro. —Miré a Marco, mientras el me servía una copa de vino.

Ambos habíamos terminado nuestro trabajo, por lo que decidimos tomar un rato para relajarnos. Marco siempre ha dado respuestas logicas, en ocasiones, demaciado logicas y frías.

En ese entonces el era un hombre que vivía por su proposito, por eso me gustaba liberarlo un poco de esas cadenas.

Atado, solo el alcohol lo liberaba un poco.

—Ja, cada vez que hablas de Rem tus ojos se iluminan como un rayo de sol. —Marco empezó a reir mientras yo me sonrojaba—. No tiene nada de malo enamorarse, el amor solo te hace más fuerte. Si al ver hacía ella te hace sentir fuerte y debil al mismo tiempo, entonces, mi amigo, usted está enamorado.

Esas palabras me hicieron darme cuenta de que, ciertamenete, estaba enamorado de Rem; me sentía fuerte, lleno de energía.

—¡Brindemos por mi hermano enamorado! —exclamó Marco, y ambos chocamos nuestras copas.

Quería trabajar más duro, quería poder rendir para luego pasar el tiempo con ella.

Así como cuando me sentía debil quería descansar en su hombro para luego ser fuerte. Quería abrazarla y acompañarla.

Yo ya me había enamorado antes pero nada de eso se compara al ahora.

La miro de frente, decidido a ayudarla. El carruaje ya está listo, asi que un poco más que nos tardemos no será un problema.

—Claro, no hay problema. —Ella se acomoda el cabello, y solo con eso siento que estoy viendo la mujer más bella del mundo, derritiendo mi corazón y mi miedo.

La señorita Emilia es hermosa, también la señorita Helena y Crusch. Pearl tiene un aura diferente, más elegante que todas juntas. Sin embargo, la persona en frente de mí no tiene un lugar.

No puedo definirla como primer lugar cuando ella ya es todo lo que quiero.

Ambos caminamos hacía una parte libre del patio, sentándonos en el césped. Lo acaricio lentamente, sintiendo su suavidad. Cuantas veces no estuvimos aquí, hablando, compartiendo nuestros dolores y alegrías.

Miro las plantas al fondo y un recuerdo me atraviesa.

Este también fue el lugar donde pude sostener su mano por primera vez.

Era de noche, había salido de mi habitación por un poco de agua. Cuando fui a la cocina la vi; parecía un poco decaída.

—¿Pasa algo? —pregunté, y ella solo sonrío de vuelta.

—Creo que quiero dejar de trabajar como secretaria. —La mirada de Rem era triste y mi corazón dolió en ese momento.

La mayor parte del tiempo que pasábamos juntos era por el trabajo. Sabía que la idea de Marco era que yo tomase ese cargo, puesto que él siempre ha querido que Rem sea libre y viva una vida tranquila, alejada de todos los problemas.

Ahora que por fin sucedía debía estar muy feliz.

Pero, en ese entonces, las lágrimas salieron.

—¿De qué querías hablar? —la pregunta de Rem hace que vuelva en mí. Mi corazón empieza a latir con fuerza, pero su mirada preocupada disipa ese miedo.

Ahora, debo enfrentar una situación similar.

La diferencia es que ese Otto y el de ahora somos completamente diferentes.

—Rem, ¿recuerdas la ves que te dije que siempre te ayudaría? —pregunto, y ella asiente de inmediato, sonriendo levemente.

Extiende su brazo, mirando hacía el bosque.

—¡Hago un juramento al dragón! —Rem se lleva la mano al pecho con firmeza—. Yo, Otto Suw…

—¡No lo digas! —exclamo de inmediato.

La intento detener, extendiendo mi mano para tapar su boca, pero ella la agarra. No puedo ganarle en fuerza, asi que mis forcejeos son inútiles. Una sonrisa aparece en su mirada, una sonrisa sincera y llena de alegría.

—¡Juro que… —La mano de Rem se resbala haciendo que caiga sobre ella y nos tumbemos en el césped—. ¡Jajajaja!

Nos empezamos a reír, simplemente a reír sin pensar en nada más. Mi risa salió por si sola, y ambos reímos al unísono mientras nos acomodamos en el césped. Nos quedamos de espalda, riéndonos y riéndonos.

Su mano toca la mía, y luego se entrelazan.