«¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué carajo acaba de decir Luffy-ya? ¿Dijo "beso"? ¿Ese bastardo lo beso? ¿Dónde?» Se comenzó a preguntar el marine, con una cara que al inicio demostraba una sorpresa absoluta. Cuando su cerebro finalmente aceptó y proceso las palabras escuchadas, se sorprendió demasiado que incluso soltó un enorme grito mientras sus manos apretaban fuertemente sus mejillas quedándose petrificado un momento, pero lo que lo sacó de inmediato de su trance actual fue el rostro sonrojado de Luffy, el cual incluso se veía dudativo «Vaya, tal vez no tuve la mejor reacción del mundo, pero ahora estoy seguro de algo… Debo atrapar a ese maldito y mandarlo ejecutar».

—¿Do… Donde te beso? —pregunto un poco descolocado con una falsa sonrisa y una cara que solo dejaba ver lo molesto que estaba, pero claro Luffy no noto esto último— ¿Te hizo algo más o te tocó en alguna otra parte?

—Eh… Tocó algunas partes de mi cuerpo—respondió Luffy avergonzado mientras acariciaba sus labios con dos dedos aún sin poder contener su vergüenza— Además… Nunca me habían besado en la boca— susurró más para sí mismo sin darse cuenta que el marine seguía escuchando todo.

—¡Ese hijo de puta! —gritó a lo alto sorprendiendo al monito quien brincó en su lugar— Lo siento, lo siento, lo siento Luffy-ya no era mi intención alterarme —se disculpó rápidamente tras notar como el menor seguía observándolo, ahora con un poco de miedo— ¿Dónde te tocó? ¿Qué tanto hizo? ¿Estás bien?

—E… ¡Estoy bien! —gritó aún nervioso y avergonzado— Sobre dónde me tocó… eh… —miró hacia el piso sin querer responder— amm… No sé, fue extraño… Yo… Ahhh —exclamó al momento que cubría su rostro con sus manos intentando ocultar su vergüenza.

—Está bien si no me lo quieres decir Luffy-ya… Tranquilo, no te presiones por responder —dijo entendiendo su postura— Es solo que… Mmm… ¿Torao-kun lo sabe? —terminó por preguntar.

—¡Por supuesto que no! —se apresuró a contestar— ¡No puedes decirle nada!

—¿Por qué no?

—Yo… No lo sé —negó con la cabeza aún sonrojado— Pero no quiero que él lo sepa.

—Luffy-ya, ven siéntate aquí —lo invitó el marine mientras tomaba asiento en el piso recargándose en la pared al momento que palpaba el suelo a su lado esperando que el chiquillo lo imitara.

—¿Tendremos otra plática con tus preguntas extrañas? —mencionó mientras se sentaba a lo que el hombre de blanco sólo pudo reírse por lo bajo y negar con la cabeza.

—No pretendo decirte qué es lo que tienes que hacer con tu vida —aclaró— sé que tienes muy buenas razones para no querer contarle lo que ocurrió a Torao-kun. Probablemente te da vergüenza o tienes miedo por cómo vaya a reaccionar y lo entiendo… Está bien que te sientas de esa manera porque claramente te pusieron en una situación incómoda.

—Ace me dijo que debía patearle el trasero a la persona que hiciera eso sin mi permiso —mencionó el monito mientras ocultaba su rostro entre sus piernas— Ahora creo que debí escucharlo mejor cuando lo mencionó.

—Luffy-ya, mírame —dijo esperando a que el chiquillo se atreviera a verlo a los ojos— Por favor… Mírame, lo que voy a decirte es muy importante —el tono serio del marine hizo que el monito por fin acatara su petición y levantara su rostro para encararlo— Nada… Absolutamente nada de lo que pasó con ese sujeto es tu culpa ¿Me escuchas? ¡Nada!

—¡Pero yo no me defendí!

—Y eso tampoco es tu culpa ¿De acuerdo? —aclaró tratando de enfatizar mucho sus palabras— Toramingo fue el que actuó en contra de tu voluntad, tú no tienes porqué sentirte responsable ni por ese beso, ni por todo lo demás que hizo. Si no te defendiste ayer fue porque no supiste cómo reaccionar y no hay nada de malo en eso… A veces, cuando ocurren cosas que nos impactan, nos congelamos al momento, ya sea por la impresión, miedo, o simplemente porque no entendemos qué está ocurriendo y tampoco debemos responsabilizarnos por ello. Tú no hiciste nada malo.

—Sí… —asintió con la cabeza sin estar muy convencido de ello.

—Entiendo que no quieres contarle lo ocurrido a Torao-kun porque no sabes qué va a decir, pero créeme… Es mejor que se lo digas cuanto antes, ya que mientras más lo ocultes va a ser peor cuando se entere.

—Pero… Pero… ¡Pero no quiero! ¡No quiero que Torao me odie!

—¿Por qué te odiaría?

—Yo, no sé… Pero sé que se molestará, de alguna forma lo sé —confesó.

—Luffy-ya… Si Torao-kun se enoja contigo por algo que estuvo fuera de tu control entonces eso lo haría un completo estúpido.

—¡Torao no es estúpido! —gritó enojado.

—Entonces no debería asustarte contarle lo que pasó ¿no lo crees? — sonrió dulcemente logrando tranquilizar un poco al menor— Si él no es idiota entonces… Lo entenderá.

—Creo que comprendo lo que quieres decir. —mencionó por lo bajo mientras abrazaba sus rodillas las cuales estaban pegadas en su pecho— Pero… Aún no quiero decirle.

—Está bien si no puedes ahora —asintió con la cabeza— Puedes tomarte tu tiempo para hablar con él pero… Sólo te pido que intentes contarle cuando te sientas más seguro, sé que si le dices cómo te sientes y por qué tardaste en mencionarlo, él lo entenderá.

—Ok… —respondió un tanto desanimado pues ahora tenía más cosas en las que pensar.

—Buen chico —sonrió mientras le acariciaba la cabeza de forma cariñosa— Me gustaría acompañarte más tiempo pero… Aún estoy ocupado, así que te dejaré por ahora. Puedes pasear por la ciudad si estás interesado en buscar algún empleo, la gente de aquí siempre anda buscando nuevos trabajadores— después de decir aquello, el marine se marchó dejando a Luffy sólo con sus propios pensamientos.

El tiempo había hecho lo suyo y eran alrededor de las cinco de la tarde cuando nuestro Trafalgar regresó al hotel después de conseguir exitosamente su ansiado empleo. En realidad no fue difícil encontrar un lugar en donde lo necesitaran. Ahora que había paseado por alrededor de la isla se dió cuenta de que esta era mucho más grande de lo que aparentaba pues había diversas clínicas esparcidas por el lugar para atender la necesidad de la población. El lugar más grande y obviamente mejor pagado era el del hospital general pero Law lo evitó desde un inicio pues no es como buscara un trabajo estable dado que lo único que quería era tener dinero suficiente para subsistir en el tiempo que tuviera que quedarse en dicho lugar. Es por eso mismo que se fue a una pequeña clínica a las afueras de la ciudad en donde llegaban mucho menos pacientes y la cual carecía de personal médico pues los grandes personajes se juntaban en el centro de la ciudad.

Al tatuado no le importaba la fama ni estatus, lo único que quería era tranquilidad y algo que le permitiera dejar de depender del dinero de otros, por lo que no le molestaba tener que trasladarse un poco más lejos con tal de estar en un lugar con una menor carga de trabajo y estrés, que le permitiera comprar sus cosas al mismo tiempo que salía temprano para regresar al lado de su aliado quien sabía se volvería loco si tomaba un empleo de tiempo completo como el del hospital en donde probablemente casi no se verían.

La clínica por supuesto, lo recibió con los brazos abiertos pues básicamente suplicaban porque más médicos llegaran al lugar. Dado que no tenía su currículum a la mano, tuvo que pasar por una serie de pruebas en donde probaron sus habilidades médicas bajo supervisión. Todos quedaron impresionados con su pericia, conocimientos y capacidad de tratar con los clientes, identificando el problema con apenas una serie de preguntas y chequeos, dejando incluso impactado al resto de personal quienes se sintieron superados por el "nuevo". Fue así como la dueña incluso se aseguró de pagarle su sueldo del día adelantado, pues estos cobraban de forma semanal, y todo porque prácticamente estaba suplicando el que se quedara con ellos.

Por supuesto, tuvo que aplicar la misma mentira que el marine le dijo a la dueña del hotel y todos en su lugar de trabajo daban por hecho que él era el hermano gemelo del capitán de la marina por lo que tuvo que dar un nombre falso para presentarse lo cual tampoco importaba demasiado dado que de todas maneras se dirigían hacia él como "doctor Trafalgar".

El horario era de lunes a sábado de 7 de la mañana hasta 4 de la tarde así que se sentía conforme, más por su paga adelantada la cual lo hacía tan increíblemente feliz pues por fin podrá comprar algo decente para comer y no sólo el menú preprogramado de la sede.

Ahora que ya no tenía su cartera vacía pudo respirar un poco más tranquilo pues ya había pasado por demasiadas humillaciones desde el momento en que se dejó absorber por ese lugar y se vió envuelto por esa cantidad de situaciones catastróficas. Sin embargo, al estar más calmado también se pasó su coraje y por tanto ahora se sentía como un maldito monstruo por haber descargado su frustración con su pequeño aliado. Sabía que había sido demasiado brusco con sus palabras, pero la verdad es que en ese momento inconscientemente buscó hacerle daño pues él mismo se sentía lastimado gracias a la conversación del día anterior.

Sabía que lo que dijo no estaba del todo mal, pues era cierto que Luffy a veces solía ser un poco (por no decir bastante) egoísta y realmente dudaba que supiera apreciar lo que implicaba sobrellevar un trabajo honesto. Él ya había trabajado en una clínica cuando era un adolescente, antes de convertirse en pirata por lo que no le era complicado saber apreciar lo difícil que era ganar el dinero por cuenta propia con el sudor de su frente pero Luffy… El monito estaba demasiado mimado, primero por sus hermanos mayores y luego por su tripulación. Básicamente se convirtió en pirata para no trabajar y no lo juzgaba pero… En ese momento, se sintió molesto porque no le permitiera hacer lo suyo y quisiera manipular emocionalmente para que se quedara a su lado por lo que no racionalizó demasiado sus palabras y fue más visceral.

Aún así… No le enorgullecia lo que dijo, ya que aunque sus palabras fueron ciertas, la manera en la que se expresó no fue la adecuada. Además, tampoco se sintió muy tranquilo ese día pues, esa mañana en el comedor pudo notar el momento exacto en que el estúpido marine se levantó de su asiento para perseguir a Luffy después de su discusión cosa que le había fastidiado de sobremanera, pues nuevamente aprovechó la situación para hacerse el bueno. Odiaba mucho las confianzas que Luffy se estaba tomando con el marine idiota pero tampoco podía hacer mucho al respecto dado que él y su aliado no eran nada y por ello tampoco tenía derecho a ponerse exigente.

Con toda su culpa en mente, no dudó en pasar por una tienda cercana en donde compró un poco de carne preparada, la favorita del monito como su forma de disculpa. Sin embargo, cuando entró a la habitación se sorprendió un poco al notar que el chiquillo no estaba allí, lo que únicamente le provocó un enorme suspiro pues seguramente se encontraba jugueteando nuevamente en la ciudad.

Tras dejar las bolsas de compra encima de la mesa se apresuró a recostarse encima de la cama esperando que su aliado volviera para poder conversar de su pequeña discusión. Fue así como después de una hora empezó a desesperarse un poco, pero aún no se le hacía extraño pues el mocoso odiaba estar encerrado, después de dos horas empezó a sentir la ansiedad en su pecho, para la tercera hora empezó a caminar por los alrededores de la habitación cual león enjaulado y para la cuarta ya había salido corriendo del lugar en busca de su aliado.

«¡¿Dónde está?! ¿Por qué no llega? ¿Estará bien? ¿Le habrá pasado algo?» pensaba el hombre de sombrero moteado mientras corría por las calles de la gran ciudad mirando a todas direcciones en busca de ese inolvidable sombrero de paja «¿Seguirá molesto? ¿No quiere volver conmigo? ¿Lo habrán atacado?» seguía pensando mientras la ansiedad en su pecho se hacía más y más fuerte al momento que su labio inferior comenzaba a sangrar pues estaba mordiéndose como una forma de manejar el estrés «Cálmate… Cálmate Law… Ese niño es increíblemente fuerte, derrotó a Doflamingo ¿Lo olvidas? ¡No hay manera de que lo hayan derrotado tan fácil!» se recordaba internamente mientras se insultaba en su mente sintiéndose como un completo imbécil, sobre todo porque la discusión de esa mañana había iniciado por una estupidez.

Eran las 10:20 cuando el tatuado seguía buscando en la calle sin encontrar rastro del monito y se sintió en la necesidad de ir a buscar a ese estúpido marine para que le ayudara, sin embargo… Aún no sabía si Luffy había decidido regresar al hotel mientras estaba fuera, por lo que aun y con mucho pesar decidió regresar, esperando que por todo lo sagrado del mundo, el monito estuviera allí durmiendo. Grande fue su decepción cuando tras llegar, el lugar seguía igual de vacío que cuando se marchó.

—¡Maldición! —gritó por lo alto mientras golpeaba la mesa intentando pensar en qué podía hacer— ¿Dónde estará? —murmuró al momento que volvía a caminar de un lado a otro asomándose por la ventana para ver si de casualidad veía al menor a lo lejos.

Eran las 10:45 ahora y Law no podía con el manojo de nervios que era… Incluso comenzó a faltarle el aire un poco. Sabía que probablemente Luffy estaba bien, confiaba en su monstruosa fuerza y también sabía que el chiquillo era un mocoso caprichoso que probablemente seguía resentido y se negaba a volver por cuenta propia pero eso no evitaba que se angustiara, pues al final de todo lo quería… Maldición, lo amaba mucho y no soportaba pensar en que pudiera estar afuera necesitando ayuda.

Una vez dieron las 11:15 Law se dispuso a tomar nuevamente su abrigo, pero cuando se disponía a salir en una segunda búsqueda de pronto escuchó ese sonido peculiar de la goma estirándose lo que provocó que regresara su mirada hacia la ventana sólo para ver a su aliado saltando en su interior mientras agarraba su sombrero para no perderlo en el proceso de aterrizaje.

—Llegué… —Anunció con un tono de voz desanimado, sólo para después clavar la mirada en el mayor quien lo miraba con una expresión difícil de descifrar— ¿Torao? ¿Qué pasa? Te ves extra… —no pudo terminar su frase cuando repentinamente sintió como el tatuado prácticamente se abalanzó sobre él y lo jaló hacia su pecho dándole un caluroso abrazo bastante más posesivo de lo normal.

—¿Dónde estabas? —preguntó con un tono de voz un poco más dolido de lo normal.

—Que, que, que, que, que… ¿Qué pasa? —preguntó nervioso mientras sentía sus mejillas sonrojarse por la inesperada muestra de afecto la cual era bastante inusual viniendo del contrario.

—Estaba preocupado, tonto —murmuró mientras enterraba su nariz en el cabello del chiquillo aspirando su delicioso aroma.

—Pre… ¿Preocupado? —repitió sin poder contener su tono de voz nervioso— ¿Por qué?

—¿Dónde estabas? —volvió a preguntar.

Law estaba tan angustiado que su lado sobreprotector que evitaba que pensara racionalmente lo estaba obligando a hacer cosas que normalmente evitaría, el simple hecho de abrazarlo y usar ese tono de voz suave y cariñoso ya de por sí era bastante extraño por sí mismo.

—¿Torao? —preguntó mientras se despegaba un poco de su pecho para levantar su rostro y observar esos ojos grises que lo veían con ese brillo de tristeza y remordimiento— Yo… Yo… Estaba afuera buscando un empleo… Como dijiste —mencionó mientras su voz se quebraba un poco con la siguiente frase— Pe… Pero… No conseguí nada… Al final empezaron a cerrar todo, pero yo quería seguir buscando.

—¿Empleo? ¿Realmente buscaste empleo? —preguntó mientras su rostro entristecía más— ¿Fue por lo que dije? —juntó su frente con la del contrario mientras curvaba sus cejas intentando contener esa molesta sensación de llanto— Perdón, olvida eso… No debí hablarte de esa manera, estaba molesto y me desquité contigo, es mi culpa que pasaras por esto.

—No… —respondió rápidamente el chiquillo mientras tomaba al mayor por las mejillas obligándolo a verle a los ojos— No es tu culpa Torao… Yo también dije cosas feas —recordó— Tenías razón en lo del trabajo… Torarine me hizo ver que estaba siendo una carga para ti al pedirte tantas cosas… Yo lo siento.

—Luffy —susurró por lo bajo sin darse cuenta que había dejado de usar su distinguido apodo por el alivio que sentía por verle a salvo— ¡No vuelvas a desaparecer sin decirme nada! —suplicó mientras volvía a cobijarlo entre sus brazos anhelando el calor ajeno pues se había sentido tan solo sin él.

—Torao —llamó pero el mayor no lo soltó, cosa que lejos de molestarle, le fascinó— Torao…

—¿Mmm?

—¿Hoy sí puedo dormir contigo?

—¿Tanto quieres dormir a mi lado? —preguntó mientras comenzaba a acariciar su mejilla a lo que el chiquillo se restregó contra esta como si fuera un gatito cosa que le pareció jodidamente tierno.

—Sip —sonrió dulcemente lo que provocó que el corazón del mayor saltara en su pecho.

—Ok…—respondió mientras desviaba la mirada sabiendo que si seguía así terminaría por hacer algo de lo que probablemente después se arrepentiría.

—¡Si! —procedió a brincar emocionado como si le hubieran dado la mejor noticia del mundo a lo que el mayor sólo pudo empezar a respirar lentamente intentando controlar su agitado corazón.

Sabía que la mañana siguiente estaría demasiado avergonzado como para admitir que había hecho todo eso pero, por lo menos por esa noche no pensaría mucho en el asunto. Había tenido su corazón en el puño por las últimas horas y estaba demasiado feliz de ver que el chiquillo estaba bien así que ¡Al demonio con todo lo demás! Por lo menos esa vez dejaría de pensar en las consecuencias de permitir que el monito se le acercara tanto.

En esta ocasión Law estuvo mucho más cariñoso de lo normal cosa que el menor no desaprovechó pues en cuanto ambos se recostaron en la cama, el monito se enredó entre los brazos y piernas del contrario al momento que acomodó su cabeza en el pecho del mayor aferrándose a él como si su vida dependiera de ello. El tatuado por su parte no protestó demasiado y en lugar de eso clavó nuevamente su nariz en la cabeza del menor pues adoraba su aroma, aún podía percibirse un poco del shampoo de la mañana pero lo más característico era ese olor a sal que siempre lo acompañaba, Luffy olía al mar y de alguna manera eso lo relajaba, pues sentía que estaba devuelta en su submarino junto a todos sus seres queridos. No tardó en dormirse acurrucado por dicho aroma relajante.

Por otra parte, un par de horas más tarde en otro lugar de la isla, en lo más recóndito de uno de los callejones poco transitados en las afueras de la ciudad podían escucharse una serie de quejidos por parte de uno de los hombres bajo el mando del capitán Trafalgar, más específicamente el vicecapitán del escuadrón RAVEN. El pobre subordinado se encontraba tirado en el piso jadeando mientras intentaba recuperar el aire, al mismo tiempo que su nariz chorreaba de sangre manchando todo el piso y haciéndolo parecer como una escena tétrica del crimen.

—¿Hablarás ya? —mencionó un hombre quien usaba un largo abrigo negro de cuello largo, el cual cubria una gran parte de su rostro, pues debia mantener su identidad oculta, ya que sabía que seria fácilmente reconocible en aquella isla y prefería seguir pasando desapercibido por el momento.

—Ya… Ya se lo dije… ¡No sé nada! —gritó el sujeto mientras seguía temblando en su posición.

El hombre se quedó unos instantes observando al patético marine, analizando cada mínimo detalle que se le hubiera escapado en el corto periodo de tiempo en el que lo estudió, pero al final solo lo veía como la hormiga que era ante sus ojos. Sabía lo fácil que sería romperlo en ese preciso momento para que dejara de resistirse, pero la verdad es que no le interesaban los peces pequeños como él y menos cuando ni siquiera eran capaces de soportar tan poco. Aún así, el infeliz ya lo había logrado fastidiar de sobremanera y todo debido a que no le dío lo que quería en el momento en que se lo exigió, el hombre de ojos grises estaba tan acostumbrado a obtener todo lo que ansiaba al instante, por eso esa estupidez del marine le molestaba

Por lo que tras soltar un rugido de ira volvió a patear el estómago del marine haciéndolo volar unos pocos metros mientras escupía sangre, aquello manchó su poco sus pantalones, lo que lo molestó aún más, pues había tratado en lo más que podía no ensuciar su ropa por lo que ahora empezó a pisarlo repetidas veces en el torso y cabeza antes de volver a patear su espalda una vez más, logrando que esté se golpeara la cara contra una pared mientras se retorcía de dolor, momento que aprovechó para jalar al hombre del cuello, para posteriormente colocarlo boca a arriba y comenzar a asfixiarlo.

—Te lo preguntaré una vez más —mencionó con suavidad, mientras apretaba su agarre lentamente haciendo que el hombre comenzara a ponerse azúl por la falta de aire— Dime toda la información que sepas acerca de la enciclopedia de frutas del diablo, ¿Dónde puedo encontrar una?

Mientras hablaba con ese tono calmado e incluso podría decirse "feliz" su presa empezó a dar leves golpecitos en el brazo de su agresor intentando que este lo soltara, pues el oxígeno era escaso y podía sentir cómo iba a desmayarse si esto continuaba por más tiempo. El violentador en cuestión, sólo podía observar la escena bastante entretenido pues adoraba saberse poderoso. Una vez que notó que el sujeto estuvo a punto de perder la conciencia, sólo tuvo que aflojar un poco el agarre en su mano dejando que este respirara nuevamente al momento que tosía escandalosamente, inhalando aire con la boca intentando que este llegara a sus pulmones de la forma más rápida posible.

—¿Y bien? —sonrió "amablemente", expresión que se notó aún con la capucha de su abrigo cubriendo la mitad de su rostro— No tengo toda la noche ¿sabes?… Si no hablas iré por el siguiente —sonrió, ahora tétricamente— Sabes lo que eso implica ¿Verdad?

—La.. Las enciclopedias e… Est… ¡Está prohibido su estudio! —logró articular con su voz aún temblorosa— So… Solo los hombres más poderosos… E influyentes del gobierno mundial… Solo ellos tienen permitido tener una.

—¿Mmmm? —exclamó desinteresado— ¿Te refieres a los almirantes y el gorosei?

—Sí… Sí… Ta… Ta… También los tenryuubito… Nadie más puede estudiarlas.

—Pero a ellos no les importa mucho estudiarla ¿Me equivoco? —el silencio del hombre fue suficiente respuesta— Kufufufu… Me lo imaginaba.

—Le… Le… ¡Le dije lo que quería! —murmuró aterrado— ¡Ahora déjeme ir!

—Por suerte para ti… No estoy interesado en tu patética vida —volvió a reír mientras observaba cómo su presa sonreía aliviado al saber que saldría vivo de esta— Pero, déjame darte un consejo… —habló mientras levantaba al vicecapitán por el cuello de la camisa con una facilidad tal como si fuera una muñeca de trapo, para inmediatamente azotar la espalda de este contra la pared de concreto— La próxima vez que te pregunte algo… —En ese momento tomó al hombre de la mandíbula mientras empezaba a apretar sus dedos con una fuerza tal que el sujeto creyó que podría romperla en cualquier segundo— ¡Respóndeme a la primera! —Gritó fastidiado al momento que movió su mano de forma tan excepcional que dislocó su mandíbula de forma limpia para luego volver a lanzarlo hacia el piso y una vez allí volvió a patearlo a diestra y siniestra riendo mientras los chorros de sangre salpicaban por la pared.

Una vez que se aburrió de atacar, se tomó unos segundos para mirar al cielo y luego de soltar un suspiro cansado, comenzó a tronar los dedos de su mano derecha uno por uno con ayuda del pulgar de la misma para después comenzar a girar su muñeca lentamente tronándola de la misma manera, en una especie de ritual retorcido de relajación pues se había alterado un poco más de lo esperado. Una vez que se calmó un poco, volvió a mirar al marine y no pudo evitar fruncir el ceño con desagrado tras notar cómo este ahora se encontraba llorando y moqueando como el ser patético e inferior que era.

—Escúchame bien porque no lo repetiré —mencionó con voz calmada logrando que el cuerpo del hombre bajo sus pies volviera a temblar— No le dirás a nadie lo que pasó aquí hoy —volvió a acuclillarse a su altura— ¡No me mires! —amenazó tras notar que el hombre iba a levantar la cabeza— ¡Si me miras te mato!

—Ro… Ro... Ro… ¡Ro shiento busho! —se apresuró a intentar hablar mientras cerraba fuertemente los ojos acatando su orden al instante.

—Bien, bien… Kufufufu, buen chico —felicitó al momento que se acercó al oído del hombre para que este pudiera escuchar con claridad lo que iba a decir— Le dirás a tus compañeros que fuiste asaltado y no mencionarás nada sobre lo que te pregunte, ¿Entendiste? —El hombre comenzó a asentir rápidamente con la cabeza como pudo— Si me entero que hablaste… Sobre todo si se lo mencionas al capitán Trafalgar… Volveré por ti y te cortaré esa maldita lengua rastrera, se la daré de comer a los perros y después me aseguraré de matar a esa pequeña que tienes por hija… justo, delante, de tus ojos, sólo para dejarte conocer… lo que es la verdadera desesperación —rió por lo bajo mientras su sonrisa se ensanchaba.

—Ño... Ño… ¡Ño riré nara! ¡Ro juro!

—Así me gusta —sonrió fingiendo un tono de voz dulce e inocente— Ahora largo de mi vista —sentenció y el marine aún a pesar de lo herido estaba, no dudó ni un segundo en levantarse y comenzar a intentar correr, pues sus piernas flaqueaban debido a lo de recién, aquello le hubiera dado risa en otra ocasión, pero en ese momento solo le daban ganas de dispararle por la espalda y dejarlo ahí tirado, algo que no haría pues sería más trabajo para él.

Una vez que el agresor se quedó solo, soltó un largo bostezo pues toda la situación le había dado un poco de sueño, lo cual era realmente exasperante pues por lo general disfrutaba de los interrogatorios cuando su padre se los encargaba, pero este tipo solo fue un caso perdido. No le dio un solo momento de diversión y aunado a eso no disfrutaba para nada tener que tratar con peones, así que en realidad detestaba haber tenido que estar con ese insecto más de lo necesario. Por lo que tras soltar un nuevo bostezo, sacó un pañuelo de su bolsillo el cual utilizó para limpiar los restos de sangre de sus puños así como aquellos que llegaron a salpicar en su rostro y zapatos.

Una vez que estuvo relativamente limpio, regreso el pañuelo a el bolsillo donde este pertenecía con cierto recelo, pues le desagradaba que este estuviera sucio, con molestia vio el caos ocasionado por el interrogatorio y soltó un suspiro de molestia al ver el desastre que ese imbécil dejó por todo el lugar pues ahora venía la parte más fastidiosa de no hallarse en sus dominios, debía limpiar toda esa mierda para que no encontraran nada, claro, si es que el idiota de su otro yo llegaba a sospechar algo, por lo que sin mas remedio comenzó con su trabajo.

Tras terminar, se dirigió hacia un lugar más apacible para tomar su siesta reparadora pues ya era bastante tarde. Ya había logrado quitarse la duda de por qué no encontraba nada de información sobre las dichosas frutas del diablo, así que una vez aclarado ese punto, proseguirá con su siguiente parte del plan. Mientras estaba somnoliento pudo recordar entre ratos el rostro sonriente de su padre. Llevaba su abrigo rosado y emplumado junto a sus inseparables lentes al momento que le acariciaba la cabeza y le decía lo orgulloso que estaba de él, su único heredero.

—Padre… —Alcanzó a murmurar mientras una sonrisa se plantaba en su rostro al momento que maquinaba la manera en la que ayudaría al Doflamingo de ese mundo momentos antes de quedarse dormido.

Continuará…


byAlyss: Aquí les traemos nuestra actualización, esperamos les esté gustando esta historia, por fin las cosas empiezan a moverse poco a poco (avisamos que sería de avance lento xD). Esperen lo que sigue, estamos pensando muy bien en la realización de esta historia y ya decidimos que se dividirá en actos tal y como en el arco de Wano... Así que disfruten la calma mientras puedan ? ゚リレ? ゚リレ?

Walker Yuu: ¿No aman a Toramingo? Todo loquito y psicópata como buen hijo de Doffy UwU

byAlyss: Yuu... Tienes gustos muy extraños, ¿Sabes?

Walker Yuu: ¿Qué? ¿Por qué lo dices?

byAlyss: Nada, nada... No es nada.