AMAOTO
"El sonido de la lluvia"
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Capítulo I
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… en días como este se puede apreciar perfectamente la calma con la que caen las hojas. El aire es apenas una suave brisa fresca que les permite desprenderse de las ramas, cuando ya están listas, y caer balanceándose de forma elegante hasta tocar la tierra…
—Me estoy adormeciendo con la voz del guía —Kagome susurró, inclinando la cabeza ligeramente hacia el hombro de su acompañante.
… este es un momento para reflexionar sobre lo que hemos vivido este último tiempo y agradecer por todo lo recibido…
—Creía que sólo me pasaba a mí —InuYasha se inclinó para murmurar aquello, sin perder de vista al hombre que continuaba dando detalles sobre la caída de las hojas.
—¿Deberíamos irnos? —Kagome dejó que el tonó de su voz mostrara cierta esperanza. No obstante, InuYasha no respondió de inmediato y la miró. Ella se encontró con el dorado travieso de sus ojos y con la tenue sonrisa que completaba su intención.
—Vamos.
Aquella aceptación llegó hasta Kagome acompañada del modo casual en que InuYasha le tomó la mano para guiarla fuera del grupo de personas. Ella sólo podía ver el pelo platinado que le caía por una espalda que parecía especialmente amplia debido al chaleco de vestir que llevaba. Podía oír el modo en que el hombre se dirigía a las personas pidiendo paso y agradeciendo en el momento en que se lo cedían y Kagome notó las mariposas del entusiasmo jugueteando en su estómago. Ella no se consideraba del tipo de mujer que necesitaba que un hombre caminase por delante, llevaba mucho tiempo sola y se sentía bien así, sin embargo reconocía que era agradable notar el calor de la mano de InuYasha sosteniendo la suya.
Una vez estuvieron libres del grupo y la voz del guía de la visita parecía un recuerdo tras ellos, se encontraron en una encrucijada ¿Qué camino seguir?
Kagome miró por un costado del hombro de InuYasha, que aún la tenía sostenida de la mano, y comprobó que era extenso y giraba a la izquierda. A continuación hizo el mismo ejercicio, esta vez observando el camino tras ella y el resultado del análisis era similar.
—Mira —InuYasha indicó al grupo guiado y la ruta que comenzaba a tomar.
—Eso lo deja mucho más claro —se animó Kagome, tirando de InuYasha hacia la dirección contraria. En ese instante se hizo demasiado evidente el agarre de sus manos y ella miró la unión—. Lo siento —había cierta frustración en su voz. Debía soltarlo, no obstante aquello no significaba que quisiera hacerlo.
La sujeción terminó con una sonrisa casual por parte de ambos.
Comenzaron a caminar en calma, observando el entorno y el modo en que las hojas caen con gracia, haciendo cabriolas en el aire antes de tocar el suelo. Por una parte, ambos estaban disfrutando de un momento como este, sin embargo, la razón real de estar aquí era conocerse un poco más.
—Se aproxima tormenta —InuYasha fue el primero en decir algo. Kagome lo vio mover las orejas que coronaban su cabeza y se preguntó si estaba escuchando algo a lo que ella no accedía.
—Huele a lluvia —agregó ella, sin esperar al entusiasmo con que InuYasha le respondería.
—¿Tú también lo hueles?
—Sí.
Ambos se miraron por un instante que pareció parte de una conexión que se venía construyendo desde que cruzaron un primer saludo días atrás. Kagome volvió la mirada al camino e InuYasha imitó su gesto. Las personas transitaban junto a ellos en conversaciones recatadas que mantenían el lugar en una especie de burbuja de calma y serenidad.
—Me pareció interesante la clase de hoy —Kagome fue la primera en buscar un nuevo tema de conversación.
—Supongo que sí. Tomé algunas notas —InuYasha respondió sin mucho entusiasmo y ella lo miró un momento, de soslayo, con la curiosidad haciéndose más evidente.
Lo había visto en clase algunas veces, aunque no con la regularidad de un estudiante. Su aspecto le hablaba de alguien que tenía un trabajo aparte del estudio y probablemente por eso no asistía a la universidad del modo que hacían los demás estudiantes.
—¿Qué carrera sigues? No siempre coincidimos —Kagome se animó a preguntar.
—Eres muy incisiva —InuYasha sonrió al decir aquello, mirándola durante un instante—. Te pega la psicología.
—¿Gra… cias? —arrastró la palabra al pronunciarla— Supongo, pero eso no responde a mi pregunta.
—¿Necesitas que responda a tu pregunta? —el tono de sorna detrás de aquella interrogante hizo que Kagome se detuviese de medio lado hacia él.
—Si no recuerdo mal, tú querías pasear para conocernos más —lo increpó con cuidada elegancia.
InuYasha, que había dado un paso más allá, también se detuvo para observar el gesto de fingida indignación que la chica había adoptado.
—Hice eso porque no dejabas de mirarme —dejó aquella acusación con un tono divertido.
Kagome volvió a ver el talante travieso en sus ojos, para cambiar paulatinamente a algo más intenso. El silencio se hizo entre ambos y notó que las mejillas se le calentaban en un sonrojo. Separó los labios mientras su mente buscaba algo qué responder. No obstante InuYasha fijó la mirada a la distancia, más allá de ella.
—Mierda.
Kagome escuchó el exabrupto y el gruñido bajo que lo acompañó. Antes de poder girarse para ver qué ocasionaba ese talante en InuYasha, éste la había tomado por la muñeca para guiarla a un costado del sendero junto a un gran árbol del que colgaban símbolos de consagración. Se encontró con la espalda hacia el tronco del árbol y con las manos de InuYasha apoyadas a cada lado de su cintura sin llegar a tocarla, creando un cerco entre ella y el resto del mundo.
—¿Qué pasa? —Kagome preguntó mientras él observaba por el sendero a quién fuese que había visto— ¿O esto tampoco me lo responderás?
InuYasha volvió su atención hacia ella y pudo ver que le sonreía con cierta calma.
—He visto a alguien con quién no quiero encontrarme —las palabras llegaron junto a un leve encogimiento de hombros.
Kagome debía reconocer que el chico era interesante. Estaba rodeado de cierto misterio que se contraponía a la honestidad que usaba con ella y que a su vez se entrelazaba con un carácter distraído.
—Y ¿Se está acercando? —ella quería datos de la situación. No estaba segura de si debían separarse aquí y dar por medianamente bueno el paseo, barra cita, que estaban teniendo.
InuYasha volvió a mirar hacia el sendero.
—De momento está detenido —sus palabras fueron suaves y aun así Kagome pudo percibir la molestia que él contenía.
—Podemos intentar escabullirnos —le hizo un gesto con la mano indicando un lugar de los jardines por el que no había sendero.
InuYasha miró la dirección que le mostraba y sonrió con cierta malicia finamente oculta que Kagome había llegado a advertir en él durante las miradas que se daban en clase.
—Así que eres de romper las reglas —InuYasha dijo aquello en un tono algo más grave y Kagome reparó que la distancia entre ambos se acortaba ligeramente.
—No, si puedo evitarlo —ella apreció que su propia voz se oscurecía un poco, quizás por el tono confidencial que comenzaba a tomar la conversación.
—Y ¿Qué te obliga a hacerlo ahora? —InuYasha parecía acercarse un poco más con cada frase.
—No me siento obligada —descansó la cabeza en el tronco del árbol en un gesto que parecía pedirle que se acercara más.
—Eso parece algo contradictorio —las palabras fueron dichas a una distancia tan corta que Kagome podía notar el aliento de InuYasha en las mejillas y estuvo tentada a cerrar los ojos.
Se sentía inquieta y totalmente atraída por él. Nuevamente experimentó el magnetismo que parecía percibir cuando InuYasha entraba en el aula durante las clases. Se preguntó si eso tendría algo que ver con su sangre demoniaca.
—No, en realidad ¿Sabes medir el riesgo de tus acciones? —fingió que su mente centrada en la conversación.
—Oh, Kami, espero que sí —él sonrió un poco más y ella se declaró emocionalmente hechizada.
La distancia entre ambos se había anulado casi por completo. Kagome podía notar el ansia que había puesto en ella el intercambio de palabras y opiniones que acababan de tener. La intensidad con que InuYasha la miraba le resultaba atrayente e intimidante y se preguntó si ella misma estaba siendo capaz de medir el riesgo de sus acciones.
—¿Cuánto nos tenemos que quedar aquí? —Kagome notó el tono de inquietud que se filtraba en su voz. Podía sentir el cuerpo de InuYasha traspasándole su calor y eso le gustaba. Él suspiró, en un acto de resignación, e hizo un movimiento para mirar más allá del lugar en que estaban y el gesto acentúo el roce entre ambos.
—No mucho —aceptó él, que a pesar de mostrarse relajado, custodiaba cierta tensión que Kagome podía ver en la línea de su mandíbula y en el filo de su mirada. Ambos gestos le resultaron fascinantes.
Una pareja permanecía al otro lado del árbol, lo suficientemente cerca de ellos como para dejarles escuchar la conversación que mantenían.
¡Oh, qué maravilla! Es sublime ver las hojas caer después de estar todo el verano recibiendo los rayos del sol y entregando sombra y frescor. Los árboles son como guardianes que se duermen.
InuYasha y Kagome se miraron con cierta sorpresa y él se inclinó de forma leve hacia el oído de ella para así susurrar una idea y no ser escuchado.
—Ahora sólo nos falta un haiku —bromeó, ante las poéticas palabras de la chica de aquella pareja. Kagome sonrió sin alcanzar a decir nada antes de escuchar al hombre al otro lado del árbol.
Hojas cayendo
Agradecen la vida
Perece la luz
InuYasha la miró con asombro y diversión. Kagome oprimió los labios y se llevó una mano a la boca en un intento por acallar su risa. Sin embargo ambos fracasaron y sus risas resonaron y se alimentaron una de la otra, abstrayéndolos por completo de quienes había alrededor. Kagome notó que la algarabía le llenaba el pecho y apartó las manos de la boca para sostenerse de los brazos de InuYasha que aún mantenía las manos apoyadas en el tronco del árbol enmarcando su cintura. Lo veía sonreír y la luz de una farola que se acababa de encender le daba un brillo particular al dorado de sus ojos. Entonces la mirada de él comenzó a cambiar y una de las manos dejó el árbol para posicionarse en ella, en la curva que daba inicio a su cadera, en un gesto que transformó el ánimo en un instante. Kagome contuvo el aliento cuando comprendió lo que sucedía y aceptó que estaba esperando esto desde que decidieron venir a pasear a este lugar. Entrecerró los ojos, aun observando la mirada de él, y los cerró del todo cuando la distancia se hizo tan pequeña que el toque de sus labios resultó inminente.
La caricia fue suave y firme a la vez, intensa. InuYasha tomaba sus labios con ansia contenida, en un toque que distaba mucho de ser el de un inexperto. No es que Kagome esperara que lo fuese, sin embargo aquella conclusión instaló el ardor del deseo en su vientre y éste le quitó fuerza a sus piernas. En ese momento exhaló un suspiro y se sostuvo con mayor intensión de los brazos de InuYasha. A continuación notó la dócil presión que éste ejercía con su cuerpo apretándola hacia el árbol como si quisiera asegurarla. Kagome razonó por un instante, el beso estaba tomando tintes demasiado íntimos. Giró la cabeza a un lado, para pausar la caricia, respirar y pensar. No contó con que la imprevisibilidad de aquel gesto llevó a InuYasha a dejar un beso en el sitio en que la oreja se une al cuello y la mandíbula. Kagome notó que el desasosiego le bullía bajo la piel. Jadeó con suavidad, fue un sonido casi imperceptible y aun así se hizo demasiado evidente para ambos. InuYasha la acompañó con un siseo que le vibró a Kagome en la piel del mismo sitio que acababa de recibir un beso casual y a la vez perfecto.
Ambos se mantuvieron quietos, con la respiración más agitada de lo que un único beso debería causar. El cielo, que se había mantenido nublado, comenzó a liberar ligeras gotas de lluvia que chocaban con las hojas otoñales del árbol sagrado que los cobijaba, creando así un sonido dulce que se unía al de la gotas que tocaban la grava del camino. Kagome fue la primera en sonreír e InuYasha lo hizo igualmente, apartándose de ella lo suficiente como para mirarla.
—Quisiera invitarte a otro sitio —la voz de él fue un murmullo oscurecido por un deseo que Kagome compartía y al que no quería negarse.
—Hazlo.
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Continuará.
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N/A
Este relato surgió y como muchas otras cosas que aparecen en mi cabeza, no quise mirar a un lado y me lancé hacia él. Al principio sería un encuentro de una versión de la pareja InuKag que no estaba destinada a ninguna historia que hubiese escrito y recordé a la pareja que LEN está construyendo a trazos en su universo Yakuza. Alguna vez hablamos ella y yo de ese ideario suyo y me pareció interesante intentar ponerle palabras a sus ilustraciones, lo comentamos y este sería el inicio de la historia. Espero que les guste.
Gracias por leer y comentar!
Anyara
