Capítulo 20

Alianza


Al sentarme frente a ellos, veo que Crusch está visiblemente decaída. Sin embargo, sigue esforzándose por mantenerse firme; entiendo que para ella, el tiempo es limitado, pero igual me preocupa su bienestar.

No quiero repetir los errores del pasado.

Después de unos segundos de silencio, empiezo, mirando a ambos con seriedad.

—La maldición puesta por Frey Karsten no fue cualquier maldición —comienzo, observando a Reinhard, quien tiene una expresión de rabia contenida.

No es una rabia dirigida hacia mí, sino hacia su sentido del deber.

—Esa maldición no estaba destinada a Crusch. De alguna forma, parece que Frey esperaba que yo fuese quien la removiese.

—¿Cómo sabía que tenías ese poder? —pregunta Crusch, y su mirada intensa me deja claro que espera una respuesta completamente sincera.

Cierro los ojos un momento, reflexionando antes de responder.

—El factor de la pereza, la mano oculta... adquirí la habilidad de la pereza tras matar a su anterior poseedor. Parece que tienen una forma de identificar quién ha heredado las autoridades del pecado.

Crusch abre los ojos sorprendida.

Emilia ya conocía esta verdad, pero necesitaba decírselo a Crusch, y ahora también a Reinhard. Él me observa, impasible, aunque sé que este es el mejor momento para hablar con franqueza.

—Antes de que consideres atacarme, debes reconocer que ninguna de tus bendiciones me identifica como un enemigo. Sabes que no soy alguien de quien preocuparse, y además, ya he hecho este poder mío —le digo, apretando mis manos mientras el miasma dentro de mí es contenido por el fuerte maná espiritual—. Puedo aceptar los poderes del pecado en mi cuerpo, lo que significa que mientras yo viva, los poderes no podrán ser recuperados por el culto. Es una ventaja: no volverán a nacer arzobispos con esos poderes, y yo puedo usarlos en su contra.

Reinhard asiente levemente, aunque mantiene una expresión de dudas.

—Ciertamente, aunque aún tengo muchas preguntas.

—Las responderé cuando me invites a comer —le digo con una leve sonrisa, a lo que él responde con otra, como si ya esperara esa respuesta.

Crusch me observa, seria y triste, sin hacer más preguntas. Emilia se ha posicionado a su lado, con una expresión que refleja una resolución férrea; parece haber bloqueado cualquier otra distracción.

—Por ahora, dejemos de lado a Frey Karsten. Si esa es su forma de actuar, lo mejor es no escalar la situación. —Me cruzo de brazos, y tanto Crusch como Reinhard asienten—. Crusch, necesito que fortalezcas la defensa y ataques con la información durante el juicio. Es hora de que vaya a confesar.

—Considero que es mejor si antes de confesar, hacemos lo que te mencioné. Sé que planeas empezar fuerte, pero si quieres ganarte la opinión del jurado, es mejor que tus palabras tengan un respaldo visual —dice Crusch con seriedad, señalándome el metía de comunicación.

La idea de Crusch es irrefutable.

La propuesta de Crusch resuena como una estrategia sólida, mucho mejor cimentada de lo que yo había planeado.

—No creo que sea necesario llegar tan lejos en un momento preliminar, no ahora que te encuentras débil —me advierte, sus ojos oscilando amenazantes entre mí y Emilia—. Si hay un impacto visual, tus palabras serás tratadas como un testimonio real.

Si realmente queremos ganarnos al jurado, debo aceptar que lo que ella sugiere es lo correcto.

«Como se esperaba de Crusch Karsten.»

—Entiendo. Hagamos como sugieres —asiento, antes de dirigir mi atención a Reinhard, quien parece inquieto, la preocupación en su rostro evidente.

—Si deseas ser realmente de ayuda, si no quieres sentir que eres un espectador en esta crisis, es momento de que tomes el mando junto a las personas correctas.

Las palabras de Puck me vienen a la mente, enseñanzas que han cobrado peso en estos momentos de incertidumbre. «Es hora de permitir que los demás tomen sus propias riendas.»

Reinhard tiene la capacidad para cambiar el rumbo de las cosas, pero le falta la chispa adecuada. Hay heridas profundas en su interior, causadas por los desencuentros con su padre y su abuelo, y por la trágica muerte de su abuela.

Su destino ha sido moldeado por una constante ausencia en los momentos decisivos, como si una suerte amarga lo persiguiera.

Es momento de romper esa cadena, de darle dirección y propósito a su poder.

—Hay muchas vidas en juego, Reinhard. Si alguien debe ser el próximo líder de todos los caballeros, ese eres tú, Reinhard van Astrea —le digo, mirándolo directamente a los ojos. Él asiente, aunque un atisbo de duda se mantiene en su expresión—. Marcus Gildark renunciará una vez vea que eres adecuado para tomar el mando.

«Lo merece, además, tiene objetivos de vida que cumplir.»

Sé que Reinhard anhela una vida sin presiones, una existencia tranquila, lejos de las expectativas descomunales que el mundo ha depositado sobre sus hombros.

Pero, en este momento, su presencia es crucial para todos.

—Si alguna vez sientes que has cometido un error, no dudes en decírmelo —le digo, sonriendo mientras le guiño un ojo y levanto el puño—. Recuerda que juntos somos más fuertes.

Para Reinhard, lo más valioso es ser tratado como uno más, como un igual. Porque aunque muchos lo ven como un dios, sigue siendo humano. Esa humanidad, esa ligera imperfección, es lo que lo hace verdaderamente fuerte.

—Entiendo. Te lo haré saber si llega a suceder —responde, golpeando su puño contra el mío antes de levantarse, listo para cumplir con su deber. Con una elegancia natural, se inclina ante todos—. Me despido. Si me necesitan, estaré a su disposición.

Reinhard se marcha, dispuesto a obtener toda la información necesaria sobre el estado de los caballeros y la situación actual. Con su casi omnisciencia, sé que no habrá traidor que pase desapercibido bajo su mirada.

Nos quedamos los tres, rodeados por un silencio que, paradójicamente, está cargado de palabras no dichas.

—¿Cuánto falta para que lleguen nuestros aliados? —pregunto finalmente, rompiendo la quietud.

—Has estado inconsciente por alrededor de una hora —responde Crusch, llevándose una mano a la barbilla—. Solicitamos un tiempo extra debido a tu estado, pero nos queda poco menos de dos horas. Al amanecer comenzará la segunda fase.

Siento una oleada de alivio. Eso nos da tiempo.

—Entonces, tenemos un margen. ¿Estás bien? —le pregunto, mirándola con atención.

—Crusch… yo, realmente quiero ayudarte —interviene Emilia. Su mirada atraviesa el caparazón de Crusch, tocando una parte de ella que muy pocos alcanzan.

Mientras que yo tiendo a mantener cierta distancia con los demás, Emilia tiene una habilidad innata para llegar a sus corazones. No porque se esfuerce en ser así; simplemente, es su naturaleza.

—Yo… —Crusch baja la vista hacia sus manos, apretándolas con fuerza—. Les debo una explicación a ambos, y se las daré. Estar al borde de la muerte me ha hecho comprender muchas cosas, pero necesito organizar mis pensamientos.

Es una respuesta clara y firme, muy al estilo de Crusch.

—Por ahora necesito concentrarme en lo que sucede. Más tarde, cuando esto termine, me gustaría tomarme un descanso.

Asiento, comprendiendo plenamente su postura. No tiene sentido forzar una conversación cuando ha dejado claro que está dispuesta a hablar en el momento adecuado.

—Iré a reunir a los demás; deben estar esperando —dice Emilia, poniéndose de pie con una sonrisa brillante—. No tardo.

Crusch y yo quedamos solos mientras Emilia sale en busca de nuestros aliados.

Ambos aprovechamos el momento para organizar la sala, colocando los muebles en su sitio y retirando aquellos que están rotos.

Prepararnos para esta reunión no solo significa ordenar el espacio; también es una forma de limpiar el ambiente para lo que está por venir, un juicio en el que la victoria superficial no es suficiente.

Ganar este caso no será complicado con la evidencia que tenemos, pero nuestro objetivo va más allá: buscamos justicia, no una simple sanción. Harald debe recibir un castigo ejemplar, y para ello, cada prueba que mostremos debe ser tan contundente que nadie, ni siquiera el más escéptico, pueda ignorarla.

Garfield y Felt se arriesgarán para aportar pruebas que sean decisivas.

Llegarán para la segunda fase, justo después de mi confesión. Sabemos que las consecuencias podrían ser peligrosas, pero también que el éxito de esta estrategia es vital para asegurar que no haya impunidad.

Finalmente, Emilia regresa con nuestros invitados, recibiéndolos con una sonrisa amable.

Su gesto es importante; su imagen siempre ha sido objeto de prejuicios, pero su cordialidad ayuda a que los asistentes se sientan cómodos. Los que han venido atraídos por ella, al menos, están abiertos a escuchar.

El resto, bien, Emilia sabe cómo ganárselos.

—¡Conde Marco! —exclama una voz desde el fondo, y al verlo, reconozco al instante al hombre que se acerca.

—¡Señor Lancaster! Es un placer verlo —respondo, sonriendo ampliamente y estrechando su mano con firmeza.

La rigidez de su postura se suaviza, y su expresión dura se torna cálida. Aún recuerdo su apoyo directo durante las batallas que hemos enfrentado. No necesitaba a Roswaal para mostrarse de nuestro lado, lo que siempre he respetado.

Lancaster se quita el canotier, revelando sus orejas anaranjadas, y su expresión se vuelve triste.

—Escuché sobre la batalla, y traté de ayudar enviando alimentos. —Aprieta su sombrero con ambas manos—. No imaginé que la situación se pondría tan grave; siento que mi contribución no fue suficiente.

Lancaster es un noble peculiar; su riqueza proviene directamente de la tierra. Es dueño de extensas fincas dedicadas a la ganadería y la agricultura, y aunque podría vivir cómodamente sin trabajar, aún se ocupa de su campo con sus propias manos.

Sin él, muchos en el reino tendrían dificultades para acceder a los alimentos.

—No tiene por qué disculparse, señor Lancaster —le digo, sosteniendo su mano—. Su ayuda siempre es bienvenida, no importa cuánto o cuán frecuente sea.

Él asiente, una sonrisa feroz y determinada asoma en su rostro.

—Vine en cuanto supe del juicio. Espero escuchar buenas noticias y ver que ese duque corrupto reciba su merecido.

Personas como Lancaster son las que dan sentido a esta lucha.

Son ellos quienes conocen el esfuerzo de primera mano, quienes enfrentan las dificultades con su propio sudor. Lo guío hacia una silla mientras más personas llegan.

Con cada uno, intercambiamos saludos cordiales. Cada una de estas veinte personas que llenan la sala es parte del tejido productivo del reino: dueños de minas, de campos fértiles, comerciantes.

Algunos forjaron su renombre con esfuerzo físico, otros con la cabeza.

Todos son aliados en potencia, y nuestra tarea hoy es asegurar su apoyo no solo para el juicio, sino para forjar alianzas que den frutos a largo plazo.

Emilia y Crusch se colocan a mi lado, mientras los asistentes nos observan, expectantes. Esta es una oportunidad política que debemos aprovechar al máximo. Aunque son jurados, nuestra interacción no es ilegal; la decisión final la toman los jueces.

Nuestro trabajo es convencerlos, mostrarles nuestra dedicación y sentido del deber.

—Damas y caballeros, hemos convocado esta pequeña reunión para presentarles una propuesta formal —digo, manteniendo una expresión serena y sacando algunos papeles de una maleta. Miro a cada uno con determinación—. Ustedes han trabajado con Irlam desde sus inicios, algunos de ustedes desde hace pocas semanas, pero todos hemos forjado lazos de cooperación y confianza en este tiempo.

Me inclino levemente, y tanto Crusch como Emilia hacen lo mismo, una señal de respeto que no pasa desapercibida.

—Gracias por confiar en nosotros —añado, sacando pecho y hablando con firmeza—. Hoy queremos proponerles algo más allá de una simple colaboración: quienes deseen permanecer junto a Irlam podrán formar una coalición bajo el mando de la candidata al trono aquí presente.

Irlam ha crecido con Emilia como su rostro visible.

Es algo que todos conocen, constantemente reflejado en los periódicos que circulan por el reino. Su figura, aunque polémica para algunos, ha sido la fuerza que impulsa nuestro progreso.

—Sé que muchos pueden sentirse reacios ante esta propuesta, y es algo que comprendo perfectamente —agrego, observando las expresiones de los asistentes.

Sabemos que hoy no solo estamos luchando por el juicio, sino también por la lealtad y el respeto de personas clave. Es una batalla que debemos ganar con palabras, con razones sólidas, y sobre todo, con la promesa de un cambio justo y necesario.

La mayoría de las personas aún ve a Emilia con desconfianza, incluso repulsión, por su apariencia, una barrera que hemos sorteado en lo comercial, pero que sigue complicando las relaciones políticas.

Sin embargo, Emilia se mantiene firme y en pie, consciente de que su visión a largo plazo será su arma más poderosa.

—Como pueden ver, Irlam está y seguirá siendo el objetivo de aquellos que detentan el poder. No solo me afecta a mí, sino a toda mi gente —digo, apretando las manos para calmar el ritmo de mi corazón—. Cada vez enfrentaremos con más fuerza a quienes no buscan el bien común, a aquellos que están asociados con el culto y sus propósitos.

Emilia toma la palabra con un porte imponente, su mirada recorriendo la sala con determinación.

—Como candidata al trono, mi objetivo es construir un mundo donde todos tengan la oportunidad de mostrar lo mejor de sí mismos, donde el esfuerzo realmente sea recompensado —declara, sus palabras resonando con una sinceridad que es difícil de ignorar—. Un lugar donde el dinero se utilice para mejorar la vida de nuestro pueblo. Como reina, mi prioridad será siempre la transparencia, y por eso nuestras medidas son estrictas.

Los asistentes comienzan a revisar los contratos en sus manos, los cuales detallan los términos para formar esta coalición bajo el liderazgo de Emilia. Las condiciones son iguales para todos y dejan claro que quienes elijan unirse deberán cumplir con lo siguiente:

1. Mostrar públicamente su apoyo a Emilia como candidata al trono.

2. Demostrar ante la general Crusch Karsten que no están implicados en casos de corrupción, asesinato malintencionado, violación y otros delitos.

3. Asistir a juntas mensuales en Irlam para fortalecer la cohesión y el compromiso de la coalición.

4. Aportar fondos para estrategias publicitarias bajo un préstamo directo a la candidata, el cual será reembolsado una vez concluida la selección real.

5. Promocionar el ejército de Irlam, así como la academia y actividades relacionadas, en cualquier feudo, pueblo o ciudad bajo su mando.

6. Financiar la construcción de un centro educativo en sus localidades para enseñar a leer y escribir a la población.

Las condiciones son claras, la propuesta ambiciosa.

Esta alianza no solo busca apoyo político; su fin último es asegurar un avance en todos los sectores. Para superar los desafíos que se avecinan, necesitamos un pueblo que comparta su conocimiento y esté dispuesto a aprender.

Sin la colaboración de todos, no podremos adaptarnos ni crecer al ritmo que exige el futuro.

Emilia continúa, su voz firme y su mirada inspiradora.

—Estableceremos una sociedad en la que todos puedan dar lo mejor de sí mismos, porque mi prioridad es el bienestar de mi gente —dice, sonriendo mientras algunos asistentes la observan sorprendidos—. Desde la persona que vende en el mercado hasta el granjero que cultiva, desde el erudito que estudia la magia hasta el obrero que construye nuestros hogares, todos son igualmente importantes. Nuestra responsabilidad es guiar a cada ciudadano hacia un mejor futuro.

Extiende su mano en un gesto simbólico, como si invitara a todos a sostenerla.

—Mi deber como futura gobernante será guiar al pueblo para que saque su máximo potencial. Yo me comprometo a crear un futuro mejor para todos, pero para ello necesito su apoyo.

Cierro los ojos un momento, satisfecho, dejando que una sonrisa se asome en mis labios.

«Esa es mi Emilia.»

El silencio se extiende por un segundo, como si cada persona en la sala estuviera procesando el peso de sus palabras. Y luego, de manera espontánea:

¡CLAP!

Emilia abre los ojos, sorprendida.

¡CLAP!

¡CLAP!

¡CLAP!

Su sonrisa se ilumina, bañando el salón con su calidez. Los aplausos llenan la sala, y en ese momento es evidente que sus ideales han alcanzado a todos.

Emilia, con su sencillez y su fuerza, ha sabido mostrarse como la persona que muchos desean ver en el trono, alguien que realmente quiere construir un mundo igualitario, donde todos puedan aspirar a un mejor futuro.

Hoy, ella ha comenzado a guiar a estas personas hacia esa visión.

—Brillante. —Una mujer con un sombrero de copa se levanta, mirando hacia los demás con profunda alegría. La elegancia de sus movimientos fluidos y la forma en que su vestido negro se mueve captan la atención de todos.

Creo recordarla; Otto me mencionó sobre alguien así una vez.

—Establecí relación con Irlam con el temor de que, al estar unida a una medio elfa, fuese un foco de destrucción y caos. —Su mirada firme y sonriente hace que sus palabras suenen dulces—. Vendo utensilios de cocina producidos en Irlam con mis propios diseños. Nunca estuve interesada en las historias sobre la candidata al trono, de cómo ella visitaba todos los lugares, observando y ayudando a quien pudiera.

Al principio, Emilia comenzó estas visitas solo para ganar experiencia, pero luego se volvieron su rutina. Mientras yo me encargaba de la documentación, Emilia se dedicaba a visitar y ganarse el apoyo del pueblo.

Al comienzo, ocultaba su rostro; después, decidió enfrentar su realidad. Paso a paso, la gente empezó a ver más allá de sus prejuicios y descubrió que la Emilia frente a ellos realmente intentaba ayudarles.

Hasta convertirse en quien es ahora.

Una brillante estrella que nadie puede apagar.

«El trabajo correcto para la persona correcta.»

—Nunca creí en esas palabras, sin embargo, al escucharlas hoy, puedo ver que eran ciertas. —La mujer entrega el contrato firmado a Emilia—. Cuenta con mi apoyo, futura reina.

Emilia toma el contrato con profunda alegría y se inclina ante la mujer.

—Muchas gracias, señorita Vanessa. —Emilia sonríe alegremente, mientras que yo me sorprendo.

Parece que mi reina hizo la tarea.

Esta alianza no es solo para obtener respaldo; es una declaración de intenciones. Desde hoy, dejamos de actuar discretamente y comenzamos a reunir el poder que nos llevará al trono.

Todas las personas presentes firman el contrato.

Esto era de esperarse, ya que todas estas personas representan sectores clave de la producción y hemos investigado sus antecedentes meticulosamente.

Observamos su trato con el personal, evaluamos sus habilidades y estudiamos sus proyectos.

Por eso las condiciones son tanto estrictas como beneficiosas:

1. Prioridad en la producción en Irlam: Los pedidos realizados por miembros de la coalición gozarán de preferencia en la producción y distribución de bienes esenciales, asegurando un abastecimiento continuo y rápido en sus territorios y negocios.

2. Rutas comerciales exclusivas y seguras: Se establecerán rutas de comercio dedicadas para el intercambio entre los territorios de la coalición, optimizando tiempos de entrega y garantizando seguridad en el transporte de mercancías. Estas rutas contarán con protección adicional frente a posibles emboscadas o sabotajes.

3. Inversiones conjuntas y apoyo financiero: Los aliados que se comprometan activamente con los objetivos de la coalición recibirán prioridad en los fondos destinados a proyectos conjuntos, como mejoras en infraestructura, desarrollo agrícola o expansión comercial, promoviendo el crecimiento equitativo entre todos los miembros.

4. Acceso preferencial a tecnologías avanzadas y capacitación: Los aliados tendrán acceso exclusivo a la educación y entrenamiento en los avances tecnológicos y mágicos desarrollados en Irlam, permitiendo la modernización de sus procesos de producción y la formación de una fuerza laboral más preparada.

5. Apoyo en infraestructura y defensa militar: Los territorios aliados recibirán apoyo preferente en el fortalecimiento de sus defensas y estructuras clave, incluyendo la construcción de murallas, caminos fortificados, y destacamentos armados. Este compromiso asegura la estabilidad y protección frente a amenazas tanto internas como externas.

6. Acceso a conocimientos avanzados y formación mágica: Los miembros de la coalición disfrutarán de acceso prioritario a una red de información y formación mágica avanzada en Irlam, permitiendo que sus territorios cuenten con especialistas en magia y tecnología que contribuirán a la seguridad y prosperidad del reino.

La estrategia es atraer a aquellos que comprenden que el progreso de su gente es también su propio avance. No buscamos una multitud de alianzas superficiales, sino vínculos sólidos y significativos.

Queremos aliados fuertes; y a quienes se oponen, transformarlos o eliminarlos por completo.

—Todos aquí comprenden, al menos en parte, la situación con el culto. Hoy están más activos que nunca. —Reviso las miradas a mi alrededor, asegurándome de que todos me escuchen—. Deben saber que el culto de la bruja no se mueve para servir a la bruja de la envidia; ese propósito pertenecía al arzobispo de la pereza, quien fue eliminado por nuestras fuerzas, motivo por el cual ahora conocemos tanto sobre el actuar de estos monstruos.

«Un poco de mentira para poder hacer que me crean la verdad.»

Las expresiones se tensan.

Puedo ver en sus rostros lo difícil que es procesar la gravedad de la situación.

—Como miembros de esta coalición, todos deben comprender que el culto es impredecible; sus ataques pueden ocurrir en cualquier momento y lugar. Cada arzobispo tiene un objetivo único, un estilo propio. Para estar preparados, hemos implementado un sistema de reporte anónimo, usando mensajes encriptados que serán enviados a nuestras nuevas sedes militares para su protección.

Una red sólida de apoyo y comunicación nos dará una ventaja crucial.

—El arzobispo de la pereza fue nuestro enemigo más activo, pero cada arzobispo tiene un modo distinto de actuar. Pronto tendremos una reunión privada para discutir en detalle a cada uno de los conocidos: sus posibles apariencias, sus amenazas y estrategias de supervivencia ante ellos.

Mi intención es que la mayor cantidad de personas posible logre sobrevivir.

Estoy dispuesto a revelar tácticas específicas de defensa, preparándolos para que, en caso de un ataque, haya suficientes vidas protegidas.

No puedo prever el futuro, pero debo asegurarme de reducir el daño al mínimo.

Por eso, hemos formado esta alianza.

La puerta se abre de repente, y una figura entra en la sala. Su cabello violeta destaca entre la multitud; las decoraciones en su peinado flotan con elegancia, y Hetaro y Julius la siguen.

Su sonrisa es la de alguien que ya se considera victoriosa, y cada movimiento deja en claro que algo importante está por ocurrir.

—La dueña del gremio de mercaderes Hoshin se unirá temporalmente a nosotros para enfrentar la amenaza del culto de la bruja.

Atraer a Anastasia no fue tarea fácil, pero mi estrategia con ella es particular. He compartido información que le he mostrado sobre los movimientos recientes del culto. Priestella corre un peligro inminente, algo que solo se comprende con el respaldo de las pruebas que le he proporcionado.

El culto parece estar buscando algo en particular… algo que me reveló Echidna.

"Buscan un tesoro que dejé en Priestella."

Debo obtenerlo para Echidna antes de que el culto lo haga, y aún más importante, debo prevenir una tragedia en la que cientos, quizás miles, de personas perderían la vida.

Pero nuestro ejército está en desventaja, y necesito movilizar la mayor cantidad de fuerzas posible.

Anastasia y yo tendremos que profundizar en nuestros planes, aunque con este juicio ha sido complicado.

—El culto de la bruja es un obstáculo considerable para mis negocios, así que me beneficia una alianza con quienes están dispuestos a enfrentarlo. —Anastasia sonríe, proyectando confianza hacia los presentes—. Puedo ser una candidata al trono, pero ante todo soy una comerciante.

Su presencia aquí deja claro nuestro compromiso en la lucha contra el culto.

Después de todo, cada persona de la nobleza, y muchos fuera de ella, conocen la influencia del gremio de mercaderes más grande de Priestella. Y también, conocen bien la ambición de Anastasia.

TIN! TUN!

El sonido de la campana llena la sala, señalando el momento de seguir adelante.

—¿Estás listo? —Crusch me mira con una sonrisa decidida.

Mi corazón late con fuerza, mis manos tiemblan por la tensión.

—Lo estoy. Más que nunca.

Aprovecharé todo para culminar con esto, le daremos el mayor golpe que la historia ha presentado.

Haré caer a un sabio y a un conde al mismo tiempo.

Se hará historia en Lugunica.