Ecos del Pasado. capítulo 2:
Ruri, la sacerdotisa de la aldea, había estado sintiendo algo extraño en su corazón últimamente. Desde que comenzó a pasar más tiempo con Gen, el excéntrico mentalista, había notado una calidez en su pecho cada vez que él la hacía reír con sus trucos y palabras ingeniosas.
Pero aquello la confundía. Desde que tenía memoria, sus sentimientos siempre habían sido para Chrome. Él era noble, apasionado por la ciencia y siempre había luchado por ella. Entonces, ¿por qué ahora su corazón latía de esa manera cuando Gen estaba cerca?
Esa noche, Ruri para tratar de despejar su mente decidió cantar en la plaza de la aldea. Su voz dulce llenó el aire, trayendo tranquilidad a quienes la escuchaban. Los niños se acurrucaban y un grupo de aldeanos se había reunido en silencio, escuchando una melodiosa voz que flotaba en el aire como una suave caricia.
Ruri cantaba. Su voz era clara y envolvente, con una dulzura que recordaba a una época perdida. Al terminar, los aldeanos aplaudieron suavemente antes de retirarse poco a poco, dejándola sola con sus pensamientos... o al menos, eso creyó.
—Oh~ ¿Acabo de ser testigo de la reencarnación de una diosa del canto?— La voz melodiosa y ligeramente burlona de Gen Asagiri resonó detrás de ella.
Ruri se giró, encontrándose con los ojos violetas del mentalista, quienes la observaban con un brillo travieso.
—Gen-san... No esperaba verte aquí.
Él sonrió y se llevó una mano al pecho en un gesto dramático.
—¿Cómo podría perderme un espectáculo tan divino? No todos los días uno tiene el privilegio de escuchar a alguien cantar con tanta pasión. Si cierro los ojos, podría jurar que la mismísima Lillian Weinberg está aquí, en este mismo instante.
Los ojos de Ruri se abrieron levemente por la sorpresa.
—¿Tanto me parezco a ella?
Gen se acercó un poco más, observándola con atención.
—Hmm~ El cabello dorado, la expresión serena, la voz tan suave... Definitivamente hay algo en ti que me recuerda a ella. Pero...— Su sonrisa se tornó más tierna, su tono más bajo. —Creo que hay algo que incluso Lillian no tenía.
Ruri sintió su corazón latir con fuerza.
—¿Y qué es eso?
Gen alzó una ceja, inclinándose un poco más cerca, lo suficiente como para que Ruri sintiera su aliento.
—Un aura tan genuina, tan cálida... No es solo belleza, Ruri-san. Es algo mucho más especial.
El rubor subió a las mejillas de Ruri, y sin poder evitarlo, desvió la mirada.
—Gen-san...
—¿Oh? ¿Te he hecho sonrojar? Qué inesperado~— Gen apoyó su mentón en su mano, con una sonrisa triunfal.
—No es eso...— Ruri apretó suavemente sus manos sobre su regazo. —Es solo que... Nunca había pensado en esas cosas.
Gen ladeó la cabeza.
—¿Esas cosas...?
Ruri suspiró.
—Sobre cómo me ven los demás... o sobre lo que yo siento.
La mirada de Gen se suavizó, dejando de lado su tono juguetón.
—¿Hablamos de Chrome, tal vez?
Ruri sintió un pequeño nudo en el estómago. Siempre había creído que sus sentimientos por Chrome eran claros, que lo apreciaba profundamente. Pero en este momento, mientras hablaba con Gen, mientras sentía su mirada intensa y escuchaba su dulce voz, su corazón temblaba de una manera que nunca había experimentado antes.
—No lo sé...— admitió en un susurro.
Gen, en un gesto poco habitual en él, tomó suavemente una de sus manos.
—No tienes que apresurarte en encontrar una respuesta. A veces, los sentimientos son tan complicados como la ciencia de Senku. Pero te diré algo, Ruri-san...— Se inclinó un poco más, su sonrisa ahora más sincera que nunca. —Si alguna vez quieres una charla sin presión, o simplemente que alguien te haga reír, ya sabes dónde encontrarme.
Ruri lo miró, sintiendo que su corazón latía con más fuerza de lo que jamás había sentido. En ese momento, se dio cuenta de que había mucho más en su corazón de lo que imaginaba... y que su mundo, antes tan claro, ahora se había vuelto mucho más confuso.
Pero quizás, solo quizás, no era algo malo.
Al día siguiente, los ojos de Gen brillaban con esa chispa de diversión que solía acompañar sus ideas poco ortodoxas.
—Ruri-chan~ —canturreó, encontrando a la sacerdotisa junto al río, recogiendo flores medicinales—. Hoy tengo un plan magnífico, extraordinario y absolutamente imperdible.
Ruri alzó la vista y sonriendo con dulzura.
—¿Y de qué se trata esta vez, Gen?
Él llevó una mano a su pecho, fingiendo dramatismo.
—¡De música! Estoy convencido, tu voz angelical merece ser escuchada una vez mas.
—No... creo que mi voz sea tan especial…
—¿Bromeas? —Gen se inclinó más cerca, mirándola con intensidad—. Cuando hablas, es como si las estrellas susurraran secretos. Si cantaras, seguro harías llorar a la luna.
Ruri parpadeó sorprendida.
—Eso fue… muy poético.
—Lo soy cuando quiero~ —dijo Gen, guiñándole un ojo—. Ahora, prueba con esta melodía.
Gen comenzó a tararear suavemente una canción que grababa de Lillian de la era moderna, algo simple pero con una armonía encantadora. Poco a poco, Ruri empezó a seguirlo, su voz suave llenando el aire con dulzura.
El ilusionista la observaba con admiración. A pesar de la rudeza de su mundo, había algo en ella que lo hacía sentir momentáneamente en paz. Mientras Ruri cantaba, Gen, sin darse cuenta, fue acortando la distancia entre ellos.
Cuando la última nota quedó suspendida en el aire, hubo un silencio cargado.
—Suenas tan increíble —murmuró Gen, su voz más baja de lo habitual.
Ruri lo miró, sintiendo su corazón latir más rápido. Estaba demasiado cerca.
Gen, por primera vez en mucho tiempo, se sintió atrapado en un momento genuino, sin trucos ni mentiras. Sus ojos bajaron a los labios de Ruri, y sin poder evitarlo, comenzó a inclinarse hacia ella.
—¡¿Qué demonios crees que estás haciendo, Gen Asagiri?!
La feroz voz de Kohaku cortó el momento como un cuchillo.
Gen apenas tuvo tiempo de apartarse antes de que la fiera rubia lo tomara por el cuello de su túnica y lo sacudiera con furia.
—¡¿Intentabas besar a mi hermana?! —sus ojos brillaban con una mezcla de incredulidad y rabia—. ¡¿Acaso olvidaste que ella y Chrome se aman?!
Gen levantó las manos en un gesto de paz, con su clásica sonrisa nerviosa.
—Kohaku-chan, no fue lo que pareció…
—¡Pareció exactamente lo que parecía! —Kohaku lo zarandeó aún más fuerte.
Ruri, que hasta ahora solo había estado sonrojada y en shock, intervino con suavidad.
—Kohaku, tranquila…
—¡No, no puedo estar tranquila! —espetó Kohaku, fulminando a Gen con la mirada—. ¡Chrome es mi amigo! ¡No permitiré que este ilusionista tramposo juegue con tus sentimientos!
El hombre suspiró teatralmente.
—¿Por qué todo el mundo supone que solo porque soy un mentalista debo estar manipulando a la gente?
—¡Porque SIEMPRE lo haces!
—Tocado.
Kohaku lo soltó con brusquedad, cruzándose de brazos.
—Escucha bien, Gen. No quiero verte cerca de Ruri con intenciones raras. Si vuelves a intentar algo como esto…
Desenvainó su espada de bambú y la golpeó contra el suelo con un ruido amenazante.
—¿Me captaste?
Gen tragó saliva y se movió rápidamente.
—Clarísimo como el agua.
Ruri sospechó, mirando a su hermana con resignación.
—Kohaku, todo está bien. No pasó nada…
Pero Kohaku no se dejó engañar.
—Más te vale, Gen. —Le lanzó una última mirada de advertencia antes de darse la vuelta y alejarse, aún con su aura asesina rodeándola.
Gen se frotó el cuello, sintiendo aún la presión de los dedos de Kohaku.
—Bueno, eso fue intenso…
Ruri lo miró con disculpa en los ojos, pero también con una pizca de diversión.
—Tal vez deberías elegir mejores tus momentos.
Gen suspiro dramáticamente y se llevó una mano al corazón.
—Ah, mi destino cruel… perseguido por la justicia antes de siquiera cometer un crimen.
Ruri rió suavemente, y aunque aún tenía el rostro sonrojado, no parecía molesta.
—Gracias por la canción, Gen. Fue… divertido.
—Cuando quieras cantar de nuevo, ya sabes dónde encontrarme~
Y con eso, el mentalista se alejó, con la sensación de que ahora sí estaba en problemas.
CONTINUARÁ
