3. Una nueva amistad

Sara salió del carro apenas apagó el motor; miró su reloj y se apresuró en activar la alarma al comprobar la hora.

Se había atrasado por más de diez minutos, y Sarita odiaba hacer esperar a la gente, en especial a la gente que le importaba; y Albin poco a poco se había ganado un puesto en la lista buena de Sara.

La castaña ni se cuestionó el rápido afecto que empezaba a sentir por el español, habiendo encontrado en él un excelente amigo. Un amigo que le presentó una nueva definición de amistad al agregar "con beneficios" al final de la frase.

Y qué beneficios.

Ese mismo martes que se habían juntado para almorzar en el club Sarita había comprobado que la química sexual no se la había inventado y que era bastante real entre los dos, tan real que cuando el español le propuso seguir explorando ese lado de su amistad Sara accedió sin pensárselo mucho.

¿Quién decía que no podían tener ambas cosas? Un amigo y un compañero de cama.

A Sara le parecía un muy buen trato.

Albin había sido directo en su propuesta, y desde el principio dejaron las cosas claras: su relación sexual no sería nada más que eso, una alternativa para matar el estrés del día a día y quemar una que otra caloría. Además, en una de esas varias conversaciones que habían tenido, Albin le comentó que él creía que las primeras relaciones luego de una ruptura fuerte eran siempre pasajeras. Y Sara coincidía con esa observación.

Sin mencionar de que el hombre la vio llorar por Franco.

No, definitivamente Albin no llegó a su vida para ser un gran amor en su historia.

Tocó la puerta del apartamento y pacientemente esperó. El español no tardó en atender, recibiéndola con una sonrisa en el rostro y un paño de cocina en el hombro.

—Ya pensaba que no aparecerías.

Albin le dio dos besos, uno en cada mejilla como sus costumbres europeas dictaban y cerró la puerta tras la castaña.

—Que pesado, solo fueron diez minutos.

—¿Asumo que fue Gaby otra vez?

Sara asintió algo molesta, pero no con él, sino con su hija.

—¿Puedes creer que no tenía ni una pijama limpia para llevar? Irene tuvo que meterle a lavar uno y ahí nos quedamos esperando a que la secadora hiciera lo suyo.

Albin rio, ya familiarizado con las dinámicas de Sara y sus hijos.

Sarita era fanática de hablar sobre su familia, tanto que el español sentía que conocía a cada uno de ellos en persona.

—Bueno, mi hermano también salió tarde y por poco te lo cruzas. Así que agradécele a Gaby por ahorrarnos el bochorno. Ese chaval toma cualquier oportunidad para molestarme, y te aseguro que traer a una mujer al piso era burla segura.

Sarita abrió los ojos algo asustada.

Si bien invitar amigos a casa no era nada escandaloso en este siglo, Sarita era pésima disimulando y le daba un miedo horrible dejar ver la naturaleza de esta nueva amistad con tan solo su mirada.

Estaba segura que ante cualquier pregunta inquisidora terminaría exponiéndolos a ambos sin mucho esfuerzo, y aquello era lo último que quería. Menos aún con el hermano de él.

Por lo mismo, había evitado hablar en casa sobre a dónde iba esa noche.

Con Gaby fue fácil, la menor de sus hijos nunca preguntaba lo que su mamá haría en su ausencia, asumiendo que se quedaría en casa como siempre. Pero a Andrés no pudo ocultárselo, pues el chico había invitado a sus amigos y a Sara no le quedó de otra que avisarle que saldría y que la llamara si ocurría cualquier cosa.

Por suerte para Sara, Andrés nunca fue de hacer muchas preguntas.

—Preparé paella. ¿Comemos frente al televisor?

La mamá interior de Sarita quiso negarse de inmediato, pero se lo pensó por dos segundos antes de responder con una negativa. Al fin y al cabo, se había dicho que este año empezaría a hacer cosas nuevas.

—¿Por qué no?

Al otro lado del pueblo, Gaby ya en pijama rio al ver a sus amigas caer en efecto dominó sobre el tapete del Twister.

—¡Pierden todas! —anunció metiéndose un Dorito en la boca.

—No es justo, Fabi cayó primero.

—¡Pido la revancha!

—Vale, pero me toca jugar.

Le pasó el tablero a Fabi, quien efectivamente había sido la primera en caer, y se preparó para contorsionarse sobre el tapete. Se sacó los calcetines para mayor agarre y fingió calentar sus extremidades.

—¿Listas?

Las cuatro chicas de pie asintieron al mismo tiempo que una nueva persona de unía al grupo en la sala.

—Vaya, si es el grupo de demonios.

Las chicas rodaron los ojos como siempre hacían cuando el hermano mayor de Sofía las molestaba.

La anfitriona, y hermana del chico, le tiró un cojín en la cara, a lo que él sonrió con gracia.

—¿Tú no ibas saliendo?

—Así es.

—Entonces vete.

El chico agarró un puñado de palomitas antes de darse media vuelta.

—¡Que se diviertan!

El grupo de amigas le dio las gracias y se preparó para empezar el juego una vez más, pero el chico se devolvió y chistando los dientes volvió a llamar la atención del grupo.

—Ah, Gaby. ¿Tú crees que tu mamá esté en casa?

—Eres patético, Felipe — su hermana le dijo.

Gaby rio divertida, ya sabiendo a donde iba la pregunta del chico.

—No hay chance, Pipe. Mi mamá jamás saldría con un niño, menos aún con un amigo de Andrés.

—¿Pero… sí está?

—Supongo.

El chico apretó el puño en señal de victoria, y se volvió a girar para retirarse de la habitación no sin antes gritar:

—¡Deséenme suerte!

El grupo rio, a excepción de su hermana quien lo miró molesta.

—Bueno, no creo que tenga mucha suerte.

—Que va, mi mamá todavía cree que Felipe es amable y educado, no que ayudarla de vez en cuando es su forma de coquetearle.

—Además que ya se ve con alguien.

—¿Felipe?

—No, tu mamá.

Gaby miró a Fabi sin creerse lo que su amiga le estaba diciendo, mientras que las tres restantes miraron a Gaby sorprendidas.

—¿Por qué no nos habías contado?

—¡Porque no lo sabía!

Las chicas esta vez dirigieron la mirada a Fabi, esperando a que explicara de dónde venía semejante afirmación.

—Pues yo tampoco sé mucho.

—Claramente más que yo.

—Bueno, eso fue lo que dijeron mis papás. Que tu mamá se estaba viendo muy seguido con un hombre en el club. Tipo, almuerzan ahí al menos una vez a la semana y siempre se van juntos.

Gaby no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Su mamá viéndose con un hombre? ¿¡Su mamá!?

—¿Segura que no es con alguno de mis tíos?

—Segurísima. Mis papás habrían reconocido a cualquiera de los dos de inmediato. Tu familia es algo famosilla en el club, y tu mamá es de lo que se habla actualmente.

—Ahora entiendo de lo que hablaba mi profesor de equitación —dijo otra de las chicas.

El grupo se detuvo un segundo para ver la reacción de Gaby, quien se había quedado congelada en el puesto.

La esperaron paciente sin saber si habían metido la pata o no al informarle algo que obviamente su mamá no había compartido con ella.

Y cuando las chicas se empezaron a preocupar por la salud mental de su amiga, Gaby sonrió. Primero levemente, la comisura de sus labios a penas elevándose, para luego dar paso a una sonrisa de lado a lado.

—¡Al fin!

Gaby ignoró al resto, buscando su teléfono desesperada entre los cojines del sofá, el juego olvidado en su mente. Cuando encontró el aparato fue al chat con su hermano de inmediato y rápidamente tecleó.

_
~Gaby
"Sabías que mamá está saliendo con alguien!?"
"💀💀💀"

‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Se mordió las uñas esperando algún tipo de respuesta de Andrés, pero este ni siquiera aparecía "En línea". Le mandó una serie de emojis y stickers hasta que finalmente su hermano se dignó a responder.

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Andy😇
"Por qué? Qué sabes?"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Andrés nunca había sido tan críptico, lo que significaba una sola cosa.

_
~Gaby
"TÚ YA SABÍIIIIAS! "
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Andy😇
"Depende."
"Qué sabes tú? "
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
~Gaby
"Que se ve seguido con alguien en el club"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Andy

"Sabes más que yo."
"Solo la he visto salir cuando no estás"
"Arreglada"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Gaby dejó caer el teléfono y se tapó la boca con las manos para ahogar un grito de emoción contra ellas.

—¡Es cierto! ¡Tiene novio! —anunció a la habitación.

Sus amigas le dieron pulgar arriba mientras intentaban mantener el equilibrio sobre el tapete, brazos y piernas ya enredados.

—¿Y eso te pone… contenta? —le preguntó Fabi mientras hacía girar la flecha del tablero—. ¡Pie derecho amarillo!

—¡Por supuesto! —Gaby se dejó caer al lado de su amiga, sobre el sofá —. La he notado más alegre en las últimas semanas…

—¡Mano derecha azul!

—… pero pensé que era porque subí mis calificaciones. ¡Pero ahora todo tiene sentido!

—¿Y tu papá qué? —esta vez fue una de las chicas sobre el tapete la que habló.

El grupo se había vuelto a caer, y la atención ahora estaba puesta sobre Gaby.

La chica se encogió de hombros.

—Lo extraño, pero eso no borra el echo de que se fue sin decirnos nada. Mi mamá merece ser feliz de nuevo, tener a alguien a su lado que la quiera y la haga reír… ¡y alguien que la saque a bailar! No sabes hace cuanto tiempo no la veo bailar como lo hacía con mi papá.

—Nos alegramos entonces.

—Aunque que mal por Felipe.

Las cinco rieron al recordar al chico, quien hace años intentaba captar la atención de la mamá de Gaby, sin éxito.

—Voy al baño.

Sarita vio a Albin salir de la cama y ponerse los calzoncillos para finalmente caminar fuera del cuarto cuando su teléfono sonó con una nueva notificación.

Se sentó contra el respaldo, preocupándose de que la sábana le tapara de los pechos hacia abajo y, algo alarmada, desbloqueó el teléfono. El mensaje era de Gaby, y luego de leerlo, Sarita miró la pantalla de su teléfono sin saber qué pensar del texto que acababa de recibir. Gaby jamás se tomaba el tiempo para textearle a la mitad de la noche y mucho menos cuando estaba con sus amigas. Su hija parecía olvidar que el resto del mundo seguía existiendo cuando se juntaba con sus amistades, y eso incluía no estar pendiente del teléfono incluso si Sara le pedía que avisara cuando llegara, lo cual la mayoría del tiempo olvidaba hacer.

Por eso el simple "estás en casa?" que había recibido le resultó más extraño de lo que debió parecerle.

Aún así respondió el mensaje, siempre preocupada y pendiente por si Gaby necesitaba que la fuera a buscar incluso si era demasiado tarde. Claro que fue elusiva en su respuesta, y en vez de enviar un sí o un no, respondió una pregunta con otra.

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Sara Elizondo
"Pasó algo? necesitas que vaya por ti?"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Gaby
"Nono"
"Solo preguntaba"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Y eso había sido lo más extraño de todo. Gaby nunca, pero nunca, hacía ese tipo de preguntas solo por preguntar. Siempre que quería saber si estaba en casa era porque necesitaba que le buscara algo o le enviara una foto de otra cosa.

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Sara Elizondo
"Estás bebida?"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Gaby
"JAJAJA noooo"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Sarita no le creyó mucho. Pero mientras no saliera de casa de su amiga, borracha, no pasaba nada.

_
Sara Elizondo
"Cuídense. No salgan a esta hora"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Gaby procedió con enviarle una foto de ella y sus amigas en pijama, en la sala, la televisión se veía en el fondo con una película o serie en reproducción y las cinco chicas salían haciendo una morisqueta.

Sonrió al ver la imagen.

Conocía a esas chicas desde que eran unas niñas. Había llevado a Gaby a innumerables cumpleaños y pijamadas, sin mencionar que las había recibido en su casa otra innumerable cantidad de veces.

Miró la foto por última vez antes de cambiar de chat para hablarle a Andrés y comprobar que todo estuviera bien en casa.

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Sara Elizondo
"Hablaste con tu hermana?"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Andr
és
"No"
"Por?"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Sara Elizondo
"Me preguntó si estaba en casa pero no necesitaba nada"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Andr
és
"Raro"
"Pero muy Gaby"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Sarita no podía estar más de acuerdo. La mente de Gaby era todo un misterio, por lo cual al ver la respuesta de Andrés no le dio más vueltas al asunto y dejó ir la corta conversación que había tenido con su hija.

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Sara Elizondo
"Todo bien por allá?"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

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Andr
és
"Todavía no incendiamos la casa "
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Sara Elizondo
"Más te vale"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Andr
és
"😉😉"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

_
Sara Elizondo
"Cuídate "
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

—¿Todo bien con los chicos?

Albin preguntó entrando en la habitación, lo que la trajo de vuelta al presente. Sarita volvió a bloquear la pantalla antes de dejar el teléfono sobre la mesita de noche mientras el español se acomodaba entre las sábanas a su lado.

—Sí. La casa sigue en pie, y al parecer esta vez Gaby y sus amigas no han pedido "prestado" del bar de los papás de Sofi. Aunque eso lo pongo en duda. Te cuento si mañana paso a buscar a una adolescente con resaca.

Albin solo rio.

Sarita se volvió a recostar, esta vez acomodándose de lado para verlo mejor. No pudo evitar notar lo guapo que se veía el español sonriendo; sin querer, terminó recorriéndolo con la mirada, y cuando devolvió la vista a su rostro, se pilló con los ojos de Albin que la miraban divertido.

—¿Quieres repetir? —le preguntó él.

La castaña no respondió nada, solo acercó su rostro al de él, y el español entendió de inmediato. La besó sin prisa, y de la cintura la acercó a su cuerpo.

Era hora de la segunda ronda.