LUNA DE PLATA
Capítulo 5: Fukai Mori - Bosque profundo
Canción: Fukai Mori – Ending 2 de Inuyasha (Versión en latino)
"Mantente con vida, se repetía en su cabeza, mientras sentía una mano acariciar su espalda desnuda. Los dedos parecían dibujar algo, creando líneas suaves sobre su piel, como si su espalda fuera un lienzo en blanco. Ella sonrió. Esos dedos la hacían cosquillas. Hinata levantó la mirada, y ahí estaban: unos ojos negros como la noche, mirándola con intensidad.
—Ahora sí puedo decir que eres mía… —murmuró una voz profunda.
Hinata se sobresaltó, despertando de su sueño. Se encontraba en la cama, pero al mirar por la ventana aún era de día. Miró el reloj sobre la mesita de noche: apenas eran las 2 de la tarde. Se sentó, aturdida, mientras los recuerdos del sueño seguían dando vueltas en su mente. Había sido tan real...
Dos minutos después, escuchó el sonido de la puerta abriéndose. Sasuke asomó la cabeza, y al verla tan pálida, se acercó rápidamente.
—¿Te sientes mal? —preguntó, la preocupación evidente en su voz. Era la pregunta que más repetía en esos dos días, aunque no sabía si ella se lo tomaba de la misma manera.
—Sasuke-san... ayúdame, por favor —dijo, las lágrimas comenzando a caer como si fueran las mismas olas del mar, empapando sus mejillas sonrojadas. —¡Ayúdame a recordar!
Hinata saltó de la cama y lo abrazó con fuerza. Necesitaba apoyo, necesitaba recuperar su vida, su memoria.
—Tranquila —respondió Sasuke en voz baja, intentando darle confianza. Tenerla cerca se sentía bien, más de lo que había imaginado.
—Tuve un sueño… no, más bien, un recuerdo. Ya no sé qué pensar… —murmuró, apartándose ligeramente del abrazo para mirarlo.
—Cuéntame —dijo Sasuke con suavidad, interesado y algo preocupado. Ella se sonrojó, pero continuó.
—Estaba en la cama, boca abajo, y tú acariciabas mi espalda… con la yema de tus dedos, como si dibujaras algo. Y me dijiste que ahora sí podías decir que era… tuya.
Hinata levantó la mirada, y por primera vez, vio una pequeña sonrisa en los labios de Sasuke.
—Eso fue real —dijo él, sin más. Hinata escondió su rostro en su pecho, avergonzada, sintiendo cómo su cara se encendía aún más. Pero al respirar el aroma familiar que él desprendía, una pregunta surgió en su mente.
—Sasuke-san… ¿Yo… te amo? —preguntó con timidez, la incertidumbre reflejada en sus ojos.
—Me lo decías todo el tiempo —respondió Sasuke sin dudar. Luego, con un gesto tierno, besó su frente. Quería que supiera que siempre la protegería.
—Ayúdame a recordar, Sasuke. Quiero que sigamos el consejo de Tsunade, quiero recorrer esos lugares… quiero saber quién soy…
—No te preocupes. Mañana comenzamos. Tsunade dijo que vayamos una vez por semana, para no sobrecargar tu mente.
Hinata asintió y, aunque agradecida por el apoyo de Sasuke, no podía evitar preguntarse sobre su relación con él. Si realmente lo amaba, ¿cómo era amar a un hombre como Sasuke?
El día en que Sakura descubrió que Sasuke y Hinata se casarían fue un golpe tan fuerte como nunca había imaginado. A lo largo de los años, Sakura había guardado la esperanza de ser la única mujer en la vida de Sasuke, pero sabía que esa ilusión se desmoronaba. El odio y el amor que sentía por él se entrelazaban, y al mismo tiempo, Hinata era alguien que despreciaba profundamente. ¿Qué tenía ella que Sasuke, que siempre había sido tan distante, parecía volverse más humano a su lado?
Sakura no podía olvidar el rostro de Sasuke, tan lleno de dolor, cuando lo había visto llegar con Hinata en brazos, herida, rogándole que la salvara. Esa expresión no la podía borrar de su mente.
—Otra botella de sake —pidió Sakura al camarero. No había bebido tanto en su vida, pero esa noche, algo dentro de ella se encendió. Si Hinata no recordaba a Sasuke, tal vez era su oportunidad. La oportunidad para estar con el hombre que había amado y odiado a partes iguales.
Al día siguiente, Hinata despertó un poco más animada. Se duchó, se vistió con calma, y al bajar a la cocina, comenzó a preparar un desayuno que le agradara a Sasuke. Habían hablado la noche anterior y, aunque no sabía mucho de él, algo se había quedado en su mente: le gustaba el desayuno que ella preparaba.
Sasuke llegó a la cocina poco después, saludándola con su habitual seriedad.
—Buenos días, Sasuke… —dijo, sonriéndole con una ligera disculpa.
—Buenos días —respondió él, mirándola fijamente. Parecía mejor que ayer. —¿No has recordado nada?
—No, pero hoy me siento un poco mejor. El dolor de cabeza fue más leve.
Tras comer en silencio, Hinata finalmente rompió el silencio.
—Quiero que vayamos a ese lugar hoy. Es el primero que quiero visitar.
Sasuke asintió, su mirada se suavizó al escuchar sus palabras.
—Espero que recuerdes algo —respondió mientras comía.
Ambos caminaron en silencio hacia la cascada. Hinata, sumida en sus pensamientos, sentía que el caminar cerca de Sasuke ya no era tan incómodo como antes. Tal vez en el pasado hubiera sentido una barrera, pero ahora algo en su interior le decía que su cuerpo ya estaba acostumbrado a él.
Al llegar a la cascada, Hinata sonrió. Ese lugar le era familiar. Allí venía a entrenar, a soñar, a dejar ir su miedo y sus inseguridades. Era su refugio.
—No recuerdo nada, Sasuke-san. Esos dos años parecen tan lejanos —dijo con tristeza, mirando la cascada.
Sasuke se sentó a su lado, mirando el agua caer con serenidad.
—Supongo que no es algo que recuerdes de inmediato —respondió él con calma.
Hinata se sentó junto a él, mirando el agua con desconfianza. Sabía que necesitaba tiempo para sanar y recordar, pero la pregunta seguía ahí, rondando su mente.
—¿Por qué estamos juntos, Sasuke-san? —preguntó finalmente, su voz apenas un susurro.
Sasuke la miró de reojo, viendo la duda en sus ojos.
—Porque así lo quisimos —respondió, aunque no estaba seguro de si esa respuesta era suficiente. La relación que compartían no era perfecta, ambos habían cometido errores, pero algo en su interior le decía que valía la pena.
—¿Seremos felices? —preguntó Hinata, sin dejar de mirar la cascada.
Sasuke tragó saliva. ¿Realmente podían ser felices después de todo lo que habían pasado?
—Sí —dijo finalmente, aunque no estaba tan seguro. En el fondo, sabía que lo que ambos necesitaban era tiempo. Y mucho trabajo.
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