No se posee ningún personaje, ni se gana nada con esta historia
Capítulo 25: Una Noche Inesperadamente Íntima y un Souvenir Prehistórico
La noche transcurrió con Androide 18 sentada rígidamente sobre el pecho de Goku, su molestia inicial mutando en una especie de entumecimiento resignado. Goku, ajeno a su incomodidad, continuó durmiendo profundamente.
En algún momento de la madrugada, mientras la luna proyectaba largas sombras sobre el risco, Goku se movió en sueños. Inconscientemente, levantó una mano y, con suavidad, apartó a 18 de su pecho, girando para quedar boca arriba. Para sorpresa de la androide, en el mismo movimiento, la atrajo hacia sí, acomodándola a su lado sobre la dura tierra.
18 se quedó inmóvil, sintiendo el calor del cuerpo de Goku cerca del suyo. Antes de que pudiera procesar lo que estaba sucediendo, el Saiyajin, aún dormido, pasó un brazo por debajo de su ropa, rodeando su cintura. Luego, su cabeza se movió y sintió su boca presionar su coronilla, mordisqueándola suavemente como si fuera un dulce blando.
Una punzada de sorpresa recorrió a 18, seguida de una extraña sensación de resignación. Este hombre era un enigma. Cerró los ojos y, a pesar de la situación absurda, el cansancio terminó por vencerla, llevándola al sueño.
Despertó con una sensación extraña. La luz del sol comenzaba a filtrarse entre las rocas. Abrió los ojos y se encontró con la cara de Goku muy cerca de la suya. Su brazo seguía rodeándola, pero ahora su mano estaba dentro de sus pantalones, descansando sobre su trasero.
18 se quedó petrificada, sin saber qué hacer. Su mente analítica intentaba procesar la situación, pero las convenciones sociales y las reacciones humanas en este tipo de escenarios le resultaban completamente ajenas.
Sin que ella pudiera reaccionar, la otra mano de Goku se movió lentamente y se posó sobre su pecho, justo debajo de su camiseta. 18 contuvo la respiración, sin atreverse a moverse.
Entonces, en un movimiento final y completamente inesperado, Goku, aún profundamente dormido, ladeó la cabeza y mordió suavemente su labio inferior, manteniéndolo entre sus dientes con una expresión plácida.
18 se quedó completamente inmóvil, con los ojos muy abiertos, sintiendo el ligero agarre en su labio. Pasó lo que le pareció una eternidad en esa posición, tensa e incapaz de reaccionar. La noche se convirtió en mañana, y Goku permaneció dormido, con su labio aún sujeto al de ella.
Finalmente, con los primeros rayos del sol brillando intensamente, un sonido de crujido rompió la tensión. El huevo gigante comenzó a agrietarse. Una pequeña cabeza escamosa asomó por la abertura, seguida por un cuerpo diminuto. El bebé dinosaurio, recién nacido, emitió un pequeño graznido y se tambaleó hacia su padre, el dinosaurio verde que seguía durmiendo plácidamente junto a la fogata. Tras un breve contacto, la cría y el adulto se alejaron juntos hacia el valle.
Goku se despertó con un bostezo, completamente ajeno a los eventos de la noche. Se estiró y miró el cascarón vacío con una sonrisa. "¡Ha eclosionado! ¡Qué bien!" Luego, observó los fragmentos del cascarón y sus ojos se iluminaron. "¡Mira este trozo! Es lo suficientemente grande como para usarlo de bañera. ¡Será genial!"
Sin prestar atención a la rigidez de 18, Goku recogió la pieza más grande del cascarón. "¡Vamos a casa, 18! ¡Les encantará mi nueva bañera!"
De regreso en la Montaña Paoz, mientras Goku mostraba con orgullo su nuevo "tesoro" a Gohan y Goten, 18 se dirigió al baño. Se miró en el espejo y se quedó paralizada. En la piel de su trasero, justo donde había estado la mano de Goku, se podían ver unas tenues marcas rojizas, la huella de sus dedos.
Con una curiosidad confusa, se levantó la camiseta y observó su pecho. Allí también había marcas similares, pequeñas huellas de manos y unos leves roces rojizos que parecían... mordiscos. Una risa nerviosa y desconcertada escapó de sus labios.
"¿Qué te pasa, 18?", preguntó Gohan, que había entrado al baño para lavarse las manos.
18 se giró rápidamente, tratando de ocultar las marcas. "Nada... solo... me picaba."
Goku entró en ese momento, cargando el enorme trozo de cascarón. "¡Miren! ¡Mi nueva bañera! ¿A que es genial?"
Ni Goku ni Gohan parecieron notar la extraña expresión de 18. Goku, en particular, seguía completamente ajeno a sus acciones nocturnas. Mientras observaba su entusiasmo infantil por un trozo de cascarón, 18 no pudo evitar una pequeña sonrisa incrédula. La vida en la Montaña Paoz nunca dejaba de sorprenderla. Y aunque la noche anterior había sido, cuanto menos, peculiar, una parte de ella no podía evitar encontrarle un humor extraño y desconcertante.
