Capítulo 4

ADVERTENCIA: Contenido explícito +18


A Lincoln le encantaba pasar el rato con Lana como lo haría cualquier chico con su novia. Con el paso de los días la culpa que sintió por haber tomado la virginidad de su joven hermana se fue apagando, incluso sintiendo la satisfacción de haber sido el primer hombre en la vida de esta, encontrando paz para sí ante lo que ahora finalmente podía ver como una dulce expresión de amor y cariño entre ambos. Lana facilitó mucho el que se sintiese mejor y dejase de martirizarse. Había temido que con el transcurrir del tiempo, ella tomara más consciencia sobre lo que hicieron llegando a arrepentirse, pero eso nunca sucedió.

En ese momento Lana escogía feliz las botanas en el mostrador de la dulcería del cine minutos antes de que la película comenzara. Lincoln le dio al encargado su orden mientras que su novia aún se decidía por lo suyo, cuando lo hizo, enseguida con la energía que siempre exhibía, riendo acompañó a su hermano a la sala tras que pagaran y tomaran sus cosas.

Todo iba bien, cuando de pronto Lincoln escuchó algunas risitas durante el camino a la sala de proyección mientras cargaba con todo. Algunas personas, principalmente mujeres, los miraron señalando lo adorable que se veía el "hermano o niñero de aquella jovencita" que sin pena complacía sus diversiones, en lugar de avergonzarse o impacientarse como lo haría cualquier otro joven de su edad. "Si supieran", pensó obligándose a sí mismo a no darle tanta importancia a eso, pues entonces la culpa y las dudas que tanto se había esforzado por evadir podrían regresar.

Lana se divirtió durante la película, chillando, riendo e incluso saltando en ciertas escenas. A su manera también Lincoln disfrutó mucho del filme, no es que le costara mucho trabajo hacerlo al tratarse de una película de sus géneros favoritos, ciencia ficción y aventuras. Otro punto a favor de su noviazgo era el que ambos compartieran gustos similares.

Comieron de prisa, por lo que a mitad de la película acabaron con todo lo que se compraron, entonces se pusieron más cómodos recostándose contra sus asientos para prestarle más atención al resto de la trama.

En una parte inesperadamente aterradora, Lana se pegó contra Lincoln sujetándolo por un brazo, entonces el chico pasó el mismo por el hombro contrario de Lana para dejar que se le acercara todavía más. Sin despegar la vista de la pantalla emocionada, ella abrazó su torso. Los ojos de Lincoln regresaron su atención a la parte en la que el grupo de héroes había acorralado finalmente a su adversario, cuando en el momento en que el monstruoso ser de manera inesperada le disparó al líder del grupo, Lincoln casi saltó de su asiento provocando algunas risas de las personas que notaron esto desde asientos atrás.

Su reacción la había provocado la mano de Lana cuando la bajó a su entrepierna cortándole la inmersión de la historia que estuvo disfrutando hasta ese momento.

Cuando comprendió lo que estaba ocurriendo, Lincoln con la mirada le llamó la atención murmurándole en voz baja un tanto molesto por su acción.

—¿Qué crees que estás haciendo?

La sonrisa de ella de manera maliciosa se ensanchó más al responderle.

—Divirtiéndome un poco. ¿No te gustaría pasarla mejor de lo que ya lo estamos haciendo?

El chico miró a su alrededor asustado. Era martes. Habían elegido ese día para salir juntos sospechando que por ser entre semana no habría mucha gente, por lo que podrían permitirse ciertas moderadas libertades sin sentir que sus movimientos eran vigilados por entrometidos y curiosos quienes podrían ocasionarles problemas. El plan parecía que podría tener éxito, en toda la sala del cine habría como menos de cuarenta personas, ninguna de ellas en la fila donde ambos se encontraban, quizá un par a dos filas atrás, pero no justo detrás de ellos, tampoco había nadie en toda la fila que tenían enfrente. Quizás nadie se enteraría de lo que podría ocurrir, aunque eso no tranquilizó al chico.

—¡Lana, detente! —le susurró lo más bajo que pudo— ¿Estás loca? ¡Vas a meternos en problemas!

La tomó por la mano desocupada para apartarla, y ella en respuesta convirtió su caricia en un fuerte agarre que lo hizo volver a saltar, está vez por el dolor. Cuando se relajó, la miró anonadado.

—¿Por qué hiciste eso?

—Porque me orillaste a hacerlo. Vamos, Linky. Admite que esto podría ser muy emocionante.

A pesar de lo que le hizo, de nuevo reanudó sus caricias disipando rápidamente el malestar que le provocó.

—No… no vuelvas a apretarme así. No sabes lo mucho que eso me dolió.

Lana puso cara compungida.

—Lo lamento. De verdad no quería lastimarte.

—Pues lo hiciste —dado que Lana continuaba acariciando su paquete por encima de la ropa, el chico volvió a mirar a su alrededor—. Necesitaré algo más que una sobada para reponerme.

Lana pareció recobrar de pronto su buen ánimo.

—¿Quieres que te dé un besito?

Lincoln suspiró y se inclinó hacia ella esperando que nadie se diera cuenta de lo que hacía. Sus labios se encontraron perdiendo para esos momentos ya la atención sobre la ruidosa película. Con habilidad, Lana le había abierto la cremallera, y no fue sino hasta que Lincoln sintió las manitas de ella sobre su miembro desnudo que se percató de lo que acababa de hacer.

—¡Oye! ¡Pero qué…!

Lana se inclinó de golpe y Lincoln dejó escapar una exclamación paralizado ante la impresión que su hermana le causó al llevarse a la boca su miembro. No es sólo que lo hubiese ingresado y ya, sino que dentro de la misma con la lengua le estaba dando un placentero masaje sobre el glande que compensaba y de sobra la acción anterior. Lincoln sabía que debía detenerla, incluso si nadie llegaba a descubrirlos, eso estaba muy mal a muchos niveles, pero… la húmeda y suave sensación que le estaba produciendo era algo maravilloso por lo que no tuvo ánimos de hacerlo, dejándose perder por los chispazos eléctricos que comenzaron a recorrer por todo su cuerpo y comenzaban justo en su pene a quien Lana le estaba dando toda su atención y cariño.

Un acomodador se paseó haciendo su ronda por el pasillo llevando su linterna de bajo voltaje. Lincoln, asustado puso su mano sobre la cabeza de Lana, listo para enderezarla tomándola por el cabello si era preciso, pero el acomodador los pasó de largo sin darse cuenta de nada sobre lo que estaba ocurriendo en esos dos asientos tanto de ida como de regreso. Entonces, cuando Lincoln sintió que estaba por terminar debido a la excitación por la inesperada acción de Lana, combinada curiosamente por la emoción de ser descubiertos, ahora por el contrario, con la misma mano empujó más la cabeza de Lana contra su masculinidad hasta que ella sintió la misma contra su garganta. Lincoln comprendió por la forma en que ella tensó su cabeza y su lengua alrededor de su pene, que se vio sorprendida tanto por eso como por la descarga que le arrojó a continuación.

Una vez que soltó su cabeza sintiéndose relajado y soñoliento, ella a prisa se retiró de él irguiéndose y haciendo arcadas, entonces rápidamente tomó el vaso con el refresco que ya se había acabado instantes atrás, al que le quitó la tapa con la pajilla para regurgitar dentro de este. Lincoln dejó pasar unos segundos antes de guardar su miembro y cerrarse la cremallera, mirando una vez más nervioso a su alrededor con el corazón a mil. Pese a la descarga y su reacción posterior de complacencia, no iba a bajar la guardia. Lana había hecho un buen trabajo no dejando rastros incriminadores visibles.

—Lana… gracias por eso, pero lo que hiciste estuvo mal. Pudieron habernos descubierto.

Ella no le contestó. Apoyó en el suelo el vaso, luego inclinó la cabeza mirando al lado contrario de Lincoln, como… avergonzada o dolida, lo que preocupó a su novio, recordando haber escuchado a Stella en la escuela junto a sus amigos contarles sobre una chica a la que algunas otras chicas molestaron hasta hacerla sentir mal, esto cuando se supo que le hizo a su novio algo parecido a lo que acababa de hacerle Lana, describiendoles asqueada, pero con malsana fascinación, su aspecto cuando el chico terminó en su rostro según se rumoraba.

—¿Lana? Oye… no. No quería decir que fuera algo malo. Entiendo que buscabas hacer algo emocionante, pero… de verdad me gustó. Para mí sigues valiendo mucho. No pienses que por esto voy a pensar…

De pronto ella se volvió repentinamente hacia él plantándole un beso abrazador justo en la boca, casi a punto de ahogarlo por haberle soplado dentro de la misma inflando sus mejillas. Inevitablemente Lincoln la apartó con un empujón mientras que esta comenzaba a reírse escandalosamente, ganando que más de un espectador molesto le pidiera que se callara. Su novio tomó el vaso de su refresco para imitar lo que ella había hecho, aunque en su caso llevaba su bebida a la mitad, misma que echó a perder cuando al toser escupió dentro de esta parte de su propio semen, el cual Lana le había soltado adentro.

—¡Que asco!

—No seas exagerado —le dijo consiguiendo calmarse limpiándose algunas lágrimas que era difícil saber si las soltó por la risa, o por contener lo que había realizado—. Además, si no te gustó lo que hice, tal vez debiste pedirme o hacer que me detuviera cuando estabas por venirte, en lugar de obligarme a tragármelo, porque sí, me bebí una buena parte y a mí no me ves haciendo tanto escándalo.

Lincoln ya no estaba tan seguro de seguir reprochándole lo que hizo.

—Ah… está bien. Pero esta fue la última vez que haremos algo así en un lugar público. Esto no se repetirá de nuevo nunca más.

Lana se encogió de hombros y exclamó.

—Está bien. Nunca te la volveré a chupar de nuevo.

—¡No me refería a eso!

Tarde, Lincoln se dio cuenta que cayó en la trampa. Con sonrisa risueña, Lana se recargó contra su brazo abrazándolo.

—Descuida. Ya sé que te es imposible vivir sin mí.

Lincoln miró la pantalla sólo por hacerlo, había perdido por completo el hilo de la película. Él mismo reconoció lo desesperado que se escuchó ante la posibilidad de que su hermanita dejara de proporcionarle esa clase de placeres.

Lana era su hermana menor y por supuesto que la amaba desde el primer día en que la vio, ¿pero ahora? Por supuesto que seguía amándola, incluso todavía más ahora que también era su novia, por grotesco que sonase, pero… ¿tanto así la deseaba, aunque fuese aún una niña como para perder el autocontrol? Además, muy a su pesar ya había reflexionado que esto no tendría mucho futuro y llegaría el día en el que Lana cobraría más consciencia de lo que estaban haciendo, y entonces ella querría dejarlo para seguir adelante, quizá llegando a conocer a alguien con quien de verdad pudiera estar sin tener que ocultarse de nadie, tal vez casarse y tener su propia familia. Lincoln se había comprometido a sí mismo que por mucho que doliera, cuando llegara ese día, él la dejaría partir, pero hasta entonces no sería él quien le pidiese la ruptura, con tal de aprovechar todo el tiempo que pudiese tenerla a su lado… ¿pero eso no significaba entonces que estaba aprovechándose de ella? ¿Así era la clase de amor que le tenía? Aunque repugnado por sí mismo, no se veía capaz de terminar la relación por iniciativa propia.

Cuando la película concluyó y las luces se encendieron, ambos se retiraron llevando los empaques semi vacíos de sus golosinas. Con cierto asco y mucha más vergüenza, Lincoln tiró los vasos de refresco preguntándose si los empleados sacarían la basura así sin más, o si llegarían a darse cuenta de lo que había dentro de los envases, sacando incómodas conjeturas al respecto.


Sentado en una banca en el parque mirando a Lana revisarle una patita herida a un perro que solía deambular por ahí buscando comida, Lincoln todavía no podía quitarse de la cabeza lo ocurrido en el cine. Aunque es verdad que aquello había resultado tan emocionante como excitante, igualmente se encontraba molesto con Lana por haberse atrevido a tanto.

—Listo, Trotamundos —tras terminar de aplicarle una medicina, le dio unas pocas croquetas que solía cargar siempre en una bolsita—. Verás que la irritación desaparecerá pronto y ya no vas a cojear tanto.

Agradecido, el perro afectuosamente le lamió repetidas veces la mejilla izquierda haciéndola reír. Lincoln se hizo una nota mental de esto para no besar a Lana en ese sitio.

Una vez que el animalito se marchó, ella regresó con su novio satisfecha por su acción.

—Gracias por tu paciencia. Espero que no te hayas aburrido.

—Descuida. De hecho, me gusta mucho verte a ayudar a los animales. Tienes un gran corazón.

Conmovida, pegó su mejilla contra la de él de manera cariñosa, justamente la que Lincoln habría preferido evitar. Estuvo seguro de sentirla húmeda todavía.

—Eso es muy adorable de tu parte, Linky.

—Sólo digo la verdad. Creo que a futuro podrías convertirte en la mejor veterinaria del mundo.

Ella se sintió muy complacida por su halago.

—La mejor veterinaria del mundo, la mejor mecánica y también la mejor corredora de automóviles de carreras.

Lincoln se tentó a preguntarle dónde quedaba él en esa vida de éxitos, consiguiendo morderse la lengua a tiempo. No debía olvidar que su novia y hermana era muy joven aún como para agobiarla con esa clase de cuestiones.

—Sí. Serás toda una prodigio.

Lana lo miró insegura.

—¿Qué es lo que te ocurre? Desde hace rato que te noto diferente, como enojado.

—Descuida. No me pasa nada.

—Eso no es cierto, Linky. Vamos, soy tu novia y sabes que puedes contar conmigo. Dime, ¿qué te sucede?

Bueno, esta era su oportunidad para llamarle la atención por el problema más inmediato y que sin duda haría mal de su parte si sólo lo dejaba pasar.

—Lana, lo que hiciste en el cine no estuvo bien.

Ella se mostró fastidiada y arrepentida por haberle insistido a hablar.

—¿De nuevo con eso? Vamos. Nadie nos descubrió y no es que te quejaras mientras lo hacíamos. Muy mal no creo que lo hayas pasado si terminaste como lo hiciste.

—Quizás la próxima vez no tengamos tanta suerte. Y sí, es cierto, reconozco que también hice mal por no intentar detenerte y dejarme llevar.

—Como sea. ¡Sólo olvídalo y ya! —la que ahora estaba molesta era ella—. De todas formas ya te había dicho que no lo haría de nuevo. ¡Cielos!

En serio que deseaba sólo olvidarse del tema, pero dado que en primer lugar fue ella quien lo incitó a hablar, Lincoln continuó.

—¿Puedo saber qué pasaba por tu cabeza cuando creíste que sería buena idea hacer algo así?

Lana chistó cansada de que algo que encontró muy divertido y emocionante, Lincoln no pudiera comprenderlo y actuara como si hubiese cometido un horrible crimen.

—Sólo quería mantener la llama entre ambos. Ya sabes, hacer algo inesperado y divertido.

Lincoln no terminaba de entenderlo aún. Se suponía que Lana era una niña. Alguien a esa edad debería pensar que la mejor forma de hacer algo emocionante con su novio sería colarse en el cine, o en alguna atracción sin pagar, faltar a la escuela, quizás ir a Lactolandia y subirse a la montaña rusa, ¡Cualquier otra travesura que no fuera hacerle sexo oral a su novio en un lugar público!

—Específicamente, ¿cómo es que se te ocurrió que la mejor forma para hacer eso era…? pues… ¡hacer lo que hiciste!

—De internet.

Lincoln se enfadó todavía más.

—Sí, ya puedo imaginarme la clase de sitios que visitaste. ¡No deberías de ver esas cosas tan inapropiadas para tu edad, Lana!

—¿Y lo que hicimos hace unas semanas sí pensaste que era apropiado para mi edad, entonces?

Tuvo que reconocer que ese era un muy buen y doloroso contrargumento.

—Eso… eso… ¡Eso fue distinto! Además, fuiste tú la que quiso que yo te hiciera… eso.

—Sí, es verdad. Pero tú aceptaste a que lo hiciéramos. ¿Por qué eso ocurrió si según tú aún soy muy chica para esas cosas?

Lincoln dudó en qué responderle antes de bajar los brazos y rendirse.

—Porque yo también quería que lo hiciéramos.

Se le veía tan mal con la culpa reflejada en la cara, que Lana de forma compasiva regresó a su lado para frotarle la espalda con cariño.

—Vamos. No te sientas así. Entiendo lo que quieres decirme, pero lo que estoy intentando decirte yo a ti es que no deberías de tomártelo tan a pecho. Somos novios y aunque no lo creas, sé todo lo que eso implica. Eres tú el que parece tener problemas para ver el panorama completo.

—¿Y ese cuál sería?

—Que como novios podemos permitirnos "divertirnos" de un modo especial. Yo sé lo que quiero, y para que lo supieras te lo demostré esa vez, como también en el cine. Dime, ¿qué te gustaría a ti que hiciéramos?

Lincoln se encogió de hombros apenas pensando en su respuesta.

—Supongo que si tienes espacio todavía, una hamburguesa del eructo con una malteada tal vez estaría bien.

—Suena genial, pero a eso podemos ir en cualquier momento. Me refería a algo más… "íntimo".

El chico la miró boquiabierto. Lana agregó:

—Y por íntimo, me refiero a sexo.

—Sí, te entendí.

Lo que no entendía era cómo Lana siendo tan joven podía ser tan desinhibida en ese aspecto, mucho más que él incluso. Lo miró expectante, claramente esperando a que le diese una respuesta. Lincoln lo meditó un poco sintiéndose un tanto incómodo e inseguro.

—Supongo que… bueno… me gustaría besarte de nuevo en… los labios.

—¿Eso es para ti algo atrevido?

—Me refiero a tus "otros" labios, los de… abajo.

La sonrisa de Lana se ensanchó. Miró a su alrededor hasta dar con unos arbustos. Apenas tomó la mano de su hermano con la intención de guiarlo hacia allá, cuando él la detuvo poniéndose firme.

—¡Espera! Creo que ya tentamos demasiado a la suerte por el día de hoy. Preferiría que lo hiciéramos en casa, en mi habitación, preferentemente de noche, siendo lo más silenciosos posibles. ¿Está bien?

—No suena tan divertido como lo que yo tenía en mente, pero está bien. Dije que haría o te dejaría hacer lo que quisieras y supongo que eso incluye también el dónde hacerlo. Entonces, ¿igual iremos por esas hamburguesas?


El resto de su cita transcurrió de forma más casual y tranquila, siendo en esta ocasión más discretos en la misma. Unas compañeras de Lana la saludaron al encontrársela en la calle, para enseguida cuchichear entre ellas acerca de Lincoln, lo que lo puso muy nervioso.

—Creo… creo que esas niñas están hablando de mí.

—Nada malo. Descuida.

—Lana. ¿Acaso… les contaste a tus amigas que tú y yo…?

—¡No me creas tan tonta! No se lo he dicho a nadie. Nadie sabe nada. Bueno, excepto Lola y estoy segura que no nos ha delatado.

—¿Entonces ellas…?

—Tienen doce y tú tienes diecisiete y eres muy guapo. ¿Qué es lo que no entiendes? Incluso las amigas de Lola han actuado igual en más de una ocasión cuando has estado cerca de ellas en alguno de esos eventos de belleza y modelaje a los que asisten. ¿No lo habías notado?

Lincoln sonrió de manera boba. No es que quisiera darle mucha importancia al hecho de enterarse que era popular entre las compañeras de las gemelas. Aunque mentiría al decir que eso no le inflaba el ego. De todas maneras, sólo era eso. Nunca se atrevería a intentar nada con niñas tan pequeñas como…

Lana.

Su novia.

Su hermana.

—Entiendo —y cómo le costaba tener que reconocerlo—. Bueno, que de cualquier forma ya te tengo a ti, por lo que no podría hacerles ningún caso.

—Ya sé que me eres fiel.

Ella afectuosa lo tomó por el brazo y se recargó en él, aunque por un breve instante hizo una expresión a que parecía querer agregar "Que si no lo haces…". Tomando en cuenta sus habilidades mecánicas y a eso agregar el acceso que tenía a casi todo tipo de herramientas, hizo suponer al chico que no la pasaría muy bien si intentara verle la cara alguna vez.

—Pero dime, ¿no hay alguna chica en tu escuela que te interese tanto como yo?

La pregunta lo sorprendió tanto que se la regresó sin pensar.

—Mejor tú respóndeme eso. ¿Hay algún chico con el que te gustaría salir si no fuera porque ya lo haces conmigo?

—¡Por supuesto que no! En mi salón todo lo que hay es un montón de niños que se creen grandes, pero que actúan como si estuvieran en cuarto o quinto grado todavía. Nada que ver con un chico ya maduro y listo como tú —hasta el mismo Lincoln debatió la percepción con la que su hermana lo miraba—. Ya tienes mi respuesta, ahora dame la tuya. ¿Alguna chica por ahí que consideras mejor que yo por ser mayor y no una… niña?

Lana parecía genuinamente más preocupada por ello de lo que aparentó estar él. Lincoln podría darle una lista en la que fácilmente figurarían por lo menos doce chicas, pero por supuesto no lo admitiría.

—Tengo mucha presión en la escuela con los estudios, por lo que no tengo tiempo de pensar o fijarme en otras cosas. Muy a penas y lo tengo para mis amigos, por lo que no. Tú eres la única chica que necesito en mi vida, Lanita.

Si no fuese por la prudencia que debían de tener en lugares públicos, gustosa Lana besaría a su hermano justo en los labios en ese momento, sin embargo se conformó alegre con tomarlo de la mano y dirigirse con él a casa.


La única persona que estaba en casa en ese momento, días después de la última cita que Lincoln y Lana tuvieron, era Lisa. Junto a su robot Todd se había encerrado en su búnker para trabajar en el diseño de un mejor cuerpo para su amigo, a petición del robot que no paraba de quejarse sobre lo limitado que se sentía y lucía en comparación a otras unidades funcionales que había visto en internet.

Confiados en que tendrían privacidad para sí mismos, la pareja de hermanos se encontraba en la habitación de Lincoln, inicialmente haciendo algo tan inocente como lo era ver videos graciosos en el celular del chico, para continuar con una agradable y placentera sesión de besos. Lincoln estrechaba contra sí a Lana frotando su espalda con cariño, algo que a su hermana le resultaba agradable y comenzaba a excitarla, por lo que ella hizo lo propio acariciando con ambas manos y con fuerza el trasero de su novio.

—Creo que estaremos solos por un largo tiempo, Linky.

Dejó escapar aquello tanteando el terreno, pues no deseaba presionar mucho a su novio conociendo lo sensible que era ante ciertos temas para los que a veces pensaba él no estaba aún preparado, a diferencia de ella. Lincoln comprendiendo a qué se refería, se separó de ella mordiéndose los labios, pero sin soltarla. La jovencita se mantuvo expectante.

—Está bien —asintió levantándose para cerrar con seguro su puerta—. Hay algo que me gustaría que hiciéramos en particular.

—Déjame adivinar. ¿Quieres de nuevo besar apasionadamente mis "labios"?

Y todo se lo preguntó con una sonrisa al mismo tiempo que comenzaba a desabrocharse los botones de su overol. El muchacho tragó saliva, todavía un tanto desconcertado por la manera en que su hermana aceptaba todo eso con mucha naturalidad y con especial entusiasmo.

—Bueno… sí, eso también.

A Lana nunca dejaba de enternecerle la manera en que el Lincoln se sonrojaba cuando trataba de contenerse el decirle algo que todavía consideraba inapropiado entre ambos.

—¿Y qué más? Deja de ser tan tímido y dímelo.

Lincoln se frotó las manos a los costados contra su pantalón mientras que se mordía los labios indeciso.

—Bueno… por supuesto que respetaré que me digas que no, claro —se explicó hablando con cierta lentitud—. No es algo que me muera por probar, que puedo vivir sin eso, así que no quiero que te sientas de ningún modo presionada a complacerme, y si esto te hace sentir incómoda, con toda la libertad que tienes puedes decirme que…

¡Lincoln! —un tanto impaciente ella lo calló—. ¿Podrías ya decirme qué es lo que quieres sin darle tantas vueltas al asunto?

Tomando el último trago de la saliva que se le había acumulado en la boca, el chico se lo soltó.

—Quiero hacerte el amor.

Lana chistó como si lo que acabara de escuchar hubiese sido muy gracioso.

—¿Tanto te liaste para pedirme solamente eso? No es como si fuera la primera vez que lo hagamos, o la segunda para que te comportes de esa manera.

Sin perder su nerviosismo, él terminó lo que trataba de decirle.

—Quiero hacerte el amor… por atrás.

Lana lo miró durante casi medio minuto tratando de descifrar lo que eso significaba.

—¿Quieres que lo hagamos de a perrito? Tampoco eso es algo nuevo, a no ser que quieras usar mi…

Los ojos de la adolescente se abrieron cuando finalmente comprendió a lo que él se refería.

"Por atrás".

Lo contrario a usar el acceso delantero.

—¿Es en serio?

La pregunta que le hizo con gran sorpresa, lo asustó malinterpretando su reacción.

—¡Sólo era una sugerencia! ¡No tienes que tomarla en serio! ¿Sabes qué? Mejor olvida lo que dije y…

—¡Lincoln, cálmate!

La joven se acercó y lo tomó por las muñecas al notar cómo comenzaba a alterarse mucho, rompiendo el hasta entonces agradable ambiente.

—Ah… Lana… ¡Perdón! No quise…

—¡Cálmate! —Le pidió poniendo énfasis en cada sílaba de la palabra—. No estoy molesta, así que deja de actuar como si hubieras hecho algo malo porque no lo has hecho… aún.

De nuevo el chico estuvo por alterarse.

—¡Ah…!

—¡Tranquilo! Estaba jugando. Bueno, no del todo. De verdad no me molesta que me hayas pedido eso, sólo me sorprendió el que te animaras a hacerlo, pero a bien. Con lo mojigato que a veces actúas, no me esperaba algo así viniendo de ti.

Ahora el chico no estaba seguro si debía sentirse aliviado o sólo ofendido. Aunque reconocía en efecto que Lana tenía un punto, y que constantemente iba de puntillas a su alrededor como si temiera romperla, cuando sin problemas ella constantemente era brusca con él.

Lana inspiró hondo y lo miró relajada.

—Entonces… ¿quieres probar mi puerta trasera?

—Pues… sólo si tú me dejas hacerlo, claro.

En menos de un minuto ella terminó de considerar la propuesta.

—Está bien. Podría ser divertido.

Dado que los tirantes del overol ya se los había desabrochado, sin dificultades deslizó la prenda por su cuerpo cayendo hasta sus piernas, quedando sólo con una camiseta verde, zapatos y unas panties blancas con un perrito estampado por atrás. "Panties de niña", pensó Lincoln al inicio con una mezcla de ternura y gracia, que al instante se convirtió en culpa.

Tras quitarse los zapatos y de una patada retirarse el resto de la prenda, Lana se dirigió a la cama para acostarse.

—Cuando quieras, Linky. Estoy lista.

—¡Espera!

Lincoln dudaba que realmente Lana estuviese tomando verdadera conciencia sobre lo que estaban por hacer, así que tomó la responsabilidad de prepararla en serio para el evento.

Se dio la vuelta y bajo la atenta mirada de su hermana, de un cajón sacó un tubo que ella reconoció de la segunda vez que tuvieron relaciones. Tras lo accidentado que fue la primera, Lincoln consiguió aquello para facilitar las posteriores, lo que Lana agradeció al sentir que esa sustancia, tan resbaladiza como el aceite, había vuelto las experiencias mucho más placenteras.

—Creí que eso sólo se usaba para el frente.

—Hay lubricantes como este que pueden usarse para ambos accesos.

Ella se rió.

—¿Significa que cuando lo compraste ya tenías en mente usar mi cloaca?

—Por favor, no la llames así —aunque el nombre era legítimo, de cualquier manera le parecía repugnante— y… consideré la posibilidad de que esto tal vez ocurriera.

Se dio la vuelta y la encontró sentada en la cama todavía usando su camisa y con la ropa interior puesta. Por un momento había creído que la vería en cuatro, con su retaguardia apuntando hacia él. Lana lucía ansiosa, lo que le hizo suponer que no estaba tan predispuesta a su capricho como se imaginó. Lo mejor sería ir al ritmo de ella.

—Entonces, Lana… ¿cómo quieres que empiece?

—Tal vez podrías hacerlo preguntándome qué es lo que quiero a cambio.

Esto lo desconcertó.

—¿Lo que quieres a cambio?

—Pues sí. No esperabas realmente que te iba a dejar sodomizarme por nada, ¿o sí?

La palabra, aunque correcta como término para lo que pretendía, no dejó de causarle cierta incomodidad al chico.

—Creí que te dejarías por el gran amor que me tienes, tan grande como el que yo te tengo, Lanita hermosa.

—Sí, en parte también por eso te dejaré hacerlo.

Lana no se dejaría impresionar por palabras bonitas, aunque igualmente las apreciaría.

—Está bien —Lincoln asintió—. ¿Qué quieres que te dé a cambio?

—No se trata de lo que puedas darme, sino lo que quiero que me dejes hacerte.

—¿Y eso sería?

Lana se quedó muda. Aunque sabía muy bien lo que deseaba pedirle, parecía costarle trabajo encontrar las palabras para expresarlo.

—¿No prefieres que te sorprenda?

En realidad, Lincoln no quería que lo hiciera. Ya había experimentado diversas clases de sorpresas por parte de Lana, y si bien eran placenteras, solían ocasionarle una impresión inicial bastante aterradora. Sin embargo, en ese momento se encontraban dentro de su habitación, encerrados en una casa en la que por ahora no había nadie, salvo por una muy ocupada Lisa afuera más de un metro bajo tierra dentro de su búnker. Sea lo que quisiera Lana, supuso que el ambiente lo tendría más que controlado.

—Está bien, linda —le sonrió con sincero entusiasmo—. ¡Sorpréndeme!

—Entonces primero date la vuelta y tápate los ojos con ambas manos.

El chico esperó a que se tratara de algo muy bueno, por lo que obedeció volteando hacia la puerta, la cual una vez más se aseguró visualmente que tuviera el seguro puesto, entonces con ambas manos se tapó los ojos, imaginándose que cuando Lana le dijese que ya podía ver, al volverse la encontraría completamente desnuda en su cama, pidiéndole que la tomara salvaje y apasionadamente, lo que ya podía hacer sin reparos, pues con el pasar del tiempo y tras algunos encuentros íntimos, a Lana ya no le dolía cuando tenían relaciones, por el contrario, ante el modo en que gemía y se aferraba a él, se notaba que las disfrutaba bastante.

Pero Lana no le decía nada. Sintió cómo desde atrás con sus brazos ella le rodeó la cintura, hasta que sus manos se encontraron con la hebilla de su cinturón, el cual le desabrochó a la vez que intencionalmente presionó su miembro por encima de la ropa. Lincoln admitía que estaba disfrutando el misterio de las acciones de su hermana.

El pantalón terminó por deslizarse en sus piernas hasta caer sobre sus pies. Una vez más, Lana masajeó su virilidad por encima de la tela de su ropa interior, hasta que comenzó a bajarla poco a poco. Las manos de su novia esta vez lo tocaron de forma directa, con una acariciándole los testículos, mientras que con la otra comenzó a masturbarlo directamente consiguiendo en nada que volviera a tener una erección. Lincoln dejó escapar un gemido complacido por el trabajo que Lana le hacía.

La jovencita se acercó más a él y Lincoln sintió el torso desnudo de su hermana apoyándose contra su espalda, constatando que ya se había quitado la camisa. La sensación era maravillosa. Sintió los labios de Lana besarlo justo en medio de los omóplatos de su espalda que le quedaban a la altura, besando la parte de atrás de su cuello poniéndose de puntillas, luego besándolo de nuevo por el centro de su columna la cual fue recorriendo de arriba abajo, lo que provocó que Lincoln se riera, incluso cuando siguió bajando hasta llegar a su cadera, pero cortándole la risa cuando besó cada uno de sus glúteos, entonces… ¡El chico trató de zafarse de su agarre sin éxito, justamente en el instante cuando sintió a Lana apoyar toda su boca abierta por en medio de estos, dándole un buen lengüetazo a lo largo de la hendidura de su trasero!

—¡Pero qué estás haciendo, Lana!

Ella sacó su lengua de su trasero para poder contestarle divertida.

—Relájate, sólo estoy probando algo que leí por ahí.

—¡Alto! ¡Esto no está bien! —trató de hacerse a un lado, pero su hermanita lo tenía bien sujeto por las piernas—. ¡Ese sitio está sucio y es asqueroso!

—¡Vamos! Como si acabaras de conocerme y no supieras que todo eso me gusta mucho. Además, no tienes que despreciarte tanto a ti mismo. El trasero es sólo otra parte de nuestro cuerpo, y el tuyo es una parte que quería probar desde hace unos días, así que relájate un poco.

Lincoln dio un respingo cuando Lana volvió a enterrar su rostro justo en la línea de sus glúteos, separándolos un poco para llegar algo más profundo, lo que petrificó por la impresión al chico que dejó de resistirse y apoyó una mano sobre la pared más cercana para mantener el equilibrio, mismo que sentía perdía con cada repaso bucal de Lana en aquella zona.

Trató de recordar cuándo fue la última vez que había ido al baño y qué tan debidamente se había limpiado, no es que escuchara hacer gestos de asco a Lana, quien parecía genuinamente divertida con la labor que le estaba realizando sin quejarse.

Tenía que admitirlo. La sensación de la húmeda y suave lengua de Lana punteando justamente la entrada de su ano, le brindaba una sensación que le costaba trabajo reconocer como placentera, aunque de eso se trataba. Le provocaba unos espasmos no muy distintos a los que sentía cuando se masturbaba. Esperó que ese no fuera algún indicativo de que era gay, después de todo los hombres no le gustaban, sólo las chicas, en especial esa chica de trece años, su propia hermana menor, esa que con su lengua le estaba brindando una sensación maravillosa al estimularlo analmente con su boca y lengua. Se tapó la boca cuando gimió por la satisfacción que le estaba ocasionando y se preguntó si Lana sentiría lo mismo cuando fuera su turno.

El chico llevó una mano hacia atrás hasta sentir el cabello de Lana contra su palma. Era difícil acariciárselo en esa posición, pero lo intentó. Sin querer se lo jaló un poco al sentir que la punta de la pequeña lengua de su hermana adolescente ingresó poco más de lo debido en su ano recorriendo los bordes, así como parte de su interior. Cerró los dientes con fuerza ya no pudiendo negar el auténtico éxtasis que estaba experimentando por completo.

—Se… esto… ¡Esto se siente genial!

Tras varios minutos, Lana se apartó de él cayendo exhausta de espaldas hacia la cama, moviendo la mandíbula de un lado a otro como si quisiera acomodarla tras dislocársele.

—También fue divertido para mí. Tienes un sabor chistoso ahí, aunque es cansado hacer eso después de mucho rato.

Lincoln se dio la vuelta extrañando la sensación de tener a su hermana ahí pegada, sintiendo como la saliva de ella se le escurría por todo el centro del trasero, produciéndole la curiosa sensación a como si se tratara de un aceite, uno bastante resbaloso y muy útil para la estimulación.

Al mirarla, comprobó que Lana en efecto tal como la había sentido, ya no llevaba su camisa, sólo traía puesta su pantaleta verde limón. Desde la cama ella miró a su hermano divertida, con el dorso de la mano se limpió la boca, por lo que Lincoln la miró con reprobación. Indiferente a esto, de forma burlona Lana abrió los brazos como si buscara atrapar a Lincoln por si este de pronto se arrojaba hacia ella, proyectando al frente los labios de manera exagerada y musitando al mismo tiempo.

—¡Ven y dame un enorme beso!

—Ah… mejor no. Tal vez deberías ir a lavarte la boca. Sé dónde la tenías antes.

En respuesta, sólo le dio por rodar sobre la cama hasta quedar boca arriba mirándolo de cabeza.

—Tal vez no te importaría tanto si supieras qué me he llevado a la boca antes de las veces que nos hemos besado.

Lincoln recordó algunas de las sesiones de sexo oral que se habían proporcionado, en donde ella en muchas de esas ocasiones tras terminar había buscado sus labios, y él gustoso la aceptaba disfrutando el gusto de su hermana, tratando de hacer caso omiso al gusto de… sí mismo. No creía que fuese lo mismo, pues preferiría probar mil veces su propio semen, que su asquerosa…

—¡Ya deja de ser tan anticuado y vamos a divertirnos! ¿No dijiste que querías usar mi bizcochito?

Le dio la espalda poniéndose de rodillas, agitando su trasero frente a él. Lincoln sonrió, pues ciertamente quería probar ese dulce bizcochito, tan suave al tacto, ligeramente amplio, abultado, al que apreciaba con un enfoque diferente y mucho mejor a cuando tenía que mirarlo a regañadientes cuando tenía seis años, y estaba practicando con ella y Lola lo que le habían enseñado sobre cambiarles los pañales y…

¡No!

No debía de pensar en eso. En este momento debía enfocarse en Lana más como su novia que como su hermana.

Lincoln alzó sus piernas una a la vez para quitarse el pantalón con todo y su ropa interior, entonces se levantó sobre su torso la camisa para sacársela.

Respirando agitado se acercó a Lana. Puso sus manos sobre sus glúteos, los cuales disfrutó amasándolos por encima de la pantaleta. Lana se reía tanto por la acción, como por el cosquilleo que le estaba ocasionando. Entonces el chico tomó por los extremos el elástico de la prenda y se la bajó lentamente sin perder ningún detalle de su acto. Bajo las pompis de Lana se asomaba su pequeño conejito que pese a todas las veces que lo había tomado, no dejaba de extasiarle el contemplarlo.

Acercó su pene justo a la línea que separaba ambos glúteos… y sólo lo chocó contra ellos, por lo que con sus manos procedió a abrirlos para buscar un mejor acceso, teniendo así a la vista el diminuto agujero del ano de su hermanita. Tuvo serias dudas sobre poder ingresarlo. Lana sintiendo lo que le hacía, se volvió hacia él curiosa, teniendo dificultades para mirarlo.

—¿Sucede algo, Lincoln?

—No estoy seguro de que pueda metértelo.

—Presumido.

—No se trata de que lo tengo muy grande, más bien es que desde aquí veo tu… entrada… muy pequeña.

—En realidad se trata de una salida, y si es como se ve en las películas, supongo que sí puede caber, aunque con un poco de trabajo.

—Sabes, con todo y lo que hacemos, preferiría que ya no vieras ese tipo de películas.

—¡Mojigato! ¿Entonces ya no quieres metérmela?

—¡Por supuesto que sí! Sólo que… tal vez… Lana, ¿te sueles lavar bien por aquí cuando tú…? Pues… ya sabes.

—¡Claro que lo hago! Soy sucia, pero no tanto. ¿Por qué me preguntas eso?

Tras pensárselo sólo unos segundos más, sin responderle, Lincoln curioso por lo que experimentó instantes atrás, pegó su boca contra el trasero de Lana y con duda introdujo todo lo que pudo su lengua en el interior de su ano. La acción tomó desprevenida a la adolescente, por lo que, ante la inesperada invasión, se aferró con fuerza a la cama para no resbalar y caerse ante el cosquilleo que sintió y la hizo reírse nerviosa.

—¡Lincoln! ¿Pero que…? ¡Oye! Eso… eso se siente curioso. Me da cosquillas, pero… ¡me gusta! ¿Tú sentiste eso? —Algo hizo su hermano al pasarle la lengua que la hizo gemir—. ¡Uff! ¿Puedes repetir eso? Creí que te daría… ¡Ahh! asco o algo así.

Dado que él no le respondía a nada, Lana se calló y dejó a Lincoln hacer lo suyo, limitándose por su parte a disfrutar de la gloriosa sensación todo lo que durase. Sin duda su hermano aprendió durante la breve lección que le dio con el ejemplo a mover bastante bien la lengua, incluso mejor de lo que ella misma creyó haberlo hecho. La sensación del pequeño órgano le producía una serie de chispazos de corriente eléctrica placentera a todos los nervios de su cuerpo, además la sensación húmeda era bastante agradable.

Entonces Lincoln se detuvo y Lana apoyó ambas piernas sobre el suelo, dejando el resto de su cuerpo sobre la cama tratando de recuperarse del muy extasiante suceso, mismo que a futuro esperaba volver a repetir.

Su novio hizo algunas arcadas haciendo curiosas expresiones de asco que la hicieron sentir culpable cuando notó esto.

—Ah… supongo que mejor no te pregunto qué te pareció a ti.

Lincoln se agachó y se asomó bajo la cama, de donde sacó una botella con agua a la mitad, se apresuró a abrirla y beberse un buen trago, el cual retuvo en su boca enjuagándose con el mismo antes de tragarlo. Repitió el proceso varias veces hasta terminarse lo que quedaba del agua, haciendo gárgaras con el último sorbo.

—Creo… creo que no volveré a hacer algo así.

—¡Oh, vamos! Te prometo que para la próxima con anticipación me lavaré a conciencia y hasta me echaré ahí del perfume de Lola.

Sin decirle nada, Lincoln consideró todo esto para quizás a futuro volverlo a intentar si tanto le había gustado a su novia el acto, aunque tenía sus dudas sobre si el perfume de Lola produciría alguna mejora.

Suspirando, miró las lindas pompis de Lana y suavemente comenzó a acariciarlas de nuevo. Pese a todo seguía sintiéndose muy excitado. Su erección provocó que su pene diera un respingo, el cual pareció recordarle el por qué había hecho lo de hace un momento, siendo todo lo que necesitó para perder el asco y recuperar su motivación principal.

—¿Estás lista, Lanita? Voy a hacerlo.

—Ah… sí. Estoy lista.

Le respondió al no ocurrírsele decir nada en especial, habiendo olvidado momentáneamente lo que Lincoln pretendía. Todavía tenía la mente embobada por el buen repaso bucal que él le dio a su trasero.

Pese al sabor amargo, Lincoln tenía que admitir que la experiencia no fue tan desagradable como le dio a entender a Lana, comprendiendo incluso un poco el por qué ella quiso hacerle algo así a él, pero sin llegar a experimentar del todo lo que le hizo a ella, quizás porque su cuerpo era más grande y la lengua de su hermana más pequeña, contraria a la suya, que por su extensión pudo alcanzar un recoveco más profundo en el interior de Lana consiguiendo hacer que viera las estrellas.

Lincoln apoyó su erección de casi veinte centímetros justo en medio de aquellos glúteos empapados por su saliva que se resbalaba desde el interior, entonces poco a poco deslizó su cabeza entre los mismos, lo que hizo a Lana dar un respingo, pero no dijo nada, sintiendo curiosidad por lo que sucedería, comprendiendo ahora mejor el verdadero motivo por el que su hermano también le chupó el trasero, cuando y gracias a la saliva, sintió aquél pene ingresar con menor dificultad en su interior resbalándose poco a poco conforme entraba más y más.

Lana con fuerzas estrujó entre sus manos las cobijas de Lincoln tratando de soportar la intrusión que sentía. Extrañamente y contrario a lo que se venía imaginando que iba a suceder, tal vez por la saliva que usó como lubricante para facilitar el proceso, no le resultaba tan doloroso como su primera vez por la vía vaginal, misma por la que ya se había acostumbrado a tener sexo, pero de cualquier modo resentía bastante esta nueva vía de acceso, segura de estar sintiendo que por dentro su coxis se ensanchaba más, e incluso que el pene de su hermano topó con una pared que probablemente se trataba del tope puesto por uno de sus intestinos.

—¿Cómo te sientes? —Lincoln le preguntó preocupado al escucharla gemir—. ¿Quieres que me detenga?

—¡No! —Musitó sin abrir la boca y apretando con fuerza los dientes— ¡Continúa! De todas maneras, ya lo tienes casi todo adentro.

—Ah… en realidad todavía no he metido ni la mitad.

—¡No es cierto! ¡Estoy segura de que lo metiste ya casi todo!

—Pues… no. Tal vez deberíamos detenernos si te molesta tanto. Tampoco quiero lastimarte por…

Durante la distracción de su hermano mientras pensaba que se estaba extralimitando, con decisión y fuerza, Lana de golpe se echó para atrás consiguiendo tomar de las nalgas a su novio con sus manos tras proyectarlas detrás de ella todo lo que pudo. Todo sucedió en un instante, y en esta ocasión estaba segura de que algo dentro de ella se rompió con mayor brutalidad que su himen semanas atrás. El dolor que sintió fue algo que nunca había experimentado antes, la sensación fue mucho más incómoda que la ocasionada por el último supositorio que le pusieron siendo más pequeña cuando se enfermó del estómago, aunque algo parecida, pero en esta ocasión se trató de un supositorio mucho más largo, ancho y que le ardía como si estuviera al rojo vivo.

Lincoln tan pronto escuchó gritar a Lana por una fracción de segundo con todo lo que sus cuerdas vocales daban de sí, con una mano le cubrió la boca y ella se tentó a mordérsela para que la soltara. Con las manos de vuelta sobre la cama, arrepentida sólo quería desprenderse de él reconociendo que esa había sido la peor idea que se le hubiera ocurrido.

A pesar de la distancia, el señor Grouse en su casa escuchó el breve grito, pero no le dio mayor importancia al notar que este cesó muy pronto, además y para sorpresa de nadie, venía de sus vecinos los Loud, por lo que no había ninguna novedad en el horizonte.

Lisa incluso en su búnker, que según ella estaba insonorizado, algo escuchó, por lo que brevemente miró por las cámaras que estaban dentro de los pasillos de su casa para saber qué ocurría, pero desde los puntos donde las tenía instaladas, no alcanzó a distinguir nada fuera de lo común. Supuso que quizás una de sus dos hermanas mayores inmediatas se había atrapado un dedo martillando algo, por lo que regresó a sus estudios.

En la habitación de Lincoln, Lana temblaba y respirada agitadamente aún con su retaguardia empalada por su hermano, sintiendo que le quemaba las entrañas y la lastimaba a cada momento, jadeando y sin poder gritar por la manera en que Lincoln la retenía abrazándola con una mano y todavía intentando cubrirle la boca con la otra.

—¡Calma, Lana! Ya pasó lo peor. Ya pasó. ¿Está bien?

A causa de la posición en que se encontraban, Lincoln no se daba cuenta de las lágrimas que su hermanita estaba derramando, por lo que asumió que su comportamiento era parte de la excitación del momento en ella.

—Voy a comenzar a moverme poco a poco, ¿está bien?

Debido al dolor y al miedo, Lana pensó que con eso se refería a que se saldría de su interior para terminar con todo, y mantuvo esa idea al sentir que en efecto Lincoln comenzaba a sacar lentamente algunos milímetros de su pene, entonces él finalmente la soltó para sujetarla ahora por las caderas al sentir la dificultad al salir, pues al hacerse hacia atrás, se llevaba su cuerpo con el de él por la fuerte unión física en la que terminaron.

—Des… despacio, Linky. Ya casi sale. ¡Eso! Vas bien… Ya mero. Sólo es… ¡Aaah!

Tan pronto ella creyó que todo terminaría, de pronto Lincoln se le volvió a echar hacia adelante encima, enterrándole una vez más de forma brusca su miembro. Presintiendo que su hermana iba a gritar otra vez, de nuevo el chico le tapó la boca. Esperando sonar tranquilizador, se le acercó al oído para calmarla.

—Tranquila, calma. Voy a comenzar a moverme poco a poco. ¿Está bien?

Aunque deseaba negarse incluso moviendo la cabeza de lado a lado para hacerse entender, Lana se sorbió la nariz y no le contestó, dejando a su hermano con la decisión acerca de qué hacer a continuación confiando en él.

Lincoln lentamente comenzó a moverse de atrás hacia adelante, en muchas ocasiones llevándose consigo el pequeño cuerpo de Lana, rozándola un poco cuando entraba o salía de ella. Por cada acción la joven gemía de dolor, preguntándose en qué momento sentiría aquél placer que en las películas se veía las chicas tenían. Esto no le estaba gustando nada, y su paciencia por conseguir la sensación presuntamente agradable, se estaba agotando.

El dolor se intensificó cuando Lincoln comenzó a moverse con mayor rapidez y brusquedad, confiado en que su hermana se habría acostumbrado ya a él, del mismo modo que sucedió cuando la tomó por el modo común.

La estrechez alrededor de su pene le brindaba una gran satisfacción conforme se abría paso dentro de ella, importándole poco el que ahí estuviera sucio, ya tendría tiempo después para asearse. La lubricación húmeda que él le proporcionó en serio ayudaba bastante.

Una vez más sintió los chispazos de corriente placentera comenzar a recorrer todo su cuerpo a partir de su miembro. Lana gemía más fuerte, y él pensó que lo hacía por la excitación, y no porque él había aumentado el ritmo de sus embestidas sin ninguna contemplación por ella.

—¡Esto se siente increíble! —le decía con los ojos cerrados gritándole al oído perdido en su propio placer—. ¡Estoy por acabar!

La tenía bien sujeta de la boca, por lo que a Lana le resultó imposible mordérsela para liberarse. Las manos las mantenía apoyadas contra la cama para evitar resbalarse y caer ante los embates de su hermano mayor. No sólo era el dolor en su trasero lo que la estaba matando con aquél condenado mete y saque, del que temió por la presión ejercida que comparó con la de un destapa caños contra una obstrucción en una cañería, que Lincoln terminara por sacarle las tripas desde ahí, sino también su espalda que creyó estaba por partírsele a la mitad ante el peso de su novio sobre esta.

La mano de Lincoln resbaló y Lana gritó:

—¡Ya detente, te lo suplico!

Y pegándose brutalmente contra ella como si pretendiera empalarla en su totalidad presionando aquellas pompis contra su abdomen, Lincoln gimió perdido en el éxtasis, sintiendo una vez más sus testículos vaciarse, esta vez hasta la última gota que salió disparada contra "la cañería" de Lana y más allá, quizás inundando sus intestinos, o eso es lo que se imaginó, idea compartida por Lana al sentir la sustancia ardiendo en su interior como si se tratara de lava.

Las náuseas la invadieron. Por un instante temió que el semen hubiese alcanzado su estómago, por absurdo que fuese. Muda por la impresión, chistó cuando el flácido pene salió de su interior sin ningún inconveniente.

Lincoln se recostó a su lado y con un brazo la atrajo contra él rodeándola de nuevo por la espalda, con lo que al inicio le provocó un sobresalto. Por un instante ella temió que él desease comenzar un segundo encuentro.

—Fue… asombroso, Lana. ¿Qué te pareció a ti?

Y finalmente se dio cuenta de que su novia estaba sollozando, por lo que preocupado se incorporó lo suficiente para ver su cara descompuesta debido al miedo y el dolor que le provocó.

—¿Lana? ¡Ah! ¿Te hice daño?

Ella estaba temblando. Lincoln bajó la mirada y vio su lindo trasero, cuyos glúteos estaban bastante rojizos debido a la fuerza con que se los sujetó, encontrando además un hilillo de sangre escurriéndole por el centro. Entonces miró su miembro languidecido notándolo irritado, pero aunque le dolía un poco por la dificultad que experimentó al penetrar a Lana sintiendo que se lo estuvo aplastando, nada justificaba los rastros de sangre que tenía en este, sangre que claro, no era la suya. Había supuesto hasta ese momento que la humedad que estuvo sintiendo ahí se debía aún a su saliva.

—¡Dios mío, Lana! Yo… ah… ¡Dios mío!

Se levantó y a prisa se puso la ropa interior. Tomó el frasco con el lubricante y lo miró con duda antes de descartar la idea inicial que tuvo.

—Necesitas una pomada o… algo.

—¿Un… doctor, tal vez? —Susurró ella con recelo.

Lincoln tragó saliva. Sí. En efecto, un doctor sabría tratarla más apropiadamente… también por supuesto que debido a la edad de Lana y ante la posible sospecha de que ella hubiese sido abusada, lo que se podría suponer fácilmente al ver su estado, llamaría a las autoridades y ese sería el final para él de todo. Intuyendo la línea de pensamientos de su hermano, con dificultad Lana trató de erguirse y sentarse, sólo para sentir una muy aguda punzada de dolor que le hizo hacer una mueca muy evidente de su malestar.

—Tal vez… Lisa pueda ayudarme.

Lincoln no estaba muy seguro si aquella opción era menos peor que la del doctor.

—Pero… ¿qué le diremos?

—Tú no le dirás nada. Yo le diré… no lo sé. Algo se me ocurrirá, algo que no te involucre para que ni ella ni nadie te mate por esto. Pero primero ayúdame a levantarme. Apenas y puedo sentir las piernas.

Abrazándola por el torso, Lincoln la puso de pie. En efecto su hermanita parecía tener dificultades para moverse correctamente. Lana se sintió como una inútil. Con pesar miró su ropa tirada en el suelo.

—No voy a poder vestirme sola.

Lincoln no tuvo problemas en ayudarle a hacerlo, al mismo tiempo que sentía una carga de culpa sobre su consciencia muchísimo más pesada a la de cuando la desvirgó.


Lisa miraba a Lana con el ceño fruncido. Ciertamente no esperaba lo que le contó cuando le dio acceso a su búnker tras que le tocara repetidas veces en la puerta del mismo de forma desesperada buscando su ayuda. Algo nerviosa, Lana la miraba expectante.

—Entonces… ¿tienes algo que podría ayudarme?

—¿Para aliviar el dolor interno de tu trasero que te provocó la caída desde el tercer o cuarto escalón hasta el suelo en casa?

—Ajá.

—Sí, supongo que tengo los compuestos necesarios para preparar una medicina que te mitigue los daños externos que pudo producirte una caída como la que me describiste, es el asunto de la irritación interna en particular la que no me queda del todo claro cómo pudo producirse.

—Ah... pues... Si tú no puedes explicar cómo sucedió eso con lo lista que eres, pues no esperes entonces que yo sepa cómo ocurrió.

Por un momento y dada la expresión que Lisa puso de desconcierto, Lana pensó que con esto sería suficiente para complacerla, pero pronto su hermana genio de diez años recobró la seguridad que la caracterizaba y le espetó.

—No podré ayudarte si no estoy segura de qué fue lo que te ocurrió en realidad, además si te duele tanto, me sorprende que no hayas buscado a Lincoln primero para que te auxilie llevándote a un médico, por lo menos es lo que creo yo debería hacer ahora mismo.

—¡No! ¡Si vine contigo, es precisamente porque no quiero ir al doctor! ¿Es que no lo entiendes?

Las dos se miraron la una a la otra sin decir nada durante algunos segundos, como si debatieran en silencio, entonces Lisa cortó el momento acomodándose los anteojos.

—Lo que me han dado a entender perfectamente muchas veces, es que yo soy la última persona a la que acudirían por un problema médico, a no ser que se trate de algo cuya índole pudiese meterlos en dificultades con nuestras figuras parentales y fraternales mayores. Así que si sólo vas a hablar para insultar mi inteligencia, te sugiero que te acuestes en la camilla de observación que tengo al fondo y me permitas examinarte físicamente como corresponde, lo que por cierto me ayudaría bastante a recetarte un medicamento más apropiado dependiendo de lo que encuentre.

Lana comprendía que eso le sería más conveniente para buscar un modo de recuperarse, pero no estaba segura si Lisa a pesar de ser tan joven, descubriría el verdadero motivo de su aflicción. ¡Por supuesto que lo haría! Lo entendió tras pensarlo apenas unos segundos. Seguramente más allá de suposiciones, quizás encontraría en ella todavía rastros de... su hermano, y no dudaba que también averiguaría que le pertenecían a él.

—Sí... Eso no sucederá.

—¿Y eso por qué sería?

—Pues… tú sabes. Tengo pudor.

Lisa ladeó la cabeza incrédula.

—¿Desde cuándo?

—Desde… desde —vagamente las palabras de Lincoln aparecieron en su mente—. Desde que cumplí doce y… tu sabes. Adolescencia, recato y… cosas.

La niña suspiró y apoyó las manos detrás de ella contra su escritorio en el que se recargó llegando a una conclusión.

—Encontraste los… "juguetes" de Luna en el baúl del ático, ¿no es eso? Los encontraste y… se te pasó la mano con uno de ellos.

Lana no tenía la menor idea de a qué se refería su hermanita, pero supuso que si le daba por su lado, podría terminar con aquel interrogatorio y tal vez conseguir lo que necesitaba de ella.

—Pues… sí… fue eso. Se me pasó la mano con uno.

Tampoco entendía qué significaba eso. Era un sin sentido para ella. Ni que aquellos juguetes, fueran lo que fuesen, pensara Lisa que se los hubiera metido por el…

—Sabes, cosas como estas son las que me producen cierto temor de crecer —Lisa interrumpió sus pensamientos suspirando con pesar—. Me inquieta bastante la posibilidad de que en algún momento comience a actuar de forma extraña dentro de pocos años como todas ustedes lo hicieron, dándome por cometer actos tan cuestionables como lo que hiciste.

—Bueno… no estoy segura de qué decirte en este momento, Lisa. Te prometo que cuando te conviertas en una adolescente, contarás conmigo para ayudarte en lo que necesites.

Lisa no estaba segura acerca de cómo Lana podría ayudarle en algo que por su propia cuenta podría investigar para resolverlo, aunque tal vez en efecto necesitaría una mano en ciertas cuestiones incomprensibles carentes de sentido común que se le podrían presentar cuando menos se lo espere, como en las que Lana lamentablemente parecía tener ya mucha práctica.

—Sí, apreciaría el gesto. Ven, tengo algo que incluso podría servirte para restaurar tus cavidades anales en el caso que te hayas producido un desgarro accidental.

Algo sonrojada, Lana asintió prestando atención a las indicaciones que Lisa le daría sobre los medicamentos que le entregó, también en otros que le recetó para que por su cuenta se los comprara en una farmacia.


—Lo siento.

Para ese momento Lana ya había perdido la cuenta de las veces que Lincoln se había disculpado con ella a lo largo del día y parte de la noche.

—Olvídalo, Linky. Ya te dije que todo está bien.

Pero el muchacho seguía sin ser capaz de olvidar la expresión de pavor con que Lana lo miró cuando terminaron de tener relaciones en la tarde.

—No era mi intención hacerte daño.

—Lo sé. Supongo que sobre estimé mis límites, por lo que también parte de la culpa es mía por tentarte a que hicieras eso.

Lincoln la estrechó más contra sí.

—¿Lisa no sospechó nada?

—No lo creo. Ella cree que lo que me ocurrió me lo hice yo misma con… los viejos juguetes íntimos de Luna al no creerme lo de las escaleras.

Ella se sonrojó. Para esos momentos ya había entendido el significado de las suposiciones de su hermana, todo gracias a una rápida inspección que hizo al fondo de uno de los baúles más apartados de todo en el ático. Aunque aliviado, Lincoln se apenó con ella porque ahora una de sus hermanas por su culpa pensará que se trata de una especie de pervertida… al menos más de lo que en sí ya lo era.

—Te amo, Lana —le dio un beso en la frente—. No volveré a pedirte que hagamos algo así.

Ella no estaba segura si debería sentirse bien o mal a causa de con eso haber restringido a su hermano, siendo que era contrario a lo que hasta ayer deseaba. Por ahora no tenía ganas de pensar o cuestionar nada, tan sólo quería disfrutar de un momento de paz y tranquilidad en compañía de su novio.

—Y yo a ti, Linky —le respondió.

"Pese a que literalmente me rompiste el trasero". Pensó con cierto oscuro humor.

La medicina de Lisa había resultado verdaderamente efectiva. Aunque a Lana todavía le dolía la retaguardia, al menos ya no era tanto y se le seguía pasando, también ya le había dejado de sangrar y principalmente, de cojear al caminar, aunque todavía se andaba con mucho cuidado al sentarse para no lastimarse.