・ Notas ・

Los eventos de este capítulo ocurren antes de lo que pasó en iSpeed Date (Cita relámpago en español latino). Les recomiendo volver a ver el capítulo, ya que habrá muchos detalles modificados para el próximo capítulo. Así que no se preocupen, todo el capítulo será Seddie.

Canciones que escuché mientras escribía: "Cry for Me" (Twice - English version), "Just Like Fire" (P!nk), "On My Way" (Alan Walker, Sabrina Carpenter, Farruko), "Just a Dream" (Christina Grimmie and Sam Tsui), Stranger Things (Kygo, OneRepublic, Alan Walker) y "Cheerleader" (OMI, Felix Jaehn). Aunque no necesariamente la letra encaja con lo que pasa en el capítulo, estas canciones me ayudaron mucho, especialmente 'Just a Dream' & Cheerleader.

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Nota: Si estás leyendo esto fuera de Wattpad, puedes buscar la historia en esa app o en la web y revisar el comentario con el link.

Nota 2: La historia también está disponible con el mismo nombre en Wattpad, Ao3 & Quotev.

Bueno, ya no les entretengo más aquí. Bendiciones y espero que disfruten su lectura.

૮₍ᵔ ᵕ ᵔ ₎

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[- iWanna go to the dance -]

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Los días siguientes fueron bastante ocupados para Sam y Freddie, lo que les impedía estar a solas. A pesar de ello, intercambiaban mensajes ocasionales y pasaban tiempo con Carly. Aunque no podían ser tan cariñosos como deseaban, se divertían molestándose mutuamente. Era una forma peculiar de pasar tiempo juntos, pero ninguno de los dos realmente le daba importancia.

Ese día, en particular, estaban en casa de Carly ensayando para el próximo iCarly. Después del ensayo, los tres tomaron la decisión de relajarse viendo una película en el estudio. Carly preparó las palomitas mientras que Sam y Freddie fueron a comprar refrescos y papitas. Finalmente, se acomodaron en el estudio, pero había un pequeño problemita: no lograban ponerse de acuerdo en qué película ver. Especialmente Sam y Freddie, quienes discutían cuál género de películas era superior al otro. Bueno, al menos eso parecía. Para ellos, esta discusión no era más que una actuación, un juego de tira y afloja que les divertía de cierta forma.

No obstante, ambos se olvidaban de que Carly no era consciente de eso. Desde su percepción, sus amigos estaban teniendo otra discusión sin sentido. Por eso, en un momento dejó de intentar llamar su atención y buscó el spray de agua que tenía guardado para ellos en el estudio. Entonces, les roció dos veces a cada uno hasta que ambos la miraron con desconcierto.

—Oye, ¿cuál es tu problema? —se quejó Sam, usando su camiseta para secarse la cara.

—Sí, ¿por qué hiciste eso? —preguntó Freddie.

—No puedo creer que siquiera me estén preguntando—respondió Carly, poniendo una mano en su cadera—. Lo hice porque llevan más de cinco minutos discutiendo como una pareja de ancianos casados.

—No es mi culpa que él diga tantas tonterías—se defendió Sam.

—No estaba diciendo tonterías, solo estaba intentando proponer una película para ver—replicó Freddie.

—Una de tus ñoñadas, querrás decir.

—Que una película no te guste, no quiere decir que sea...

—¡Bueno, ya basta! —les interrumpió Carly, tomando una película al azar y dándosela a Freddie—. Solo pon esto y listo, me da igual. Ya cuando estén solos, pueden discutir todo lo que quieran sin volverme loca en el proceso.

—Está bien—dijo Freddie, tomando el disco para ponerlo. Al ver la portada, hizo una mueca de disgusto—. Oye, pero es una película romántica. Esas cosas son para niñas.

—¿Disculpa? Yo soy una chica y odio ese tipo de cosas—protestó Sam. Freddie se encogió de hombros mientras ponía el CD en su lugar. Al ver que su comentario fue ignorado, Sam se volvió hacia Carly—. Sabes, el nerd tiene un punto. ¿Por qué elegiste una romántica si sabes que ambos odiamos ese tipo de cosas?

—No lo hice a propósito, la escogí al azar. Pero no pienso cambiarla, así que no sigan insistiendo—explicó Carly mientras acomodaba su manta en el suelo. Cuando todo estuvo listo, Carly miró a sus amigos con una expresión más relajada—. Miren, no es que no disfrute pasar tiempo con ustedes, pero a veces estas discusiones me estresan mucho. Así que, ¿podrían intentar llevarse mejor mientras vemos la película, por favor? Ya después pueden seguir discutiendo todo lo que quieran.

Sam y Freddie se miraron, compartiendo sus pensamientos con gestos. "Creo que nos excedimos un poco", le transmitió Freddie alzando las cejas. Sam asintió de acuerdo. Luego, ambos dijeron un "está bien" a Carly en una sincronización que ya no se molestaban en ocultar.

Sam se acomodó en uno de los puffs que había en el suelo y, cuando Freddie puso en marcha la película, tomó su tazón de palomitas y se sentó junto a ella. Aquello no habría extrañado a Carly de no ser porque Sam parecía haberse acomodado para estar más cerca de Freddie, pero quizás solo estaba poniéndose cómoda y eran imaginaciones suyas.

La película comenzó y los tres se mantuvieron en silencio. Los primeros quince minutos fueron tan clichés que Carly se sorprendió de que sus amigos no hubieran empezado a quejarse y a criticarla. Parecía que esta vez sí planeaban hacerle caso, lo que habría alegrado a Carly si la película no le hubiera aburrido tanto.

A la media hora de película, Carly les preguntó si querían cambiarla, pero ambos extrañamente se negaron y continuaron viendo la película. Carly no entendía qué encontraban interesante en ella, siendo solo una película donde ambos protagonistas discutían y luego se enamoraban, lo típico. Sin embargo, no dijo nada y se disculpó para ir a buscar más palomitas a la cocina. Se tardó un poco más de lo esperado porque se distrajo viendo televisión en la sala. Entonces, recibió una notificación sobre la escuela en su teléfono que le emocionó mucho, así que decidió compartirla con sus amigos. Tomó algunas papitas y refrescos en una bolsa, esperando que no le preguntaran por qué había tardado tanto.

Cuando regresó, los encontró totalmente concentrados en la película. Se acercó a ellos con una expresión divertida mientras la última escena transcurría.

«Y yo que pensaba que no querían verla», pensó Carly sonriendo para sí misma. No comentó nada y volvió a su lugar junto a Sam, quien de inmediato tomó una de las papitas que había traído sin despegar los ojos de la pantalla. Carly sintió que Freddie los miró en algún momento, pero como él no dijo nada, ella tampoco lo hizo.

Cuando la película terminó, ninguno dijo nada. Carly los miró de reojo, esperando que comentaran algo, pero ambos permanecieron en silencio.

—Oigan, ¿por qué tan silenciosos de repente? —cuestionó Carly.

—Creí que no querías que discutiéramos—dijo Sam.

—Sí, pero tampoco tienen que quedarse tan callados. Pueden hablar.

—No se me ocurre nada que decir ahora mismo—admitió Freddie.

—A mí tampoco. —Sam comió una de sus papitas antes de ofrecerle a Freddie, quien tomó una y la comió en calma, extrañando más a Carly. ¿Desde cuándo Sam compartía su comida, y mucho menos con Freddie? Su confusión pasó desapercibida para Sam, que se acomodó en su lugar para continuar hablando con su amiga—. Así que, ¿por qué tardaste tanto allá abajo? ¿Spencer te necesitaba en algo?

—No, pero recibí un mensaje de Wendy que me emocionó mucho. —Carly buscó su teléfono en el bolsillo y les mostró el mensaje a sus amigos—. Adelante, léanlo ustedes mismos.

—"Estuve hablando con el presidente del consejo escolar y me dijo que se está organizando un baile en la escuela pronto. Y adivina, las chicas invitan"—leyó Sam, mirando a su amiga, un poco incrédula—. ¿Eso fue lo que te emocionó tanto?

—¡Sí! Hace tiempo que no hacían alguna actividad entretenida en la escuela, aparte del asunto del casillero. Así que me emociona mucho pensar en asistir al baile.

Sam y Freddie intercambiaron una mirada y sonrieron suavemente, sabiendo que a su amiga quizás le emocionaba la oportunidad de ir con alguien en específico, más que el baile en sí.

—Y supongo que esa emoción se debe a que ya tienes a alguien en mente, ¿verdad? —supuso Sam.

—¿Se nota mucho?

—Un poco, sí—respondió Freddie—. Y, ¿de quién se trata?

—De un chico lindo con el que comparto una clase. Sam ya sabe quién es.

—Espera un minuto. ¿Estás hablando de ese chico? —Carly asintió y Sam le dio unas palmaditas en el hombro—. Aw, esa es mi niña valiente. Definitivamente, harán una bonita pareja.

—Gracias, pero primero tengo que preguntarle. Solo espero que nadie más lo haga antes de que pueda verlo otra vez, o que no me rechace. Lo que ocurra primero.

—¿Disculpa? Por supuesto que te dirá que sí. ¿Quién podría rechazar a mi niña? —se ofendió Sam como si fuera una madre defendiendo a su hija.

—Tendría que estar loco, o ya tener novia—apoyó Freddie a su novia.

—Bueno, no es como si fuera obligatorio aceptar, así que tengo que considerar esa opción—razonó Carly. Al ver que Sam iba a decir algo más, añadió—. ¿Y qué hay de ustedes? ¿Tienen a alguien especial en mente?

«Sería divertido ir con Sam», pensó Freddie, pero no dijo nada. Pues eran las chicas que invitaban y tampoco era como si Sam fuera a admitir que posiblemente irían juntos, al menos no sin hablarlo primero en privado.

—Noup—admitió Sam, confundiendo tanto a su amiga como a su novio secreto.

—¿De verdad? Ni siquiera con...—Carly se pausó al recordar que estaban junto a Freddie, y le dio a su amiga una mirada significativa—. Ya sabes quién.

Aunque lo había dicho en voz baja, Freddie la escuchó y se confundió aún más. ¿A quién se refería Carly? ¿A algún chico que le había gustado a Sam meses atrás? ¿O quizás Sam se había inventado un interés imaginario (como él) para despistar a Carly? Sabía que esa era la opción más razonable y que debía quedarse callado, pero aun así, no pudo evitar decir algo (y sentirse un poco celoso).

—¿Quién es 'Ya sabes quién'? —inquirió Freddie. Carly dirigió una mirada de disculpa a Sam porque no pretendía que él se enterara, pero ella, lejos de estar enojada, miró a Freddie con curiosidad.

¿Acaso él estaba un poco celoso? Si lo estuviera, no sería nada nuevo, ya que ella había visto a Freddie celoso muchas veces por chicos que se relacionaban con Carly, pero casi nunca por ella. Así que quizás lo molestaría un poco por eso luego.

—Ese 'ya sabes quién' es un chico de la escuela con el que me estoy viendo de vez en cuando—explicó despacio Sam, señalando a Freddie, quien entendió que solo era una cubierta para ambos—, pero no estoy realmente interesada en ir, así que no tendría sentido invitarlo.

—Pero pensé que él te gustaba—replicó Carly.

—Sí, pero ya quedamos en ser solo amigos, así que no importa —insistió Sam—. Y como dije, realmente no tengo muchos ánimos de ir, de todas formas.

—Pero, ¿por qué? ¿Por qué no tienes a nadie con quien ir o porque sientes que será aburrido?

Sam no respondió a su amiga, sino que se encogió de hombros, dando a entender que no iba a contestar.

—Bueno, está bien, ya no insistiré más. Si no quieres ir, no vayas, pero prométeme que si encuentras a un chico que valga la pena, lo invitarás—le pidió Carly, mostrándole el meñique. Sam suspiró e hizo la promesa—. Bien, ahora, ¿qué hay de ti, Freddie?

Freddie, que estaba mirando el hielo que quedaba en su vaso, miró a Carly confundido.

—¿Qué quieres decir?

—Vamos, no te hagas—insistió Carly—. No me digas que piensas quedarte cruzado de brazos con respecto a tu chica misteriosa.

—Misteriosa y mala—añadió Sam, levantándose con otra bolsa de papitas en mano—. Bueno, si quieren seguir hablando de la chica mala de Freddie, adelante. Iré abajo a dormir un rato—avisó mientras se dirigía al ascensor.

—Espera, ¿dormirás en el sofá o en mi habitación? —le preguntó Carly.

—Pensaba dormir en el sofá, pero dormir en tu habitación es una mejor idea.

—Está bien, ¡pero no comas en mi cama!

—¡No prometo nada! —respondió Sam cuando el ascensor se cerró por completo.

«Supongo que tendré que cambiar mis sábanas esta noche», pensó Carly, volviéndose hacia Freddie. Se cruzó de piernas y lo miró expectante, como si fuera su psicóloga del amor.

—Entonces, ¿en qué estábamos? —preguntó ella.

Freddie se acomodó en su lugar, intentando recordar de qué estaban hablando antes de que Sam interrumpiera.

—Dijiste algo acerca de 'quedarme cruzado de brazos'—le recordó Freddie—, pero lo que no entiendo es qué intentas decir con eso. Después de todo, si en este baile las chicas invitan, es ella la que tiene que acercarse a mí, así que no puedo hacer nada al respecto.

—No con esa actitud—replicó Carly. Al verlo confundido, continuó—. La actitud de quedarte esperando a que algo ocurra. Entiendo que las chicas deben invitar, pero si solo te sientas a esperar a que ella venga a ti, puede que nunca pase nada. Tienes que tomar la iniciativa de alguna manera y hacerle saber que quieres ir con ella al baile. O que quieres pasar tiempo con ella, al menos.

Freddie escuchó con atención lo que Carly decía, pensando en cómo podría aplicar eso en su relación con Sam. Ella ya había dicho que no tenía interés en ir y sabía que él estaba interesado en ir, más o menos. Pero, ¿y si Carly tenía razón y Sam no sabía que él quería ir con ella? Tal vez debería decírselo, o hacer algo para hacerla cambiar de opinión. La cuestión era, ¿qué podría hacer? Decidió preguntarle a Carly ahora que estaban en el tema.

—Entiendo qué quieres decir, pero no sé qué podría hacer. ¿Alguna idea o consejo?

—Como no la conozco, no sabría qué aconsejarte. A menos que ya te dejes de misterio y me digas de quién se trata. —Carly intentó persuadirlo, pero Freddie solo se encogió de hombros, así que ella continuó—. Bueno, ya que no quieres decirme nada, solo puedo decirte cosas muy generales: intenta comprarle algo que le guste, sé un poco más amistoso con ella, no lo sé. Tú la conoces mejor, ya sabrás qué podrás hacer.

—¿Y no sería raro que hiciera todo eso de repente y justo en esta semana? No quiero que piense que estoy forzando todo.

—No se trata de forzar una conexión, sino de mostrarle que te importa y que estás interesado en ella.

Freddie asintió lentamente, comenzando a entender mejor. Se quedó en silencio un momento, pensando en qué podía hacer para convencer a Sam de ir con él, pero, ¿y si aun así ella decía que no?

—¿Y si dice que no?

—Entonces, intenta preguntarle a alguien más. No por ser tu 'cita' para el baile quiere decir que sean pareja. Puedes ir con una amiga si las cosas no salen bien. O con Sam y conmigo, si el chico me dice que no.

—Me parece un buen plan de respaldo, pero pensé que Sam dijo que no quería ir—le recordó. Además, sin saberlo, Carly le había dado la excusa perfecta para decir por qué iba a ir con Sam y no con "su chica". Claro, si es que Sam aceptaba.

—Oh, ella vendrá. Ya verás.

—¿Y cómo estás tan segura?

—Por mucho que ella a veces intente negarlo, realmente le gusta bailar y divertirse, o simplemente hacerle bromas a otros en eventos así. Es poco probable que falte—explicó Carly—. Aunque tengo que admitir que me gustaría que al menos intente invitar a alguien. Y si es un chico amable y que nunca ha ido a prisión juvenil, mejor.

—Sí, lo sería—contestó Freddie, esperando que ella le dijera que sí. No obstante, si Sam se negaba, entonces le sugeriría tener una cita esa noche en algún otro lugar. Quizás podrían cenar en algún restaurante o ir a ver una película al cine.

«Pero antes de planificar todo, primero tengo que hablar con ella», reflexionó Freddie. Entonces recordó que seguía en casa de Carly y que debía irse si quería hacer algún avance. Así que habló con ella otro rato sobre el tema y luego se despidió, no sin antes agradecerle por sus sugerencias y consejos.

Carly realmente era una buena amiga y Freddie ya quería que pasara el tiempo para poder contarle del cambio en su relación con Sam. Pues no le gustaba mentirle tanto sabiendo que ella confiaba mucho en ellos, pero sabía que solo era cuestión de tiempo para poder decirle la verdad.

Una vez en casa, se dirigió a su habitación y buscó su libreta. Anotó todas las ideas que tenía y luego organizó su plan en una hoja. En algún momento, miró su calendario en la pared y luego la hoja donde estaba escrito su plan. Se frustró un poco al notar que realmente tenía poco tiempo y se preguntó por qué no habían anunciado el baile antes. Pero bueno, aquello no importaba. Debía armar su plan cuanto antes para ejecutarlo lo más pronto posible.


Esa noche, en casa de los Shay, Carly despertó a Sam para la cena. Mientras bajaban las escaleras, Carly le preguntó si planeaba decirle a su mamá que viniera a recogerla para llevarla a casa.

—No lo creo, ella está saliendo mucho con alguien estos días y dudo mucho que esté en casa ahora. Así que solo le enviaré un mensaje diciéndole que pasaré la noche aquí—respondió Sam—. Si estás de acuerdo, claro.

—Está bien. No me gustaría que anduvieras sola de noche.

—Excelente. —Sam avanzó hasta la cocina, buscando la cena, pero no había nada preparado—. ¿Y la cena? Dijiste que estaba lista.

—No. Dije que iba a prepararla y que necesitaba tu ayuda para abrir unas cosas.

—¿Qué cosas? Solo dáselo a mamá y ella resolverá todo.

Carly buscó lo que necesitaba y Sam le ayudó. Entonces, Carly aprovechó que Sam estaba allí y le dio indicaciones para preparar la cena. Al principio, Sam no quería ayudar, pero como se trataba de su propia comida, no le quedaba de otra. Durante el proceso, Carly recordó su conversación sobre el baile y decidió sacar el tema a colación de nuevo.

—Oye, sobre el baile—empezó Carly, ignorando la mirada cansada que Sam le dirigió al mencionar el tema—, me quedé con la duda y tengo un par de preguntas. ¿Puedo hacerlas?

—¿Y tengo que responder?

—Obviamente.

—Entonces guárdatelas. No quiero hablar de eso.

—¿Por qué?

—¿De verdad tengo que decírtelo?

—Claro. Somos mejores amigas, ¿no? Las mejores amigas se cuentan todo. O al menos confían la una en la otra.

Sam se quedó en silencio, sintiéndose un poco culpable. Carly había dicho que podía confiar en ella, y ahí estaba Sam, mintiéndole sobre quién le gustaba. Inventando historias sobre un chico ficticio para ocultar su relación secreta, la cual había sugerido ella misma. Sabía que era cuestión de tiempo decirle la verdad a Carly, pero mentirle así le pesaba en la conciencia.

Aunque, en ese momento, no estaba mintiendo del todo; realmente no tenía ganas de ir al baile. ¿Y para qué, si todos los bailes eran iguales? La misma comida, música, fotos, actividades aburridas, etc. Además, no tenía a quién invitar. Ella y Freddie no podían aparecer juntos como pareja, y a Sam no le interesaba ir con ningún otro chico. Ni siquiera con un amigo. Primero, porque sentiría que estaría traicionando a Freddie; segundo, porque realmente quería ir con él y con nadie más. No solo porque era su novio, sino también porque disfrutaba estar con él. Podrían bromear, quedarse en la mesa de comida toda la noche o simplemente disfrutar de su compañía. Pero sabía que eso no sería posible por el momento, así que no veía sentido en ir al baile.

No es como si Freddie se viera muy entusiasmado para asistir de todos modos. Quizás por las mismas razones que ella.

—Está bien. No tienes que decirme por qué no quieres ir—comentó Carly al verla callada y pensativa, esperando no haber invadido su privacidad—, pero, ¿al menos podrías decirme qué pasó con el chico? El otro día estabas muy feliz hablando sobre él, y hoy dijiste que decidieron ser solo amigos. ¿Acaso él hirió tus sentimientos o algo así?

—No, no es nada de eso—respondió Sam rápidamente mientras ponía el jugo en la batidora. Cuando esta se detuvo, añadió—: Simplemente no pudimos coincidir mucho esta semana y realmente nos vemos más como amigos. Así que decidimos dejarlo así, nada más.

—¿De verdad estás bien con eso?

—Sí. Así que no te preocupes tanto por mí y preocúpate más por ti. Todavía no me has contado cómo harás para invitar a tu futuro esposo.

Era un intento muy obvio de cambiar el tema, pero Carly cedió. Le contó a Sam sobre el chico que le gustaba y cómo planeaba acercarse a él de manera casual cuando lo viera. Mientras la escuchaba, Sam se prometió a sí misma que, una vez pasara el mes, sería más honesta con su amiga.


Freddie, por su parte, ya había hecho el borrador de su plan y ahora estaba cenando con su madre. Ella le hablaba sobre algunas nuevas bacterias descubiertas por científicos o algo así. Él no le prestó mucha atención. Solo quería que el día siguiente llegara para poner en marcha su plan.


Al día siguiente, Sam y Carly fueron juntas a la escuela. Estaban conversando frente al casillero cuando Freddie se acercó y las saludó en inglés. Aunque Sam no lo diría en voz alta, le parecía un poco ridículo, pero también encantador verlo hablar así. Sin embargo, lo que realmente captó su atención fue el aura de felicidad que irradiaba Freddie. Normalmente, él tenía una expresión seria, por lo que verlo tan contento a esa hora de la mañana podría significar varias cosas: quizás había ganado dinero o algo positivo había ocurrido en su club de nerds.

—"Hello" a ti también, señor bilingüe—saludó Carly, contagiada por el entusiasmo del chico—. ¿Por qué tan feliz tan temprano?

—¿Tu mamá te compró un chupete nuevo? —bromeó Sam, pero para su sorpresa, esto solo hizo que la sonrisa de Freddie se ampliara aún más. Le extrañó bastante, ya que normalmente eso sería suficiente para molestarlo. ¿Por qué seguía sonriendo de esa manera?

—No, Sam—respondió Freddie encogiéndose de hombros—. Simplemente me levanté de buen humor, eso es todo.

—¿Y ese buen humor tiene que ver con algún 'sí'? —indagó Carly, dejando a Sam aún más confundida.

—No, porque aún no he dicho nada, pero planeo seguir tus consejos más tarde.

Sam miró a sus amigos con desconcierto. ¿Se había perdido de algo?

—¿Se puede saber de qué están hablando? —preguntó ella. Carly iba a responder, pero Freddie se adelantó.

—Nada importante, así que no te preocupes. —En ese momento, sonó el timbre y los estudiantes comenzaron a dirigirse a sus salones—. Bueno, es momento de irnos. Como tenemos clases juntos, permítanme llevar esto por ustedes, señoritas—dijo Freddie, tomando las mochilas de ambas con un gesto caballeroso que las dejó sorprendidas y divertidas mientras él caminaba delante de ellas.

—Vaya, qué caballeroso está Freddie hoy—comentó Carly divertida.

—Y meloso. Me pregunto qué rayos le habrá picado para que esté así.

—Quizás esté así por su chica—especuló Carly, sin agregar más en el tema.

Ambas amigas continuaron su camino hacia el aula, pero las palabras de Carly resonaban en la mente de Sam. ¿Sería posible que la felicidad de Freddie se debiera a una chica? A ella, para ser más específicos. ¿Habría cometido un error al pensar que él no estaba interesado en ir al baile? Sam no tenía las respuestas, pero tampoco quería hacerse ilusiones. Decidió que lo mejor era esperar y ver qué pasaba. O quizás, si se animaba, podría preguntarle a Freddie directamente cuando tuvieran la oportunidad de hablar a solas.


Durante el transcurso del día, Sam notó que Freddie se comportaba de manera inusual. Su felicidad no había disminuido en ningún momento; mantuvo su buen humor durante toda la mañana y se mostraba excepcionalmente dispuesto a colaborar en todo. En particular, estaba muy atento a cualquier cosa que ella necesitaba. Otros pensarían que aquello es normal porque "son pareja", pero Sam conocía a Freddie lo suficiente como para saber que él no solía actuar así sin que ella se lo pidiera.

Cada vez que Sam mencionaba algo como "olvidé mi libro en mi casillero" o "tengo sed", Freddie aparecía mágicamente con el libro o una botella de agua lista para ella. En cada ocasión, Sam lo observaba en silencio y sentía el impulso de preguntarle qué estaba tramando. Sin embargo, Freddie parecía tan genuinamente feliz y amable que no quería romper esa burbuja y hacerle pensar que ella no confiaba en él. Así que decidió no decirle nada por el momento.


Al mediodía, Sam llegó tarde al almuerzo debido a una prolongada reprimenda de la maestra Briggs. Al entrar en la cafetería, se encontró con una larga fila. Como sabía que Carly también llegaría tarde porque estaba ocupada con algo, Sam asumió que tendría que hacer fila o amenazar a alguien para que le cediera su lugar. Probablemente la segunda opción.

Estaba eligiendo a su objetivo cuando escuchó que alguien la llamaba. Era Freddie. Aun así, decidió no voltearse para mantener su concentración.

—Sammy, ¿qué estás haciendo? —preguntó él en voz baja.

—Sh, ahora no, cuchurrumin. Estoy ocupada viendo a quién le quitaré el turno.

—¿Por qué?

—Porque quiero mi almuerzo, duh. Ahora deja de hacer preguntas tontas para que pueda concentrarme.

—Me refiero a por qué si ya tengo tu almuerzo—aclaró él. Fue entonces cuando Sam se volteó para mirarlo—. Como sabía que ibas a durar un rato con la señorita Briggs, decidí tomar la libertad de conseguir tu almuerzo para evitar que alguien más sufra las consecuencias.

—Entiendo—dijo Sam, sin saber cómo sentirse al respecto—. Gracias por el gesto, supongo.

Freddie le sonrió dulcemente, como lo había hecho durante toda la mañana. Ella le devolvió la sonrisa, reprimiendo el impulso de repartirle besos por todo el rostro en ese momento. ¿Cómo podía ser tan tierno y atento?

—No es nada, mejor nos vamos antes de que nuestra comida se enfríe.

Ambos se dirigieron a una mesa y comenzaron a comer. Mientras comían, Sam notó que Freddie había añadido otras cosas que no estaban en el menú de ese día. Parecía que había traído comida casera en uno de esos envases que conservaban el calor. Lo que Sam no entendía bien era el por qué. ¿Fue un gesto de novio o había otro motivo detrás? Y de ser así, ¿por qué le había mentido? Era más que obvio que aquella comida no había salido de la cafetería de la escuela.

Lastimosamente, no tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre eso, ya que Carly se unió a ellos y comenzó una conversación que distrajo a Sam de sus pensamientos anteriores. Y ya para cuando habían vuelto a clases, había olvidado lo que pasó.


Finalmente, llegó la hora de la clase favorita de Sam: educación física. No tendría que memorizar nombres de personajes históricos, ni aprender teorías complicadas, ni resolver ecuaciones matemáticas. Solo ejercitarse y moverse. Y en ese hermoso día, jugarían quemados, lo que significaba que Sam podía golpear y derribar a otras personas sin ser regañada.

Ni siquiera le importaba quiénes eran los otros integrantes de su equipo; tan pronto como tenía la pelota en la mano, Sam apuntaba la pelota al objetivo más fácil del equipo contrario y la lanzaba, derribándolo con éxito. El único que no había podido eliminar en el primer intento era Freddie, pero eso se debía a que el chico ya tenía experiencia recibiendo y esquivando sus golpes, así como todo lo que ella le arrojara. Sam casi se sentía orgullosa al ver cómo Freddie esquivaba las pelotas que otros le arrojaban con facilidad.

Casi.

Porque en ese momento estaban en equipos opuestos, así que Sam no podía tener simpatía por él ni darse el lujo de perder. Con una energía renovada, Sam continuó lanzando las pelotas de un lado a otro. En algún momento, tuvo la oportunidad de lanzarle una a Freddie de nuevo, pero él la esquivó y tomó otra pelota para contraatacar, la cual Sam evadió con facilidad. Se mantuvieron así durante un rato, olvidando la presencia de los demás. Era como si solo estuvieran ella y Freddie, compitiendo como siempre.

Fue entonces cuando Sam, distraída por el juego, no notó que una pelota se dirigía hacia ella. Logró esquivarla a tiempo, pero tropezó con un compañero y cayó al suelo. Intentó frenar su caída con la mano, pero terminó doblando la muñeca en un ángulo extraño, lo que comenzó a dolerle. Sam se quejó en voz alta por el dolor y escuchó al entrenador detener el juego para verificar cómo estaba. Sin embargo, antes de que el entrenador pudiera llegar, Freddie ya estaba agachado a su lado.

—¿Estás bien, linda? —preguntó Freddie con voz suave. Sam asintió mientras se ponía de pie con ayuda de su novio.

—No pasa nada, solo me caí—mintió ella, sintiéndose apenada. No porque Freddie la hubiera llamado "linda" frente a los demás (de hecho, ni siquiera lo notó), sino porque sus compañeros la miraban con preocupación y curiosidad, y a ella no le gustaba mostrar sus debilidades a personas en quienes no confiaba.

—Yo diré eso. Déjame ver tu muñeca—insistió el entrenador. Sam, resignada, le mostró la muñeca, tratando de no quejarse cuando la examinó. El dolor no era la gran cosa, pero seguía siendo molesto.

—Como pensé, parece que está un poco torcida. Será mejor que vayas a la enfermería para que te revisen. ¿Quién la acompaña?

—No necesito que...

—Yo puedo ir con ella, entrenador—se ofreció Freddie.

—Bien. Vayan rápido—dijo el entrenador mientras les entregaba los pases para la enfermería. Luego se volvió hacia los demás estudiantes y pitó su silbato—. ¡Y ustedes! ¿Quién les dijo que podían descansar? ¡Vuelvan a sus posiciones!

Sam sintió el brazo de Freddie en su espalda, indicando en voz baja que avanzara con un suave "vamos". Ella se quedó callada y se dejó cuidar. De reojo, observó a sus compañeros. Algunos grupos, especialmente las chicas, cuchicheaban entre sí antes de volver al juego, posiblemente comentando sobre cómo la "gran y fuerte Sam Puckett" iba a la enfermería por una simple torcedura.

—¿Pasa algo, princesa? —preguntó Freddie, llamando su atención—. ¿Te duele mucho?

—Un poco sí. Especialmente si la muevo.

—Ya veo. Entonces será mejor que nos apresuremos.

Ella asintió, dejando que Freddie la guiara. Al menos sabía que podía confiar en Freddie y que él jamás la vería más débil por una tontería como esa.

Lo que Sam ignoraba por completo era que la conversación entre ellos no giraba en torno a ella, sino de lo atento que se había visto Freddie con ella cuando ambos casi siempre estaban discutiendo. También del apodo cariñoso que "supuestamente" se le había escapado al chico.


—Por suerte, no es nada grave. Parece que solo es una torcedura leve—informó la enfermera mientras empezaba a tratarla. Ella dijo algunas otras cosas que Sam no entendió bien debido al dolor. Suspiró aliviada cuando la enfermera finalmente terminó de colocarle el vendaje. Aunque todavía sentía molestias, ya no eran tan intensas como antes.

—¿Cuánto tiempo tomará para que sane? —preguntó Freddie, que estaba a su lado.

—No mucho, probablemente unos pocos días hasta una semana, pero eso también dependerá de ella—respondió la enfermera, dirigiendo una mirada a Sam.

Entonces, le dio varias recomendaciones para los próximos días: aplicar hielo, descansar la muñeca y hacer algunos ejercicios de movilidad. Sin embargo, lo que más resonó en la mente de Sam fueron los nombres de los analgésicos. La enfermera le dio uno con un vaso de agua, y Sam lo tomó de inmediato. Al tragarlo, se dio cuenta de que su mano dominante no había sido la afectada. Afortunadamente.

Al salir de la enfermería, Sam notó que Freddie estaba pensativo. Parecía querer decirle algo, pero no encontraba las palabras. Decidió animarlo a hablar.

—Si sigues así, se te van a quemar los fusibles del cerebro—comentó con tranquilidad.

Freddie la miró con confusión.

—¿A qué te refieres?

—Dímelo tú. Te pusiste muy callado de repente—señaló ella—. ¿En qué piensas?

—No es nada, solo me sentí un poco raro estando en la enfermería.

—¿Por qué?

—Bueno, porque la última vez que estuvimos aquí fue cuando empezamos… ya sabes, lo nuestro.

—No había pensado en eso—reconoció Sam. Honestamente, estaba más distraída por lo incómodo que había sido cuando la enfermera le movía la muñeca para colocar el vendaje.

—Con la muñeca así, cualquiera se distrae. ¿Te duele mucho?

Sam movió la muñeca ligeramente, evaluando el dolor.

—No tanto, pero supongo que será un poco molesto en los próximos días.

—Si quieres, puedo ayudarte con algunas cosas para que puedas descansar. Ya sabes, como…

—¿Mi sirviente personal? —completó Sam con una sonrisa divertida.

—Yo estaba pensando en un mayordomo o asistente—respondió con una sonrisa suave—, pero supongo que ya tienes la idea, señorita Puckett.

Aprovechando que estaban solos en el pasillo, Freddie tomó su mano sana y la frotó suavemente. Parecía que iba a besarla, como solía hacer, pero en su lugar, se quedó mirando sus nudillos.

—¿Tengo algo en la mano o qué?

—No, solo pensé que tal vez podría darle un beso a tu otra mano, como un gesto de buena suerte para que sane más rápido.

—¿Tienes idea de lo cursi que sonó eso?

—Sí. —Freddie acercó su mano a la mano vendada de ella, y sin apartar la mirada, le preguntó en voz baja—. ¿Puedo?

Sam se encontró asintiendo sin pensarlo mucho. ¿Y cómo podría negarse? Freddie se veía tan dulce, tierno y atento frente a ella. ¿Cómo decirle que no cuando sus ojitos marrones brillaban con ilusión? Era imposible.

Con su aprobación, Freddie tomó su mano vendada con cuidado y le dio un beso suave sobre el vendaje. Las mejillas de Sam se sonrojaron, y para disimular su nerviosismo, lo abrazó y escondió su rostro en su cuello. Freddie aceptó su abrazo y comenzó a mecerse levemente de un lado a otro, como si la estuviera arrullando en silencio. Sam se movió al compás, y por un momento, parecía que estaban teniendo un baile lento.

Sam no quería separarse de Freddie, pero tuvo que hacerlo cuando el timbre de cambio de clases sonó. Al menos tendría la siguiente clase con él y con Carly. Además, podría utilizar su mano vendada como excusa para no escribir nada en su cuaderno.


El resto del día transcurrió entre las clases compartidas con Carly y Freddie. Antes de una clase, ambos explicaron a Carly lo que había ocurrido mientras ella estaba en la enfermería. Carly, preocupada como siempre, le ofreció a Sam quedarse a dormir en su casa esa noche, pero Sam declinó amablemente.

—No te preocupes tanto. Es solo una torcedura—dijo Sam, tratando de restarle importancia al asunto—. Con unas pastillas estaré bien, ya verás.

—Solo trata de no excederte con estas—le advirtió Freddie—. También sigue las instrucciones de la enfermera. ¿Recuerdas cuáles son, verdad?

—Por supuesto que sí, no soy una niña pequeña—respondió Sam con un tono un poco brusco. Le molestaba un poco que sus amigos se preocuparan tanto por algo tan insignificante.

Al escucharla, Carly y Freddie se miraron, intercambiando una mirada cómplice. Luego, ambos cruzaron los brazos y la miraron con una expresión incrédula. Parecían dos gemelos sincronizados.

—Dinos una—desafió Freddie.

—¿Una qué?

—Una de las instrucciones de la enfermera—aclaró Carly—. Solo para asegurarnos.

Sam se quedó en blanco. Intentó recordar más allá de los analgésicos lo que había dicho la enfermera, pero nada le venía a la mente. Suspiró frustrada y miró a sus amigos con molestia.

—No necesito decirles porque sé cuidarme sola, no soy una niñita—les dijo antes de darse la vuelta en su asiento, apoyando ambos brazos sobre la mesa. Quizás un poco más fuerte de lo debido, ya que su muñeca le latía de dolor, pero se tragó el quejido que estaba por salir.

Si sus amigos tenían algo más que decir, Sam no lo supo, porque el siguiente maestro llegó y comenzó la clase. Tampoco comentaron nada al respecto cuando las clases terminaron, ya que Sam decidió irse a casa lo antes posible.


Como era habitual, no encontró a su madre al llegar a casa, pero sí un mensaje de ella avisando que llegaría tarde, como siempre.

Al sentir hambre, buscó algo para comer, pero no encontró nada. Consideró por un momento volver a casa de Carly, pero ella misma había insistido en que estaría bien sola, así que no quería regresar por orgullo.

Sam evaluó sus opciones. Podría intentar cocinar algo ella misma, pero no había muchos ingredientes y su muñeca lastimada complicaba las cosas. Pedir comida a domicilio era una opción, pero no tenía suficiente dinero. Pensó en pedirle prestado a Freddie, pero luego lo descartó por las mismas razones que Carly.

En ese instante, Sam se dio cuenta de lo patético de la situación, de cómo siempre terminaba dependiendo de sus dos amigos de una manera u otra. Aquello la frustraba. ¿Desde cuándo todo era así? ¿No era ella la chica fuerte e independiente que había aprendido a vivir incluso sin su madre?

O más bien, había sobrevivido, pensó, limpiando una única lágrima que recorría su mejilla. No iba a llorar ahora; no era el tipo de persona que se derrumbaba por tonterías como la falta de comida en casa o el dolor en su muñeca, ahora que el efecto de la medicina empezaba a disminuir. Registró su billetera y todos los cajones de la casa hasta que encontró algo de dinero escondido. Con eso, salió y compró comida en un local barato, aunque no le alcanzó para más medicina. Supuso que tendría que aguantar hasta que su madre llegara esa noche.

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Su madre no llegó.

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Freddie se recostó en su cama, mirando fijamente el techo. No podía dejar de preguntarse si sus acciones del día habían sido las correctas. Su atención hacia Sam, cuidarla y asegurarse de que estuviera bien, todo eso había sido parte de su plan para ganarse su confianza y luego invitarla al baile. Incluso había considerado invitarla a tomar un helado o un batido por la tarde, pero nunca imaginó que terminaría torciéndose la muñeca o que podría haberla ofendido de alguna forma.

Pensó en disculparse esa misma tarde, pero decidió que lo mejor sería darle espacio a Sam. Así que se ocupó en otras cosas: hizo sus tareas, revisó su armario en busca de ropa formal y jugó un poco a videojuegos. Sin embargo, no pudo resistir y terminó enviándole un mensaje a Sam para saber cómo estaba.

Freddie: Hola, Sam. ¿Cómo sigue tu muñeca?

Enviado el mensaje, esperó pacientemente una respuesta, pero esta nunca llegó. Con el paso de las horas y varios mensajes sin respuesta, Freddie empezó a pensar que tal vez ella no quería hablar con él por el momento. Para estar seguro, le preguntó a Carly por mensaje si sabía algo de Sam, pero ella le aseguró que ella no le había dicho nada y que quizás estaba en casa con su mamá. Freddie quiso creerle, pero algo en su interior le decía que las cosas no eran tan simples.

En la madrugada, cuando ya se disponía a ir a dormir, decidió escribirle a Sam una vez más para disculparse.

Freddie: Samantha Puckett.

Freddie: Siento mucho haber sido tan insistente antes y pegajoso. Sé que eres fuerte y que no necesitas de nadie más, pero aún así no puedo evitar cuidarte porque...

¿Por qué? Se preguntó a sí mismo. ¿Por qué quería convencerla para el baile? ¿Por qué se preocupaba mucho por ella? En parte sí, mas no era solo eso, se dio cuenta, sino algo más.

Freddie: Te quiero y deseo con todo mi corazón que estés bien.

Lo decía en serio. No solo hacía esas cosas porque le gustaba, sino porque realmente la quería y deseaba lo mejor para ella, incluso desde antes de que comenzaran a salir. La diferencia es que esta vez podía expresarlo de una manera diferente.

Sintiendo que el sueño comenzaba a apoderarse de él, escribió un último mensaje con la poca coherencia mental que le quedaba.

Freddie: Así que si necesitas algo un día, solo pídemelo, ¿sí? Y cuando lo tengas, no pienses mucho en ello, solo acéptalo. Así también me harás feliz...

Freddie: Perdona si soy un poco cursi, pero es lo que pienso, así que...

Freddie: Buenas noches, princesa. Espero que te sientas mejor por la mañana.

Después de enviar ese último mensaje, Freddie se acomodó en la cama. Dos minutos después, por pura curiosidad, revisó su teléfono y vio que Sam le había respondido.

Sam: Puede que mañana necesite vendajes, calmantes y quizás algo de dinero.

Sam: Y tal vez un poco de jamón.

Freddie: Sus deseos son mis ordenes, su majestad ;)

Freddie: Pero ya hablando en serio, me alegra que me contestes. ¿Cómo estás? ¿Te sientes mejor? Te envío un abrazote virtual.

Sam sintió sus ojos llenarse de lágrimas al leer los mensajes y parpadeó para luego quitarlas con el borde de su camiseta. Había dejado su teléfono de lado toda la tarde, y al abrirlo encontró una avalancha de mensajes de Carly y Freddie preocupados por ella. Primero respondió brevemente a los de Carly y se conmovió un poco por la amabilidad de su amiga, pero nada la preparó mentalmente para los mensajes de Freddie.

No sabía si era el dolor en su muñeca, el hambre o algo más, pero después de leer esas palabras tan dulces, no pudo contener más las lágrimas. Sentía que no merecía todo aquello.

Sam: Primero, estoy más o menos. El dolor en la muñeca es un asco, pero he descansado, así que no está tan mal.

Sam: Así que ya no te preocupes, no tendrás que salir a la calle en tu pijama de Galaxy Wars a verme.

Sam: Y gracias por el abrazo. Yo te mando una patada con cariño, amor mío ;)

Freddie: Tan dulce como siempre, su excelencia.

Freddie: Y como casi me estoy cayendo del sueño, quiero saber algo antes de dormir: ¿Quieres que te lleve las cosas a la escuela o prefieres que nos veamos en otro lugar?

Sam: Mejor en otro lugar, te diré dónde luego.

Sam: Así que ve a cumplir tu función, bello durmiente.

Freddie: Sí señora :)

Freddie: Descansa, Princesa.

Sam: Igualmente, Fredward.


Freddie y Sam decidieron encontrarse antes de ir a la escuela en un local cerca de la casa de Sam. Allí, Freddie le dio analgésicos, vendajes, compró desayuno para ambos, y, sorprendentemente, una muñequera. Sam, sin dudarlo, le dijo que no era necesario y que con los vendajes estaba bien. Sin embargo, Freddie insistió en que la muñequera sería más cómoda para ella. Explicó que no la necesitaba, ya que su madre tenía muchas de repuesto por si él tuviese algún 'accidente', al igual que los vendajes y demás suministros. Al saber esto, Sam aceptó más fácilmente, agradeciendo internamente—y solo por esta vez—, la sobreprotección de la madre de Freddie.

Después de desayunar, ambos se dirigieron a la escuela tomados de la mano en silencio. No era un silencio incómodo, sino uno tranquilo; al menos así lo sentía Sam. La noche anterior habían hablado del asunto por mensajes, más o menos. Bueno, no es como si necesitaran discutirlo demasiado. Tanto Carly como Freddie eran conscientes de que la madre de Sam era muy descuidada, y que por eso a Sam le solían faltar muchas cosas, así que no había razón para hablar del tema otra vez.

Sam apretó un poco más la mano de Freddie, sintiéndose agradecida con él. Realmente tenía mucha suerte de que él y Carly estuvieran a su lado, y no sabía qué sería de ella si algún día eso cambiara.

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Bien, eso sonó muy triste (y cursi).

Para no pensar demasiado en eso, decidió iniciar una conversación con Freddie. Al principio pensó en decir lo primero que se le ocurriera, pero entonces recordó su comportamiento excesivamente amable del día anterior. Aunque entendía que eran pareja y que era normal que él la tratara con cariño, sentía que había algo más que él intentaba transmitirle y que ella no lograba entender del todo.

Se aclaró la garganta y lo llamó por su nombre, esforzándose por no sonreír cuando él la miró con esos ojos tan bonitos. ¿Cómo Freddie podía ser tan lindo?

—¿Sí, princesa?

—Quiero preguntarte algo y necesito que seas completamente honesto.

—Claro. Tienes mi palabra—prometió él, entrelazando su meñique con el de ella.

—Lo que pasa es que ayer estuviste actuando raro conmigo.

—¿Raro de qué forma?

—Raro como pegajoso, meloso y demasiado cariñoso. —Antes de que Freddie pudiera objetar, Sam continuó—: Sé que es normal que seamos cariñosos ahora que somos pareja, pero tienes que admitir que te pasaste un poco. Especialmente si tomamos en cuenta que estábamos en la escuela.

—¿Y… te hice sentir incómoda?

—¿Qué? No, para nada. No me molesta que seas cariñoso conmigo. Solo quiero saber por qué fuiste tan cariñoso ayer, ¿entiendes?

—Sí, desde la primera vez que lo dijiste, en realidad. Es solo que me da un poco de vergüenza decirlo.

Se detuvieron frente a una panadería y Sam se cruzó de brazos, intentando ignorar el aroma a pan recién horneado detrás de ella para enfocarse en la conversación.

—Te escucho.

—Antes que nada, quiero que sepas que aunque al principio tenía un motivo para actuar así, después lo olvidé porque de verdad quería cuidarte, ¿sí? Y porque…

—Soy encantadora y me quieres, lo sé—suspiró Sam—. Solo déjate de rodeos y dilo.

—Pero es muy tonto.

—No me hagas contar hasta tres, Fredward Benson.

—Está bien, tú ganas—respondió, alzando las manos en defensa—. La verdad es que quería animarte a que me invitaras al baile; o invitarte yo mismo. Así que hice todo eso para que cambiaras de opinión, ya que habías dicho que no querías ir

Freddie siguió hablando, pero Sam apenas escuchaba sus palabras. Estaba asombrada por la cantidad de cosas que él había hecho por ella. No solo ayer, sino también durante los días anteriores y, posiblemente, durante los días que estaban por venir.

En ese momento, Sam comprendió dos cosas.

Primero, aunque no era una novedad, que 'dar', ya fueran regalos o favores, parecía ser el lenguaje del amor de Freddie. Es decir, su forma de demostrarle cariño. Era un pensamiento algo contradictorio, dado que a veces podía ser bastante tacaño, pero tenía sentido considerando que, con cada novia o interés romántico que había tenido, se esforzaba en hacerle favores o darles obsequios.

En segundo lugar, descubrió que realmente no le desagrada la idea de ir al baile con él. Al contrario, estaba feliz de que él estuviera pensando en ir juntos, a pesar de haber acordado mantener su relación en secreto. Aunque tendría que regañarlo por excederse tanto cuando simplemente podría haberle preguntado.

—Así que no te preocupes si no quieres ir—escuchó a Freddie decir, volviendo a enfocarse en lo que decía—. Lo comprendo completamente y estaré igual de feliz si tenemos una cita en otro lugar y...

—Iré—interrumpió Sam, cortando su interminable discurso. Freddie dejó de hablar y la miró con confusión, como si intentara descifrar un significado oculto en sus palabras.

—Perdona, amor. ¿Qué dijiste?

—Dije que iré al baile contigo.

—¿Hablas en serio?

—Sí.

—¿Por qué?

—¿Quieres ir al bailecito ese o no?

—Pues sí—respondió él.

—Entonces, iremos. Ya está.

—Pero…

—Pero nada. Ya lo decidí y no me vas a hacer cambiar de opinión—declaró Sam—. Aunque, ahora que lo pienso, tendríamos que inventar una excusa para explicar por qué iremos juntos y no con alguien más

—Ya tengo una—comentó él con timidez—. Cuando estábamos el otro día en casa de Carly, ella me dijo que si 'la chica' me rechazaba, podría ir contigo o con ella, si es que el chico la rechaza. Así que no sería tan sospechoso si digo que iremos juntos.

—Yo creo que sí. Porque, ¿por qué aceptaría ir contigo entre tantos chicos disponibles?

—Uno, fingiré que no me dolió escuchar eso—dijo Freddie, haciendo una mueca de dolor fingido. Sam sonrió ante su mala broma—. Y dos, supongo que tienes un punto, pero no sé qué podríamos hacer.

—No le des mucha mente a eso y digamos que me sobornaste con comida porque estabas desesperado.

—¿Podemos quitarle el 'desesperado'?

—Entonces le añadiremos 'llorando y con el corazón roto'.

—¿Sabes qué? Cambié de idea. Mejor deja el desesperado; suena a algo que dirías tú.

—Lo sé, corazón. Créeme que lo sé—comentó mientras le daba una palmadita en el hombro—. Por cierto, la próxima vez que quieras preguntarme algo, solo dilo en vez de dar tantas vueltas, por favor.

—Lo tendré en mente.

—Bien. Ahora, dejemos de lado el tema del baile y vayámonos de aquí antes de que ese aroma me vuelva loca. —Sin esperarlo, Sam se dio la vuelta y miró a través de la ventana del local, deleitándose con la vista de lo que había adentro—. Se me están antojando algunas donas ahora mismo.

—A mí también—confesó Freddie a su lado. Sam vio cómo revisaba su billetera para asentir y mirarla de nuevo, sonriendo levemente—. Todavía tengo algo de dinero extra, así que compremos algunas para cuando estemos en el autobús.

Sam lo miró con brillos en los ojos. Si así se sentía Cenicienta con su príncipe azul, ella con gusto sería la Cenicienta de Freddie. (Gracias al cielo, que nadie puede escuchar sus pensamientos).

—¿Ya te he dicho que te quiero? —le soltó con una sonrisa, medio en broma, medio en serio. Freddie le devolvió la sonrisa, sus mejillas adquiriendo un hermoso tono rosado.

—No mucho, pero creo que podría acostumbrarme a escucharlo.

Y si seguía sonrojándose de esa forma tan encantadora, Sam estaba segura de que podría acostumbrarse a decírselo más a menudo.


Como era de esperarse, ambos llegaron tarde a la escuela, pero aunque fueron regañados, ninguno de los dos estaba realmente molesto al respecto.


¡Aquí está el capítulo 6! Siento mucho la demora, pero estuve muy ocupada en junio y julio y se me complicaron un poco las cosas. No puedo prometer que el próximo capítulo salga pronto debido a que sigo ocupada, pero sí que no dejaré de publicar hasta que el fanfic esté completo. 💖

Espero que les haya servido de algo la lista de Spotify de este capítulo. Bendiciones y nos leemos pronto. :D

(づ๑•ᴗ•๑)づ