・ Notas ・
Los eventos de este capítulo ocurren durante lo que pasa en iSpeed Date (Cita relámpago en español latino). En este fanfic, habrá muchos detalles modificados, así que les recomiendo volver a ver el episodio para captar todas las diferencias. Y no se preocupen, ¡todo el capítulo será 100% Seddie!
Canciones que escuché mientras escribía / Lista de Spotify:
Upbeat Christian Dance:
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Playlist iETK-8:
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2 Hour Beautiful Piano Music for Studying and Sleeping 【BGM】
Canal: Sound of the Wind.
Bendiciones. ¡Espero que disfruten su lectura! ૮₍ᵔ ᵕ ᵔ ₎ა
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[ - iThink she knows - ]
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—No puedes estar hablando en serio —dijo Freddie, girando el sorbete en su jugo mientras miraba a su novia con una mezcla de incredulidad y diversión.
—Sé que suena raro, pero es verdad —respondió Sam, tomando un sorbo de su bebida antes de continuar—. Al menos eso creo. Mi mamá me contó que así fue cuando fue a la boda del primo del hermano de una amiga suya. Y ella puede mentirme sobre muchas cosas, pero no sobre algo así.
—Si tú lo dices. —Aunque no estaba del todo convencido, Freddie decidió dejar el tema ahí.
Ambos dejaron el tema y se enfocaron en su comida. El silencio que siguió no fue incómodo, sino agradable y necesario. Bueno, así lo sentía Freddie. Había tenido un día estresante, y estar ahí, en ese pequeño local del centro comercial con Sam, le había hecho olvidar por qué estaba preocupado y ansioso en primer lugar. Y cómo no sería así, si para bien o para mal, su presencia nunca significaba aburrimiento. Ella siempre tenía ideas brillantes, anécdotas locas —que quizás no creería si no pasara tanto tiempo con ella—, era graciosa, competitiva y mucho más. Con ella, era fácil dejar las preocupaciones de lado y relajarse un poco.
Freddie dejó su vaso, que ya solo tenía hielo, sobre la mesa. Una dulce sonrisa se formó en sus labios mientras un cálido sentimiento le invadía el pecho. ¿Quién iba a decir que querer a alguien podía sentirse así de lindo? Había tomado una buena decisión al invitarla a salir aquella vez en la enfermería, ¿verdad que sí?
«Definitivamente», se respondió a sí mismo, tomando su desinfectante de manos para limpiarse. En ese momento, escuchó a Sam intentando decirle algo, pero no logró entender bien lo que decía, ya que tenía la boca llena de su tercer y último sándwich. Aquello le disgustó un poco, pero no lo mencionó. Después de todo, ella había intentado comer con tranquilidad los dos primeros y él no ganaría nada si se ponía a discutir con ella por el último. Así que la dejó ser.
—No entendí nada de lo que dijiste —le informó cuando ella intentó hablar de nuevo.
Sam tragó con ayuda del jugo y, aparentemente, recordó que las servilletas existían, porque luego tomó una para limpiarse la cara. Iba a continuar hablando, pero Freddie notó que aún tenía un poco de ketchup en la mejilla, así que decidió ayudarla. Normalmente, no se atrevería, porque Sam podría apartarle la mano de un manotazo, pero pensó que valía la pena intentarlo.
—Tienes algo en... aquí —murmuró, tomando una servilleta del montón para limpiarle la mejilla.
Para su sorpresa, ella se quedó quieta mientras Freddie terminaba, mirándolo con una expresión "neutra". Y sí, entre comillas, porque Freddie podía ver lo mucho que ella quería sonreír de la misma manera en que él lo hacía en ese momento. Se veía tan tierna que quiso besarle la mejilla ahí mismo, pero no era tan valiente como ella para hacerlo en público. Al terminar, revisó que no quedara ningún rastro de ketchup y, satisfecho, se volvió a sentar.
—Listo. Ya no queda nada.
—Menos mal. Pensé que nunca acabarías —se quejó ella, tomando la servilleta que Freddie había usado para arrojársela a la cara. Pero él la atrapó justo a tiempo y la lanzó a un cesto de basura cercano. Por lo general fallaba, pero esta vez acertó—. Buen tiro.
Freddie la miró con sospecha. ¿Sam felicitándolo por algo así? Sí, claro. Como si eso fuera a suceder tan fácil. Seguro que le regresaría el reto en tres, dos...
—Pero todavía te falta práctica.
Y ahí estaba la Sam que él conocía y quería.
—¿Crees que puedes hacerlo mejor? —preguntó Freddie, inclinándose hacia ella.
—No creo, sé que puedo hacerlo mejor, más lejos, y con los ojos cerrados —afirmó con una sonrisa confiada.
Siempre tan segura de sí misma... Le encantaba ese aspecto de ella.
—Tengo un pañuelo, ¿quieres ponerlo a prueba, Puckett?
—Depende, Benson. ¿Qué ganaré cuando lo logre?
—¿No querrás decir "si lo logras"?
—No, porque yo siempre juego para ganar.
Freddie rodó los ojos, sonriendo.
—Como digas. ¿Y qué quieres?
—Déjame pensar... Hace mucho que no voy al cine, así que, cuando lo logre, me invitas. Y en el casi imposible caso de que no, entonces yo invito.
—Me parece justo. ¿Tenemos un trato? —dijo, ofreciéndole la mano. Ella la estrechó.
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Cuando Sam encestó con un tiro perfecto, Freddie no se sintió mal por tener que pagar. Más bien, estaba asombrado de que hubiera acertado, especialmente después de haberse movido a un lugar donde el zafacón estaba a unos siete metros de distancia. Una locura. (Aunque, siendo sincero, le encantaba la locura cuando se trataba de ella).
Sam se quitó el pañuelo y, con una sonrisa victoriosa, le preguntó qué tal lo había hecho. Freddie sonrió y le dijo que había sido increíble, como siempre. Sam le dio un ligero golpe en el hombro, alegando que exageraba, pero Freddie sabía que le había gustado el cumplido por la forma en que sonreía.
Caminaron por el centro comercial, charlando y bromeando. No iban tomados de la mano, pero sus hombros se rozaban de vez en cuando. Todo marchaba bien hasta que, de repente, Sam se detuvo y lo miró expectante, como si estuviera esperando que él dijera algo en particular.
—¿Pasa algo?
—Eso quiero saber yo —respondió Sam—. Pensé que íbamos a entrar a las tiendas mientras hablábamos, pero solo estamos caminando.
—Sí, esa era la idea... ¿Querías hacer algo más?
Ay, no. ¿Y si Sam se aburrió estando con él? Pero, eso no podía ser porque ella había estado sonriendo durante su cita. ¿Acaso había hecho algo mal? ¿Dijo algo extraño? ¿Fue demasiado nerd? ¿Y si...?
—Pues sí. ¿No estábamos aquí para comprar ropa? No me digas que ya se te olvidó.
Oh, cierto. Ropa para el baile. Por eso estaban ahí, claro.
—Eh...
—Tomaré eso como un sí —concluyó ella, mirándolo con asombro y una sonrisa divertida—. No puedo creer que lo olvidaras tan fácilmente, cuando ayer estaba tan estresado por eso.
—No es mi culpa que...
"Sea tan divertido estar contigo", fue lo que no terminó de decir en voz alta porque... ¿No quería sonar tan cursi? ¿Se sentía tímido de repente? Bueno, no tenía un motivo en específico. Solo no quería decirlo y ya.
Sam pareció darse cuenta de lo que iba a decir, ya que sus mejillas se sonrojaron un poco, lo que hizo que él sonriera involuntariamente. Pensó en terminar la frase, pero antes de decidirse, ella lo tomó de la mano con firmeza.
—Empecemos a buscar ya, que mientras más pronto terminemos con esto, mejor.
Freddie no tuvo tiempo de procesar la propuesta, ni de dar una respuesta clara, porque ella comenzó a caminar, llevándolo hacia la primera tienda de la lista que ella le había entregado el día anterior. Aunque le daba algo de vergüenza porque algunas personas los miraban de reojo, no podía evitar sentirse contento. Tanto, que, una vez más, olvidó que no deberían ser vistos así de juntos en primer lugar.
A los quince minutos de búsqueda, entraron a una tienda amplia, llena de opciones que parecían prometer la solución perfecta. Sin embargo, nada terminaba de convencerlos. Lo que le gustaba a uno no combinaba con el estilo del otro. Después de recorrer casi todos los pasillos, eligieron algunas prendas que calificaron como "lo suficientemente decentes" y se dirigieron a los vestidores.
Sam se probó dos vestidos, mientras Freddie hacía lo propio con un par de sacos. Cada uno se tomaba un momento frente al espejo, examinando su reflejo con ojo crítico, buscando razones para amar u odiar sus elecciones; puntos a favor y en contra. Luego salían de los vestidores para compartir sus opiniones, pero siempre terminaban diciendo casi al unísono: «Sí, esto no», con una mueca de hartazgo antes de volver a buscar algo mejor.
Después de un rato, Sam se cansó y le avisó que iría al baño. Él asintió, respondiendo que seguiría buscando mientras tanto. Se quedó frente a las camisas, pero, después de un rato, perdió el interés y se desvió hacia una oferta de tenis. Pensó que quizá un par nuevo le vendría bien, algo casual y cómodo para variar.
Mientras examinaba la calidad de los zapatos, escuchó a alguien tararear una canción. La voz le resultó extrañamente familiar, así que dirigió la mirada hacia su izquierda. Era una chica de cabello rubio ondulado, recogido en una coleta. Parecía estar revisando las ofertas también. Freddie iba a moverse un poco para ver si la reconocía, pero no fue necesario. La chica se volteó para ver otros productos, dándole una mejor vista y, de paso, mucha confusión. Porque resultó que era la misma Sam, solo que con ropa, accesorios y un peinado distinto.
Las preguntas comenzaron a surgir en su mente una por una. ¿A eso fue al baño? ¿A cambiarse? De ser así, ¿de dónde sacó la ropa si todavía no habían comprado nada? ¿O acaso volvió del baño, se probó la ropa y luego se puso a mirar zapatos porque...? Esperen un segundo, ¿por qué estaría mirando zapatos en oferta? Ahora esperen dos segundos, ¿por qué él seguía de pie haciéndose preguntas tontas cuando podría preguntarle directamente?
Sintiéndose un poco tonto por sobrepensar tanto, Freddie se acercó a ella con confianza.
—Sabes, Sam, me impresiona lo rápido que te cambias, pero creo que la tienda no incluye un "pruébalo y úsalo gratis" en las ofertas —comentó, sonriendo de lado mientras se cruzaba de brazos, esperando a que ella se quejara de lo terrible que había sido su broma.
Sam se giró hacia él al escuchar su voz y, para sorpresa de Freddie, una expresión de confusión apareció en su rostro... seguida rápidamente por una sonrisa de alegría que lo desconcertó aún más.
—¡Freddie! ¡Cuánto tiempo sin verte! —exclamó ella, extendiendo la mano y tomando la de Freddie con un apretón amistoso, como si realmente no se hubieran visto en semanas o meses.
Freddie la miró en completo silencio. "¿Cuánto tiempo?" ¿Qué estaba diciendo si acababan de verse?
—¿Cómo has estado? ¿Todo bien con el web show? —cuestionó ella con una calidez genuina, como si nada fuera extraño en la situación, sin darse cuenta (o ignorando por completo) la confusión que él tenía—. He escuchado que iCarly se hace más popular cada día.
—¿De qué estás hablando, Sam? Si estábamos juntos hace un rato —le recordó, frunciendo el ceño—. No me digas que en ese lapso de cinco minutos se te zafaron los tornillos.
A pesar de que el sarcasmo estaba presente en sus palabras, una leve preocupación comenzó a crecer en Freddie. Había escuchado sobre personas que perdían la memoria tras un golpe en la cabeza, pero ella parecía estar bien. ¿Sería Sam una de esas raras excepciones que lo hacen sin razón alguna? No quería ni imaginar que fuera así.
—Oh, entonces, estabas aquí con ella —dijo ella, asintiendo levemente, como si todo tuviera más sentido solo por decir eso—, pero no soy Sam, Freddie. Soy Melanie, su gemela.
—¿Melanie? —repitió, incrédulo.
No pensaba que iba a oír ese nombre de nuevo. Recordaba perfectamente lo que había pasado la última vez que Sam mencionó lo de una supuesta hermana gemela. Él había estado convencido de que solo quería tomarle el pelo, y Sam lo había admitido. Entonces, ¿por qué quería bromear con él de nuevo? Miren que la quería mucho, mas a veces no entendía a esta chica.
—Déjame adivinar... Te aburriste y fuiste al baño solo para intentar engañarme con lo de tu hermana gemela de nuevo, ¿verdad? —conjeturó, alzando una ceja. No le veía mucha gracia a repetir esa broma.
Para su sorpresa, Sam no insistió ni lo interrumpió como normalmente lo haría. En cambio, lo miró divertida y soltó una risa baja que Freddie automáticamente acompañó, convencido de que todo era parte de una de sus bromas habituales. Pero entonces, la expresión de ella cambió. La chispa de diversión que antes brillaba en sus ojos se desvaneció, reemplazada por una seriedad que Freddie no esperaba. Ese cambio repentino le dio una extraña sensación de déjà vu.
—¿Todavía piensas que es un engaño? —preguntó ella, inclinando la cabeza como si realmente quisiera saber la respuesta y esto no fuera una broma más de las suyas.
—Eh... Obviamente sí. Porque tú misma me dijiste que solo intentabas probar que yo era muy crédulo. Pero como no te funcionó, dejarías de intentar engañarme con lo de "Melanie" —le recordó, enfatizando la palabra "Melanie" mientras hacía comillas en el aire.
Freddie la observó con más atención, buscando algo, cualquier detalle, que confirmara que era, de hecho, Sam. Pero había algo en su postura relajada, en el tono despreocupado de su voz... algo que no cuadraba. No era solo la forma en que lo miraba; era la falta de esa chispa de desafío constante que solía irradiar. Esa necesidad de Sam de molestarlo de cuando en cuando, solo para hacerle perder la paciencia. En su lugar, había un aire de tranquilidad que le resultaba profundamente extraño.
¿Y si... realmente estaba frente a Melanie y no a Sam? ¿O Sam simplemente estaba elevando su nivel de actuación para confundirlo aún más?
¿Sam? Bueno, la chica se rio como si él hubiera dicho un chiste (raro), negando con la cabeza con una expresión algo soñadora.
—Oh, ya veo... así que eso fue lo que ella te dijo. Ay, típico de Sam. Como soy diferente a ella, siempre intenta fingir que no existo, pero sé que en el fondo me quiere. Muy en el fondo —agregó con una sonrisa nostálgica, que Freddie no sabía si calificar de auténtica o demasiado convincente—. Pero eso no importa ahora. Dime, ¿no te está causando muchos problemas, verdad? —preguntó, poniéndole una mano en el hombro, como si el gesto fuera a reconfortarlo de algún modo.
Freddie suspiró, sintiendo cómo su paciencia comenzaba a flaquear. Sam (¿o Melanie?) no se iba a rendir tan pronto, ¿verdad?
—No, no me estás causando problemas, Sam —dijo con firmeza el nombre para dejar claro que no caería en su juego. Tomó su mano con suavidad, esperando que todo volviera a la normalidad pronto—. ¿Podrías dejar el papel de "Melanie" para después? Aún tenemos que encontrar lo que necesitamos para el baile, y no podemos perder tiempo en...
—¿Tú y Sam irán a un baile juntos? —interrumpió ella con una sonrisa en el rostro, sus ojos brillando con emoción.
Bien. Freddie se estaba cansando de este juego.
—Sí, y eso ya lo sabes, Sam. Así que deja de...
—Perdón por la tardanza, ¿me estabas llamando? —cuestionó una voz detrás de ambos, demasiado familiar para no reconocerla.
Freddie se dio la vuelta, y entonces vio a Sam—su Sam—, con la misma ropa, mirada y actitud aburrida que tenía antes de irse. Pero, en cuanto vio a la otra Sam a su lado, esa tranquilidad se desvaneció como si fuera humo.
—¿Melanie? ¿Qué haces aquí?
Freddie alternó su vista entre ambas, completamente atónito, sin saber cómo procesar lo que estaba viendo.
—¿Y tú por qué la estás tomando de la mano? —exigió saber Sam, y esta vez la molestia en su voz era evidente.
Freddie soltó la mano de la falsa Sam como si estuviera ardiendo, y luego miró a su Sam. Intentaba decir algo, pero las palabras no le salían con claridad.
—Yo, este... pensé que tú y ella... ¿Cómo es posible que...? —balbuceó, pasando de una gemela a la otra con la mirada. Finalmente, se centró en la Sam que conocía—. ¿De verdad tienes una hermana gemela? —De inmediato se sintió estúpido porque era demasiada obvia la respuesta.
—Sí —contestó Sam, con una molestia palpable, como si todo el asunto fuera tan obvio como el sol en el cielo. (Y, en efecto, lo era)—. Intenté decírtelo, pero como estabas tan empeñado en tener la razón, preferí dejarte pensar lo que quisieras.
—Ahora todo tiene sentido —comentó Melanie, sonriendo con calma.
Al escuchar a Melanie, Freddie sintió cómo la vergüenza lo envolvía por completo. Recordó todo lo que había pensado sobre ella y cómo la había tratado sin saber la verdad, y la culpa lo aplastó de inmediato.
—Lo siento mucho, Melanie. Todo este tiempo creí que eras una mentira, y te traté horrible.
—Está bien —respondió Melanie con una mirada comprensiva—. Sé que Sam puede ser un poco pesada con sus bromas. Yo también habría tenido mis dudas.
—"Yo también habría tenido mis dudas" —repitió Sam, imitándola con un tono infantil y exagerado. Melanie, lejos de molestarse, simplemente rio, lo que exasperó más a Sam—. Como sea, ¿qué haces aquí? Pensé que estabas en tu escuela para cerebritos, haciendo caridad o algo así.
—Sí, pero en la escuela nos dieron unas semanas libres, así que aproveché para venir de visita. Ya hablé con mamá por teléfono y pensaba ir a casa después de comprarles algún regalo a ella y a ti.
Al escucharla, Freddie parpadeó sorprendido. Melanie era tan amable, considerada y tan diferente de Sam, que le costaba creer que fueran hermanas. No era solo su forma de hablar, sino cómo parecía que su bondad no tenía segunda intención, ni era forzada, sino genuina, y eso lo confundía un poco, considerando que la mayoría de familiares de Sam eran criminales o prospectos a serlo.
—Eso es... muy considerado de tu parte —dijo Freddie, buscando algo que aportar a la conversación y sintiéndose torpe en el intento.
—Y muy innecesario. No te pedimos nada —respondió Sam, con más brusquedad de la que él esperaba. ¿De verdad era así con su hermana o estaba molesta por algo más?
Además, ¿por qué Melanie no se respondía? Él esperaba que ella mostrara alguna señal de molestia o incomodidad por la actitud de su hermana, pero ella siguió igual de serena y sonriente.
—Lo sé, pero quería darles un detalle de todas formas —explicó Melanie con dulzura. A pesar de su calma, Freddie notó un ligero cambio en su expresión. Entonces, Melanie se inclinó ligeramente hacia ellos con una sonrisa cómplice, como quien está a punto de compartir un secreto—. ¿Y ustedes? ¿Buscan algo especial para alguna ocasión especial?
Esa sonrisa... Freddie la reconoció de inmediato. Era la misma que había visto la vez en que lo besó para mostrarle que no era Sam. Oh, cielos. Freddie lo recordó de golpe. Había besado a Melanie. No a Sam. A su cuñada. Bueno, técnicamente no era su cuñada en ese entonces, pero... aun así, era raro recordarlo.
—No es nada que te incumba, así que puedes seguir buscando las ñoñerías de regalos que quieres —aseveró Sam, cortante, sacándolo de sus pensamientos.
—¡Sam! —protestó Freddie con tono de reproche. Sam lo miró con cansancio, sin ninguna intención de retirar lo que había dicho. Freddie se volvió hacia Melanie para recuperar el rumbo de la conversación—. Estamos aquí porque en nuestra escuela habrá un baile pronto y estamos buscando ropa para la ocasión. Pero es un poco complicado porque...
—Ninguno de los dos es muy fan de la moda, supongo —dedujo Melanie, captando rápidamente la situación.
—Te diste cuenta, pero qué niña tan lista —se burló Sam.
—Samantha... —advirtió Freddie, mirándola con desaprobación.
Ella le respondió sacándole la lengua. Y, como la persona madura que es, Freddie le contestó del mismo modo.
Sam desvió la mirada hacia Melanie, quien la observaba con una calma que solo aumentaba la tensión. Freddie, intrigado, se dio cuenta de que las dos parecían estar manteniendo una especie de conversación en silencio, a través de miradas. Finalmente, Melanie alzó una ceja, como si estuviera planteando una pregunta silenciosa, y Sam soltó un resoplido, claramente frustrada.
—No, ni lo sueñes. Es una pésima idea.
—Vamos, será divertido —insistió Melanie, con una sonrisa alentadora.
—No. Me niego rotundamente.
—¿De qué hablan? —preguntó Freddie, ahora más confundido que nunca.
—No le digas, Melanie —advirtió Sam rápidamente, lanzándole una mirada fulminante a su hermana.
—Yo podría ayudarlos a escoger con gusto —propuso Melanie, sin inmutarse ante la advertencia de Sam y dirigiendo su propuesta directamente a Freddie.
¿Eso era todo? Parecía una oferta inofensiva, incluso útil.
—Me parece bien —concordó Freddie, sin pensarlo demasiado.
—¡No puedes estar hablando en serio! —protestó Sam, girándose hacia él con incredulidad, como si Freddie hubiera cometido el mayor error imaginable—. Bien, haz lo que quieras, pero no cuentes conmigo, Fredderina.
Freddie contó hasta cinco en su mente, luchando por mantener la calma y evitar que su frustración lo arrastrara a una discusión. Estaba acostumbrado a los comentarios mordaces de Sam, pero, incluso para ella, esa obstinación tan tozuda comenzaba a ser realmente exasperante. Además, no entendía por qué reaccionaba de esa manera si Melanie claramente tenía buenas intenciones.
Decidido, le devolvió una mirada firme, la cual, por supuesto, no logró intimidarla en lo más mínimo.
—¿Qué, necesitas un golpe para confirmar que escuchaste bien? —añadió Sam, alzando una ceja con un aire de desafío.
Respiró hondo, decidiendo que no valía la pena caer en la provocación de Sam. En lugar de responder, desvió la mirada hacia Melanie, quien observaba la escena en completo silencio, con una sonrisa suave y comprensiva, como si ya hubiera anticipado que algo así podría ocurrir.
—¿Nos disculpas un momento? —pidió Freddie, procurando ser lo más educado posible.
—Claro, tómense su tiempo.
Antes de que Sam pudiera objetar, tomó su mano con firmeza y la guio hacia un rincón más apartado de la tienda.
—¡¿Qué haces?! ¡Suéltame! —exigió Sam, tratando de zafarse.
—Solo será un momento —respondió Freddie, sin ceder ante la fuerza inhumana de su novia.
Afortunadamente, Sam dejó de forcejear y se dejó guiar hasta que ambos se detuvieron en un punto lejano a Melanie y a las otras personas del establecimiento. Tan pronto como él aflojó el agarre, ella se soltó bruscamente. Lo miró con irritación, como si quisiera lanzarle algo. Pero él no se dejó intimidar y le devolvió la mirada con firmeza.
—Bien, ya que estamos aquí... —comenzó Sam, cruzándose de brazos con un aire desafiante—. ¿Por qué no, en vez de mirarme así, me dices qué tornillo se te desajustó de la cabeza para pensar que es una buena idea dejar que ella nos ayude?
—No se me desajustó nada, Sam, porque realmente es una buena idea —replicó con calma, haciendo un esfuerzo para no iniciar una discusión—. Ni tú ni yo estamos seguros de qué podríamos usar para combinar. Que Melanie nos ayude, es una buena oportunidad para...
—¿Para qué? ¿Para que nos vista como muñecos vivientes, igual que a ella? No, gracias. Prefiero ir vestida de salchicha antes que parecer una muñeca frágil —argumentó Sam. Antes de que Freddie pudiera responder, añadió con una sonrisa burlona—: Aunque no creo que tenga que esforzarse mucho contigo para lograrlo.
Iba a hacer un comentario al respecto, pero se detuvo al notar que ella, con su sonrisa desafiante y sus ojos fijos en él, claramente pensaba que su comentario cambiaría el curso de la conversación. Así que, sonrió con calma, apretando suavemente la mano sana de Sam entre las suyas.
—No lo sé, Sammy. Creo que estás exagerando un poquito.
—Nunca le digas a una chica que está exagerando —refunfuñó Sam, aunque no retiró su mano, lo cual le dio la confianza suficiente para continuar.
—Mira, solo será por un rato. Además, Melanie se está esforzando mucho por agradarte. Dale una oportunidad, y si no lo quieres hacer por ella, hazlo por mí, Sammy. Por favor —insistió con voz suave, mientras la miraba con esa expresión dulce y tonta que sabía que a Sam le costaba resistir.
Sam lo miró en silencio, como si estuviera evaluando sus palabras y las opciones que tenían. Tras un largo suspiro, finalmente cedió.
—Está bien, está bien... Pero que conste que, si algo sale mal, yo te lo advertí.
Estaba tan aliviado que, sin pensarlo, le dio un beso en la frente como muestra de agradecimiento.
—Gracias, princesa. Eres... —comenzó, pero ella lo interrumpió con una mueca.
—Sí, sí, ya sé que soy genial —respondió ella, intentando ocultar una sonrisa, pero sus labios se curvaron involuntariamente, traicionando su intento de parecer molesta—. Solo terminemos con esto de una buena vez.
Sam comenzó a caminar, pero, tras unos pasos, se detuvo de golpe y se giró hacia él con una expresión desafiante.
—Pero, si no encontramos nada, iremos al baile con ropa deportiva y punto.
Freddie la miró, confundido, sin saber si hablaba en serio o si simplemente lo decía para molestar.
—¿Ropa deportiva?
—Uh, sí. ¿O crees que voy a usar algo elegante para lanzarle grasitos a los que están bailando?
—Espera, ¿qué? ¿Por qué harías eso?
—Porque estaría realmente molesta de haber perdido mi tiempo en este estúpido lugar. Duh.
Freddie la observó, sorprendido porque sabía que ella realmente podría hacer algo así en un baile de la escuela. Por algún motivo, se la imaginó en un escenario así: Sam en ropa deportiva, con una bolsa llena de grasitos, lanzándolos a diestra y siniestra a los que bailan. Él estaría a su lado como su cómplice, y todo sería risas hasta que ambos salieran corriendo cuando un profesor o el director se acercaran a regañarlos. La idea, tan absurda como sencilla, le arrancó una risa, disipando la tensión que había acumulado segundos atrás.
Sam lo miró como si fuera un bicho raro, sorprendida al verlo reírse de la nada, pero él no le dio tiempo a decir nada al respecto.
—Eres un amor de persona, ¿sabes? —comentó con una sonrisa mientras acercaba su rostro al de ella.
—Y así me quieres —contestó ella, dejando de lado su confusión por su comportamiento anterior.
—¿Es así? —preguntó Freddie, rozando su nariz contra la de ella con delicadeza.
Sam lo miró con una expresión que claramente decía "¿En serio?", pero Freddie solo se limitó a sonreír con gracia.
—Sí, así es.
—Aw. Ese es mi chico educado.
Sam sonrió y le dio un pequeño beso en la nariz, un detalle tierno que hizo que Freddie se sonrojara, pero ignoró su propia vergüenza para besarla. Fue un toque algo rápido, pero suficiente para dejar una sensación cálida entre ambos. Se separaron lentamente, mirando al otro en silencio, sin prisa por romper la conexión que se había formado.
—¿Qué estamos haciendo? —expresó Freddie, sonriendo divertido.
—No lo sé. Tú eres quien me hace decir cosas tontas.
—Es bueno oírlo. Te oyes tan adorable cuando las dices —musitó él, medio en broma, medio en serio, mientras trazaba círculos suaves con su pulgar sobre la mano de Sam, como si así pudiera transmitir todo lo que sentía.
—¿De verdad? —Sam arqueó una ceja, ligeramente sorprendida.
—Sí —afirmó él, con una sonrisa que dejaba claro que no lo decía solo por decirlo—. Entonces, ¿nos vamos con Melanie?
Sam lo miró un momento, su expresión suavizándose, antes de dejar escapar un suspiro resignado.
—Sí. Y perdón por haber sido tan pesada antes, cuando lo único que querías era ayudar.
—Disculpa aceptada.
Empezaron a caminar hacia donde Melanie los esperaba, pero antes de que pudieran alejarse demasiado, Freddie no pudo evitar hacer una última pregunta.
—¿De verdad arrojarías comida a los demás en el baile?
—Nah. Hace un mes, el director Franklin me dijo que debería intentar reducir mi tiempo de detención a cinco veces cada dos semanas, así que ya no puedo meterme en tantos problemas.
—¿Y cómo vas con eso?
—Solo he ido dos veces en tres semanas —contó ella con una sonrisa orgullosa.
—No juegues. ¿En serio?
—Sip. Supongo que tu buen comportamiento de ñoño se me está pegando.
—Oh, entonces... ¿Estás admitiendo abiertamente que —empezó Freddie, levantando las cejas y sonriendo con galantería—, mis encantos te distraen tanto que no tienes tiempo para meterte en problemas?
Sam lo observó unos segundos con una mirada seria; probablemente evaluando lo terrible que había sido su 'frase coqueta'. Frase que, cabe resaltar, Freddie había dicho solo para molestarla.
—Uno: si vuelvo a escuchar algo así, voy a quemar el librito ese. —Aunque ella intentó permanecer igual de seria y "amenazante", Freddie notó el esfuerzo que hacía para no sonreír al escuchar semejante tontería—. Y dos: si vas a usarlo, al menos procura que sean frases más cortas.
—Ay, no te hagas. Te encanta cuando uso esas frases. Largas o no.
—Solo para remarcar lo tontas que son. Aunque, pensándolo bien, van bien con un ñoño tonto como tú.
—¿No querrás decir "mi ñoño tonto"? —bromeó Freddie, acercándose a ella con la intención de hacerle perder la paciencia.
Segundos después, logró su cometido. Sam intentó pellizcarlo, diciendo: "Te lo advertí". Freddie reaccionó rápidamente, retrocediendo para evitarla, y la situación terminó en una mini guerra de cosquillas. Ambos se movían entre risas, tratando de hacer que el otro cediera. Cuando Sam finalmente ganó, Freddie la miró con cariño.
Se quedó frente a ella, lo suficientemente cerca como para que, si quisiera, pudiera inclinarse y besarla. Pero no lo hizo. Quería que fuera ella quien tomara la iniciativa.
—Vamos, admite que, con todo y mis cursilerías, me quieres.
—¿Lo hago? —cuestionó Sam, ladeando ligeramente la cabeza, consciente de que Freddie esperaba su respuesta.
Freddie, sin perder tiempo, tomó nuevamente su mano sana y la besó en el dorso, guiñándole un ojo con "encanto". Sam no pudo evitar reírse por lo ridículo que se veía.
—Nah, sigo odiándote —se respondió Sam a sí misma, mientras sus mejillas se teñían de rojo, delatando sus sentimientos reales.
—Eso suena como un sí para mí. —Freddie sonrió triunfante antes de abrazarla, pegando su mejilla a la suya. La llenó de mimos y palabras cariñosas mientras Sam se quejaba, entre risas, de lo cursi que estaba siendo. Sin embargo, en ningún momento intentó apartarse.
Cuando regresaron, ambos encontraron a Melanie viendo una peluca rubia con interés.
—¿Qué haces mirando eso? ¿No es suficiente con la que tienes en la cabeza? —se mofó Sam.
Freddie rodó los ojos, pero una ligera sonrisa se asomó en sus labios. Sí, algunas cosas nunca cambiarían.
Melanie solo se rio, negando con la cabeza mientras sujetaba la peluca con cuidado.
—Es que me gusta el color rosa en las puntas. Estaba pensando que quizás me las tiña así cuando me gradúe. ¿Qué opinan? ¿Demasiado arriesgado?
—No lo creo. Seguro se vería bien en ti —opinó él, antes de que Sam se atreviera a soltar una joya de su inagotable repertorio de comentarios afilados para situaciones como esta.
—Gracias. —Melanie dejó la peluca en su lugar para darle su completa atención a ambos—. ¿Y bien? ¿Lograron llegar a un acuerdo?
—Quedamos en que un poco de ayuda no estaría mal —respondió Freddie—. Claro, si todavía estás dispuesta a ayudarnos.
—Los ayudaré con gusto. Solo díganme qué ropa buscan y ya se me ocurrirán algunas ideas.
Freddie sonrió, aliviado por la disposición de Melanie. Sam, sin compartir del todo su entusiasmo, prefirió quedarse callada y él pensó que era mejor así. Lo bueno de todo esto es que se ahorrarían mucho tiempo.
O eso pensó en un principio.
Verán, aparentemente, para Melanie, "algunas preguntas" era sinónimo de "entrevista intensiva que parece interrogatorio", según su humilde opinión.
—¿Algún material que les incomode? ¿Tienen un tema en mente o solo quieren algo clásico? ¿Cuáles son sus tallas exactas? ¿Alguna alergia a ciertos tejidos?
Las preguntas iban y venían, y no parecían detenerse pronto. Freddie intentó mantenerse tranquilo y responder con calma todo, pero a la quinta pregunta, entendió por qué Sam siempre parecía agotada después de hablar con Melanie. Hablar con ella era como estar expuesto ante un rayo de sol brillante. En un principio puede calentarte un poco, pero al rato llega a ser abrumador.
Freddie intercambió una mirada con Sam, esperando que ella al menos conteste una de las preguntas, pero ella solo se encogió de hombros y le murmuró en el oído: "Tú insististe, tú respondes", así que Freddie se tuvo que tragar el interrogatorio solo.
Tras cinco minutos que se sintieron como media hora, Melanie lanzó su última pregunta con una sonrisa que Freddie no supo si era amable o si guardaba segundas intenciones.
—Entonces, ¿ustedes dos irán juntos al baile, o cada quien tiene pareja por separado?
En esta ocasión, no estaba seguro de qué responder, pero no fue necesario, porque Sam lo hizo por él.
—Iremos juntos.
Freddie esperaba que Melanie hiciera más preguntas o, al menos, algún comentario al respecto, pero ella apenas asintió distraída y continuó escribiendo algo en su teléfono. Un minuto después, levantó la vista con la energía renovada.
—¡Listo! Ya tengo la idea de lo que ambos necesitan. Pero necesito saber si cada uno tiene un color en específico que prefiera, o si irán combinados.
—No lo hemos decidido aún —reconoció Freddie, curioso por saber qué había ideado Melanie para ellos.
—Siempre y cuando no sea un color pastel, marrón, azul, violeta o amarillo, todo bien —dijo Sam de repente, sorprendiéndolo.
¿Cuándo ella decidió eso? Que él recuerde, no hablaron de eso en ningún momento por mensaje.
—¿Desde cuándo tú...?
—¡Perfecto! —Melanie le interrumpió, sonriendo con entusiasmo—. ¡Creo que ya sé qué color sería ideal para los dos! Si quieren, espérenme cerca de los vestidores. Puede que me tome unos minutos buscando. ¡Nos vemos en breve! —dijo, desapareciendo entre los pasillos antes de que cualquiera pudiera decir algo más.
—Cuánta energía —murmuró Freddie para sí mismo.
Cuando se volteó, Sam ya estaba caminando en dirección a los vestidores, así que se apresuró a alcanzarla.
—Oye, ¿cómo llegaste a esa conclusión con los colores? Creo que no llegamos a hablar de eso por mensaje.
—No tuve que pensar mucho en eso. Con colores pasteles parecería que vamos a una boda. Usar marrón sería raro. Tú usas mucho azul, así que no. Y el amarillo no me agrada porque pareceríamos florecitas de campo.
—¿Y qué hay del violeta? Lo mencionaste antes, ¿no? ¿Por qué no podemos usarlo?
—Porque Carly me mandó una foto de lo que usará, y es violeta. Así que...
—Estaríamos repitiendo, entiendo. —Freddie suspiró, frotándose la nuca—. Quién diría que estas cosas fueran tan complicadas.
—Sí, y es por eso que yo... —Sam bajó la voz y le hizo señas para que se inclinara. Freddie se acercó, curioso—, puede que admire un poco a Carly y a Melanie por siempre vestir bien.
—¿De verdad?
—Sí, bueno... Por lo general, solo me pongo lo primero que encuentro y listo. —Sam miró al suelo un instante, como si se sintiera avergonzada por la revelación. Eso no le gustó a Freddie para nada—. A veces dejo que Carly me ayude con el cabello para no verme tan desarreglada. No es que esté obsesionada ni nada por el estilo, pero me gusta cuidarlo para que se vea bien.
—Ya veo —susurró él, mirando su cabello con más atención—. Sabes, nunca lo he dicho, pero la verdad es que siempre me ha parecido que es muy lindo.
Sam levantó la mirada, luciendo sorprendida por el halago.
—No lo digas solo por hacerme sentir mejor.
—Es en serio. Su tono de rubio es bonito, y me gusta como las ondas parecen cascadas cuando lo tienes suelto —explicó con detalle, tomando un mechón de su cabello para apreciarlo mejor antes de verla a los ojos de nuevo—. También me gusta tu flequillo. Simplemente... se ve muy bien en ti.
—¿Y si un día decidiera teñirlo?
—Creo que te verías diferente, pero seguirías igual de linda.
—¿Incluso con un color neón? —inquirió ella, sonriendo.
Freddie le devolvió la sonrisa, antes de apretar la nariz de Sam.
—Sé que no te atreverías, así que no seas pinocho.
—¡Ay, deja eso! —exclamó ella, quitando su mano—. ¿Y cómo que Pinocho? Si fue una pregunta, no una afirmación. ¿Y quién dice que...?
—No, Sam. No vas a teñirte el pelo solo para demostrar que estoy mal.
—Pero...
—No.
—Agh, qué aburrido.
Freddie se encogió de hombros, hasta que se enderezó en su lugar al tener una idea.
—Oye, ¿y si...?
—No.
—¡Pero ni siquiera me dejaste terminar!
—Si yo recibo un no, tú también recibirás un "no", Fredward.
—¿Me dejarías peinarte alguna vez? —preguntó Freddie de todas formas.
—¿Qué? No.
—Vamos, Sammy. Me gustaría al menos cepillarlo.
—Si tanto quieres cepillar algo, consigue una peluca y un maniquí.
—¿Y si te compro un paquete de albóndigas?
—Ya te dije que no.
—¿Y si compro dos?
—... No estoy segura.
—Dos y un paquete de grasitos. —Dio su oferta final, tocando su hombro con su dedo índice de manera juguetona.
Sam alzó una ceja hacia él, sonriendo divertida.
—Consigue eso el mismo día que iremos al cine y tenemos un trato, muñecazo.
Freddie alzó una ceja al escuchar el apodo. Era tan inesperado que le sacó una sonrisa, y de paso una risa a la que Sam también se unió.
—¿Muñecazo? Me gusta cómo suena.
—Obvio. Yo siempre doy buenos apodos.
—No lo niego, pero tienes que admitir que por lo general los que me pones son un poco hirientes, ¿no crees?
—Ay, pero sí, Fredraro, tonto, Fredalupe y ñoño te quedan bien.
—Ja, ja, muy graciosa, Sammy —contestó Freddie, y en represalia le hizo cosquillas otra vez.
Sam estalló en una risa suave, tratando de apartarse. Cuando la dejó tranquila, ella se acomodó en su lugar y lo miró con una sonrisa tímida.
—También me gustan algunos de tus apodos —confesó ella.
—¿Como "Princesa Puckett"?
—Ese es muy bueno, sí, pero me refiero a los otros más recientes, como solo "princesa", "linda" o "Sammy" —explicó ella—. La verdad es que odio cuando mi mamá me llama Sammy, pero escuchar el apodo de ti, de alguna manera, es... no lo sé. Lindo, supongo.
Freddie sintió cómo algo cálido y reconfortante se expandía en su pecho. Era ese mismo fuego suave, pero constante, que crecía cada vez que pasaba más tiempo con Sam. Le agradaba saber que estaba haciendo las cosas bien. Además, esa tarde Sam había demostrado que se estaba abriendo un poco más su corazón a él y eso lo conmovió más de lo que podía imaginar.
Con calma, la atrajo con su brazo hacia él en un medio abrazo, trazando círculos en su hombro.
—Me alegro de que te sientas así.
Sam, sorprendida al principio, se acomodó junto a él, dejándose abrazar. El abrazo fue breve, pero su calor y la conexión entre ambos bastaron para levantarles el ánimo. Cuando se separaron, ambos se quedaron unos segundos en silencio, tomándose de la mano y disfrutando de la paz de ese instante.
. . .
—¿Sabías que tengo un montón de cosas que contarte? —dijo Sam, rompiendo el silencio sin soltar su mano. Era su forma de cambiar de tema sin permitir que la intimidad del momento se desvaneciera tan rápido.
—Estoy aquí para escucharlas.
Continuaron conversando sobre algo totalmente distinto, mientras sus manos seguían entrelazadas.
Diez minutos después, Melanie apareció con varios cestos llenos de prendas. Ambos se quedaron sorprendidos al ver lo rápido que había regresado cuando ellos habían pasado media hora dando vueltas sin encontrar nada que les convenciera.
—Revisen primero si les gusta antes de ir a medírselo —les pidió Melanie—. Así puedo hacerles el cambio y ustedes ahorrarán tiempo.
Freddie le agradeció cuando ella le entregó una cesta con varias camisas, sacos y otras prendas. Lo primero que llamó su atención y le sorprendió un poco fue el color que Melanie había escogido. Era bastante acertado para una fiesta de noche, aunque tal vez un poco llamativo para su gusto. Lo segundo es que en el cesto también había chalecos formales y algunas camisas que iban bien con estos. No era lo que tenía en mente, pero supuso que estaría bien probar algo nuevo, ya que casi siempre usaba camisas y saco.
A gusto con lo que veía, Freddie le comentó a Melanie que ella había hecho una buena elección. Ella sonrió, satisfecha, y le sugirió que se lo probara para asegurarse de que le quedara todo bien. Freddie asintió, pero antes de irse, miró hacia Sam. La encontró mirando con aparente desinterés lo que había seleccionado su hermana.
—¿No ves nada que te guste? —le preguntó Freddie.
—No lo sé. El color no está mal, y al menos combina con el tuyo, pero el vestido me parece un poco corto y desabrigado. Además, ni siquiera sé si tengo zapatos que puedan ir con esto.
—Sabía que dirías algo así —expresó Melanie detrás de ellos, haciendo que ambos se giren para verla—. Por eso me tomé la molestia de buscar una licra negra de buena tela para que te pongas debajo, además de una chaqueta que va con ese tipo de vestido. En cuanto a los zapatos, puedo prestarte estos bebés que traje en mi equipaje. —Orgullosa, Melanie le mostró en su teléfono una foto de los mismos.
Freddie, al ver la expresión de asombro y felicidad de Sam, supuso que debían de ser unos zapatos realmente buenos. Con la satisfacción de saber que al menos ella estaría cómoda, se dirigió a los vestidores para probarse su atuendo. No estaba seguro de si podría comprar tantas cosas, pero al menos se quedaría con una de las dos opciones.
Antes de marcharse a los vestidores de hombres, miró una vez más a las gemelas. Si bien era difícil para él procesar que eran dos personas distintas, al ver el contraste entre ambas, le resultaba más fácil asimilarlo.
Cuando Freddie terminó de vestirse, quedó tan a gusto con lo que vio que no pudo resistirse a tomar una foto de su reflejo en el espejo. Luego, salió del vestidor así. Sabía que no debía acercarse mucho al vestidor de las damas, así que decidió esperar en el pasillo.
Pasaron unos tres minutos, cuando un alboroto llamó su atención.
Primero, una voz molesta exclamó: "¡Señorita, no puede salir así!", y luego otra voz, Melanie, decía: "¡Sam, no puedes dejar que te vea aún!", a lo que la voz familiar de Sam respondió con: "¡Es un tonto baile, no mi boda!"
Apenas unos segundos después, Sam salió de la sección del vestidor para damas, un poco despeinada, pero ya vestida. Al verla, Freddie se quedó maravillado; el atuendo realmente le quedaba perfecto. Era femenino, pero mantenía intacta la esencia fuerte y auténtica de Sam, algo que él apreciaba profundamente.
Sam también pareció sorprendida al verlo. Desde la distancia, le sonrió.
—Hola.
Freddie sonrió en respuesta.
—Hola a ti también.
Ella se acercó un poco más, mirándolo con curiosidad.
—Pensé que usarías un saco.
—Eso planeaba, pero Melanie sugirió esto y, para ser honesto, me gusta cómo luce.
—A mí también. Hasta pareces gente.
—Voy a suponer que en tu diccionario significa: "te ves increíblemente guapo" —bromeó él, imitando el tono que ella usó cuando hablaron con Carly junto a los casilleros.
—Ja, ja. Muy chistoso. ¿Quieres que te aplauda?
—Gracias, cariño, pero eso no es necesario. Hago lo mejor que puedo para ser divertido sin esperar nada a cambio.
—Entonces mejor ríndete, porque realmente no te sale.
—Eso es muy inspirador de tu parte. —Sam solo le dio un empujón sin fuerza en respuesta. Freddie aprovechó para cambiar el tema—. Dejando mi magnífico humor de lado...
—Terrible humor —corrigió ella.
—Te ves muy hermosa así —continuó él, ignorando su comentario—. Quiero decir, siempre lo estás, pero...
—Esto resalta mi encanto natural mucho más, ¿no? Eso ya lo sé, tontín —respondió Sam con confianza, dando una vuelta para mostrarle mejor el conjunto completo. Se veía feliz con lo que lucía, lo cual le alegró mucho. No hubiera querido que ella estuviera incómoda toda la noche—. Pensé que no me quedaría a la primera, pero de alguna forma Melanie acertó con lo que escogió para ambos. Odio admitirlo, pero tiene buen ojo para estas cosas.
—Definitivamente —concordó—. Oye, ¿y dónde está ella? ¿No andaba contigo?
—Ah, sí. Posiblemente, está convenciendo a la empleada de la tienda de que no pienso robar nada.
—¿Y por qué ella...?
Antes de que Freddie terminara la oración, se escucharon unos pasos aproximándose hacia ellos.
—¡Jovencita, no puede andar por ahí con esa ropa puesta! —le reprendió la empleada, mirando a Sam con desaprobación.
Melanie los miraba detrás de ella, articulando en silencio: "Lo siento, hice lo que pude para retenerla".
—Y usted no debería de andar por ahí con ese peinado, pero aquí estamos —replicó Sam. La mujer la miró ofendida.
—Está bien, no hay por qué hacer un escándalo —intervino Freddie para que la situación no pase a mayores—. Ella está conmigo, y solo queríamos ver si combinamos bien.
—Entiendo, pero la próxima vez, comparen fotos o algo similar. No es apropiado que una joven esté cerca de los vestidores de caballeros. En especial si se trata de su novia, jovencito.
Ambos intentaron aclarar rápidamente que no eran pareja, pero ella no les prestó mucha atención. Solo les pidió que se cambiaran y que pusieran la ropa en la cesta si tenían intención de comprarla.
A Freddie no le importaba mucho que ella les hubiera llamado la atención; era parte de su trabajo. Sin embargo, sí le preocupaba un poco que ella, con tan solo verlos juntos, asumiera que eran pareja. Porque si ella en esos pocos segundos se dio cuenta, ¿no pensaría Melanie lo mismo? Si bien su cuñada no había hecho preguntas ni comentarios sobre que fueran juntos al baile, eso no significaba que la idea no hubiera cruzado por su mente. Y si no, entonces probablemente seguía convencida de que ambos mantenían su clásica enemistad amistosa de siempre... ¿Cierto? Tal vez sería buena idea averiguarlo más tarde, de forma muy sutil.
Cuando estuvieron en la caja y llegó el momento de pagar, Freddie notó que el total se salía de su presupuesto. Eso lo confundió un poco, ya que él le había dicho a Melanie cuánto dinero tenía disponible. Sam también pareció darse cuenta, pues miró a su hermana con una mezcla de confusión y reproche.
—¿Para qué le preguntaste sobre el dinero, si igual ibas a elegir algo más caro? —cuestionó Sam, cruzándose de brazos.
—No pasa nada, Sam. No importa —dijo Freddie, mirando a la cajera con algo de pena—. Solo me llevaré la camisa y dejaré el chaleco —comentó, señalando la prenda a la cajera, quien apenas reaccionó con un asentimiento.
—Espera, no dejes el chaleco —masculló Melanie, sacando un par de billetes de su cartera rosada con flores—. Dime cuánto falta para yo completarlo —le comunicó a la cajera.
—No hace falta que hagas eso —le avisó Freddie, pero Melanie ya había entregado el dinero y completado el pago—. Prometo que te lo pagaré luego.
—Ay, de eso nada —respondió Melanie, tomando el recibo y dándoselo a Freddie—. Guárdalo en un lugar seguro, por si necesitan hacer un cambio de último minuto.
—Lo haré, pero...
—Tengo hambre —interrumpió Sam de repente, claramente aburrida de la conversación.
—A mí no me vendría mal algo dulce —opinó Melanie—. ¿Vamos por un helado?
—Sabes... —comenzó Freddie mientras se desplomaba en una de las sillas de la heladería—, podríamos haber dicho que no.
—¿Y por qué? —Sam lo miró como si hubiese dicho algo absurdo—. Ella fue quien se ofreció.
—No sé, ¿modestia?
—Bueno, aún estás a tiempo de ir y decirle que no quieres. Pero yo quiero mi helado. —Sam se levantó de un salto y, con despreocupación, añadió—: Vuelvo enseguida.
Entonces, salió de la heladería, sin dar alguna explicación adicional.
Resignado, Freddie sacó su teléfono para matar el tiempo mientras ambas hermanas regresaban. Ignoró los mensajes insistentes de su madre y respondió con rapidez a uno que otro texto de Carly. Luego, casi sin darse cuenta, acabó revisando los mensajes con Sam de las últimas semanas. Era curioso cómo las interacciones habían cambiado bastante desde que se habían hecho novios.
Mientras revisaba, Melanie llegó a la mesa con sus helados. Freddie tomó el suyo, murmurando un agradecimiento antes de empezar a comerlo con rapidez, aprovechando la ausencia de Sam. Él la quería mucho y todo, pero sabía que ella seguramente intentaría "probar" el suyo y luego terminaría robándoselo por completo.
—Vaya, sí que tienes hambre —se rio Melanie al verlo comer con prisa.
—No es eso —respondió Freddie, avergonzándose un poco mientras apartaba el vaso—. Es solo que cuando Sam vuelva, de seguro intentará...
—¿Robarse tu helado? —terminó Melanie por él—. Lo sé. No te preocupes por eso, ya le pediré otro o le daré el mío cuando llegue el momento. Así que intenta relajarte un poco.
—Está bien.
Freddie continuó comiendo. No lo había pensado antes, pero ahora se daba cuenta de que las últimas veces que estuvieron solos, había pensado en Melanie como Sam, y no en ella como Melanie, y eso le sentaba un poco mal. Sin embargo, a Melanie no parecía importarle. Ella seguía sonriendo como siempre, tranquila y despreocupada, como si nada hubiera cambiado. Freddie se obligó a pensar que, si a ella no le afectaba, entonces a él tampoco debería preocuparle.
Fue entonces cuando recordó el favor que ella le había hecho en la caja.
—Oye, sobre lo del dinero... Prometo devolvértelo en cuanto pueda. ¿Cuánto tiempo estarás en Seattle?
—Un par de semanas, pero no tienes que darme nada. Me ofrecí porque quise.
—Sí, pero igual no me siento cómodo debiéndote algo. ¿Segura que no hay un favor o algo que pueda hacer por ti a cambio?
—No, así estoy bien. De hecho, si insistes, me voy a enfadar —contestó ella con calma, pero había una chispa de advertencia en su tono que Freddie decidió no poner a prueba.
—Bien. No insistiré más, pero en serio, gracias por tu ayuda —expresó, esperando transmitir bien su gratitud—. Cambiando el tema, ¿cómo pudiste encontrar lo que necesitábamos tan rápido?
Melanie sonrió con orgullo mientras sacaba su teléfono.
—Cuando tuve una idea de que podrían usar, revisé la página de la tienda para ver si tenían las prendas disponibles y creé un tablero online. Siempre lo hago con los outfits que usaré cada semana —explicó con entusiasmo, mostrándole el teléfono a Freddie.
—Se ve bien.
—Gracias.
Melanie guardó su teléfono con un gesto tranquilo, pero su rostro adoptó una expresión más seria.
—Mira, Freddie, quiero que seamos amigos o que, al menos, nos llevemos bien —dijo Melanie con franqueza—. Por eso no te estoy cobrando nada. Como cuñada, quiero que confíes en mí, especialmente cuando se trata de Sam. Ella nunca me cuenta quién le gusta o si tiene novio. De hecho, esta es la primera vez que puedo hablar con alguien que realmente significa algo para ella aparte de Carly, y quiero aprovechar esta oportunidad al máximo. ¿Me entiendes?
Freddie, distraído, asintió con un leve movimiento de cabeza.
—Sí. Sé que Sam puede ser un poco reservada cuando se trata de... —comenzó a decir, pero entonces un detalle hizo clic en su mente—. Espera, ¿dijiste que eres mi cuñada?
—Pues sí. Si eres el novio de mi hermana, eso me convierte en tu cuñada —señaló ella con obviedad.
Freddie frunció el ceño, intentando procesar lo que acababa de escuchar. ¿Lo decía en serio? ¿Era una broma? ¿Por qué Sam tardaba tanto en aparecer? Probablemente, ella habría desviado la conversación con algún comentario sarcástico o, quién sabe, hasta les habría lanzado el helado en la cara. A Melanie por preguntar y a él para respaldar su punto de que "prefiero internarme en un hospital psiquiátrico antes que ser novia de este ñoño", o alguna otra excusa parecida. Pero él no era Sam, y mucho menos iba a hacerle algo así a Melanie, quien ha sido tan amable con él.
—No, no, creo que te estás confundiendo —atinó a decir, esbozando una sonrisa tensa—. Vamos juntos al baile porque... bueno, no teníamos otra opción. No somos pareja ni nada por el estilo.
Para evitar decir más tonterías y ganar algo de tiempo, se llevó una cucharada de helado a la boca, confiando en que ella dejaría el tema. No obstante, Melanie se rio en voz baja, dejando en claro que no le creía ni una palabra.
—Ay, Freddie, qué gracioso eres —contestó Melanie mientras volvía a su propio helado, claramente sin tomarlo en serio.
—Lo digo en serio —mintió, su confianza disminuyendo mientras la incomodidad y los nervios crecían.
—Vamos, no estoy ciega. Es evidente que hay algo entre ustedes. —Freddie iba a replicar, pero Melanie no le dio la oportunidad—. Escucha, si estás diciendo eso porque tuvimos una cita hace tiempo, no te preocupes. No estoy molesta y no me importa en absoluto. Solo quiero que ambos sean felices, ¿sí?
—No se trata de eso, Melanie —murmuró Freddie, intentando encontrar una excusa válida, pero su mente estaba en blanco. Finalmente, desvió la mirada, sintiéndose acorralado—. Nosotros... no estamos saliendo y punto. No hay nada más que explicar.
Melanie no dijo nada al principio. Ladeó ligeramente la cabeza, observándolo como si él fuera un libro abierto que ella pudiera leer con facilidad. Entonces, se inclinó un poco hacia él, reduciendo el espacio entre ambos y activando todas las alarmas rojas que había en el cerebro de Freddie.
—No son pareja, pero ella te gusta, ¿cierto?
Freddie sabía que el camino más fácil sería negar todo, seguir disfrutando de su helado —que ya empezaba a derretirse—, y actuar como si esta conversación nunca hubiera ocurrido. Podría reírse, clamar que el acuerdo de ir al baile juntos era solo por conveniencia y hasta insistir en que no estaba interesado en chicas rudas como Sam. Pero solo de imaginarse a sí mismo mintiendo de esa forma tan descarada le hizo sentir una opresión incómoda en el pecho. Así que se limitó a asentir, dándole la razón en silencio.
Ante su confirmación silenciosa, Melanie chilló emocionada de tal forma que hizo que varios clientes de la heladería se volvieran a verlos. Rápidamente, se disculpó con ellos antes de centrar su atención en él de nuevo.
—¡Lo sabía! —exclamó Melanie en un susurro, apenas conteniendo su emoción—. ¿Desde cuándo te empezó a gustar? La última vez que nos vimos, estabas horrorizado de tener una cita con ella. Oh, pero también recuerdo que mencionaste que se besaron. ¿El beso influyó en tus sentimientos? Cuéntame todo, futuro cuñado. —Acompañó sus palabras con una serie de palmadas en el brazo de Freddie, que casi hicieron que se le cayera el helado.
—¡Cuidado! —exclamó Freddie, apartando el vaso rápidamente para evitar un desastre.
—Ups, lo siento —se disculpó Melanie, cubriéndose la boca con la mano para ahogar una risita—. Es que no puedo evitarlo. Nunca he hablado con un cuñado mío, ¡y la idea me emociona mucho!
—Pero no soy tu cuñado, porque Sam y yo no somos nada.
—Corrección: No son nada aún. Estoy segura de que lo serán pronto; es muy obvio que tú también le gustas.
—No estoy seguro. Ella preferiría comer vidrio antes que salir conmigo y... ¿Tú crees que sí? —preguntó, curioso por saber cuán obvios eran los sentimientos de Sam a los ojos de los demás.
—Sí. O al menos te tolera mucho más. He visto iCarly, y normalmente te hace bromas pesadas y te dice cosas muy crueles. Pero hoy no he escuchado ni una palabra negativa sobre ti. Sin mencionar que está yendo contigo a un baile. Sam jamás iría con alguien que no le guste, a menos que sea su última opción o que haya perdido una apuesta.
—Tal vez sea porque la soborné con tocino para...
—Y cuando volví con la ropa, vi que estaban bromeando y riendo juntos. Es evidente que disfruta más tu compañía —dijo Melanie, ignorando sus excusas—. Así que creo que tienes una oportunidad con ella. Deberías aprovechar el baile para hacer un movimiento y...
—Gracias, pero por el momento prefiero que las cosas sigan como están —expresó Freddie, pensando en su relación secreta con Sam—. Por supuesto que quiero que sea mi novia y todo eso, pero no quisiera apresurar las cosas con ella.
—Entiendo —respondió ella, también pensativa—. Además, de seguro se tomarán un poquito de tiempo para adaptarse a la presión de la gente.
Freddie la miró confundido. No entendía a qué se refería. Melanie vio la expresión de duda en su rostro y decidió aclarar más.
—Ambos están en iCarly, un show bastante popular. De alguna manera, su audiencia va a reaccionar cuando se enteren sobre su relación, sobre todo porque al principio ustedes "se odiaban" —dijo haciendo comillas con los dedos—. Así que probablemente escucharán comentarios de su relación, tanto buenos como malos. Pero mientras se sigan queriendo y se mantengan firmes, todo irá bien.
—Sí, tienes razón —murmuró Freddie, meditando en sus palabras. Nunca se había detenido a considerar cómo reaccionarían las personas que veían el programa. ¿Será esa otra razón por la que Sam había insistido en mantener su relación en secreto? Tal vez debería preguntarle después—. Gracias por decírmelo. Lo tomaré en cuenta... si es que ella decide aceptarme alguna vez, claro —añadió, tratando de sonar casual.
—Lo hará. Créeme —aseguró Melanie. Luego sacó un sorbete de su bolso y lo hundió en su helado derretido, tomándolo como si fuera un batido.
Freddie parpadeó, extrañado.
—¿Tienes sorbetes en tu bolso?
—Claro, ¿tú no? —respondió Melanie con total naturalidad, como si fuera lo más lógico del mundo, antes de seguir disfrutando de su improvisada bebida.
Freddie la observó por unos segundos, una leve sonrisa asomándose en su rostro antes de enfocar su atención nuevamente en su helado. Tal vez Melanie y Sam no fueran tan diferentes, después de todo.
Pasaron apenas cinco minutos cuando Sam regresó.
—¡No van a creer lo que pasó!
Ni siquiera saludó; solo se sentó junto a ellos y comenzó a contarles, con lujo de detalles, cómo en una de las tiendas una pareja había protagonizado una discusión épica, con gritos, acusaciones y hasta sillas involucradas.
Freddie intentaba seguirle el ritmo, de verdad que sí, pero no lograba concentrarse por completo. Cada vez que sus ojos se cruzaban con los de Sam por más de unos segundos, sentía que Melanie lo observaba con diversión. Incluso, en una ocasión en la que comentó algo a Sam, cometió el error fatal de mirar a Melanie. ¿Por qué error? Porque en ese instante, ella lo notó y, con una sonrisa traviesa, alzó las cejas de arriba a abajo sugestivamente. Sam no se dio cuenta de nada, pero eso no hizo que los nervios de Freddie disminuyeran ni un poco. Así que prefirió callarse y enfocarse solo en el patrón de colores de la mesa.
Sin embargo, esa distracción no duró mucho. Su mente daba vueltas a la misma pregunta: ¿debía decirle a Sam que Melanie sabía algo? ¿Realmente importaba? Al fin y al cabo, dentro de... ¿Una, dos semanas? Freddie no lo recordaba. Había perdido la cuenta del tiempo que quedaba. Lo cierto era que pronto su relación sería algo público, si todo salía bien. Pensar que Melanie conocía solo una parte de la verdad no le parecía tan grave. Pero, por otro lado... ¿Y si Sam se enojaba por no habérselo dicho antes?
Estaba tan atrapado en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta de que Sam había dejado de hablar.
—Oye, nerd, ¿qué tienes?
—Nada —respondió de forma automática, negando con la cabeza. No quería seguir hablando y meter la pata más de lo que ya lo había hecho—. Sigue hablando.
Sam lo observó con desconfianza. Pero, en lugar de insistir, continuó su relato, con Melanie aportando alguna que otra opinión. Mientras ellas hablaban, Freddie suspiró aliviado, aunque todavía seguía sintiéndose inquieto. Lo mejor sería contarle a Sam lo que había sucedido, aunque no en ese momento. Tal vez más tarde, por mensaje.
Sí, eso haría.
Unos veinte minutos atrás, Sam había salido de la heladería con un propósito secreto: encontrar un regalo para Freddie.
No era común que pensara en hacer algo así, pero después de tantos detalles que él siempre tenía con ella, pensó que se lo merecía. Sin embargo, no quería que Freddie supiera que estaba planeando algo, así que simplemente anunció que regresaría en breve.
Pasó por varias tiendas, algunas conocidas y otras nuevas, pero ninguna parecía tener lo que buscaba ni se ajustaba a su presupuesto. El dinero que había apartado era exclusivamente para el regalo, pero en las tiendas de tecnología todo era absurdamente caro.
Estaba a punto de rendirse cuando vio una mercería. Al observar los artículos, una idea le vino a la mente. Era un poco tonta y sencilla, pero pensó que a Freddie le gustaría por la intención detrás del regalo o como se diga la frase. Así que hizo su compra y salió de ahí satisfecha.
Mientras caminaba de regreso, una promoción en una pizzería cercana llamó su atención y, siendo Sam, no podía pasar por ahí sin al menos ojear. Fue entonces cuando, en una de las mesas, vio una escena que parecía sacada de una telenovela.
Un hombre estaba de rodillas frente a una mujer, con una caja de anillo abierta en sus manos. Sam rodó los ojos. Las propuestas de matrimonio en público eran muy cliché y predecibles, en su opinión. Seguro que ella diría que sí, y ambos darían vueltas, recibiendo aplausos de los demás.
Aburrida, Sam iba a marcharse cuando se escuchó un ruido desde dentro del local. Miró a través del cristal y vio que la mujer ya estaba de pie, con la silla caída; parecía que se había levantado indignada. Entonces, para sorpresa del hombre, de los que miraban con ilusión y de Sam, ella le dio una cachetada, arrojando el anillo al suelo.
—¿¡En serio creíste que esto funcionaría después de lo que hiciste!? —exclamó ella, empujando al hombre con furia.
—¿Qué te pasa, mujer? ¡Si no hice nada! —respondió él, levantándose rápidamente para esquivar otro empujón.
—¡No hiciste nada! —La mujer sacó su teléfono y comenzó a mostrarle fotos—. ¿Entonces esto es "nada"? ¿Estás abrazando a mi mejor amiga porque tienes frío, o qué?
—¡Eso no significa nada! —insistió el hombre—. Solo la reconfortaba porque perdió a su mascota, y ni siquiera la estaba abrazando. ¡Tomaron la foto en un mal ángulo!
—Ah, claro, siempre tienes una explicación que suena razonable. —La mujer cruzó los brazos, claramente furiosa—. ¡Nunca quieres asumir cuando es tu culpa!
—¿Mi culpa? ¿¡Culpa de qué si no hice nada!? —El hombre comenzó a perder la paciencia—. ¡Tal vez si no fueras tan paranoica y confiaras en mí, no estaríamos en esta situación!
Sam dejó escapar una risa baja. Freddie y Melanie tendrían que esperarla un poco más. Este drama era demasiado bueno para perdérselo.
—¿Paranoica? ¿De verdad? —La mujer se acercó, prácticamente clavándole el dedo en el pecho—. ¡He visto cómo la miras! Siempre que estamos juntos, parece que prefieres estar con ella. ¡Y ahora me vienes con esto!
—¡Solo te dije la verdad y te pedí matrimonio! ¿Qué hay de malo en eso? ¡Nada! —replicó, levantando los brazos en exasperación—. ¡En cambio, tú siempre estás buscando excusas para atacarme!
En ese momento, una empleada de la pizzería se acercó, claramente incómoda.
—Disculpen, pero no pueden seguir discutiendo aquí. Por favor, cálmense o tendrán que salir.
—¡A mí nadie me dice qué hacer! —espetó la mujer, ahora enojada con la empleada.
Sam pensó que aquel era el momento ideal para entrar al local. Y no se equivocó, pues la situación escaló rápidamente. Los guardias de seguridad intentaron separar a la pareja, pero de alguna manera ambos lograron zafarse. En un giro inesperado, la chica agarró una silla y la levantó contra otros como si fuera un arma.
—¡No me toquen! —gritó, usándola para mantener a los guardias a raya.
—¡Estás loca! —dijo el novio, aunque él mismo tomó otra silla para defenderse de los guardias.
—¡Llamaste loca a tu novia! ¡Eso no es amor! —gritó uno de los clientes que ya había recibido su pizza y estaba disfrutando el espectáculo.
Sam miró la pizza: era de jamón y doble queso. Sin pensarlo dos veces, se acercó y tomó un pedazo, aprovechando que él estaba distraído. De todas formas, él se dio cuenta.
—Si quieres, quédate con otro pedazo más, que ya me estaba llenando de todos modos —dijo el desconocido. Sam lo observó bien. Tenía un uniforme y parecía un muchacho de su edad. Si hubiera sido un hombre mayor, hubiera declinado la oferta, pero como era joven, ella se encogió de hombros y se sentó, volviendo a centrar su atención en la pareja.
—¡No es mi culpa que no confíes en mí! —gritó el novio.
Continuaron así durante un par de minutos, y justo cuando Sam se estaba empezando a aburrir, ocurrió algo inesperado: después de una intensa discusión, la chica dejó caer la silla, avanzó hacia él y, con un movimiento brusco, lo agarró por la camisa y lo besó.
—¿Qué...? —Sam murmuró, atónita, mientras veía cómo los de seguridad, el público y ella misma quedaban paralizados por la escena.
—Te odio tanto —confesó ella después del beso, mirándolo fijamente.
—Yo también te odio. —Él sonrió antes de besarla de nuevo.
Como si fuera poco, varios empezaron a aplaudir como si fuera un teatro. Sam los miró incrédula.
—¡Los dos necesitan terapia! —exclamó alguien sentado en otra mesa. Sam no podía estar más de acuerdo.
Cuando la escena terminó y la gente comenzó a dispersarse, algo brillante en el suelo llamó su atención. Era el anillo de compromiso tirado cerca de sus pies. La pareja también lo vio. Él le preguntó si lo quería de vuelta, pero ella negó con la cabeza.
—No lo quiero. —Suspiró, mirando al hombre con ojos todavía llenos de emoción—. No necesito un anillo para saber que te odio con todo mi corazón.
—Aw. Eso es lo menos hiriente que me has dicho en días.
—Les voy a pedir que se retiren del lugar, por favor —habló otro de los empleados mientras el prometido miraba a su novia con ternura.
Sam, viendo la oportunidad, tomó el anillo con una sonrisa.
—¿Entonces no habrá ningún problema si me lo quedo?
Ambos negaron con la cabeza.
—Perfecto.
Con eso, definitivamente va a tener mucho dinero para comprar jamón, tocino, grasitos... y para comprarle detallitos a Freddie de vez en cuando. Y hablando de Freddie, esperaba que ellos no llegaran jamás al nivel de locura de esa pareja tan rara.
Al terminar el último trozo de pizza, Sam decidió que era hora de irse. Se levantó, pero justo cuando se disponía a salir, el chico que estaba a su lado, que había permanecido callado hasta entonces, la siguió con una sonrisa tímida.
—Eres una de las chicas de ese programa popular, ¿verdad? ¿Sam de iCarly?
—Sí, la misma en persona —contestó ella un poco indiferente.
Ahora que lo veía bien, no era mal parecido. Se veía que era un chico tranquilo y estudioso, del tipo que le gustaba a Carly. Pero ella ya tenía cita, y si todo salía bien, pronto tendría novio. Así que no veía el punto en conversar con él si no iba a pedirle su número para que Carly lo conozca.
—Increíble. A mi hermano le fascina su programa. ¿Me darías tu autógrafo para él, por favor? ¿O me dejas tomarme una foto contigo? —pidió él, sonriendo amablemente.
—No, no creo. —Sam contestó sin pensarlo. No estaba de humor para eso, no tenía lápiz ni tiempo para autógrafos—. Adiós. Y gracias por la pizza gratis —dijo mientras se dirigía a la salida, recordando lo que Carly siempre le decía sobre ser amable con desconocidos.
Si el chico le respondió o no, Sam no lo supo. Ella ya estaba fuera de la pizzería, pensando en qué momento sería adecuado darle su regalo a Freddie.
. . .
Melanie y Freddie levantaron la vista al verla entrar a la heladería.
—¡No van a creer lo que pasó! —exclamó, sin perder tiempo en saludos.
Con entusiasmo, Sam comenzó a relatar cada detalle de la pelea que había presenciado: desde la cachetada dramática hasta la absurda batalla con sillas. Melanie, fascinada, no podía contener las carcajadas con algunas partes, mientras que Freddie permanecía en silencio. Aunque de vez en cuando hacía algún comentario, tenía la mirada perdida.
Al principio, Sam pensó que tal vez estaba cansado o que simplemente no le interesaban cosas así. Sin embargo, cuando él permaneció callado por mucho rato, comenzó a preocuparse.
—Oye, nerd, ¿qué tienes?
—Nada —respondió Freddie rápidamente, negando con la cabeza—. Sigue hablando.
A pesar de su respuesta, algo en su actitud no parecía estar bien. Sam pensó en preguntarle, pero Melanie estaba allí, así que decidió ignorarlo por el momento. Pasó un rato más, y Freddie seguía igual, lo que empezó a molestar a Sam. Finalmente, se giró hacia Melanie.
—¿Y mi helado? —le preguntó, cambiando de tema.
Melanie le explicó que se había derretido, pero que podía pedir lo que quisiera, y le pasó algo de dinero. Sam volvió poco después con una copa de helado gigantesca. Eso finalmente captó la atención de Freddie, quien levantó la vista para verla con sorpresa.
—¿Piensas comerte todo eso?
—No, voy a tirarlo. Claro que me lo voy a comer.
—No puede ser. Eso es demasiado, incluso para ti.
—¿Y? Es mi problema para resolver, no el tuyo, Fredward Benson.
—Estoy consciente de eso, Samantha Puckett. Solo quería dar mi opinión. Es cosa tuya si te la tomas personal —debatió él, volviendo a mirar hacia otro lado.
Eso no le gustó a Sam, porque sentía que Freddie se estaba cerrando de nuevo demasiado pronto. Así que hizo lo primero que se le ocurrió para llamar su atención: tomó una de las cucharas, la llenó con un poco de helado de vainilla y se la untó en la cara. Primero en la mejilla izquierda con la cuchara, y luego, recogiendo lo que caía con su mano libre, lo embarró en su otra mejilla y un poco en la nariz.
—Esto es lo que me importa tu opinión.
Sam sabe que eso fue muy cliché, pero eso fue lo primero y único que se le ocurrió como justificación de su acción cuando Melanie la observó, claramente confundida.
No obstante, cuando Freddie frunció el ceño, Sam se arrepintió de inmediato, sintiéndose nerviosa por su posible reacción. ¿Por qué tenía que ser tan impulsiva? ¡Se suponía que ahora tenían una forma de resolver sus problemas hablando! Pero no, ahí estaba ella, arruinándolo todo como siempre. De seguro ahora se había enojado en serio y ambos tendrían otra discusión...
O eso pensó ella.
La discusión nunca empezó porque, inesperadamente, el ceño fruncido de Freddie se relajó y una sonrisa curvó sus labios. Sonrisa que no duró mucho, porque pronto se convirtió en una risa suave y divertida.
Sam parpadeó, sorprendida.
Él de verdad se estaba riendo. No estaba enojado para nada.
Pero, ¿por qué?
—¿Qué es tan divertido? —preguntó Sam, llevándose otra cucharada de helado a la boca. Freddie solo se rio más fuerte mientras el helado continuaba escurriendo por su rostro—. No me digas que ahora sí perdiste la cabeza.
—Quizás —susurró Freddie, limpiándose un poco de helado de la cara con la mano... solo para embarrárselo a ella en la mejilla y la nariz—. Ahora estamos a mano.
—Oh, no... —murmuró Melanie desde su lugar en la mesa, levantándose con cautela.
«Sabia decisión, hermana»,pensó Sam mientras se limpiaba el helado de la cara con un dedo. Lo lamió, saboreando la vainilla sin apartar la mirada de Freddie, con una expresión que transmitía claramente que no iba a dejar que él se saliera con la suya tan fácilmente.
—Creí que ya me conocías, pero por si ya lo olvidaste... —Sam agarró a Freddie por el cuello de la camisa. Aunque la mano con la muñeca que se torció el otro día le dolió un poco, ignoró la molestia—. Mamá no juega para "estar a mano".
Lo acercó tanto que sus narices casi se tocaron. A diferencia de otras ocasiones, Freddie no mostraba ni un atisbo de miedo. Al contrario, parecía emocionado e, incluso, demasiado besable para su propio bien. Sin embargo, Sam decidió contenerse y guardar ese deseo para otra ocasión.
—Mamá juega para ganar —decretó, soltándolo de golpe. Retrocedió un paso, comió otro poco de su helado y, sin previo aviso, le lanzó más a Freddie, desatando una Guerra Fría entre los dos.
En cuestión de segundos, la heladería se transformó en un caótico campo de batalla. Sam y Freddie se lanzaban helado sin ningún tipo de contención, y pronto, un grupo de clientes más jóvenes, al reconocer a dos personas de iCarly, se unió con entusiasmo a la pelea. Un fan particularmente entusiasta incluso se subió a una mesa gritando "¡Seddie!", antes de ser derribado de inmediato por alguien más. Claro, los "Seddie" en cuestión no notaron ni escucharon nada de esto, demasiado concentrados en competir entre ellos.
Melanie observó todo con diversión. En algún momento, sacó su celular y comenzó a tomar fotos para el recuerdo, pensando en lo lindo que sería mostrárselas a sus futuros sobrinos si es que algún día Sam y Freddie formalizaban su relación.
Por desgracia, otros clientes la imitaron, tomando fotos y grabando videos por razones muy distintas a las de Melanie.
Como era de esperarse, los tres fueron expulsados y vetados del lugar. Por suerte, Melanie logró convencer a los empleados de no llamar a la policía, pero sí les advirtieron que no debían regresar jamás. A lo que Sam, muy humildemente, respondió que había probado mejores helados que los de ese cuchitril. Freddie y Melanie tuvieron que intervenir rápidamente para evitar que Sam se enfrentara a una empleada que había querido pelear con ella por su "humilde opinión".
Cuando todo el drama terminó, Freddie y Sam se dirigieron a los baños para limpiarse un poco. Aun si no pudieron hacer mucho por sus ropas, al menos lograron quitarse el helado de las caras.
Estuvieron charlando durante un rato, hasta que llegó el momento de despedirse de Freddie. Sam no pensó que extrañaría darle un beso en la mejilla o un abrazo al decir adiós, pero tuvo que conformarse con una despedida más fría, ya que Melanie estaba presente.
Respecto al regalo, Sam pensó que podría dárselo al día siguiente, antes del baile, pero luego lo descartó. Mejor se lo daba en otra ocasión. Además, consideró que podría cambiar el anillo por dinero y comprarle a Freddie algo menos tonto, pero no estaba del todo segura.
Bueno, esa sería una decisión que la Sam del futuro tomaría.
Cuando llegaron a casa, lo primero que hizo Sam fue dejar sus bolsas sobre la mesa del comedor y tirarse en el sofá. Sabía que debía darse una ducha y cambiarse, pero estaba demasiado agotada después de tanto caminar.
Melanie entró detrás de ella, mirando el desorden que había dejado.
—No deberías dejar tus cosas tiradas así. Podrían arruinarse.
—Ajá —murmuró Sam sin siquiera abrir los ojos.
—Tampoco deberías tirarte al sofá con la ropa sucia.
—Y tú no eres mi madre para decirme qué hacer, pero aquí estamos.
Melanie suspiró y se acercó a la mesa, tomando las bolsas con cuidado.
—Te las llevaré a mi cuarto para que no se ensucie nada.
—Haz lo que quieras, no me importa.
Sam bostezó, acomodándose en el sofá para echarse una siesta.
—Está bien —respondió Melanie, no sin antes lanzar una mirada hacia ella—. Recuerda avisarle a Freddie que llegaste bien a casa.
—¿Y por qué debería hacer eso?
—Porque ahora que es tu novio, estará más preocupado por ti. De seguro se está preguntando si llegaste bien a casa —explicó Melanie antes de dirigirse hacia su cuarto.
El comentario de Melanie quedó rondando en la mente de Sam. Quizá tenía razón; debería enviarle un mensaje a Freddie. Después de todo, la despedida de ese día había sido distinta, y él había estado actuando algo distante en la heladería. Sam metió la mano en su bolsillo para buscar su teléfono, pero de repente algo la hizo detenerse en seco.
¿Melanie se había referido a Freddie como su novio? ¿Cómo se enteró de que estaban juntos?
Sin pensarlo dos veces, se levantó de golpe y fue rápidamente al cuarto de su hermana. Abrió la puerta con tal fuerza que golpeó la pared, haciendo eco por toda la casa. Sin embargo, Melanie no se alteró en lo más mínimo; solo continuó organizando su armario con la misma calma de siempre.
—¡Oye, tú! —exclamó Sam desde el umbral, molesta.
—Tengo un nombre, ¿sabías? —respondió Melanie sin mirarla, haciendo espacio en su armario—. O podrías llamarme Lannie, como cuando éramos niñas.
—¡Eso no importa ahora! —gruñó Sam, frustrada—. ¿Se puede saber quién te dijo que Freddie es mi novio?
Melanie se dio la vuelta, mirando a Sam con una sonrisa triunfante.
—Pues tú, justo ahora —contestó, poniéndose las manos en las caderas.
Sam se quedó sin palabras por un momento, mirando incrédula a su hermana, antes de señalarse a sí misma.
—¿Yo?
—Sí, tú. Verás, la verdad es que... no fue pura casualidad que me los encontrara en la tienda. Bueno, no del todo.
—¿Nos estabas siguiendo?
—No. Los vi antes, cuando estaban en su cita, comiendo sándwiches. No me acerqué porque sabía que te molestaría, así que me fui a otro lugar. Entonces recordé las ofertas de una tienda que me gusta, y fue allí donde me los encontré de nuevo. Esta vez, decidí acercarme, fingiendo que estaba viendo unos zapatos en oferta.
Melanie hizo una pausa, esperando que Sam dijera algo. Como no obtuvo respuesta, continuó su explicación.
—Al principio dudé de que fueran pareja, porque no los vi actuar como tal en la tienda. Pero cuando intentaron quedarse a solas, empecé a sospechar. Así que, cuando no estabas en la heladería, aproveché para preguntarle a Freddie. Él negó que fueran pareja, pero era muy obvio que estaba mintiendo. Pensé que tal vez no quería que lo supiera por lo de nuestra "cita", pero me dijo que no era por eso.
Mientras hablaba, Melanie caminaba de un lado a otro por la habitación, como si estuviera reviviendo el momento.
—Al final, admitió que le gustas. También hablamos sobre si a ti te gustaba él. Él se hizo el desentendido, como si no lo supiera, pero aun así le comenté que para mí es muy obvio que a ti también te gusta. O sea, si no te gustara, le hubieras doblado el brazo en el instante en que te tomó la mano o algo así. Además, dijiste pocas cosas hirientes hacia él, cuando usualmente te encanta molestarlo. Sin contar que estuviste bastante decidida a mostrarle lo increíble que te veías con ese vestido. Se nota que lo quieres mucho, hermanita.
Melanie sonrió con ternura y Sam se tensó, sintiendo cómo su rostro se encendía por la vergüenza.
—Ve al punto.
—Con esa información, y sumado a que trataban de no ser tan románticos delante de mí, de la empleada de la tienda o de cualquier otra persona, supuse que tenían una relación secreta. ¿O me equivoco?
Sam se quedó en silencio, sin saber qué responder. Podría negarlo, decir que Melanie estaba siendo paranoica, pero sabía que su hermana era lo suficientemente astuta como para no caer en un simple engaño. Y, al final, ¿qué sentido tendría mentirle? La verdad estaba ahí, a la vista de ambas. Mentirle solo sería una pérdida de tiempo.
—Sabes, eres irritante y demasiado entrometida —criticó Sam, sintiéndose derrotada y sin energía por algún motivo—. Pero solo por esta vez, tienes toda la razón.
Melanie no pudo contener su emoción. Aplaudió y dio saltos de alegría.
—¡Lo sabía! —chilló, tomando a Sam de las manos con entusiasmo—. Dime, ¿cómo se hicieron pareja? Pensé que eran amienemigos. Ya sabes, esos amigos que se pelean todo el tiempo, pero darían la vida el uno por el otro. Sé que algo tuvo que pasar para que las cosas cambiaran entre ustedes, así que, por favor, cuéntame, tengo mucha curiosidad.
Sam, horrorizada, se soltó de inmediato de su agarre. Sus ojos se abrieron de par en par, como si Melanie acabara de proponerle algo totalmente infame.
—¿Qué? ¡Ni loca! Ya fue suficiente con que descubrieras que tengo novio. No voy a tener una charla de chicas contigo para hablar de mis sentimientos. Qué horror.
—Tienes razón. Para eso está tu novio, ¿no?
—Una palabra más y te silenciaré con la almohada. —Sam levantó su dedo índice a modo de advertencia, desafiando a su hermana.
—¡Sam tiene novio! ¡Y lo ama! ¡Y se llama Freddie! —gritó Melanie, sin detenerse. Sam, irritada, tomó una almohada y trató de golpearla con ella.
Melanie esquivó el golpe y salió corriendo de su cuarto, con Sam pisándole los talones. Ambas se persiguieron por toda la casa hasta que Melanie, exhausta, admitió su derrota.
—¡Tú ganas! Ya no diré nada más.
—Te advierto, si mencionas este asunto de nuevo, haré que no salgas de tu cuarto en una semana.
—Está bien, pero te aseguro que algún día conoceré tu historia de enemies to lovers... quieras o no.
—Haz lo que quieras, pero no me molestes más.
—Está bien. —Melanie se levantó del suelo, arreglándose la ropa—. Oye, estaba pensando en pedir algo para cenar. ¿Hay algo que quieras en específico?
—Solo no pidas nada dietético —respondió Sam, dejándose caer en el sofá, sintiendo cómo la tensión comenzaba a desvanecerse.
Melanie asintió y se alejó, dejando a Sam tranquila. Sam sacó su teléfono y se acomodó en el sofá, lista para descansar. Fue en ese momento cuando vio los mensajes de Freddie. Él le había dicho lo mismo que Melanie le había contado antes. Sam respondió brevemente, enviando varios mensajes, hasta que sintió que alguien se acercaba.
Era Melanie, intentando espiarla. Sam le lanzó una mirada fulminante, pero, como la rara hermana que era, Melanie solo se rio y se retiró a su cuarto. Ahora sola, Sam volvió a revisar sus mensajes. De verdad, no entendía cómo podían ser tan idénticas físicamente, si eran tan diferentes en su interior.
Cuando Freddie llegó a casa, lo primero que hizo fue enviarle un mensaje a Sam contándole lo que pasó en la heladería con Melanie. Luego, Freddie inspeccionó cuidadosamente las bolsas que había traído, considerando dónde podría esconderlas. Su armario era una opción, pero no confiaba en que su madre no lo revisara. Además, tenía que lavar la ropa antes de usarla, pero temía que si su madre lo encontrara lavando, decidiera hacer una desinfección profunda y posiblemente "ajustes", que era lo último que quería.
Freddie repasó sus opciones. Podría guardarlas temporalmente en un cajón y luego prepararlas, o llevarlas al departamento de los Shay, específicamente al cuarto de Spencer.
No lo pensó mucho y tomó sus cosas, dirigiéndose hacia allá. Entró sin tocar, como de costumbre, y encontró a Spencer en el sofá, manejando un bastón largo con una mano mecánica en la punta. Estaba intentando alcanzar un vaso en la mesa de la cocina.
—Hola, Alfredo —saludó Spencer casualmente, concentrado en su tarea.
Freddie abrió la boca para preguntar al respecto, pero decidió centrarse en lo importante.
—¿Puedo usar tu lavadora, secadora, plancha y, de paso, tu armario por dos días?
Spencer sonrió, tomando el vaso con jugo con su bastón improvisado.
—Claro, a este punto, nuestra casa es tu casa.
—Gracias. Volveré en seguida.
—¡Espera! ¿No quieres oír cómo funciona mi invento? —le preguntó Spencer. Freddie iba a negarse, pero él continuó hablando—. Es mi última creación: el "Brazo Extensible". Perfecto para alcanzar cosas sin moverte del sofá. Estoy probando su precisión ahora mismo.
—Suena útil, aunque parece un poco peligroso.
—¡Nah! Una vez que le agarras el truco, ayuda mucho.
En ese momento, tomó un sorbo del jugo, solo para escupirlo de vuelta en el vaso.
—Una pieza se cayó adentro —se quejó, mirando el dispositivo.
Freddie hizo una mueca.
—Qué mal. Espero que puedas arreglarlo.
Con eso, se dirigió al cuarto de Spencer para preparar sus cosas.
. . .
Una vez que terminó, Freddie regresó a su casa. Su madre lo recibió con su habitual avalancha de preguntas: dónde había estado, qué había hecho ese día y si había seguido su lista de higiene. Le respondió con lo usual antes de retirarse a su habitación.
Al revisar su teléfono, notó que Sam ya le había respondido.
Sam: Lo sé. La misma Melanie me lo dijo.
Sam: También sabe que es de lo nuestro.
Sam: Resulta que nos vio en la cita de los sándwiches. También en la tienda y asumió que éramos pareja por razones que me da pereza detallar.
Sam: Así que cuando te dijo eso, seguramente estaba probándote para ver si eras buen novio o algo así.
Sam: Déjame preguntarle.
Un minuto después, había otro mensaje que decía.
Sam: Me dijo que solo fingió que te creyó porque fue divertido verte confundido y acorralado.
Sam: También dice que eres pésimo mintiendo.
Sam: Únicas dos cosas en las que estamos de acuerdo JAJAJAJJA.
Freddie soltó un seco "ja, ja" en voz alta, sin rastro de humor. No podía creer que Melanie lo hubiera engañado de esa forma.
Freddie: Ja, ja, ja, muy graciosas (nótese el sarcasmo).
Freddie: Entonces, ¿no te molesta que ella sepa lo nuestro?
Freddie: ¿Le contaste lo del contrato?
Sam no tardó en responder.
Sam: Me molesta un poco porque no era parte del plan, pero si ya lo descubrió, no hay mucho que hacer.
Sam: Nah, no le diré lo del plan. Ya sabe que salimos en secreto; eso basta. Le diré que Carly no lo sabe, no vaya a soltar algo sin querer.
Freddie estaba por escribir algo cuando, accidentalmente, presionó el botón de llamada. Sam contestó casi al instante.
—Presione el botón de llamada sin querer, perdón —se disculpó Freddie.
—No hay problema —respondió Sam mientras se escuchaba un sonido raro en el teléfono.
—¿Estás comiendo?
—Sí. Pizza —aclaró ella, tragando antes de continuar—. Entonces, ¿no quieres decirme nada más?
—No, realmente, pero creo que ya no quiero colgar.
—Ah, ¿quieres seguir hablando? Está bien.
—Gracias.
—¿Por qué me agradeces?
—No lo sé.
Mentira. Sí lo sabía. Le daba las gracias por permitirle escuchar su voz otro rato, pero ese era un pensamiento que prefería guardarlo para sí mismo de momento.
—O sea que me agradeces y ni siquiera sabes por qué, pero también te ríes solo cuando alguien te tira helado.
Freddie rio al recordarlo. En la heladería, le dio mucha gracia que Sam haya hecho eso porque había sido la misma situación que él imaginó cuando Melanie dijo que era su cuñada. Eso definitivamente era una señal de que realmente conocía muy bien a Sam.
—Y ahora te estás riendo solo de nuevo —continuó Sam con diversión—. Eres raro, Benson. ¿Lo sabes?
—Sí. Mi novia se encarga de recordármelo siempre, pero aquí entre nos, no creo que ella quepa dentro de los estándares de lo que se considera normal tampoco.
—Obviamente. Para ser novia tuya, seguro que debe estar loca.
—Sí, supongo que ambos estamos un poco locos.
De repente, se escuchó una voz femenina llamar a Sam.
—Agh. Justo ahora llega mi madre.
—Está bien. Podemos hablar después.
—Nah, de seguro estará muy contenta hablando con su hija favorita ahora.
—No digas eso. De seguro las quiere a ambas por igual.
—Lo dudo, pero gracias.
—¿Gracias por qué? —preguntó Freddie, sonriendo al escuchar un leve chirrido a través del teléfono. Sam debía estar acostándose en su cama ahora.
—No sé, por el pensamiento, el apoyo...
—Esa es una respuesta rara, ¿sabes?
—Y tú eres un copión.
—Noup. Dije que la respuesta es rara, no que tú eres rara —argumentó Freddie, levantándose de su silla para ir a sentarse en su cama también—. Así que, técnicamente, no es lo mismo.
—Touché.
Hubo una breve pausa, pero eso no le molestaba a Freddie. Sabía que la conversación era sencilla, incluso un poco tonta, pero aun así no podía evitar sentirse feliz al hablar con ella por teléfono. Escucharla tan cerca... se sentía como si estuviera allí con él.
En un momento, pensó en decirle algo tonto y cortar la llamada, pero en ese mismo segundo escuchó un: "¿Sigues vivo, Freddison?"
—Sí.
—De casualidad, ¿llevas la cuenta de los días para lo de hacer lo "nuestro" público y eso?
—Uh, ¿eso creo? —Freddie trató de hacer memoria—. Al principio iba tachando los días en un calendario, pero después de la semana y media lo dejé. Pero creo que solo nos falta una semana y unos días, o menos.
—Ya veo...
—¿Por qué preguntas? ¿Estás nerviosa?
Entonces, hubo silencio, y Freddie recordó su conversación con Melanie y las dudas que tenía sobre Sam. Esperó pacientemente a que ella dijera algo, pero cuando solo oyó silencio, se preocupó.
—¿Sam?
—No, yo... bueno, sí, pero solo un poco. No es gran cosa.
—Sam...
—En serio. No es nada.
—Si tú lo dices —suspiró Freddie. No le gustaba cuando Sam se cerraba así—. No es que esté nervioso ni nada, pero mientras hablaba con Melanie en la heladería, me surgió una duda. Antes había pensado en cómo podría reaccionar Carly, pero no había considerado mucho lo que dirá la gente que ve el programa.
—¿Te preocupa que la audiencia baje?
—No lo había considerado, pero ahora que lo mencionas, podría ser una posibilidad. Aunque yo me refería a que ellos también tendrán opiniones sobre nosotros y...
—Solo dilo, Freddie.
—¿Por eso sugeriste que lo nuestro fuera secreto? —cuestionó Freddie con suavidad—. Dijiste que querías que lo que pasara entre nosotros se quedara solo entre nosotros, sin que nadie se metiera. ¿Te pone nerviosa lo que la gente podría opinar de nuestra relación?
—Algo así —admitió Sam tras una pausa—. Es que, piénsalo bien. Desde que nos conocemos, siempre hemos dicho que nos "odiamos", y ahora resulta que estamos juntos. Es raro, ¿no crees? —Freddie realmente no lo veía así, pero no dijo nada para que ella terminara de expresarse—. No quería escuchar a otros diciendo que somos una combinación extraña mientras intentaba aclarar cómo me siento contigo. Hubiese sido muy molesto.
Freddie asintió, comprendiendo mejor su postura. Aunque ya habían hablado algo similar cuando hicieron el contrato, esta vez lo veía con más claridad.
—Entiendo.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Solo pensaste en esto por lo que habló Melanie contigo o ya lo tenías en mente?
—Por Melanie. Como dije, solo me preguntaba cuál sería la reacción de Carly, porque es nuestra amiga más cercana. Pero creo que lo importante es que, mientras estemos bien y felices, lo que opinen los demás no debería afectarnos —dijo, recordando las palabras de Melanie. Tras pensarlo un momento, añadió—: Tú... ¿No te arrepientes de esto, verdad?
—Por supuesto que no. Me gusta estar contigo, tontín —respondió Sam, un poco ofendida. Freddie sonrió.
—Lo sé. Pero me gusta cuando lo admites en voz alta.
—Sigue así y te cuelgo la llamada.
—Bien, admito que eso estuvo fuera de lugar. Ya le bajo dos rayitas.
—Más te vale.
—Aunque lo que dije antes es en serio, no deberíamos preocuparnos tanto por las opiniones de los demás.
—Lo sé, Freddie. No tienes que repetirlo tanto —se quejó ella.
No dijo nada más, pero Freddie sentía que algo andaba mal.
—Entonces, ¿no hay nada más que te moleste?
—No.
—Sam.
—¿Qué?
—Hay algo más que te molesta, ¿no? Dime.
—Es un poco tonto.
—Para tu suerte, estás hablando con el Rey de los tontos ahora. La persona indicada para oírte.
—Idiota. —Ella no rio, pero Freddie estaba seguro de que al menos la hizo sonreír un poco—. Es que... siento que Carly se enojará mucho con nosotros.
—¿Crees que desapruebe nuestra relación?
—¿Qué? No. Ella es un pan de azúcar, claro que nos aceptará. Lo que me preocupa es que se enoje porque le mentimos a la cara no una, sino varias veces.
—Oh.
—Sí, "oh" —se mofó Sam—. Ella es muy comprensiva, pero también es sensible cuando se trata de confianza. Así que temo que, si se entera de que hemos estado saliendo prácticamente a sus espaldas, ella...
—Piense que no confiamos en ella —terminó Freddie—, o que nos estábamos burlando de alguna forma con las mentiras sobre mi "chica misteriosa" o el chico que inventaste.
—Exacto.
Freddie se apoyó en la cabecera de su cama, pensando por un momento.
—Si te parece, podemos darle algunas pistas mientras tanto. Por ejemplo, podría decirle que me gustas y que eres mi chica misteriosa. Así podría ir haciéndose una idea de nosotros juntos en un futuro. Entonces, cuando termine el tiempo que falta, le contamos todo.
—No es mal plan, pero todavía seguiríamos mintiéndole —suspiró Sam—. Tal vez debimos hacer una excepción con ella desde el principio.
—Tal vez —repitió él.
Ambos se quedaron en un silencio incómodo hasta que Freddie habló de nuevo.
—Sabes, creo que, fuera de ese detalle, no fue tan malo que mantuviéramos lo nuestro en secreto.
—¿Por?
—Porque, al saberlo solo nosotros, no tuvimos ninguna opinión externa que nos afectara —opinó, pensativo—. También aprendimos a manejar las discusiones. Es decir, todavía tenemos desacuerdos y los seguiremos teniendo, pero al menos ya sabemos cómo resolverlos sin matarnos en el proceso.
—También a pasar tiempo juntos sin chocar tanto —aportó Sam.
—Eso también.
En ese momento, se escuchó un ruido al otro lado del teléfono.
—¡Sam! —llamó una voz que Freddie reconoció inmediatamente como la de Melanie—. ¡Mamá dice que se va a comer la reserva de pizza que guardaste para mañana!
—No puede creerlo. Uno no puede descuidarse un segundo en esta casa —masculló para sí misma, pero Freddie escuchó todo con claridad—. ¡Detenla hasta que llegue ahí!
—¡Lo intentaré, pero date prisa!
—¿Siempre es así en tu casa? —preguntó, sonriendo divertido.
—No, a veces es peor.
Sam suspiró, y un crujido al otro lado del teléfono indicó que se levantaba de la cama.
—Bueno, muñecazo, tendremos que seguir hablando luego. Mamá tiene que ir a reclamar lo que es suyo.
—Adelante. Luego te escribo para ponernos de acuerdo con lo que falta. Cómo dónde nos reuniremos y eso.
—¿En una hora te parece bien?
—Sip. Mándale saludos a Melanie de mi parte.
—Si no se me olvida, pues sí.
—Adiós, Sammy. Procura guardarle algo de pizza a Melanie.
—Sí, eso no va a pasar. —Y con eso, Sam colgó la llamada.
Freddie se quedó unos segundos en silencio, mirando al techo de su habitación. Por un lado, le alegraba haber aclarado esas dudas con Sam. La falta de comunicación podía generar malentendidos, y él no quería eso entre ellos. Solo esperaba que Carly fuera comprensiva cuando le contaran la verdad. Después de todo, era la mejor amiga de ambos, y no le sentaría bien que su amistad se fracturara por su relación con Sam, o más bien, por las mentiras.
Por otro lado, le resultaba un tanto divertido escuchar a Sam hablar con su familia. Definitivamente, sus parientes eran algo peculiares, incluida Melanie, quien, aunque menos "peligrosa" que Sam y su madre, seguía destacando por su astucia y su alegre forma de ser.
Justo entonces, su mamá abrió la puerta sin previo aviso.
—La cena está lista, Fredward.
Freddie consideró recordarle que tocara antes de entrar, pero decidió dejarlo pasar. Le avisó que iría a lavarse las manos primero y así fue. Estaba enjuagándose cuando vio a su madre en el reflejo del espejo, mirándolo con una expresión atenta. Si hubiese sido otra persona, tal vez se habría asustado, pero ya estaba acostumbrado. Supuso que solo estaba revisando que "lo estuviera haciendo bien", así que continuó como si nada.
Al terminar y secarse las manos, se dio cuenta de que ella seguía ahí, pero ahora lucía un poco desanimada. Esa mirada lo preocupó.
—¿Pasa algo?
—No estás cantando la canción.
—¿La canción? ¿De qué estás...? Ay, mamá, por favor. ¡Ya te he dicho como mil veces que estoy muy grande para eso!
Ella empezó a replicar, y en cuestión de segundos, ambos estaban de nuevo en otra discusión sin fin.
Pensándolo bien, Freddie no tenía derecho a pensar que la familia de Sam era extraña, cuando la suya tampoco era exactamente normal.
✧[ - Fin del capítulo -]✧
¡Hey! Hace tiempo que no pasaba por aquí, ¿verdad? Siento haberlos dejado esperando tanto, pero estuve muy ocupada con la universidad y el trabajo. Eso, más que el teclado de mi computadora, se averió en noviembre y tuve que ir escribiendo desde mi celular y la laptop de mi madre cuando ella no la estaba usando. Sin embargo, para su buena noticia, ya tengo mi laptop reparada y la mitad del siguiente capítulo escrito. De hecho, ese y este iban a ser uno solo, pero me di cuenta de que se estaba volviendo demasiado largo, así que decidí dividirlo. No les diré que llegará pronto, pero haré lo posible para que la espera sea corta.
Tengo que admitir que fue bastante divertido escribir este capítulo, aunque un poquito complicado, porque soy muy detallista al escribir y no me gusta dejar las cosas a medias. Súmenle a eso que tengo que traducirlo al inglés, y a veces me pasa que veo algo en inglés y termino cambiando el texto en español. Así que duré un par de semanas en esto, pero quedé muy satisfecha con el resultado final. Espero que ustedes también.
Creo que lo que más me gustó escribir (como casi siempre) fueron las interacciones de Sam y Freddie. Poco a poco empiezan a abrirse más con el otro, quizás un poco más de lo que ellos esperaban. Porque, como pueden ver, Sam y Freddie no están haciendo un muy buen trabajo ocultando su secreto. ¿Qué tipo de cosas creen que puedan pasar según lo que han leído?
¡Por cierto! ¿Se esperaban la aparición de Melanie? Ella es el personaje especial que mencioné antes.
¡Yo sí lo esperaba! Tengo el borrador de este capítulo desde mayo, si no me equivoco, y estaba muy emocionada por incluirla. Eso sí, espero haber escrito bien su personaje. Reconozco que quizás la hice un poquito más alegre de lo esperado, pero pensé que sería divertido cambiar un poco su personalidad para crear un contraste entre ella y Sam.
En cuanto al baile, no se preocupen: en el próximo capítulo veremos cómo se desarrollará el evento en sí, así como los atuendos que usarán Sam y Freddie, entre otros detalles. Me gustaría saber qué suposiciones tienen sobre el color elegido.
Por otro lado, vi que nadie adivinó a qué personaje de anime hice referencia al final del capítulo anterior. ¡Este es Ryoga, de Ranma ½! No sé por qué lo añadí, pero me pareció divertido hacer un cameo.
También quiero agradecer a todos los que han comentado sobre esta historia. No saben lo sorprendida que me quedaba a veces cuando estaba estudiando o trabajando y me llegaba una notificación al correo. Si quieren, luego podría recomendarles algunos fanfics seddie que me han gustado mucho.
Dato curioso: En un principio, el capítulo iba a llamarse "iGo shopping", pero luego lo cambié a "iThink she knows", porque me pareció más divertido.
Dato curioso dos: Si bien tengo una trama específica para terminar el fanfic, pienso escribir capítulos extra con episodios de la serie. Creo que sería lindo, ya que así podemos ver cómo progresaría la relación de Sam y Freddie con el tiempo. No prometo nada de la temporada seis, porque, honestamente, no me he animado a ver más episodios después de iLove you. Siento que hubo un potencial que desperdiciaron al no seguir desarrollando la relación de Sam y Freddie para solo irse por el camino fácil.
De hecho, si leen bien entre líneas, notarán que he tratado de cubrir de a poco los problemas y cosas que los hacían a ambos "tan diferentes", como para romper. Es decir, si terminaran por las discusiones, estaría bien, pero creo que el que sean tan diferentes es el encanto del seddie.
Pero en fin, siento que me pasé un poco con esta nota tan larga, ¿no? ¡Mejor volvamos al tema de los capítulos extra! Díganme, ¿qué capítulos ustedes creen que adaptaré? Les daré una pista: vean en la lista de Wikipedia después de 'Yo fui una chica de concurso de belleza'. Me gustaría ver sus suposiciones de cuáles episodios seleccionaré y qué pasará en estos.
Nota: Me encanta cómo Sam piensa que ojalá Freddie y ella no lleguen al nivel de locura de esa pareja para luego empezar una guerra de helado AJAJJAJA
No sé ustedes, pero siendo iCarly, siento que podría pasar algo así.
Bueno, eso fue todo. Espero que hayan tenido una excelente Navidad y que puedan disfrutar aún más del Año Nuevo. ¡Bendiciones y espero que hayan tenido fiestas! ¡Nos leemos!
(づ๑•ᴗ•๑)づ
