Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes no me pertenecen, todos ellos son propiedad de Akira Toriyama. Los tomo prestados para un fanfic, el cual realizo sin fines de lucro.


Una ligera niebla blanca opacaba el claro cielo verde que se extendía sobre el lugar. Un lugar de exótica y natural belleza como jamás se hubiera podido imaginar; frondosos árboles de color violeta con troncos extremadamente altos, lagos de aguas cristalinas y puras yacían bajo la luz que proyectaban dos lunas una blanca, enorme y majestuosa, que añadía unos destellos plateados a las peculiares flores violetas que coloreaban los senderos, otra pequeña y amarilla a su lado brillaba con menor intensidad, realmente no resaltaba mucho dado que el protagonismo se lo llevaba su compañera, pero aún así mirarlas a ambas era un espectáculo digno de contemplar. Lo cual no era muy complicado debido al agradable silencio que permanecía en el lugar, quizá sólo interrumpido por los sonidos de la naturaleza, cantos de diversas especies animales que presentaban una dulce y discreta melodía.

Semejante paisaje parecía sacado del sueño más placentero y alucinante del artista más destacado, o quizá producto de una alma soñadora de imaginación extraordinaria. Sin embargo, era real. En algún lugar del universo existía un planeta que albergaba tanta belleza como jamás alguien común hubiera visto. No obstante los dos únicos visitantes de aquel sitio no parecían maravillarse al observar cada una de las espectaculares vistas que les ofrecía paraíso como ese. Y la razón era que el objetivo de su viaje no era pasar unas agradables vacaciones, o turistear por la galaxia en busca de relajación.

A calor de una fogata los dos sujetos saboreaban restos de cadáveres, que a simple vista se veían casi idénticos a los insectos más comunes de la tierra, eran los restos de quienes durante siglos habían habitado aquel mágico sitio. Algunos otros se encontraban esparcidos en los alrededores como evidencia de la cruel masacre de la que eran responsables esos mismos hombres que sin ningún remordimiento degustaban la crujiente carne asada de sus víctimas.

-Ese tonto de Raditz, está muerto.- dijo Nappa con indiferencia, dando una mordida a su alimento.

-Es un incompetente, ¡qué mala suerte!- esta vez fue Vegeta quien habló. Ambos miraban al frente, como concentrándose en el sabor de lo que ingerían. Ignorando cualquier otra cosa que no fuera la comida, tampoco era que los saiyajines acostumbraran entablar largas conversaciones mientras comían y aunque desde muchos años atrás ambos eran compañeros de misión, jamás tuvieron una relación de amistad.

Los minutos pasaron y ninguno hablaba. A decir verdad a ninguno le interesaba lo que hubiera pasado con Raditz, pero aún así había varias cosas que aclarar.

Poco después Nappa inicio de nuevo con la plática:

-¿Qué haremos?¿pospondremos el próximo planeta e iremos?

-Dijo algo muy interesante. Las tales esferas del dragón.- mencionó Vegeta aparentemente sin dar una afirmativa a su pregunta.

-Sí, pueden cumplir cualquier clase de deseo.- agregó Nappa. Al ver que ambos terminaron el último bocado, se levantaron.

-Muy bien, ¡vámonos!- ordenó Vegeta. Acto seguido comenzaron a caminar.

-Vamos a revivir a Raditz verdad?

-¡No digas tonterías! Ya no necesitamos a un inútil como él que nos quedemos así y tener una vida eterna ¿Qué te parecería? Así tendríamos ganadas las batallas para siempre.- Al contemplar tal posibilidad sus ojos brillaron con la misma intensidad de un niño que contempla con admiración el chocolate más grande y endulzado que pudiera imaginar. Sin embargo, había algo aún que perturbaba sus pensamientos. -Aún así, Kakarotto tiene un nivel de pelea más elevado que un saiyajin común.

-No habrá sido una equivocación?- inquirió Nappa.

-No, no hay ninguna equivocación. Es increíble, ese sujeto le causó un gran daño a Raditz con tan sólo un golpe. Parece ser que en ese lugar ese planeta existe algo que te vuelve más fuerte, me pregunto.. qué será.

-¿No crees que los terrícolas tengan algo especial para volverse fuertes? Los otros sujetos que estaban con Raditz no eran tan débiles como creíamos... Quizá si nos mezcláramos con ellos lograríamos crear una especie más fuerte. Si nosotros nos duplicamos realmente ya no será un sueño volver a tener un mundo de los sayajin.

-¡No digas tonterías Nappa!, si nosotros les damos oportunidad de ser más poderosos, nuestra posición correrá peligro.- dijo. Entonces ambos subieron a sus vehículos.

-Es cierto, de todos modos tenemos que ir a eliminar a todos los habitantes de la tierra.

-Ahora ¿qué te parece si dormimos por un largo tiempo?- sugirió Vegeta acomodándose en su puesto mientras cerraba los ojos. Nappa asintió y segundos después lo imitó.

No pasó mucho tiempo cuando las naves despegaron del planeta, iniciando un largo viaje hacia la tierra, un viaje que superaría todas sus expectativas.


...

Se había preguntado por un momento qué rumbo tomar. No hubiera sido problema si tan sólo él estuviera viajando solo, pero no, tenía un acompañante en quien pensar, después de haberse quedado inmóvil ante la imagen de la piel desnuda y ensangrentada, también era pertinente razonar sobre su estado de salud y sin semillas del ermitaño, no había mucho qué hacer. Así que después de pensar por unos instantes, solucionó su problema recurriendo de nuevo a la única persona en el mundo que según él sabría qué hacer en esos casos, de hecho era la única disponible y...viva.

No demoró demasiado en pasar de la tranquilidad de los campos y las zonas rurales hasta tener cerca los enormes rascacielos e imponentes construcciones abstractas tan enigmáticas de la Capital del Oeste.

Avanzó sin demoras observando de cuando desde lo alto de su transporte el lugar, que se veía aún más agitado que de costumbre. Pensó lo que era lógico, a esas alturas no sería raro que todo el mundo estuviera enterado de la tragedia que había ocurrido. Él había visto con sus propios ojos las cenizas y ruinas que un día fueron parte de la Ciudad Capital. Dio un largo suspiro imaginando a todas las víctimas, y pensar que había considerado perdonarle la vida a Raditz...

Tras unos minutos que le parecieron eternidades, llegó a su destino. Rápidamente bajó de la nube con cuidado de no lastimar aún más a la mujer que descansaba en sus brazos.

Bulma desde adentro del recinto divisó el dorado rastro de luz que dejaba a su paso la nube voladora. salió tan rápido como sus piernas le permitieron, aún conservaba esa actitud protectora que en años anteriores había tenido para con él, para ella era más que un amigo, era un hermano a quien cuidaba cuando podía de cosas que no era capaz de entender y él siempre cuido de ella salvándole innumerables veces del peligro que los rodeaba.

Llegó hasta la puerta y al abrirla quedó petrificada al ver escena tan terrorífica, él se hallaba bien, se podía decir que en perfecto estado. No obstante, la persona que sostenía en brazos era todo lo contrario; todo su cuerpo estaba cubierto de rojo, rojo profundo que en algunos lugares tendía al marrón. No hacía ningún esfuerzo por aferrarse a Goku en un intento por no caer al piso y lastimarse aún más. No sabía de quién se trataba, lo único que supo era que se trataba de una mujer; su larga cabellera negra caía en gruesos y húmedos mechones sobre sus hombros.

Un pequeño chillido escapó por su boca, a pesar de las aventuras y conflictos en los que se había visto involucrada en toda su vida jamás había visto tan perturbadora imagen. De pronto todo a su alrededor se movió bruscamente en círculos, tan rápidamente que sus ojos no eran capaces de seguirle el paso, se sostuvo como pudo de una de las paredes para no desfallecer también. Hubiera querido quedarse ahí hasta recuperarse, hasta salir de su estado de shock, y lo hubiera hecho, de no ser porque en ese tipo de situaciones cada segundo es un valioso tiempo que no debe desperdiciarse en analizar las causas.

- ¡Goku!...- estuvo a punto de decir algo más, gritar, caer en la desesperación. Afortunadamente antes de poder pronunciar palabra él se adelantó.

-Te lo explicaré más tarde Bulma, ahora necesita ayuda.

Sabía lo que quería darle a entender con tan pocas palabras, no era relevante en ese momento las causas de semejante tragedia, ya habría tiempo para hablar sobre lo ocurrido.

Tomó aire, antes de indicarle a Goku lo que había que hacer, no era que lo supiera con exactitud, pero seguro algo podrían hacer para remediar la situación.

Después de todo, ya se había ocupado de Piccolo, tratando de ignorar la sensación de terror que experimentaba cada vez que si quiera pensaba en él, pese a lo débil que se encontraba, y al ser de otra raza desconocida no se le veía mucho progreso en cuanto a su tratamiento. En el pasado eso no hubiera sido un problema, sin embargo ahora era necesario asegurar su vida y con ella muchas otras más que se habían apagado.


...

Abrió los ojos de golpe, como si hubiese despertado de una pesadilla, una de tantas que solia tener.

Sólo que en es ocasión cambió el escenario donde despertaba; aquello no se parecía en nada a su habitación, o a cualquier otra que hubiera tenido.

Las tonalidades de las paredes eran en un tono blanco no muy brillante que casi parecía gris, y a su alrededor no había más. Ni siquiera una puerta, una ventana, algún mueble y mucho menos un ser vivo.

Aún así eso no era tan extraño, lo más raro era que hasta hacía un momento estaba en un lugar completamente diferente, sumamente dolorida y exhausga, presenciando un combate y después todo había desaparecido; el dolor de las heridas, la sangre, las otras personas, incluso sus ropas gastadas y estaban. Era como estar en una burbuja; donde el tiempo y el espacio no existía, de hecho no existía nada más que ella.

¿Acaso estaba muerta? ¿Así se sentía la muerte?

Esperaba que así fuera. Porque de ser así no se sentiría tan culpable de las desgracias que siempre rodearon a su familia. Si tan sólo lo hubiese sabido antes el golpeteo desenfrenado de su conciencia se habría detenido, y podría haber conciliado el sueño sin verse este interrumpido por aquellas espantosas pesadillas que hacían su aparición cada noche.

Solía preguntárselo, esperando que la respuesta pudiera darle algo de consuelo. En el fondo esperaba que no fuera tan terrible como en muchos libros y películas lo describían, quería creer que en realidad era como quedarse dormido y comenzar a soñar con una nueva vida; sin temores, si tristezas, sin dolor.

Era justo como se sentía en ese momento, no obstante había algo que no cuadraba del todo y eso era el hecho de que si de verdad estaba viva, debía recurrir a una especie de lugar donde fueran juzgadas sus acciones, y posteriormente habría de serle asignado el lugar donde pasaría el resto de la eternidad. O al menos así lo había creído desde que tenía memoria.

Entonces... ¿por qué seguía ahí?

No lo sabía, pero de algo estaba segura. Debía averiguarlo a como diera lugar...

Y así lo hizo, intentó levantarse del lugar donde estaba recostada. Para su asombro no era capaz de realizar movimiento alguno, ni siquiera el más diminuto e insignificante músculo de su cuerpo podía moverse.

Fueron varios los intentos, y todos ellos terminaron en fracaso. Bufó. No le gustaba estar en esa situación, pero no podía hacer nada más.

Quizá, sólo quizá ese era su castigo después de todo; pasar el resto de la eternidad en ese lugar sin poder hacer más que observar.


...

-Y eso fue lo que dijo...

-¿¡En un año!?- preguntó exaltada.

-Si, exactamente en un año... Por eso necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir, y también por eso le pedí a Krilin traer a Piccolo. Quizá cuando se entere de lo poderosos que son los nuevos enemigos quiera combatirlos..- Bulma lo miró con cierta duda.

- ¿Crees en verdad que vaya a querer unirse a ustedes? Sólo te recuerdo que su plan en primer lugar era derrotarte en el torneo y después matarnos a todos. ¿Acaso ya lo olvidaste Goku? Sin mencionar su herencia de villano.

- No te preocupes. Estoy seguro de que no es tan malo como quiere aparentarlo.- dijo. Ella lo miró con una expresión de preocupación mientras juntaba sus temblorosas manos, bajando la mirada para evitar que él viera las primeras señales de las próximas lágrimas en sus ojos. No sabía que sus esfuerzos eran en vano, no era tan ingenuo como creían, no ignoraba las emociones que experimentaba su amiga, pero al ser tan malo con las palabras prefirió guardar silencio. Más prudente consideró poner manos a la obra.

- Será mejor que vaya a buscar las esferas del dragón con Krilin, así más pronto podremos revivir a todos.- se puso de pie, y justo cuando lo hizo una sensación muy familiar se hizo presente. No había más tiempo que perder, de hacerlo las posibilidades de salir de aquel embrollo se terminarían.

No le dio tiempo de responder, salió y llamó a su nube tan rápido como pudo. Bulma apenas fue capaz de divisar a lo lejos su silueta. Dejó escapar un suspiro, estaba agotada emocionalmente, en las últimas horas habían pasado demasiadas cosas. Su Yamcha, su querido Yamcha había muerto, junto a algunos amigos, bueno quizá sólo conocidos , pero aún así juntos habían vivido inolvidables cosas y por ese sólo hecho se habían ganado un lugar en su corazón, incluso el viejo verde del maestro Roshi, pese a las artimañas de las que se valía para sacar ventaja de cualquier situación. No era que disfrutara especialmente de su compañía, pero aún así no podía imaginar que ya no estuviera junto a ellos, apoyándolos no sólo como maestro, si no como padre a todos los muchachos. Pero ya no había marcha atrás, él y Chaos ya no podrían revivir.

Y Yamcha, el corazón le dolía sólo de recordar la última vez que habían hablado; los gritos, las palabras hirientes y las lágrimas de frustración y desamor contenidas, después de eso no volvieron a hablar. Él se alejó de la Capital del Oeste con rumbo desconocido, luego de meses se enteró de que se hallaba jugando Beisbol a nivel profesional, y no dejaba de pensar que quizá algún día lo vería llegar pidiéndole perdón. Cuando se había cansado de esperar aquello pensó en ir en su búsqueda, ya lo tenía planeado.

Pero destino es cruel y mueve todo a su antojo sin tener en consideración a quienes ilusamente hacen planes que nunca se llevarán a cabo. Tal fue el caso de la tragedia recién ocurrida cuando ese terrible monstruo decidió llegar para destruir miles de vidas y sueños, entre ellos el suyo...

La llave que había estado sosteniendo cayó estrepitosamente hacia el suelo al pensarlo. Sintió de nuevo ese pequeño cosquilleo en sus ojos, no obstante, ya no podía llorar, no más. Era una mujer y tenía sentimientos como cualquiera, pero debía ser fuerte para soportar lo que vendría.

La cuenta regresiva acababa de comenzar y entre los únicos tres que quedaban intentarían recoger los pedazos de la familia que se había roto, porque aunque la sangre no los unía, la vida los había emparentado de formas que jamás comprenderían, desde aquel día en que ella inició su aventura y por casualidad se encontró con ese niño con cola de mono. En ese momento no dudaba de la humanidad de su amigo, aún con esa característica tan singular, pero ahora las cosas habían cambiado demasiado..

Tan sólo doce meses restaban, era relativamente poco considerando que no tenían demasiados detalles sobre los futuros invasores, suspiró. No quería ni imaginar hasta donde podía llegar la capacidad de destrucción en los otros saiyajines. Y contra su voluntad necesitaba averiguar cuanto pudiera sobre ellos, hacer cualquier cosa para contribuir a la causa.

Miró el pequeño aparato que sujetaba, era la única pista que tenía...


...

Los minutos de sol estaban contados, claramente se podía saber al observar la variedad de colores de la aurora que iban desde el ámbar y rojo hasta el rosado y el morado adornaban el cielo.

Krilin sentía que el corazón se salía de su cuerpo, las circunstancias lo habían obligado a volar, habilidad que aún no lograba dominar. Inhalaba y exhalaba intentando controlar su respiración con la cabeza apoyada en un tronco, y en su mano bien aferrado se encontraba un pequeño saco negro.

Todas sus energías se habían agotado, había explotado todos los recursos que aún le quedaban en una búsqueda que jamás había realizado por su propia cuenta. Y eso era lo más frustrante, no ser suficiente, no tenía la fuerza necesaria para realizar aquella tarea tan rápidamente como la situación lo requería. Todo el esqueleto le dolía en demasía, tanto que no creía ser capaz de andar ni siquiera a bordo del vehículo, y mucho menos a pie. Si tan sólo fuese capaz de volar como Goku lo hacía sus amigos estarían vivos de nuevo.

Bufó, no era momento de sentimentalismos, estos de nada servían si no iban acompañados de acciones, así no eran más que habladurías baratas y sin sentido.

Suspiró y se incorporó limpiándose el sudor de la frente, dispuesto a seguir con su búsqueda, aún quedaba más de la mitad por encontrar y el tiempo estaba en su contra. Sacó del bolso el radar y usando su pulgar lo encendió.

-doscientos cincuenta kilómetros al sur..

Subió a bordo de vehículo para continuar con su objetivo. Encendió el motor, se abrochó el cinturón listo para irse cuando una visión fugaz se presentó justo frente a él. Un rastro de luz dorada se podía vislumbrar en el camino.

-Krilin.- lo llamó alguien, al principio no pudo ver de quien se trataba, pero a los pocos segundos cuando la impresión del momento había pasado fue capaz de reconocer ese peculiar peinado.

-¡Goku!- exclamó, había sido un alivio para él encontrarse precisamente con la única persona en todo el mundo calificada para acelerar la misión.

- Dime, ¿las has encontrado?- Bajó la mirada avergonzado. Goku no necesito una palabra para conocer la respuesta, después de crecer juntos sabía bien todo lo que pensaba y hacía. Extendió su mano, Krilin de inmediato entendió y le entregó el bolso.

- No te preocupes, no será difícil encontrar las que faltan.- Krilin dirigió su mirada hacia su amigo quien tras pronunciar dichas palabras esbozaba una sonrisa de tranquilidad, se le veía calmado. Como si en realidad nada hubiese pasado. Algo inusual de él, a sabiendas de lo grave del asunto. No obstante, sabía que si en realidad su amigo no se preocupaba, él tampoco tenía porque hacerlo.

Para Goku nada parecía difícil, seguramente terminaría con la búsqueda en un santiamén y para el amanecer sus amigos estarían vivos de nuevo, planeando juntos la forma de enfrentar ese nuevo reto.


...

El amanecer había llegado ya, lo supo los rayos de sol que casi parecía a propósito se colaban a través de las cortinas del laboratorio. Levantó su cabeza aún adormilada, parpadeó sus veces al ver el lugar donde se encontraba.

Se había quedado dormida trabajando, tratando de descifrar el funcionamiento de aquel aparato de tecnología alienígena, no lo había logrado aún a pesar de mantenerse concentrada en eso durante las horas que debieron ser de sueño.

Arrojó el aparato frustrada, maldijo, después se echó ambas manos a la cabeza, esta comenzaba a dolerle, consecuencia de la noche de desvelo que inútilmente había pasado. En ese mismo momento el silencio en la habitación se vio interrumpido por un leve, pero irritante sonido que complicó aún más su grado de jaqueca.

Miró a su alrededor buscando la fuente de aquella molestia para sus oídos, fue una gran sorpresa darse cuenta de que provenía del mismo objeto que acababa de arrojar tan sólo unos segundos antes.

Rápidamente se agachó y lo tomó observando a detalle los extraños símbolos que aparecían en el; nunca había visto tipo de escritura igual. Le llevaría tiempo descifrarlo, pero no era un problema mayor, no obstante en ese momento no podía ocuparse de ello. Estaba demasiado agotada, no tenía caso alargar su encierro si no iba a obtener buenos resultados.

Suspiró y guardó el rastreador en uno de sus tantos cajones llenos de herramientas y planos. Miró por la ventana el tétrico paisaje que se podía apreciar frente a ella; no había casi gente como solía verse quizá caminando o ejercitándose, algunas otras otras marchándose de casa para iniciar su jornada. No, esta vez no era así.

Para ese entonces las noticias de los recientes acontecimientos habían llegado a todos los alrededores de mundo. El miedo se había extendido a cada rincón habitado por el hombre; lo cierto es que nadie sabía mucho del responsable de todo ese desorden, de su siniestro propósito, ni tampoco de los héroes que valientemente sacrificaron sus vidas intentando en vano detenerlo, y tampoco estaban enterados de que aún la guerra no estaba ganada. Y nunca lo sabrían, eso claro si es que todo salía de acuerdo al improvisado plan que estaban llevando a cabo.

Salió del lugar con los ánimos más bajos aún que el día anterior; 364 días quedaban y eso si tan sólo la fecha era exacta.

Hubiese seguido expresando su desdicha para sí misma de no ser por el alboroto que se ocasionó en el lugar; algunas personas se oían correr en los alrededores, y algunos otros murmullos llenos de asombro.

Segundos más tarde ella también se hallaba corriendo hacia el epicentro, no sabía el porque de su reacción, sólo sentía una fuerte corazonada que le auguraba algo, aunque no sabía aún si era bueno o malo.

Esa mala sensación aumentó al darse cuenta de que todo ese escándalo se debía a algo que ocurría en ese mismo instante en una de las habitaciones destinadas a los heridos en batalla, y desafortunadamente desconocía a quien pertenecía dicha habitación.


...

Formaron un círculo perfecto en el medio de aquel bosque donde la búsqueda llegó a su fin. Los anaranjados orbes comenzaron a irradiar una brillante luz dorada, mientras ambos dijeron las palabras necesarias para completar el conjuro.

El cielo se oscureció de repente, los relámpagos fue lo único que alumbró en aquella espesa oscuridad, y su estruendoso sonido penetro lo más profundo de sus oídos.

Así la imponente figura de Sheng Long apareció frente a ellos; de piel escamosa y verde brillante y esos ojos rojo escarlata que parecían mirar a través de todo aquel que frente a ellos se paraban.

Ambos jóvenes fueron incapaces de esconder la sonrisa de alivio, sin más preámbulos procedieron a pedir el deseo. El dios dragón escuchó atentamente y luego de una arrogante respuesta de su parte sus ojos se iluminaron más de lo normal, indicando que la magia estaba a punto de suceder.

Krilin soltó una risa de felicidad, al ver aquello, Goku lo acompaño con una ligera sonrisa que pronto se hubo desvanecido. El otro no entendió e porque su expresión de alegría se vio deformada en una mueca de asombro hasta que vio como el cielo volvía a tornarse claro y Sheng Long se iba. Lo buscó rápidamente con la mirada, sin ningún resultado positivo.

Miró a su amigo quien agachado sostenía en su mano una roca con forma perfectamente esférica, y supo que algo había salido mal.

-¡Goku! ¿¡Qué ha pasado!?- preguntó aterrado. Su amigo no lo miró como esperaba, ni le explicó el pequeño error con la sonrisa tonta que lo caracterizaba. Se quedó mirando al suelo sin inmutarse ante su llamado.

-Es Piccolo.. Ha muerto..- murmuró entre dientes, apretando con furia la dura roca, que hasta hacía unos segundos era la esfera de cuatro estrellas.


Notas de autora:

Hasta ahí la dejo, lo siento tanto por hacerlos esperar, pero no quedaba satisfecha y bueno por fin ya lo tengo disculpen la tardanza.

También sé que querían ver más de Milk, yo también pero todo a su tiempo. En el próximo capítulo si habrá mucho de ella, ahora que se recupere y todo eso..

Y bueno es todo, nos vemos próximamente, prometo ya no tardar tanto.

Agradezco mucho sus comentarios y a quienes pudieron en favoritos y follow. Muchas graciaas

Deidy dbz

MIKASHIMOTA Z

Rocío

Janemba 988

Diosa Luna

NaryMont

Foxqueen.

/D.G.V.. . 08/2016