Capítulo 5
—¡Hora de comer, familia!
Tras el aviso del padre, las chicas junto a Lincoln dejaron lo que estaban haciendo para dirigirse al comedor. Lana, cojeando un poco al caminar, fue la última en llegar para con mucho cuidado tomar su asiento. Lola rodó los ojos negando con un gesto antes de concentrarse en su desayuno, no sin antes mirar con reproche a su hermano.
—¿Segura que no quieres ir con un doctor para que te revise, hija? —Todavía preocupada por ella, Rita le sugirió.
—No es necesario, mamá. Estaré bien. No sería la primera vez que me caigo de la bicicleta para después volverme a subir en ella.
—Pero creo que esta es la primera vez en que por más tiempo te ha durado el dolor de una caída.
—En serio, ya casi no me duele.
Lisa se acomodó los anteojos.
—Con gusto podría hacerte una revisión. Últimamente me he estado interesando en la medicina y con lo que he estudiado, creo que ya estoy más que calificada para realizarte un chequeo.
—Ah… gracias, pero no —más allá de que su hermana pudiese averiguar lo que realmente le sucedió, Lana temía que la dejase peor al tratar de curarla—. No necesito nada más que una aspirina antes de irme a dormir.
Lincoln miró a Lana de reojo antes de concentrarse de nuevo en su desayuno a pesar de haber perdido el apetito. Tres noches atrás había pasado uno de los mejores momentos de su vida, pero fue Lana quien pagó caro las consecuencias al cumplirle su capricho. De buena gana él mismo la llevaría con un doctor para que la examinara, si no fuera porque muy probablemente éste descubriría que lo que en realidad le causó aquel daño, no fue precisamente la caída de una bicicleta.
Su novia le sonrió y le mostró de un modo juguetón la lengua antes de comenzar a desayunar.
Lincoln con horror de pronto se dio cuenta que su madre estaba mirando de manera muy intensa a Lana, aunque esta no parecía percatarse de ello, entonces la atención de la mujer cambió hacia su hijo, quien estuvo a punto de voltear para evitarla, antes de caer en la cuenta que eso lo haría lucir sospechoso. Lincoln le sonrió mientras que internamente nervioso le suplicaba que dejara de mirarlo, imaginando que repentinamente su madre había adquirido la capacidad de leer la mente, y aunque su preocupada expresión no variaba, parecía que podía ver lo que ese mal hijo oportunista y degenerado le había hecho a una de sus princesas.
—Lincoln, cariño, ¿y a ti cómo te ha ido en la escuela?
—Ah… bien, mamá. Ya sabes. Mucha tarea, clases extracurriculares. El próximo mes irá a la escuela un asesor para hablarnos sobre las carreras que la universidad local ofrece, o de algunas otras opciones que podríamos considerar en las universidades cercanas al pueblo, o del estado en general.
Su padre asintió complacido.
—Me alegro por eso. Espero que consideres gastronomía si cambias de opinión con lo del diseño gráfico.
Lincoln no creía que eso ocurriera por mucho que su padre deseara tener a otro chef en la familia. Sin embargo, su madre mantuvo la misma expresión de hace unos momentos, como si en realidad no le hubiese prestado genuina atención.
—Y además de la escuela, ¿qué tal te ha ido con tus amigos… o tus amigas? Hace mucho que no nos hablas de alguna chica desde lo de Jordan.
En esta ocasión el resto de los integrantes de la familia también miraron a Lincoln intrigados al respecto, en especial Lana que lucía incluso molesta. Lincoln sonriendo de forma culpable negó con un gesto.
—Hmm… no, mamá. No he estado interesado de momento en eso. Tú sabes, tengo muchas cosas que hacer en la escuela.
—¿En serio? —Lucy musitó poniéndole más aderezo a su ensalada—. Entonces deberías de emplear más tu tiempo en eso en lugar de estar pegado de Lana todo el tiempo de un lado a otro.
Lincoln sin querer se pinchó por dentro la boca con el tenedor que estaba usando para comer. Su madre ladeó de un lado a otro la cabeza y está vez miró a Lana con severidad.
—Hija, deberías de permitirle su espacio a Lincoln. No es muy sano que estés tan apegada a él ya a tu edad.
—Tonterías, Rita —su esposo exclamó—. Por el contrario, deberíamos de sentirnos agradecidos porque Lincoln es un buen hijo que no tiene reparos en cuidar de su hermanita, ¿verdad, campeón?
—Sí, papá. No tengo ningún problema con eso.
El señor Loud no entendió por qué su esposa repentinamente parecía molesta con él.
—¿Qué pasa, cielo?
—Nada. —Resoplando le respondió cortante reanudando su desayuno.
Lincoln había subido a su habitación el viejo televisor en blanco y negro del ático para junto a Lana, que estaba recostada a su lado, mirar una película que habían encontrado en un canal de cine clásico. Cuando el filme terminó, la adolescente suspiró aliviada.
—Que bien que esos dos perritos y la gatita consiguieron regresar con sus dueños.
—Sí, es verdad —Lincoln se talló los ojos fingiendo que tenía sueño, todo con tal de que Lana no notase la manera en que había lagrimeado conmovido por la conclusión, aunque no pudo disimular cuando moqueó un poco—. Vaya que ya es tarde. ¿No quieres irte a dormir?
Ella se abrazó a su cuello.
—No quiero dejarte, Linky. Voy a quedarme a dormir contigo.
El peliblanco hizo una mueca.
—Me encantaría que lo hicieras, pero… no le hemos avisado con tiempo a Lola para que nos cubra. Además, en este momento no tengo condones. Nos acabamos el último paquete en la anterior ocasión.
Su hermana lo miró un tanto disgustada, por lo que se apresuró a añadir.
—Te prometo que mañana compraré más.
—No es eso, pervertido. Dije que quería quedarme a "dormir" contigo, no dije nada de tener sexo —su novio se sintió decepcionado y muy avergonzado a partes iguales, lo que a ella le causó gracia dadas las veces que Lincoln se hizo el difícil siendo ella quien tenía que motivarlo para que se "divirtieran"—. ¡Cielos! Me parece que he creado a un monstruo.
—¡Uno que va a comerte! —Le advirtió alzando las manos y haciendo una voz ronca.
Lana riéndose hizo como que quería escapar de su alcance, pero permitiéndole que la atrapara, la recostara en la cama quedando él encima de ella y entonces pegara su boca contra su estómago para soplárselo ocasionándole cosquillas, aunque parte de sus risas también se debieron a lo gracioso que le pareció el sonido de la trompetilla que le hizo.
—Y me comió —plácidamente relajada, Lana suspiró cuando se calmaron y Lincoln quedó recostado a su lado—. De niña siempre me gustaba cuando hacías eso. Bueno, en realidad sigo disfrutándolo.
La felicidad que en ese momento Lincoln sentía, flaqueó tras escucharla expresarse de esa manera. Recordó aquellas veces en que con nueve años jugaba así con su pequeña hermanita rubia de apenas cuatro años en la cama, cuando no había ninguna malicia entre ambos, en especial en ella. En ese entonces lo último que hubiese imaginado sería lo que el tiempo les depararía a los dos.
Aún recostada, Lana se arrastró hacia arriba para quedar a su altura y darle un breve beso en los labios, después y con voz sugerente, le susurró.
—Descuida. No te voy a dejar con las ganas. Podemos hacer "algo" antes de dormir.
Lincoln estaba por recordarle la falta de preservativos, cuando ella comenzó a besar su cuello y poco a poco fue bajando a la vez que le levantaba la camisa para continuar los besos en su abdomen. Con facilidad, lo siguiente que le bajó fue el pantalón de su pijama y el muchacho exclamó un suspiro de satisfacción por lo que ahora Lana le hacía, algo más que sólo besos. Cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación húmeda, suave y placentera de esa pequeña boquita cálida, y de aquella lengua juguetona alrededor de su…
—Lincoln, estaba buscando…
Todo lo que Lucy alcanzó a ver cuando entró a la habitación de su hermano, fue el edredón de este casi volando cuando el sobresaltado chico lo ondeó para cubrirse el cuerpo hasta la altura del pecho, donde parecía mantener sus rodillas pegadas haciendo bulto con sus piernas.
—¡Lucy! ¡Por lo que más quieras, toca antes de entrar!
Un tanto amedrentada por el modo en que le habló, Lucy retrocedió un paso notando que su hermano lucía bastante alterado, enfadado, asustado y a punto de sufrir un infarto por el modo tan exagerado en que estaba jadeando. La adolescente tardó unos pocos segundos en entender lo que sucedía y su tez blanquecina enrojeció cuando creyó haberlo hecho.
—Hmm… lamento haber interrumpido tu momento privado para… "relajarte". Estaba buscando el televisor viejo de papá. No sabía que lo estabas usando para ver…
Ahora quien pareció jadear fue Lucy al mirar en la pantalla a los chicos de la película "Stand by me" pasando el tiempo juntos. Lincoln comprendiendo asustado lo que debía de estar imaginándose, buscó justificarse de forma apresurada.
—¡No es lo que parece! ¡Cambié de canal en cuanto llegaste! Estaba viendo —miró a su alrededor pensando que cualquier otra opción que encontrara al pasar los canales sería buena para justificarse—... no encuentro el control del televisor, creo que se me cayó de la cama.
—Ese televisor, como todos los de su tipo, no tiene control remoto, Lincoln.
—¡Ah! Bueno… ¡No hacía lo que crees de todas formas! Sólo estaba… cambiándome, nada más. ¿Entiendes?
—No tienes por qué justificarte conmigo… quizá sólo ante tu consciencia y la sociedad. —un tanto ruborizada, añadió—. Digo, admito que hasta yo hago algo parecido a eso en ocasiones, pero prefiero hacerlo pensando en hombres maduros, no en chicos más jóvenes que yo.
—¡Que no es lo que parece! —todavía más avergonzado, trató de no pensar en Lucy haciendo algo así— ¡Sólo… déjame en paz por ahora, y te prometo que más tarde te llevaré el televisor a tu habitación!
—*Suspiro*. Como sea. Iré mejor a ver la televisión en la sala si papá ya terminó de mirar su especial de cocina. Ten buenas noches y deseos inapropiados, hermano, pero no te pierdas en ellos. En serio, que todos esos chicos eran menores de edad en esa película.
Finalmente, y después de un tiempo que a Lincoln le pareció eterno, Lucy se marchó, entonces Lana que había permanecido quieta y silenciosa todo lo que pudo, salió de debajo del edredón
—¡Rayos! Eso estuvo demasiado cerca.
—Lo sé. Será mejor que dejemos "eso" por ahora y sólo nos durmamos.
—Está bien. Iré por mi almohada.
La adolescente salió al pasillo con la intención de ir a su cuarto, cuando se encontró con Lucy que apenas estaba por entrar al suyo, quien se detuvo sorprendida al verla.
—Lana… ¿qué estabas haciendo en la habitación de Lincoln?
Aparentando que todo estaba bien, musitó.
—Fui a pedirle que me dejara dormir con él. Estoy… peleada con Lola.
Un tanto incómoda, la gótica le preguntó.
—¿Pero en qué momento entraste?
Comprendiendo cuál había sido su fallo, le respondió sintiéndose inspirada.
—Estaba buscando una lagartija que se me escapó por el ducto de ventilación, además de tratar de evitar a Lola. Entré con Linc hace un minuto. Creo que te escuché hablando con él antes de que llegara. ¿Todo está bien entre los dos?
—Ah… sí, claro. Sabes, te puedo ofrecer mi habitación para que duermas en la cama de Lynn. No te recomiendo que te quedes con nuestro hermano en este momento… ni en ningún otro. Ya es muy mayor para eso y lo cierto es que tú también.
—¡Nah! Eso no importa. Confío en que Lincoln es inofensivo.
Y cortando el asunto, entró a su habitación para buscar sus cosas dejando sola a Lucy, quien asintió concluyendo que en efecto Lincoln era inofensivo con ellas. De pronto para ella tuvo sentido el que su hermano últimamente no saliera con ninguna chica, prefiriendo más la compañía masculina de sus amigos.
Tras terminar las clases, como de costumbre Lola se juntó con sus compañeras para pasar el tiempo con ellas en lo que sus padres iban a recogerlas, por lo menos con las que no se iban por su propio pie a casa como ella podía hacer, pero al no tener prisa de regresar a su hogar, las acompañaba prefiriendo ponerse al corriente con los últimos chismes del día.
Cuando la última de sus amigas partió se dispuso a irse también, encontrándose con sorpresa en la entrada de la escuela a su hermana gemela, de quien pensó que ya estaría en casa para esos momentos. Con interés ella miraba en el tablón de anuncios un cartel. Imaginándose que se trataba del aviso de algún servicio social en el que estuvieran involucrados animales de por medio, la diva se situó a su lado para darle un vistazo.
—"¿Baile de otoño?" —leyó con sorpresa—. ¿Es que piensas ir también?
Lana se giró hacia ella sorprendida por lo que entre líneas le entendió más allá de la pregunta.
—¿También? ¿Ya sabías del baile? Pero si vi cuando acababan de poner el aviso hace unos minutos. ¿Vas a ir?
—Querida —le contestó haciéndose la importante—, yo soy la primera en enterarse de todo lo que sucede en esta escuela, junto con algunas otras pocas personas, entre ellas algunos chicos que ya están haciendo fila en espera de saber quién será el que me acompañe. Y sí, pienso ir. No soy tan cruel como para permitir que un evento así se lleve a cabo sin estar presente la más popular de nuestro grado.
Con el pasar de los años, fuera de molestarle como antes, Lana había apreciado el humor que suponía el escuchar a su gemela expresarse con tanta presunción.
—Sí, puedo imaginármelo. ¿Y con quién irás?
—Naturalmente que con Winston… por lo menos tan pronto se entere del baile y me lo pida.
—Suerte con eso. Aunque si fuera tú, tomaría la iniciativa de pedírselo pronto, no vaya a ser que alguna otra chica se te vaya a adelantar.
—No me imagino a la valiente que buscara correr el riesgo.
Lana tuvo que darle ahí la razón. No solamente eran los integrantes de su grupo, o de todo el grado, sino que hasta incluso los chicos y chicas de los grados superiores eran conscientes de los problemas que supondría el enfrentarse a su hermana.
—La pregunta, querida, es… ¿Por qué pareces estar tan interesada en el baile? —con suspicacia y sorpresa bajó la voz tras ver a su alrededor para comprobar que nadie les estuviera escuchando— ¿Es que acaso estás planeando ir?
Algo abochornada, pero muy entusiasta y sin moderar su tono de voz, le respondió.
—¿Es que habría algo de malo con eso?
Boquiabierta, Lola todavía más emocionada que en un inicio, negó con la cabeza.
—¡Claro que no! Digo… de verdad lo siento por Lincoln, pero él tendrá que entender que tienes que guardar las apariencias, o incluso… ya sabes… avanzar. De cualquier modo había que ser realistas, que a largo plazo lo suyo no podría…
—¡Alto! Espera. ¡Detente ahí ya! —Lana la calmó ante la manera acelerada en que de pronto se puso a hablar—. Todavía no te he dicho con quién voy a ir.
Poco le había importado a Lola sobre de quién podría tratarse su nueva pareja, todo ante la emoción de ver a su hermana abrirse camino más allá de la inapropiada relación que hasta ese día había estado sosteniendo con su propio hermano. De pronto temió algo. Llevándose una mano a la frente con molestia, le preguntó teniendo presente la advertencia que ella le había dado hace un momento.
—Por favor, Lana. No me digas que irás precisamente con Winston.
—¡Claro que no! ¿Cómo puedes creer que soy capaz de hacerte esa barbaridad?
Lola consiguió relajarse.
—Bien. Lo lamento mucho. No quise exaltarme así. Pero ya dime, ¿con quién irás entonces?
—Pues con Lincoln, obviamente.
A pesar de decírselo con calma y naturalidad, Lola actuó como si se lo hubiese gritado al mismo tiempo que le pegaba una bofetada al rostro.
—¡Eso es muchísimo peor!
—¿Cómo puede ser peor hacer eso a que se lo pidiese a tu supuesto novio?
Lola se arrepintió por el exabrupto que hizo al ver a una maestra pasar frente a ellas mirándolas extrañada por la discusión que tenían. La diva adolescente la saludó con una falsa sonrisa, y entonces tomó a su hermana por el antebrazo para con prisa obligarla a que se marcharan de la escuela de una buena vez.
—Déjeme pensar un momento. ¿Qué podría ser peor? —le decía de camino a casa con evidente sarcasmo—. ¿La hermana que me robó al chico que me gusta, o la hermana que está saliendo con nuestro hermano mayor? No lo sé. Tú dime. ¿Qué se ve más polémico? ¿La traición, o el incesto?
—¡Bueno, ya! No te pongas así, que no estoy interesada en Winston. Tampoco es como que tenga planeado, si llevo a Lincoln, ponerme a gritar con él en el centro de la pista que somos novios a mitad del baile y delante de toda la escuela,.
—Que viniendo de ti si algo así sucediera, francamente no me sorprendería.
Lana le refunfuñó. Le reclamaría el que la tuviese en tan mal criterio, si no fuese, muy a su pesar, que podía entender los motivos de sobra, y que ella misma le había dado, para que pensara así.
—A lo que te decía, no sería la primera vez que una chica va a un baile con uno de sus hermanos —con acusación le señaló—. Tu más que nadie debería de saber eso.
Era cierto. De hecho, Lola abiertamente reconocería que llegó a incentivar en un par de ocasiones las burlas a aquellas fracasadas que no habían sido capaces de conseguir una cita para algún baile escolar, por lo que a su ver hacían el ridículo al terminar ir acompañadas de algún hermano u otro familiar como sus chaperones.
—Bueno, eso es verdad, pero creo que debería de recordarte que eso no es precisamente algo que se vea bien ante los demás, aún si no hubiera nada turbio de por medio.
Lana gruñó.
—Lo que tengo con Lincoln no es turbio. Reconozco que es poco común, pero tanto él como yo estamos bien con esto. Sabes, esperaba más apoyo de tu parte.
—¿Dices más del que les he dado ya? —Lola estaba indignada—. ¿Es que te parece poco lo que he hecho hasta ahora para que ustedes puedan hacer sus… "cosas" sin que nadie sospeche nada? ¡Ya sabes que soy muy chis…! —a tiempo consiguió morderse la lengua— "socialmente comunicativa", por lo que deberías darte una idea de lo doloroso que me resulta saber algo así de jugoso y no tener a nadie con quién compartirlo. ¡Eres una ingrata malagradecida!
Con indignación, a paso rápido se alejó de Lana rumbo a casa. Arrepentida, su hermana consiguió alcanzarla siendo ahora ella quien la tomó por el brazo para detenerla.
—¡Lola, espera! Mira… perdón, no quiero pelearme contigo. En serio que al igual que Lincoln, estoy muy agradecida contigo por apoyarnos, es sólo que no me gusta que juzguen lo que él y yo tenemos.
Lola aminoró su paso y con pesar suspiró.
—Pues si sigues con esa idea, tendrías que irte acostumbrando a eso desde ahora.
—Supongo que si llevo al baile a Lincoln muchos dirán…
—No sólo se trata del baile, Lana. Escucha, de mi parte ya les prometí que seré una tumba y que nunca diré nada, pero eso no significa que a la larga nadie más podría llegar a descubrir lo suyo. ¿Es que no te diste cuenta cómo actuó mamá en la mañana? Estoy segura de que ella ya sospecha algo, y quizá pronto papá lo haga, o tal vez Lisa, Lily, quién sabe, no ayuda que en ocasiones ustedes lo hacen tan fácil al verse muy obvios.
Con pesar, Lana recordó el incidente de la noche pasada con Lucy, o lo del cine tiempo atrás. Lo que Lola le recalcaba era lo mismo que Lincoln ya le había advertido en varias ocasiones. Sí, era divertido correr riesgos, pero por mucho que le disgustara darle la razón a los demás… pues tendría qué admitir que la tenían.
—Procuraré que seamos más cuidadosos entonces, pero… de verdad quiero ir al baile con Lincoln.
—¿Y a mí qué me dices? Primero tendrías que invitarlo.
—Pero… ¿no dijiste que no estabas de acuerdo?
Su gemela se encogió de hombros con resignación.
—Y no lo estoy, pero al final eso no importa, lo que importa es lo que ustedes quieran. Todo lo que les pido, en especial a ti, es que en serio sean cuidadosos con lo que hacen, y que mejor te vayas mentalizando a lo que pueda ocurrir. Te advierto que mi influencia en la escuela no es tan grande como te imaginas, como para poder contener todas las burlas que puedas recibir si consigues arrastrar a Lincoln ahí.
Sin poder contenerse, Lana la abrazó.
—¡Eres la mejor, Lola!
Su gemela suspiró antes de corresponderle.
—Eso lo sé.
Decir que Lincoln estaba nervioso sería minimizar bastante su estado de ánimo. El camino hacia el supermercado en su coche había sido silencioso por su parte, pero a su lado, su madre ocasionalmente le habló del clima, o sobre algunas cosas que había visto con su padre en Internet y por supuesto, sus hermanas. Nada importante, detalles triviales, como sus escuelas, sus novios, sus actividades, un poco de todas… con excepción de Lana.
No hubo mucha plática mientras iban tomando de las estanterías las cosas que Rita llevaba anotadas en la lista del mandado. Lincoln tenía muy presente la mirada que le echó a él y a Lana durante el desayuno, por lo que temía que en cualquier momento su madre retomara la conversación sobre su "vida amorosa", y que quizá ya estuviese relacionando a estas alturas con Lana por los comentarios que sus hermanas y su padre fueron soltando, los cuales, aunque sin mala intención, en la mente de Lincoln los percibió como duras acusaciones.
Cuando terminaron las compras y se disponían a regresar a casa, Lincoln fue relajándose al pensar que por lo menos en ese día había sorteado ya cualquier inconveniente adicional, pero al momento que sacaba el coche del estacionamiento en el supermercado, su madre de repente y de la nada le soltó.
—Lincoln, sé lo que ocurre contigo y Lana.
Era una suerte que estuviera conduciendo a una velocidad muy moderada, pues la tensión que de golpe lo embargó lo hizo apretar el volante con demasiada fuerza, aunque quizá esto fue lo que evitó que perdiera el control del auto tras escucharla.
—Ah… ¿cómo? ¿Qué dijiste, mamá?
Sin haber notado la reacción de su hijo al estar ensimismada en sus pensamientos y reflexiones, Rita le explicó.
—Al principio no me había dado cuenta, pero… ahora lo tengo todo muy claro.
La expresión de su madre era inmutable, casi como la de un maniquí, lo que hizo suponer a Lincoln que el impacto de su descubrimiento y el tener que enfrentar a su hijo le estaba resultando tan pesado y estresante como para él lo sería escucharla. Aún así, hizo el intento por desentenderse, sin estar seguro de cuánto tiempo podría conseguir a su favor al mantenerse en estado de negación.
—Ah… mamá. No… no te entiendo.
—Está bien, hijo. Después de todo, tanto tu padre como yo somos los causantes de esto.
Confundido, Lincoln no dijo nada. Por su lado trató de entender qué clase de responsabilidad podrían tener sus padres en lo que su hermana y él terminaron por hacer, permitiéndole así a su madre continuar.
—El estar a cada momento pidiéndote que estés al pendiente de tus hermanas, en especial cuidando de Lana, es la forma en que no te hemos dejado atenderte a ti mismo como debieras.
Un semáforo en rojo los hizo detenerse, lo que le permitió a Lincoln ponerle mayor atención.
—¿Cómo dices?
—Tú me entiendes, hijo. No tienes novia, casi ya no sales con tus amigos como antes, y si no fuera por tus tareas o la escuela, seguramente estarías detrás de Lana como su sombra por más tiempo del que ya lo estás, tal cual te lo pedimos. Sencillamente no es justo que te estamos dejando esa responsabilidad.
Ambos se miraron entre sí. Lincoln pudo notar el arrepentimiento y la angustia que su madre sentía a través de la expresión de su rostro, lo que lo hizo sentir mal, pues sabía que ella no se lo merecía. El semáforo una vez más se puso en verde y volvió a centrar su vista al frente tras poner en marcha el vehículo de nuevo.
—Mamá, de verdad no me pesa cuidar a Lana y a las demás. No tienes por qué mortificarte de esa manera por mí.
—¡Pues soy tu madre y es inevitable que lo haga! —se da un momento para respirar profundamente antes de continuar, esperando en esta ocasión no volver a exaltarse, que con ello sólo consiguió perturbar a su hijo, dada la cara que puso el pobre—. Me gustaría verte más centrado en ti, y no me refiero solamente en tus estudios. Quiero verte divertirte, tal vez con una novia. Mira, olvídate de lo que tu padre y yo te pedimos. Ya no es necesario que estés detrás de Lana a cada minuto que puedas. Le dejaremos esa tarea a Lola, que de cualquier manera pasa mucho tiempo con su hermana por gusto propio. ¿Está bien?
Lincoln se preguntó cómo su madre reaccionaría si de pronto le confesaba que ya tenía el asunto de haberse conseguido una novia y de cuidar a Lana todo ya cubierto en la misma tarea.
—Sí. Está bien, mamá. Pero por favor, deja de sentirte culpable.
Ya era suficiente que eso lo hiciera él.
—Gracias, hijo. Pero en serio. Ya no te quiero tan cerca de Lana.
Ahora él se preguntó cómo Lana se tomaría el que por lo menos en casa tendrían que mantener su distancia.
—Ah… Lincoln. Hay algo más… delicado… de lo que quisiera hablar contigo.
Ya estaban llegando a casa, cuando una vez más con sus alarmas internas activadas, Lincoln con temor le preguntó al mismo tiempo que bajaba del coche para tomar de la cajuela las bolsas con las compras.
—¿De qué se trata, mamá?
Debía de tratarse de algo más serio, dada la incomodidad que ella reflejaba, y no se imaginó qué podría ser peor a lo que pudo haber sospechado de haber atinado mejor a lo que en realidad estaba sucediendo entre él y su hermana.
—Lincoln… de verdad me gustaría que tuvieras una novia, pero si… lo que en realidad quisieras tener fuera un… un no… novio… la única condición que te pondría sería que… se tratara de alguien de tu edad, o más o menos mayor que tú.
Sorprendido, abrió los ojos todo lo que pudo, y por un instante las bolsas estuvieron por resbalársele y caérsele de los brazos a causa de la impresión. Cuando sintiéndose inesperadamente vigilado, levantó la vista y por una de las ventanas del piso superior vio desaparecer a una de sus hermanas tras descubrirla espiándolos. Entre dientes musitó molesto.
—¡Rayos, Lucy!
A Lincoln le extrañó que en todo el día Lana no lo buscara para que hicieran sus tareas juntos, o siquiera para saludarlo más allá del simple "Hola Lincoln", que recibió por su parte tras llegar. Era cierto que le venía bien, dada la promesa que le hizo a su madre de guardar su distancia para con ella y el resto de las chicas y así concentrarse en sí mismo, pero de cualquier manera ella seguía siendo su novia, y como tal, extrañaba su cercanía. Por lo menos no hubo en esta ocasión incidentes llamativos entre los dos que levantasen sospechas, y así fue hasta que llegó la hora de ir a dormir.
Cuando Lincoln se terminó de cambiar para acostarse, Lana tocó a su puerta. Una vez que le permitiera entrar, ella la cerró poniéndole el seguro, se giró y levantó sus brazos hacia su hermano, quien la rodeó con los suyos, la levantó y le dio un profundo beso que Lana le correspondió con gusto acurrucándose contra él, al mismo tiempo que Lincoln se sentaba en la cama sin soltarla.
—¡Cielos! Cómo te extrañé en el día, Lanita.
—Tampoco es como si me hubieses buscado mucho.
El chico suspiró, entonces le contó sobre el incidente con su madre por la tarde… y de paso también el malentendido que Lucy le provocó por lo de la noche pasada. Lo último divirtió a Lana, pero lo de su madre pareció acongojarla.
—Bueno… sí. Supongo que tú y Lola tienen razón después de todo con eso, pero… lo bueno es que no era lo que imaginabas y mamá en realidad no sospecha nada.
—Por ahora. Mi miedo es que termine por atar los cabos a lo que en realidad está ocurriendo entre nosotros, por lo que por mucho que me duela, es mejor que en casa sigamos así como este día de ahora en adelante, siendo discretos y permaneciendo distanciados.
Aunque no muy satisfecha, ella asintió abrazándolo más estrechamente. Un tanto nerviosa, musitó con su cara pegada a su pecho.
—Sabes, va a haber un baile en mi escuela. Es algo que quizá anuncien hasta mañana, aunque hoy al salir vi que ya estaban poniendo los avisos y… Lola por supuesto ya lo sabía desde antes, incluso dice que ya hay chicos interesados en salir con ella.
A pesar de no decir nada, Lincoln la escuchaba con expresión seria.
—Ya veo. Bueno, ella es muy popular, no me extraña. ¿Y qué hay de ti?
—Pues… me gustaría ir.
Lincoln suspiró. Aunque sabía que Lana no era muy dada a ese tipo de eventos, por la forma en que le estaba contando todo eso, ya intuía hacia dónde iba. Con incomodidad se imaginó, que así como Lola, ella también debía de tener ya a algunos candidatos interesados en invitarla, pues aunque sin tener la popularidad de Lola, igual era tan hermosa como ella y se hacía querer fácil, sin importar sus conocidos modos un tanto marimachos.
—¿Y tienes ya a alguien en mente para que te acompañe?
Internamente ya se mentalizaba a no sobre reaccionar, exigiéndole a su consciencia que fuese quien fuera el elegido, tenía que aceptarlo y no debía de limitar a su hermanita a estar sólo con él. Eso era lo correcto. Después de todo, se vería extraño frente a su familia, ya no se diga con la escuela también, si él se tratara de…
—Linky, ¿quisieras ser mi pareja para el baile?
Lincoln la miró a los ojos con sentimientos encontrados. Por un lado, se sentía feliz al comprobar que Lana no lo estaba descartando y aún continuaba buscándolo como su novio tal cual era, pero por el otro lado…
—¿No crees que tus compañeros puedan ver eso… raro?
—No me interesa lo que puedan pensar ellos o quien sea. Todo lo que me importa es ir contigo.
Dulcemente ella le acarició la cara con una mano, y Lincoln se sintió desarmado. Las explicaciones que podría darle acerca de cómo algo así podría afectar negativamente a su reputación en la escuela, más allá de lo que ahora ella le dijese que no le importaba, o lo extraño que se vería esto a ojos de sus hermanas, ya no se diga sus padres, se atoraron en su garganta.
De tanto en tanto a él en la escuela le habían venido de pronto ideas acerca de pedirle a Stella o a alguna otra amiga que salieran juntos de vez en cuando, con el único objetivo de guardar las apariencias frente a su familia, preguntándose si Lana podría entender esto sin celarse tras explicárselo, buscando ponerse en el lado contrario para pensar en cómo se sentiría él si Lana hiciese esto mismo con algún amigo; ciertamente no muy bien, aunque comprendiera lo necesario de la acción.
—Lana… nada me encantaría más que acompañarte, pero… no lo sé. No se me ocurre cómo podríamos ir juntos sin que a los demás les pareciera extraño, aún si no te importara lo que te lleguen a decir por esto en la escuela, creo que a mamá en especial no le haría mucha gracia.
—Puedo decir que nadie quiso acompañarme y que tú te ofreciste a hacerlo para que no me sintiera mal, como cuando nos contó papá que él hizo esto una vez por Lori cuando ella tenía doce.
Lincoln sonrió. Entonces Lori no era aún lo que se dice muy bonita, aunque él poco se acordaba de esa época, para eso aún quedaban las fotografías de cuando usaba lentes y tenía mucho acné, aunque esto quedaba opacado por los brackets que usaba, unos más llamativos que los que Luan tuvo que llegar a usar hasta hace un par de años atrás.
—Estoy seguro que a ella no le gusta recordar esa época —se permitió reír un poco y ella lo imitó—. Pero me refiero a que por lo que te conté, esta vez podría ser diferente y mamá no me deje hacerlo.
—Podrías intentarlo y preguntarle.
—También está que quizá no se la crea, después de todo, tanto como ella como papá piensan que ya tienes en secreto un novio.
—Y lo tengo.
—Uno al que les gustaría conocer.
Ella se mordió el labio inferior. Esto estaba resultando más complicado de lo que se imaginaba, pero no por ello desistió. Sintiéndose mal por lo que haría, apeló a tácticas más cuestionables y que serían más propias viniendo de su gemela.
—Lincon, sólo di que no quieres salir conmigo porque te avergüenza y ya. No tienes que estarme poniendo tantas excusas para hacerlo.
No pareció resultarle como esperaba dada la manera en que su hermano la miró con severidad.
—No estoy poniéndote excusas, te estoy exponiendo los hechos, Lana. Me duele que pienses eso de mí.
—¡No! Lincoln, perdón. Es que… sé que no debería de importarme mucho algo como esto, pero… no lo sé. Supongo que después de todo si me gustan las cosas de chicas a pesar de lo que siempre digo, y esto… me hace mucha ilusión.
Incómodo, Lincoln le preguntó teniendo en mente el plan que anteriormente ideó para él.
—¿Y si fueras con alguien más?
—¿Cómo? ¿De qué hablas?
—Ya sabes… ir con algún amigo, o alguien que… te pudiera cubrir las apariencias y eso si fueras con él en lugar de conmigo.
—Qué tontería. Preferiría no ir a hacer algo así.
—¿Por qué no?
—Lo siento como algo irrespetuoso hacia ti, incluso si tú mismo me pidieras que lo hiciera. Eres mi novio, así que, ¿cuál sería la gracia de ir a un baile si no fuera contigo?
Lincoln no estaba seguro si no podía o no quería pensar en un argumento con qué rebatirle aquello. Al final decidió rendirse. La fidelidad que Lana le demostró lo había conmovido.
—Sí, la verdad es que tienes razón.
—¿Y entonces…?
Lincoln tomó la iniciativa una vez más de darle un cariñoso beso, entonces al separar sus labios y unir su frente con la de ella, le preguntó.
—Lana, ¿podría acompañarte a tu baile escolar?
Entre risas felizmente le dio su respuesta.
—Creí que nunca me pedirías. ¡Claro que sí!
No tardaron en reanudar sus besos, los cuales poco a poco fueron intensificándose para dar paso hacia algo más. Lincoln se llevó una almohada a la cara para sofocar sus gemidos por lo que su hermana comenzó a hacerle una vez que le aflojó la hebilla a su cinturón y le desabrochó el pantalón. Minutos después, sería ella quién trataría de sofocar sus propios gritos cuando Lincoln le correspondiera en agradecimiento al "atenderla" ahora a ella.
—¡Santo cielo! —exclamaría casi al final sin poder contenerse— Y dices que la experta con la lengua soy yo.
Casi una hora después, aún despierta, Lola vería a su hermana entrar en la habitación, con una enorme y boba sonrisa en la cara para dirigirse directamente a la cama contraria a la de ella, donde se tiró boca abajo sin más. Tras un minuto de indecisión, se animó a hablarle.
—Entonces… ¿conseguiste que Lincoln aceptara llevarte al baile?
—Ajá —le respondió manteniendo todavía su cara oculta—. Lo hice.
—¿Y qué pasó entonces?
Lana se giró y Lola constató que todavía tenía aquella tonta expresión sonriente en la cara.
—¿En serio quieres que te cuente?
—¡Torpe! —le reclamó avergonzada con el rostro encendido—. Me refiero a si idearon un plan para que los dejen ir juntos, o para que su cita no se vea tan mal.
Lana se encogió de hombros.
—Cuando acabamos, Lincoln dijo que dejara todo en sus manos. Que algo se le ocurriría sobre la marcha para esa fecha.
—Bien. Te advierto que mamá me pidió que te ponga un ojo encima todo el tiempo que pueda, por lo que más vale que se le ocurra una muy buena justificación para acompañarte.
—Tranquila. Algo se le ocurrirá. Confía en él como yo lo hago.
Se dio la vuelta con la intención de dormirse, a lo que su gemela la reprendió.
—¡Espera!
—¿Ahora qué pasa?
Se había girado para mirarla. Aún más avergonzada que al principio y tras darle un breve vistazo a la puerta, en voz baja le susurró.
—Aún no me cuentas qué más hicieron.
La sonrisa de Lana se volvió a ensanchar.
—Eres una pervertida.
—Mira quién lo dice.
