El equipo de baseball tuvo un partido el fin de semana siguiente. Arnold jugó con gran entusiasmo, ganando algunos puntos. Estaba contento y disfrutó del juego, pero al final, cuando todos celebraban la victoria, estaba molesto por la presencia de Johnson.
Y no, no era solo que estuviera ahí, era que cuando miró hacia las gradas buscando a su novia, la encontró riendo con él. ¿Acaso Helga ya se había olvidado de la tontería que hizo?
Intentó no hacer mucho caso a esas sensaciones. Joshua se había disculpado y no parecía mostrar interés en Helga. Los saludaba a ambos cuando estaban con más gente y jamás los interrumpía si los veía a solas, a pesar de que el chico en varias ocasiones cruzó su mirada con él. También notó como hacía callar a sus amigos y los regañaba cuando hacían comentarios subidos de tono sobre distintas chicas o incluso maestras de la escuela. Podía ser un progreso, ¿no?
De todos modos, era incómodo verlos juntos y divirtiéndose. Lo peor era que ni siquiera tuvo tiempo para hablar con Helga. Seguía castigado y en cuanto terminó el partido, su abuelo lo apresuró para ir a casa.
Lo que el rubio ignoraba era que, además de las reuniones en el periódico, Helga y Joshua se topaban en el gimnasio, cuando la chica acompañaba a su madre. En más de una ocasión volvieron a conversar y poco a poco él volvió a acercarse a ella. El chico la hacía reír con sus bromas, pero además respetaba su espacio y si Helga estaba de mal humor o simplemente no quería hablarle, la dejaba en paz sin hacerla sentir culpable.
La chica se despidió de Arnold agitando su mano y él le respondió con una sonrisa triste. Decepcionada, se dirigió al resto del equipo para tomar fotos para el periódico. Joshua le ofreció ir a la escuela para terminar el escrito ese mismo día, pero ella le dijo que se lo enviara por correo para revisarlo más tarde, dando una excusa para desaparecer. No poder siquiera felicitar a su novio antes que se marchara a casa arruinó todo su ánimo.
...~...
La semana siguiente pareció una eternidad para Helga. Cada noche marcaba una cruz en su calendario, contando los días para volver a salir. Extrañaba pasar tiempo con Arnold fuera de la escuela, pero al menos lo veía entre clases.
Y como él ni siquiera podía quedarse a estudiar con el grupo, al final de las sesiones la rubia caminaba con Lila, acompañándola a casa o al estudio de ballet.
Era divertido ponerla nerviosa por tonterías y la pelirroja parecía jamás enfadarse con ella. Además, siempre fue interesante y aunque Helga no lo admitiría jamás, extrañaba el ballet y disfrutaba lo que su amiga le contaba de las clases. Incluso se quedó en una ocasión a verla ensayar. Odiaba que fuera tan estúpidamente buena.
...~...
–Ya terminó–se dijo Helga, mirando el nuevo mes antes de salir rumbo a la escuela.
Pero ese día no podía ir por su novio al final del día, porque tenía su sesión con Bliss. Así que se despidieron cuando terminaron las clases. Arnold se marchó con Gerald y ella se dirigió a la sala del periódico a dejar su escrito de esa semana. Intercambió algunas apreciaciones con Gracia y luego se fue.
Mientras se alejaba por el pasillo, escuchó la puerta abrirse y cerrarse, luego los pasos a carrera hacia ella.
–Pataki, ¿tienes un minuto?–dijo Joshua, alcanzándola.
Ella no lo miró.
–¿Qué quieres, Johnson? Soy una persona ocupada–Contestó, sin dejar de caminar.
–Buuuuuuueeeeeno–dijo él, buscando en su bolsillo hasta encontrar algo–, tengo entradas para las luchas
–Felicidades
–Me preguntaba si querrías ir
–¿Acaso me estás invitando a salir?–dijo con sarcasmo, deteniéndose antes de bajar la escalera, miró alrededor, ya no quedaba nadie en la escuela–. Te recuerdo que NO soy un chico
Joshua sonrió incómodo.
–Son un regalo, para que vayas con Shortman
Helga arqueó su ceja y levantó la vista. Aunque Joshua le sacaba casi dos cabezas de altura, parecía mucho menos intimidante que ella
–¿Por qué?
–Mencionaste que necesitabas ideas de citas... y te debo un favor
–A mí tal vez, pero no por eso tienes que involucrar a mi novio
–Pero quiero compensarlo
–¿Por...?
–Creo que él sigue molesto conmigo
–¿Por qué lo dices?
–No es muy sutil cuando algo le incomoda y frunce el ceño cada vez que me ve
–Ah, sí, es un libro abierto
–Pero incluso enfadado es lindo
–Tienes que dejar de mirarlo, sale conmigo, ¿sabes?–Helga entrecerró los ojos y luego añadió.–. Así que intentas comprar su perdón
–¿Crees que funcione?
–Lo dudo–Suspiró.–. Pero veré qué puedo hacer
–Lo siento, no soy bueno con esto. No sé cómo arreglar las cosas
Helga suspiró.
–Repito, el chico sale conmigo
–Es más bien por ti, me gustaría volver a hablar con tranquilidad en la escuela, pero cada vez que nos encontramos, todo se siente... tenso... no me agrada
–¿Por qué tanto esfuerzo por una amistad tan mediocre?
–¿Qué quieres decir?
–Solo soy yo, no soy precisamente la primera elección de nadie–dijo, encogiéndose de hombros.
–No te considero mediocre, ni a tu amistad y, además, nunca antes tuve una amiga. Asusto a las chicas
–Con tus amigos, cualquiera se asustaría
–Tú no
–Soy una Pataki, se necesita más que músculos para asustarme–Le dedicó una sonrisa burlona y le regresó las entradas.–. Te diré algo, lo pensaré
–No lo pienses mucho, son para el domingo–dijo él, rechazando con un gesto.
–Sé leer–Rodó los ojos, mientras sacaba de su bolso un lápiz y una libreta.–. Anota tu número, te llamaré mañana en caso que decida no asistir
–Son tuyas
–Escucha, Johnson, sé lo costosas que pueden ser y odio sentirme en deuda. Si te llamo mañana tendrás tiempo de invitar a alguien más
–Está bien
El chico obedeció y anotó rápido. Helga repitió el número para asegurarse de que entendía bien los dígitos, ya que la caligrafía de Joshua era horrible. Corrigió la anotación más abajo, dejó como marcapáginas las entradas y guardó la libreta.
–Hablamos mañana, grandote–dijo ella, para luego bajar los peldaños casi a saltos.
Joshua regresó a la sala del periódico, mientras Helga corría fuera de la escuela para alcanzar el bus que la acercaría a la consulta.
...~...
Bliss podía notar que su paciente intentaba distraerla. Las quejas sobre su familia no eran nuevas, pero la mujer escuchaba atenta, hasta que comento que Olga interrumpió...
–¿Qué interrumpió, Helga?–dijo Bliss cuando la chica guardó silencio más tiempo del habitual.
–Interrumpió... mi descanso... sí, mi descanso–Contestó Helga, evitando su mirada.– ¡¿Quién madruga un domingo?! ¡Está loca!
La terapeuta dejó su libreta a un lado, apoyando sus manos a los costados de la silla, con una postura relajada.
–¿Entonces qué pasó?
–Fue por Lila y nos llevó al centro comercial y luego a comer. Y por la tarde me peinó con un millón de trenzas
–¿Te incomodó que Lila estuviera ahí?
Helga negó.
–De hecho... fui yo quien sugirió que fuera por Lila
–Entonces hizo algo que le pediste
La chica asintió.
–¿Cuál es el problema?–Indagó Bliss.
Helga cerró los ojos y tomó aire, jugando con sus dedos.
–Arnold estaba conmigo cuando Olga llegó
–¿Y tu hermana no lo incluyó en la salida?
Helga volvió a negar, mordiendo su labio por dentro.
–¿Fue un día de chicas?
La adolescente tensó sus dedos sobre el sofá.
–La verdad... –Tomó aire otra vez, luego rascó su brazo.– Olga no se enteró de que Arnold estaba conmigo
Bliss la miró unos segundos que a la joven se le hicieron eternos. ¿La juzgaba acaso? ¿Se enfadaría? Solo podía leer preocupación en su mirada.
–¿Quieres explicarme qué pasó?–dijo la mujer.
Helga asintió lentamente. Otra vez cerró los ojos tomando aire y se puso de pie, dando vueltas por la consulta, hasta que se paró frente a la ventana.
–Bob y Miriam salieron ese fin de semana... invité a Arnold a casa... y él se quedó a dormir–Admitió y casi de inmediato volteó, para luego añadir–. No pasó nada... quiero decir... nosotros no...
Podía sentir la sangre subiendo por su rostro y el cosquilleo nervioso quemando sus manos y brazos. Frustrada, volvió al sillón y se recostó mientras cubría su rostro.
–Helga, está bien, puedes tomarte tu tiempo. Recuerda que estoy aquí para ayudarte y todo lo que hablemos quedará entre nosotras–dijo la mujer, en tono conciliador.
–Lo sé–dijo la chica, sin moverse.
–¿Quieres tomar un descanso? Hay refrescos
–¿Tiene Yahoo?–Murmuró, sentándose otra vez.
–Creo que sí
Bliss buscó en su mini bar y sacó dos botellas, las que destapó antes de ofrecerle una a la chica y beber ella misma la otra.
Helga tomó un par de sorbos antes de continuar.
–No esperaba que Arnold se quedara conmigo–dijo, mirando el suelo mientras jugaba con la botella.–En San Valentín él... dijo que me ama. Y cuando llegué a casa, me enteré del paseo de Bob y Mirian. Entonces pensé que... si Arnold al fin era capaz de amarme, tal vez... tal vez entendería... y aceptaría... mis secretos...
–¿Qué quieres decir?
–Quería enseñarle mis poemas... incluso reconstruí el altar...
–¿En serio?
–Solo las fotos... y las luces... no me dio tiempo de hacer nuevas esculturas
Ambas rieron.
–¿Y cómo reaccionó Arnold?
Helga se levantó y mientras daba vueltas le contó sobre la conversación que tuvieron y cómo pasaron la tarde, abrazados, mientras ella leía.
–Y cuando anocheció–Añadió bajando el tono mientras volvía al sillón.–, Arnold preguntó si podía dormir conmigo. Y aunque no pasó nada... mentiría si dijera que no quería que pasara y creo... creo que él también... y por la mañana llegó Olga–Rodó los ojos y caminó de vuelta hacia el sofá, dejándose caer con un gruñido, mientras murmuraba.–. Estúpida Olga
Bliss sonrió.
–Ahora entiendo porque estás tan enfadada, Helga–Explicó con una sonrisa.–. Y agradezco que confíes en mí para hablar de esto
–¿En quién confiaré si no? ¿Miriam? Por lo que sé, tanto Olga como yo podríamos ser producto de algún descuido. No me fío de ella y claramente no podría hablar de esto con Bob
Bliss tomó notas.
–Entonces ¿Qué pasó cuando llegó tu hermana?
La chica rascó su brazo otra vez.
–Bueno...
Le describió la situación, haciendo reír a Bliss. Luego la chica se dejó caer de espaldas sobre el sofá de la consulta, mientras le contaba de "charla" que le dio su hermana sobre los chicos y lo que eso provocó.
Pasaron algunos minutos analizando porqué a Helga le incomodaban los intentos de Olga de protegerla, trabajando varios puntos de vista.
Luego la terapeuta preguntó si había pasado algo bueno el último mes, además de la declaración de amor de Arnold, claro.
La chica volvió a acercarse a la ventana. Habló del tiempo que pasaba con Lila y de lo agradable que era tener otra amiga. Y luego mencionó a Joshua y las entradas para la pelea del domingo.
–Así que Joshua te regaló un par de entradas para que fueras a un evento con Arnold, suena como si realmente se preocupara por ti–Resumió Bliss.
–Supongo que sí
–¿Y cuál sería el problema?
–En verdad... –Miró a Bliss.–no creo que Arnold quiera ir, a él no le gustan esas cosas... preferiría ir con Johnson, pero... pero creo que Arnold se pondrá incómodo si lo hago y no quiero mentirle al respecto... y realmente quiero ir...
Bliss asintió, observando a la chica.
–¿Y por qué no van los tres?
–¿Qué?
–Podrían ir los tres. Así Arnold y Joshua tendrían la oportunidad de conocerse mejor
–Pero Arnold odia las luchas, no estará de buen humor
Bliss reflexionó un momento.
–Entonces vayan a un lugar que le agrade a Arnold después de las luchas
–¿Un lugar que le agrade? ¿Algo como qué?
–¿Qué cosas le gustan?
–El baseball, los arcades...
–¿Y algún lugar donde puedan conversar? Tal vez un parque... o una cafetería
«Slausen's»
Si llegamos solteros a los 25...
«¡No! Slausen's no...»
–No puedo pensar en nada–La chica se dejó caer en el sillón, frustrada.
–Entonces pregúntale a dónde le gustaría ir
–¿Cree que funcione?
–¿Qué es lo peor que podría pasar? Dudo que Arnold inicie una pelea con Joshua... y no creo que Joshua quiera lastimar a Arnold y perder tu amistad, parece que realmente lo está intentando
Helga se sentó y observó a Bliss.
–Tiene razón–dijo con una sonrisa–. Gracias
...~...
Después de la sesión y mucho más calmada, de camino a casa, se desvió para hacer una llamada rápida desde un teléfono público.
–¿Diga?–Escuchó la voz de una mujer al otro lado de la línea.
–Hola, ¿está Joshua? Dígale que es Helga, del periódico escolar
–Sí, un segundo
Escuchó como llamaban al chico y luego se ponía al teléfono.
–Hola, Helga, creí que llamarías mañana
–¿Puedes conseguir otra entrada?
–¿Qué?
–¿Sí o no?
–Supongo que sí, pero ¿por qué?
–Porque si quieres arreglar las cosas con Arnold, tendrás que hablar con él
–¿Qué?
–Iremos los tres ¿te queda claro?
–Sí
–Te llamaré mañana para confirmar los detalles, adiós
Colgó un poco más tranquila, pero se dio cuenta que tenía que contarle a Arnold y eso volvió a incomodarla. ¿Qué haría si él decía que no? ¿Podía regalarle las entradas a Harold y Patty? Bueno, era el mejor plan de reserva que podía pensar.
Siguió su camino, dispuesta a salir rápido de ese problema.
Parada frente al portal de La Casa de Huéspedes los nervios apretaron su estómago. Desde que él se quedó a dormir con ella, no volvió a ir allí, temiendo la reacción de sus abuelos. No esperaba que fueran a regañarla seriamente, pero temía que la juzgaran, que le prohibieran entrar o, lo que era peor, que intentaran aleccionarla al respecto. Así que cuando tocó la puerta no sabía que esperar, pero ya estaba ahí, resignada a lo que fuera.
La puerta se abrió y ella dio un paso al costado dejando pasar varios animales, incluyendo a Abner, quien regresó para lamer su mano y luego se apresuró a alcanzar a los demás.
Helga se limpiaba en su chaqueta cuando la puerta se terminó de abrir y apareció el abuelo de Arnold.
–Hola, jovencita–dijo con naturalidad.
–Hola... a-abuelo Phill–Contestó ella.– ¿Está Arnold? Quisiera... hablar con él
–Claro
–Puedo esperar aquí si hace falta–Añadió con prisa.
–Hace algo de frío, pasa–dijo el anciano, apartándose.
–Gracias
Helga miraba el suelo, tratando de controlarse, repitiendo en su mente una disculpa que había ensayado muchas veces.
–El hombre pequeño está en su habitación, puedes subir a verlo
Ella abrió mucho los ojos, mirándolo.
–¿Es-está bien que suba?
–Claro, mientras no cierren la puerta–dijo él, guiñándole un ojo.
–Gr-gracias
La chica subió la escalera, apretando entre sus manos el tirante de su bolso.
¿No iban a regañarla? ¿No estaba mal que fuera a la habitación de su novio después de lo que había pasado? ¿Acaso no estaban enfadados con ella?
Cuando tocó la puerta, escuchó algo de ruido antes que Arnold abriera.
–¿Helga? ¿Qué haces aquí?–dijo él, sorprendido.
–¿Qué hay, cabeza de balón?–Respondió ella, todavía nerviosa.
El chico miró hacia atrás y luego a su novia.
–¿No piensas invitarme a pasar?–Agregó la chica, arqueando su ceja.
–Yo... emh...
–¿Qué? ¿Acaso tienes otra chica escondida ahí?–Fingió enfado.
–¡Helga! Sabes que yo no...
–Solo bromeo, Arnoldo–Interrumpió.–, si tu habitación está desordenada, te aseguro que no será peor que la mía, ¿puedo pasar? Quiero hablar contigo
El chico suspiró y volteó caminando al interior de su habitación. Helga lo siguió, mirando alrededor con desinterés. El bolso deportivo del chico estaba abierto a los pies de la cama, la que tenía las sábanas y el cobertor arrugados en un rincón. Un par de bolsas de frituras adornaban el suelo. La mochila de Arnold colgaba de la silla frente a su escritorio y algunos cuadernos estaban sobre la silla. Lo vio quitar una pila de ropa del sillón y la invitó a sentarse.
–Debiste avisar que pensabas venir... –dijo el chico, mientras llevaba la ropa a la cama.
Ella se sentó, siguiéndolo con la mirada.
–Pensaba ordenar mañana... –Siguió diciendo él, en tono de disculpa.
–¿En serio crees que me importa?–Respondió ella.
Arnold volteó a verla. Tenía los brazos cruzados y un lado de su ceja arqueado.
Con otro suspiro fue a sentarse junto a ella.
–¿Qué pasa, Helga?
Ella buscó en su bolso y sacó los dos boletos, enseñándoselos.
–¿Y esto?–Arnold leyó y luego la miró.
–Ya acabó tu castigo
Arnold asintió.
–Sabes que esto no es realmente lo mío, pero si quieres ir, te acompaño–dijo.
–El asunto, Arnoldo, es que Joshua nos invitó
–¿Por qué?
–Porque somos amigos–Explicó, encogiéndose de hombros.
Arnold cerró los ojos un momento.
–Si no quieres ir, puedo devolverlas–dijo ella, guardándolas en su bolso.
–Pero...
–Lo veré en la tele. Bob paga el cable–Masculló.
–Es tu luchador favorito ¿no?
–¿Cómo lo sabes?
–Vi el nombre en un poster en tu habitación
–Qué observador–Le sonrió y vio cómo se sonrojaba.
–Helga, no es solo la pelea. ¿Por qué sigues siendo amiga de Johnson después de lo que hizo?
–No lo sé, me agrada y ya. Sé que fue un idiota y que sigues enfadado por lo que hizo...
–No estoy enfadado–Interrumpió.–, pero la forma en que habló me hizo pensar cosas horribles... no solo... –Se contuvo, dio un largo respiro y la miró con seriedad.–. Olvídalo, no importa. Si quieres darle una oportunidad de probar que puede ser un buen amigo, lo entiendo... y si quieres que lo conozca, por mí está bien, ¿Qué es lo peor que puede pasar? Digo, yo soy amigo de Lila y aunque sabes lo que pasó ni siquiera te he escuchado quejarte
–Supongo que es diferente, porque Lila también es mi amiga–Se encogió de hombros.–. Y gracias, cabeza de balón–Añadió mientras guardaba las entradas.
El chico asintió con entusiasmo, apretó su mano con cariño y la besó.
Ella correspondió con cariño, recordando a ratos esa noche después de la fiesta. Helga muchas veces se preguntó hasta donde habrían llegado si hubieran tenido el valor...
Pasos en la escalera. Ambos se apartaron de un brinco y con aire avergonzado. Helga miraba el suelo, mientras Arnold vigilaba la puerta.
–Chicos, ¿puedo pasar?–dijo el abuelo.
–Sí, adelante–Contestó Arnold.
–La cena estará lista en unos minutos–Anunció.
–Gracias, abuelo
–¿Te quedarás a comer, jovencita?
–Yo... emh... ¿puedo?–dijo Helga, mirando a Arnold.
–Por supuesto que sí–Contestó el abuelo, rascándose la barbilla.–. No veo porque no podrías
–Gracias–dijo Helga, más tranquila–. Me encantaría
–Los esperamos abajo en cinco minutos
–Está bien–dijeron los jóvenes a coro.
Intercambiaron una mirada incómoda, antes de soltar una risita.
–Pensé... que tus abuelos estarían enfadados conmigo–dijo Helga.
–¿Por qué?
Ella cerró los ojos intentando ordenar sus ideas.
–No estoy segura–Admitió.–. Siento... que soy una mala influencia para ti. Ya sabes, eres San Arnoldo
–Helga... no hicimos nada malo... y... no hubiera sido malo–Apretó los ojos, sabiendo que se sonrojaba.
Ella intentó ahogar la risa, pero no pudo.
–Eres un tonto ¿lo sabes?
–¡Ey!
Helga lo miró con una sonrisa segura, así que Arnold se levantó.
–Vamos a comer
Ella asintió, dejando su bolso en el sillón antes de seguirlo escaleras abajo.
La comida fue tranquila y poco a poco la chica perdió la incomodidad inicial al notar que nadie haría comentarios desagradables sobre lo que pasó. La única mención al respecto fue cuando estaban por salir y escuchó al abuelo decirle al chico que no tenía permiso para dormir afuera, haciendo sonrojar a los jóvenes, mientras Arnold cerraba tras de sí para acompañarla a casa.
En el camino de regrese, mirando el suelo y con las manos en los bolsillos, Arnold intentaba que la idea no lo incomodara, pero no dejaba de darle vueltas. Podía entender que Helga y Joshua fueran cordiales por el bien de su trabajo en el periódico escolar, pero no entendía el interés que él tenía en ella y le seguía incomodando la discusión sobre el supuesto enamoramiento con la madre de Helga, porque... algo en todo eso le parecía una excusa y de las malas.
Pero al día siguiente esa sensación se había desvanecido. Tenía que confiar en la honestidad de Helga y no podía culparla si alguien más se interesaba por ella, después de todo, él tenía una lista interminable de cosas que adoraba de ella, definitivamente debía aceptar que alguien más podía voltear a ver ¿no?
Luego de la práctica, Helga fue por él para una cita de cine y helado, que finalmente le permitió invitar, lo que para él contó como un triunfo.
...~...
El domingo se reunieron con Joshua afuera de la arena, unos quince minutos antes que comenzara el evento. Mientras los dos fanáticos disfrutaban la pelea, Arnold se dedicó a observarlos. Entendió por qué se llevaban bien y le gustó ver a Helga divirtiéndose y gritando, llena de energía. Incluso terminó riendo cada vez que ella vociferaba insultos que iban subiendo de tono. Esa parte de ella era nueva, no que fuera agresiva, sino, fanática de algo. Supo que también amaba verla así.
Más tarde él los arrastró a un lugar donde tocaban jazz en vivo. El mayor pidió café y los más jóvenes chocolate; también una enorme orden de galletas para compartir. Pasada la incomodidad inicial, los chicos pudieron conversar con naturalidad.
Arnold notó que Joshua no era un idiota como Wolfgang, y aunque le recordaba muchísimo a él por su contextura, definitivamente su personalidad era mucho más amistosa. No actuaba con la arrogancia que hubiera esperado de alguien como él.
En un momento que Helga se disculpó para ir al baño, aprovecharon de hablar sobre el gran elefante blanco en la habitación.
–Entonces, Joshua, ¿por qué haces todo esto? ¿No será que te gusta Helga?–dijo, con sospecha.
–No, claro que no... ya sabes el malentendido fue sobre su madre
–¿Puede ser honesto? Sé que eso no es cierto. Siempre que nos ves pareces... nervioso...
El mayor observó en silencio unos segundos, luego dio un largo suspiro.
–Es la única amiga que he tenido. Es la única chica a la que no parezco intimidar y de las pocas personas que sabe lo que soy y parece no molestarle
–¿Qué eres?
–Homosexual
Arnold hizo lo posible por no dejar caer su mandíbula.
–¿Qué? ¿Por qué no me lo dijo? Yo... yo habría entendido...
–Le pedí guardar el secreto–Jugó con su taza y bebió un sorbo.–. Y lo hizo. Helga es una buena persona y es amable, aunque finja que no. Estoy seguro de que lo sabes
Arnold asintió despacio, luego miró las galletas.
–Que no te extrañe que haya gente que la quiera en su vida, es interesante y lista
–¿Seguro que no te gusta?
–Si puedo seguir siendo sincero, desde el primer partido me fijé un poco en ti, ella lo sabe, es solo otro gusto que compartimos. Creo que por eso me pongo nervioso...
Arnold ahogó un gesto de sorpresa. Pero, claro, eso... de algún modo parecía hacer sentido.
–¿Gracias? Supongo. No sé qué decir–Respondió rascando su nuca.
–Nada, estás con ella... y no creo...
–Definitivamente me gustan las chicas–Añadió con rapidez.
–Y a mí definitivamente me gustan los chicos, si sirve de algo–Se encogió de hombros.
Arnold guardó silencio unos segundos, jugando con su taza.
–Joshua, agradezco la sinceridad–Cerró los ojos un momento.–. Helga tiene pocos amigos, intimida bastante a la mayoría de la gente, por eso acepté venir y conocerte. Creo que le importas... solo, en verdad, deja de fingir ser un idiota, ¿realmente tus amigos valen la pena?
–No es tan simple. Las etiquetas tienen peso y yo estoy entre los musculitos y ya–Se encogió de hombros.–. La mayoría de la gente no se molestaría en conocerme más, por suerte solo quedan unos meses. Quiero empezar de cero en la universidad
–Te deseo suerte entonces
–Gracias
–Y... gracias por confiar en mí
–Confío en Pataki y en su criterio. Si estás con ella, sé que puedes guardar secretos
Arnold se sonrojó, un poco avergonzado y un poco molesto consigo mismo.
–¿Y qué piensas estudiar?–quiso saber, no solo por hacer conversación, sino porque de pronto todas sus interacciones con Joshua comenzaron a tener sentido y ahora realmente le parecía una persona agradable.
El chico estaba en plena explicación sobre sus intereses, cuando Helga regresó y se detuvo cerca de ellos, escuchándolos hablar con entusiasmo. Se sentó junto a su novio, tomando su mano por debajo de la mesa.
–¿De qué me perdí?–dijo.
Más tarde Arnold la acompañó a casa.
–Fue una buena idea–dijo el chico cuando se despedían–. Gracias, Helga
–Gracias a ti, cabeza de balón–Sonrió y le dio un beso en la frente.
Arnold la observaba cautivado, mientras le acomodaba mechón de cabello.
–¿Sabes? Incluso cuando estabas emocionada gritando groserías a los luchadores, no dejaba de pensar que lucías hermosa
–¡¿Qué?! ¿Acaso estás loco? Criminal
Ella lo miraba sorprendida, abriendo mucho los ojos. Estaba segura que se había sonrojado tanto que su rostro debía ser un semáforo de alto.
–Olvídalo–Arnold bajó la mirada, igualmente avergonzado.
Ella se sonrojó y se apartó con una sonrisa.
–Te veo en la escuela, cabeza de balón
