| Notas |


- Seddie.

- Temporada 3.

-Perdí la cuenta de cuantas veces edite esto, pero estoy feliz con el resultado. Espero y a ustedes también les guste.

・ | ✦ʚ 2 ɞ✦ |・


.
✧ [ - iPromise -] ✧

.

—Mi otro secreto es este: Yo. Disfruté. El. Beso—tarareó, tocando la nariz de Freddie por cada palabra que decía, hasta que en la última su dedo terminó sobre sus labios, silenciando completamente al chico y sus pensamientos con aquel beso indirecto.

Una vez más, Sam dejó a Freddie completamente sin palabras. Literalmente. Freddie se quedó inmóvil, mirándola con sorpresa mientras su cerebro casi experimentaba un cortocircuito al escuchar las palabras de su amiga-enemiga. Sam soltó una carcajada ante su reacción, finalmente sacando a Freddie de su estado de sorpresa para sumergirlo en un mar de dudas.

«¿Por qué ella se está riendo de mí? ¿Acaso estaba bromeando?», se preguntó en silencio, sintiéndose un idiota al no haberlo pensado antes. Ambos vivían de hacerse bromas mutuas, ¿por qué ella actuaría de manera diferente estando afectada por aquel gas?

—Te quedaste muy callado de pronto, Fredward—observó Sam entre risas.

—Y tú muy risueña, Princesa Puckett—señaló él con sarcasmo—. ¿Estabas bromeando conmigo, verdad?

Sam estalló en risas ante la sugerencia, y Freddie lo tomó como una confirmación a sus sospechas. Contagiado por su risa, pronto se unió a ella, sin resentimientos. Poco a poco, sus risas disminuyeron hasta que ambos se encontraron mirándose a los ojos.

—Tengo admitir que aún afectada por el óxido nitroso eres buena actriz, casi caigo en tu trampa—la felicitó, dándole un golpecito amistoso en el hombro—, pero no vuelvas a bromear con algo así, por poco pensé que lo decías en serio.

—Oh, pero lo dije en serio—confesó ella, alzando su mano hacia él para acariciar su cabello de nuevo—. Quiero besarte y, por cierto, tienes un lindo cabello, me gusta.

Freddie la miró con confusión, repasando las palabras en su mente y el tono en que fueron dichas, intentando detectar sarcasmo en sus palabras.

—No puedes estar hablando en serio—insistió, sintiendo su corazón latir con más fuerza ante la posibilidad de que ella estuviera hablando en serio.

Como si hubiera leído sus últimos pensamientos, Sam sonrió con dulzura y acarició su mejilla con cuidado, como si quisiera memorizar cómo se sentía entre sus dedos. Luego, miró a Freddie a los ojos con cariño.

—No estoy bromeando, Freddie. De verdad disfruté ese beso, y quiero repetirlo—afirmó ella entre risitas, con sus mejillas tan sonrosadas como las de Freddie—. Podría darte un besito ahora mismo...

—¿Ahora mismo? —preguntó, casi atragantándose con su saliva al pensarlo.

Sam asintió y, sin decir una palabra, se inclinó hacia él con claras intenciones de besarlo. Antes de que Freddie pudiera detenerla, tropezó con la camilla y terminó cayendo hacia adelante. En un reflejo, Freddie la atrapó en un abrazo, evitando que se golpeara contra el suelo.

—¡Quién diría que mi intento de beso terminaría así! —exclamó Sam entre risas, sin parecer apenada por estar en los brazos de Freddie—. Oye, Freddo. ¿Huele gracioso aquí, o soy solo yo?

—Tal vez es el olor a antiséptico del consultorio—respondió Freddie, entre apenado y confundido por lo rápido que había cambiado la situación entre ambos.

—No, es dulce, como... vainilla.

—Ah, sí, me puse una crema de vainilla antes de venir—explicó. Sin saber qué más decir, dijo lo primero que llegó a su mente—. Entonces, ¿te gusta?

—¡Mucho! —exclamó Sam, entusiasmada—. Tanto que me está dando hambre. ¿Me compras un helado?

Freddie sonrió ante su petición, eso sí sonaba a algo que su Sam diría.

«Un momento. ¿Cómo que mi Sam? Ella no es nada mío», se recriminó a sí mismo. Entonces, sintió a Sam rodear su cuello rodear su cuello con sus brazos, y no pudo evitar mirarla de nuevo, sintiéndose nervioso al encontrarse con esa mirada y esa sonrisa. Antes de que Freddie pudiera preguntarle por qué lo está mirando así, la puerta del consultorio se abrió, revelando a los dos dentistas de antes que los miraron con sorpresa. La mujer murmuró un 'aw' en voz baja, mientras que el hombre alzó una ceja hacia él.

—¿Interrumpimos algo? —preguntó el hombre. Freddie negó con la cabeza, sintiendo mucha, mucha vergüenza por haber sido atrapado... ¿Abrazando a Sam? Cielos, hoy sí que era un día extraño—. Bien, entonces, aquí están las indicaciones para tu novia...

Esta vez, Freddie ni siquiera se molestó en corregirlo, no con Sam todavía en sus brazos y sin aparente deseo de dejarlo ir pronto.

✧[ - -]✧

Después de una breve y algo incómoda conversación con el dentista, salieron del consultorio. O más bien, Freddie tuvo que cargar a Sam fuera del consultorio, ya que en ningún momento ella quiso dejar de abrazarlo. Ni siquiera con la ayuda de los dentistas, Freddie pudo separarla de él, así que tuvo que cargarla mientras ella seguía balbuceando sobre lo mucho que quería helado de vainilla.

De alguna manera, Freddie logró cargarla lo suficiente hasta que llegó el taxi que había solicitado. Sabía que el consultorio no estaba lejos de su edificio, pero uno: no tenía la fuerza suficiente para cargarla tanto tiempo; y dos, tampoco la valentía para estar con ella así en público, como si ambos fueran una pareja muy cariñosa.

Unos quince minutos después, finalmente llegaron al departamento. Solo fueron vistos por el taxista, quien le dijo a Freddie que no quería nada de besitos con su novia en su auto, provocando que él se sonrojara más, como si eso fuera posible. Y quizás por uno o dos vecinos que Freddie jamás había visto en su vida, y, por tanto, no le importaba lo que opinaran.

Lo importante era que ahora estaba frente a la puerta de los Shay, con una Sam dormida en sus brazos. Se veía tan pacífica que a Freddie le daba mucha pena despertarla para pedirle que abriera la puerta. Bueno, también tenía miedo de que, al recuperar la conciencia, lo golpeara por cargarla, pero jamás lo admitiría en voz alta.

Decidiendo no tentar su suerte, hizo algunos cálculos y, en un movimiento rápido, logró abrir la puerta del apartamento. Ni corto ni perezoso, Freddie entró y se dirigió al sofá para dejar a Sam. Aunque se le estaba complicando un poco debido al agarre de hierro que ella todavía tenía sobre él.

Freddie estuvo luchando contra la fuerza natural de Sam hasta que se le ocurrió una idea un poco estúpida. En otros momentos, la hubiera descartado por completo, pero en un momento así, valía la pena intentarlo, ¿no?

Sintiendo esas extrañas mariposas en su estómago de nuevo, Freddie respiró profundo y, con delicadeza, apartó el cabello de la frente de Sam para darle un suave beso. Su idea, por muy tonta y cursi que fuera, pareció funcionar porque la chica sonrió entre sueños y su fuerza disminuyó. Freddie besó su frente tres veces, hasta que pudo quitársela por completo. Solo por si acaso, le entregó a Sam uno de los cojines del sofá para que ella pudiera abrazarlo en su lugar.

Freddie suspiró y se encaminó hacia la isla de la cocina, donde se sentó frente a la computadora. Por un lado, se sentía mentalmente exhausto, y por el otro, profundamente desconcertado por todo lo que había sucedido en la última hora. Acompañar a Sam al departamento de los Shay no era nada fuera de lo común, considerando que Sam y él pasaban mucho tiempo allí. No obstante, que Sam le confiese que quería besarlo de nuevo era definitivamente algo que no se esperaba, aun si ella estaba bajo el efecto del óxido nitroso. ¿Es decir, ella quería besarlo a él, Freddie Benson, de todas las personas? ¿El mismo Freddie al que ella constantemente llama nerd, tonto, idiota, entre otros apodos por diversión? ¿En qué universo eso era siquiera posible?

«Aparentemente, en el mío», se respondió a sí mismo, sus dedos golpeando la mesa mientras reflexionaba sobre lo sucedido. «Pero, ¿desde cuándo ella se siente así? Es más, ¿realmente se siente así por mí o solo estaba diciendo cosas debido a los efectos secundarios?» Esas y muchas más preguntas continuaron llegando a la mente de Freddie. De tal manera, que decidió hacer una pausa en sus reflexiones para buscar un cuaderno y un lápiz y plasmar todas sus dudas, preguntas y posibles respuestas a las mismas.

1. ¿Sam había dicho todas esas cosas solo por el gas?

Para cualquier persona, la respuesta obvia sería sí, porque Sam lo "odia" y él la "odia" también. No obstante, Freddie conocía mejor a Sam que eso y sabía que ella no lo odiaba en serio, ni él a ella. Si Freddie la odiara, no la consideraría su amiga y mucho menos le hubiera sugerido compartir su primer beso juntos. Además, si Sam lo odiaba, le hubiera roto el brazo, golpeado o se hubiera negado ante la sugerencia, pero eso no pasó así. Ambos se besaron y lo habían disfrutado más o menos, lo que lleva a pensar a Freddie en otra pregunta.

2. ¿Sam le dijo que disfrutaba del beso porque quería experimentar un beso de nuevo o porque se sentía atraída por él?

La primera sugerencia dentro de la pregunta le parecía estúpida, ya que Sam podría besar a cualquier otro chico en que estuviera interesada. Por lo tanto, tenía más sentido que quisiera besarlo porque se sentía atraída hacia él, pero...

3. ¿Acaso Sam se siente atraída por él de verdad, o solo por el gas?

4. Y si se siente verdaderamente atraída por él, ¿desde cuándo ella lo está y por qué no se lo había dicho?

5. ¿Por qué él no se había dado cuenta?

6. ¿Qué hubiera hecho él si ella se lo hubiera confesado en sus cinco sentidos?

7. ¿Se sentía él de la misma manera? ¿Él quisiera volver a besarla?

8. En cuanto a sentimientos, ¿ella solo quería besarlo porque se sentía atraída por él, o porque tenía sentimientos por él más allá de una simple amistad-rivalidad?

9. ¿Cuándo los desarrolló?

10. ¿A él le podría gustar Sam de vuelta?

Es decir, a pesar de ser gruñona, agresiva y tener un estómago aparentemente sin fondo, ella también es increíble, muy, muy fuerte, valiente y obviamente hermosa, independientemente del tipo de ropa que use, pero...

11. ¿Acaso él solo estaba pensando en esas cosas porque se sentía atraído a la idea de volver a besarla o porque realmente quiere saber si él podría desarrollar (o si tenía) sentimientos románticos hacia Sam?

12. ¿Por qué se sentía emocionado y feliz al pensar en eso si supuestamente él tenía sentimientos por Carly?

13. ¿Realmente era tan patético y superficial como para que una confesión sobre besos y un abrazo muy largo le hiciera reconsiderar sus sentimientos?

14. ¿Qué le diría Sam si él le preguntara todo aquello?

«Probablemente, me llamaría estúpido y diría que acabo de perder la cabeza», se respondió a sí mismo, sonriendo al imaginar a la chica diciendo esas palabras. «Oh, realmente estoy hecho un desastre», pensó Freddie con una sonrisa brillante.

Dejando a un lado su cuaderno, Freddie miró a la dueña de sus pensamientos, experimentando una paz interior al verla tan calmada. Él era consciente de que esa paz desaparecería en cuanto despertara y volviera a asumir su rol de la inigualable princesa Puckett, siempre hambrienta de jamón y carne. Sin embargo, Freddie no se atrevería a desear que ella fuera diferente, ya que perdería la esencia de la Sam que tanto apreciaba.

«Aunque ella no puede comer muchas cosas sólidas por hoy», recordó Freddie de repente. Sabía que podría simplemente darle las indicaciones a Carly e irse, pero puesto que ella estaba cuidando de su hermano, no sería justo retirarse a su departamento sin dejarle una opción de comida viable a Sam.

Después de revisar la cocina tanto en el departamento de los Shay como en el suyo propio, Freddie decidió preparar suficiente sopa de pollo para los cuatro. Así, Sam podría disfrutar de algo que no le hiciera daño, y Carly no tendría que preocuparse por cocinar para ella y Spencer más tarde.

—Bueno, manos a la obra—se animó Freddie en voz baja antes de empezar a cocinar.

[ - -]✧

Cuarenta minutos después, el delicioso aroma de la sopa impregnó la cocina y se extendió por la sala, llegando hasta donde Sam descansaba en el sofá, despertándola lentamente. Al incorporarse, Sam observó confundida su alrededor. ¿Por qué estaba en el departamento de Carly si hace un momento estaba en el dentista? ¿Había sido todo un sueño? ¿Esto era solo un sueño? Pero no podía serlo, por muchas veces que Sam había soñado con comida, esta jamás tenía un aroma tan genuino. Curiosa, se levantó y se dirigió a la cocina, donde encontró a un Freddie muy real sacando platos y cucharas igualmente reales del gabinete.

—Hey, Fredward. ¿Sabes por qué estoy aquí? —decidió preguntar, siempre directa como siempre.

Aparentemente, eso no había sido una buena idea, porque Freddie tuvo un escalofrío del susto y terminó dejando caer dos cucharas al suelo.

—¡Santo cielo! No me hables así de la nada, Sam—le regañó Freddie, tomando las cucharas que se le habían caído para ponerlas dentro del fregadero—. Casi me haces romper un plato del susto.

Sam rodó los ojos ante la queja del chico. Ahora no tenía dudas, ese nerd quejumbroso era un Freddie real y no uno de algún sueño extraño.

—Pero no rompiste nada, así que deja de exagerar y respóndeme. ¿Por qué estoy aquí? —Sam suspiró de frustración ante la mirada confundida de Freddie—. ¿Por qué estoy aquí si se supone que debería estar en el dentista con Carly? —preguntó de nuevo, articulando cada palabra con un tono más condescendiente, como si se lo estuviera explicando a un niño pequeño.

Sam esperó la típica mirada sin gracia de Freddie, pero, en cambio, vio cómo las mejillas del chico enrojecían antes de que se girara hacia la estufa para atender la sopa.

«Raro», pensó ella, aun esperando una respuesta de su amigo-enemigo.

—Como Carly tuvo que ir a cuidar a Spencer, fui a recogerte al dentista. Te dieron óxido nitroso, o gas de la risa, para tranquilizarte, así que puede que por eso no recuerdes nada—explicó Freddie rápidamente, sirviendo la sopa en los platos con cuidado.

—Tiene sentido—respondió Sam, sin mucho interés en profundizar en ese tema, pero sí en la reacción de Freddie.

¿Por qué él se había sonrojado y dado la vuelta en lugar de confrontarla como hace poco? ¿Será por algo que pasó en el consultorio? Quizás ella hizo el ridículo y le habló sobre cosas de chicas o algo así, pero, ¿por qué eso lo avergonzaría? En todo caso, él debería estar aprovechando aquella oportunidad para avergonzarla a ella, no para sonrojarse como un idiota.

Mientras Sam pensaba en eso, Freddie colocó un plato de sopa frente a ella junto a una cuchara. Ella le agradeció brevemente antes de empezar a comer, cuidándose de no quemarse los labios o la lengua. Esperó a que Freddie se sentara junto a ella para que le contara qué pasó en el consultorio con más detalles, pero el momento nunca llegó, ya que en lugar de sentarse junto a ella, el nerd optó por sentarse en la isla de la cocina, cerca de la computadora.

Sam se sintió enfadada (y un poco ignorada) por esa decisión del chico. Sí, sabía que ambos discutían constantemente, pero a Freddie nunca le importó compartir la mesa con ella y charlar un rato. Además, ¿por qué elegiría estar cerca de una computadora con una sopa caliente en vez de en una mesa segura? Podía parecer algo insignificante para otras personas, pero Sam conocía lo suficiente a Freddie como para señalar que aquello era un comportamiento extraño de su parte.

Decidiendo abordar la situación de frente, Sam se enderezó en la silla y fijó su mirada en Freddie con seriedad. Aunque su mirada estaba en la sopa, el chico pareció notar su mirada intensa y tembló ligeramente, como si hubiera desarrollado un sexto sentido para percibir su molestia, algo similar a la habilidad que ella poseía para encontrar comida.

—Oye, Fredward, ¿por qué estás actuando raro? —preguntó Sam casualmente, después de tomar una cucharada de su sopa. En un rápido vistazo, observó a Freddie tensarse de nuevo mientras probaba su propia sopa.

—¿De qué hablas? No estoy actuando raro—respondió Freddie con un falso tono de mal humor, evitando el contacto visual con ella—. Solo estoy comiendo, por si no te diste cuenta, genia.

—Claro, estás tomando un tazón de sopa caliente justo al lado de una computadora, cuando siempre te quejas cuando yo hago lo mismo—señaló Sam—. Además, estás evitando el contacto visual conmigo desde que te pregunté qué pasó en el dentista.

—Exageras, rubia. No te estoy evitando, solo estoy concentrado en mi comida.

—Uno, vuelve a llamarme rubia y llenaré de tinte rubio tu champú—advirtió, tomando otro sorbo de sopa antes de continuar—. Dos, si no me estás evitando, entonces deja de usar la sopa como excusa, mírame a los ojos y dime que no pasó nada extraño en el consultorio para que actúes así conmigo.

Como Sam esperaba, su tono desafiante bastó para que Freddie se enderezara en su asiento y la mirara de frente. Sin embargo, no esperaba verlo enrojecer nuevamente e intercalar su mirada entre ella y la sopa, como si estuviera buscando el valor para responderle. Algo inusual considerando que él jamás había dudado en responder antes.

—Nada, no hiciste nada raro—respondió Freddie con voz débil antes de evitar nuevamente su mirada para seguir comiendo.

—Estás mintiendo de nuevo—le acusó Sam, dejando de lado su sopa un momento para encarar a Freddie, quien permanecía en silencio al otro lado de la isla—. ¿Qué fue lo que hice mientras estaba en el consultorio que te pone tan incómodo?

—No hiciste nada que me hiciera sentir incómodo. Solo un poco... sorprendido—admitió.

Ante esa respuesta tan abierta, Sam lo miró con sospecha antes de colocar su brazo en la mesa, mostrándole su dedo meñique.

—Promételo—pidió seriamente. Freddie la miró con confusión, posiblemente preguntándose por qué ella quería llevar a cabo algo tan infantil con él. De todas formas, infantil o no, pareció tomar una decisión, levantando su meñique para enlazarlo con el de ella. Sin embargo, Sam retiró su mano antes de que se produjera el contacto—. No me lo prometas si no es cierto, a menos que quieras perder ese dedo.

Ambos sabían que era una amenaza vacía, pero también entendían que ella hablaba en serio sobre no mentir. Freddie consideró su decisión por un momento, mirando la sopa frente a él y luego a Sam, todavía con las mejillas sonrojadas. Después de lo que a Sam le pareció una eternidad, Freddie suspiró y entrelazó su dedo meñique con el de ella.

—No hiciste nada malo ni que me hiciera sentir incómodo—prometió, observando sus dedos entrelazados antes de sonreír suavemente—. Solo dijiste e hiciste unas cosas que me sorprendieron un poco, eso es todo. Lo prometo.

Sam apretó su meñique con el de él ligeramente, sintiéndose un poco extraña ante la ternura que reflejaba su mirada. ¿Qué cosas ella le había dicho para que él la observara con tanta calidez?

—¿Lo dices en serio, Benson? —preguntó de nuevo, con menos intensidad en su voz que antes.

—Sí. Lo digo en serio, Princesa Puckett—afirmó Freddie, sonriendo y apretando ligeramente su meñique con el de ella de nuevo. Por alguna razón, Sam no quiso romper el contacto físico con él todavía, así que no lo hizo.

—Ya te he dicho que no me llames así—se quejó ella, sin intentar intentar esconder su propia sonrisa.

—Yo también te he dicho que me llames solo Freddie y mira qué tanto caso me has hecho—replicó con una sonrisa astuta—. Prácticamente, tengo un nuevo apodo cada mes.

—Eres afortunado de que siquiera piense en ti cada mes—respondió Sam, soltando su meñique para volver a la mesa y seguir comiendo—. Como sea. Entonces, ¿qué fue lo que hice que te tiene tan nervioso? Ven aquí y cuéntale a mamá todo, Freduchini.

Freddie asintió y tomó su sopa para sentarse a su lado izquierdo. Antes de que pudiera decir algo más, Sam lo silenció elevando su dedo meñique hacia él.

—Ninguna palabra cuenta sin la promesa del meñique, Fredward, así que más vale que solo me hables con la verdad.

—¿Y por qué debería de hacer eso? ¿No estamos un poco grandes para las promesas del meñique?

—Tú también estás bien grande para que tu mamá te bañe, pero la vida trae muchas sorpresas—contestó, encogiéndose de hombros—. Además, es un método para que no me mientas.

—¿Y cómo sabrás que no te mentiré? —preguntó, ignorando deliberadamente el comentario de su madre para no cambiar el tema de conversación.

—Por dos motivos: uno, sabes que te rompería el meñique al instante si lo intentaras, no eres bueno mintiendo o guardando secretos—razonó Sam. Freddie asintió con comprensión mientras continuaba comiendo—. Y dos, porque sé que aparte de sentir dolor, te sentirás culpable por mentirme.

—Tienes buen método—reconoció, finalmente enlazando su meñique una vez más con el de ella.

—Mamá siempre tiene buenos métodos—alardeó Sam, tomando una cucharada de sopa. Freddie la imitó y también empezó a comer con su mano libre—. Entonces, ¿qué fue lo que pasó?

—Bueno, cuando llegué al consultorio, estabas muy risueña, te reías de todo e incluso decías que veías todo un poco borroso—explicó, sonriendo ante el recuerdo—. Incluso me confundiste con Carly un momento.

—Y me imagino que disfrutaste de verme actuar como estúpida.

—Un poquito, sí, pero no pensé que estabas actuando como estúpida, más bien pensé que tú...—tragó antes de continuar, desviando la mirada de nuevo, antes de murmurar algo que Sam no entendió.

—¿Qué? ¿Qué pensaste, nerd? ¿Qué sería buen payaso o qué?

—¿Qué? ¡No! Solo pensé que te ves muy bonita cuando sonríes. ¿Por qué siempre tienes que pensar lo peor de mí? —le corrigió Freddie con molestia, sonrojándose al darse cuenta de lo que dijo. Sam sintió cosquillas en el estómago por el cumplido, pero disimuló su vergüenza con orgullo.

—¿Y? Eso no es nada nuevo, siempre estoy bonita.

—¿Siempre lo estás? —Freddie alzó una ceja, sonriendo con diversión. Cuando Sam alzó una ceja indignada mientras comía, él sonrió—. Solo jugaba, siempre te ves bonita. Y si no mal recuerdo, también dijiste que yo lo era.

Sam casi se atraganta con el pollo.

—¿Qué? No puede ser. ¿Estás mintiendo, verdad?

—Dijiste que no podía mentir porque me romperías el meñique, ¿no? —le recordó con una sonrisa astuta, apretando su meñique con el de ella—. Así que no puedo mentirte ni aunque quiera, gracias.

—Entonces, dije que eras bonito—repitió Sam, diciendo la palabra como si tuviera náuseas—. Vaya, ese gas sí que me pegó fuerte.

—Sí, eso pensé—concordó él, tomando un último sorbo antes de dejar el plato de lado. De pronto, ya no tenía tanta hambre. Ya faltaba poco para decirle la verdad incómoda—. Luego de eso, estuviste un poco espacial y me llamaste Fredward, te reíste mucho, dijiste que debíamos ir al dentista e incluso pensaste que te faltaba un pulgar. Luego seguiste riéndote otro rato y luego empezaste a decir cosas... raras.

—¿Más raras que decir que me faltaba un pulgar?

—Sí. Dijiste que querías contarme un secreto—explicó Freddie entre pausas. Ante esa declaración, Sam dejó su comida de lado y le prestó completa atención. Al verla tensa, Freddie tragó y continuó—: Me dijiste que...

—Mira, iba a devolvértelo luego, ¿sí? —le interrumpió Sam, desconcertando a Freddie—. Es que necesitaba ese dinero y Carly no podía prestarme, así que lo tomé prestado de tu mochila, pero iba a devolver los veinte dólares pronto.

—¿¡Qué!? —exclamó Freddie, pasando de nervioso a molesto en un segundo—. ¿Tomaste mi dinero sin permiso?

—Ay, cálmate. Iba a devolvértelo luego.

—Sí, claro. Como si la gran Sam Puckett hubiera devuelto dinero antes—refunfuñó Freddie—. No puedes simplemente ir y tomar mi dinero sin permiso. Eso tiene nombre y se llama robar. Si vas a tomarlo, por lo menos avísame, pensé que lo había dejado tirado en otro lugar.

—Bueno, bueno, ya lo sabes y es lo importante. ¿Y por qué estás tan molesto si ya te lo dije en el consultorio?

—Porque eso no fue lo que me dijiste, genia—le corrigió él con voz amargura y ella golpeó su hombro con su otra mano—. ¿¡Y eso por qué!?

—Para que cuides tu tono conmigo, eh. Ya te dije que lo siento, así que deja de hacer tanto drama por eso—antes de que Freddie pudiera replicar, continuó—: Entonces, si ese no fue el secreto, ¿qué fue lo que te dije? Porque no se me ocurre nada ahora mismo.

Freddie la miró por unos segundos, como si quisiera creer que ella era real, y luego suspiró, relajándose para continuar con el relato. Pensó en cómo le diría lo siguiente que pasó. Posiblemente ella se relajaría al oír lo del pollo frito, pero quizás si mencionaba el tema del beso aunque sea un poco... No estaba seguro de que su meñique sobreviviría esta vez.

—Te voy a contar lo que me dijiste, pero tienes que prometerme que no vas a enojarte, ni tampoco vas a pegarme.

—¿Y por qué tendría que prometer algo así? —exigió Sam, molesta—. ¿Qué fue lo que dije, Freddie?

—Solo promételo, por favor—le pidió Freddie con seriedad—. Y cuando te lo cuente, también contéstame con la verdad si te pregunto algo al respecto. No me burlaré ni nada, ¿sí? Tienes que confiar en mí, tanto como yo estoy confiando en ti ahora.

—No entiendo nada de lo que dices, ni sé que pude haberte dicho para que actúes así—respondió, inquieta por lo que pudo haber dicho—, pero está bien. Lo prometo.

Freddie entrecerró los ojos hacia ella.

—¿Qué prometes exactamente?

Sam rodó los ojos ante su insistencia.

—Yo, Sam Puckett, prometo decir la verdad, no pensar que estás mintiendo y tampoco herirte de ninguna forma por lo que sea que vayas a decir—recitó Sam—. ¿Estás contento?

—Sí.

Después de eso, hubo un silencio durante un rato. Sam notó que Freddie volvió a evitar la mirada de ella para mirar la mesa.

—Entonces—empezó ella, al notar su silencio—. ¿Qué pasó?

—Bueno, primero, me dijiste que tu secreto era que te gustaba el pollo frito.

—No veo la novedad en eso, Sherlock—comentó ella, frustrada.

—Dijiste que te gustaba el pollo frito mientras acariciabas mi mejilla con delicadeza—completó Freddie, tomando a Sam desprevenida—. Luego dijiste que ese no era tu secreto real y que te daba pena contarme. Como estabas un poco cariñosa antes, quise evitar la conversación y sugerí que no continuaras en caso de que fuera algo muy personal, pero tú dijiste que sí querías contarme. Entonces, me tomaste por el hombro, me acercaste a ti y...—Freddie tragó, sonrojándose una vez más, todavía sin mirarla a los ojos—, pues, confesaste que me besaste.

—¿Qué...? —balbuceó Sam. Ahora que comprendía por qué Freddie evitaba el contacto visual con ella, ella también evitó mirarlo para centrarse en la sopa frente a ella—, pero eso ya lo sabías, así que no es un secreto para ti.

Freddie asintió, aunque ella no podía verlo y suspiró.

—Sí, eso fue lo que te dije. Después pensé que hubiera sido muy... extraño si Carly hubiera estado contigo y no yo.

—No quiero ni pensar en qué hubiera pasado—concordó ella en voz baja—. Entonces, ¿es por eso que estás actuando raro?

—En parte, no quería que te enojaras conmigo por sacar de nuevo el tema del beso, aun si fuiste tú quien lo mencionó primero estando fuera de tus sentidos—explicó Freddie, mirándola de reojo—. Ni siquiera planeaba comentártelo hoy. Yo... no quería que te sintieras incómoda conmigo.

—Gracias, eso es... muy considerado de tu parte. Aunque al final fui yo la que terminó incomodándote.

—Ya te lo dije, no me siento incómodo—insistió, mirándola a los ojos con una sonrisa y algún sentimiento que Sam no supo identificar—. Solo sorprendido, muy sorprendido por lo que pasó después.

Sintiendo sus mejillas colorearse ante la intensidad de su mirada, Sam tragó antes de responder, esperando que su voz no sonara extraña.

—¿Todavía hay más?

—Sí—admitió Freddie—. Después de que te dije que eso no era un secreto para mí, me dijiste que a veces pensabas en el beso, luego sostuviste mi barbilla y me dijiste que lo habías disfrutado.

Freddie hizo una pausa, esperando un comentario de Sam, pero ella estaba escuchándolo atenta (e igual de sonrojada que él), así que él siguió hablando.

—Después de eso, te reíste y pregunté si estabas bromeando conmigo, pero luego negaste con una sonrisa y me dijiste que hablabas muy en serio—contó, reviviendo ese momento en su mente—. Entonces, intentaste besarme para demostrarme que hablabas en serio, pero tropezaste y terminamos abrazados. Luego olvidaste el tema y empezaste a hablar sobre vainilla y helados. Los dentistas regresaron al consultorio y tuve que recibir tus indicaciones mientras seguías abrazada a mí.

Mientras hablaba, Freddie se sintió más cómodo junto a ella de lo que esperaba. Continuó contándole lo que pasó después en voz baja, y, como pocas veces pasaba, ella lo escuchaba con atención sin hacer un comentario al respecto. Para darle confianza, Freddie entrelazó su mano con la de ella, sorprendido cuando ella no lo apartó ni le pegó al instante. Al ver que era seguro, se acercó más a ella hasta que sus hombros estuvieran presionados contra el otro.

—Como no querías soltar mi cuello, y apenas podías ponerte de pie, tuve que cargarte de camino a casa. A excepción de cuando estuvimos en el taxi—explicó, apreciando lo cálida que se sentía su mano contra la de ella—. Una vez en casa, te dejé en el sofá. Incluso tuve que besar tu frente para que te relajaras, ya que todavía no querías soltar mi cuello. Cuando te dejé ahí, me senté junto a la isla y escribí unas trece o catorce preguntas en una hoja sobre lo que había pasado.

—¿Qué... tipo de preguntas? —preguntó Sam con suavidad. No mostraba una expresión aparente en el rostro, pero por la forma en que apretaba su mano, Freddie podía decir que estaba igual de nerviosa y emocionada que él.

—Si lo que dijiste de disfrutarlo era en serio, si querías repetirlo y, de ser verdad, que yo...haría al respecto.

Freddie tragó al terminar, sonriendo suavemente. Sus ojos dejaron de enfocarse en los de Sam, para ver los labios de la chica, preguntándose si se sentirían tan suaves como la última vez que la besó.

—Bueno, yo no recuerdo lo que dije, así que no puedo contestarte eso—murmuró Sam timidez, mirando a sus labios para volver a mirarlo a los ojos, un movimiento que no pasó desapercibido para Freddie. Así como la manera en que ella batía sus pestañas hacia él lentamente, como si le estuviera invitando a acercarse—, pero si la respuesta fuera un 'sí', ¿qué crees que harías tú al respecto?

Freddie se quedó congelado ante la pregunta, sintiendo cómo su corazón latía con intensidad en su pecho. Oh, él conocía la respuesta, siempre la había sabido, pero no había querido admitirlo ni para él mismo antes, temeroso por cómo podría afectar su relación con Sam.

Una suave caricia en su mejilla lo sacó de sus pensamientos. Freddie cerró los ojos y suspiró, relajándose ante la suavidad de su toque.

—Freddie, respóndeme, por favor—pidió ella en un susurro, alzando su otra mano para sostener su otra mejilla también, dándole el valor a Freddie para mirarla a los ojos—. Si fuera verdad y yo quisiera besarte, ¿qué harías?

En silencio, Freddie tomó la mano derecha de Sam y le dio un tierno beso en los nudillos antes de sonreírle con cariño.

—Yo también te besaría, Sam.

Ante su confesión, Sam volvió a sonreír con dulzura, pero esta vez no había ningún gas de risa de por medio. Solo pensar en eso hizo que Freddie se sintiera increíblemente feliz. Él había logrado hacerla sonreír, y aunque pudiera parecer algo tonto y cursi, esa sonrisa fue la que le dio el valor para finalmente inclinarse y cerrar la distancia entre ellos con un beso. Un beso suave, cariñoso, y desprovisto de toda la incomodidad que había tenido el primero para ellos.

Si Freddie pensó que se había sentido feliz al verla sonreír, era porque aún no había experimentado la alegría que estalló en su pecho al besarla. Sentía que ella le había proporcionado la energía para correr un maratón, la valentía para ganar una pelea, los argumentos para triunfar en una discusión, y cuando ambos se separaron y volvieron a mirarse a los ojos, surgió en él un deseo profundo. El deseo de compartir algo más que una amistad y rivalidad con ella.

Freddie la contempló con cariño, deseando prolongar ese momento mágico para apreciar la belleza de la chica durante unos segundos más. Sabía que alguno de los dos debería decir algo en algún momento, en vez de quedarse mirando al otro, pero por más que buscara alguna palabra en su mente, no podía encontrar nada que decir. Parecía que Sam compartía su dilema, ya que, tras soltar una risita, le dio un golpe amistoso en el hombro.

—Hola, Benson—saludó Sam con una sonrisa, rompiendo el silencio entre ambos. Freddie le sonrió tontamente, sosteniendo sus manos con delicadeza.

—Hola a ti también, princesa Puckett.

Freddie se disponía a darle otro beso en los nudillos cuando Sam detuvo el gesto, apartando con gracia el rostro de Freddie de manera juguetona, sin aplicar la menor fuerza en su mejilla.

—Te dije que no me llames así. No soy una princesa.

—Claro que sí.

—Claro que no.

—Sí, eres una princesa. Una princesa fuerte, gruñona, hermosa y que ama mucho el jamón—declaró, haciéndole cosquillas por cada palabra que decía, antes de sellar sus palabras con un beso en la frente—. Y nada de lo que digas va a cambiar mi opinión.

—Ay, aja. Estoy segura de que dices todo eso solo porque me besaste—aseguró Sam, tocando su nariz juguetonamente.

Freddie negó con la cabeza antes de entrelazar su meñique con el de Sam.

—Noup, de verdad pienso que eres todo eso y mucho más.

—¿Lo prometes? —preguntó, acariciando su mejilla gentileza. Freddie asintió, acercando su rostro al de ella para darle otro beso, esta vez en la mejilla.

—Lo prometo—dijo, mirándola con intensidad a los ojos. Esta vez, fue Sam la que no pudo evitar cerrar la distancia entre ellos en lo que hubiera sido un beso perfecto... de no ser porque la puerta se abrió de golpe.

—¡Estamos en casa! —gritó Spencer, al mismo tiempo que la puerta chocó contra la pared.

El ruido espantó tanto a Sam que terminó golpeando a Freddie en la nariz, haciendo que el chico grite de dolor de inmediato.

—Ay, cielos. ¡Lo siento mucho! —exclamó Sam, revisando la nariz de Freddie—. Caramba, ¿por qué tuvieron que entrar así? ¡Ahora la nariz del nerd está sangrando!

—Y me duele mucho—apenas pudo decir Freddie entre quejidos de dolor.

—No fue mi culpa, yo le dije que no sería buena, pero él insistió en querer darles una sorpresa—se defendió Carly, señalando a Spencer, que estaba en una silla de ruedas.

—Perdónenme, solo quería darles un pequeño susto. No quería interrumpir... lo que sea que estaban haciendo—se disculpó Spencer—. Por cierto, ¿qué estaban haciendo hace un rato?

Sam y Freddie, ahora de pie, compartieron una mirada rápida. Freddie alzó una ceja hacia Sam, preguntándole con la mirada que deberían decirles. Sam suspiró y miró a Carly a su hermano, como si estuviera respondiéndole a Freddie que ella se encargaría de eso.

—Bueno, lo creas o no, estábamos teniendo una conversación civilizada hace un momento sobre algo que pasó en el dentista hasta que gritaste y me hiciste golpearlo en la nariz del susto.

—¿De verdad? —preguntó Spencer, sin poder creer que ellos hicieran algo más que pelear.

—Qué más da si es verdad, mi nariz sigue sangrando—se quejó Freddie, sosteniendo su nariz.

—Carly, el bebé de mami Benson empezará a llorar pronto—llamó Sam.

—¡No soy un bebé! —gritó Freddie.

—Dame un minuto, iré arriba por el botiquín—avisó Carly, ignorando las quejas de Freddie y dejando a Spencer en la sala antes de encaminarse hacia la escalera.

Cuando ella se fue, Sam y Freddie compartieron una mirada, ambos pensando prácticamente lo mismo. Indudablemente, esa había sido una manera bastante efectiva de arruinar el ambiente romántico.

✧[ - -]✧