Boomer llegó rápidamente a la casa de Brick, aún sin entender cómo era posible que Blossom hubiera terminado allí.

-¿Dónde está? -Preguntó con urgencia.

Sin decir nada, el pelirrojo lo guió hacia la habitación donde la joven estaba. El rubio se acercó a ella y comenzó a examinarla con cuidado. Su mirada se detuvo en una laceración que marcaba la piel entre el cuello y el hombro. No había duda de lo que era. Alzó la vista, dirigiendo a Brick una mirada severa.

-¿Cómo llegó aquí? ¡¿Y por qué diablos la marcaste?! ¿Ella te dio su consentimiento?

-No quiero tu sermón. Solo quiero que la ayudes. -Gruñó el pelirrojo, cruzándose de brazos con impaciencia.

-Solo podré ayudarla si me explicas qué diablos pasó. ¿Cómo es que se encontraron?

-Fue en una cena, coincidimos por casualidad.

-¿Y de la nada decidió venir contigo?

-Sí, así es.

Boomer arqueó una ceja, escéptico.

-Ajá… ¿Y en qué momento la llevaste a beber alcohol?

-¿Por qué asumes eso?

-Porque no veo otra razón lógica para que haya terminado aquí contigo.

El pelirrojo soltó un suspiro de fastidio.

-Cree lo que quieras.

Boomer lo observó en silencio por unos segundos, analizando su expresión con detenimiento. Parecía ser sincero. Luego, continuó con las preguntas.

-¿Comió o bebió algo inusual aquí?

-¿Por qué lo preguntas?

-Tal vez sea alérgica a algún ingrediente. -Murmuró mientras examinaba la piel y tomaba el pulso de la joven.

-Mmm... -El joven de ojos rubí se sobó la nuca y bajo la mirada. -Aquí comió unos chocolates afrodisíacos. ¡Pero juro que no fui yo quien se los dio! Ella los tomó sola... y también, para que quede claro, fue ella quien me incitó.

-¿Chocolates afrodisíacos? ¿En serio, Brick?

-¿Por qué no te limitas a revisarla? -Soltó molesto.

Boomer le dirigió una mirada seria antes de seguir examinando a Blossom.

-¿Se quejó de dolor después de comerlos? ¿Vómito? ¿Alguna molestia?

-No. Solo… se le subió el libido.

El rubio negó con la cabeza, descartando la posibilidad de una alergia.

-No tiene inflamación ni ronchas, y si ese fuera el caso, los síntomas habrían aparecido de inmediato. Lo que sí he notado es que tiene fiebre alta.

-¿A qué se debe?

-Podría ser una infección… o su celo. No estoy seguro.

-Dudo que sea eso último. Si fuera su celo, no estarías aquí, y yo estaría ocupado en otra cosa.

Boomer le lanzó una mirada fulminante, claramente irritado por la actitud del pelirrojo. Sin embargo, antes de que pudiera reprenderlo, el timbre de la casa sonó, interrumpiendo la tensión en la habitación.

-¿Quién diablos es? -Gruñó Brick con mal humor.

-Debe de ser Butch. -Respondió Boomer con calma.

-¿Y qué haría él aquí?

-¿Quién crees que me trajo? Sabes que mi licencia está vencida, y no he tenido tiempo de renovarla.

-Idiota, ya te he dicho que puedes manejar sin ella.

-Oh, no. Hay que obedecer las leyes, Brick. Ahora regreso. Le pediré a Butch que me lleve a la farmacia. Mientras tanto, ponle un trapo frío en el frente para intentar bajarle la fiebre.

Brick bufó, visiblemente molesto, pero hizo exactamente lo que su primo le pidió. Luego, se sentó junto a la cama, colocando con cuidado el trapo húmedo sobre la frente de Blossom. Sus dedos se deslizaron con ternura por su cabello mientras le hablaba en un tono suave.

-Pinki, ¿me escuchas?

Ella no respondió, y el corazón de Brick dio un vuelco. No entendía qué había sucedido, pero una sensación de alarma comenzó a apoderarse de él.

-¿Por qué estás así? Respóndeme, cariño. -Murmuró, mientras sus dedos rozaban el pálido rostro de la joven con delicadeza.

Boomer regresó y volvió a revisar su estado. Tomó su temperatura y notó que seguía igual de alta, por lo que decidió inyectarle un medicamento para reducirla. Esperaron un tiempo prudente antes de medirla nuevamente, pero la fiebre no cedía.

El rubio dejó escapar un suspiro cargado de preocupación.

-La temperatura no le baja. Necesitamos llevarla al hospital. Debe tener una infección muy fuerte. Solo mira su rostro... no quiero ni imaginar cuánto dolor está sintiendo.

Brick acentuó con la cabeza, convencido de que era lo mejor.

-Me vestiré.

El rubio salió de la habitación y, antes de dar un paso más, escuchó una sarta de insultos provenientes de la sala. Bajó las escaleras apresuradamente y, al llegar, encontró a Butch discutiendo acaloradamente con alguien por teléfono.

-¡Ey! ¿Qué pasa aquí? -Preguntó, frunciendo el ceño.

-Hay una mujer loca insultándome. -Respondió Butch mientras sostenía el móvil con irritación.

-¡¿Dónde está!? ¡Dime ahora o iré a patearte el trasero! -Se escuchó gritar a una voz femenina desde el auricular.

-¿Y ahora qué hiciste?

-¿Qué? ¿Yo? ¿Por qué siempre deduces que es mi culpa? Además, este ni siquiera es mi móvil. Solo respondí porque no paraba de sonar. ¡Ash, cállate, mujer! -Gruñó Butch antes de colgar con brusquedad.

Boomer tomó el teléfono y, al revisar las llamadas perdidas, reconoció el número de Bubbles.

-Es el móvil de Blossom. Sus hermanas deben estar buscándola... -Murmuró en voz baja.

De repente, el móvil del rubio comenzó a sonar con una tonada exageradamente cursi. Nervioso, lo sacó con movimientos torpes, casi dejándolo caer antes de contestar apresuradamente.

-¡Bubbles! Hola, ¿qué hay? -Dijo, intentando sonar despreocupado.

-Boomer, necesito tu ayuda. ¿Sabes dónde vive tu primo Brick? -Preguntó la rubia, su voz teñida de angustia.

-Oh... ¿y para qué lo necesitas?

-Es por Blossom. Me dijo que iba a hablar con él anoche, pero no ha vuelto a casa. No responde las llamadas ni los mensajes. Estoy muy preocupada... tengo miedo de que él le haya hecho algo.

-Bueno, hablando de eso... -Rió nerviosamente. -Tengo noticias buenas: tu hermana no está desaparecida. Sigue con Brick. Y bueno... -El joven tragó saliva. -Ahora viene la mala noticia.

-¿Qué quieres decir con eso? ¿Le hizo algo? -Pregunto con un tono lleno de alarma.

-Tu hermana no reacciona y tiene fiebre alta. Necesita ir al hospital.

-¡¿Qué?! ¿Cómo que no reacciona? ¡Y ella no puede ir a un hospital! -Gritó Bubbles, alarmada.

-¿Cómo que no puede? -Replicó el rubio, confundido.

-Por favor, necesito que la traigas a casa, ahora mismo.

-Creo que no me escuchaste bien. -Dijo el joven, tratando de mantenerse calmado. -Tu hermana está inconsciente, tiene fiebre alta que no baja ni con medicina.

-¡Traela a casa! -Insistió Bubbles, casi al borde del llanto. -Esto es una emergencia.

-¡Exactamente! Por eso necesita un hospital. -Habló exasperado el rubio.

De repente, se escuchó un forcejeo al otro lado de la línea, seguido de una voz diferente, más agresiva.

-Escúchame bien, pelos de elote. Si no la traes, iremos por ella. Pero ni se te ocurra llevarla a un hospital, o te juro que te cortaré la lengua y se la daré a los gatos. ¿Entendido?

-Qué ruda... -Susurró Butch, quien había estado escuchando toda la conversación sin entender del todo lo que sucedía.

-¡Está bien, está bien! La llevaremos. Solo mándame la dirección.

Boomer colgó el teléfono con un suspiro pesado, masajeando el puente de su nariz en un intento de calmarse. Sin perder más tiempo, se dirigió rápidamente a la habitación de Brick. Al entrar, le dio instrucciones a su primo. Le pidió cargar a Blossom con sumo cuidado y permanecer con ella en la parte trasera del auto mientras Butch los llevaba al destino indicado.

Cuando estuvo cerca de la residencia de las chicas, Boomer avisó a Bubbles. Minutos después, Butch estacionó el auto y los tres bajaron rápidamente.

La rubia abrió la puerta de inmediato, su expresión reflejaba preocupación. Sin decir una palabra, los dejó pasar.

-¿Qué le pasó? -Pregunto angustiada la hermana menor.

-Es una historia larga y no hay tiempo para contarla. -Respondió el rubio con seriedad.

Brick la puso con delicadeza en el sofá y Bubbles salió disparada al laboratorio de su padre golpeando sin querer a su hermana de ojos verdes. Cuando llegó a la puerta del lugar titubeó un poco ya que no debían de entrar a menos que esté presente su padre, pero algo de ahí podía ayudar a Blossom sin importar lo que tuviese. Funcionó con ella, le salvó la vida y estaba segura que ayudaría a su hermana también.

Buscó la llave oculta detrás de un cuadro, la tomó con rapidez y abrió la puerta. Bajó las escaleras apresurada y comenzó a revisar los estantes con urgencia, apartando objetos hasta que, finalmente, lo encontró. Entre libros falsos, cuidadosamente escondida, había una caja de refrigeración que contenía un suero. La sostuvo entre su pulgar e índice, observándola con detenimiento. Aquella diminuta ampolleta contenía la sustancia X. Luego la guardó con sumo cuidado y tomó una jeringa. Cerró la puerta con llave y, al darse la vuelta, se topó de frente con Buttercup.

-¿Qué hacías ahí dentro? Sabes que papá se molestará si se entera. -Dijo la de ojos verdes con los brazos cruzados.

-Blossom está muy mal. Tenemos que ayudarla. Esta es la única solución. -Respondió Bubbles, mostrándole la ampolleta.

Los ojos de su hermana se abrieron con incredulidad.

-Papá fue muy claro: no debemos tocar sus cosas.

-Esto puede salvarla.

-O también matarla. No sabemos cuánto debemos inyectarle.

-¿Y qué hacemos entonces? ¿Esperamos que papá regrese? ¿O la mandamos al hospital?

Buttercup presionó la mandíbula.

-No me pongas entre la espada y la pared.

-¿Acaso viste su estado?

-No. Te seguí cuando me golpeaste al salir corriendo.

Ambas regresaron a la sala. Buttercup se acercó a Blossom y su rostro se tensó al ver lo mal que estaba. Frunció el ceño y fulminó con la mirada a los tres chicos.

-¿Qué diablos le hicieron?

Bubbles la sujetó del brazo para calmarla. Cuando su hermana mayor se serenó, preguntó con tono más moderado.

-¿Le han dado algo?

-Solo medicina para la fiebre, pero no le ayudó. Insisto en que debe ir a un hospital. -Intervino Boomer.

-No podemos llevarla. Sé que es difícil de entender, pero no podemos. -Afirmó la rubia con firmeza.

-Le estás dando medicina que su cuerpo no acepta, por eso está empeorando, imbécil. -Dijo Buttercup con una mezcla de enojo y preocupación.

-¿Qué? Oye, no tienes por qué insultarme. -Replicó el rubio, molesto.

Bubbles intervino antes de que la discusión escalara.

-Boomer, necesito que le inyectes esto. -La joven le entregó la ampolleta en la mano.

Boomer lo observó con detenimiento, leyendo la etiqueta con cuidado antes de fruncir el ceño.

-Sustancia X… ¿Qué demonios es esto?

-Nuestro padre es científico, él creó este suero. Es realmente milagroso… Lo usó conmigo y me salvó la vida. Por favor, inyectáselo. Esto ayudará a Blossom a recuperarse más rápido.

-Tu padre ¿qué? ¿Qué clase de padre experimenta con sus hijas?

-Más respeto oxigenado. -Intervino Buttercup. -Él es un científico de renombre. Y deja de ser un cobarde, inyecta lo que Bubbles te dio.

Boomer negó con la cabeza.

-No puedo hacer esto. Ni siquiera sé qué contiene. Ya me arriesgué al inyectarle la medicina para la fiebre.

-Bla, bla, bla… Cobarde. -Se burló Buttercup.

-No es cobardía, es ética profesional.

-¡Ash, ya cállate! -Exclamó la de ojos verdes, quitándole la jeringa a Bubbles. -Yo lo haré, así que dame eso.

-Oye, ¿sabes inyectar?

-No, pero he visto cómo lo hace papá. ¿Qué tan difícil puede ser?

-¡¿Estás loca?! Podrías matarla. ¡No puedo permitir esto!

El joven empezó a impedir que la azabache le quitara la ampolleta. Luego, la rubia lo abrazó y lo miró fijamente a los ojos.

-Boomer, confía en mí. Ella estará bien. Si no quieres hacerlo tú, lo entiendo; No puedo obligarte, pero deja que Buttercup lo haga.

-¡Estás loca! ¡Ella no sabe!

Ya cállense! -Gritó Brick con su voz de mando.

El silencio se hizo de inmediato. Todos voltearon a verlo. Con un movimiento rápido, el pelirrojo le arrebató la jeringa a Buttercup.

-Solo están perdiendo tiempo valioso y son demasiado escandalosos.

Brick tomó la ampolleta con determinación, abrió la jeringa y llenó el cilindro con el líquido antes de inyectarlo cuidadosamente en Blossom.

-Más les vale que esto funcione. -Murmuró con seriedad.

Las dos hermanas quedaron expectantes, observando cualquier cambio en Blossom. Justo en ese momento, un joven de ojos verdes entró tranquilamente a la sala, mordiendo una galleta con chispas de chocolate.

-¿Ya vieron esta casa? Es increíble. Y estas galletas… ¡están buenísimas! -Comentó con total despreocupación.

Bubbles lo miró sorprendida.

-¿Tú quién eres?

Buttercup, en cambio, lo reconoció de inmediato y su expresión se torció en enojo.

-¡No puede ser! Eres el zoquete pesado de la boda.

-¿Disculpa? -Preguntó Butch, confundido.

-¡Eres el idiota que se robaba mis postres!

Butch se quedó unos segundos en silencio antes de observarla de pies a cabeza con una media sonrisa.

-Te recuerdo más sensual en la boda. Y, ahora que lo pienso… me debes dinero por la tintorería.

-¡Yo no te debo nada, patán pretencioso!

-Claro que sí, mocosa impertinente.

Buttercup presionó los puños y dio un paso adelante.

-¡Ven aquí! Vamos a ver quién es mejor de los dos.

Pero antes de que pudiera lanzarse contra él, Bubbles la jaló del brazo y la obligó a retroceder.

-Buttercup, tenemos que hablar.

-¿Qué? -Gruñó la azabache, sin apartar la mirada de Butch.

-Es un Alfa. No puedes pelear contra él. Aunque tú aroma sea igual, no tienes la misma condición. ¿Recuerdas?

-¿Qué pasa, Butterbaby? ¿Te vas a echar para atrás? ¿Te entró miedo? -Se burló el joven de ojos verdes.

Buttercup presionó la mandíbula, conteniéndose.

-Eso suele pasar. Nadie quiere enfrentarse a mí porque soy un Alfa superior. -Río con arrogancia.

-Ash, cállate, tarado. Por rango de edad, estoy en desventaja. Si no, créeme que te tumbaría esos dientes.

-Eso suena a una excusa barata. Acepta que me tienes miedo.

-¡Zopenco, voy a…!

Antes de que prosiga la discusión, Brick los interrumpió con un tono molesto.

-¡Déjense de niñerías y cierren la maldita boca!

El pelirrojo cargó a Blossom en brazos y miró directamente a Bubbles.

-¿Dónde está su habitación?

-Arriba, al final del pasillo. Su nombre está en la puerta. -Respondió la rubia de inmediato.

El joven se retiró de la sala y subió las escaleras con paso firme hasta encontrar la puerta con el nombre de la joven. Sobre la madera, un letrero con bonita caligrafía manuscrita adornaba la entrada. Abrió la puerta y se encontró con una habitación pulcra y ordenada, decorada en tonos rosados.

La acomodó con delicadeza en la cama y luego apoyó su mano sobre su frente, comprobando su temperatura. Para su sorpresa, había bajado considerablemente, y su expresión ahora lucía más relajada y serena. Sonrió aliviado antes de dirigir su atención a la habitación. Observó los estantes repletos de libros, la mayoría sobre las cinco ciencias, matemáticas y otras disciplinas. Sin embargo, lo que más captó su atención fueron los volúmenes dedicados al estudio de los humanos. En el escritorio, notó una libreta con anotaciones detalladas sobre estos seres extintos.

-Ahora entiendo por qué sabe ese idioma… debe estar obsesionada con ellos. -Murmuró para sí mismo.

Junto a la libreta, había un libro viejo y algo desgastado. Lo tomó con curiosidad y leyó el título en voz baja.

-Caperucita Roja…

Le echó un vistazo a la sinopsis y comenzó a hojearlo, observando las ilustraciones con interés.

-Qué imaginativos eran los humanos…

Dejó el libro en su lugar y siguió inspeccionando. Sobre una repisa vio varias fotografías: algunas con su familia y otras con amigos. Sin embargo, hubo una que le hizo torcer la boca. En ella, apareció su tonto novio. Sin pensarlo dos veces, la tomó, sacó la foto del marco y la rompió en pedazos con satisfacción.

-Ahora eres historia. -susurró mientras arrojaba los restos a la basura.

En ese momento, el sonido de la puerta al abrirse lo sacó de sus pensamientos. Giró el rostro y vio a la menor de las Utonio parada en el umbral.

-Vine a ver cómo está. -Dijo la joven con voz tranquila.

-Ya se encuentra mejor.

-Es un alivio. Ahora solo debemos dejarla descansar.

Brick lanzó a Bubbles una mirada seria antes de sentarse en la cama. Luego, sin rodeos, comenzó a interrogarla.

-Dime algo… ¿por qué no puede ir al hospital? Y, ¿qué fue exactamente lo que le inyectaron?

Bubbles lo miró fijamente.

-Solo responderé si me dices qué le pasó a mi hermana.

Brick esbozó una media sonrisa.

-Tu hermana estaba en celo, así que solo la ayudé a bajárselo. Pero creo que me emocioné un poco… y la marqué.

El rostro de Bubbles se llenó de incredulidad.

-Pero… ella no entra en celo. Espera… ¿qué dijiste que hiciste? -Su voz subió de tono con las últimas palabras.

Brick sonrió con orgullo.

-Lo que oíste.

-¿Por qué hiciste eso si antes intentaste herirla?

-Lo de la fiesta fue un inconveniente, y todo fue su culpa. Si no hubiera cambiado su aroma tres veces, no la habría perseguido.

Bubbles se acercó a Blossom y revisó la marca entre su cuello y su hombro, con el ceño fruncido.

-¿Por qué la marcaste?

-Porque es mi Mate. ¿Por qué más?

La rubia abrió los ojos con sorpresa; Aquella respuesta le parecía descabellada. Luego lo observó y sintió una punzada de pena por él. Sabía que ese lazo nunca sería correspondido.

El pelirrojo la miró con expectación.

-Tú no has respondido ninguna de mis preguntas.

Bubbles suspiro antes de contestar.

-El suero lo inventó mi padre. Nos ha permitido sobrevivir desde pequeñas, ya que cada una tiene una característica genética distinta. Nos ayuda a adaptarnos a este mundo sin ser rechazadas.

-¿Eso es lo que contienen sus collares?

-¿Cómo sabes sobre eso?

-Tu hermana de ojos verdes me lo dio a entender en la fiesta.

-El collar funciona de otra forma. Solo oculta nuestro aroma y nos genera otro.

-Interesante… Su padre es muy ingenioso. Y dime, ¿ninguna de ustedes puede ir al hospital por ese "gen defectuoso"?

-Así es. Brick, sabes lo que conlleva esa marca, ¿cierto?

-Si.

-¿Qué pasaría si ella no encajara en ninguna jerarquía y no pudiera corresponderte como tú deseas?

Brick miró fijamente a la rubia y, tras un breve silencio, sonrió con confianza.

-Lo hará.

-¿Y si no?

-La obligaré. Ahora, si me disculpas, debo llevarla a casa.

Sin más, cargó a Blossom con cuidado entre sus brazos y se dirigió a la puerta.

-¿Qué? ¡Espera, Brick, no puedes llevártela! Ella debe descansar y nuestro padre tiene que revisarla.

La joven se apresuró a bloquear la salida, abriendo los brazos en un intento de detenerlo.

-Hazte a un lado.-Ordenó el pelirrojo con su voz de mando.

Bubbles sintió cómo su cuerpo se paralizaba y un escalofrío le recorrió la espalda. Aquel hombre daba miedo, y aún más cuando sus penetrantes ojos color rubí se clavaban en ella con intensidad. Sin decir una palabra, se hizo a un lado con un temblor involuntario. Brick, sin más obstáculos, bajó las escaleras con Blossom en brazos y se detuvo frente a Butch.

-Dame las llaves del auto. -Exigió con seriedad.

Boomer notó que Bubbles descendía las escaleras con cautela, su expresión reflejaba nerviosismo. Sin dudarlo, subió rápidamente hacia ella.

-¿Ocurre algo?

-Él… quiere llevársela. -Susurró la rubia con angustia.

Boomer frunció el ceño y alzó la voz.

-¡Butch, no le des las llaves!

-¡Por supuesto que no!

-Dame las malditas llaves.

-Brick, cálmate. -Intentó mediar Boomer.

Pero el pelirrojo no tenía paciencia para discutir. Su voz se tornó más grave, casi un gruñido.

-He dicho, que me des las llaves.

El tono agresivo de Brick fue suficiente para que Butch dudara por un momento. Bajo la mirada, finalmente sacó las llaves y se las entregó sin chistar.

El ambiente en la sala se volvió tenso y nadie se atrevió a detenerlo; su instinto de supervivencia les decía que lo dejaran ir. Sin decir una sola palabra, el joven tomó las llaves y salió.

Apenas la puerta se cerró, Bubbles no pudo contenerse más. Sus lágrimas comenzaron a brotar, reflejando su impotencia y preocupación. Boomer la atrajo hacia su pecho y la abrazó con suavidad, acariciándole el cabello en un intento de consolarla.

-Maldito imbécil… -Gruñó Butch, apretando los puños.

-¿Y qué pasó con tu valentía de alfa? -Se burló Buttercup con los brazos cruzados.

-Cállate. -Replicó con seriedad. -Él podría despedazarnos si quisiera, y lo sabes. Brick no es un simple Alfa… él reside en la jerarquía más alta de todas.

Bubbles parpadeó con confusión y se limpió las lágrimas.

-¿A qué te refieres?

-Sí, idiota, ¿a qué te refieres? No hay jerarquía más alta que la de un Alfa. -Intervino Buttercup con incredulidad.

-Tonta. Hay una superior a todas.

-Butch tiene razón, existe, y es la más peligrosa de todas. Los Enigma son extremadamente agresivos.

-Pero eso es…

-Casi imposible. Lo sé. -Le afirmó Boomer a la rubia.

-Maldito bastardo… -Masculló Buttercup, con el ceño fruncido. -Por eso Blossom estaba así… ella es sumamente delicada…

-¡Buttercup! -La reprendió su hermana menor.

-¿Por qué lo dices? -Pregunto con intriga el de ojos azules.

Bubbles vaciló. Sabía que no debía decirlo, pero quizás revelar la verdad podría hacer que ellos ayudaran a su hermana. Justo cuando estaba a punto de hablar, una voz firme y autoritaria interrumpió la conversación.

-¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen en mi casa y con mis hijas? -Preguntó, molesto, la persona que acababa de llegar.

Todos se quedaron en silencio y voltearon al mismo tiempo. En el umbral de la puerta, un hombre alto y delgado con un aspecto pulcro y elegante los observaba con desconfianza.

-¡Papá! -Exclamaron Bubbles y Buttercup al unísono.