Error


Vuelvo a abrir mis ojos y lo primero que llena mi vista es el tejado de madera, desgastada por el tiempo y las inclemencias del clima. El aroma a humedad se cuela por mi nariz, como un abrazo cálido y familiar.

Entonces recuerdo lo sucedido: he vuelto a la cabaña y ahora debo partir a ayudar a mis amigos.

Intento levantarme, un paso a la vez, y cuando lo hago, un dolor punzante recorre cada músculo de mi cuerpo. El esfuerzo es titánico, como si mi carne y huesos se resistieran a obedecer.

—¡Ahg! —miro mis manos, viendo que están temblando con debilidad. Mis nudillos están amoratados, marcados por la lucha, y las uñas, que alguna vez fueron limpias y cuidadas, ahora están rotas y llenas de tierra.

Se siente como si me hubieran dado una paliza.

Cierro los ojos y respiro hondo, tratando de encontrar la fuerza para seguir adelante. Aquí, en este rincón apartado del mundo, se libró una batalla que trasciende lo físico.

—Jaja, qué pelea. —Giro mi cabeza, y entonces los veo a ambos: Garfield sentado en un rincón, su mirada intensa y su cabello revuelto. A su lado, Ryuzu, colocando vendajes en los brazos de Garfield.

El rostro de Garfield ya no está hinchado; ha usado su maná para recuperarse. Garfield me mira con una sonrisa, pero rápidamente su expresión se vuelve seria.

—Tenemo' que apura'no'. —su mirada se fija en el horizonte, en dirección al pequeño pueblo—. Puedo escucharlo, ya ha comenzado.

—Los disparos, los golpes, el estruendo de la magia. —Ryuzu me mira con preocupación, pero yo sonrío débilmente en respuesta.

Miro en la misma dirección, pero realmente no puedo ver ni escuchar nada. Intento esforzarme, pero mi cuerpo me traiciona, haciéndome volver a caer en la cama. Por obvias razones los sentidos de Garfield son más agudos que los míos, solo pensé que podría identificar una fuente de maná.

«¿Qué está pasando allá afuera?» «¿Estarán bien todos?». Según la historia, esta batalla la gana Ram por sí misma con ayuda de Puck, sin embargo, ahora que no está, quería reemplazarlo con Luan, Crusch y Otto.

Lo importante era que las palabras de Ram llegasen a Roswaal, «pero ya lo sabía», este error tendrá consecuencias, y por tengo que moverme.

—Si Roswaal se pone en serio, todos morirán. —Aprieto todo mi cuerpo y me levanto de la cama, sintiendo cómo cada articulación cruje, con mis músculos temblando y el dolor de contraerlos me embarga por completo.

La responsabilidad pesa sobre mis hombros, como una losa de acero.

«No puedo fallar».

Aun así, no cederé. La determinación arde en mi pecho y, aunque mi cuerpo proteste, mi voluntad es inquebrantable.

Intento ver mi puerta de maná, pero al hacerlo, caigo al suelo. Empiezo a toser y el aire desaparece de mis pulmones. La sensación dura unos segundos y luego desaparece, como si nada hubiese sucedido.

«Mierda... ¡duele como el infierno!».

—Has gastado todo tu maná, es un milagro que estés vivo. —Ryuzu se voltea a verme, sosteniendo una pócima curativa—. Se lo iba a dar a Garbo, pero tú estás en peor estado.

«No puedo tomarlo, no sé qué es lo que va a suceder». La batalla contra Roswaal es clave, si la malgasto...

Sin maná es imposible que pueda combatir. Con un gesto rechazo la idea, mientras mi mirada se posa en Garfield.

—La persona idónea para confrontar a Roswaal es Garfield; únicamente él puede pelearse con él en igualdad de condiciones.

Mis ojos se fijan en él, pero Garfield me interrumpe.

—¡Has sido capaz de fracturar las costillas a mi magnífico ser! —Garfield lanza una sonrisa y flexiona sus brazos, haciendo alarde de su musculatura—. Debes enseñarme ese arte de combate.

Su entusiasmo es arrebatador, y aunque mi cuerpo esté lacerado, una chispa de determinación surge en mí. El odo de Betty sigue fusionándose, aún no estoy seguro de que sucederá, o que es exactamente el odo, sin embargo, siento un nuevo poder dentro de mí.

Su mirada, rebosante de orgullo y admiración, me arranca una carcajada. Engancho la pócima a mi cinturón, cubriéndola con tela para evitar que se rompa fácilmente.

Si puede ser de alguna utilidad, mejor reservarla para más adelante. No puedo consentir que mis amigos pasen por más problemas. Estoy dispuesto a enfrentar la muerte, pero ellos no deben correr tal suerte.

Con la llegada del quinto día, ha llegado mi momento de actuar. Al parecer, han transcurrido algunas horas y la oscuridad de la noche pronto dará paso al amanecer.

Si aspiro a tener a Roswaal de mi lado, debo persuadirlo, convencerlo de que soy el único capaz de satisfacer sus ambiciones. ¿Qué anhelos guarda Roswaal? ¿Qué secretos lo conducen?

La idea de colaborar con un psicópata y asesino como él me revuelve las entrañas, pero no veo alternativa. Si mi deseo es auxiliar a los habitantes de Irlam, si pretendo proteger a mis amigos, si busco sobrevivir al futuro, he de requerir de su poder.

«Si dándole lo que quiere puedo salvar a todos, entonces lo haré».

—Debes permanecer en la tumba; soy consciente de que no puedes influir sobre las demás Ryuzu. —Mi vista se desvía hacia la ventana, donde observo a una muchacha ataviada de blanco. Asiento serenamente, esbozando una sonrisa—. Lo que presenciaste fue el pasado de la auténtica Ryuzu.

Los ojos de Ryuzu se ensanchan, revelando su asombro, y sus labios tiemblan ante las revelaciones. Garfield, por su parte, muestra confusión; por ello, decido aclarar la situación una vez más.

Después de unos minutos, me dirijo a Ryuzu:

—No eres ella, aunque surjas de su ser. Eres única, Ryuzu Shima. —Cierro los ojos, apretando mis manos con fuerza—. Debes seguir tu propio camino.

Ryuzu observa a Garfield con temor, consciente de que liberar el santuario implica peligro según lo que ha visto en la prueba. Además, Garfield es alguien significativo para ella, complicando su posición.

«Su sacrificio es necesario e inevitable, aunque me duela».

—Garfield, ¿te gustaría hacer la prueba? —pregunto, percibiendo la sorpresa en sus ojos—. Si decides hacerlo, haré todo lo posible por contener a Roswaal.

«Que Garfield realice la prueba y se sume a nuestro bando justifica plenamente el riesgo». La mirada de Garfield hacia mí es firme, con una determinación que denota su disposición a enfrentar lo que sea necesario. Sin embargo, una explosión repentina sacude el entorno, rompiendo momentáneamente el silencio tenso que se había establecido.

Ryuzu y yo giramos instintivamente nuestras miradas al horizonte, donde una ominosa nube de fuego se eleva hacia el pueblo, señal que indica que las cosas no están saliendo como se planeaba.

—Garbo, si no quieres... —Ryuzu intenta hablar, pero Garfield la interrumpe con una mano en su cabeza.

En este momento crítico, Garfield, con un puño apretado y la expresión endurecida por la resolución, toma una decisión que cambiará el curso de los acontecimientos.

—No puedo evitarlo. —A pesar de sus palabras, su sonrisa persiste, una mezcla única de valentía y determinación—. Ellos serán mi' amigos ahora, ¿no?

Asiento, reconociendo la tranquilidad que emana de su elección, aunque sé que el camino por delante estará lleno de desafíos.

—Ademá', quiero darle una paliza a ese bastardo con estos increíbles puños. —Garfield se levanta con una energía renovada, su cuerpo completamente curado. Aunque sus reservas de maná estén bajas, la ferocidad en sus ojos revela una voluntad inquebrantable para enfrentarse a lo que sea necesario.

Roswaal debe estar lo suficientemente desgastado, si ambos luchamos de seguro seremos capaces de vencer.

Mientras tanto, mi mirada escudriña el entorno en busca de algo que ponerme. La tensión en el aire es palpable, y mi cuerpo responde instintivamente a la gravedad de la situación.

Sin encontrar nada adecuado, avanzo hacia la puerta, consciente de que cada segundo cuenta.

—Deberías quedarte, Marbo. Estás muy herido, y Roswaal no es alguien débil. —Ryuzu expresa su preocupación con sinceridad. Aunque nuestro tiempo juntos ha sido breve, he desarrollado afecto por su actitud relajada y tranquila, lo cual hace que dejarla atrás duela aún más.

Sin embargo, no hay otra opción.

Mi cuerpo está desgastado, pelear sería un problema si se trata de Roswaal. Por suerte esta no es una batalla de vencerlo, si no de convencerlo. Mi cuerpo se está recuperando lentamente, el odo de mi hija sana mis heridas poco a poco.

Además del miasma, que también tiene esos efectos.

—Ryuzu, este santuario fue concebido con la oscura intención de aprisionar y protegerlos en sus siniestros experimentos. De alguna manera, te volviste muy cercana a mi hija, Beatrice, y, como resultado, Echidna te dispensó un trato "favorable", si es que podemos llamarlo así.

Desconozco los horrores que debieron soportar los demihumanos, pero me atrevería a suponer que sus vidas distaron mucho de ser agradables, y más a ser simples ratas de laboratorio.

«No... dudo Betty permitiría algo así».

En el silencio que sigue, siento las miradas penetrantes de todos, y mi atención se posa en el rostro apagado de Ryuzu mientras mis palabras resuenan en la atmósfera cargada.

—La verdadera Shima ya no existe, y el cristal que supuestamente "protege" este santuario ya no tiene razón de ser. —La miro con firmeza, con una determinación que refleja la urgencia del momento—. Hay acciones que debemos emprender y personas que debemos resguardar.

Los conejos lograron infiltrarse; Subaru y yo lo hicimos, a pesar de estar impregnados de miasma.

Se supone que cualquier individuo con sentimientos adversos no tendría cabida aquí, pero incluso Roswaal ingresó con la intención de aniquilar a todos si fuera necesario.

La protección que brinda este lugar está lejos de ser completa; los sentimientos negativos no siempre están asociados con la maldad. Además, carece de sentido que los demihumanos no puedan escapar.

—Más que una barrera protectora, esto es simplemente otro experimento. No tiene utilidad, y no impedirá que sucedan cosas nefastas. —Indico hacia Irlam con un gesto de la mano—. En cambio, en Irlam, todos tendrán la oportunidad de iniciar una nueva vida, liberados del yugo del racismo y protegidos en todo momento.

Extiendo ambas manos, inclinándome en señal de respeto. Este no es el momento para la arrogancia; necesito la colaboración de ambos para que me asistan, necesito que cada quien cumpla su deber.

—Mi hija está en grave peligro. Para poder ayudarla, necesito salir con mi gente, y también necesito su ayuda. —Es algo cruel, algo realmente cruel y horrible lo que estoy haciendo.

Si tan solo supiera cómo ayudar, lo haría. Si hubiera profundizado más en los hechizos, si hubiera estudiado más. Un suspiro escapa de mis labios mientras encuentro la mirada de Ryuzu.

Sé que Ryuzu desaparecerá, cediendo paso a Echidna. Ella también es consciente de que ese es su destino, después de todo, es la candidata perfecta al conservar recuerdos fundamentales sobre quién es, sobre quién es Echidna.

Ella probablemente ya lo sabe; por eso, mi petición se torna egoísta y cruel.

Sin embargo, la primera mano que siento es la suya.

—Has cambiado, Marbo. —Sus manos aprietan las mías con firmeza, y su determinación se transmite a través del contacto—. Prométeme que protegerás a todas las Ryuzu, así como a todos aquí.

Asiento, y Garfield toma entonces mi mano con una fuerza que revela su resolución.

—¡Mi asombroso ser protegerá a todos! ¡Soy el escudo del Santuario! —la contundencia de su agarre me deja claro que está completamente decidido.

Aunque me gustaría contarle a Garfield sobre su madre, decido posponerlo. Temo que, si se entera ahora, podría perder la determinación que muestra en este momento. No soy perfecto, no puedo hacer las cosas perfectas. Pero estoy decidido a hacer lo mejor que puedo.

En ese instante, veo múltiples espíritus luminosos que danzan a mi alrededor. Extraños sonidos invaden mis oídos, un estruendo que amenaza con hacer estallar mi cabeza.

Luego, un dolor punzante se propaga por todo mi cuerpo. Es como si mis huesos mismos estuvieran siendo sometidos a una transformación, y la intensidad de la sensación me hace sentir vulnerable ante el inminente cambio.

—¡Oye! —Garfield trata de sostenerme, pero el ruido persiste. Aprieto todos los músculos de mi cuerpo, tapándome los oídos con fuerza e intentando mitigar el dolor.

«¿¡Qué mierda es esto?!». La presión es tan intensa que siento que voy a estallar, como si cada parte de mi ser estuviera siendo sometida a una fuerza incontrolable.

—¡AGGGH! —grito, luchando por liberarme de ese tormento. En medio del caos sensorial, una voz infantil resuena en mi mente, instándome a resistir.

«Creo que recuerdo esto, es como el necto que hizo Julius con Subaru». Intento respirar, pero incluso el aire está siendo expulsado de mi cuerpo. Mis tímpanos escuchan múltiples voces, tan chillonas que mis oídos están siendo desgarrados.

Sangre empieza a caer de mi boca y nariz, haciéndome arrodillar y caer. Ryuzu intenta usar la poción en mi cuerpo, pero yo uso mi mano para detenerla.

El cristal en mi pecho empieza a brillar, y un sentimiento de temor me embarga por completo. No puedo pensar, solo puedo contener el dolor en mi interior con todas mis fuerzas.

Aprieto los dientes con fuerza, sintiéndolos rechinar. Ambos, Garfield y Ryuzu, me sostienen con manos firmes, pero el dolor persiste, como si mi cuerpo estuviera siendo desgarrado y vuelto a ensamblar desde adentro.

«Aguanta un poco», una voz infantil resuena en mi mente.

Mi rostro se contorsiona en una expresión de sufrimiento, mientras mi cuerpo se retuerce involuntariamente ante la incomodidad aguda.

En medio de la agonía, mi brazo derecho comienza a moverse, y percibo que la fractura se está sanando. Los espíritus que danzan a mi alrededor brillan con más intensidad, y siento una conexión profunda con ellos.

«¿Ella los envió?» «¿Emilia?» Mi mirada se torna interrogante, buscando respuestas en el fulgor de las luces espirituales y la agonía que está sufriendo mi cuerpo.

De repente, el dolor se detiene abruptamente, dejándome jadear con alivio. El sudor frío recorre mi rostro, y las miradas preocupadas de Garfield y Ryuzu me cuestionan sobre lo que acaba de ocurrir.

Sigo jadeando, sintiendo que mi corazón está latiendo con tanta velocidad que se va a salir de mi corazón.

Mis ojos buscan en los de ellos alguna señal de comprensión mutua, mientras mi respiración agitada intenta normalizarse. Mi cuerpo lentamente se siente renovado, los espíritus de agua de Emilia hicieron su deber mientras ella está terminando las pruebas.

El problema es que siento sus presencias muy débiles, eso significa que algo salió mal. Había cuasi espíritus, pero ahora no puedo sentir su presencia.

No tengo maná, pero experimento una sensación única que me embriaga.

Es como si una brisa fresca se filtrara a través de mis poros, regalándome una inmediata sensación de frescura que acaricia mi piel y revitaliza mi ser. Aprieto mis manos, sintiendo cómo mi fuerza retorna gradualmente, revitalizada por esta corriente reconfortante.

—Han compartido momentos con Emilia y, por ende, conmigo. No sé si están todos bien, y me disculpo si algo sucedió. —Aprieto mis manos, sintiendo que es momento de actuar—. Gracias, prometo que pagaré esta deuda.

La ausencia casi total de miasma en mi cuerpo indica que Emilia los dejó antes de partir, pero el miasma les infundió temor de acercarse. Ahora, finalmente, han optado por ayudarme.

A pesar de mi carencia de maná, que me deja como un simple humano, incluso sin miasma, sé que debo seguir luchando.

—Vamos. —Miro a Garfield, quien parece sorprendido por mi actuar. Él sonríe y me ofrece su puño. Nuestro intercambio es silencioso, y antes de partir, simplemente choco mi puño con el suyo.

Antes de emprender el camino, tal vez realice algo que altere el plan, pero es lo que mi corazón me demanda.

—Ryuzu, si le cuentas "eso" a Emilia, probablemente querrá ayudarte. —Miro hacía ella, conteniendo mi tristeza—. Perdóname por decirte esto, pero a mí también me gustaría volver a verte.

Ahora no puedo solicitarle que se quede, ni tampoco prohibirle realizar alguna acción. Comprendo que ella también lo está considerando, pero no soy dueño de su vida.

—Conozco muchas cosas de este mundo, detalles de un presente que ya no existe. No puedo explicar cómo lo sé, pero confío en que tomarás la decisión que tu corazón te dicte.

No pretendo manipular a nadie. Si Emilia no está dispuesta a destruir el cristal de esa manera, buscaré otras alternativas. Al fin y al cabo, soy Marco Luz.

Su mirada se encuentra con la mía, sus ojos despiertan con una claridad como si hubiera salido de un sueño. Su aura, antes borrosa, recobra sentido. Se acerca a Garfield y toma su mano, sellando el gesto con un beso en su mejilla.

—¡Hey! —Garfield se sonroja, pero ella solo le devuelve una sonrisa.

Mis labios también se curvan ante la escena—. Que los espíritus estén con ustedes —sus palabras marcan un adiós implícito que siento en lo más profundo de mi alma.

La vida puede ser cruel, las personas también. Aun así, acepto la realidad. Dirijo mi mirada hacia Garfield, ahora transmitiendo toda la seriedad de la situación.

El deja de sonreír por un instante y me observa con atención.

—Roswaal es fuerte, dudo que incluso entre todos podamos hacer algo. —Un escalofrío recorre mis manos al recordar la vez que morí en sus manos, cuando acabó con la vida de mi hija—. Es un monstruo, pero quizás podamos contenerlo. Para ello, debes...

Garfield me da un manotazo en la espalda, un gesto de ánimo que refuerza su confianza.

—Un escudo debe confiar, ¿cierto...? —su sonrisa es evidente, su emoción palpable—. General.

Sonrío, sabiendo que nunca más pronunciará mi nombre.

—Andando.

Comenzamos a correr, atravesando el bosque a toda velocidad. Esquivamos los árboles, avanzando con determinación. Garfield mantiene su velocidad, pero le insto a adelantarse.

—Es mejor guardar energía; quiero recuperar fuerzas para darle una paliza a ese bastardo. —Sus ojos se fijan en el horizonte mientras continuamos avanzando, su expresión revela la firmeza de su determinación.

En medio de la carrera, siento algo diferente. Mi fuerza regresa, algo cambia dentro de mí. Una sensación renovada que me impulsa hacia adelante.

Puedo percibir el roce del viento acariciando mi rostro, el crujir de las hojas bajo nuestros pies, la frescura del bosque que se funde con la determinación que palpita en el aire. La conexión con el entorno se intensifica, nutriendo mi espíritu para el desafío que nos aguarda.

Mis sentidos se agudizan, y mi visión se llena de asombro al percibir el maná desplegarse como un delicado resplandor desde el cuerpo de Garfield. «Es rojo, un rojo carmesí tan intenso como la sangre». Los espíritus danzan entre los árboles, creando piscas de luz etérea que revelan la presencia de varios espíritus ocultos entre los arbustos cercanos.

«Creo que lo entiendo».

La conexión con Beatrice, con su capacidad para absorber maná de la atmósfera mediante su odo, y la influencia del propio odo de Puck en mi ser, han alterado la esencia de mi puerta, otorgándome una visión más allá de lo común.

Ambos me otorgaron parte su vida, y mi cuerpo la ha usado para algo. Dos grandes espíritus me dieron parte de su vida para hacerme más fuerte.

Fijo mi mirada en el horizonte, buscando inhalar ese aire saturado de maná. Si puedo reunir estas energías, si logro canalizarlas a través de mi puerta...

—Espíritus, para salvar a uno de los suyos, necesitaré su ayuda —exclamo, reconociendo en ellos entidades que, con el tiempo, se transformarán inevitablemente en entes con mayor consciencia.

Los espíritus menores, seres dotados de características particulares, se manifiestan como aliados ideales en este momento.

Aunque su dominio de hechizos complejos sea limitado, su capacidad para restituir maná resulta invaluable. Si ellos me ayudan a reponer asi sea una pequeña parte de mi maná, podré luchar mejor.

El maná en mi cuerpo se siente puro, no se siente difícil de usar ni pesado. Es más, como una brisa suave, como si fuese tan siempre como exhalar. De alguna forma lo entiendo.

«Esté no es el maná que tenía antes».

Beatrice solía emplear mi maná, pero ahora, en un giro de circunstancias, utilizaré el suyo.

La imposibilidad de formar un contrato con espíritus menores me llena de pesar; por ende, tengo que usar mis propios medios para hacerme más fuerte.

¡Boom!

Un estallido retumba en la distancia, un árbol se asoma en el aire antes de caer al suelo, creando un cráter y llenado todo de polvo. Mis sentidos, momentáneamente eclipsados, recuperan la atención y dirijo la mirada al cielo.

Múltiples proyectiles mágicos se precipitan desde todas direcciones, desatando el caos.

—¿No que puedes volar? —Garfield me pregunta con preocupación.

Niego con determinación.

—La magia Yin es el legado de mi hija. —No hay nada que pueda hacer, puesto que la compatibilidad con la magia yin no es mía—. Si deseo emplearla, debo traerla de vuelta a la vida.

Garfield arroja un cristal hacia mí, el mismo que Otto me entregó. Al sostenerlo, el cristal resplandece, como si intentara comunicarse conmigo. Lo guardo en mi bolsillo, consciente de que esta herramienta será clave para detener a Roswaal.

—Esto será útil. ¡Vamos, rápido! —anuncio, acelerando nuestro paso mientras el maná se repone en mi interior.

Atravesamos el bosque y, al emerger, nos encontramos con la vista del pueblo. Un hedor agobiante asalta nuestras narices, impregnado de la acritud del humo de madera y tela quemada.

Las chispas y ascuas danzan en el aire, testigos silentes de la devastación causada por la locura desencadenada de un hombre imbuido de poder.

«Lo único que queda es el concreto quemado».

Si la evacuación se llevó a cabo como se esperaba, la gente está a salvo. Lo material puede recuperarse; eso no es la preocupación principal en este momento. Supongo que Otto ha desempeñado su papel, posiblemente utilizando a alguien del pueblo como mediador.

No tengo la certeza de dónde nos encontramos exactamente en el pueblo, pero confío en la guía de Garfield para navegar por el caos.

—¿Qué tan lejos estamos del santuario? —le pregunto, y al dirigir mi mirada hacia él, me sorprende el destello en sus ojos.

Los colmillos de Garfield emergen, sus dientes apretados en una mezcla de rabia y tensión. Un torrente carmesí de maná irradia de su cuerpo.

Baja la mirada, impotente y frustrado.

No ha logrado proteger lo que le importa.

—Lo... Lo voy a matar. —susurra, sus labios temblando en el intento de contener la furia. Eleva la mirada de nuevo, su expresión cargada de desesperación.

Mierda, parece que está al borde de estallar.

—¡LO MATARÉ! —el grito de Garfield reverbera en el aire, y en un salto, desaparece de mi vista.

«Y ahí se fueron mis planes...»

Chasqueo los labios, consciente de que ahora debo seguir su rastro. Intento utilizar magia, pero aún no tengo suficiente maná.

Con la mano, me cubro un poco del humo, esforzándome por rastrear el maná de Garfield. Suponiendo que partieron desde la cabaña en el pueblo, les llevará aproximadamente media hora llegar al santuario a pie.

Siento el calor del fuego, todo mientras travieso por las zonas donde el fuego está apagándose.

Si mis cálculos son correctos, Roswaal intentará detener a Emilia utilizando nuestras vidas como moneda de cambio. Él puede volar por los cielos, pero de seguro no lo hará; usará el tiempo para masacrar a todos.

«La venida de Echidna a través de mi cuerpo solo se puede obtener si se pueden hacer las pruebas». Así que si Roswaal hace que Emilia se rinda y falle, Echidna entrará en mi cuerpo.

La claridad de la situación se despliega ante mí, tan nítida como las aguas de un manantial.

Emilia no se va a rendir, pero si puede morir. Asi que, si lo hace, deberé reiniciar.

«No sé qué decisión puede tomar Emilia, pero es claro. Si Roswaal no está dispuesto a cooperar tendremos que matarlo».

La prolongación de esta lucha indica que Roswaal no tiene la menor intención de permitirnos salir con vida fácilmente.

Observo el cielo y noto que la mañana se avecina. Considerando los tiempos de evacuación, el inicio de la batalla y el estado de las casas, deduzco que ha pasado poco más de una hora, aunque no demasiado.

A pesar de que las casas de madera siguen en pie, la magnitud del conflicto sugiere que Roswaal no está conteniéndose. No hay manera de enfrentarlo si decide tomar la confrontación en serio.

«Esto me está dando mala espina».

Una sensación incómoda me asalta: mi nariz y garganta arden, mis ojos se llenan de lágrimas y la visión se vuelve borrosa.

«Mierda, no es suficiente». Si hubiese puesto un poco de agua, o si pudiera usar magia. Sé que este Roswaal no es el mismo, pero, no creo que haya caído la manzana lejos del árbol.

—¡Ugh!

El humo empieza a dificultar mi respiración; debo apurarme si no quiero desmayarme. Incremento mi velocidad, esforzándome por seguir el rastro que dejó Garfield. Su maná es tan fuerte que se destaca con facilidad, ya sea en las huellas que deja o en la destrucción que provoca.

Finalmente, llego a la casa donde estuvimos por primera vez, donde Roswaal se encontraba sanando.

Allí está Garfield, de pie, sosteniendo algo en su mano. Me acerco lentamente, pero su rostro refleja una tormenta emocional. Una lágrima corre por su ojo derecho, y sus labios sangran por la mordida que se ha propinado.

En su mano, un pequeño listón adornado con varias flores, sucio de tierra y manchado de sangre.

«La batalla no va bien».

—Ram... —mi intento de consolarlo se ve interrumpido al notar que está a punto de correr. Salto y lo agarro del brazo, sintiendo la fuerza de su maná atravesar mi piel. Aprieto mis músculos para detenerlo, pero me lanza una mirada molesta.

—¡Suéltame o te destruiré también! —Garfield sujeta con fuerza mi brazo, pero no cedo en mi resistencia.

Lo miro seriamente; ahora no hay tiempo para juegos. Los sonidos de los ataques cesan, y ambos dirigimos nuestras miradas hacia el horizonte. Garfield retira mi mano con brusquedad.

—¡Garfield! —le grito, deteniéndolo en seco—. La razón por la que perdiste contra mí fue porque dejaste que la ira te controlara. Si hubieras aprendido a aprovecharla, no te habría vencido de esa forma.

Garfield se acerca, su mirada cargada de intenciones asesinas me hiela la piel. Yo me sostengo, mirando hacía el horizonte.

—Vamos.

Nos movemos entre escombros, marcas de explosiones y evidencia de un enfrentamiento reciente. Incluso encontramos un rifle completamente roto.

«Mi pistola la dejé con el ejército, asi que realmente estoy desarmado».

—No digo que no sientas ira, sino que no dejes que ella te controle —continúo explicándole mi plan, detallando cada paso que debemos seguir para detener a Roswaal—. En este mundo, hay gente más fuerte que tú, Garfield. Pero si quieres sobrevivir, debes creer que puedes hacerte más fuerte. No sirve de nada pretender ser alguien que no eres.

Garfield chasquea la lengua, pero se queda en silencio; realmente espero escuche mis palabras. Por eso quería vencerlo, ya que es la única persona que puede luchar en contra de Roswaal hasta que llegue Emilia.

Nos detenemos, puedo sentir el maná de Roswaal desde aquí. Un maná tan intenso que hace que mi piel sienta que está siendo presionada por pequeñas agujas.

Miro al frente y mi corazón se aprieta al ver la escena ante nosotros. Luan está frente a Roswaal, sosteniendo a Crusch, quien apenas puede mantenerse en pie. Otto yace en el suelo, inconsciente.

«Mierda...»

Aprieto mis manos con fuerza, sintiendo el dolor en mi corazón, pero no puedo dejarme llevar por estas emociones ahora. Debo desquitarme con Roswaal, pero primero debemos derrotarlo.

Tengo que pensar, ir más allá, activar todos mis sentidos.

Debo escuchar lo que no puedo ver, oler lo que no puedo saborear, imaginar lo que no puedo sentir.

Miro al cielo y veo a Roswaal sosteniendo a Ram por el cuello. Ella lucha, pero su mirada no es de odio; más bien, la tristeza domina su expresión mientras intenta tomar aire.

—¡ROSWAAL! —Garfield grita, atrayendo su atención.

La sonrisa de Roswaal persiste, pero algo ha cambiado. Parece que ha perdido el miedo y ahora experimenta pura alegría.

Esa melancolía que pesaba sobre él, esa mirada que siempre parecía extraviada en el tiempo. El Roswaal que conocía debería estar colérico, debería anhelar desatar una vorágine para obligarme a reiniciar.

Garfield se lanza hacia Roswaal, quien aprieta con más intensidad a Ram antes de arrojarla en dirección a Garfield. Garfield conjura una barrera de agua para suavizar el impacto, pero ambos son arrastrados violentamente por el suelo, quedando a mi lado.

Roswaal desciende y se planta frente a mí.

—¿Este es tu plan? —Roswaal escupe al suelo, su sangre teñiendo la tierra—. Puedo admitir que fue una combinación interesante, pero les falta experiencia.

Sonrío, lo observo y me encojo de hombros.

—¿Cuánta, unos 400 años? —Las pupilas de Roswaal se dilatan ante mis palabras y arremete con un puñetazo hacia mi estómago.

Me desplazo ágilmente, tomo su brazo y le conecto un gancho en la mandíbula. Justo cuando estoy a punto de impactarlo de nuevo, siento una alerta en todo mi ser. Utilizo magia de viento para retroceder, y observo una estaca de tierra y hielo en el lugar que ocupaba.

Mi corazón resiente el uso de magia, y un dolor intenso me atraviesa, secuela de haber dañado mi puerta anteriormente.

Al ver las estacas, comprendo su objetivo.

Su mirada serena lo revela: «quiere matarme».

«Espera... ¿Cómo es posible que su objetivo sea matarme y no que reinicie?»

—Esto ya no tiene sentido. —Roswaal extiende su mano, y me muevo con rapidez.

Estacas emergen del suelo, pero antes de que lo hagan, percibo un cambio sutil en el maná bajo mis pies. Me desplazo con destreza, eludiendo cada estaca antes de que broten del suelo.

—Sabes, para romper un contrato de alma se debe pagar un precio. —Roswaal sonríe, y entonces siento un dolor punzante en mi mano.

Una estaca la atraviesa, provocando que la sangre brote en abundancia. El hechizo se desvanece, dejando solo un hueco en su lugar. Intento utilizar maná rápidamente, pero no logro controlarlo adecuadamente.

Entonces, solo queda una opción.

Si recurro a un hechizo de fuego sencillo, si empleo la magia que mejor domino, no debería gastar demasiado maná. Aprieto los labios y entonces...

—¡AGGGH! —Quemo el agujero en mi mano, el ardor recorre mi cuerpo mientras comienzo a jadear.

Una vez que el dolor disminuye, sonrío.

«Ni bien me curan, ya tengo un agujero en la mano».

Nunca imaginé que Roswaal cumpliría el contrato de alma. Lo que pretendía era dañarle lo suficiente como para poder atraparlo. Como él mismo insinúa, romper este contrato debe tener un impacto en su cuerpo.

—¡GOA! —Luan desata su poder, moldeando las llamas en sus manos en una esfera ardiente que crece con furia. La esfera resplandece con tonalidades naranjas y rojas, danzando como un feroz sol contenido entre las palmas de Luan.

Su respiración se mezcla con el crujir de las llamas, y sus ojos, centelleantes, reflejan el calor de la magia que ha invocado.

Me lanzo hacia un lado para esquivar la ardiente bola de fuego, pero Roswaal, con maestría, erige una barrera de maná, extendiéndola para protegerse del ataque. Un brillo arcoíris adorna el choque entre la bola de fuego y el escudo, desvaneciéndose en el acto.

—¡Casi los matas! ¡Monstruo! —grita Luan, con furia ardiendo en su mirada, mientras su cabello parece someterse a una transformación nuevamente.

Crusch se pone de pie, apoyándose en su rifle. Me sonríe levemente, y de alguna manera, creo entenderla. Nada va a salir bien, así que solo nos toca aguantar las consecuencias.

No sé cómo lograron resistir tanto, pero han cumplido con su deber.

—¡Huma! —Roswaal lanza una gran estaca de hielo hacia Luan. La estaca viaja a toda velocidad, pero Luan responde lanzando otra bola de fuego. Ambos hechizos generan una cortina de vapor, ocultando el resultado.

Corro hacía Roswaal, su maná es espeso y lleno de poder, no lo confundiría con el maná hirviente de Luan.

—Maldito monstruo. —Me acerco a Roswaal, pero este me empuja con una sonrisa. Sus manos se sienten tan duras como un pedazo de acero; ha aprendido fortalecido cuerpo con maná.

Roswaal me mira con una sonrisa, pero no me dejo intimidar por él. Emilia debe estar realizando la prueba del futuro; ya ha pasado una considerable cantidad de tiempo. Solo tenemos que retenerlo, aguantar hasta que se encuentre con Echidna.

—Definitivamente, eres solo un fracaso ¡Jajajaja!

—¡Puedo mostrarte a Echidna! —grito, y Roswaal deja de reír—. Sé cómo hacerlo, conozco algo del futuro que tú no puedes ver.

En ese instante, todo parece moverse en cámara lenta. Libero la tensión en mis pies y salto hacia atrás con todas mis fuerzas.

Me arrastro por el suelo y veo su mano, en forma de espada, en el lugar donde estuve hace un instante. Siento el frío recorrer mis venas, el temblor en mis labios.

«Mierda».

«Esto es demasiado».

—¿Crees que quiero esa farsa? —escupe al suelo, mirándome con odio. Su intención asesina me envuelve por completo.

«¿Farsa?»

Roswaal se abalanza sobre mí, usando maná en sus manos, pero entonces...

—¡Maldito lunático! —Garfield le clava un puño directo en el rostro. Con el sonido de un látigo, Roswaal sale volando hacia una casa en llamas.

Ver ese golpe me hace entrar en razón.

No puedo desperdiciar vidas, así como así, solo me quedan dos después de todo.

—¿Cómo está Ram? —pregunto, y Garfield me señala a alguien detrás de él.

Ram, emergiendo del caos, su rostro es un testimonio brutal de la batalla librada.

Moretones se extienden como sombras en su piel pálida, y un flujo constante de sangre, carmesí y ferviente, dibuja un sendero a lo largo de su rostro.

Un ojo, apenas visible por la hinchazón, lucha por abrirse, mientras el otro se aferra a la oscuridad. Su respiración es un lamento lento y fatigado. Cada inhalación que escapa de sus labios es un lamento fatigado, una sinfonía de agotamiento.

Su traje de sirvienta, en otro tiempo impecable, ahora es un testamento de la traición de quien ama, desgarrado y chamuscado en brazos y piernas.

—Una oportunidad... más. —Ram se inclina sobre mi hombro; su mano se aferra débilmente, y el resplandor titilante de su maná delata su agotamiento.

En su mirada, descubro una determinación que destila valentía en medio del caos. Un vínculo profundo con Roswaal se refleja en su expresión maltratada. Mis dedos rozan la pócima en mi pantalón.

—¿Otto te contó? —mi pregunta encuentra refugio en una sonrisa que Ram me ofrece con resignación.

—No podría importarme menos. —Me guiña un ojo con determinación—. Déjame... hacerlo. Lo haré... posible.

El amor que manifiesta... me duele.

Mi atención se desplaza hacia Garfield, sus colmillos en guardia, listos para responder ante cualquier movimiento de Roswaal.

—General, la decisión es tuya. —Garfield escupe con desdén, su mirada revelando una mezcla de decepción y determinación—. Si mi amada quiere hacer eso, entonces hagámoslo, pero primero mi asombroso ser le quebrará todos los huesos a ese bastardo.

La verdad resuena en sus palabras; Ram es la única capaz de penetrar en la muralla impenetrable que es el corazón de Roswaal.

«El problema es que no sé qué pasa con Roswaal».

De mi bolsillo extraigo el cristal piroxeno, entregándoselo a Ram.

—Ese cristal absorberá el maná de Roswaal si lo clavas en él. Cuando lo hagas, lo retendremos para que puedas hablar con él. —Ram me mira con sorpresa, sus ojos encendidos con una llama que nunca había vislumbrado.

Sus manos se cierran con firmeza alrededor del cristal, y su mirada, un poco recuperada, se proyecta hacia el frente con determinación.

—Esto pasó por mi culpa. Pensaba que las cosas debían quedarse como estaban. —Limpia la sangre de su rostro y fija su mirada directamente en Roswaal.

Una ráfaga de viento violenta dispersa los escombros. Roswaal emerge, su labio expulsando sangre que se evapora en el calor del fuego.

Entonces:

—¡TE MATARÉ! —Luan arremete con ferocidad, su mirada colmada de odio me toma por sorpresa. En su mano, una esfera de fuego cobra vida, el maná creciendo desde su interior—. ¡Tú fuiste quien permitió que mi familia muriese!

Roswaal sonríe, mientras yo, atónito, abro mis ojos en sorpresa.

—Solo lo sabía, pero permíteme añadir una pizca más de verdad a tu pequeña mente. —Roswaal me señala con desprecio—. La culpa recae en su incapacidad para cambiar las cosas.

En ese instante, una explosión tan intensa sacude a Luan que parece desbordarse de su propio ser.

Todos nos quedamos mirando por ese instante, sin poder pensar, sin poder movernos. Mi instinto me lo dice, si me muevo un solo milímetro, moriré.

—¡MALDITO!

La onda expansiva retumba en el aire, agitando incluso las partículas de polvo que danzan a nuestro alrededor. Todo se torna carmesí, y por un breve instante incluso la luna se tiñe de rojo.

Una bola carmesí se forma en la mano de Luan, y todo su cuerpo se incendia, como si su misma esencia fuera el fuego. Todo el maná en la atmosfera desaparece, como si se hubiese quemado por ese fuego.

—¡MUERE! —Grita Luan, lanzando su hechizo.

El fuego, voraz y salvaje, devora todo a su paso, incluso el suelo se rinde ante su poder, derritiéndose en cuestión de segundos. Roswaal, confiado, levanta una barrera para enfrentar el inminente impacto.

¡BOOM!

Luan se precipita a nuestro lado, su cabello resplandece como una llama indomable, desafiando la gravedad con una rebeldía incandescente. Sus llamas se calman, permitiéndome ver su cuerpo.

Heridas en sus brazos, cortes y punzadas de estacas sin sanar empiezan a dejar de expulsar sangre. La sangre se seca y desaparece como polvo, y su cuerpo completo pasa de tener heridas graves a estar completamente sano.

Pero no su mente.

En sus ojos arde la furia contenida. Aprieta los dientes con fuerza, luchando por contener su ira. Sus gestos revelan un conflicto interno, una lucha entre el control y la desesperación.

—Marco tu... —Luan me mira, una sonrisa ligera pero cargada de dolor juega en sus labios—. Temía atacar, mi poder está demasiado inestable. Crusch y Otto lo entendieron, me protegieron. No podía soportar verlos en ese estado, puedo controlar un poco el calor, pero no sé cuando va a estallar.

Ahora comprendo; Crusch debió haber enfrentado sola a Roswaal. Otto, astuto como es, no pudo competir con la locura de este monstruo. Ese rifle roto debe ser de Luan, ya que intentó luchar sin usar su poder.

—Gracias por protegerlos. —El temor de Luan hacia su propio poder es palpable. Un poder tan vasto que ni siquiera puedo vislumbrar sus límites.

Su expresión revela una mezcla de fortaleza y vulnerabilidad.

—¡Impresionante! —exclama ese monstruo, haciendo que mi corazón lata con fuerza.

La cortina de polvo se disipa. La barrera que protegía a Roswaal ya no existe, en su lugar, su mano yace carbonizada. Aunque sigue en pie, es evidente que no pudo salvarse por completo.

—Pensar que una maga desconocida podría superar mi barrera. —Su sonrisa es enigmática, y es claro que simplemente está jugando—. ¿No lo crees, Marco Luz?

La hazaña de Luan es inaudita. Ha desgarrado la barrera de Roswaal con un ataque singular. Roswaal es un mago prodigio que controla todos los elementos, su cuerpo es el fruto de cuatrocientos años de selección genética, su mente contiene el conocimiento más eficiente sobre la magia de este mundo.

«¿Qué carajos es Luan?».

—¡Luan! —Ram grita, su voz lleva consigo preocupación y urgencia, pero Luan la ignora por completo.

Ram intenta abalanzarse sobre ella, pero Luan la detiene con firmeza, empujándola con fuerza y provocando la molestia de Garfield, cuyos ceños fruncidos y puños apretados reflejan su descontento por la situación.

—No quería lastimarla, solo que no se iba a detener. —Luan baja la mirada hacia sus manos, cuyos reflejos emiten un calor abrasador—. Si se hubiese acercado más, ¡Bluargh!

Un chorro de sangre escarlata brota de sus labios, pintando su confesión con la crudeza de la realidad. Se encorva momentáneamente, sosteniéndose con una mano en el suelo mientras la otra se aprieta contra su boca. La sangre se filtra entre sus dedos hasta caer al suelo y quemarlo.

Mi instinto me impulsa a acudir a ella, pero un gesto firme de Luan me detiene.

—El maná, el maná está creciendo. —El maná de Luan se desborda de manera descomunal, una marea ardiente que emana de ella con tal densidad que parece quemar mi piel a su paso.

Nos retiramos apresuradamente, sintiendo cómo el suelo mismo comienza a fundirse bajo la intensidad de las altas temperaturas generadas por su imparable poder. El aire se carga, perdiendo oxígeno y dejando en su lugar una mezcla abrasadora que nos envuelve en una atmósfera asfixiante.

Respirar cuesta, y mis ojos arden de resequedad.

Nuestros rostros reflejan el aturdimiento ante la manifestación de su poder, como si estuviéramos presenciando una fuerza primordial que desafía las leyes mismas de la naturaleza.

Sin embargo, en medio de la sorpresa, hay alguien que no parece afectado en absoluto.

—¡JAJAJA! —Roswaal estalla en risas y, sin preámbulos, se abalanza sobre la figura indefensa de Luan.

—¡LUAN! —grito, intentando ir a ayudar.

A pesar de sus intentos por incorporarse, Luan se ve impotente ante el corte de la mano carbonizada de Roswaal, dirigiéndose a su cuello. La mano de Roswaal estalla en incontables partículas de polvo que se dispersan en el aire, creando un efecto efímero pero impactante.

Luan cae al suelo, desmayada, sin poder hacer más.

Detenidamente, Roswaal observa su extremidad faltante, su mirada sonriente me dice que todo esta bajo su control, que nosotros no somos más que una parte del espectáculo.

—Pensé que su cabeza saldría volando. —Roswaal se encoge de hombros con indiferencia—. Pero bueno, puedes considerarlo un favor por las cosas buenas que pasamos juntos. Aunque, no durará mucho, al menos no este tú.

En un intento de avanzar, Roswaal se ve interrumpido por mi astuta maniobra.

Aprovecho el momento para lanzar una bala de viento, y con sorprendente destreza, Roswaal esquiva el proyectil. En respuesta, desata una bola de fuego que sería letal, pero su ataque es hábilmente interceptado por el puño robusto de Garfield.

Mi corazón vuelve a punzar, pero decido ignorarlo.

El resonar del impacto de los escudos de Garfield inicia la pelea contra Roswaal.

La confrontación entre Garfield y Roswaal se convierte en una danza física cargada de violencia y destreza. Los movimientos son un constante intercambio de patadas y puños, una coreografía salvaje que despliega la furia y agilidad de ambos contendientes.

«No puedo hacer más que mirar».

Garfield, con la ferocidad de un felino en caza, lanza patadas poderosas, cada una cargada de la fuerza bruta de un luchador experimentado. Sus puños son rápidos y directos, buscando perforar la defensa de Roswaal con una precisión salvaje.

Cada movimiento es una manifestación de su naturaleza animal, una sinfonía de ataques que buscan desequilibrar a su oponente.

Roswaal, por otro lado, responde con una gracia letal. Esquivando las patadas y bloqueando los puños con movimientos fluidos, muestra una destreza física que pensé no tenía. Esto es diferente incluso a cuando peleábamos.

Garfield, con un rugido gutural, rompe el tenso silencio del enfrentamiento.

—¡Te voy a matar! ¡Maldito loco! —grita, su voz resonando en el campo de batalla, mientras lanza una patada en hacha hacia Roswaal.

Roswaal, con una sonrisa imperturbable, se desliza elegantemente para evadir la patada entrante. Su voz suena tranquila pero llena de malicia.

—Oh, Garfield, siempre tan impulsivo. ¿No te cansas de ser un simple animal?

Roswaal no pierde tiempo en palabras y contraataca con un puñetazo cargado de energía mágica. Garfield se agacha para esquivar el golpe, sus colmillos al descubierto, listos para matar.

—¡Deja de parlotear, bufón! —responde Garfield, lanzando una serie de golpes rápidos, cada uno acompañado de un rugido.

Roswaal, en un baile de movimientos gráciles, evita cada uno de los ataques, pero no puede evitar la ferocidad del último puñetazo de Garfield. El impacto resuena como un trueno, haciendo que la tierra tiemble.

—Interesante... pero no lo suficiente. —Roswaal, con una chispa de diversión en sus ojos, responde con una explosión mágica que envía a Garfield hacia atrás.

Mientras observo la pelea, mi mente busca el momento perfecto para intervenir y cambiar el curso de la pelea.

Garfield se recupera rápidamente y carga de nuevo hacia Roswaal, con los ojos llenos de determinación.

—¡No me subestimes, payaso! ¡Esta vez te voy a aplastar! —amenaza, sus palabras resuenan con ferocidad mientras desata una ráfaga de patadas y puñetazos, su cuerpo se mueve como un torbellino de furia.

Roswaal, siempre en control, sonríe con arrogancia. Con movimientos precisos, agarra el puño de Garfield con maestría, desviando cada golpe con elegancia, como si estuviera bailando al compás de un enfrentamiento mortal.

Roswaal mira hacía mí, para luego volver a ver hacía Garfield.

—Resulta que soy talentoso en todo. Solo con ver tu forma de pelear, sentí que podía aprenderla y adquirir una buena habilidad en cuerpo a cuerpo. —declara, sus palabras cargadas de confianza mientras exhiben su dominio sobre los elementos—. Tengo control de todos los elementos, así que es fácil para mí controlar el ambiente a mi favor.

La sonrisa de Roswaal desafía a Garfield, quien, sin rendirse, redobla sus esfuerzos. La danza de patadas y puñetazos se intensifica, un choque entre la bestia y el mago.

—Es perfecto para mí; tus estudios sobre la magia me han ayudado enormemente. Sin duda, debo agradecerte, a ti y a tu mundo. —Roswaal me señala de nuevo, pero su mirada no tiene más que intención asesina—. Por eso te estoy haciendo este favor.

Debo descubrir qué es lo que realmente busca Roswaal.

Garfield, envuelto en una mezcla de frustración y determinación, carga hacia Roswaal con una patada poderosa, buscando acabar de una vez por todas con el enfrentamiento.

—¡Tu tiempo ha terminado, mago arrogante! —grita Garfield, canalizando toda su energía en el ataque.

Sin embargo, Roswaal, con su aguda percepción y habilidad mágica, anticipa el movimiento. Con una destreza asombrosa, atrapa la pierna de Garfield en pleno vuelo, deteniendo el ataque en seco.

—Demasiado predecible, bestia. —La voz de Roswaal suena con una mezcla de condescendencia y triunfo.

En un instante, Roswaal transforma la defensa en un contraataque letal. Con un giro elegante, lanza a Garfield al aire y, con un puño cargado de maná, lo golpea con una fuerza abrumadora.

—La magia puede generar más fuerza bruta de lo que crees. —Las palabras de Roswaal resuenan mientras Garfield es enviado a dar vueltas en el aire, impotente ante el impacto.

El cuerpo de Garfield se estrella contra el suelo, creando una nube de polvo que se dispersa en el aire. Roswaal, erguido y triunfante, se acerca con calma hacia mí.

—Fue una batalla interesante, sin duda, será una buena ficha a futuro. —Roswaal, con su mirada altiva, proclama su victoria con seguridad.

Nos hallamos ambos de pie, confrontándonos en un duelo de voluntades. Mis reservas de maná son limitadas, insuficientes para emprender una lucha significativa. Aunque estuviese con todo mi poder, estoy convencido de que sería en vano.

«Carezco de la fuerza necesaria, al menos por ahora».

Esta es la realidad a la que estoy atado, asi que debo empezar a aceptarla.

—Si rechazas encontrarte con Echidna, ¿cuál es tu verdadero deseo entonces? —mi pregunta parece suscitar un interés palpable en Roswaal, quien se aproxima a mí con una pizca de amenaza flotando en el aire.

Frente a mí, coloca una mano sobre su traje y extrae el libro de la sabiduría. Anticipo que va a leerlo, pero en un giro sorprendente...

—Goa. —El libro es consumido por las llamas, desintegrándose en una danza voraz de fuego. El objeto de mi deseo más ferviente, el libro que anhelaba ver reducido a escombros, ha sido destrozado por la última persona que esperaba que llevara a cabo tal acción—. Deberías contemplar tu expresión, Marco Luz. Parece que tu obsesión por el futuro supera incluso la mía.

«¿Qué demonios?»